Midorima y Atsushi salieron de compras aquella mañana. Atsushi se había ofrecido a salir solo pero Akashi no confiaba del todo en su memoria, tendía a olvidar cosas o ser caprichoso y comprar otras distintas. Akashi hubiese ido en persona a comprar todo, pero no podía, debía esperar a que el invitado arribara para darle la bienvenida, no iba a dejarlo esperando, aquello sin duda sería descortés. Así fue como el pelirrojo se quedó solo en la cabaña. Sí, solo, ni Himuro estaba ahí (digamos que Akashi había sido demasiado serio respecto a que no estaba jugando, de verdad necesitaba privacidad). No planeaba tardarse mucho, después de todo estaba de vacaciones y no era tiempo de negocios.

El invitado arribó, a las doce y media.

—Mi nombre es Akashi Seijuuro, soy el hijo de Masaomi Akashi, es un gusto conocerlo ¿señor…?

—El gusto es mío, Akashi. Y puedes llamarme Nijimura. Realmente no tienes porqué ser tan formal conmigo. Sé que estamos tratando negocios importantes pero… somos un poco jóvenes para hablarnos de "señor".

Akashi examinó a Nijimura. Era bien parecido, sus labios eran toda una atracción exótica, daba la impresión de tener los labios de pato más jugosos que Seijuuro había visto en un tiempo. Su cabello era azabache y corto. Su mirada era sería más no amargada. Parecía alguien confiable y muy maduro para su edad pero con ese aire relajado. Si fuese sólo un amargado más no hubiese pedido un trato más informal y ameno. Oh, definitivamente Akashi adoraba a los hombres como Nijimura, después de todo sentía cierta atracción por la gente de actuar maduro (Shintaro le gustaba mucho por eso). Sin embargo, no iba a intentar nada, después de todo era un asunto de negocios y tanto Atsushi como Midorima volverían pronto.

Los dos se dieron un fuerte y confiable apretón de manos.

—¿Te parece si charlamos en mi estudio?

—Por supuesto, siempre es una buena oportunidad para conocer aliados de negocios.

Akashi sonrió al captar la gracia del comentario. Vaya, de verdad Nijimura era un buen sujeto, le estaba cayendo de perlas.

Una vez en el estudio empezaron a hablar. Nijimura dijo cuántos años tenía, habló sobre su carrera ya finalizada y platicó un poco sobre como son los negocios en américa, además relató algunas historias personales de viajes. Akashi a su vez habló de sus propias experiencias, viajes, edad, etc.

—Realmente eres joven, pero hablas como alguien mucho mayor, apuesto a que fuiste el número uno de la clase, pero no de un semestre, sino de por vida —comentó Shuzo, sonriendo agradable mientras se cruzaba de brazos, reclinándose en la silla donde se encontraba sentado.

Akashi, que estaba sirviendo un trago ligero para ambos (en realidad sólo para él, Akashi no tomaba, se preparó un té), sonrió divertido.

—De por vida, en efecto. Siempre primer lugar, siempre alta excelencia y un temperamento de adulto, no muy sociable. Alguien como yo no encajaba, supongo que era intimidante estudiar junto a un "mini-adulto".

—Quizá, pero, es mejor así… no es común ver jóvenes tan enfocados y capaces. He, menudo comentario de anciano acabo de soltar. Pero es verdad. Veo que tus capacidades sobrepasan cualquier experiencia laboral o talento que tenga alguien mayor a ti. Una vez he tratado con el señor Akashi y debo decir que si dejó los negocios en tus manos es que sin duda eres formidable.

—Eres observador —comentó Akashi, dándole la bebida. Este la aceptó con una sonrisa—. ¿Tienes pareja, Nijimura? Seguro muchas mujeres se han de sentir encantadas con un hombre maduro que no busque sólo libertinaje.

Nijimura esbozó una sonrisa ladina.

—Ciertamente lo mío no es el libertinaje, no me va —se quedó pensativo—. Además, tengo una prometida, o algo así… es complicado.

—¿Sería grosero de mi parte preguntar?

—No, además, siento que puedo hablarlo contigo.

