He revivido tras muchos exámenes (me quedan muchos más, no penséis que ya soy una personita libre TT^TT), y he traído una de las muchas historias Malec que se me han ido ocurriendo y que he ido escribiendo poquito a poco en diferentes, largas y aburridas clases.
Hoy no voy a escribir mucho aquí en la parte de "Comentarios de la autora" porque imagino que habrá gente queriendo asesinarme tras descubrir que después de meses de desaparición no traigo conmigo la continuación de mis otras historias. Mis más sinceras disculpas por ello.
En mi defensa diré que hace mucho que tengo medio capítulo de "Aprendiendo a ser muggle" pero que no me atrevo a intentar continuarlo pues me preocupa que por la falta de tiempo vaya a hacer una porquería solo para terminarlo.
Las advertenciaspara este capítulo las escribiré a mano esta vez y dejaré de lado el copia-y-pega habitual:
-Cambios de escena: o*O*o*O*o*O*o-.-.-.-.-.-.-o*O*o*O*o*O*o
-La mayoría de los pensamientos no están señalados de ninguna forma, están mezclados con las observaciones. En cursiva están los que se encuentran marcados.
-….- Diálogos.
-Posible aparición de spoilers de Ciudad de fuego celestial, los Orígenes o Las Crónicas de Magnus Bane.
-Lime suave.-
Disclaimer: Ni Cazadores de Sombras ni sus personajes ni la historia original me pertenecen. Yo solo cojo prestados sin ánimo de lucro, con fines únicamente lúdicos.
… ¿Un Malec?... ¿O dos? ….
Chapter 2: El cumpleaños de Alexander Lightwood.
Magnus POV
El estridente sonido del despertador arrancó súbitamente a Magnus de los brazos de Morfeo.
De mal humor, a causa del terrible despertar y sus inexistentes ganas de empezar un nuevo día, levantó unos milímetros el dedo índice aun sin separar la mano del colchón y tras un chisporroteo proveniente del dedo que había movido, el despertador seguramente hijo de Lilith, dejó de sonar.
El brujo se giró en la cama, se arrebujó contra las sábanas blancas y agarró un almohadón atrayéndolo hacia él, dispuesto a volver a dormirse en esa nueva posición.
Pero no habían pasado ni dos segundos cuando abrió los ojos de golpe, preocupado por la falta de algo en ese cuadro.
Miró a todos lados – incluso debajo de las sábanas – e intentó oler el ambiente en busca del aroma a café recién hecho.
Nada.
Saltó de la cama y caminó en dirección al salón del apartamento, deteniéndose un momento antes de salir del cuarto para coger su bata de seda china morada bordeada en dorado, del perchero colocado al lado de la puerta.
Se colocó la bata para esconder un poco de su desnudez, solo por si acaso había visitas inesperadas. Parece ser que aun en el siglo veintiuno, en Brooklyn no estaba bien visto pasearse desnudo ni por tu propia casa.
Claro, que eso no parece tan importante cuando te has bebido dos botellas de whiskey.
Una sonrisa divertida se extendió por su rostro con el recuerdo de algunas de sus fiestas de los años cincuenta.
Presidente Miau se restregó insistentemente contra su pierna, tratando de llamarle la atención y consiguiendo sacarle de sus censurables pensamientos.
Recuperando sus inquietudes Magnus llegó a la cocina, y su desilusión creció al descubrirla vacía.
Falto de motivación, se derrumbó en uno de los taburetes de la isla de la cocina y se acostó de mala manera sobre esta.
Presidente seguía emitiendo gemidos lastimeros con la esperanza de que su dueño le diera de desayunar.
El gran brujo de Brooklyn levantó un poco la cabeza para informarle de que ese día no habría desayuno, cuando un sobre color beige con filigranas doradas que descansaba junto a su cabeza, desvió su atención.
Chasqueó los dedos y el sobre flotó en el aire y voló hasta ponerse en frente de él. Todavía flotando, el sobre se abrió y dejó ver su contenido: Una tarjeta del mismo diseño del sobre.
"Estimado señor Bane. Magnus Bane. Bueno, Magnus."
El susodicho rodó los ojos, exasperado.
"Como recordarás, hoy es el cumpleaños de Alec. Nuestros padres estarán hasta la próxima semana en Idris, y nos gustaría celebrarlo de algún modo.
Solo estaremos familia y algunos amigos, así que me gustaría invitarte a que vinieras al Instituto e hicieras lo que mejor se te da:
¡Una fiesta!
No quiero que Alec esté solo en un día tan importante, y es tu misión ayudarme a obligarle a que se lo pase bien.
Sé que vendrás. Algo metálico enroscado en mi brazo derecho me lo dice.
Besos.
Izzy."
Magnus bufó irritado. ¡Esa pequeña nephilim pelinegra le estaba chantajeando! Y encima, ¡innecesariamente!
Vamos a ver, ¿por qué no querría ir él a una fiesta?
Devolvió la nota a la isla y tras chasquear la lengua con molestia por el poco respeto que la menor de los Lightwood demostraba ante su persona.
