Las personas tendemos a ser diferentes cuando estamos con ciertas personas. Esto siempre ha sido evidente para mí, por eso relacionarme con otros me es algo indiferente, ¿de qué sirve que se porten bien conmigo pero en realidad esa sea sólo una faceta que algún día podría desaparecer? De nada, no sirve de nada.

Sin embargo… Con Aka-chin es diferente. Él tiene dos máscaras, pero estas son algo… ¿Absoluto? Podría decirse. Aka-chin no elige cambiar, simplemente sucede. Le nace. Y aun si tiene estos cambios, no puedo odiarlo, no puedo repudiar el hecho de que a veces sea de una manera y en otras ocasiones diferente. Sus cambios no son precisamente desagradables. De hecho son lindos. ¿Alguna vez han pensado en cómo se ve un ángel y un demonio en un mismo cuerpo?

Algo así ocurre cuando Aka-chin cambia. En esencia es igual, su personalidad ahí sigue, su tono de voz, entre otras cosas. No cambia, simplemente es Aka-chin. Pero su comportamiento deriva. Es como si en él hubiese una barrera que separase a su lado más oscuro del más claro, como si no quisiese renunciar u olvidar ninguna de sus partes.

Yo lo adoro, lo amo. No importa con quien me acueste, a la persona que quiero hacer feliz, acaparar al cien por ciento y hacer mía cada noche, es a él, a mi pelirrojo favorito, a mi casi deidad de ojos carmesí.

Volviendo al tema del cambio. Aka-chin cambia cuando está con Mido-chin.

Es… interesante de observar. Todo de él es interesante de observar.

Cuando está con Mido-chin, Aka-chin se muestra más tranquilo, apacible, podría decir que más maduro de lo que ya es. Su sonrisa se vuelve templada, sin llegar a ser melosa del tipo que empalaga y produce algo de asco-incomodad. No, es una sonrisa tierna, real, una curvatura sencilla que dice por todas partes "Mi felicidad eres tú". Ciertamente Muro-chin lo mencionó en algún punto ayer en la cena que tuvimos a solas "Él es un imbécil, ¿Cómo no se da cuenta?", y sí, ahora creo que Mido-chin es un poco idiota para esto de las relaciones humanas. Incluso me pregunto cómo es que consiguió novia.

O esa mujer es una especie de pingüino que soporta al Mido-chin glaciar o es demasiado cálida y ella es capaz de derretir y hacer despertar a ese tonto.

El caso es, que con esta actitud un poco más nueva e inusual a mis ojos de mi pelirrojo, me percaté de algo importante: Yo quería ser el dueño de esa faceta.

Supongo que no es fácil desear algo como eso. No digo que ese lado de Aka-chin sea falso, pero usualmente cuando mostramos lo más… Hm, ¿Cuál era esa palabra que usó Muro-chin? Ah sí, "mórbido". Cuando mostramos lo más mórbido de nosotros muy difícilmente mostramos otras facetas, cómo si a los humanos nos gustara siempre estar en lo peor, es reconfortarle y lo comprendo. Es más sencillo mostrar siempre lo más negro y no sentirnos incomodos o bien ser aceptados con todo y eso a andar por ahí de santos. Sin embargo y de igual forma… yo también quise ser dueño de esa sonrisa tan simple apenas la contemplé.

Cielos, ¿Por qué el tempano de hielo debía ser el dueño de esos gestos sin siquiera ser merecedor o bien percatarse de ellos? Es frustrante, dan ganas de aplastarlo y dejarlo sin aire.

Y cuando pensé que el rey interrumpe momentos era Muro-chin, fue destronado.

En ese festival de hace una semana, estaba a punto de gozar el mejor trío del mundo en uno de los escenarios más interesantes. Aka-chin estaba básicamente desnudo (la yukata no tapaba casi ya nada de su cuerpo, apenas le colgaba de la cintura), y nosotros estábamos listos para la acción… cuando de pronto Mido-chin empezó a llamar a Aka-chin. Entonces nuestra pequeña presa nos hizo a un lado (a veces llega a impresionarme lo fuerte que puede ser). Fue con Mido-chin y los dos se marcharon.

Muro-chin lucía tan enfadado que pensé iba a incendiar el bosque entero con la mirada, cualquiera diría por esa mirada que era una especie de espíritu maligno en busca de venganza. Debo decir que no era yo la excepción, también estaba furioso, no me gusta ser interrumpido cuando estoy a punto de ponerle mano al postre.

Al final… digamos que, nos vengamos.

