MUY IMPORTANTE

MUY IMPORTANTE!! LEEDLO ANTES DEL FIC!!:

¡Hola! Siento mucho el retraso que estoy sufriendo con los Fanfictions, pero es que con los exámenes me he estado matando a estudiar (3º es demasiado difícil TT) y no he tenido tiempo para nada. (sin mencionar mi glorioso sobrecito, que nunca llegó a aparecer, los problemas problemazos que he tenido con internet, y que Deviantart me está chupando mas tiempo que cualquier otra cosa.)

Ante todo; muchas gracias los que me apoyáis en este fic, pues sois los que me impulsáis a seguir escribiendo (ya que vamos... alguien sabe como responder a un review?? Hago click en el link que me llega al correo para leerlos, pero aun no he descubierto como responder a ellos.)

Y aunque esto sea un spoiler, Los que os hayáis encariñado con Shail: no me matéis. Y no, no la ha palmado, no me saquéis conclusiones precipitadas leyendo esto.

Y no preguntéis nada en los reviews sobre este Cáp., porque todavía no tengo muy claras las intenciones de Squall. Me seria muy fácil decir "lo hizo porque estaba aburrido", pero no quedaría muy bien, ¿verdad?

Bueno, ya me dejo de rollos. Arriba FF y abajo los Anti-Squarenix. (Esta fatal, tanto examen le ha quemado las neuronas)

Capitulo 11:

Reverse / Rebirth.

Algún día... el resentimiento y la desesperación se convertirán en fuerza.

Algún día... esa fuerza revelará las verdades mas ocultas.

Algún día... llegará un momento de asueto.

Y en ese día... volveremos a reírnos de las pequeñas cosas.

Un fuerte golpe en la cabeza. Un pequeño gruñido de dolor al recibirlo. Su cuerpo cayendo sobre el frió suelo produciendo un sonido de vacío. Mientras su mente se alejaba contemplo el cuerpo caído a su lado, y sus párpados se cerraron cuando el ultimo rastro de su conciencia abandonaba su cuerpo.

Seifer y Eleone, que estaban esperando abajo, también oyeron el golpe.

-¡Rinoa! ¡¿Estas bien?! ¡Contesta! –gritó Seifer desde debajo de la ventana.

Y no hubo respuesta. El rostro de Seifer se colapsó en una mueca de preocupación, que no tardó en transformarse en una mueca de angustia y desesperación.

Eleone tragó saliva y apoyó su mano sobre su brazo, intentando tranquilizarlo.

Pero este se sacudió su agarre de encima y entró en la casa. Eleone lo siguió.

Se lo encontró de rodillas, frente a una cajonera, rebuscando entre distintos objetos.

Eleone ladeó la cabeza y se arrodilló a su lado.

-Estoy buscando algo que me pueda servir como destornillador. –respondió a su muda pregunta.

Eleone introdujo las manos en el cajón y empezó a buscar también.

-¿Esto puede servir? –preguntó mientras abría una vieja navaja.

Seifer asintió con la cabeza y cogió el instrumento de sus manos para subir la escalera a trompicones hasta el cuarto de puerta cerrada. Eleone no tardó en llegar y se mordió el labio cuando se dio cuenta de que ya no procedía sonido alguno de dentro de la habitación.

Seifer ya había empezado a destornillar la puerta de su marco, pero no le iba muy bien. Estaba muy nervioso, y eso hacía que sus manos temblasen. En resumen; iba a tardar mucho.

Eleone logró una sonrisa forzada y se la dedicó.

-Seguro que está bien. –dijo, intentando infundirle confianza. Podría haber dicho "están" en vez de "está", pero bien sabía ella que a Seifer Shail le importaba un comino, por no decir aún menos que eso.

Tardó un rato, y los ojos impacientes de Eleone clavados en sus manos mientras trabajaban no ayudaron mucho pero finalmente consiguió retirar el último tornillo.

Y al retirar la puerta se encontraron una habitación hecha un caos, pero vacía.

La pequeña lámpara al estilo tiffany, con sus pequeños cristales de colores formando un dibujo que lo asemejaban con una vidriera típica de las catedrales góticas, estaba en el suelo y los cristales se distintos colores que lo formaban se habían partido y esparcido a su alrededor. No había mas luz que la que entraba desde la calle a través de la ventana, cuyas cortinas se estaban moviendo al compás del viento mientras la lluvia se colaba por ella.