Se desabrochó la bata y balanceando aún entre los dedos el fino cordel que conformaba el cierre, se sentó en el sofá de terciopelo negro. Su móvil apareció en su mano con tan solo un pensamiento fugaz y un sutil movimiento de dedos. Y su voz se asemejó a un lloriqueo suplicante cuando habló:
-Catarina, necesito tu ayuda.-
o*O*o*O*o*O*o-.-.-.-.-.-.-o*O*o*O*o*O*o
Alec POV
Alec se había encerrado en su cuarto como último recurso para escapar de su hermana. Cuando había algún acontecimiento importante su personalidad daba más miedo que nunca.
Izzy era su hermana y la quería, pero no conseguiría engañar a nadie diciendo que se ponía un poco nerviosa, excitada y exaltada… ¡Por el Ángel! ¡Isabelle estaba completamente loca!
Maryse cabreada no producía ni un mínimo escalofrío al lado de Izzy con ganas de fiesta.
Una risa se le escapó ante tal pensamiento, pero se disipó casi al instante de aparecer cuando el recuerdo de las últimas horas se abrió paso en su mente desplazando todo lo demás a un lado.
FLASHBACK
Algo estaba aplastándole el estómago. No podía respirar. Cada vez había más presión comprimiéndole el pecho. No podía moverse. Se clavaba las costillas. El agobio crecía por la falta de aire…
Y despertó.
-¡Feliz cumpleaños Alec!- Gritó una muy sonriente Izzy saltando sobre su abdomen.
-¡Vamos hermano, levanta!- Continuó zarandeándolo Jace mientras que se movía sobre su pecho justo por encima de Isabelle.
Alec se contuvo para no rodar los ojos y comenzar a gritarles cabreado por haberle despertado; y en lugar de ello, sonrió con sinceridad y con dificultad dijo:
-Izzy, Jace, no puedo respirar.-
-¡Oh, Alec, ya sé que mi presencia es tan deslumbrante que te deja sin aliento, pero contente que tu hermana pequeña está delante!- Le guiñó un ojo y estalló en carcajadas al tiempo que se levantaba para aliviar un poco de la tortura a su parabatai.
-No, Jace. Tienes que aceptarlo ya. Obviamente se refiere a mí.- Sonrió orgullosa y prepotente.
El pelinegro, cansado de tal despliegue descarado de egos, puso los ojos en blanco y sin previo aviso, se levantó tirándolos al suelo.
Todavía se quejaban, frotándose sus traseros doloridos cuando Alec se encerró solo en el baño para ducharse e intentar relajarse. Algo en su interior le decía que eso no iba a ser posible en todo el día.
Al salir de la ducha y encontrar su habitación vacía, un escalofrío se deslizó por su columna vertebral. Se temía lo peor. Y no se equivocaba.
Bajó a la cocina tras un encuentro cariñoso con Iglesia en el ascensor, para descubrir un tornado pelinegro de cacerolas que corría de un lado a otro de un extremo a otro de la sala, y a un Jace aburrido con la cabeza apoyada sobre la mesa.
-¿Qué pasa, Jace? ¿Dónde está Clary?- Preguntó el ojiazul entrando en la estancia.
-Hoy tenía que ir con su madre a algún lado.- Sus palabras se oían amortiguadas porque chocaban contra el tablero de madera.
-¡Bueno, pero vendrá más tarde!- Chilló animadamente Isabelle despegando la vista de la olla humante por un momento.
El Herondale no levantó la cabeza de su actual posición.
Alec asintió en silencio. Luego, se tensó.
-Oye, Izzy…-Hizo una pausa para tragar, preparar con precisión y paladear sus siguientes palabras.- ¿Qué estás… cocinando?- Desvió la mirada con miedo.
-Oh, nada especial.-Alcanzó una sartén. –Solo unas pocas cosas para la cena de esta noche.-
-Pero mamá y papá no van a estar.-
-Ya, pero van a venir Clary, Simon y algunos amigos.-
El temor y la preocupación seguían aumentando en el interior del primogénito de los Lightwood.
-Así que tengo que preparar suficiente comida para todos y colocar los adornos y poner las luces…-
Alec dejó de escucharla cuando notó la presencia del rubio a su espalda.
-Tranquilo, he encargado la tarta en "Cupcakes and Sweeties". Tiene un nombre espantoso pero sus dulces son de otro mundo. Son celestiales.- Murmuró el nephilim de ojos dorados en el oído de su hermano adoptivo.
Bueno, al menos el pastel de su cumpleaños no sería un desastre. Pensó con cierto alivio.
Alec y Jace se sentaron y desayunaron en silencio, intentando ignorar los extraños olores provenientes de la "comida especial de Izzy". Cuando esta por fin estuvo terminada, Isabelle se les unió, para más tarde ir los tres a la sala de armas a entrenar.
Pasaron toda la mañana rotando en pequeñas peleas cuerpo a cuerpo en grupos de dos. Tan solo se detuvieron media hora para comer la pasta carbonara que les había dejado preparada Maryse antes de irse.
Ambos muchachos comieron con parsimonia, masticando cada bocado lenta y concienzudamente, tratando de desaparecer por miedo a ser preguntados.
Isabelle por su parte, hablaba sin parar, enumerando todas las tareas que aún le quedaban por hacer para conseguir una velada de cumpleaños perfecta. Y es que ella poseía otra cualidad para añadir a la lista de "Precaución": Era una maniática del control. Necesitaba manejar la situación.
