Mi primer y único verdadero amor
Capítulo 7:
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Era medía noche, todo estaba tranquilo. Dormía placidamente en su cama cuando de repente una molestosa sirena empieza a sonar despertándola bruscamente.
-Eh? Qué pas...? No! Esa alarma...?- se paró detenidamente a escucharla.- Mierda, es la alarma de mi coche!-
Cogió las llaves, bajó rápidamente, pero... ya era demasiado tarde. "Alguien" le había destrozado el coche...
-No, mierda... mi coche...- otra vez, las lágrimas se asomaban por sus ojos amenizando con salir. Escuchó las voces de Sango y Rin que venían tras ella viendo el desastre.
-Kagome...- susurraron.- Tranquila, ya lo llevarás al taller.- entre ambas las subieron de nuevo al piso, la tranquilizaron con tilas y la metieron en su cama, y como bebé muerto de sueño, fue tocar la almohada y quedarse frita.
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Al día siguiente se levantó como si nada, se duchó, se vistió y se puso a buscar un número en su agenda telefónica.
-Donde...? Aquí, aquí esta...- cogió su móvil, marcó el número y se acercó el auricular al oído.- ¿Toky? Si, hola, soy Kagome... Es que verás, algún gamberro, no se el motivo, se a cebado con mi coche y me lo han dejado irreconocible... si te lo llevo ahora me lo guardas en el taller, por favor?... si, ya se que es sábado, no te pido que me lo arregles, solo que me lo guardes hasta que me lo arregles... si? De verdad mil gracias... hasta ahora.- y colgó.
Sus compañeras todavía dormían, así que no quiso molestarlas. Cogió las llaves de su coche, y como pudo, lo llevó hasta el taller. Lo dejó allí y se volvió a pie.
En el camino, y para no desaprovechar el paseo compró churros. Al llegar a casa preparó café, zumo de naranja, chocolate caliente y magdalenas.
Despertó a sus amigas y estas se comieron el maravilloso desayuno que les había preparado Kagome. Esta se fue a su cuarto a descansar y pensar sobre todo lo que le había pasado últimamente.
-" A ver... tengo que hacer algo con este desarreglo hormonal que tengo... a Hojo que le den, pero Daisuke... es cierto que me gusta, pero y si solo me gusta porque me recuerda a Inuyasha? No, no puede ser porque yo ya no amo a Inuyasha, hace mucho que dejé de amarlo... Además, no, miento, no se parecen en nada..."-
-"Gran mentira la que acabas de pensar..."- habló una burlona voz dentro de su cabeza.
-Perdón? Quien me esta hablando?- miró inquieta toda la habitación pero no vio a nadie.
-"No busques, estoy dentro de tu cabeza."- dijo divertida.
-Si, claro, al igual me creo yo esas tonterías. Debo estar volviéndome loca...- murmuró cerrando los ojos y dejándose caer sobre la cama.
-"No querida, no lo estas."-
-Si... esto es fruto de mi cansancio y estrés hormonal, aquí no me esta hablando nadie... no Kagome, tranquila...- se dijo a si misma.
-"Que no!"- dijo enfadada al ver que la chica la ignoraba.-"Y no me ignores. Eres cabezota, eeh? Pues déjame decirte que yo soy tu, por lo tanto soy tan tozuda, y no me iré hasta que me hagas caso."-dijo decididamente.
-Si, claro, como vas a ser yo, si yo soy yo?- se lió ella sola.
-"Soy tu conciencia..."-dijo suavemente.
-Aaah... mi conciencia...- repitió en el mismo tono suave para seguirle el royo y burlarse.
-"No te burles, voy en serio..."-
-"Si, definitivamente me estoy volviendo loca..."- pensó dando un suspiro.
-"Y dale, que no estas loca, puedo leer tu mente... y se lo estas pensado... piensas: me estoy volviendo loca de remate, pero más de lo que ya estoy."- dijo triunfante.
-Esta bien... de acuerdo, tu ganas, no estoy loca, ahora dime, que quieres?- preguntó desganadamente.
-"Bien, al fin! No, pues antes te he dicho que era un gran mentira lo que acababas de decir, tú aún amas a Inuyasha tanto como lo amo yo."- hablo.
-Como que tu también?- preguntó, extrañamente, celosa.