Akashi se retorcía, intentaba escapar, ellos no le iban a dejar ir, no de nuevo.

Himuro tenía una mirada que pondría a temblar a cualquiera. Seijuuro pensó que sus ojos eran ciertamente hermosos, que pena que usualmente sólo reluciera uno de ellos. Bueno, le daba cierto encanto.

¡Tatsuya! —siseó Akashi, como alguien que no desea ser atrapado—. No tan fuerte… duele, basta.

Sabes Akashi… no me tienes en el mejor de los humores, sería muy bueno para ti cerrar esos hermosos labios tuyos —dijo el azabache, arrastrando suavemente las palabras, cosiendo cada letra cual advertencia en la mente de su ya amaestrado ex-amante (en realidad desde la perspectiva de Himuro, Akashi siempre sería su amante).

Muro-chin, no seas así con Aka-chin, está temblando —bromeó Atsushi, apreciando a la perfección como el petirrojo adorado de Tatsuya no se dignaba a abrir el pico ni siquiera para canturrear en busca de auxilio. Posiblemente no le convenía.

Así, justo así te vez realmente hermoso, Akashi —comentó Himuro, observando al menor, desnudo en la cama. Ah, le traía recuerdos. Comparar el pasado con el presente traía a su mente cierta satisfacción indecible.

—"Nunca paras de florecer", eso dice tu sonrisa, Muro-chin.

Me entiendes, Atsushi. Estás en lo correcto.

A-Al menos… se gentil.

Atsushi admiró con ojos muy abiertos lo que acaba de pasar. Su fiero Aka-chin acaba de titubear, como si estuviese temeroso de recibir un castigo. Increíble de presenciar. No todos los días vez al absoluto e imponente Akashi doblegarse así como así… y suplicando piedad. Porque pedirle a Himuro ser gentil era suplicar por piedad.

El mayor esbozó una sonrisa de lo más singular. Sus labios delgados se curvaron deliciosamente. En ellos se leía todo: pensamientos, planes, sentimientos… todo. Himuro era increíble cuando estaba en la cama, no sólo por sus habilidades, sino porque era capaz de demostrar y explayar un poco de su real esencia. ¿Qué dirían todas esas lindas damiselas si leyesen las reales páginas del libro titulado "el verdadero 'yo' de Himuro"?

Lo haré, si vienes aquí y eres un buen chico, prometo que nadie nos escuchará. ¿No te trae recuerdos esta habitación?

Se encontraban en la habitación de Akashi, habitación en la cual Himuro podría moverse con los ojos vendados y la luz apagada de lo bien que conocía el interior de esas cuatro paredes. Aquel cuarto había sido el escenario de muchas de sus travesuras.

Akashi guardó silencio. Su rostro enrojeció ofreciendo así la respuesta que sus labios se negaban a soltar.

Aka-chin, no sabes cuánto me excitas —dijo Atsushi, saboreando este lado más "sumiso" de Akashi.

¿Empezamos entonces? —inquirió Tatsuya, volteando con el de cabello lila.

Sí, empecemos.

Himuro atacó el pecho de Akashi, acarició sus deliciosos y suaves botones. Atsushi fue directo al abdomen, repartiendo besos sobre el ombligo, deslizándose a la pelvis, llegando a donde los genitales de Akashi aguardaban impacientemente.

De suspiros a exhalaciones irregulares, poco a poco el cuerpo del pelirrojo fue cediendo al placer. Su piel empezó a calentarse, su frente se perló en sudor y sus labios entre abiertos se encargaban de buscar aire extra, mientras que su garganta omitía todo ruido posible. La verdad Seijuuro quería gritar, quería gemir y pedir o dar indicaciones pero… el momento no era el indicado.

Atsushi procedió a darle una felación, lo que orilló al menor a retorcerse desesperando intentando aguantar la oleada de sensaciones, sintiendo pequeñas ráfagas azotando su espina dorsal, provocando que su pelvis se alzara con desespero. Quería más y su cuerpo no temía expresarlo.

Tatsuya dejó su pecho, fue a donde sus labios y ahí los tomó presos. Insertó su lengua en la cavidad húmeda y caliente de Akashi y ahí sus lenguas danzaron juntas, acariciándose, saludándose, disfrutando de su tacto mutuo. El beso puro ya generaba placer en Akashi, hacía que su mente se pusiera en blanco. Sólo una mínima parte de sí se aferraba a la realidad, no quería olvidar que Midorima podía escucharlos si se dejaba llevar y hacía mucho ruido.