Aunque claro, esta solo se mostraba de manera intermitente. Acusó Alexander mentalmente.
La mayoría del tiempo ella no era así. Y por eso asustaba tanto.
No pudiendo alargar más la ya inexistente comida para librarse de participar en la charla -monólogo- de su querida pero un tanto desquiciada hermana; se pusieron de pie y se marcharon con la excusa de ir a cambiarse para ir a entrenar al patio trasero.
Isabelle solo asintió desinteresadamente sin dejar de repasar sus planes.
FIN FLASHBACK
Sí, ese solo había sido el comienzo de ese día que cada año se volvía más extraño si era posible.
Suspirando por no encontrar escapatoria, cogió su equipo de combate y se dirigió al exterior del Instituto de Nueva York.
Alec se ajustó el carcaj a la espalda, colocó una flecha en posición, y tensó la cuerda.
Y disparó.
Y automáticamente todas sus preocupaciones del día volaron con ella, cortando el aire, hasta dar con el dentro de la diana.
Siguió disparando a los diferentes blancos colocados a distancias cada vez más lejanas, mientras Isabelle y Jace practicaban enfrentamiento con arma blanca.
Hacía mucho tiempo que Alec había aprendido a no inquietarse por el bienestar de sus hermanos durante los entrenamientos. Y es que tuvieron que pasar bastantes años tras la llegada de Jace a la familia para que su cuerpo no se diera la vuelta por sí solo después de cada choque de los cuchillos serafín, para comprobar que ambos hermanos no se habían despedazado el uno al otro a causa de su extrema animosidad en combate.
El Lightwood no mentiría si dijera que en incontables ocasiones habían olvidado que tan solo estaban practicando.
Después de convertir todas las dianas disponibles en pinchos morunos, el mayor de los tres nephilim se sentó bajo un gran roble a la sombra y acarició la hierba húmeda.
Echaba de menos a Magnus. Sentía que faltaba algo.
Realmente gracias a Isabelle había un ambiente parecido a cuando se encontraba junto al brujo, pero con bastante menos brillantina.
Miró al cielo y meditó.
Estaba tan concentrado en sus propios pensamientos que no notó como su parabatai se acercaba con sigilo hasta que lo tuvo justo encima. Jace rodeó sus brazos en torno al cuello del pelinegro y tiró de él hacia sí.
Alec, con la lección aprendida de tantas otras veces que habían estado en la misma situación, agarró al rubio por los brazos y tras coger impulso, lo lanzó por los aires y hacia delante como si no pesara más que una pluma.
Segundos más tarde, ambos reían alegremente y se sacudían el polvo.
-Eso ha sido previsible, Jace.- Se burló con suficiencia.- Estás perdiendo tu toque.-
-Como si eso fuera posible. Solo me he dejado por ser tu cumpleaños.- Rebuscó en sus bolsillos y sacó una diminuta caja de madera tallada.
-Tu regalo de cumpleaños.- Alec le miró y abrió la boca con intención de decir algo.-No hace falta que lo digas, ya sé que no era necesario, ya sé que con mi compañía ya tenías más que suficiente. Normal, no hay muchas personas ya sean nephilim, mundanos o submundos, que puedan disfrutar de mi maravillosa presencia tan a menudo. De nada.- Completó muy pagado de sí mismo, como siempre.
-Solo iba a darte las gracias.- Respondió irónico.
-Bueno, también era una opción.-
El muchacho de ojos dorados abrió la caja frente a su destinatario y lo miró nervioso por primera vez en el día.
-No estaba seguro de qué regalarte. Y esta me pareció una buena idea.-
-Jace…-
-Izzy también tiene uno. Comprenderás que no podía excluirla de esto.-
El pelinegro sacó uno de los dos pequeños objetos metálicos del paquete y la admiró asombrado por unos instantes.
-Nunca creí que diría esto de un obsequio tuyo, hermano; pero es magnífico.- Se lo probó en el dedo corazón de la mano que no contenía el anillo familiar de los Lightwood.
-Que no te extrañe, todo lo que yo hago es siempre perfecto.- Alec rodó los ojos.- Lo encargué hace tiempo a las Hermanas de Hierro. Está hecho con metal celestial, al igual que los cuchillos serafín. Y aparte de estar tallado con una precisión pasmosa, iguala a las armas en una batalla. Solo debes golpear fuerte con él.-
La mirada del mayor recorrió los contornos que conformaban el emblema familiar de los Lightwood entrelazado con el de los Herondale sobre el anillo.
-Hubiera hecho otro para Max si…- No terminó la frase. Las palabras las barrió el viento.- Solo existen tres.-
-Uno para cada hermano.- Sentenció Alec con una mezcla de tristeza y seguridad reflejada en su mirada.-Definitivamente el mejor regalo que has hecho.-
-Oye, ¿y qué me dices de la bata manta de hace cuatro años? ¿O del champú "NO MÁS CALVOS" del año pasado? Te quedaba genial el pelo largo. Aunque quién podía haber sabido que era una poción de brujos para hacer crecer el pelo a una velocidad inimaginable…-
-¡Estuve un mes cortándome el pelo cada dos horas al día porque no podía ni caminar sin pisármelo!- El ojiazul lo asesinó con la mirada.- ¡Y cómo no ibas a saberlo si Izzy dijo que lo comprasteis en un bazar del Submundo!-
-Bueno, eso solo son detalles menores. Eran regalos muy originales.-
El ojiazul suspiró resignado ante el caso perdido, otorgándole la razón al rubio.
