El universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.

Capítulo Tres

La mesa de la cocina de los Weasley estaba a rebosar de gente, Bill y Fleur habían venido de Shell Cottage, también estaban los Lupin junto con Andrómeda Tonks, y algunos otros miembros de la orden, además de Fred, George y Cedrella.

- El otro día leí en un muro del callejón Diagon algo divertido. - dijo Remus Lupin a George

- ¿Que cosa graciosa leíste? - respondió el aludido distraído mientras se servía puré de patatas

- bueno, era una frase con bastantes palabrotas en contra de Quien-tu-sabes, pero lo que me llamó la atención fue la firma, decía Orden del Merodeador - dijo Lupin en tono confidente, no quería que los demás escucharan

- A mi no me parece muy gracioso - respondió George con una sonrisa - es un buen nombre.

Remus le sonrió de vuelta y le guiño un ojo, sí que era un buen nombre. Un buen nombre que le traía recuerdos agradables, esperaba que quienes lo utilizaban ahora pudieran entablar una amistad tan fuerte como la que los antiguos Merodeadores tuvieron en su época en Hogwarts y ciertamente no tuvieran un final parecido, esperaba que quienes ocupaban ese nombre lo reivindicaran.

Miro al joven sentado a su lado y quiso decirle que tuviera cuidado, aunque George no lo confeso, él sabia que los gemelos Weasley estaban involucrados en La Orden del Merodeador, sabia que ellos sabían cuidarse solos, pero aun así sintió miedo, no quería perder más gente, no podría soportarlo y esos chiquillos estaban poniéndose en peligro. Miró a Hermione, que ahora estaba en el cuerpo de Cedrella, comiendo tranquila, se le apretó el corazón recordando en Lily, con ese pelo rojizo se le parecía aún más, siempre tenaz y luchadora, inteligente y abnegada, por un segundo tuvo deseos de sacarla de la línea de fuego, decirle que aceptara ir a Bulgaria, que Viktor Krum la protegiera de los horrores de la guerra, podría comenzar una vida apacible, formar una familia. Solo que Hermione Granger no era ese tipo de mujer, ella no daba la espalda a los problemas, ella nunca habría ido a Bulgaria escapando de su destino y eso era lo que admiraba de la quien alguna vez fuera su alumna, la bruja más inteligente de su generación, aquella niña que bien podría ser su hija, la quería como tal, estaba peleando en una guerra más vieja que ella misma, en la que se involucró siendo una niña.

Cuando supo que su mujer estaba embarazada quiso proponer que huyeran, tenía miedo de correr el mismo destino que tuvieron James y Lily Potter, no quería que su hijo o hija pasará por lo mismo que vivió Harry. Estuvo meditándolo por días, huir lejos del peligro. Cuando iba a decirle sus planes a Tonks, al mirarla a los ojos supo que ella nunca lo haría, no se alejaría del campo de batalla, ella ahora más que nunca querría pelear, por su hijo, por ella y por él. Después de todo Nimphadora Tonks era una guerrera. Su esposa fue siempre una luchadora, desde que la llamaron por primera vez mestiza. Lupin lo sabía, todos tienen estigmas con los que cargar, Tonks peleaba por su esposo licantropo, por su padre hijo de Muggles, por su madre traidora a la sangre y el hijo que estaba creciendo en su vientre.

Remus Lupin admiraba el coraje de las mujeres que estaban sentadas en esa mesa, las brujas presentes eran fuertes y valientes.


Kingsley había solicitado que la reunión de La Orden del Fenix fuera a esta hora, pues quería estar presente en esta ocasión y solo podía salir del ministerio en horario de almuerzo. El hombre tenía que compartir información importante con la Orden, el problema es que a pesar de que era idea suya hacer la reunión a esa hora, y es que no tenía otro momento; pero ahora, viendo los rostros felices de sus compañeros tenía resquemor de dar tan indeseable y nefasta noticia.

- Están mandando a los hijos de Muggles a Azkaban, les quitan la varita y los llevan a prisión - todos los presentes dejaron escapar un sonido de incredulidad y horror.

Kingsley Shackelbot era una persona mesurada, pero en este caso prefirió ser directo, no tenia tiempo que escatimar, debía volver cuanto antes al cuartel. Además no tenía idea de cómo decir algo así de horrible con tacto, no podía maquillar sus palabras, no tenía cabeza para eso en este momento.

- Pero eso es abominable, los Dementores sin la vigilancia del ministerio se aprovecharan de la situación - dijo Amelia Bones rompiendo el extraño silencio que se formó después de la declaración de Kingsley.

- Les manda una carta pidiéndoles que vayan al Ministerio a una entrevista para la Comisión de Registro de Nacidos Muggles dirigida por Dolores Umbridge.

