Travel Alone
by Primera Espada

Capítulo 2: There's no Time for Tears


"Aizen-sama." El emperador de Hueco Mundo giró su mirada, moviendo ligeramente su cabeza para atender al Arrancar que recién entraba en el salón del trono, lugar dónde Aizen gustaba descansar cuando su apretada agenda lo permitía. Ulquiorra, uno de sus más fieles súbditos. La cuarta Espada de su ejército.

"¿Qué sucedió con ella, Ulquiorra?" Los eventos ocurridos en la habitación - ¿o será más bien prisión? - de Inoue Orihime no tardaron en llegar a él. Ya sea por la gran explosión de energía que causó la apertura de ese portal Garganta, o simplemente por que cada pasillo de Las Noches, cada pared del gran castillo, se encontraba cubierto por su propia red de vigilancia, desarrollada especialmente para proteger su propiedad, para mantenerlo al tanto de cualquier actividad fuera de lo normal.

"Fue absorbida por Garganta." Respondió el pálido Arrancar. Arrodillado frente al gran trono de su majestad.

"Ciertamente, Ulquiorra." Su rostro se mantenía serio, libre de cualquier emoción o sentimiento, imposible de leer, pero Ulquiorra sabía que bajo aquella máscara de indiferencia y además tras ese tono con el que su creador había hablado, había algo más. Aizen se encontraba enojado. "Pero ¿Qué sucedió con ella?"

"Me temo que no lo sé, Aizen-sama." Ulquiorra bajó su cabeza avergonzado. Podría decirse que incluso temeroso. Algo que era casi imposible para un Arrancar, para un Hollow, criaturas nacidas del mismo miedo, del propio temor que sentían cuando estos fueron simples almas.

Entonces ¿Cómo era aquello posible ¿Cómo un ser creado del propio terror podía sentir miedo en aquel momento ¿Cómo ese hombre podía hacerlo temer?

"Inoue Orihime distorsionó ese portal ¿O me equivoco?" Su voz seguía sin mostrar interés, pero el que una simple humana pudiera alterar una Garganta era algo extremadamente inusual, llamaba su atención, algo que Ulquiorra también pudo deducir.

Desde que Aizen la vio en su lucha contra Yami, Inoue Orihime cautivó su interés, sus habilidades especiales, los aspectos de su poder y la capacidad que cada uno tenía. Su escudo defensivo era impenetrable, capaz de resistir incluso la gran fuerza de uno de sus Espada. Su escudo de ataque, aunque infectivo en el momento, Aizen pudo descubrir que guardaba un gran potencial oculto. Si tan solo la chica tuviera un deseo de batalla, un instinto asesino.

Y por último aquel aspecto en particular que sorprendió incluso al gran emperador de Hueco Mundo. Un escudo con la capacidad de repeler cualquier evento, cualquier daño o efecto negativo que hubiera sufrido el sujeto que ella deseara socorrer.

Un escudo que puede curar por completo a cualquier persona, un escudo que deshace cualquier daño, un escudo que reconstruye miembros perdidos...

Un escudo que resucita a los muertos.

Un escudo que regresa el tiempo a voluntad de la mujer.

"Al parecer, Aizen-sama." La cuarta Espada alzó su cabeza nuevamente, para mirar cara a cara al intimidante gobernador, quien no parecía satisfecho por su respuesta. Ulquiorra trató de explicar más a fondo la situación. "Pero el control que tuvo no fue a voluntad, y duró tan solo unos cuantos segundos." Aún insatisfecho, notó Ulquiorra.

"Pero hubo control Ulquiorra. Ella pudo controlar el portal, y aunque no fuera a voluntad logró alterar una puerta que solo los Hollows y algunos Shinigamis expertos pueden controlar." Aizen cerró sus ojos, un poco de su furia comenzó a resurgir, pero debía mantener el control ante sus inferiores. Mantenerse calmado.

Aquella era otra razón por la que Aizen se mantenía interesado por su antigua prisionera. Una mujer llena de secretos que incluso ella misma desconoce.

"¿Y que sucedió exactamente luego de que Inoue Orihime intervino con Garganta?"

"Garganta se dividió, Aizen-sama." O eso fue lo que sus ojos pudieron captar. En medio de tanta luz, aquella brillante explosión luminosa cegó casi por completo su mirada. "Se convirtió en un portal con dos conductos. Uno transporto a los humanos invasores, y el otro succionó a Inoue Orihime."

Aizen suspiró ligeramente y se levantó luego de su gran trono, comenzando a bajar una por una las escaleras que comunicaban su sitio de descanso con el suelo de la habitación. Ulquiorra alzó la mirada, y de nuevo un gran flujo de terror recorrió su cuerpo, aunque fuera por tan solo un segundo.