-Deberíamos ir a vigilar a Izzy.- Comentó Jace pensativo.-Hace un rato me dijo que iba a continuar con los preparativos.-
Un sentimiento angustioso se instaló en el pecho de ambo nephilim.
-Sí, vamos a controlar a la bestia.-Gruñó Alec.
Nada más atravesar la puerta de la entrada el sentimiento en sus pechos se intensificó.
-Huele a quemado.-
Sin detenerse a pensar, los parabatai echaron a correr en dirección a la cocina.
-¡Isabelle, ¿estás bien?!- El pelinegro miró en todas direcciones.
-¡¿Qué ha ocurrido?! ¡¿Dónde está el fuego?!- Apostilló Jace.
Pero la escena que se desarrollaba ante sus ojos era de todo menos peligrosa.
Isabelle Lighwood lloraba a moco tendido abrazando con fuerza contra su pecho lo que en algún momento pudo haber sido un bizcocho, pero que ahora era un trozo de pan carbonizado.
-Mmm… ¿Izzy? Me da miedo preguntar pero… ¿qué ha pasado aquí?- El menor de los dos dijo en voz alta lo que ambos estaban pensando.
La chica, entre hipidos y tras sonarse la nariz, respondió con voz lastimera:
-Estaba haciendo un bizcocho… ¡Y me estaba quedando bien!- Los hermanos miraron al suelo intentando parecer desinteresados.- Pero no se hacía lo suficientemente y por ello se me ocurrió ponerle una runa de calor para acelerar el proceso y... ¡Salió ardiendo!- Lloriqueó.
-Pero Izzy, es que ni a Jace siendo como es él, se le hubiera pasado por la cabeza hacer semejante…-
Su hermano lo fulminó con la mirada, callándolo justo a tiempo. Luego lo miró y entrecerró los ojos a causa del comentario crítico hacia su persona.
Realmente Alec debía estar saturado mentalmente con todo el lío del cumpleaños. Había estado a punto de insultarlos a ambos y ni siquiera se había dado cuenta. Reflexionó preocupado el rubio.
-No pasa nada Izzy, seguro que el resto de la maravillosa comida que estás preparando compensará la pérdida de ese diminuto pastel.- Alec se sorprendió con la facilidad con la que Jace mintió con una sonrisa más falsa que un billete de siete euros perfectamente dibujada en su cara.
-¿Tú crees?- Los ojos húmedos e ilusionados de su hermana les impedían decir la verdad.
-Claro.-
Los chicos animaron a la pelinegra a levantarse y arreglar el estropicio entre todos.
o*O*o*O*o*O*o-.-.-.-.-.-.-o*O*o*O*o*O*o
Eran cerca de las nueve y media y Alec se encontraba cada vez más intranquilo por lo que todavía estaba por pasar.
Y entonces, como anuncio de que su muerte había llegado, sonó el timbre del Instituto.
Clary y Simon POV
Simon y Clary pasaban su peso de una pierna a otra mientras esperaban a que les abrieran las puertas del Instituto.
Ciertamente Clary podía entrar sin problemas a la casa de los nephilim, pero Simon tenía que ser invitado, y la pelirroja no deseaba dejar a su amigo solo fuera.
Oyeron los pasos de alguien acercarse y el chasquido de la puerta antes de que esta se abriera.
-Hola Clary.- Jace mostraba una sonrisa deslumbrante ante su novia.- Y hola a ti también, Saúl.-
Simon lo miró fastidiado. Sabía que solo lo hacía para molestarle porque cuando le interesaba no se equivocaba con su nombre, pero aun así no podía dejar de sentirse ofendido.
-Simon, Jace. Se llama Simon y lo sabes.- Le corrigió Clary.
-Claro. Bueno, puedes pasar vampiro.- Hizo un gesto con la mano restándole importancia.
Al instante, Simon dejó de sentir sobre todo su cuerpo la presión que le impedía continuar avanzando hacia el Instituto.
-Jace…-
-Deberías prepararos mentalmente para lo que vais a ver.- La cortó el rubio.- Hoy vais a descubrir cómo se pone Izzy con este tipo de cosas. Samuel, toma nota para saber cómo actuar la próxima vez.-
-Vamos, Jace. No puede ser tan malo. Estás exagerando.- Aseguró con desconfianza la chica.
Entraron en el edificio y subieron al piso superior en el ascensor.
Y lo que vieron nada más abrirse las puertas de este los sorprendió y los desconcertó al mismo tiempo.
Isabelle perfectamente maquillada, peinada y ataviada con un maravilloso vestido morado que se ajustaba a todo su cuerpo resaltando sus enormes atributos, perseguía por todo el pasillo a un Alec totalmente despeinado que corría en calzoncillos intentando escapar de su hermana.
-¡Alexander Lightwood! – Gritó con completa seriedad la muchacha.- ¡Tienes que ponerte esta ropa, peinarte y prepararte ahora mismo!- Hizo una pausa.-¡Y por el Ángel, deja de correr semidesnudo por todo el Instituto!-
-¡Izzy, ya sabes que yo no llevo ese tipo de ropa ni me arreglo tanto! ¡Déjame llevar mi propia ropa!- Suplicaba Alec. ¿Suplicaba?
