Niños, ¡¿Otra vez?!

Etto... ¿N-no me han olvidado, v-verdad...?

DISCLAIMERS:

Cursiva: Pensamientos

PD: Cuando pongo un diálogo así: —"Relaja tu raja" `[xDDDDDD] así, en cursiva y entre comillas, significa telepatía :3

Diabolik Lovers no me pertenece, pertenece a sus respectivos autores :3

Disfrutad la historia :3


Capítulo 12: Traiciones.

—¡¿Tu mamá?! —exclamó Leia separándose del agarre del pelirrojo. Éste sólo atinó a verla con el ceño fruncido.

—¿Cordelia? —dijo Karl dejando de lado su enojo para luego mirar confundido al pelirrojo.

—Sí... Oí a Ritcher llamando a Cordelia así una vez —dijo Ayato con un notable rastro de amargura en su voz.— Se refería a ella como "Mi señora de los demonios... Heredera de Sitri... Mágica princesa demoníaca" y mierdas así.

Leia se quedó callada. Empezó a sentirse mareada y tuvo una sensación de que estaba suspendida en el aire. Empezó a escuchar los gritos y lamentos que rodeaban a la mansión, afirmando lo que decía Ayato. Oyó una voz, que la llamaba, pero sonaba muy lejana. Seguidamente, tuvo una arcada y corrió al baño para vomitar lo que no había comido. Oyó a Shin llamándola, pero como antes, su voz sonaba muy lejana.

—¡Leia! —la voz de Amy la sacó de sus pensamientos.

—¿U-uh...?

—Tenemos que resolver esta mierda ahora —gruñó Shin levantando a Leia. La nombrada palideció. Aún seguía escuchando voces en su cabeza. Voces frías, y sin color. Voces ajenas, que ella no conocía. Ese el peso de llevar una maldición. Algunos piensan que es simple, tienes una maldición y ya. Pero es algo mucho más profundo que eso. Más macabro.

"¡Leia-chan!" —escuchó dentro de su cabeza.

"¿Leia-chan? ¿Really?" —habló una egocéntrica voz aún dentro de su cabeza. Leia volteó confundida, pero notó que todos los presentes tenían los labios cerrados, nadie hablaba.

"Sí, ¿hay problema con eso, Nii-san?" —siguió hablando la femenina voz.

"Dios, Charlotte. Eres demasiado terca.

¡¿Charlotte?! ¡¿Joshua?!

"¡Los mismos!" —exclamó la pequeña Charlotte.

¿Cómo demonios hacen eso?

"Telepatía, Enana" —contestó Joshua riendo. Leia frunció el ceño, sin entender. ¿Los fantasmas podían hacer telepatía?

—¿Estás aquí? —habló Shin, sacándola de su "conversación". Una fracción de segundos después, Leia se dio cuenta de dos cosas: la primera, ya no estaba en el baño, estaba en el piso de arriba. Y la segunda, Shin la cargaba en brazos al estilo princesa.

—Sí, sigo aquí —contestó Leia con un pequeño sonrojo en su cara.

"¿Son novios?" —preguntó Charlotte en su cabeza, haciendo que el sonrojo de Leia se intensificara.

¡N-NO!

"Entonces te gusta, yo lo sé 7u7"

Váyanse a la mierda los dos.

Leia, demasiado cansada para seguir discutiendo con sus fantasmas, recostó la cabeza en el hombro de Shin. Suspiró contra su cuello y cerró los ojos quedándose dormida al instante.

Por otra parte, el corazón de Shin latía con tanta fuerza, que dolía. No sabía qué demonios le pasaba, y eso lo fastidiaba un montón. Entró a la habitación de Leia y la dejó recostada sobre su cama.

El creciente amanecer hacía que sus facciones se intensificaran, y se vieran por ende, más tiernas.

Maldición. Odio esto.

(Minutos más tarde, en un lugar lejos de allí)

—Recuerda, no digas nada a menos que él te lo pida —recordó el pelinegro con capucha a su pequeña hermana a su lado. Ella sólo asintió, asustada. Ese lugar los aterraba a ambos, pero aún así, tenían que hacerlo.

Entraron, y vieron al puto anciano.

—N-no la encontramos —dijo el pelinegro parándose frente a su escritorio.

—¡Maldito seas! —gritó el anciano de ojos jade golpeando la mesa de su escritorio.

—N-no fue mi culpa —balbuceó el pelinegro—. N-no pudimos localizar a la médium.