"Eso es un problema." Aizen alcanzó el suelo, y se paró justo al frente de su Arrancar sirviente, bajando su rostro para mirarlo. "Levántate, Ulquiorra." Ulquiorra hizo como le fue comandado y lentamente se puso en pie.

"Tengo una misión para ti."

Y a pesar de haber perdido una de sus grandes posesiones, a pesar de haber sido burlado por una simple humana, aunque esa simple humana lo humillara completamente y escapara de su impenetrable fortaleza.

Aizen sonreía.

Sonreía por que sabía bien que al final la victoria sería suya.


El sonido de los pájaros la despertó, y a la vez la sorprendió.

Hacía ya tiempo que no escuchaba cantar a las aves. En Hueco Mundo no existía nada parecido al hermoso canto de los pequeños pájaros.

La sensación en su cuerpo regresó y ya podía mover a voluntad sus extremidades. Sus ojos se fueron abriendo, y la fuerte luz del día la encegueció. Cerró sus ojos nuevamente, y los frotó con suavidad usando sus delicadas manos, y luego intentó una vez más, abriendo sus ojos lentamente para que estos se acostumbraran al incandescente resplandor del sol.

Era la primera vez en mucho tiempo que veía nuevamente la luz del día.

Y fue entonces cuando la realidad la golpeó en la cabeza.

¿Dónde estoy?

Lo último que recordaba era a sus amigos tratando de entrar en su prisión. La apertura de uno de los portales Garganta en su propia habitación y la explosión final de luz que la transportó a un mundo de oscuridad y vacío. Pero entonces ¿A dónde diablos fue a parar?

Usando ambas manos como sostén, Orihime se sentó en el suelo del lugar, y sus ojos escanearon superficialmente el lugar dónde había caído. Era un gran y amplio terreno cubierto por extensa vegetación y altos árboles. No le recordaba ningún lugar de Karakura en que hubiera estado, ni siquiera las afueras de su pueblo.

Orihime se puso en pie con dificultad, aún se encontraba un poco mareada por el repentino viaje, sus brazos y piernas estaban adoloridas y su nivel de reiatsu había bajado considerablemente.

Necesito encontrar un lugar para descansar.

Fue lo primero que pasó por su mente, encontrar un lugar para reponer su energía. Después de todo, si se encontraba con algún enemigo en el camino necesitaba de suficiente reiatsu para poder defenderse.

Especialmente ahora que se encontraba en un lugar que desconocía completamente.


"Su ropa es extraña. No parece ser de este país." La voz era sueva y femenina, un susurro. Sus ojos fijos en la extraña mujer que descansaba bajo uno de los grandes árboles. "¿Puede llegar a ser una clase de peligro?"

La persona a su lado asintió y juntó sus manos para formar un extraño sello. Su rostro reflejaba intensa concentración. "Byakugan." Suspiró luego, y las venas alrededor de sus ojos se marcaron por completo.

"Su chakra es extraño." El sujeto se concentró un poco más, y la fuerza en sus ojos se intensificó, posando luego las dos esferas sobre la misteriosa mujer. Su hallazgo lo sorprendió. "Y no parece tener conductos de chakra."

"¿Qué?" La otra persona, la mujer, se sorprendió por igual, y miró interrogante a su compañero. "¿Cómo es eso posible? Todas las personas, ninjas o no, poseen un sistema de chakra en sus cuerpos."

"Por supuesto que lo sé Ten-Ten." El otro sujeto cerró sus ojos y se cruzó de brazos. Algo andaba mal con esa mujer, ni siquiera los habitantes del otro lado del planeta presentaba aquella estructura interna tan singular. "Su chakra circula libremente por su cuerpo, y parecer ser que no está en todo su potencial, ha perdido parte de él."

La chica, Ten-Ten, frunció el ceño. Toda aquella información era impresionante. "¿Crees que haya sido en batalla?" Preguntó.

"Puede ser." Respondió su compañero seriamente. "Lo mejor será informarle a Godaime-sama acerca de esto." Añadió luego, preparándose para alejarse de su escondite y dirigirse a otra parte. Pero Ten-Ten lo detuvo.

"Espera un momento Neji." Neji frenó sus intentos y volvió a arrodillarse al lado de Ten-Ten. "No sabemos si ella seguirá aquí para cuando regresemos." La chica apartó un poco de hojas que bloqueaban su vista y miró de nuevo a la otra adolescente. "Creo que lo mejor será llevarla con nosotros. Y si resulta ser inofensiva ya nos disculparemos con ella cuando despierte en Konoha."

"Buena idea." La chica sonrió por la aprobación de su capitán, y prosiguió a sacar una fina aguja de un bolsillo que descansaba en uno de sus costados. "Este sedante la mantendrá en el mundo de los sueños por un par de horas, lo suficiente para llevarla a Konoha y presentársela a Tsunade-sama." La chica sonrió y calculó la distancia de su blanco. Su puntería era perfecta, necesitaría tan solo de una simple aguja para cumplir con su objetivo.

