Emmett's POV
No se cómo pude salir del auto pero lo hice. Antes de ver que tan herido podía estar, busqué a Rose. A unos metros estaba ella, en el suelo, manchada de sangre. Tan frágil. Quería correr pero tenía una pierna lesionada. La obligué a funcionar. No importaba si quedaba cojo de por vida pero tenía que salvarla.
-Rosalie – la llamé pero no respondió – Rosalie – insistí.
Al verla así, saqué la última fuerza que me quedaba y me arrastré hacia su lugar. Tenía muchos cortes y golpes en su hermoso rostro. Su boca estaba llena de sangre y su mirada estaba perdida. Pero no estaba muerta. Tenía pulso y respiraba con dificultad.
-Quédate conmigo amor – le supliqué. Esto no podía estar pasando. Daría lo que fuera por estar yo así en lugar de ella…- Rosalie – pero entonces cerró sus ojos.
Un frío recorrió mi espalda y se posó en mi pecho. La tomé inútilmente y la abracé.
-Rosalie amor despierta…Rose…¡Rose! No me dejes sólo…aquí…sin ti…- la sacudía mientras mis lágrimas caían sobre su cara – Maldita sea despierta por favor…despierta.
La sirena de la ambulancia y los bomberos se hizo presente.
-Cayeron por el barranco. Tratamos de esquivarnos mutuamente… Creo que eran dos. – decía un tipo.
-Rose, llegaron…Rose despierta… vamos pequeña… nos vienen a salvar… - la besé para despertarla como lo había hecho cientos de veces.
-¡Ahí están! ¡Necesito dos camillas! ¡Y un equipo de resucitación! – la voz se acercaba cada vez más. – Señor, venimos por ustedes. ¿Alguien más venía en el auto?
Pero no pude responder. No quería dejar de despertar a mi esposa.
-¡Señor! – insistía el tipo, de pronto tenía sus brazos sobre los míos, zafándome del cuerpo de Rose.
-¡Suéltame imbécil! ¡No! – pero yo estaba herido y no tenía fuerzas. Me sacó de ahí con facilidad. Luchaba inútilmente. Quería volver. Mi Rose estaba ahí tirada en el suelo muriendo…
-Posible reanimación…¡Rápido! – gritaban dos tipos acercándose al cuerpo de Rosalie.
-Sálvenla…sálvenla por favor…- rogaba mientras me subían a una camilla. Me adentraron a la ambulancia y cerraron las puertas. Recuerdo haber hecho mi último esfuerzo por escapar pero entonces mi vista se nubló.
Desperté en una sala blanca. Tan blanca que dolían los ojos. Estaba confundido. Miré por todos lados y pude identificar el hospital de Seattle. Entonces recordé todo.
-¡Rose! – intenté pararme pero una punzada fuerte en mi pierna me lo impidió. La enfermera llegó a mi lado intentando subirme de nuevo.
-Quédese quieto señor. Tiene una fractura en la rodilla.
-¡Quiero ver a Rose! – gritaba.
-Después… ahora debe descansar.
-¿Descansar? Usted está loca. ¡Rosalie! ¡Rose amor ¿dónde estás?!
-Señor debe descansar.
-Estoy bien. Sólo tráigame un maldito bastón. – dije furioso. La enfermera me hizo caso.
-Lo llevaré con el doctor. Apóyese en mí. – se compadeció la mujer y me ayudó a caminar.
-No quiero ver al doctor, quiero ver a Rose… - supliqué.
-El doctor le dirá como está. – decía amablemente. Me sentí un torpe al tratarla así.
-Gracias y disculpe por gritarle hace un momento.
Entramos en una oficina color crema pálido. Y hablando de pálidos, el doctor le ganaba a la habitación. Era el hombre más blanco que había visto jamás. Era muy rubio, y sus ojos eran extraños, de un color que nunca había visto en otro ser humano.
-Buenas noches, usted debe ser Emmett. Soy el doctor Cullen y estoy atendiendo a su mujer.
-¿Cómo está ella?...enfermera ya puede dejarme, estoy bien.
-No. Siéntate será mejor.
-No quiero sentarme. Doctor dígame cómo está Rose por favor.
-Emmett, tuvieron un accidente muy grave. Rosalie sufrió una fuerte contusión en la nuca y …
-¡¿Y qué?! – grité moviéndome y casi botando a la pobre enfermera que aún me sostenía.
-Ella está en coma. No sabemos si despertará…
Coma…esa palabra me retumbó en la cabeza, golpeándome los sesos y mis cinco sentidos. La enfermera tuvo que hacer un esfuerzo doble para sostenerme.
-Vamos a la habitación. Te daré un calmante.
Estaba en shock y no pude articular una palabra. Sólo la seguí. Me senté en la cama mientras miraba la nada misma. Coma. La palabra se repetía como un eco en mi cabeza. Me recosté en la camilla, incapaz de poder seguir en pie. La mujer se disponía a inyectarme un calmante. En eso llega el doctor de nuevo.
-Yo lo hago- decía mientras le sacaba la aguja de las manos a la enfermera. Esta se fue.
Me puso un elástico en el antebrazo y lo apretó muy fuerte. Entonces me pinchó el sedante. Antes de que sacara el elástico para que la droga hiciera efecto en mí, lo tomé del brazo.
-Sálvela – fue lo que alcancé a decir antes de que el elástico fuera sacado. Entonces descansé. Y todo dolor, físico y mental, desapareció. Por ahora.
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Ya saben gente!! REVIEW! O si no al log: www. Fotolog. Com/ rosemmett_mtz (sin espacios)
Ahí hay unos blends de la novela! Un beso