Ambos dieron un paso al frente para entrar en la lúgubre habitación mientras sentían la amargura dar pinchazos en la boca de sus estómagos.

···

Abrió lentamente los ojos y parpadeó varias veces, a fin de conseguir una visión algo mas nítida de lo que se encontraba a su alrededor.

Palpó el suelo, frío y de piedra por lo que pudo adivinar gracias a su tacto, mientras apoyaba la mano en él para incorporarse un poco.

Echó un vistazo alrededor con la vista no del todo clara aun.

Seguían el mismo modelo pétreo del suelo las paredes de la estancia –que adivinaba que debía de tratarse de una especia de celda– con una pequeña ventana en una de ellas por la que entraba le fría luz de la luna.

Se llevó una mano a la cabeza, donde sentía pinchazos de dolor. Cerró los ojos con fuerza y tragó saliva mientras se palpaba la cabeza en busca de alguna herida.

Por suerte, no la encontró.

Volvió a abrir los ojos mientras suspiraba aliviada, solo un poco a decir verdad, y echó un nuevo vistazo alrededor.

-¿...Shail? –preguntó, con algo de miedo. La ultima vez que lo había visto estaba tumbado en el suelo, inerte, y no supo si estaba muerto o simplemente inconsciente.

Desde lo más profundo de su corazón deseó que fuera la segunda opción.

-¿...Sí? –tardó algo en responder, pero provocó un suspiro de alivio por parte de Rinoa.

Miró alrededor, a fin de encontrarle. La luz que entraba por la ventana solo alumbraba una parte de aquella celda.

-¿Dónde estás? –inquirió.

-Aquí. –dijo.

Rinoa vio una silueta moverse en la oscuridad y adivinó que sería él. Estaba sentado, apoyado contra la pared donde no llegaba la luz de la minúscula ventana.

-¿Cómo estás? –le pregunto ella, y su entrecejo se arrugó con preocupación.

-Bien... ¿Y tú?

-Magullada pero entera –suspiró.

-Me alegro. –contestó y esbozo una pequeña pero sincera sonrisa en la semioscuridad.

Dereepente, Rinoa se acordó de algo. Introdujo su mano en su húmedo y frío bolsillo –qué se encontraba en ese estado debido a que había salido a intentar escalar la fachada de la casa mientras llovía a cántaros.– y sacó aquel pequeño artefacto de aspecto cristalino unido a una cadena que le había ayudado a llegar hasta la ventana.

-Esto es tuyo... –dijo mientras lanzó el objeto a la oscuridad. Escuchó como este golpeaba el suelo de piedra.

-Magnífica puntería. –dijo con sarcasmo.

-¡Bueno, no es mi culpa que no quieras mover el culo hasta aquí a cogerlo tu mismo...! –empezó, pero se cayó; no quería comenzar una pelea. Era obvio que los nervios de saber que estaba atrapada y la angustia de no tener la certeza de poder salir de allí con vida esta empezando a causar estragos y no estaba dispuesta a dejarse dominar por ellos. Además, la tarea de meterse con Shail había sido de Seifer desde que llegó y no estaba de humor como para arrebatársela.

Shail no le dio mucha importancia a su grosero comentario, ya que la comprendía al también estar con los nervios un poco alterados y, además, le dolía todo el cuerpo, aunque era demasiado testarudo como para llegar a admitirlo.

Rinoa se levantó y, poniéndose de puntillas, echó un vistazo fuera de la diminuta ventana. Miró hacia abajo y vio el mar chocándose violentamente contra el edificio. Pero eso estaba muy, muy lejos de aquella ventana. A tanteo le echó unos sesenta metros de altura a la que se encontraban, pero probablemente podría haber sido más. Shail se incorporó y camino hacia ella, frotándose la mejilla bajo la capucha.

-¿Qué haces? –le preguntó.

-Buscar una forma de salir de aquí. –suspiró y se volvió para mirarle. -¿...qué te pasa? –preguntó, ladeando la cabeza.

-¿A qué te refieres?

-Tu mejilla –dijo, dando un paso hacia delante.

-Ah... me duele un poco. –respondió, frotándola con más insistencia.

-¿Puedo echarle un vistazo...? –dijo levantando la mano hacia su rostro, pero paró al ver el gesto que torcieron sus labios, de una rotunda desaprobación. Esperó que Shail dijese algo, pero no lo hizo.

