Capitulo 4 "Ante el dolor, alcohol"

Hola a todos es un honor volver a estar aquí escribiendo esta humilde historia y lo mejor de todo que sea de su agrado, enserio es muy lindo sentir el apoyo de todos ustedes, es una de las mejores cosas que me ha pasado.
Se que me he tardado mucho en actualizar pero la escuela me tiene muy ocupada, estoy en semana de exámenes y apenas me di una escapada para actualizar, sin mas que decir, les deseo una excelente semana.

"Madoca"… Como siempre tus comentarios me hacen sentir especial, el que tu me comentes y te guste mi historia siempre sera un gran honor, muchas gracias, espero que te guste este capitulo y que no te decepcione, pues siento que tengo una especie de compromiso, tu me inspiraste y no quiero defraudarte.

"Vane"… Gracias por comentar, lamento el haberme tardado tanto, el que pienses que cada vez esta mejor es una gran motivación para mi.

"Mitsuki Lina Mendoza"... Gracias por volver a comentar, pensé que la historia ya no había sido de tu agrado, pero el que comentaras me hizo sentir muy bien.
En cuanto a tu pregunta, Vorona si tiene sentimientos encontrados, pensaba incluir en este capitulo la reacción de Vorona pero no se me ajustaba a la historia, pues el capitulo seria demasiado largo, así que decidí que eso lo veremos en el siguiente capitulo. Espero que te guste y no decepcionarte.

"Coccokuroneko"... Hola, primero que nada, gracias por comentar, leer tu comentario me hizo muy feliz, pronto veremos ha esos dos juntos, no te desesperes.

Sin más los dejo para que lean el siguiente capítulo y espero sea de su agrado.

Cuando Shizuo abandonó a sus padres en el enorme salón, el reloj de madera que estaba ubicado en la estancia de la mansión, marcaba exactamente las 3:00 PM; el joven se encontraba hecho una furia, cuál era el motivo, nada menos que la desagradable noticia que acababa de recibir, aparentemente nada en este mundo podría calmar la ira que sentía en su interior; mientras se retiraba de su hogar, al avanzar por el hermoso jardín de la casa, destruyó varias estatuas de mármol que se "interponían" en su camino, además ni la gran fuente que estaba en el centro del patio, pudo evitar sufrir de su abrazadora ira.

Después de salir de la propiedad, el joven se dirigió a las afueras de Shinjuko; el reino estaba rodeado por una cadena montañosa, en muchos parajes tanto lejanos como cercanos se solía conocer a Shinjuko como "el reino amurallado", pues era como si la misma madre naturaleza hubiera dispuesto las montañas para proteger al lugar de los posibles ataques. En el pasado Shinjuko se había visto enfrascado en una disputa con el vecino reino de Ikebukuro, pero sus peleas nunca llegaron a mayores, en realidad, si alguien preguntaba a los habitantes de ambos reinos cuales habían sido los motivos por los que se inició el conflicto, lo más seguro es que la gran mayoría no lo supiera, ya que las causas de la enemistad se habían mantenido ocultas y hasta hoy en día para muchos continuaba siendo un misterio, el porqué de las disputas que había entre los reinos era algo desconocido.

Después de caminar alrededor de 2 horas Shizuo llegó a la cima de una de las montañas, paró su caminata por unos minutos, recobró un poco el aliento, ya que el haber caminado por tanto tiempo sin parar le había dejado algo exhausto. Ya un poco mas recuperado volvió a continuar su camino, solo quería alejarse lo mas que le fuera posible de toda la civilización, no tenía ninguna intensión ni mucho menos el humor de interactuar con alguna persona, se sentía molesto y decepcionado, solo quería estar solo, por lo menos hasta que sus emociones se estabilizaran, no sería de su agrado que por culpa de unos idiotas que solo querían hacerlo enojar, el lastimara con su monstruosa fuerza a las personas que lo rodeaban.