- Maldita cara de sapo - susurro George

- cuando los convocados se presentan en el Ministerio los llevan a juicio en las salas del Wizengamont - continuó hablando Kingsley - El juicio es una mera formalidad, desde que son llamados están condenados a ir a Azkaban, todos los que se han presentado ante la Comisión son encontrados culpables de robar magia.

Fred apenas prestaba atención a lo que hablaban los demás, su atención estaba centrada en la reacción de Cedrella, su rostro estaba con una mueca de rabia y tristeza, mientras apretaba fuertemente el tenedor con su mano.

- ¡Es una abominación! - exclamó Fleur.

- Esto es lo que salió en el Profeta ... - dijo Bill, tomando la mano de su esposa tratando de calmarla.

- Debemos hacer algo - exclamó Fred interrumpiendo lo que estaba diciendo su hermano Bill, su gemelo asintió a sus palabras y Cedrella lo miro con algo que el muchacho no pudo descifrar

- No podemos, no esta... - comenzó a decir Arthur Weasley

- Como que no podemos papá, es nuestro deber - replicó vehementemente George

- si nosotros no hacemos algo entonces quién lo hará. - discutió Fred

- No podemos ponernos en evidencia, no tenemos los medios para hacer algo -dijo Hestia Jones, a lo que todos los miembros antiguos de la Orden del Fénix hicieron un gesto de aprobación.

- Pero es que no podemos quedar...

- Se que estas ofuscado Fred, pero lo correcto en este momento es pasar desapercibidos, no podemos arriesgarnos. - dijo su padre zanjando el tema de conversación.

El transcurso de la reunión fue bastante tenso, los muchachos siguieron enfadados y los adultos trataron de apaciguar los ánimos, sin ningún resultado.

Cedrella guardó silencio, no hablo en toda la reunión, su semblante estaba sobrio, aunque nadie de los presentes podría decir que estaba enojada, solo estaba seria y no expresó ninguna opinión, cuando le preguntaron directamente qué opinaba respecto a la necesidad de formar un nuevo horario de vigilancia en el departamento de Aurores ella solo se encogió de hombros, desconcertando al resto de comensales, era bastante raro que Cedrella no participará, más raro aún era el que no respondiera una pregunta directa, nadie quiso ahondar en el porqué de aquella reacción por parte de la muchacha, ya todos se imaginaban la razón y no podían hacer nada para remediarlo, por lo menos no aún fue lo que pensaron algunos de los comensales que estaban sentados a la mesa.

Tras el término de la reunión, solo la familia y Weasley y los amigos cercanos, como Tonks y Remus se quedaron. Era costumbre que pasaran la tarde del domingo en familia, era uno de los pocos momentos de tranquilidad, así se reconfortaba y reunían fuerzas para seguir viviendo en el estado de sitio en el que se encontraban debido a la vida no era igual en tiempo de guerra, la Señora Weasley vivía aterrorizada, no podía comunicarse con Ron, Ginny estaba sola en Hogwarts, Percy estaba alejado y sabía que a Arthur lo estaban investigando en el ministerio, ella misma no podía salir tranquila de casa, la vigilaban allá a donde fuera. Es por eso que el día Domingo lo dedicaba a la familia, los agasajaba demostrándoles su cariño como mejor sabía, llenandoles de comida.


- Nosotros ya nos vamos - dijo Fred sorprendiendo a todos.

Hermione y George lo miraron tan extrañados como el resto, pero antes de que pudieran decir algo la señora Weasley se adelantó.

- Fred, cariño, se que aun estas molesto por lo que se dijo en la reunión, no te vayas por eso. - dijo su madre con tono triste.

Fred se enterneció, no podía enojarse con esa mujer, ella era tan cándida, toda bondad y amor.

- Mamá - dijo acercándose a ella - No me voy por eso, tenemos una reunión con unos amigos, me acaba de llegar una lechuza para confirmar - le mostró un trozo de pergamino. - No estoy enojado contigo Mamá- dijo tomándola de las manos y besando su frente - no estoy enfadado.

La señora Weasley abrazo a su hijo y lo dejó ir, sabía que mentía, los tres muchachos estaban ofuscados, pero no podía hacer nada para cambiar eso, ella también estaba horrorizada por lo que estaba ocurriendo en el Ministerio, en la Primera Guerra no llegaron tan lejos; pero los años y las experiencias vividas, junto con las responsabilidades adquiridas le impedían actuar, ella no era una adolescente idealista, era una madre de familia, de una gran familia, y debía comportarse como tal, debía actuar con mesura para proteger a los que estaban a su cargo.

Los tres jóvenes salieron de la Madriguera cabizbajos, se habían despedido de todos con sonrisas, no podía culparlos por las cosas que ocurrían, el enemigo era otro, el responsable del sufrimiento de aquellos que ahora estaban en Azkaban era Voldemort y sus secuaces.