El de ojos grisáceos acarició la suave cabellera pelirroja, parecía soltar perfume dulce cada vez que las yemas de los dedos despeinaban con gentileza sus hebras. Himuro sonrió con el pensamiento sencillo y juguetón de que Akashi era sencillamente una deliciosa flor a la cual si lamías los pétalos con gentileza se abriría para entregarte una miel ámbar hecha de sí. Esa miel Tatsuya la conocía bien y nunca perdía su increíble efecto adictivo.

Tatsuya no pudo controlarse, apartó a Murasakibara y entonces insertó con facilidad dos dedos en el cálido interior. El menor se esforzó por no soltar ningún sonido, no esperó ese movimiento tan pronto. Fue cuestión de minutos para que la perfecta técnica de Himuro surtiera efecto.

¿Qué sucede, Aka-chin? ¿Es tan bueno que vas a venirte sólo por ello? Ha pasado tiempo desde que él te toca, ¿verdad? Vaya, estoy un poco celoso pero… te vez muy, muy sexy Aka-chin.

Yo entraré primero hoy, Atsushi —sentenció Himuro, aquello no estaba a discusión.

T-Tatsuya… deprisa —murmuró Akashi, sus mejillas estaban rojas y su mirada intentaba enfocarse en el rostro del mayor… Sí, estaba nada de caer rendido y venirse sin más—. Ya no aguanto más…

Vamos a divertirnos mucho —dijeron Atsushi y Himuro al mismo tiempo.

Mis planes no están resultando, al menos no del todo. El hecho de que Atsushi y Tatsuya estén todo el tiempo cerca representa un problema mayor con el cual no he sido capaz de lidiar… una cosa es encargarme de Atsushi y otra muy diferente de él.

El día del festival, sin embargo… tuve un momento conmovedor con Shintaro.

Nos sentamos juntos y observamos los fuegos artificiales. Mi corazón estuvo a punto de estallar cuando en secreto admiré su perfil iluminado por los estallidos de colores y la luz de la luna. Entre más le miraba más me encantaba… deseaba tomar su mano, decirle abiertamente lo que llevaba sintiendo desde hace mucho tiempo.

Volteó y me regaló una sonrisa, era una sonrisa gentil, Shintaro no solía sonreír así antes… esto me bajó los ánimos inesperadamente, pues mi mente no dejaba de preguntarse si la razón de su cambio se debía enteramente a esa mujer que yo desconocía. Si una mujer era capaz de hacer sonreír de esa manera al hombre que yo más he amado… no puedo evitar sentirme casi derrotado. No obstante frené a mis emociones que tan pesimistas bloqueaban a mi mente, quería pensar con claridad, mover las fichas… no quería rendirme. No iba a rendirme.

Aquel momento casi ideal llegó a su fin y en la noche... No, no quisiera hablar de ello.

Días después fuimos a pescar sólo Shintaro y yo.

Por poco caí de la pequeña lancha pero él me sujetó. Ah, mi héroe. Él tropezó y quedamos a escasos centímetros, por un momento sentí que él se perdió en mis ojos, nuestras respiraciones fueron una así como los latidos de nuestro corazón, probablemente el mío iba ligeramente más rápido.

Entró en razón y se alejó rápidamente. Él pensó que no lo noté pero había un ligero tono rosado de vergüenza delatando algo, algo que quizá estuvo enterrado durante mucho tiempo…

Esperanza, eso fue lo que sentí.

Akashi abrió una pequeña carta de su padre, era una especie de memo.

"Seijuuro, el hijo de un cliente muy importante irá a cenar para hablar de negocios la próxima semana. Te hablé sobre la cuenta, es uno de nuestros contactos en América. Encárgate del papeleo. La información para la firma de papeles llegará dentro de poco

Atte. Masaomi A."

Akashi no supo por qué pero un raro presentimiento llegó a su cuerpo. Mientras admiraba las hojas agitarse por la suave y deliciosa brisa, el amargo sabor continuaba en su boca. La mirada del pelirrojo se perdió en la nada, su cabello se mecía con el viento. ¿Qué era…?

¿Qué sucede, Akashi? ¿Qué dice la carta? —preguntó Midorima, sostenía una charola con dos cubas y un vaso de limonada. (La limonada era para Akashi, él no bebía).

Parece que tendremos un invitado pronto —contestó Akashi, sonriendo amoroso, sin darse cuenta. Tomó la limonada y la sensación desapareció de su cuerpo, al lado de Shintaro nada podía ir mal, o eso pensaba él.