Caminó y caminó durante toda una hora, adentrándose lo más que podía en la naturaleza, sin imaginárselo de repente Shizuo se encontró en un gran prado, su larga caminata lo había alejado del paisaje montañoso, al darse cuenta de donde se encontraba se dejó caer en el suave pasto que decoraba el suelo del lugar, cerró sus ojos y se dejo envolver, todo a su alrededor lo embriagaba, el silencio pacificador pero no absoluto, que era decorado de vez en cuando por el sonido de las cigarras, el sol que anunciaba con el color de sus rayos que pronto partiría del cielo, el viento que corría libremente despeinando sus rubios cabellos, todo en su interior parecía estar mejorando, sentía que la ira que lo ataba, era remplazada por una paz que lo hacía sentir ligero, pero los sentimientos son efímeros, y así como el enojo abandonaba su cuerpo, su mente se vio rápidamente encadenaba por una tristeza desmoralizante, era como si su cerebro, quisiera condenarlo por todos los errores que hubiese cometido en el pasado, venían a su mente uno tras otro, lastimándolo peor que cualquier arma que pudiera infringirle algún daño físico.

Permaneció ahí tirado en el pasto, sintiéndose como el más grande inútil del mundo, fue ahí cuando algo dentro de él se rompió, desesperado por este nuevo sentimiento se levanto de forma abrupta y comenzó a correr, en algunos momentos, su marcha se veía interrumpida por algún árbol, que rápidamente era derribado o arrojado por los aires, golpeó cada uno de los objetos que encontró durante su camino, el deshacerse del enojo o la tristeza por medio de sus puños era algo que solía hacer a menudo y por lo general siempre daba resultado, pero en esta ocasión no fue así, por más cosas que destruyó el dolor y la tristeza nunca lo abandonaron, el sabor amargo de la decepción y la traición seguía acumulándose en su boca.

Shizuo volvió a detenerse cuando regresó a la cima de la montaña por la que hacia unas horas había pasado, vio una roca de gran tamaño y se dispuso a sentarse por un momento, fue ahí cuando pensó, pensó y pensó, en cual era el mejor remedio, para dejar de lado el dolor que sentía en su pecho, entonces la respuesta llegó a su mente como un rayo de luz, si el usar sus puños y fuerza no le ayudaba a sentirse mejor, recurriría al liquido mágico que alivia las penas de los hombres, el alcohol.

El ex militar decidió ir a tomar en alguno de los tantos bares que había en el reino, se levantó de su improvisado asiento y echando una última mirada, se detuvo a apreciar la gran vista que la elevada montaña le ofrecía, hacia por lo menos una hora que el sol había abandonado el cielo, por lo que la luna llena y las estrellas eran su única iluminación, la oscuridad de la noche hacia resaltar todas las luces que había en el reino, convirtiendo al lugar en un hermoso espectáculo de brillos, desde ahí podía observar hasta el último rincón de Shinjuko, nada escapaba a la vista, incluyendo al majestuoso palacio real.

De regreso en las calles del reino, Shizuo caminaba sin rumbo fijo, solo esperaba toparse con algún bar, así caminó largo rato, lentamente, hasta que encontró un bar promedio, no era elegante, pero tan poco parecía de mala muerte. El rubio se adentró rápidamente y tomó asiento en el último banco de madera que había en la barra, alejado de todos, decidió llamar al cantinero y así pedir la primera ronda, de las tantas que tomaría esa noche.

Mientras tanto en el castillo real, un azabache y una castaña discutían como ya era de costumbre.

-Sí que eres mentirosa Namie - Acusó infantilmente.

-¡Haa! Y se puede saber porque demonios soy mentirosa – Le siguió el juego, sabiendo que no tenía otra opción.

-Dijiste que todo lo que tenía que hacer era firmar estos papeles y después podría marcharme al carnaval a observar a mis amados humanos – Dijo haciendo un puchero de lo más tierno, mientras tiraba la enorme pila de papeles sobre el escritorio de Namie.

- Deja de fingir que eres un niño y compórtate como un adulto, además yo no te mentí – Habló tranquilamente, mientras acomodaba los papeles que Izaya acaba de tirar en su escritorio.

-Claro que si lo hiciste – Refutó rápidamente.

- Te aclarare que yo en ningún momento dije que podrías largarte a vagar libremente, te especifique que después de firmar estos documentos, te arreglarías y asistirías a la gran fiesta que se te organizó, ha y como tu secretaria que soy te recuerdo que la celebración es privada y solo la distinguida elite de la sociedad de los distintos reinos asistirá – Lo último que dijo la castaña, fue soltado con un gran tono burlón y lleno de veneno, pues sabía que a Izaya lo que más le molestaba era convivir con todos esos "humanos falsos" como él solía decir.

