Capitulo 3 "Te miento porque te amo"

Hola a todos como están, espero que muy bien, otra vez me he tardado en publicar, pero es que la escuela no me deja nada de tiempo y mas ahora que estoy preparándome para unos concursos que habrá en mi escuela, he estado estudiando como loca química y practicando una poesía que voy a declamar y no se imaginan cuanto trabajo es querer participar en dos concursos al mismo tiempo, solo a mi se me ocurre, antes solía enojarme con las escritoras por no publicar tan seguido, ahora las comprendo es muy difícil, bueno no las aburro mas...

"Madoca"… Gracias, en verdad el que a ti te guste, me motiva a seguir escribiendo esta historia, siento que no lo estoy haciendo tan mal, en verdad te lo agradezco mucho. También creo que Shizuo debe verse muy apuesto de militar.
No creo para nada que sea impertinente o molesto, me parece muy lindo y me encantaría que en un futuro pudieras ayudarme, ya que reconozco que hay cosas en las que aun me equivoco.

P.D. Me encantan tus dos nuevas historias las espero fervientemente y espero comentar en la siguiente actualización, las dos son hermosas y me encanta como manejas a los personajes, pero no se porque presiento que me harás sufrir como en tu fic "¿Mi acto mas egoísta? Sin duda amarte", te juro que hubo partes en las que te maldije por hacerme sentir triste, espero que esta vez no los hagas sufrir tanto, jajaja

"Vane"… Gracias por comentar, me alegra mucho que esperes la continuación y el que te parezca interesante, espero no descepcionarte.

Sin más los dejo para que lean el siguiente capítulo y espero sea de su agrado.

Aun cuando Shinjuko estaba totalmente plagado de sonidos que emitían las personas que compraban, trabajaban y adornaban desesperadamente, el ruido que producían todos los habitantes se vio opacado por un bestial rugido que cierto hombre dejo salir de sus labios.

Rabia, impotencia y furia eran las palabras que podían describir el estado de ánimo de Shizuo Douglanikov que estaba más que molesto y se podía decir que algo incrédulo, pues aun no podía asimilar que toda esa serie de eventos le hubiesen ocurrido a él y solo a él. Después de permanecer inmóvil por unos momentos el militar decidió marcharse a su hogar, pues su traje se había arruinado, gracias a la vergonzosa caída en el enorme charco de lodo y la verdad era que no quería que nadie lo viera de esa forma tan deplorable y menos algún conocido de él o su familia, pero siendo realistas más de su familia ya que él no tenía muchas amistades, pues usualmente siempre estaba cumpliendo alguna misión en el extranjero y esto no le permitía entablar largas y afectuosas relaciones con las personas.

Mientras iba de regreso a su hogar, el joven rubio, escuchó los murmullos de cientos de personas que se detenían a observarlo con expresiones de total confusión y muchas otras personas que se reían descaradamente de él, ha estas últimas debía de admitir que estuvo más que tentado a mandarlos a volar de un solo golpe, pero se controlaba, de solo recordar la promesa que le hizo a su madre de mantener oculta su gran fuerza sobrenatural, recordó que gracias a esta promesa comenzó a fumar, ese maldito habito inició cuando el rubio se unió al ejercito, ya que al principio cuando solía ser un simple soldado se enojaba demasiado por todas las ordenes sin sentido que le daban, además de que no soportaba a los superiores que trataban de humillar a los de bajo rango, sin duda odiaba a las personas prepotentes, aquellas que abusan del poder; si así fue como comenzó a fumar un cigarro tras otro en busca de la paz que tanto añoraba, su madre y Vorona solían decirle que dejara de fumar, que eso solo lo mataría, pero su padre alegaba que él era alguien especial, no en vano tenía esa descomunal fuerza, algo tan absurdo como el cigarro no le haría daño a alguien tan fuerte, a Shizuo todo eso lo tenía sin cuidado, ya que si fumar le relajaba, lo seguiría haciendo, después de todo le creía a su padre, él no era normal, él era un monstruo.