-"Soy tu, querida, recuerda que tengo los mismo sentimientos que tú."- dijo burlona.
-Ah, de acuerdo, y si tienes los mismos pensamientos que yo, que es lo que "sentimos" por Daisuke?- la retó.
-"También lo amamos."- soltó sin anestesia.
-Oh... buena respuesta... si lo que yo, y supuestamente tú, quería era decidirme... lo llevamos claro...- si, definitivamente se estaba volviendo loca. Estaba hablando sola!
-"No del todo, amamos a Inuyasha... y siempre lo amaremos, fue nuestro primer amor, con el cual TÚ fuiste muy cruel..."- dijo echándole toda la culpa.
-Ay, ya, no me lo recuerdes ¿si?- la interrumpió irritada.
-"Si, pero el ya forma parte de nuestro pasado, y tu siempre dices que hay que mirar hacía el futuro, porque dices que ahí nos encontraremos cualquier cosa. Pues Daisuke es nuestro futuro..."-concluyó.
-Mmm... mírala... y tiene razón la tía... es verdad...- parecía tonta dándole la razón a su conciencia.
-"Ah, al fin me haces caso... Así que si te tienes que quedar con uno ese es Daisuke, es el hombre perfecto para nosotras... imagínatelo, un futuro con él... En cambio, Inuyasha... ya no lo volveremos a ver en nuestra vida... Así que déjate de tonterías y quédate con nuestro Dai, si?"-
-De acuerdo, a fin de cuentas... tienes razón... ala, ya te puedes ir, gracias por todo.- la despidió hastiada.
-"De nada, para eso estoy mujer"-dijo burlona y se fue.
Kagome se levantó y se dirigió en busca de algo para comer.
-Chicas... me habéis dejado algo...?- preguntó entrando en la cocina, viendo como sus amigas se terminaban lo último de su desayuno. Pero comiendo como... como si no hubieran comido en años, la comida desapareció en milésimas de segundo... Fue un visto y no visto. –Aah... gracias.- en ese justo momento sus tripas sonaron sonoramente haciendo sentir realmente mal a sus compañeras de piso.
-Kagome...- susurró Rin.
-Lo sentimos... tendrías que haber avisado...-dijo culpablemente Sango.
-No. Tranquilas.- y se hizo un café junto con unas tostadas.
-Te has enfadado?- preguntó inocentemente Sango.
-Que no.- dijo dulcemente.
-Buf... vale. Pero como recompensa esta tarde nos iremos las tres de compras.-
-Qué?- exclamó la prima.-Y por qué tengo que ir yo?-
-Por que las dos nos hemos comido el desayuno que nos ha preparado Kagome y no le hemos dejado nada. Así que prepara tu tarjeta de crédito, porque esta tarde vamos a ser como la de "Pretty woman".- dijo autoritaria pero divertida a la vez, haciendo reír a Kagome y enrabiar a Rin.
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Dicho y echo, el sábado por la tarde se fueron de compras. Cenaron en Mc'donald's, invitando a Kagome, por supuesto, y luego se fueron al cine.
El domingo no salieron. Kagome se quedó corrigiendo exámenes y Rin revisando las tarjetas médicas de sus pacientes... tenía que oír cada cosa... definitivamente la mente humana era algo por descubrir todavía... y Sango se fue a la clínica, le surgió una urgencia, una Yorsay se le había puesto de parto.
-Ya estoy aquí.- dijo Sango entrando al quirófano poniéndose; bata, guantes, tapándose la boca y cubriéndose el pelo.- A ver... Kira... Ya te a dado por parir hija, muy bien...a ver...- la perra ya estaba sedada y estirada boca arriba en la camilla.
-Va a tener que ser por cesárea, Kira no a dilatado los suficiente, y vienen bastantes y bien grandes.- dijo uno de los cirujanos que había con ella.
-De acuerdo. Bisturí.- otro le pasó lo pedido.
Primero desinfectó la zona y la limpió varias veces, después lenta y suavemente hizo una profunda, lo suficiente, raja en el vientre de la perra. Poco a poco se fue abriendo cada vez más... dejando ver cada vez mejor a los cachorritos que nacerían ya. Delicadamente los fue sacándolos uno a uno. Mientras, los demás se encargaban de limpiar y comprobar el sexo y la respiración de cada cría.
