¡Hola! ¡Aquí estoy otra vez! Como ya notaréis, el fic va bastante rápido (saltándose bastante tiempo de una vez), pero creo que para dentro de unos capítulos irá algo más lento. ¡Muchas gracias por los comentarios!

Capítulo III: Oh, no

Durante las siguientes semanas evité a Oliver Wood siempre que podía. De echo, ya habíamos vuelto de las vacaciones de Navidad y aún no me había enfrentado a él. Aunque sinceramente, no estoy muy segura con quién estoy más enfada, con Oliver, por ser un obseso del Quidditch, con Leanne, por insistir en que me estaba enamorando, o conmigo misma, por sorprederme pensando que tenía razón. Pero por supuesto no que no era así.

¿Seguro? Cállate.

Teóricamente estaba terminando una redacción para Snape (de hecho, me estaba saltando el almuerzo para terminarla) en la Sala Común de Gryffindor, pero no era capaz de concertrarme.

- ¡Kates! ¿Tienes un momento? – alcé la cabeza. No pude creer lo que estaba viendo. Oliver Wood estaba allí, plantado delante mía, sonriendo como si jamás se hubiera comportado como un imbécil insensible.

- Wood. – contesté en el tono más frío del que fui capaz. Lo noté visiblemente acobardado. Me sonrió.

Me encanta su sonrisa.

Tiene sonrisa de imbécil.

Tiene una sonrisa encantadora.

Es un tonto insensible.

¡No te metas con él! Aunque es un poco tonto, sí...

Te lo dije.

Ya.

- ¿Qué tal las vacaciones? – me preguntó mientras tomaba asiento a mi lado.

¿Cómo se atreve a hablarme como si nada?

- Las mías han sido bastante normalitas, nada especial y estoy deseando...

¿Se cree que no me acuerdo?

... ¿y tú?

¿Que si le estoy deseando?

¡Pues claro!

Un momento... ¡¿QUÉ?!

- ¡¿CÓMO TE ATREVES OLIVER WOOD?! – chillé con todas mis fuerzas, y sin darme cuenta de que toda la Sala Común nos estaba mirando, salí por el hueco del retrato. Necesitaba relajarme.

- ¡Eh, Katie! – Oh, no - ¿Qué quieres, W- ¡Roger! ¡No te había visto!

- Ey – dijo el chico a modo de saludo – Escucha, Snape te quiere en su despacho, algo sobre una redacción...

- ¡Oh, no! - con el griterío, se me había olvidado por completo la redacción. – ¡Gracias, Roger! – Y salí corriendo hacia el despacho de Snape.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

- Es el peor día de mi vida... – gemí, mientras me dejaba caer en mi cama.

- Oh, vamos, ¿Qué ha pasado? – preguntó Leanne con su típica tranquilidad.

- ¡Castigada! ¡Limpiar todos los lavabos del colegio! ¡Me va a costar la vida! ¡Y sólo porque el tonto de Wood me ha dicho que estaba deseando... deseando... maldita sea! – me levanté de nuevo de golpe.

- ¿A dónde vas? – escuché preguntar a Leanne antes de bajar como una exalación las escaleras del dormitorio de las chicas.

Oliver Wood no me había preguntado si le deseaba, ni mucho menos. De hecho, ahora que lo pensaba sonaba bastante ridículo. Me estaba diciendo que estaba deseando hacer algo y... me perdí el resto de la frase y... oh, no! Le había gritado y... ¡Qué vergüenza!

Llegué a la Sala Común, y un corto vistazo me dijo que Oliver no estaba ahí. Él sólo había querido hacer las paces y yo le insultaba... Tonta. Tonta tonta tonta.

Le encontré en la biblioteca.

- ¿Oliver ? – me acerqué lentamente a él.

- ¿Cómo te atreves Katie Bell? – contestó en una mala y cruel imitación de mi voz. Sentí como me ruborizaba. - ¿Sobre qué quieres gritarme ahora? ¿Respiro demasiado fuerte? – añadió con voz desdeñosa.

- No. – la ira volvía a mí lentamente. – Eres...

- Déjalo, Bell – no pude dejar de notar el uso de mi apellido. – Estoy trabajando en nuestro nuevo plan de entrenamiento.

- Oh, claro, el grandioso Oliver Wood y su grandiosa obsesión por el Quidditch – resoplé. - ¿No sabes pensar en otra cosa?

- ¿¡Y a ti que te importa!? – el tono de la voz de Oliver subió, y a su vez el mío:

- ¡¿Que qué me importa?! ¡¿Que qué me importa?! – moví las manos con rabia.

¡Me importa que te quiero! ¡Que daría lo que sea por que tu obsesión fuera yo!

Demonios, Katie. ¿No es que lo odiabas?

Perdón. Un lapsus. Le odio le odio le odio le odio.

Ya, ya...

- Yo te lo digo. – me interrumpió Oliver - ¡No te importa! ¡Sólo quieres meter las narices en todo! ¡Intento ser amable contigo, que te integres en el equipo...!

- ¡MENTIRA! – chillé. - ¡TÚ SOLO QUIERES GANAR LA COPA DE QUIDDITCH!

- ¡ERES UNA...! – pero jamás llegué a enterarme de lo que Oliver Wood creía que era.

- ¡¡¡¡¡¡FUERA DE MI BIBLIOTECA!!!!!! ¡FUERA! ¡¡F U E R A!!

Pobres oídos míos. ¿Qué le habrán hecho al mundo para que los traten así? Y por fin, las lágrimas que llevaba aguantando desde hace semanas, encontraron la salida de mis ojos y recorrieron mi mejillas.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

- ¿Katie?

- Hmpf.

- ¿Me pasas la mermelada?

- Aja.

- Gracias.

- Mmm.

Últimamente las comidas eran bastante silenciosas. De hecho, las últimas semanas estaban siendo muy silenciosas. Me levantaba por la mañana y bajaba al Gran Comedor sin hablar con nadie, me sentaba junto a Leanne (no sé como la pobre me soporta) sin hablar con nadie, atendía más que nunca en clase porque no hablaba con nadie, bajaba al entrenamiento de Quidditch sin siquiera mirar a nadie, hacía por primera vez en mi vida todos mis deberes porque no me entretenía en hablar con nadie y me acostaba. Así pues, como no hablaba con nadie, sacaba mejores notas que nunca, porque no me podían acusar de estar chivando algo. Pero me moría de aburrimiento.

- ¡Ey, Katie! – levanté la cabeza, sorprendida de escuchar por primera vez en tres largos meses una voz que no fuera la de Lanne pronunciando mi nombre.

- ¡Roger! – Me sorprendí aún más cuando comprobé que no me había quedado muda y (si es que es posible) aún más por el tono jovial de mi voz. - ¿Qué tal?

- Por fin... – escuché murmurar a Leanne a mi lado.