-Lo siento... –dijo bajando nuevamente la mano.

Se dio la vuelta y volvió a mirar por la ventana, estudiando con detenimiento el paisaje nocturno.

La luz de luna casi llena bañaba su rostro y unas pocas estrellas brillaban en el cielo junto al gran astro blanquecino.

Shail dio un par de pasos hacia ella y suspiró.

-...Puedes. –dijo mirando hacia otro lado.

Rinoa se dio la vuelta y enarcó una ceja.

-¿Perdona? –dijo, pensando que lo había oído mal.

-Puedes –repitió- Ya me da igual... Total, dudo mucho que salgamos de esta con vida... –dijo encogiéndose de hombros e intentando parecer que no le importaba, cuando realmente ya estaba arrepintiéndose de lo que acababa de decir.

Y se hizo el silencio, largo e incómodo.

Rinoa camino hasta situarse enfrente de él y tragó saliva. Sus manos se alzaron temblorosas hacia su rostro, y en las décimas de segundo que tardó en hacer ese gesto se le plantearon miles de preguntas. ¿Por qué se había estando negando a hacerlo con anterioridad? ¿Qué aspecto tendría? ¿Qué aspecto podría haber tenido antes de contagiarse? ¿De qué color serían sus ojos? ¿Verdes, azules, castaños? ¿También habría cambiado el color de sus ojos respecto al que tenía antes de que lo conociera?

Finalmente, las palmas de sus manos descansaron sobre sus mejillas, y todas las preguntas se desvanecieron, dejándole la mente vacía, y no supo que hacer.

Shail alzó sus manos hacía su cabeza y las puntas de sus dedos atraparon el material de su capucha. Una triste y melancólica sonrisa de dibujaba en su rostro mientras lo hacía.

Y aquella tela que le cubría el rostro empezó a deslizarse hacia atrás.

Aquel movimiento, que en realidad fue muy rápido, a Rinoa le pareció una eternidad. Observó como algunos de los mechones de su pelo plateado caían sobre sus párpados cerrados que se abrieron para mostrar unos ojos de color azul cian, un azul electrizante y profundo, que se clavaron en los suyos, un poco asustados por la mirada incrédula que los observaba.

Y a Rinoa le dio miedo lo que sintió... ¿Añoranza? ¿Cómo era posible de sentir añoranza? ¿Acaso ese rostro le era familiar? Sí, sí que lo era.

Deslizó la punta de sus dedos sobre su mejilla izquierda. Estaba enrojecida y el centro ya empezaba a adquirir un color morado. Pero sus ojos no fueron capaces de seguir observándola durante mucho mas y volvió a analizar su rostro con perpetua curiosidad.

Rostro de piel pálida, facciones suaves y no demasiado marcadas, mentón no muy pronunciado, labios mas bien finos y una nariz no muy especialmente grande, ni tampoco muy pequeña, sino acorde con la cara a la que pertenecía.

Debajo se sus ojos había marcada una fina línea amoratada que mostraba claramente el cansancio de estos. Sus cejas también habían adquirido el color de su pelo, pero sus pestañas seguían siendo negras, como el de la mayoría de personas, exceptuando a un pequeños número de rubios que también tenían las pestañas del mismo color.

Su mirada continuó subiendo hasta su frente, pareciéndole más familiar aquel rostro por momentos. Los ojos se le iban humedeciendo poco a poco mientras que sus dedos se deslizaban lentamente desde su mejilla hasta su frente. Retiró con sumos cuidado los mechones de pelo plateados de ella con la punta de sus dedos, tragando saliva temiendo a lo que se encontraría debajo. Una cicatriz diagonal cruzaba el entrecejo de aquel rostro de facciones tan perfectas y familiares para ella.

Cerró los ojos y hundió el rostro en la curva que su cuello y su hombro, exhalando un suspiro en un intento de no sollozar.

-Lo siento... –dijo él, mientras ladeaba la cabeza para apoyarla contra la suya.

Aquella voz aterciopelada y dulce como la miel que ella recodaba se había vuelto más ronca, pero en el fondo seguía sonando igual.

Bueno, 5 páginas! Mi record personal de páginas por capítulo... aunque bueno... si hiciese la letra mas grande seguro que me ocuparía mas... jujuju...

Ah, y última cosa, no me atosiguéis con lo de que he tardado mucho en publicar, que creo que ya me siento demasiado culplable con respecto a eso -/-U