Niños... ¿Otra vez?

¡Apareció la desaparecida! :D al final le diré la razón por la que me desaparecí :'3

ACLARACIONES:

Cursiva: Pensamientos :v

Disfrutad la historia :33


Capítulo 6: Midnight, parte 2.

Todavía Leia se arrepentía de formar parte del psicópata plan de Shin. Ahora, se encontraba en la mansión, la cual tenía un enorme cartel que decía "Midnight" Y ella y Amy estaban vestidas de meseras sexys y provocativas.

¡¿Cómo coño terminamos aquí?!

Amy, la cual se encontraba a su lado, suspiró.

—¿Estás lista, Leia?

Leia no sabía si responder. Se sentía... zorra. También suspiró.

—Lista.

Luego de decir esto, ambas se fueron a la puerta de las empleadas, y entraron allí. Leia habló diciendo que venían en reemplazo de dos chicas que no pudieron venir. La jefa (la cual no aparentaba más de 50 años) las aceptó gustosa, mientras le daba unas órdenes.

Mientras Leia cumplía con lo que le dieron, repasó de arriba a abajo el macabro plan del licántropo.

Flashback-

—Yosh, ahora sabiendo que hay dirección —dijo Shin acercándose, como si lo que estuviera por decir, fuera el mayor secreto del mundo— éste es el plan.

—Lo primero, necesitamos distracción, por lo tanto ustedes dos —señaló con la cabeza a Amy y Leia— servirán. Se disfrazarán y luego, cuando yo les indique, vendrán con nosotros.

Ambas asintieron.

—Karl, Yuma y yo nos ocuparemos de encontrar a Kou y Ruki.

Karl y Yuma se miraron y se dedicaron una sonrisita diabólica.

—¿Y yo? —preguntó Ayato.

Shin sonrió psicópatamente.

—Te quedarás cuidando a los niños.

—¡¿QUÉ?!

Fin Flashback-

Leia no pudo evitar soltar una risita al recordar la cara del pelirrojo. Caminó entre una mesa, pero se detuvo en seco al sentir una mano en su trasero. Casi de inmediato, volteó, encontrándose con un viejo de aproximadamente 60 años, y quiso escupirle en la cara.

Maldito asqueroso.

—¿Desea algo, señor? —intentó decir con voz neutra.

—Eh... sí. Unas papas fritas por favor —canturreó en hombre. Leia asintió y conteniéndose de devolverse y asestarle un puñetazo en la cara al viejo, fue a la cocina, pero antes, escuchó que la llamaban.

—¡Señorita! —¿qué acaso mi día no puede ser peor? pensó Leia con irritación mientras volteaba con su sonrisa más falsa, pero ésta de inmediato se borró al ver al dueño de la voz.

En serio, ¿qué mi día no puede ser peor? ¡¿No puede?!

En la mesa 11 se encontraban Karl, Yuma y Shin, éste último alzando la mano para llamar la atención de la chica. Sonreía con burla, absolutamente, esto lo tenía planeado para tomarla por sorpresa. Cabrón. Leia se dirigió donde ellos con las rodillas temblorosas y se detuvo.

—¿Desean algo, señores? —dijo con voz entrecortada. La verdad es que Shin se veía malditamente guapo con ese traje.

—Sí, unas bebidas por favor —dijo Karl con naturalidad, pero Leia podía notar que se estaba aguantando la risa. Ella asintió y se fue temblando. Los nervios le nublaron la mente, y antes de que se diera cuenta, estaba en la cocina, rodeada por Amy.

—¿Estás bien? Parece que hayas visto un fantasma —dijo con preocupación la azabache, y no mentía. Leia estaba pálida, con las mejillas escarlatas, sudando y respirando con dificultad, casi parecía que hubiera corrido un maratón.

—S-sí, e-e-estoy bien —balbuceó en voz baja Leia, dirigiéndose a la cocina, en busca de las bebidas. Aún pensando el porqué Shin se encontraba allí.

(Unas horas más tarde...)