-Muy bien pequeñaja...- murmuró, una vez sacados todos los cachorros, para animar a la perra, que aunque estaba inconsciente se lo agradecía.
Rápidamente y antes de que perdiera más sangre de la necesaria, cosió la raja, limpiándola de nuevo. Envolvieron a la perrita en una manta y la dejaron descansar.
-Sango, ya están limpias, y todas son sanos y fuertes.- dijo otro de los médicos.
-Voy a verlos.- dijo entrando a otra sala donde estaban todos los cachorritos durmientes.-Dios, son hermosos, tengo que llamar a Atsuna para darle la noticia, que es la dueña y no lo sabe...- fue hacia la mesa de recepción, buscó en la guía telefónica, y seguidamente marcó un numero.- Atsuna? Soy Sango... Kira ya ha tenido a los cachorros, ven a verlos... si... vale... son hermosos... aquí te espero.- quince minutos después llegó la dueña de la perra. Esta quedó maravillada con las crías.
-Donde está Kira? Quiero ver como esta mi pequeña.- pidió.
-Por supuesto, ve con él.-dijo señalando uno de sus compañeros.- Te llevará donde descansa Kira.-dijo amablemente.
-Gracias.-
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-De verdad Sango, muchas gracias por ayudarla.- dijo Atsuna cogiendo en brazos uno de los cachorros.
-De nada mujer, para eso estoy, soy veterinaria, no?- dijo con una graciosa sonrisa en los labios.
-Cierto, y quiero agradecértelo regalándote una de las crías.- dijo sin anestesia.
-Cómo?- los ojos se le abrieron de la ilusión.- De verdad?- vio como Atsuna asentía.- Gracias! Y justo me viene de perlas, porque las crías no las podemos exponer a la calle hasta el dentro de un mes, y en ese tiempo es el cumpleaños de una amiga, así ya tengo regalo.- habló con una alegría descomunal.
-Mira, esa será mi forma de darte las gracias.- y comenzaron a reír mientras jugaban delicadamente con los frágiles cachorritos.
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Pi, pi, pi, pip. Pi, pi, pi, pip...
Clap.
-No...- perezosamente se levantó y se sentó en la cama.- Maldita sea... que asco tener que levantarse una hora antes, y encima con el frío que hace...- farfulló somnolienta abrazándose a si misma.
Pasó a la cocina, se preparó un café bien cargado y unas galletas. Se lo tomó rápidamente y se fue a duchar. Como agradecía la tibieza del agua recorrer su piel... esa sensación tan placentera... Lentamente salió de la ducha, se secó bien secada, el cuerpo, el pelo y se vistió. Unas medias un poco mas oscuras que el color de su piel, medio transparentes cubrían sus piernas, sobre ésta un falda vaquera yacía desde debajo de su ombligo hasta medio muslo. Una camiseta blanca tapaba su vientre y su pecho, y sobre esta un jersey de lana de hilo fino, color rosa pastel. Sus pies eran tapados por unos tacones color negro. No se maquilló, mas un poco de brillo en los labios y sombra en los ojos, y el pelo de lo dejó suelto.
Preparó sus libros, exámenes, y hojas. Se abrigó bien y salió a la calle. En ese momento se cagó en todo... hacía un frío de tres pares de cojo... ejem, ejem.
Apretó bien contra sí sus carpetas, se abrigó mas con la bufanda y lo guantes y comenzó a caminar con los ojos medio cerrados.
Comenzando a caminar empezó a coger calor, pero casi nada. Lo que no se creía es que si la semana que pasada no hacía apenas frío, y esta, había comenzado con un frío espantoso.
Además, que le diría ahora a Daisuke? Y Hojo? Dios, todo estaba echo un gran lío.
-¿Kagome?- un coche se paró a su lado en la carretera y, sacándola de sus pensamientos, la llamó el conductor.
-Daisuke...- murmuró al ver al conductor, pero aún así hizo un gesto de saludo con la cabeza y se acercó a la ventanilla.
-Que haces aquí con el frío que hace? Y tu coche?- preguntó curioso.
-Unos gamberros, que no tenían nada mejor que hacer que joderme el coche, y mira, ahora me tengo que ir andando, con el frío que hace y con el sueño que tengo.- refunfuñó.