-¡Pero qué aburrido! – Bufó.

-Lo siento mucho por ti, bueno en realidad no me importa, pero tú tienes la culpa quien te manda a ser el príncipe heredero al trono, el gran niño mimado Izaya Orihara – La chica soltó una estrepitosa carcajada, le encantaban los pequeños momentos en los que podía burlarse de su jefe, sin que este le sacara de quicio.

-¡Oh! En verdad que eres mala Namie, yo que planeaba darte unas hermosas e inéditas fotos de tu hermano, a cambio de que hicieras algo para sacarme de esa molesta fiesta, sin que mis padres se molestaran, pero veo que no será posible hacer tratos contigo – El chico sacó varias fotos de un sobre amarillo y se las mostró a la Yagiri, tratando de chantajearla y por supuesto hacerla rabiar.

-Fotos de mi amado Seiji, ah Seiji, mi querido hermanito… – La chica estaba empezando a perderse en sus fantasías incestuosas, por lo que antes de que la perdiera completamente Izaya la interrumpió.

-Que debería hacer con ellas ahora, ya se tal vez… - Dijo malévolamente mientras se acercaba a un triturador de papeles, con una mirada que trataba de fingir la mayor inocencia posible.

-Detente Izaya, no te atrevas – Gritó desesperada, al darse cuenta de la barbaridad que iba a cometer.

-Pero que dices Namie, si ya no sirven es mejor deshacernos de ellas, no lo crees – Su meta era hacer enojar a la joven castaña.

-Tu maldito bastardo, si es algo referente a mi amado Seiji no puedo dejar que lo destruyas como si fuera simple basura, dámelo de inmediato – Su voz cambió a una mucho más seria.

-Porque debería de hacerlo, tú no estás dispuesta ayudarme o me equivoco –

-Bastardo, dámelas en este momento – Gritó aun mas furiosa, extendiendo su mano.

-¡No quiero! – El menor le sacó la lengua en muestra de burla.

La joven castaña molesta porque la discusión no iba a ningún lado, se abalanzó sobre Izaya tratando de lograr atraparlo, claro sin mucho éxito y así fue como comenzaron a perseguirse por toda el amplio despacho, después de algunos minutos, varias carcajadas psicópatas y gritos iracundos, la joven secretaria detuvo su persecución, pues se encontraba exhausta.

-No me digas que ya te has cansado Namie, te he dicho que tienes que hacer más ejercicio, te dará más condición y así podrás perseguirme por más tiempo – Dijo como si en verdad estuviese dando el mejor de los consejos.

-Cállate idiota, tu ganas dame las fotos de Seiji, encontrare una forma de librarte de la fiesta – Habló resignada, mientras trataba de regularizar su agitada respiración.

-Muy bien, ten, aquí están las fotos de tu adorable hermano, ha sido todo un placer hacer negocios contigo – El azabache estaba más que satisfecho con su logro, portando una sonrisa de oreja a oreja.

Ambos jóvenes salieron del despacho y se encaminaron a la habitación del príncipe, la castaña iba caminando mientras abría el sobre y observaba las fotos de su hermano, en cuanto las apreciaba de inmediato las apegaba a su pecho, todo esto lo hacía de lo mas emocionada, era como si fuera navidad para la mujer; en cambio Izaya caminaba prestando la mayor atención posible a todas las reacciones que tenía su secretaria, después de todo Namie era una humana, suficiente razón para amarla y observarla.
Al llegar a la puerta de la habitación el azabache entró, mientras que Namie permaneció en el umbral de la puerta.

-Llamare a las sirvientas para que vengan y te ayuden a vestir, Izaya tendrás que entender que sin importar lo que yo haga, de todas formas tendrás que presentarte en la fiesta, por lo menos una hora, después ya me las ingeniare para inventar algo y lograr que puedas irte a vagar por ahí toda la noche – Comentó seriamente.

-Me parece un buen trato, después de todo no sería correcto que descuidara a mis queridos "humanos falsos", para pasar tiempo con los humanos comunes y corrientes – Habló con actitud de dios.