—Me halagas.

—Mi prometida es una joven hermosa, amiga de mi infancia… pero tal parece que ella se ha enamorado de alguien más. Su felicidad es mi prioridad así que prometí intentar disolver nuestro compromiso pero… —dio un trago pequeño a su vaso—. Si me lo preguntas, en realidad yo no quiero acabar con nuestro compromiso.

—El amor es complicado.

—Totalmente.

—Me encantaría conocerla —dijo Akashi, sincero—. Seguro es una joven formidable.

—Bellísima e inteligente —colaboró el azabache, sonriendo con más ternura. Akashi se sintió conmovido, él se sentía así con Shintaro, tan enamorado que haría lo que fuera por Midorima… aunque, no se iba a rendir, al igual que Nijimura en realidad no quería disolver su compromiso, él no quería dejar ir a Shintaro.

—¿Y dónde se encuentra?

—En un hotel, a unos minutos de aquí. Sus padres me han pedido traerla conmigo, quieren que estrechemos lazos. Le he dicho que puede quedarse en su habitación o salir, no pienso retenerla ni nada.

—Si es así, ¿Te gustaría traerla esta noche? Me gustaría conocerla en la cena.

—Por supuesto.

—¿Y cómo es tu prometida, Mido-chin? —preguntó Atsushi de pronto.

Midorima estaba observando algunas verduras. Volteó a verlo.

—Es hermosa, ciertamente hermosa.

—¿La amas?

—Sí.

—¿Mucho? ¿Por eso te casas con ella? ¿O la embarazaste?

Shintaro se quedó callado, sí, le apenaba hablar de esas cosas con Murasakibara. Se notó el calor en su rostro pero se le bajó rápidamente. Mientras colocaba algunas cosas en el carrito respiró para tranquilizarse, le enervó un poco lo directo y poco atento que era su acompañante. Ahg, su forma de decir las cosas era tan incómoda.

—Sí, la amo, por eso estamos pensando en casarnos —aclaró—. Aún no hemos decidido nada, primero debo conocer a sus padres y pedir su mano adecuadamente —apartó la mirada—. Y ella no está embarazada, ella será una novia de blanco —esa fue su respuesta, la mejor forma de decir que Momoi aún era virgen y que no le había tocado de "esa" manera. Ella era una joven recatada y aun si vivían juntos él no hacía nada. Hasta cierto punto le parecía algo muy hermoso que ella quisiera llegar virgen al altar, merecedora de usar el vestido blanco. Muchos ven esto como algo arcaico y aplauden que las personas tengan sexo en todas partes, a tal grado que alguien que desea conservarse puritano es un anticuado o cerrado de mente, pero Midorima no lo ve así, lo ve como algo hermoso, como un total respeto al templo que es el cuerpo. ¿Qué tiene de malo querer llegar casta al matrimonio y dar tu virginidad a la persona que amas? La virginidad ya no tiene valor como alguna vez, claro que el trasfondo del termino y la importancia que rodeaba al mismo ahora se ve como algo anticuado, hasta cierto punto machista, etc. Pero bueno, hombres fuera de época siempre habrá, y Shintaro no es ningún machista, sólo es un caballero, uno que ama con fiera pasión a su dulce Momoi.

«Vaya sujeto aburrido —pensó Atsushi, siguiéndolo hacia la siguiente sección—. Es el típico señor puritano. Me pregunto si será homofóbico, tal vez sea de mente abierta pero de esos que a fin de cuentas no lo aceptan, puede que simplemente diga "a mí no me interesa" o que se escandalice… de cualquier forma le romperá el corazón a Aka-chin si llega a enterarse de lo que siente. Hm… aunque lo admito, sería agradable ser quien recoja los trozos del hermoso corazón de Aka-chin»

—Mido-chin, ¿Qué piensas de los homosexuales?

—¿Qué? —Shintaro volteó a verle de nuevo—. ¿Por qué preguntas eso?

—Curiosidad, me estoy aburriendo.

—Pues no opino nada en especial.

—Vamos, no seas pesado, ¿Qué opinas? ¿Te parece bien que hayan salido del closet y eso?