-De eso nada, sube.- le dijo por sorpresa.
-Qué? No, eso ya es demasiado.-
-Venga, sube.- esta vez le hizo un gesto con la mano.-
-De... de acuerdo.- y subió.- Que calorcito...- sus facciones se suavizaron al notar el agradable aire caliente de la calefacción del coche.
-Aún queda bastante para llegar, si quieres, puedes dormir un rato.- comentó.
-Gracias.- se puso el cinturón, dejó sus carpetas sobre sus piernas y minutos después se durmió.
Inuyasha la observaba de vez en cuando, con el rodillo del ojo, y cuando paraba en un semáforo se la quedaba mirando. En más de una ocasión los conductores siguientes tuvieron que tocar el claxon y que él despertara de su anonadamiento.
-Cómo puede ser tan hermosa, la muy...?- preguntó rencoroso.
Poco tiempo después llegaron al colegio, y él aparco. Tenía que despertarla, pero le daba palo, se veía tan linda, así, toda dormidita... parecía un ángel...
Sin saber como ni por qué, se fue acercando cada vez más a sus labios, y cuando más cerca estaba más cerraba los ojos.
En ese momento Kagome despertó y entreabrió los ojos, viendo que Daisuke se acercaba cada vez más...
-"Eh? Me va a besar? Nooo..."- pensó.
En milésimas de segundo tubo que pensar algo, y que mejor que hacer que se despertaba? Aunque de una forma en que se supone que no lo descubriese...
Antes de que tocara sus labios ella se movió y emitió un leve gemido... automáticamente Inuyasha se alejó de ella, nervioso, haciendo ver que buscaba sus cosas.
-Te... te has despertado?- preguntó intentando aparentar normalidad.
-Ahora mismo... –murmuró pegando un bostezo y rascándose los ojos. –He roncado mucho? – preguntó burlona, al menos así relajaría un poco al chico, que aunque él hacia múltiples esfuerzos para esconder su nerviosismo ella lo notó.
-Que dices? Pero si tu no roncas. Al menos yo no lo he escuchado. –contestó.
-Ya hemos llegado? –preguntó inocentemente.
-Si. –contestó terminado de recoger sus cosas y seguidamente salió del coche, pasando por delante del capó y abriéndole la puerta a Kagome, ofreciéndole la mano.
-Que caballeroso... –dijo aceptando la mano y saliendo del coche juntos con sus cosas.
-No faltaba más... –contestó con una sonrisa en los labios.
Caminaron en completo silencio hasta entrar, donde Kagome se vio cara a cara con el director, ahí si que se tensó el silencio.
-Vamos, Kagome. –interrumpió Inuyasha viendo el incómodo y tenso silencio que se estaba acumulando delante suyo.
-Si. –dio una última mirada a Hojo y se fue con, para ella, Daisuke.
-Café?- preguntó Inuyasha acercándose a la máquina de café.
-No, hoy no, gracias. –contestó con una amable sonrisa que dejó embobado al chico.
Este se pidió su café y se situó junto a Kagome preguntándole:
-Ha pasado algo entre tu y él? –preguntó curioso.
-Él? A quién te refieres? –preguntó incrédula.
-A Hojo? –
-Ah, él... oye, que cotilla eres... –dijo con una divertida mueca en la cara.
-Ya... –contestó divertido.
-El otro día... cuando lleguemos el viernes el estaba en mi casa... y discutimos... se enteró de que había salido contigo y... –le explicó mientras se pasaba una mano por la frente.
-Entonces él esta...? –insinuó, aunque él ya lo sabía de sobra, sobre todo porque lo amenazó...
Kagome solo asintió con la cabeza.
-Pero note hizo nada, no? –la verdad, le preocupaba un poco ese tema.
-No... solo intentó besarme... –contestó tranquilamente.
-Joder con la tía...- susurró girando la cara al otro lado de Kagome para que no lo escuchase.
-Que dijiste? –
-No, que joder con el tío... –mintió.
-Ya... –en ese momento sonó la campana así que ir cada uno a su clase. Bueno, ella, a él ahora le tocaba guardia.
