Capítulo 4:

Esperanza

El sol le iluminó en a cara como una luz cegadora. Rinoa abrió lentamente sus ojos. Sintió un peso entre sus brazos. Bajó la mirada. Un brillo azulado no le permitió ver aquello que sujetaba por unos instantes. Cuando la imagen se hizo mas nítida podía ver aquello que tenia en sus brazos. Una espada de mango negro, decoraciones en acero de adamantino y filo de cristal de hielo. Estaba claro, esa no era una espada cualquiera y Rinoa solo había conocido a una persona que la hubiese poseído.

-Lionheart. –susurro perdiéndose en su filo.

Se quedo contemplativa ante la belleza de la espada durante unos momentos hasta que volvió a la realidad. ¿Dónde estaba Squall? Miró a su alrededor; no había dejado mas rastro que el arma. Sintió como una gran angustia la invadía por dentro. Se desesperó. Se levantó como un rayo para mirar a todas partes, dejando caer la espada al suelo que hizo un triste sonido metálico al chocarse contra él. Oyó una voz de hombre llamándola por su nombre. Por un momento pensó que era la suya hasta que oyó que también llamo a Squall. Era Irvine, que venia precedido por el resto del grupo. Selphie se le acerco, tan activa como siempre.

-No los hemos podido encontrar, ¿Y vosotros? –vio que Rinoa no contestaba así que busco a Squall con la mirada para que el le diese una explicación. –¿Donde esta Squall?

Rinoa se tiro en brazos de Selphie y comenzó a llorar. Ya no soportaba mas aquella carga.

Sintió los ojos del resto del grupo clavados en ella. Aunque Rinoa no les había contado lo que había pasado ya sacaban sus conclusiones. Quistis bajo la cabeza, Irvine desvió la mirada maldiciendo por lo bajo y Zell seguía con el rostro pálido observando a Rinoa.

Durante el viaje de regreso Rinoa les contó todo sobre Ziessel, su lanza y como se había clavado, trágicamente, en el pecho de uno de sus compañeros. Nadie pregunto, todos permanecían callados durante relato. Cuando terminó el silencio reinó por fin al completo y no hubo otra palabra durante el resto del viaje. En cuanto llegaron Rinoa se encerró en su cuarto. Los demás preferían no molestar, ya que había sido duro para todos, pero aún mas para ella. Al principio lloraba, pero después simplemente se limitaba a tumbarse en la cama, con la espada entre sus manos y mirarla como si se le fuera la vida en ello. Al tercer día de aquel sufrimiento solitario decidió salir un rato. Fue a la cafetería a comer algo. Se compro un bocadillo, pero cuando se sentó para comerlo, se le quitó el hambre de golpe. Le dio un bocado, ni uno más. Se levantó y caminó hacia su cuarto de nuevo. Por el camino se encontró con una cara familiar.

-¡Rinoa! ¿No estará Squall por aquí, verdad? –pregunto Eleone.

-No –respondió ella sombría.

A Eleone se le puso la piel de gallina al mirarla a sus vacíos ojos, negros y sin luz. Hizo un esfuerzo para continuar la conversación.

-¿Y no sabes donde esta? –preguntó.

-Muerto –respondió mientras seguía caminando.

Eleone se quedo helada al oír aquellas palabras. Rinoa volvió a entrar en su cuarto. De nuevo vinieron imágenes a su mente de lo ocurrido y no pudo aguantar las dos lágrimas que recorrieron sus pálidas mejillas.

Un rato después alguien llamo a la puerta, la primera vez en tres días.

-¿Puedo pasar? –dijo la dulce voz de Eleone mientras abría un poco la puerta.

Rinoa asintió con la cabeza y Eleone entro cerrando la puerta tras de si.

Se sentó al lado de Rinoa y apoyó una mano en su hombro.

-Los demás me lo han contado. –dijo suavemente

Rinoa seguía sin levantar la vista. Estaba sentada en el borde de la cama, mirando al suelo.

-No esta muerto. –dijo simplemente.

Rinoa levantó la vista como un rayo al oír aquello.

-¿Qué... como lo sabes? –alcanzó a decir

-Tu no lo vistes morir. Vistes como le clavaba la lanza, pero en ese momento no cayó muerto. Ademas, no lo encontraste al despertar. Lo mas normal es que hubiera quedado cuerpo, al menos que hubiera ocurrido la pequeñisima posibilidad de que pasase un coleccionista de cadáveres en ese mismo momento. –dijo con una media sonrisa.

Rinoa abrió la boca para decir algo, pero ella tenia razón, al despertar no lo había encontrado. Si estuviera muerto aun estaría allí, pero no lo estaba y los muertos no caminan.

-Esa no es razón suficiente –dijo en un tono indefinible.

-Squall es un caballero de bruja, es tu caballero. Cuando las brujas pierden a su caballero se vuelven oscuras, pierden el control. Yo no veo que eso te esté pasando a ti.

Un brillo de esperanza relució en sus ojos oscuros. Eleone se puso en pie y le tendió la mano. Rinoa no la cogió, se la quedó mirando.

-¿Vendrás conmigo? –pregunto decidida

-¿Adónde?

-A buscarle. Seguro que anda metido en líos, como siempre. –sonrió

Rinoa le cogió de la mano.

-¿Cuándo nos ponemos en marcha? –pregunto la del pelo mas oscuro

-Esta misma tarde. Vete preparando las cosas. –respondió saliendo del cuarto.