-Ni hablar. No llevo todo el día preparando la fiesta perfecta para que ahora el invitado de honor vaya hecho un adefesio.- Gruñó su hermana sin dejar de perseguirlo hasta que desaparecieron de la vista de los recién llegados.
-Vale.- La primera en hablar fue Clary.- Eso no me lo esperaba. Comienzo a entender tus advertencias.- Concedió al tiempo que el rubio asentía con suficiencia.
-¿Acabamos de ver a Alec en calzoncillos huyendo de…?- Inquirió el vampiro aún en estado de shock.
-Sí.- Aseguró el rubio.
-¿De verdad hemos visto…?- Comenzó de nuevo.
-Sí.-
-Vámonos. Los esperaremos a ellos y al resto de los invitados en la sala que Isabelle ha habilitado para la fiesta de esta noche.- Los guio por el pasillo.- Esta noche soy el portero, así que discúlpame si no te presto suficiente atención Clary. Por cierto, ese vestido te queda de muerte.- Le guiñó un ojo.
Simon bufó por lo bajo. Aunque ahora saliera con Isabelle y estuviera enamorado de ella, todavía no soportaba a Jace ni a sus comentarios de cualquier tipo.
Con el paso del tiempo fueron llegando invitados de todo tipo. Las primeras en llegar fueron Aline Penhallow y su novia Helen Blackthorn, seguidas por Maia Roberts y su novio Jordan Kyle y finalmente Magnus Bane.
Jace rodó los ojos al abrir la puerta al último invitado.
-Ya era hora de que llegaras Bane. Puedes pasar.-
-Gracias, rubito. Por cierto, te queda mejor ese color de tinte.-Contestó mordaz.
-Muy bien, brujo. Has estado rápido. Reconozco tu potencial.-
-¿Potencial? Chico, te saco al menos setecientos cincuenta años. Cuando aún ibas en pañales yo ya tenía un ingenio mortal.-
-Ahora hablas como un viejo.- Bufó.
Una sonrisa se extendió por el rostro del moreno. Y sacudió la cabeza haciendo que un poco de purpurina se desprendiera de su pelo y cayera al suelo.
-A veces me pasa.-
Magnus POV
Después de la pequeña conversación con el descendiente de William Herondale, ambos subieron al piso de arriba y caminaron hasta la sala en la que se encontraban los demás invitados.
Magnus observó con curiosidad al gato azul que les observaba desde una esquina cuando salieron del ascensor, y continuó andando yendo hacia donde el rubio se dirigía.
El pasillo que llevaba a la estancia donde se desarrollaba la velada se encontraba decorado con luces azules atadas a su vez a globos negros cubriendo en su totalidad ambas paredes.
Cuando entró en la sala de la que salían las voces no se sorprendió de que la decoración fuera la misma pero en mayor cantidad. Los nephilim no eran los más indicados para decorar una fiesta.
El techo además de las paredes se escondían tras esa extraña combinación ya expuesta en el pasillo.
La sala se dividía en dos partes muy espaciosas: A la izquierda una enorme mesa rectangular se extendía verticalmente a la puerta de la habitación, cubierta con un mantel negro sobre el cual ya la mesa estaba puesta y la cena colocada. A la derecha, todos los invitados se encontraban sentados en unos claramente amplios y cómodos sillones negros dispuestos en torno a una mesita de madera de roble.
Magnus bufó mentalmente. Lo de los cazadores de sombras con el negro comenzaba a ser preocupante, sino era una obsesión era un fetiche.
Pero su opinión dio un giro radical en el momento en el que detuvo su vista en una persona. Y es que Alec estaba deslumbrante a ojos del gran brujo de Brooklyn.
Llevaba unos pantalones negros ajustados que marcaban a la perfección su trasero, una camiseta con franjas grises y azules oscuro y una chaqueta de cuero negro que se adherían a su esculpido torso.
El brujo tuvo que recordarse mentalmente cerrar la boca para no dejar que se le cayera la baba con tal visión, pero es que ese simple pedazo de tela que cubría sus duros abdominales combinaba tan bien con sus ojos azules como el océano.
Tan solo despegó la vista del mayor de los Lightwood cuando su cerebro relacionó aquel zumbido tan molesto que captaba de forma amortiguada como la voz de la pequeña hermana de su novio reclamándole algo de manera airada.
-¡Magnus! ¡Llegas tarde!-
-Por supuesto. ¿Nunca has oído eso de que lo bueno se hace esperar?-Sonrió ampliamente mostrando sus dientes sin esperar respuesta.
Isabelle solo bufó y apartó la mirada por un instante.
-Bueno, ya que al fin estamos todos, ¡podemos comenzar la cena!- Chilló dando saltitos con ilusión.
Magnus, al igual que otros dos hermanos en esa sala, se estremeció. Ese cambio de actitud tan radical no auguraba nada bueno.
Todos ya estaban sentados en la enorme mesa cuando Isabelle volvió a ponerse en pie para felicitar públicamente a su hermano y decir algunas palabras haciendo referencia a episodios de su infancia los cuales Alec con sus fuertes rubores, claramente demostraba querer seguir manteniendo en el olvido.