Después de sufrir toda clase de contratiempos Shizuo logró llegar a su hogar, milagrosamente sin haber golpeado a alguna de las tantas personas que se rieron de él o dañado algún bien del dominio público.
Cuando por fin se encontró en la entrada principal de la majestuosa mansión Douglanikov, el rubio abrió la puerta con el mayor sigilo que alguien tan tosco y abrupto se puede permitir, aun a pesar de que era la persona menos cuidadosa, nadie se percato de su llegada, la casa se encontraba sumida en un silencio sepulcral, claro en el momento que Shizuo se escabullo por la mansión hasta su habitación no notó el inusual silencio que había en el hogar de los Douglanikov.

- Vaya, por lo menos algo salió bien, nadie me vio llegar – Agradecido, cerró la puerta de su habitación y comenzó a despojarse de su ropa, hasta quedar solamente en bóxer, dejando su uniforme regado por todo el suelo, entro al baño, abrió una de las llaves de la regadera y se dispuso a tomar un larga ducha con el fin de librarse de todo el lodo que había terminado por toda su cara y cabello.

Al terminar de ducharse, Shizuo se envolvió una toalla en la cintura y puso otra sobre sus hombros, para así evitar que el agua que aun se escurria por su cabello mojara todo el piso.
El rubio agradecía que su habitación tuviera un baño particular ya que tenia la mala costumbre de nunca llevar la muda de ropa que se pondría después de ducharse, por lo que si su cuarto y el baño estuvieran separados muchas veces hubiera dado un espectáculo, por salir desnudo o con una simple toalla sobre su cuerpo.

Ya en la habitación buscó en su armario algo de ropa que ponerse, en lo que decidía observó que el reloj marcaba las 12:00 PM, apenas mediodía, el evento seria hasta las 9:00 PM, así que pensó que sería muy molesto volver a vestirse con el rígido uniforme militar, por lo que mejor se dispuso a tomar unos pantalones de vestir color gris, una camisa manga larga en azul celeste y encima de esta un chaleco gris, acompañado de una formal y sofisticada corbata en color negro.

Shizuo se vio en el espejo un par de veces, hasta que sintió que era un atuendo apropiado, decidió salir de su habitación.
Al poner un pie afuera de su dormitorio, el joven militar se dio cuenta del nefasto silencio que había en la gran mansión, de inmediato pensó que esa falta de ruido no era normal, si bien era cierto que el hogar de los Douglanikov era enorme, el silencio nunca había sido una característica con que los visitantes o los residentes de la mansión catalogaran al lugar, ya que Katrina Douglanikov en todo momento, ya sea que el día estuviera soleado o lluvioso, solía disfrutar de tocar o escuchar música; para Shizuo, Drakon, Vorona y las personas de la servidumbre, era muy común oír y en ocasiones ver a la madre de los jóvenes tocando el piano o el violonchelo, en el gran salón de música o mejor conocido por todos como el santuario de Katrina; en otras ocasiones cuando se sentía cansada prefería limitarse a poner música clásica en los tocadiscos que se encontraban distribuidos por todas las habitaciones de la mansión, no había un solo cuarto en el hogar que no contara con uno.

Shizuo recorrió toda la casa, de arriba abajo, sin mucho éxito pues no logró encontrar a nadie, fue entonces que se rindió y decidió pedir información al ama de llaves.

-Buenas tardes, sebe si mis padres y Vorona han salido a alguna parte – Interrogó algo preocupado el joven, pues no era normal que todos salieran así como así, sin decir nada.

-Buenas tardes, en efecto los señores han salido y muy deprisa, pero no me han comentado nada sobre su destino, joven Shizuo – Contestó amablemente la mujer.

-Ya veo, gracias – El militar esbozó una sonrisa a medias.

-No tiene porque agradecerme, lamento no ser de mucha ayuda - Dijo pesarosa la mayor.

-No se preocupe, bueno yo me retiro – El rubio comenzó a caminar con rumbo a las escaleras.

