TEMA RECOMENDADO PARA ÉSTE CAPÍTULO: (copien lo siguiente en youtube)

Titanic- Titanic Symphony

(la primera que les salga)

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Emmett's POV

Creí que al verla me sentiría mejor, pero la imagen de ella en esa cama, me destrozaba el alma. Cerraba los ojos y sólo la veía a ella. Las imágenes del accidente se me repetían en la mente, torturándome. Culpándome.

-Tiene visitas. – me avisó la enfermera de turno.

-No quiero ver a nadie.

Pero mis palabras no sirvieron de nada. La madre de Rosalie se asomó por la puerta y caminó con su aire de grandeza y hostilidad.

-Déjenos solos. – le ordenó a la enfermera pero sin dejar de mirarme.

Una vez solos se acercó a la cama y miró mi yeso detenidamente por todo un minuto. Luego me miró a los ojos, muy seria.

-Un yeso…- y guardó silencio por otro minuto más mirando a la ventana – y ella está muriendo.

-Señora—

-¡Un yeso imbécil! ¡Ella está en coma y tú sólo tienes un maldito yeso! – me gritó.

-Ella se pondrá bien…- susurré.

-Tú deberías estar ahí… no ella. Nunca fuiste lo suficientemente bueno para Rosalie.

Y era cierto. Yo era un joven de pocos recursos. Todo lo que tuve lo gané por las becas de deporte. En cambio Rosalie siempre tuvo dinero gracias a su padre, que mantuvo económicamente a su familia, pero que nunca estuvo presente.

-¡Yo la amo señora!- le respondí finalmente.

-Eso no es suficiente. ¿Cómo pensabas mantenerla? ¿Con el sueldito de un profesor de literatura?

Ella nunca estuvo de acuerdo con nuestra relación. Siempre intentaba emparejarla con tipos adinerados. Pero ninguno la llegaría a amar ni la octava parte de lo que yo lo hacía.

-¡Usted nunca la quiso! ¡Admítalo señora Hale! Usted sólo quería que ella se casara con algún tipo adinerado para que pudiera mantenerla por siempre…

-¿Cómo te atreves a cuestionar lo que siento por mi hija?

-¡Me atrevo! Puedo asegurarle que ni su padre está acá. Está más preocupado de la bolsa que de lo que pueda pasarle a su hija. Y usted… ¡ni siquiera sabía reconocer cuando su hija estaba triste! ¡Yo la conozco mejor que usted!

Nuestros gritos por supuesto llamaron la atención del personal del hospital. Dos enfermeras llegaron corriendo a mi habitación.

-Señora retírese por favor – le pidieron a mi suegra.

Ella me miró por última vez con ira en sus ojos y se fue. Una de las enfermeras la siguió y la otra se quedó conmigo.

-¿Estás bien?

-Si… al menos físicamente. ¿Cómo amaneció Rose? – le pregunté a la enfermera que se había convertido en una confidente para mí.

-Sigue igual. No ha mejorado ni empeorado. – decía mientras revisaba mi pulso. – Creo que ésta tarde te daremos el alta. Sólo tienes que cuidarte la pierna y fijarte si no tienes algún mareo.

-Yo estoy bien… Pero esa mujer tenía razón. Yo debería estar en el lugar de Rosalie. Ella no se merece esto…- se me quebró la voz.

La enfermera tomó mi mano y me sonrió amablemente.

-Tranquilo…

Se disponía a marcharse para dejarme solo pero la detuve. Tenía que agradecerle por todo lo que había hecho por mí.

-Espere…

-¿Sí?

-Gracias… por todo, señorita….. – lo dejé libre para que dijera su nombre.

-Nicole. Y … de nada. Me imagino por lo que estás pasando. El doctor Cullen es muy bueno. Estoy seguro de que la salvará. El hará todo lo humanamente posible.

-Eso espero. ¿Él está aquí ahora?

-Sí…

-¿Podrías llamarlo?

Ella sólo asintió y se fue. Al menos tenía el apoyo de alguien. La única familia que tenía era un hermano menor que estudiaba en Florida. Ni siquiera sé si se enteró del accidente, así que no lo culpo que no esté acá. Además vino para mi boda y se fue inmediatamente ya que no podía dejar sus clases.

-Quería hablar conmigo…- interrumpió mis pensamientos una voz conocida. Me sobresalté porque no lo oí entrar.

-Doctor Cullen, ¿Cómo está Rose? – le extendí mi mano para saludarlo.

-Sigue igual hijo. – me devolvió el saludo de la mano y me estremecí. Estaba tan helada. – Lo siento… la calefacción de mi oficina está mala.