-Simon, no te preocupes, he traído sangre para ti.- Terminó su discurso la pelinegra.
-Mmm… Gracias Izzy. Pero… ¿Quién ha cocinado?- La interrogó preocupado.
-¡Yo, claro!-Cantó risueña.
Ante tal respuesta, un sudor frío recorrió a los parabatai y Clary tragó el agua que estaba bebiendo con nerviosismo.
Magnus observó como la pareja de licántropos olisqueaban con precaución la comida puesta frente a ellos y más tarde, arrugaban la nariz con disgusto.
En cambio, las nephilim Blackthorn y Penhallow no parecían intranquilas. Solo observaban a sus anfitriones curiosas.
Magnus, cansado de tanta tensión para él sin sentido alguno, preguntó indiferente:
-No sabía que tú cocinabas, pequeña Lightwood.-
-Por supuesto, brujo. No hay nada que se me dé mal.- Respondió con suficiencia.- Bueno, me muero de hambre. ¡Comencemos!-
Alec POV
El sudor frío se deslizaba por la nuca del ojiazul. No podía, no debía permitir eso. Todavía recordaba la última vez que habían comido algo que hubiera cocinado Izzy. Necesitaba hacer algo.
Todos los presentes iban a probar bocado cuando un ensordecedor grito les detuvo.
-¡NO!-
Alexander Gideon Lightwood los congeló con su alarido desesperado.
-Lo siento mucho, Izzy. De verdad.- Hizo una pausa mirándola a los ojos.- No puedo permitir que coman tu comida.-
-Alec…-
-No, Isabelle. Haces muchísimas cosas a la perfección. En algunas eres una maestra. Pero cocinar no es una de ellas. Y no intentes negarlo, Jace y yo casi morimos la última vez, tuvimos que estar varios días en cama…-Suspiró.- Sé que llevas todo el día trabajando en ello Izzy, en la decoración, en la comida, en los invitados… Llevas todo el día intentando preparar la fiesta de cumpleaños perfecta para mí y realmente te lo agradezco, pero sabes que yo no necesito esto.- Se sonrojó.- Yo solo os necesito a vosotros para ser feliz.-
En este punto de la conversación la mayoría de los presentes estaban conmovidos e Isabelle estaba llorando a mares.
-Alec.- Se le lanzó encima y rodeó su cuello con los brazos dándole un fuerte abrazo.- Te quiero, hermano. Os quiero a los dos.- Miró con intensidad a ambos parabatai.
-Nosotros también Izzy.- La abrazaron entre los dos en respuesta.
Tras unos segundos se separaron e Isabelle se acercó de nuevo a la mesa.
-Aunque aún no me creo del todo…- Cogió un tenedor y se metió un poco de su comida en la boca. Masticó con parsimonia unos segundos y luego tragó con dificultad.
Hubo un instante de silencio. Después la pelinegra se lanzó a gran velocidad a por la jarra de agua mientras tosía sonoramente.
-¡POR EL ÁNGEL RAZIEL!- Siguió bebiendo.- Voy al…- No pudo terminar la frase antes de salir corriendo fuera de la habitación.
Todos los nephilim y subterráneos se mantenían en silencio mientras oían los sonidos que emitía Isabelle desde el baño.
-Bueno, pues tendremos que buscar un nuevo sitio donde celebrar tu cumpleaños Alec. Necesito comer algo porque acabo de despedir hasta al desayuno en ese baño.- Anunció entrando de nuevo.
-Me alegro de que digas eso, Izzy.- Jace sacó su móvil y comenzó a marcar.- Ya había reservado una mesa en Taki's.- Los presentes le observaron escépticos.- ¿Qué? ¿Creíais que os iba a dejar comer eso? Alec se me ha adelantado tan solo unas décimas de segundo.- Se jactó orgulloso.
Todos sin excepción rodaron los ojos.
-Pediré que envíen el pastel allí.- Dijo antes de alejarse a una esquina para hablar con una mayor privacidad.- Kaelie…-
-Pues ya me lo podíais haber dicho antes.- Susurró la pequeña de los Lightwood intentando controlar las náuseas que aún poseía.-Si que pienso en todas las veces que os hice comer algo que yo hubiera preparado…- Se tapó la boca intentando detener otra devolución al exterior de lo ingerido.
Alec empezó a frotarle la espalda intentando hacerla sentir mejor.
-No queríamos hacerte daño. Lo hacías con tanta ilusión…-
Magnus POV
El brujo mantenía una expresión neutra en el exterior, pero en su fuero interno sonreía realmente divertido ante tal escena.
Se había imaginado algo como eso después de observar las caras de los lobos, el vampiro y la pequeña nephilim pelirroja, pero en ningún momento se le había ocurrido pensar que su estúpido cazador de sombras iba a atreverse a plantarle cara a una hermana que, ese día más que nunca, parecía poder asesinar a alguien solo por llevar un jersey de lana azul eléctrico combinado con una falta de tubo carmín y unas botas altas.
Aunque él también lo haría. Cualquiera con ese sentido de la moda merecía morir.
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Alec POV
Comieron entre risas y lanzamientos de patatas iniciados por Simon y continuados por Clary y Maia hasta que la pareja de nephilim, cansadas se limpiarse patatas y otros restos de comida de la ropa con la mayor seriedad posible, se dejaron llevar sin pensarlo y se unieron a la guerra con un enorme contraataque de espaguetis boloñesa.