Caminaron en silencio hasta más allá del punto de aparición, ninguno tenía deseos de hablar, Hermione pensó en aparecerse ella sola, necesitaba meditar las cosas, desecho la idea para quedarse con los chicos, no tenía ganas de estar lejos de ellos. de pronto la voz de Fred rompió el silencio para informarles que era verdad que habían quedado con los chicos, que debían irse ya.

Fred guió la aparición, llevándolos a la bodega de la trastienda.

- Quería comer un dulce - dijo ante los ceños fruncidos de sus acompañantes. - Se me bajó el azúcar . - explico mientras sacaba un caramelo que estaba guardado dentro de un cajón en el escritorio que solía ocupar para trabajar en nuevos proyectos.

George y Cedrella rodaron los ojos ante la ocurrencia del muchacho. Salieron de la bodega y subieron la escalera para entrar al departamento, ahí ya estaban esperándolos Alicia y Angelina esta última salto a los brazos de George apenas él se aproximo a saludarla. También estaba Lee Jordan, quien tenía entre sus manos un libro, cuando Cedrella se acercó a saludarlo el muchacho se lo pasó y le dijo unas cuantas palabras en voz baja, para que solo ella escuchara. Fred se los quedó mirando con el ceño fruncido y el caramelo dentro de la boca, provocando un bulto en su mejilla.

- Te ves muy gracioso así- dijo Alicia acercándose a él - pareces un niño caprichoso.

- Hace mucho que deje de ser un niño - dijo levantando las cejas, a la par que se sacaba el caramelo de la boca.

Alicia son sonrió con pícara antes de acercarse más, para después casi susurrar

- ¿A qué sabe tu caramelo, Fred?

Y el gemelo no supo qué responder, una tos nerviosa lo atacó, era idea suya o Alicia Spinet le estaba coqueteando descaradamente. trago grueso antes de sonreír, iba a decir algo, lo que fuera que pudiera sacarlo de esa situación tan extraña. Abrió la boca para comenzar a hablar, cuando fue interrumpido por el sonido que produjo la llegada de Oliver Wood y Katie Bell.

- ¿Que era tan importante para adelantar la reunión?. - Pregunto Oliver mientras hacía que una silla se duplicará, para luego sentarse en ella.

- Estaba en casa de mi abuela viendo una película de terror cuando llegó tu lechuza. - se sentó junto a Oliver- tuve que dejarla sola en casa, si suena el teléfono temo que le de un ataque al corazón.

- ¿Que es una película y por que le dará un ataque a tu abuela el teléfono? - Preguntó Alicia acercándose a Katie

- Una película...- comenzó a explicar Katie, pero fue interrumpida por Oliver

- Este no es momento para explicar eso. Ahora dinos Fred, ¿que ocurre?.

Fred les explico con lujo de detalles lo que Kingsley Shackelbot les había dicho en la reunión de la Orden del Fenix, el efecto fue el mismo que tuvo Kingsley, todos tenían una mueca de horror imaginando cómo debían estar sufriendo los hijos de Muggles que habían sido apresados en Azkaban, ahora personas inocentes estaban sometidas al sufrimiento que provocan los Dementores, estaban siendo torturados por haber nacido Muggles, no era justo.

El Horror y desconcierto inicial que sufrieron los presentes fue sustituido por rabia, el sentimiento era más fuerte en algunos. Katie Bell era mestiza, su padre era un nacido de Muggles, él estaba en la misma situación que los magos y brujas que ahora estaban en Azkaban.

- Debemos hacer algo - Dijo Katie, todos asintieron apoyándola.

Fred sonrió satisfecho, esa era la reacción que esperaba de sus amigos. Esto no sería fácil, esto era mucho más peligroso que rayar muros, que hechizar el profeta para que cambiara los titulares a su antojo, qué hacer demostraciones pirotécnicas.

Dedicaron el resto de la velada a discutir cómo debían abordar el problema. No bastaba con advertir a los hijos de Muggles que no debían presentarse en el Ministerio, muchos ya estaban recluidos en Azkaban, además estaba el hecho de que el Ministerio probablemente tenía el nombre de todos aquellos que fueran hijos de Muggles, era eso con lo que tenían que acabar.


Hermione había tomado la responsabilidad de idear el plan de ataque, salió a primera hora de la mañana del lunes a comprar libros sobre la prisión de Azkaban y el Ministerio y otros más que Fred no había alcanzado a ver, se la paso todo el día leyendo, mientras ellos estaban trabajando en la tienda.