—¡Por supuesto que es tu puta culpa! —volvió a gritar el anciano. Luego de gruñir dio un suspiro y se pasó los dedos por el ceño—. Sabía que era mala idea liarme con fantasmas.

—¿Entonces para qué lo ha hecho? —preguntó la niña, hablando por primera vez desde que entraron en ese oscuro lugar.

—Ese no es asunto tuyo, niñita —contestó el anciano—. Vayan a ver a los dos vampiros. La purificación será en unas horas —miró a ambos y sonrió. Una sonrisa que los asqueó.— Confío en ustedes, Charlotte, Joshua.

(Y volviendo a la casa de los Sakamakis)

—¿Segura y no necesitas el té? —volvió a preguntar Amy mirando con preocupación a su amiga.

—Ya te he dicho que no, joder —gruñó Leia en respuesta—. No estoy embarazada.

—Tu que sabes. Probablemente Shin te la metió bien hard y nunca supiste.

—¡Vete a la mierda! —volvió a gritar Leia sonrojada. Amy rió y dejó el té sobre la mesa. Su puso seria y suspiró.

—Hay que solucionar esto, y rápido —dijo Amy mirando a Leia—. ¿Sabes? Cuando llegamos de Midnight, sentí algo... no sé, fue algo raro. Fue como si una presencia sobrenatural se encontrara aquí.

—Vivimos con vampiros, Amy —contestó Leia como si fuera algo obvio.

—No me refiero a eso —dijo Amy haciendo puchero—. Sentí... fantasmas.

Leia se tensó.

—Probablemente me creas loca, o algo así, pero... eso sentí. Y creo que ellos tienen algo que ver con este problema de los niños.

—Ya lo he dicho —dijo Leia suspirando—. Me lo han comunicado al llegar. No sé que demonios van a hacer con los hermanitos de Yuma, pero ha de ser algo peligroso.

Amy suspiró y recordó a Kou. Ese pequeño niño de voz melodiosa que le había explicado más o menos lo que iban a hacer. Y el lugar donde se encontraban.

¡COMO PUDE SER TAN ESTÚPIDA, DIOS!

—Sé dónde están —dijo Amy, levantándose— y qué van a hacer con ellos.

Leia se levantó y sonrió.

—¿Qué esperas? ¡Vamos!

(Momentos más tarde.)

Una vez estuvieron todos reunidos en la sala (eso incluyendo a los ocho niños) Amy los obligó a sentarse, y explicó todo lo que Kou le había dicho.

—¿Estás segura? —preguntó Yuma una vez y la azabache terminó con el relato.

—Completamente. Podemos empezar hoy mismo con la misión. Será en luna llena, aunque no sé cuando es...

—La Luna Llena es hoy —dijo Shin— específicamente esta noche.

—Más a nuestro favor —comentó Karl levantándose—. Esta vez, nos vamos todos.

(Horas más tarde.)

—Jamás en mi puta vida pensé que cuando el viejo diga "nos vamos todos" literalmente nos vamos todos —gruñó Ayato escondido detrás de un arbusto.

—Literalmente —contestó Leia divertida. Todos se encontraban escondidos detrás de unos arbustos. Frente a ellos había un castillo que era iluminado por la luz de la luna. Se sentía el ambiente muy pesado.

—Karl. ¿Necesariamente ellos tenían que venir? —Yuma hizo énfasis en el "ellos" para señalar a los ocho niños que se encontraban detrás de él.

—Sí, son parte crucial de mi plan —contestó egocéntrico el peliverde.

—¿Cuál plan? —preguntó Amy.

—Bueno —comenzó Karl mirando a Leia— necesitamos a la chica maldita.

Leia gruñó en respuesta.

—Necesito que invoques a uno de tus fantasmitas para que nos ayude —continuó Karl haciendo caso omiso a la mirada de advertencia de parte del fundador.

—¿Invocar? —preguntó Ayato repentinamente interesado en el tema— ¿Necesitas lámparas, escribir algo en el suelo...?

—Ayato, no estamos invocando a satán —le reprendió Amy.

—N-no sé como invocar un fantasma —balbuceó Leia sintiéndose inútil; Ser parte crucial de un plan y no servir en ello, qué bello, ¿no?

—Sólo... hazlo.

Leia suspiró y cerró los ojos. De nuevo, se sentía suspendida en el aire. Sintió que millones de voces resonaban en su cabeza, haciendo que Leia gimiera de dolor. Repentinamente, pensó en Charlotte y Joshua, esos dos fantasmas que la habían encerrado en su habitación.