-Buenos días chicos. –saludó alegremente Kagome, entrando por la puerta. –Espero que hayáis estudiado, por si no recordabais hoy hay examen, así que no quiero ver sobre la mesa más que bolígrafo y tipex. –habló mientras dejaba sus cosas sobre la mesa y empezando a repartir los exámenes a los alumnos. –Como ya sabéis, disponéis de 50 min. Desde ya, suerte. –y sin más, se sentó en su mesa, mientras los alumnos hacían el examen, y se puso a corregir los de otro curso.
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En 4º una chica de largos y negros cabellos murmuraba a su amiga:
-Dios, no veo la hora en que llegue la clase de Educación física... –le susurró a su amiga y compañera de mesa, la cual ya estaba hasta el moño de ver como su amiga no hablaba de otra cosa.
-Kikyo, eres cansina, estas pesada con el profe Daisuke... –le devolvió apoyando su cabeza sobre su mano.
-Es que me tiene loca... pero tu no has visto lo bueno que está? –preguntó por enésima vez.
-Que si... –contestó cansinamente- Pero no te has dado cuenta de que él esta tras la profesora Kagome? –sabía que eso la repatearía, a ver si así se callaba. Pero no...
-Ay, si... –murmuró tristemente tocándose las mejillas con ambas manos. –Y con lo bien que me cae la profesora Kagome... es hermosa... yo quiero ser como ella... –
Eso era el colmo, que se quería parecer a esa, oh no, si ya tenía bastante con una Kagome no quería para nada otra, y menos si era su mejor amiga.
-Anda, cállate. – sin más se puso a seguir la clase.
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Miró su reloj de pulsera. Las 8:45. Algunos alumnos ya hacía rato que habían terminado.
-Los que hayáis terminado, si queréis, me lo podéis entregar ya. –dijo, y seguidamente numerosos alumnos llegaron hasta su mesa para entregarle su respectivo examen.
Se fijó en que una de sus alumnas estaba medio dormida, sencillamente parecía una zombi: estaba pálida, excepto las mejillas que las tenía como tomates, con los ojos entrecerrados, pero lo poco que se veía de ellos era blanco, balanceando la cabeza con intención de que no se le despegase del cuello al caer, con la boca entre abierta, se le notaba claramente que le costaba respirar, e intentaba no golpearse contra la mesa.
-Akemi? –la llamó, pero la niña no se movió- Akemi? –la volvió a llamar un poco más fuerte, y ahí la niña como un robot, se levantó y fue hacía donde estaba su profesora.
-Si?- contestó somnolienta.
-Cielo, te encuentras bien?-preguntó preocupada, agarrándola de los hombros.
-Si... –confirmó. Aunque Kagome tubo que sujetarla, porque la cría se caía.
Posó sus labios sobre la frente de la niña, y vio que tenía mucha fiebre. Todos los demás niños de la clase estaban flipando.
-Akemi, estas ardiendo en fiebre, como vas a estar bien? –habló, mientras, se levantó por completo de la silla. –Siéntate aquí, voy a por un profesor de guardia. –dijo, dejó a la niña en buena posición, al menos para que no se dejase el cuello en la silla, y se fue en busca de al algún profesor que la pudiera acompañar, ya que la muchacha no podía sola.
Caminó lo más rápido que sus tacones le permitieron, resonando en el pasillo hasta que se topo con Daisuke.
-Daisuke, gracias a dios que te encuentro, necesito que me ayudes. –dijo nada más verlo a la cara.
-Que pasa? –preguntó preocupado al ver la preocupación de ella.
-Una alumna, que la tengo medio inconsciente en clase, y yo no puedo cargarla hasta la enfermería. Ayúdame, por favor. –suplicó.
-Claro, vamos. –y sin más, se dispusieron a correr, hasta la clase donde ahora estaba Kagome.
Al entrar, Daisuke divisó a la niña donde le había dicho Kagome, se acercó hasta ella y la cogió en brazos.
-Chicos, vosotros seguid el examen, ahora vuelvo. –y junto con Daisuke se fue a la enfermería. –Kaede. –así se llamaba la enfermera. –Esta niña esta ardiendo en fiebre. –le dijo mientras Daisuke la dejaba sobre la camilla.
La mujer, sin decir nada, se acercó a la niña, vio que tenía fiebre y que estaba medio inconsciente.
-Que tiene? –preguntó Kagome, nerviosa.