A la hora de comer Fred subió a ver cómo seguía su investigación y revisar que ella comiera algo, solo dio un par de mordiscos al pan que le ofreció y le pidió amablemente que saliera de la habitación, que la interrumpió en su labor. Y siguió encerrada dentro de la habitación sin salir hasta que George le dijo que la cena estaba lista, como hizo en el almuerzo apenas comió antes de volver a encerrarse, ni siquiera hablo mientras tragaba sin masticar, y no le dio tiempo a los chicos para preguntarle si necesitaba ayuda.

Como Hermione había estado trabajando en la investigación todo el día, los gemelos Weasley decidieron hacer lo propio para llevar a cabo la misión que se habían impuesto, así que bajaron al taller para trabajar en lo que sabían hacer.

Pasada la medianoche George decidió que la jornada debía llegar a su fin y ya era hora de dormir, así que subió a su cuarto, dejando a Fred solo en el taller, quien se resistía a ceder al sueño y el cansancio. Estaban a un paso de manejar el hechizo de los trasladores. Trabajo en ello por un tiempo después de que George se fuera a dormir, hasta que finalmente lo logró, por un momento pensó en seguir trabajando en otros hechizos, pero tras ver que eran las tres treinta de la noche desistió y decidió ir a descansar.

Cuando llegó al departamento vio por la rendija de la puerta que Hermione seguía con la luz encendida así que fue a tocar su puerta para ver si necesitaba algo, si podía serle de ayuda. Golpeo la puerta y esperó hasta que la chica le dijera que podía pasar, una vez dentro la vio sentada en una mesa que ella mismo debío conjurar, porque él no la tenía antes. estaba con las piernas colgando, moviendolas ritmicamente mientras leía y garabateaba en un pergamino a la vez.

- ¿Hermione? - dijo Fred después de verla por un rato, sin que ella hubiera reaccionado a su presencia.

- Si, si entra - dijo sin siquiera mirarlo - ¿necesitas algo? - inquirió hablando rápido mientras hacia mas anotaciones

- Yo venia a preguntarte eso, es tarde y aun no duermes, has estado todo el día leyendo. - dijo Fred preocupado.

- Estoy bien, solo necesito pensar en esto, ya casi lo tengo, pero no puedo... - ni siquiera terminó la frase que estaba diciendo y siguió tomando notas

La chica no se veía bien, tenía el pelo tomado en un moño mal hecho, los rizos se escapaban en todas direcciones, la piel de su rostro se notaba grasosa producto del sudor debido al estrés al que se estaba sometiendo, bajo sus ojos había ojeras y estaba pálida, con la espalda curvada. Fred se dejó caer en la cama y tomó uno de los libros que Hermione no estaba ocupando y se dispuso a leer, sabía que ella no le dejaría ayudar si él se lo ofrecía, por eso no perdió tiempo preguntadole su parecer.

Estuvieron un par de horas leyendo, Fred en la cama y Hermione sentada sobre la mesa, ambos sumidos en lo que leían. en un momento de la noche los ojos de Fred se cerraron sin que se diera cuenta y cayó en un sueño profundo debido al agotamiento.

- Fred - escuchó que decía una voz conocida, pero la somnolencia no le permitía abrir los ojos, él enserio quería responder pero de su boca no salieron mas que sonido ininteligibles. - ¡Fred! - repitieron

Hermione se acercó a la cama donde Fred dormía y lo remeció para ver si despertaba y le ponia atencion, necesitaba decirle su plan, después de analizar lo que pudo investigar ya tenía una idea de cómo llevar a cabo su propósito.

Fred pudo abrir los ojos por fin, más que nada debido a las gotas que cayeron en su rostro. Tras la ceguera inicial vio el rostro de Hermione con el pelo chorreando agua, pegado a su cabeza, muy cerca suyo, no pudo evitar llevar una de sus manos a su mejilla y acariciarla, ella sonrió ante su gesto, su rostro también estaba húmedo, es como si hubiera salido de la ducha directo a despertarlo.

- Aún estás durmiendo. - dijo enternecida. se alejó del chico y se sentó en la cama, en el espacio que no ocupaba Fred. - ya se que debemos hacer.

Tras sentarse y mientras se frotaba los ojos Fred preguntó - ¿Qué debemos hacer con que?

- Que debemos hacer para poder terminar con la Comisión de Registro de los Hijos de Muggles. - dijo ensanchando su bonita sonrisa.


Decir que me costó escribir este capítulo, es quedarme corta. Lamento la tardanza, se me borró el archivo varias veces y eso me hizo perder la idea, aún hoy no estoy conforme con lo que publique.

Gracias a quienes comentaron los capítulos anteriores CholeStone, alter321, Ginny Lily Potte, Natalys, AnnaMalfoy1905, FlokesW, Sly kales, Rimasonante y Guest* enserio gracias por sus ánimos a seguir con la historia y me alegra que les gustara lo que leyeron. Es bonito saber que lo que uno escribe lo lee alguien xD. Saludos también a los lectores silenciosos, animense a decir que opinan!.