La garganta será el lugar idóneo, pensó la chica. Así el sedante se expandiría con más velocidad. Ten-Ten cerró uno de sus ojos y calculó por segunda vez. Nunca estaba de más estar completamente seguro.

Tres... Dos...

Uno.

Un rápido movimiento de su brazo y la aguja tomó vuelo. Dirigiéndose insonora y con gran velocidad a la garganta de la mujer.

Ten-Ten sonrió una vez más, anticipando el éxito de la recién establecida misión.

Pero justo antes de que la aguja impactara y se incrustara en la garganta del objetivo, una inmensa barrera naranja bloqueó su camino.


Inoue Orihime nunca descansó completamente bajo la sombra del gran roble. En todo momento estuvo alerta, especialmente cuando sus desarrollados sentidos la alertaron de la presencia de dos personas, ocultas a una distancia considerable entre algunos arbustos.

Los sujetos no eran normales, pudo percibir Orihime. Sus niveles de reiatsu eran diferentes a los de una persona corriente, y era extraño además. Orihime dedujo que aquello que circulaba en sus cuerpos no era reiatsu exactamente, seguía siendo una especie de energía espiritual, pero diferente a la suya.

No sabía si eran amigos o enemigos, pero en todo caso era mejor mantenerse al tanto de sus movimientos.

Entonces fue cuando la chica de cabello naranja pudo sentir un alza en él ¿Reiatsu? de uno de los dos vigilantes, y un pequeño objeto fue lanzado en su dirección con intensa velocidad.

"Santen Kesshun." Pronunció suavemente la chica, y uno de los pines de su cabello comenzó a resplandecer. Los seis pétalos del pin se desprendieron y volaron a su alrededor. Esperando su orden.

"Watashiwa kyozetsu suru." Y los seis pétalos se unieron de dos en dos para formar tres hadas diferentes, las cuales se posicionaron al frente de su ama y formaron un destellante escudo triangular, que la protegió completamente del proyectil y el potente sedante que transportaba.


Un par de ojos se abrieron por la sorpresa. Ten-Ten y Neji se pusieron en pie, no más interesados en mantenerse ocultos, ya que al parecer la desconocida estuvo al tanto de su presencia desde el inicio.

"¿Qué fue eso Neji? No vi ninguna clase de sello." Preguntó Ten-Ten, sin despegar su mirada del escudo recientemente formado. Extraña técnica. Pensó la chica.

"No parece ser ninjutsu." Respondió Neji luego de examinar más a fondo dicha técnica. "El escudo está hecho de su misma energía, y esa extraña especie de chakra se acumula especialmente en las tres puntas de la barrera." No se parece a nada que hay visto antes.

"¿Qué crees que debamos hacer ahora Neji?" Al final resultó correcto que aquella mujer no era normal, su chakra no era lo único fuera de lugar, si no también la extraña habilidad que poseía.

"Debemos llevarla con nosotros. No sabemos cuales sean sus razones de estar en las cercanías de Konoha, y aparentemente puede llegar a ser una amenaza." El muchacho comenzó a reunir chakra en sus palmas. "Pero no hay que iniciar una gran batalla, nuestro único objetivo es dejarla inconsciente."

Ten-Ten asintió y extrajo más de las agujas de su pequeño bolsillo de herramientas. Sus ojos listos para apuntar a donde fuera, y atinar perfectamente. "Estoy lista Neji."

"No hay elemento sorpresa, y además no conocemos completamente sus habilidades. Hay que ir con cuidado ¿De acuerdo?" Habló Neji con seriedad. El asunto ya se había salido un poco de las manos al fallar el primer intento, y se enfrentaban con un personaje cuyas capacidades no habían visto nunca antes. Debían de estar alerta en todo momento.

"A mi señal." Ten-Ten asintió una vez más y regresó su mirada a la mujer que ahora se ponía en pie debajo del árbol. Unas pequeñas gotas de sudor bajaron por su frente y sus manos sostenían con fuerza las agujas sedadas, y estaba lista para lanzar cuando Neji lo pidiera.

"¡AHORA!"

Y los dos ninjas se lanzaron al ataque.


La pelirroja esperó ansiosa desde su lugar, el Santen Kesshun se mantenía activo y protegiéndola de los dos espías, como Inoue prefirió llamarlos, y sus manos temblaban ligeramente por el anuncio de una pelea. Si estuviera luchando contra alguna clase de Hollow, hasta un Arrancar, Inoue sabría al menos que esperar, pero ahora que se encontraba en un lugar que desconocía y se enfrentaba a dos personas cuyas habilidades podrían ser por mucho más avanzadas que las suyas, bueno, no sabía que esperar. Estaba nerviosa.