Alec observaba como Magnus desviaba sutilmente con pequeños hechizos los trozos de comida que volaban hacia él buscando estropear su conjunto número trescientos sesenta y ocho de fiesta nocturna, y luego atacaba sin descanso a todos indiscretamente.
La "pequeña" batalla de alimentos terminó sin heridos si se exceptuaba a Simon que lloraba desconsolado sobre una estatuilla de Luke Skywalker partida en pedazos en el suelo.
-Deja de lloriquear Scott, solo era un muñeco.- Atacó el rubio.
Isabelle, agachada junto a Simon, lo regañó con la mirada para luego volver a intentar animar a su novio.
-Era de edición limitada.- Susurró Clary al oído de Jace.- Por eso le afecta tanto.-
Jordan, autor del crimen y licántropo con un sentido de la audición muy agudo, dijo tras escuchar el comentario:
-Lo siento mucho Simon.- Se frotaba la nuca sin saber cómo disculparse.- Me había quedado sin armas comestibles y la vi en la mesa y…-
Continuaron así por unos minutos hasta que Isabelle consiguió hacer que su novio se olvidara del incidente.
Aline por su parte intentaba controlar a Helen cuya adrenalina se había disparado tras la pelea y aun se mantenía con niveles altos. La Penhallow salvó a varios subterráneos que comían tranquilos en las mesas continuas de ser atacados con bolas de arroz que simulaban nieve.
Finalmente todos se tranquilizaron cuando llegó un mensajero con la tarta de cumpleaños y Simon y Clary comenzaron a cantar a pleno pulmón la canción característica de ese tipo de fiesta. Aline, Helen y Isabelle se unieron al canto al aprender la letra, mientras que Jace solo miraba a su novia entre desconcertado y embobado, y Magnus se comía con la mirada lo adorable que parecía el ojiazul completamente sonrojado y avergonzado e intentando encontrar el camino más rápido para salir corriendo del lugar.
Terminaron de degustar el pastel conversando animadamente de temas tan diversos como cuál era la mejor arma para matar a un demonio Shax, o de quién era mejor actor si Johnny Deep u Orlando Bloom.
El frío de la calle los azotó nada más salir del restaurante y Alec pensó que su cumpleaños había terminado siendo una velada más agradable de lo que había esperado en un principio.
-Bueno, ¡y ahora comienza la verdadera fiesta!- Anunció excitada Isabelle.
-Izzy, ¿qué estás…?- Pero a Alec no le dio tiempo a terminar la frase antes de que su hermana la sujetara por un brazo y saliera corriendo obligando a los demás a que la siguieran.
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Le arrastraron tan rápido al interior del local que casi no le había dado tiempo a ver qué clase de sitio era, pero con tal cantidad de luces de neón solo le hizo falta un segundo para relacionar los datos que poseía.
Isabelle había decidido el sitio y según había oído en el viaje, Magnus la había ayudado con la elección. Eran como las dos de la mañana y había una enorme cola controlada por guardias de seguridad frente a la entrada del local.
Miró a la gente que bailaba muy pegada en la enorme sala bajo focos de luces de colores intensos y al ritmo de música electrónica. Nunca le habían gustado las discotecas, la música demasiado alta y la gente chorreando sudor mientras hacían movimientos descontrolados a causa del alcohol no eran lo que el llamaría diversión.
Pero nada más entrar, Helen comenzó a bailar junto a Aline, y Jace y Clary se escabulleron sin llamar la atención, y antes de poder ver que ocurría con los demás, alguien tiró de él entre la multitud alejándolo del variopinto grupo con el que había entrado.
Exasperado de que lo arrastraran de un lado a otro sin siquiera preguntar su opinión al respecto se giró bruscamente en dirección a su "secuestrador". Y se alegró de que fuera Magnus.
Aunque estuvieran en un antro infernal como él consideraba que eran las discotecas y rodeados de mundanos sin conciencia de sus actos a causa de su alto nivel de sustancias alcohólicas en sangre, por fin conseguiría un instante a solas con su brujo.
Cuando Magnus consideró que ya estaban lo suficientemente apartados, atrajo a Alec hacia su cuerpo en u abrazo por la cintura.
El nephilim se avergonzó de la demostración pública de afecto y Magnus le puso un dedo sobre los labios y chasqueó los dedos con la otra mano haciendo saltar chispas azules.
-¡Magnus! ¡Hacer magia delante de mundanos está prohibido por la Clave!- Alec lo miró entre sorprendido y asustado.
El brujo retiró el dedo de los labios del nephilim y soltó una risa divertida.
-Tranquilo, la Clave no se enterará. A menos que tú se lo digas. Dime, ¿Lo harás?-Susurró roncamente en el oído de su acompañante y mordió el lóbulo de su oreja.
Alec se estremeció perturbado descubriendo al fin por qué Magnus se había arriesgado con el hechizo.
-Gracias. Ahora podremos hablar sin tanto ruido.-
Y es que ahora el ensordecedor sonido de la música de hacía tan solo uno segundos se oía como amortiguado, como si estuvieran en una habitación aparte y solo se escuchara todo el jaleo de fondo.