—Si quieres mi respuesta sincera. No me agradan mucho los que hacen desfiles tan… exagerados, o los que se la pasan gritando a los cuatro vientos cuál es su sexualidad, incluso me desagradan los que lo hacen por moda, es ridículo. Hay unos que hacen cosas malas o indecentes y cuando son reprendidos se excusan de que sus libertades están siendo amenazadas sólo por su sexualidad, me resulta estúpido y chantajista.

—¿Y de los otros?

—Por mi está bien. Tengo un amigo que lleva cuatro años con su pareja, también es hombre, y se ven felices. Son sujetos normales viviendo vidas normales, sin hacer alarde ni nada… en general para mí mientras una pareja guarde sus asuntos en intimidad está bien. Pero, si lo que quieres saber es que si me molestan los homosexuales la respuesta es: No.

—Sabes, algunos médicos dicen que la homosexualidad puede curarse.

—Son hombres que están demasiado atrasados que no se han tomado la molestia de dar un vistazo a la realidad y a las ciencias modernas. Algunos nacen, otros se hacen, a fin de cuentas lo que importa no es que les guste o a quien amen, sino que tomen decisiones correctas.

—¿Y qué es una decisión correcta?

—Vivir plenamente y con felicidad. Todos somos humanos, Atsushi.

«Alguien por favor traiga música celestial y encienda las luces, tenemos a un maldito santo por aquí», Atsushi se irritó, no por sus respuestas, eran buenas, amables y hasta cierto punto muy encantadoras, digas de alguien que entiende el concepto de vive y deja vivir pero a su vez tiene sus límites, y es válido, no a todos puede parecernos lo mismo en esta vida. Aun así no era lo que Murasakibara quería escuchar.

—Así que… ¿Cómo dices que se llamaba, Aka-chin?

—Nijimura Shuzo. Él vendrá a cenar hoy, así que, tenemos algo de tiempo, ¿Alguien quiere un tentempié? Algo de té en el jardín y pastelillos de arroz suenan bien —dijo Akashi.

—¿Y quién iba a venir también? Algo mencionaste.

—Ah, traerá a una joven, es su prometida, aunque según nuestra charla las cosas no son tan simples, de momento la traerá como una amiga.

—Hace un clima esplendido —irrumpió Shintaro, que venía de regreso del jardín—, hay muchas nubes y el viento es fresco. El jardín sigue tan hermoso como siempre, que nostálgico.

—Ciertamente —Akashi asintió, sonriendo—. ¿Sabes, Shintaro? Recordé cuando intentamos volar nuestro primer papalote*.

—Oh, sí, también lo recuerdo.

—Fue un desastre —Akashi rió, era una risa como de pajarillo silvestre, tan dulce.

Atsushi se derritió entre amor y celos, ¡Ah, la risa de Akashi, tan única y poco frecuente!

Shintaro y Seijuuro sonrieron a la par, eran sonrisas de jóvenes adultos con aires juveniles picarescos, y en sus labios se reflejaba el fulgor infantil que tuvieron en el pasado. Aquellos recuerdos preciosos cobraban un valor inexplicablemente alto…

Murasakibara estaba muriendo por dentro. Vaya ganas que tenía de ir por Akashi y plantarle un largo beso frente a Midorima.

—Atsushi, ¿Puedes traer el té y los pastelillos de arroz? Todo está en la cocina.

—Uh, claro.

Shintaro y Akashi tomaron asiento en plataforma que colindaba con la vista frontal del jardín. Realmente ese lugar era precioso, casi parecía un centro vacacional precioso.

En ese momento, observé por encima vez a Shintaro. Suspiré de amor una y otra vez. Las ganas de lanzarme a sus brazos eran casi incontrolables, quería darle un tierno beso, apenas un roce de labios y confesar mis sentimientos. Deseaba ser el protagonista de una novela, deseaba ser el héroe que debe arriesgarlo todo por amor… Sin embargo, la vida real es mucho más complicada, mucho más.