Shizuo volvió a subir a su habitación, cerró la puerta y se arrojó en su cama, colocando sus brazos como almohada, mirando de lo más interesado el techo de su recamara, así permaneció un rato, tendido sobre su mullida cama, con los ojos cerrados.

El reloj marcaba exactamente las 2:00 PM, cuando percibió el sonido de un carruaje que llegaba a la propiedad a toda velocidad, impaciente el rubio salió hacia el balcón, ahí divisó como su madre y padre se apeaban rápidamente del carruaje, pero de inmediato su atención se vio robada por el viento que soplaba débilmente, acariciando sus blondos cabellos y el sol que penetraba su piel haciéndolo sentir cálido. Cerró sus ojos y se olvidó de todo, dejó que la paz y la tranquilidad se apoderaran rápidamente de él, sin embargo su pacifica atmósfera se vio interrumpida por una armoniosa voz, que logró sacar al joven de su trance.

- Hijo que haces aquí, acaso piensas resguardarte en la soledad de tu balcón, solo por los hechos de esta mañana – El rostro de la mujer trataba de transmitir la mayor cantidad de amor y comprensión que le eran posibles.

-Hola mamá, no es lo que crees, hace unas horas salí a dar un breve recorrido por el reino, cuando regrese tomé una ducha y me acomode un momento sobre la cama para descansar, mientras estaba recostado escuche el alboroto de su llegada, es por eso que decidí salir al balcón – Explicó rápidamente.

- Menos mal, Shizuo quiero pedirte algo –La madre cambió repentinamente de expresión a una más seria.

- Que es, mamá –Habló consternado.

- Se que te lo he dicho muchas veces y entiendo que puedo llegar a sonar un tanto ridícula y cursi, pero aun así quiero que sepas que no importa lo que pase en el futuro yo siempre estaré contigo, no dejes que nada te afecte, tu siempre serás mi hijo, solo por eso ya te amo, no necesitas darme más razones para que te amé – Después de terminar le dio un fuerte abrazo a Shizuo.

- Te amo mamá, pero sabes que lo que me pides es imposible, después de todo soy humano, bueno eso creo hasta el momento, la tristeza y el sentimiento de derrota ante la adversidad, son algo que no se pueden controlar, es inevitable sentirlas – El rubio, solo se limito a reír, después de todo el mismo se había llamado anormal.

- En ese caso, si no puedes prometérmelo, tendré que estarte vigilando, para asegurarme de que seas feliz – La madre soltó una carcajada y volvió a abrazar a su hijo tan fuerte como su cuerpo se lo permitía, casi daba la ilusión de que alguien se lo fuese a arrebatar.

- Gracias, mamá –

- Con todo este sentimentalismo se me olvido el asunto al que venía, tu padre quiere hablar contigo, así que en cuanto estés listo, bajas de inmediato al salón de invitados –

- Voy en un momento, solo espéreme unos minutos – Comentó apresurado.

- No te preocupes, yo me adelantare, tomate tu tiempo – Katrina habló dulcemente mientras salía de la habitación de su hijo.

- Esta, bien – Ni siquiera alcanzó a terminar la frase, cuando su madre ya había desaparecido del umbral de la puerta.

Katrina bajó las escaleras a toda prisa, claro, con toda la rapidez que su largo vestido y zapatos de tacón permitían. Cuando llegó al salón de visitas, pudo divisar a su querido esposo sentado en uno de los sillones individuales, rápidamente se acerco a Drakon y se sentó en una de las recargaderas con las que contaba el sillón.

- Shizuo no tarda en bajar – Comentó de la forma más seria que pudo.

- Ya veo – Con su característica frialdad.

- Espero, no, mas te vale Drakon que tengas el tacto necesario para darle la noticia a nuestro hijo – Demandó enérgica.

-Haré mi mejor esfuerzo – Besó la mano de su adorada espesa.

- Recuerda debemos ser su pilar, su apoyo – Dijo más relajada.

Como fue dicho por Katrina, Shizuo bajo apresuradamente, o así pereció debido al fuerte ruido que emitieron las escaleras ante los violentos pasos del rubio.
El joven militar entro a la habitación y tomo un lugar en el sillón que se ubicaba enfrente de sus padres.