La secretaria Yagiri ni siquiera se quedó a esperar que su jefe terminara de hablar, se marcho rápidamente, caminando por los pasillos del castillo, hasta llegar al cuarto de servicio donde usualmente se encontraban descansando todos los empleados, todos excepto la castaña que nunca descansaba pues su considerado jefe siempre solía causarle problemas que ocasionaban que su carga de trabajo aumentara.

-Buenas tardes – Dijo lo más alto posible para hacerse notar.

-Buenas tardes señorita Yagiri, ¿se le ofrece algo? – Preguntó una de las mujeres, que era por lo menos unos 20 años mayor que la castaña.

-El príncipe Orihara debe estar listo, lo más pronto posible, a más tardar en 2 horas deberá partir hacia la fiesta que se le ha organizado, así que suban de inmediato para ayudarle, debe lucir impecable, me escucharon – La joven mantenía una postura firme, mientras daba las indicaciones necesarias.

-Si señorita Yagiri, en unos momentos subiremos al cuarto del joven príncipe, no se preocupe – La mayor respondió lo más amable que pudo.

-Bueno, en ese caso yo me retiro – La castaña se retiró rápidamente del lugar, pues tenía muchas otras cosas que planear y dirigir para la partida del príncipe.

-Vaya sin ninguna mortificación – Dijo más para sí misma, ya que la secretaria se había alejado algunos metros por el pasillo a toda prisa.

-Ya escucharon a la señorita Yagiri hay que subir, el joven príncipe debe estar listo cuanto antes, Hana acompáñame – Pidió amablemente el ama de llaves.

-Ya voy Shikako – La joven respondió rápidamente mientras se levantaba de la gran mesa donde descansaban todos los empleados.

Las dos mujeres se dirigieron a la habitación del heredero de la familia Orihara, después de haber subido por las enormes escaleras, llegaron a la puerta de la recamara, e inmediatamente se dispusieron a tocar y pedir permiso para entrar.

-Joven príncipe, ¿podemos pasar?- Preguntó la mayor de las mujeres.

-Adelante, pasen – Gritó desde adentro.

-Con su permiso, joven príncipe – Dijeron al unisonó las mujeres.

-Hana, prepara la tina para que el joven príncipe se dé un baño – Dirigió su vista hacia la menor, dándole la orden amablemente.

-De inmediato Shikako – Asintió la chica.

-¿Que le apetece usar hoy para la fiesta joven príncipe? – Preguntó mientras veía fijamente al azabache.

-Por favor no tienes que ser tan formal Shikako, me conoces desde que nací, creo que por derecho de antigüedad puedes llamarme Izaya – Sugirió relajadamente, mientras se sentaba en el borde de la cama.

-Es cierto, lo he visto crecer joven Izaya – Sonrió al recordar al príncipe cuando era pequeño, sin duda la criatura más hermosa que había visto en su vida.

-Ves, suena mucho mejor – Respondió el joven con una sonrisa.

-Ahora volviendo a la ropa, que desea usar para esta noche –

-Creo que usare el smoking negro, con la banda roja – Habló, poniendo sus dedos en la barbilla como si estuviese pensando.

-Pero joven Izaya no le gustaría utilizar alguno de los trajes tradicionales, después de todo es su cumpleaños, debería vestir con lo más espectacular – Replicó poniendo cara de confusión.

-Lose Shikako, pero tengo mis motivos para ponerme este traje y no uno de los tradicionales – El azabache se levantó de la cama y al decir esto sus ojos brillaron.

-Ya veo, me imagino que algo trama joven Izaya – La mujer soltó una pequeña risa, al pensar de todo lo que era capaz el príncipe, sin duda podía llegar a ser un dolor de cabeza para sus padres.

-Solo porque confió en ti Shikako, te contare mi secreto, espero que no lo divulgues por ahí, aunque si lo haces dará igual – Expresó soltando un pequeño suspiro.

-Si es algo que me ha confiado usted, tenga por seguro que jamás lo diría a nadie, a menos que comprometa su integridad física o psicológica, no podría permitir que usted saliera lastimado – Comentó la mujer, como si se expresara de su propio hijo.

-Como sea, el punto es que me largare de la fiesta apenas comience, así que necesito un atuendo que sea sofisticado pero sin ser difícil de quitar – Sonrojándose un poco por la preocupación que mostraba la mayor.