-Hija, tranquila, no lo puedo saber, pero creo que solo es un simple resfriado, cuando vuelva en si la examinare bien, quedare tranquila. –contestó.
-Gracias, su nombre es Akemi, Akemi Motoyama. Me voy que aquellos siguen con el examen, y seguro que estarán copiando. –dio media vuelta y se fue seguida por Daisuke.
-Gracias Dai, si no fuera por ti... –agradeció acelerando un poco el paso.
-De nada. –
-Mira esto... –vio como el chico la seguía y se dispuso a quitar los tacones y caminar silenciosamente.
El chico, por precaución y por claras señas de ella también lo hizo, menos quitarse los zapatos, claro. Y ambos se asomaron un poco por la puerta para ver a todos los alumnos hablando y pasándose respuestas entre si. Lentamente, después de ver eso, se alejaron un poco.
-Que niños... -mumuró Kagome con una divertida sonrisa en la cara. Se alejó del chico, unos metros más atrás y se puso los zapatos, empezando a caminar sonoramente.- Bueno Daisuke, gracias por todo... –dijo en voz suficiente alta para que los niños se callaran, y le hizo señas a Daisuke para que le siguiese el royo.
-De nada... –murmuró con una sonrisa burlona al entender la idea de la profesora.
-Chao. –y entró. –Como va chicos? –preguntó intentando esconder su sonrisa.
-Bien. –contestaron todos al unísono.
Toda la clase volvió a estar en silencio y Kagome apuntó en un papel a todos los alumnos que vio copiar.
Seguidamente sonó la campana indicando el cambio de clases.
Kagome recogió todos los exámenes, y rápidamente se dirigió a su siguiente clase.
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-Kagome... –dijo una mujer bajita, bastante joven, con el pelo cortito y castaño, entrando, después de picar, por la puerta, interrumpiendo la clase.
-Dime. –contestó.
-Tienes una llamada.. –se acercó a la mesa para hablarle en voz baja.- Creo que es tu madre y no tenía muy buena pinta... –comunicó.
-De... de acuerdo... –contestó como pudo, al escuchar que era su madre y que no pintaba bien. Los nervios empezaron a recorrerle el cuerpo, cogió todas sus cosas, por seguridad.
-Si? Mamá? Qué pasa?... –preguntó nada más situarse el auricular en la oreja. –Qué? Que papá qué?... –los ojos se le empezaron a llenar de lágrimas... –Si... voy para allá. –colgó y cogió sus cosas. Empezó a correr pero al salir por la puerta chocó con Daisuke. Al parecer hoy solo iba a chocar con él.
-Perdóname Daisuke... –murmuró recogiendo sus cosas, e intentó irse pero él la agarró del brazo impidiéndole seguir.
-Que te pasa Kagome? –preguntó, al preocupó verla así.
-No, nada, tengo prisa, volveré en cuanto pueda. –dijo apurada.
-No, Kagome, hasta que no me digas que te pasa no dejaré que te vallas. –dijo autoritariamente.
-Mi padre está grabe en el hospital, y no tengo coche, tengo que correr para estar con mi madre, y de aquí al hospital hay media hora andando, que digo andando, corriendo, por favor déjame ir. –suplicó.
-Coge mi coche. –dijo sacándose del bolsillo sus llaves y entregándoselas a la chica.
-Que...? – preguntó confundida.
-Ve. –
-No, Daisuke, ya es mucho lo que haces por mi y un coche es sagrado. –dijo al salir de su trance.
-Que no mujer, llévatelo, si lo tengo a todo riesgo, si le pasa algo tranquila que no me afectará. –
-Oh, gracias. –le dio un beso en la mejilla. –Te lo debo. –
-No, tranquila, en cuanto salga voy contigo, vale? Ahora ve. –
-Si. –y comenzó a correr hasta legar al coche del chico y salir a toda carrera hacia el hospital.
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Holaaaaa!!
Muy buenas!!
Ya sé, hace mucho que no me paso por aquí, pero ya saben el motivo,
Y ahora , que son las 11 y cuarto de la noche, no me puedo enrollar mucho con ustedes.
Espero que os guste y que me dejéis reviews, si?
Gracias a todas y perdon por la faltas de ortografía que pueda haber.
Atentamente;
Lady Yukiiko