-No necesitas darlas. Aunque me guste el ambiente me gusta mucho más el sexy sonido de tu voz.- Comentó con una mirada lujuriosa y hambrienta e hizo aparecer en las manos de ambos una bebida.
-Magnus…- Advirtió.
-Los mundanos están ocupados con sus cosas, no nos están prestando de atención.- Se defendió.
-Sabes que no tomo alcohol.-
-El tuyo no es alcohol, es una CocaCola.-
-¡Ah, entonces vale!- Dio un pequeño sorbo de la bebida que tanto le había gustado descubrir.
-Esto es para ti, Alexander.- Dijo el gran brujo entregándole una pequeña caja envuelta en un lazo dorado.
-Magnus, no hacía falta que…-
-Claro que lo hacía, es tu cumpleaños. Además quería hacerlo.-
Alec asintió y se dispuso a abrir el paquete.
-¿Te gusta?-
El Lightwood inspeccionó el regalo sin saber muy bien qué decir. Era una gema azul celeste unida a un metal plateado que se disponía en curvas y pequeñas espirales. Era muy grande para ser un anillo y muy pequeña para ser una pulsera o un collar. Fuera lo que fuera, era muy bella.
-Por supuesto que me gusta, pero Magnus… ¿qué se supone que es?-Interrogó desconcertado.
-¡Ah, sí! Se me olvidaba ese pequeño detalle. Es para que la coloques en tu arco, posee un conjuro para las flechas. Puedes convertir cada flecha en lo que necesites, ya sea en una flecha de algún elemento como fuego, o una flecha congelante o transportadora de electricidad, paralizante y mucho más.- Explicó.
-¡Vaya, es sorprendente Magnus!- Exclamó realmente ilusionado.- Esto me va a ser tan útil. Eres magnífico.-
-Sí, eso dicen de mí.- Respondió arrogante.
Alec aprovechó el despiste del brujo y rozó sus labios con los de él en un suave y corto beso.
Magnus no podía creerse lo tímido que seguía siendo el nephilim de ojos azules. Aunque también era cierto que se encontraban en público, porque el brujo sabía que esa actitud vergonzosa se suavizaba cuando se encontraban a solas.
-Gracias.- Susurró con sinceridad el Lightwood acercándose más a su pareja sintiendo de esa manera todo su cuerpo pegado al propio.
El brujo se estremeció de placer al sentir el aliento caliente del ojiazul sobre su oído.
-Puedes agradecérmelo está noche en mi apartamento si quieres.- Dijo insinuante.
-Eres increíble, Magnus.-Soltó una carcajada.
-Eso también suelen decirlo de mí.- Le guiñó un ojo.
Comenzó a besar el cuello del cazador de sombras.
-¿Sabes? Está mañana cuando me he despertado sin ti a mi lado me he sentido muy solo.-Confesó.
-Lo siento. Pero sabías que iba a pasar el día con mis hermanos en el Instituto.-
-Lo sabía, pero no sirvió de nada.- Lamió ahora la nívea piel de la mandíbula.-Por cierto, esta ropa te queda de muerte. Remarca tus músculos a la perfección.-Ronroneó.
Alec suspiró de placer.
-Magnus, no podemos hacer esto aquí. Hay mucha gente.- Se quejó con dificultad. El placer y el deseo comenzaban a nublar su razón.
-Hombre, poder, podemos. Pero quizá no sería aconsejable para algunos de esto mundanos. Podríamos matarlos de un infarto con la maravillosa visión de nuestros cuerpos al descubierto bañados en sudor.- Continuó con descaro.
-Te aseguro que esa chica de allí estaría más que encantada de verte desnudo. Lleva mirándote como una hora y está a punto caérsele la baba.- Aguijoneó el brujo.
Alec se preocupó aún más con ese comentario.
-Magnus, debemos irnos.- Recuperó el juicio.
-Como tú digas, mi querido Alexander.
El ojiazul aprovechó la separación momentánea del brujo para enviar un mensaje de fuego a su parabatai despidiéndose y mencionando que se marchaba con Magnus.
Luego, volvió a acercarse a Magnus y lo agarró del pelo para atraerlo hacia sí y besarlo con intensidad. Alec acariciaba los mechones teñidos de colores por la purpurina mientras intensificaba el beso.
Magnus no se quedó atrás e introdujo su lengua en la boca del nephilim buscando la encontrarse con la de este. Ambas se acariciaron y la excitación aumento.
Se separaron por falta de aire y muy acalorados y agitados, se cogieron de la mano y sin querer esperar más se dirigieron al baño. Lo localizaron y fueron directos.
Empujaron la puerta para entrar pero antes de poner un pie dentro, ambos se desvanecieron en el aire.
Y el chico que se lavaba las manos en los lavabos al lado de la puerta del baño, observó desconcertado como la puerta se abría hacia dentro, y no había nadie que la empujara al otro lado.
Bueno, eso ha sido todo esta vez.
La verdad es que me ha costado bastante conseguir algo parecido a lo que quería escribir, y al final creo que lo que me ha salido no se parece en nada a mi idea inicial, pero al menos estoy conforme con ello.
Sinceramente espero que a alguien le guste este loco episodio salido de mi estresada mente que viaja de examen en examen. Así que… ¿me dejarían un review comentándome qué les ha parecido?
Nos leemos.
FairyBlanca.