-Así que para marcharse de la fiesta se cambiara de atuendo – Cuestionó el ama de llaves.

-Efectivamente – Respondió mientras asentía con la cabeza.

-¿Quiere que prepare el otro cambio de ropa? – Preguntó la mayor de manera nada inocente, con doble intensión pues quería confirmar algo.

-No, eso es algo más privado – Se negó de manera muy educada.

-Joven Izaya lo conozco casi perfectamente, se lo que hace –

-A que te refieres Shikako – Interrogó algo exaltado.

-Espero que no lo ofenda, pero sé que para irse a recorrer las calles del reino libremente sin que nadie lo reconozca, se disfraza de señorita - Habló pacíficamente.

-Por favor Shikako que cosas se te ocurren – Su voz sonaba algo intranquila.

-Joven Izaya…- Con tono acusatorio.

-¿Como lo supiste Shikako? – Preguntó algo consternado, por un momento su máscara de tranquilidad se cayó.

-Como dije lo conozco, joven Izaya –

-Con que me conoces, alguien debió de haberte dicho Shikako, ya me enterare, por ahora así dejémoslo; prepara entonces la otra muda de ropa que sea la más hermosa, el carnaval estará en su pleno apogeo y quiero que mis amados humanos solo tengan ojos para mí – Dijo esto último exaltado, muy emocionado dado vueltas con los brazos extendidos.

-Como desee – La mujer hizo una reverencia y se dirigió al gran armario de la habitación del príncipe, para sacar el elegante smoking negro y después se introdujo en el fondo de esté para sacar la más bella ropa de chica, que en unas horas el joven heredero luciría en su recorrido por Shinjuko.

Después de haber terminado la conversación con la mujer, Izaya se dirigió al baño donde lo esperaba una tina llena de agua tibia con una infusión de rosas, mientras el menor se bañaba, el ama de llaves se encargaba de alistar la ropa que el azabache usaría, si bien no era el trabajo de la mujer, le encantaba ayudar al "pequeño" príncipe, pues siempre lo percibió como una criatura frágil, que se escondía en un duro y frio caparazón que lo mantenía seguro, por eso es que trataba de ayudarlo en todo lo que estuviera a su alcance, pero claro había cosas en las que no estaba completamente de acuerdo, una de ellas, que el joven Izaya saliera solo a las "inseguras" calles de Shinjuko disfrazado de chica sin ningún tipo de protección o seguridad; pero a pesar de todo esto allí estaba ella ayudándole a elegir la ropa con la que asumiría la identidad de Kanra, quien la entendía, era lo que se preguntaba en su mente la mujer.

Cuando por fin Izaya terminó su largo baño, procedió a secar su cuerpo con una suave toalla, para después vestirse con un hermoso y elegante smoking negro que resaltaba su pálida piel, debajo de este una abotonada camisa blanca que era decorada por una banda de la más fina seda roja, esta cruzaba desde su hombro izquierdo, pasando por su pecho y terminando donde empezaba el pantalón del lado derecho; simbolizando que era un miembro de la familia real, la banda era utilizada por todos los Orihara, en las ceremonias importantes.

El joven heredero estaba listo, bueno casi listo, ya solo faltaba dar los últimos toques a su cabello; pero mientras el azabache yacía sentado de lo más tranquilo siendo peinado, Namie se movía de aquí para allá arreglando todo para que el joven príncipe pudiera marcharse sin ningún contratiempo, en algún punto de todo su ajetreado trabajo se escapó por unos 30 minutos para arreglarse, ya que ella también tenía que asistir a la sofisticada fiesta y no podía ir con una apariencia desalineada, después de todo era la secretaria y asistente personal del príncipe Izaya Orihara debía proyectar la perfección y belleza que tanto distinguía a esta noble familia. Yagiri demostrando lo eficiente que podía llegar a ser, se arregló completamente en tan solo 30 minutos lo que era toda una hazaña, cualquier otra persona hubiera requerido por lo menos una hora. Saliendo de su habitación que se ubica en la planta baja, en el fondo del castillo, Namie Yagiri caminó con rumbo a la habitación del príncipe, portando un seductor vestido verde olivo corte princesa y strapless que dejaba ver sus delicados hombros y parte de su espalda, acompañado de unas zapatillas negras que apenas si podían ser apreciadas debido a lo largo que era el vestido, su precioso cabello castaño iba recogido por lo que hacía lucir aun mas los detalles de pedrería con los que contaba el corset del sofisticado vestido, sin duda alguna Namie era una mujer hermosa y despampanante.