La peliazul gritó de dolor cuando sintió su pecho oprimirse con tal fuerza que le costaba respirar. Pasaron unos segundos de puro dolor intenso...

Y todo paró.

Jadeó y una fracción de segundos después se dio cuenta que le apretaba la camiseta a Shin. El nombrado la miraba con preocupación.

Leia sintió dos figuras acercarse al lugar de su escondite.

—¡Leia-chan! —gritó una vocecita aniñada. Leia al instante salió al reconocer la voz chillona de Charlotte.

Y efectivamente, frente a ella se encontraban un chico y una niña. El chico era de cabellos negros y ojos verdosos, venía vestido de gala, cosa que era bastante extraña. Era altísimo, casi llegaba a los 2 metros. La niña era igual a su hermano, sólo que tenía en dos coletas su azabache cabello.

—L-lo hice... —masculló Leia sorprendida y orgullosa.

—¿Nos solicitabas? —preguntó Joshua poniéndose frente a la peliazul. Leia literalmente tuvo que alzar la cabeza hasta tal punto que dolía, pues Joshua era altísimo.

—Así es —habló Karl saliendo de su trance; la verdad, jamás pensó que la chica sería capaz de hacerlo. La subestimó, y se arrepentía de ello.

Charlotte se escondió detrás de Joshua, y el nombrado miró a Karl con desconfianza.

—Soy Ayato —dijo Ayato señalándose— pero para ustedes soy Ore-sama.

—Sigue soñando que te llamaré así, vampiro.

Todos los presentes se sorprendieron. A primera vista, nadie podía identificar a un vampiro. Aparte que Ayato no estaba tan pálido que digamos...

—Puedo leer mentes —canturreó Joshua con una sonrisita socarrona.

—No le crean —dijo Charlotte codeando a su hermano—. No leemos mentes.

Shin bajó los hombros, dándose cuenta de que los tenía tensos.

Joshua chasqueó la lengua.

—Aguafiestas —gruñó. Karl los miró a ambos: se veían tan reales que daba miedo.

—¿Para qué nos querías, Leia-chan? —preguntó Charlotte sonriéndole a la nombrada.

—¿Aquí hay dos niños vampiros? —preguntó Yuma por primera vez desde que llegaron los fantasmas—. Uno de ellos es rubio y el otro tiene el cabello algo así como negro y azul...

Charlotte y Joshua se miraron a los ojos preocupados.

—De hecho... sí —contestó Charlotte. De seguro, pensó para sí misma, de haber tenido flujo sanguíneo, se hubiese sonrojado—. N-nosotros los capturamos...

Yuma estuvo a punto de explotar de rabia de no ser porque la pequeña Yui interrumpió, mirando con repentino interés a las dos presencias fantasmales.

—¡Hola! —sonrió—. Soy Yui. Un gusto en conocerlos.

Joshua se acercó a la pequeña rubia y la olfateó. Olía a ese raro olor metálico que tienen los vampiros. Era una vampiresa. Exactamente lo que necesitaban.

—Perfecto... —masculló para sí mismo. Se levantó y miró a los presentes, fijando su verdosa vista a la chica de cabellos azules—. Ella es una vampiresa en desarrollo, ¿verdad?

—Eh... sí —respondió la susodicha.

Joshua sonrió de medio lado, causando que Leia se sorprendiese a sí misma quedando embobada ante su sonrisa. Era atractivo, eso no lo podía negar.

El azabache colocó su mano encima de la rubia y un brillo verdoso empezó a emanar de su mano. Antes de que Ayato pudiera decir algo, o quejarse, el brillo se intensificó y terminó por desaparecer tan rápido como apareció.

—¿Eh? —preguntó una rubia de 17 años, con ojos rosados y con dos colmillos asomándose por sus labios—. ¿D-dónde estamos?

—¡¿YUI?!

Continuará.

*se arrodilla frente a todos* LO SIENTO! SORRY! SORRY! SORRY! (uhhhh, uhhh :v Okno :'V)

Volví :3 ¿Cómo les ha ido? :3 *yo disimulando que desaparecí casi por tres meses*

¿Ya dije que lo sentía verdad? ^^'

Verán, la cuestión es-

Ayato: La cuestión es que su escritora ha estado vagueando sin hacer nada y se a olvidado de ustedes.

SHUT UP 7-7

No le crean, es mentira ;-;

La verdad es que el tiempo me ha quedado muy corto (aparte, ya tenía el capítulo hecho, sólo que me quedé sin internet e.e)

Ni merezco reviews /3

Bai.

Lucy.