Con el pasar de las horas, Shin se dio cuenta que ya ninguna de las chicas les prestaban atención. La verdad es que, al llegar, un montón de mujeres los rodearon, Karl, como siempre mujeriego, aceptó gustoso unos cuantos números, pero no antes de que Yuma y Shin se los llevaran arrastrados dentro. Al ser vampiros (bueno, él es licántropo, pero qué más da) el guardia los dejó pasar sin preguntar. Luego se sentaron en una mesa cerca de las escaleras, para no llamar tanto la atención. Shin desvió la vista hacia Karl y Yuma, aunque el recién nombrado no estaba. Shin sabía que ya había subido las escaleras, como fue planeado. Pasaron unas horas, y luego fue Karl. Pasaron otras horas, y fue él, no sin antes echarle una última mirada a Leia, la cual pasaba por ahí, llevándose consigo miles de miradas. Y eso lo irritaba de sobremanera. ¿Porqué me irrito? Se preguntó, claro, él ya sabía que Leia, aparte de estar ardiente, tenía unos cabellos que no podían pasar desapercibidos, ni siquiera en la fiesta. Aunque, pensó luego de un rato, fue idea mía el vestirla así.

Y si de algo estaba seguro Shin, era que no se arrepentía de hacerlo.

Subió las escaleras, sacudiendo la cabeza para quitarse a la chica de la cabeza y concentrarse para lo que vino. Al terminar el último escalón, un escalofrío lo recorrió completo, causa de las bajas temperaturas en el segundo piso de la casa. La temperatura bajó tan bruscamente, que el aliento de el rubio se convertía en una nubecilla en frente a él. Luego de caminar en la oscuridad (literalmente, pues no habían luces) encontró a Karl y Yuma, ambos apoyados en las paredes. Cuando respiraban, sus alientos no se veían.

Claro idiota, respiran por placer, no lo necesitan.

Tiritando de frío, Shin se dirigió donde estaban ambos, y se fueron caminando. Exploraron la casa, entraron por puertas, vieron detrás de las cortinas, pero no había ningún indicio de que Kou o Ruki estuvieran por allí. De repente, se oyó un ruido, específicamente pisadas, en las escaleras. Todos se quedaron quietos, esperando alguna señal de la persona que estaba subiendo las escaleras.

—¡Chicos! ¿Están ahí? —eran Leia y Amy. Shin suspiró.

—No, estamos en la esquina —bromeó Karl, haciendo que a Leia le saliera una gotita en la frente.

—¿Encontraron algo? —preguntó Leia mientras suspiraba en sus manos. Jamás se le pasó por la cabeza que el segundo piso de esa mansión parecería el ártico. ¿Es normal que haya tanto frío?

—No. Aún no encontramos nada.

—Aún —repitió Amy mientras caminaba y se ponía frente a todos— Vale, esto haremos: Karl, si quieres ve solo, pero necesito que revises cualquier esquina o indicio de pasadizo secreto, ¿va?

Karl asintió.

—Muy bien, Shin y Leia: Quiero que vean hasta por debajo de las rocas.

Leia dio un leve respingo.

—Eres una maldita perra —dijo haciendo que Shin se sorprenda.

—Una perra que amas —Amy se puso las manos en las caderas y sacó la lengua en un acto muy maduro.

—Yuma: tú y yo revisaremos las habitaciones. ¿Todos entendieron?

Dicho esto, todos caminaron hasta el lugar donde se les indicó. Leia se puso las manos en los hombros. Pero eso no le funcionó de nada, ya que seguía teniendo frío. Lo sigo diciendo, ¿es normal que haya tanto frío?

Por un momento se le vino a la cabeza que si todo ese frío tenía que ver con algo sobrenatural. Nah. Vio de reojo a Shin, el cual se veía más distraído de lo normal.

—Hey, ¿te sientes bien? —preguntó cuando Shin repentinamente paró.

—Hay... algo que no está bien —dijo Shin mientras olfateaba un poco el aire. ¿Qué? ¿Acaso ahora es perro?

—¿A qué te refieres?

—Hay un olor que no me cuadra, Leia. Un olor... diferente al de los demás —repentinamente, los ojos de Shin cambiaron a rojo sangre y volteó la cabeza hacia su izquierda— ¡sígueme!

Leia tuvo que salir corriendo detrás de él para evitar quedarse parada en aquel frío como una idiota. Corría como si su vida dependiese de ello. Cuando por fin Shin paró, lo hizo delante de una puerta, la cual era de metal y estaba cerrada con un candado enorme.

—¿Qué? ¿Qué hay ahí? —Leia habló como si Shin fuera un niño pequeño perdido. Shin olfateaba el aire y veía el candado de la puerta como si pudiera romperlo con la vista.

—Ahí están Ruki y Kou.

CONTINUARÁ

Holiiiiiiiiiiiii :'3 perdón por el retraso, pero primero estaba en finales, luego pasó algo en mi familia que me dejó los ánimos por el subsuelo. Sigo con los ánimos bajos, pero tenía que publicar, de verdad lamento el retraso :3

¿Review?

Lucy-chan :3