La balanza se mueve, un lado me recuerda que podría perderlo todo, podría arruinar mi amistad con Shintaro y alejarlo para siempre. Y por el otro lado la dulce recompensa de ser correspondido. Desgraciadamente mi miedo e inseguridad hacían que el lado más pesimista de la balanza ganase con bastante peso, el peso de lo que es.

Ciertamente la vida juega chueco, pues sin importar que desees o no, eso no afectará lo que pasa o pasará.

La voluntad humana, el deseo y la terrible causalidad, ¿Cuál es más fuerte? ¿Cuál puede ser alterada o cambiada? No se sabe, busco encontrar la manera, busco encontrar el camino.

Y mientras le observo, Shintaro voltea y me encara. Sus ojos me fascinan y su mirada me hace estremecer, a tal grado que mi corazón empieza a latir con un poco más de fuerza. Sin embargo, lo que me causa más impresión es… su expresión.

Nos hemos quedado absortos en la mirada del otro, me da la sensación de que él iba a decir algo pero su mente quedó tan en blanco con la mía en el momento en que nos encontramos cara a cara. ¿Le gusta mi rostro? ¿Me considera bello? ¿Podría amarme? Yo de momento ya le amo, le considero bello y me gusta su rostro. Su rostro confiable, a veces algo amargado y esas pestañas tan hermosas.

Me acerco un poco, algo me empuja, ¿soy yo mismo? ¿Es una fuerza superior? No lo sé, parece que he olvidado que es real y ficticio. El suelo parece desaparecer, el mundo se hace añicos y cual viruta se deshace poco a poco.

Y cuando creo que por fin lo haré, cuando tomo toda la determinación que pensé ya no poseer…

Una voz irrumpe.

"—¡Aka-chin! ¿Podrías venir un momento?"

Maldición, maldición… ¡MALDICIÓN!

Shintaro parece despertar del hechizo, se da cuenta de que nos hemos acercado demasiado y retrocede con naturalidad, voltea hacia el origen de la voz que cortó el momento. Yo también siento que desperté de un hechizo, aunque se siente como el mejor de todos… cual cenicienta me sentí en la cima y antes de darme cuenta el encanto se había roto por completo.

Resignado, me levanté.

Ojalá tuviese una oportunidad, solo una…

—¿Qué sucede Atsushi? ¿Dónde estás?

—En la cocina, Aka-chin.

Akashi entró en la cocina, estaba vacía, el personal que ayudaría con la cena llegaría dentro de unas horas.

Atsushi estaba esperando recargado contra la pared, las tazas de té caliente esperaban junto a los pastelillos de arroz. No parecía haber ningún problema, o eso pensó Seijuuro hasta que su mirada carmesí se encontró con la lila de Atsushi. Ahí fue cuando Akashi supo cuál era el problema…

El cuerpo del menor se estremeció con violencia, posiblemente era su sentido del peligro gritando en busca de alertar a su cerebro respecto a lo que pasaría si no escapaba de ahí.

Murasakibara se acercó a Akashi, le acorraló contra la barra de la cocina. Posó su pulgar sobre los suaves labios del pelirrojo. Este se quedó pasmado, observando lo varonil e intimidante que podía llegar a ser Murasakibara. Realmente las facetas y las caras que puede mostrar una persona pueden ser aterradoras… Akashi conocía su lado dulce, el infantil, el caprichoso, al rudo, al salvaje pero… el posesivo era el que más le asustada, puesto que el lado posesivo de Atsushi era el único que le dejaba sin palabras, sin respiración, lo dejaba desarmado y a su mereced.

—Él va a romperte el corazón —susurró suave, su voz heló la sangre del pelirrojo.

—Cállate…

—La misma expresión que tú tienes con él, es la que él tiene cuando habla de ella.

—Cállate… cállate…

—Y cuando te rompa el corazón sufrirás, sufrirás y será tan doloroso que llorarás mucho.

—Atsushi basta.

Los estaban hablando muy bajito, estaban muy cerca el uno del otro. Akashi temblaba, literalmente se estremecía pero no de miedo, era una mezcla de ansiedad y cólera, no gustaba de sentirse acorralado y la sensación de que sus esperanzas estuviesen siendo aplastad rayaba en lo repugnante… le dolía, directo en el pecho.