- Ha sucedido algo padre, ¿porque me has llamado con tanta urgencia? – Preguntó impaciente.

- Me temo que estas en lo correcto – Drakon extendió su mano en dirección a Shizuo para entregarle, lo que parecía ser una carta.

- ¿Qué es esto? – Preguntó

- No lose, los altos mandos me han pedido urgentemente que te hiciera llegar esta carta, mas no me dijeron el motivo o su contenido – Trató de parecer lo más sincero posible.

- Esto no puede ser –Hablo aterrado.

-Que es lo que dice cariño – De inmediato irrumpió Katrina.

- Estimado señor Shizuo Douglanikov, por la presente se hace de su conocimiento, el revocamiento temporal e indefinido de su cargo como Capitán de la primera división del ejército de Shinjuko, la acción efectuada, ha sido previamente revisada y autorizada por el Comandante General del ejército de Shinjuko, la decisión es inapelable.
Se le solicita de la manera más atenta que el día lunes 5 de mayo se presente en las oficinas principales, para su reacomodo temporal en alguna de las otra áreas de servicio con las que cuenta el ejercito de Shinjuko.
Agradecemos de antemano su atención prestada. – Terminó de leer la carta, más que furioso.

- Shizuo, cariño tienes que tranquilizarte – Trató en vano la mujer de apaciguar su ira y dolor.

- Yo no entiendo, cómo pueden hacerme esto, tengo años sirviéndoles, esforzándome y dándolo todo por este maldito ejercito, para que al final vengan y me traición de la forma más asquerosa que puedan – Gritó iracundo, mientras destruía la carta.

- Tienes que relajarte, hijo – Habló Drakon.

- Como puedes decirme eso, tu más que nadie sabes lo que harán conmigo, me integraran a la denigrante guardia real, seré el niñero de alguno de los malditos bebes reales, y lo que más me duele y me jode de toda esta maldita situación es saber que lo hacen con el fin de deshacerse de mí, de que me rinda y abandone todo lo que he logrado, todo porque de seguro algún estúpido de los altos mandos no le agrado, o tal vez ofendí a uno de los tantos hijitos malcriados que tienen - La voz de Shizuo era una mezcla de enojo y tristeza.

- En ese caso, si piensas que no te lo mereces lucha, demuéstrales que no eres alguien fácil de erradicar, eres Shizuo Douglanikov, debes sobreponerte, acaso te enseñe a solo darte por vencido, recuerda que no es una opción luchar contra la adversidad, es un deber – Las palabras de Drakon se clavaron directamente en el corazón de Shizuo pero esta vez no causaron dolor.

- Solo tengo una pregunta para ustedes, ¿Sabían todo esto?, sabían que me revocarían de mi puesto, eso explicaría la actitud tan rara que han tenido – Preguntó sin disminuir su furia.

- No, claro que no – Respondieron al mismo tiempo lo padres.

- ¡Dime la verdad madre! – Gritó

- Juro por tu madre que soy, que nosotros no sabíamos nada de esto, no crees que estamos igual de impactados que tu, Shizuo – Katrina se acercó y abrazó al rubio lo más fuerte que pudo.

- Ya veo, me voy, daré una vuelta por ahí, no se preocupen por mí – Dijo molesto, mientras se despegaba de su madre.

- Shizuo, Shizuo, detente – La madre gritó en vano pues el joven ya se había marchado de la casa.

- Tenemos que detenerlo – Volteó desesperada a ver a su esposo.

- No creo que sea lo más sensato Katrina, debes entender que está demasiado dolido, tal vez lo mejor que puede hacer en estos momentos es estar solo – Se levantó del sillón y abrazó a la mujer que se encontraba parada en medio de la habitación viendo con tristeza la puerta.

- Espero que este bien – Con sus manos apretó de forma cariñosa los brazos de su esposo que la rodeaban por los hombros.