Pero no. Debía permanecer fuerte. Decidida.

Orihime enderezó su cuerpo, y sus brazos se tensaron, preparados para luchar.

El mes que entrenó con Kuchiki-san no fue solamente para mejorar sus habilidades, si no también para encontrar algo que ella no tenía. Algo que le faltaba y sin lo cuál no podría ganar una lucha por su propia cuenta.

El deseo de la batalla.

Aquello sin lo que Tsubaki, ella misma, no podría atacar correctamente.

La energía de sus dos vigilantes incrementó en un segundo. Orihime pudo sentirlo y se preparó para lo que venía, lista para recibir a sus dos enemigos.

Estoy lista.

Los arbustos cercanos temblaron y dos sombras salieron de él con una velocidad increíble, pero Orihime pudo seguir sus movimientos, su propia velocidad también había incrementado desde la última vez que luchó.

Kurosaki-kun, te enseñaré lo que he mejorado.


"¡Esto la derribará!" Gritó Ten-Ten, quién apareció justo arriba de la pelirroja, y con gran fuerza lanzó las doce agujas que descansaban repartidas en sus dos manos.

Orihime vio a la muchacha y a la docena de agujas que se acercaban en su dirección, y con un movimiento de su mano las tres hadas que antes había invocado deshicieron el escudo y lo volvieron a formar justo encima suyo, cubriéndola una vez más de las peligrosas herramientas.

"¡Bien hecho Ten-Ten!" El grito la tomó por sorpresa y Orihime recordó que se enfrentaba contra dos oponentes, aún quedaba un ataque por detener. Neji apareció atrás de la pelirroja y lanzó directamente su palma cubierta de chakra. "¡Juuken!"

La chica se volteó con gran agilidad y para sorpresa de Neji, logró detener el ataque del joven con un movimiento de sus manos, recordando una de las tácticas defensivas que Tatsuki le había enseña hace algunos años.

"¡Tsubaki!" Gritó inmediatamente, y del pin restante se separaron dos de los pétalos, formando en el aire un hada más. "¡Kouten Zanshun!"

Los ojos de Neji se dilataron al ver lo que sucedía, de uno de los pines de la mujer se desprendió un extraño proyectil, el cuál comenzó a brillar potentemente luego de que la desconocida pronunció sus últimas palabras. Aquella cosa desprendía grandes cantidades de energía, lo cuál preocupó aún más a Neji.

Watashiwa kyozetsu suru!" Y entonces aquel proyectil resplandeciente se disparó en su dirección. Prediciendo lo que venía Neji saltó hacia atrás para intentar evadirlo, pero la velocidad del ataque era extraordinaria, y logró atravesar su hombro derecho.

"¡NEJI!" Gritó Ten-Ten desesperada, corriendo en su auxilio.

El dolor era muy intenso, como si aquella cosa hubiera cortado todo el interior de su hombro. Grandes cantidades de sangre salían de su nueva herida y Neji podía sentir la gravedad de la lesión. El joven ninja llevó su mano a su hombro y presionó con gran fuerza la herida, para evitar que más sangre pudiera abandonar su cuerpo. Era inaudito que aquel pequeño proyectil pudiera causar tan extenso daño.

La cabeza de Orihime comenzó a girar nuevamente, no había tenido tiempo de descansar correctamente al estar siendo vigilada por los dos extraños, y no logró recuperar nada del reiatsu perdido. Y era justo ahora que estaba experimentando el resultado de su falta de energía.

No... debo resistir... un poco más.

Ambas su audición y visión comenzaron a fallar, y su mundo una vez empezó a teñirse de color negro, hasta que finalmente la presión de sus habilidades resultó ser mucha y calló al suelo exhausta.

El gran escudo se resquebrajó en miles de pedazos y el resplandor se desvaneció, las tres puntas salieron volando por separado y cayeron luego tomando la forma de un simple pin para cabello.

Ten-Ten miró incrédula al insignificante pin celeste, y a la mujer que yacía ahora en la superficie, pero un quejido de dolor llamó su atención y finalmente pasó a atender a su compañero caído.

"¡Neji ¡Neji ¡¿Estás bien?!" Preguntó atemorizada, arrodillándose en la tierra al lado de su amigo.

"Me temo que no." Respondió Neji, tosiendo unos pocos de sangre. "Mi herida... es... bastante grave." Añadió con dificultad, intentando levantarse inútilmente, ya que su cuerpo no lo resistió y volvió a caer.

"¡No te muevas!" Le ordenó Ten-Ten. "Debemos llegar cuanto antes a la entrada de la aldea."

Neji asintió y trató de levantarse una vez más, pero la perdida de sangre ya era demasiada para su cuerpo y no pudo resistirlo más. Neji cayó inconsciente.

"¡¡NEJI!!"


TBC