Curiosamente, Atsushi sonreía, era una curvatura suave, melosa, como la de un padre que sabe que su pequeño se lastimará pero igual le deja ser, no sin antes advertir los peligros. Es la sonrisa del amante que tiene seguridad en la cadena que traza poco a poco alrededor de su amor. Murasakibara se había sentido tan nervioso cuando Akashi había dicho que recuperaría a Midorima, pero justo ahora no sentía esa ansiedad, se sentía seguro, sabía que o por lo menos daba por sentado que las cartas de Akashi eran débiles, su juego era terrible. Los ases habían sido hurtados por Atsushi y los jacks estaban en mano de Himuro.

Entonces los labios de Murasakibara se juntaron con los de Akashi, los presionaba con suavidad, solo estaba juntando los belfos de ambos en una especie de tacto que dejaba todo muy en claro. Akashi enterró las uñas en el borde de la barra, estaba tan molesto pero el mensaje había sido claro y le llevaba al punto de la desesperación.

—Eres mío —pronunció Atsushi—. Y no me importa el pasado, voy a escribir nuestro futuro con tinta indeleble.

Y entonces sumió al pelirrojo en un beso profundo. Akashi sentía los ojos vidriosos, el peso de la realidad estaba afectando su mente, no obstante y a su vez, se veía incapaz de pensar con cordura, su mente estaba a punto de explotar… No, al contrario, estaba adormeciéndose, esos labios eran anestesia, tenían un dulzor inigualable que sabía a adoración y deseo. Seijuuro era como un pajarillo solitario, un polluelo abandonado en un nido… tan pequeño, tan hermoso y valiente y aun así necesitado de amor, débil ante los sentimientos profundos. En pocas palabras, ese era él en esencia, no era la fachada seductora, no era el emperador, no era el sujeto absoluto o sin falla… era la verdad dentro del cascaron, era lo que Murasakibara amaba con tanta locura y deseaba poseer con tremenda insistencia.

Lo encadenaría si pudiera.

Pero le ama libre, de momento.

Akashi cedió al beso, porque no se resiste, ama sentirse así, deseado, adorado… Ah, Atsushi tan salvaje y aun así sus besos tenían una delicadeza y suavidad inigualable, con tanto tacto, tanto sentimiento… ¿Quién diría que un sujeto con una mirada siempre tan desinteresada y casi hastiada podía llegar a ser así de apasionado? Oh, el mejor amante, sin duda.

—Bienvenido, justo a tiempo Nijimura —dijo Akashi mientras daba un apretón de manos al mayor.

—Permíteme presentarlos —dijo Shuzo, educado—. Ella es Satsuki Momoi, una querida amistad mía… y…

—Entiendo —irrumpió Akashi. Dedicó una sonrisa digna de caballero a la preciosa mujer. ¡Era realmente hermosa! Si fuese heterosexual sin duda sería afortunado al tener una prometida tan excelsa, sin duda preciosa, una joya—. Es un placer conocerle, señorita Momoi. Mi nombre es Akashi Seijuuro.

—Puedes llamarme Satsuki, y es un placer conocerte Akashi —aceptó el saludo educado y amable del pelirrojo.

Se escucharon pasos.

—Ah, espero no les incomode pero unos amigos míos cenarán con nosotros. Les presentaré, este caballero se llam…

—¡¿Midorin?! —exclamó Momoi, con una cara de estupefacta sorpresa.

Shintaro, al ver a su amada novia acompañada de ese hombre se quedó sin habla… ¿Qué significaba esto?

—¿Tú eres la prometida de Nijimura? Es un placer conocerte —inquirió Atsushi, con el tacto de una nuez, haciéndose el inocente, por dentro sonreía. Con ver las caras de los dos tortolos había entendido todo.

—¿Qué…? ¡¿Prometida…?!

—¡N-No! ¡E-Eso no es…!

Akashi entendió también lo que sucedía… y a decir verdad no supo si sentirse bien o mal con ello, lo único que sabía es que las cosas no serían nada sencillas…

—La cena está servida —anunció un mayordomo.