Los padres de Shizuo se quedaron unos minutos en esa posición, abrazados en medio de un lujoso salón de paredes en color azul de media noche y con cortinas, molduras, alfombras y sillones en un refinado color plata, en el centro de la habitación justo por encima de sus cabezas colgaba un lujoso y gigantesco candelabro que contenía cientos de piedras preciosas, pero sin duda lo que más llamaba la atención eran los 30 floreros que había regados por todo el salón, los cuales se encontraban llenos de rosas blancas, todas estas compradas por el mismo Drakon solo para satisfacer el gran amor y obsesión que Katrina profesaba hacia las rosas blancas.
El abrazo terminó y los condes Douglanikov se retiraron en búsqueda de Vorona a quien no habían visto desde hacía un tiempo, sin duda todo lo que había pasado con Shizuo había hecho que descuidaran a Vorona.

En el otro extremo del reino, una joven castaña seguía dando vueltas como loca, maldiciendo todo lo que podía a cierta persona.

- Ese estúpido de Izaya, que es lo que piensa, nunca volver, tiene responsabilidades, juró que lo matare – Hablaba de lo mas fastidiada.

- No deberías de hablar de esa forma a tu príncipe, Namie - Izaya se posiciono detrás de la castaña y habló.

- Maldito, por donde has entrado – Gritó asustada.

- Por la ventana, por donde mas – Dijo como si fuera lo más obvio.

- Al fin te dignas a volver, tendré que comunicarme con la guardia real, para informarles que se suspende la búsqueda -

- ¡Haa! Acaso me extrañaste Namie, por eso es que querías que volviera tan urgentemente, debiste habérmelo dicho, te hubiera ahorrado el trabajo de decirle a la guardia real que me persiguiera por todo el reino, inútiles ni siquiera estuvieron cerca de atraparme, esa clase de estúpidos son los que cuidan de mi seguridad, me sorprende que no me hayan asesinado o secuestrado – Era más que evidente que sus palabras iban con todo el propósito de irritar a Yagiri.

- Por favor, quien podría extrañar a una sabandija como tú, solo te buscaba porque necesito que lleves tu trasero al estúpido carnaval que se te está organizando, porque si no lo recuerdas idiota, es tu cumpleaños y también por si se te olvidaba eres el maldito príncipe Orihara heredero a la corona y tienes un montón de malditos papeles que llenar y muchas apariciones públicas que hacer, así que deja de estar jugando tu estúpida rutina de "Amo a los humanos" y haz lo que te digo – Terminó de hablar Namie quedando totalmente exhausta.

- Si, Namie, como tú digas – Contestó como un niño pequeño, restándole importancia a todo lo dicho por la mujer, aunque para sus adentros Izaya estaba riéndose de la explosiva reacción que tuvo su secretaria, le encantaba ver esas facetas en cada uno de sus bellos humanos.

- Como sea, comencemos, tienes muchos documentos que firmar y a las 8:00 PM tenemos que estar en el carnaval – Miró rápidamente la agenda.

- Está bien, pásame los documentos – Suspiro resignado.

- Ten, estos son los más urgentes – La castaña le entregó una pila de documentos que al caer sobre el escritorio, causaron un fuerte golpe.

- Con que los más urgentes, son muchos -

- En efecto son los más urgentes, y si te disgusta la cantidad, molestate contigo, ya que nadie más que tú tiene la culpa, si no te largas cada vez que quieres a observar a "tus humanos", no tendrías tantos papeles acumulados - Reprochó molesta la joven secretaria.

- ¡Ahh! Odio firmar papeles preferiría estar observando a mis amados humanos – Bufó molesto el azabache.

Nadie en Shinjuko imaginaria que dos jóvenes que llevan vidas tan diferentes y sin relación aparente, podrían llegar a cruzar sus destinos, en un lazo tan fuerte que parece indestructible, pero que si es tocado por la persona correcta puede volverse más frágil y quebradizo que el cristal.

Si llegaron hasta aquí no me queda mas que agradecerles por haber leído el capitulo, espero que haya sido de su agrado y nos vemos en la siguiente actualización, besos...