Disclaimer: Porque sigo empeñada con Cersei. Porque necesitaba dedicarle un drable a mi fabulosa, preferida, increíble (aunque muy desastrosa) Lannister. Sí sí, otra vez.


Esta historia participa en el Reto #63: "Me arrodillo ante usted, Majestad", del foro "Alas Negras, Palabras Negras". Espero la disfrutéis.


Todos la trataban de alteza. A excepción de su señor, quien la tocaba sin acariciar, la miraba sin admirar, la tomaba sin degustar, la violaba sin titubear.

De familia, ambición, deuda, oro y poder se componían sus garras. Con ellas y por ellas a venados soterró, a lobos apresó, fue la reina que a muchos cortejó.

Pero cayó en la trampa de sus propias confabulaciones, tan segura de su supremacía como lo estuvieron las piezas que del juego había eliminado.

Le cortaron las zarpas, una a una: primero los hijos, después la regencia, por último la privacidad de su piel, añeja bajo la seda y el satén.

Ahora no puede dormir; prisionera, tiene prohibido soñar; el descanso es un plato que a la reina no le servirán.

Tuvo poder y lo dilapidó, quiso gobernar y se descoronó. Ya nadie oye sus rugidos.

De sexo y sobornos no se ganan las partidas. Aquello… nunca lo aprendió.