En su camino a la recamara del Orihara, la eficiente secretaria ordenó que prepararan el carruaje para su partida, después de dar las últimas indicaciones la mujer subió a la habitación del menor y sin siquiera tocar se dispuso a entrar.

-Izaya mas te vale que ya estés listo – Amenazó apenas cruzó la puerta.

-Por supuesto que lo estoy, acaso no luzco perfecto – Respondió de manera egocéntrica.

-Ahora que lo mencionas, no, anda camina, es hora de marcharnos, se nos ha hecho tarde – Anunció la mujer observando un pequeño reloj de pulsera que siempre llevaba a todas partes.

-Y yo que te iba a decir que lucias hermosa con ese vestido, pero veo que no estás de humor, deberías ser menos amargada Namie, te harás vieja pronto – Dijo "inocentemente".

-Izaya, podrías por una vez en tu vida guardar silencio tengo muchas cosas en que pensar, como para estar escuchando tu molesta voz, así que camina – La expresión de la joven Yagiri denotaba lo cansada que estaba, nadie podía cuestionar que su trabajo era muy demandante.

-Esperó que hayas traído el carruaje negro, es mi favorito y en una noche tan especial como hoy, debería hacer una gran aparición ante mis amados humanos –

-Sí, he mandado a pedir que alistaran el carruaje negro, ahora sigue caminando que ya es muy tarde – La castaña parecía haberse calmado un poco, esto lo notó enseguida Izaya.

-Espera Izaya, que es lo que llevas en esa bolsa negra – Dijo la secretaria, mientras detenía al azabache justo cuando este estaba a punto de subirse al carruaje y señalo la bolsa que el menor llevaba en la mano derecha.

-La ropa con la que me cambiare para marcharme de la fiesta – Respondió como si fuera lo más obvio del mundo lo cual molesto a la mayor.

-Ya veo, tan confiado estas de que te sacare de esa fiesta – Habló con algo de veneno en sus palabras, soltando una pequeña sonrisa.

-Claro que si mi querida Namie, ya que si hay algún obstáculo o problema de cualquier índole que me impida marcharme, sin importar que no sea tu culpa, yo podría molestarme y no se tal vez algo podría ocurrirle a las bellísimas fotos de tu hermano – Devolvió el golpe a la castaña, solo que con mucho mas veneno.

-En verdad eres de lo peor, maldito – Respondió indignada, borrando la sonrisa que hasta hacia unos segundos adornaba su rostro.

Terminando su conversación, los dos jóvenes subieron al antiguo y elegante carruaje de color negro tan profundo y brillante, tenía algunas molduras en forma de rosas en un embriagante rojo rubí.
De inmediato en cuanto los pasajeros se sentaron en sus respectivos asientos, el carruaje avanzó velozmente, era tirado por unos hermosos caballos que eran de un extravagante color negro que hacían juego con el carruaje; los corceles eran tan veloces y bellos que eran envidiados por otros nobles, los Orihara tenían un exquisito gusto al momento de seleccionar sus pertenencias, todo lo que portaban o usaban era hermoso y elegante, incluyendo a ellos mismos, si bien era sabido en otros reinos que los integrantes de la familia real de Shinjuko eran unas personas de gran belleza.

El camino fue muy corto, o eso fue lo que le pareció a Izaya quien iba tan absorto en sus pensamientos que no se percató ni de cuando abandonaron el castillo real y mucho menos de cuando llegaron a la plaza central donde se llevaría a cabo la fiesta; tenía un presentimiento, no malo ni bueno, solo un presentimiento de que algo cambiaría esa noche, tal vez sería un cambio insignificante, pero hasta el sabia que algo tan pequeño y simple puede acarrear una transformación sin precedentes, quien diría que su presentimiento estaría tan en lo correcto.

Si llegaron hasta aquí no me queda mas que agradecerles por haber leído el capitulo, espero que haya sido de su agrado y nos vemos en la siguiente actualización, besos...