-Doctor Cullen por favor, si hay algo que yo pueda hacer… Si Rose necesitase cualquier cosa, un riñón, un pulmón o incluso… incluso un corazón. Doctor, yo daría todos mis órganos con tal de que ella viva.

El me miró con compasión. Ahora pude verlo bien; el otro día me encontraba demasiado alterado. Su belleza era sobrehumana. Su voz era como el de un tenor, melódico. Me pregunto qué métodos quirúrgicos se habrá hecho. Es imposible tener ese aspecto sin haberse hecho algo.

-Emmett, no se trata de los órganos. Están dañados pero no para sustituirlos. Ella perdió mucha sangre la cual la alcanzamos a reemplazar con facilidad. Pero tuvo una fuerte contusión en la nuca seguida de un TEC abierto. Esa noche que llegaron tuvimos que operarla de inmediato. Aún así su estado no ha mejorado. Es difícil saber si despertará.

Sus palabras me dolieron. Se supone que él era el mejor doctor y aún así no sabía si mi Rose despertaría.

-Doctor, tiene que salvarla, no importa el precio, no importa lo que tenga que hacer. Sálvela. Ella merece vivir.

-Hijo…

-¡Doctor! Por favor, prométame que hará todo lo inhumanamente posible.

Él se me quedó mirando de una forma compasiva. El silencio me atormentaba.

-Te prometo que haré todo lo que sé hacer para salvarla.

-Gracias.

Y se marchó con su paso ágil y sincronizado. Era extraño pero de alguna forma él me había dado una esperanza única. Me hizo sentir que ella estaría bien.

-Te vengo a dar el alta – llegó Nicole con sus pasos, los cuales me parecieron torpes en comparación con los del doctor.

En una hora ya tenía los papeles firmados y estaba listo para marcharme. Obviamente no lo haría. Tenía que quedarme ahí para saber el estado de Rose. Me senté en la sala de espera y al rato llegó la madre de mi esposa. Se sentó al otro extremo con una taza de café en sus manos. Me dirigió una mirada enojada y tomó un sorbo.

La espera se hizo infinita. Pasamos muchas horas allí. Por supuesto, mi suegra, se iba cada tantas. Se excusaba con que tenía trámites que hacer, pero cuando volvía, traía ropa cambiada, peinado nuevo e incluso se daba el lujo de maquillarse. Ella no quería a Rose, eso lo sabía. Para ella nunca fue importante, nunca la amó de verdad. Sólo era como su "devolución de dinero" por el tiempo y gastos invertidos. Mientras Rose se casara con un tipo adinerado, ella sería feliz. Por eso tuvimos que esperar tanto tiempo para casarnos con Rosalie. Si no, ya hace años que ella sería mi mujer.

Ese día me quedé hasta el anochecer. Nunca me iba a ir si no era con mi esposa. Era de noche y decidí darme un descanso y comer algo. En la cafetería me encontré con la enfermera que se supone que estaba de turno en el pasillo donde estaba la habitación de Rose.

-Disculpe… pero usted es la enfermera de turno del pasillo tres.

-Si soy yo. – respondió mientras se acercaba al mesón.

-Si usted está aquí… ¿quién está pendiente entonces? – pregunté un tanto enojado.

-El doctor Cullen. Él me pidió un café mientras veía el estado de los pacientes. Es muy profesional y siempre hace rondas cuando puede.

-Oh perfecto. Gracias - contesté notoriamente más aliviado.

Me relajé y tomé mi café tranquilamente. Lo único que vendían a esas horas de la noche. Al terminarlo me dirigí a mi lugar. En la silla del pasillo tres. Me iba a sentar cuando siento a alguien salir de la habitación de Rose. Por un momento me ilusioné con la idea de que fuera ella pero en vez de eso salió de ahí el elegante doctor Cullen.

-¿Todo bien doctor? – pregunté al ver su expresión de preocupación.

-Si, sólo hago un procedimiento rutinario. – dijo marchándose. Su expresión no me gustó para nada. Me hizo sentir peor de lo que ya estaba.

Entonces me empecé a cuestionar… algo que no quería pensar. ¿Qué pasaría si ella no vive? No podía imaginarme la vida sin Rosalie. Ella es todo… es mi mundo. Sólo la imagino a mi lado, con su pelo canoso, sentada en su mecedora. Sonriéndome, recordando nuestra vida… cuidando a los nietos. Ese era el único recuerdo que veía en nuestro futuro. No la muerte. Al menos no de ésta forma.

Pero era imposible no cuestionárselo. Mi cabeza automáticamente se bajó. Mis ojos estaban llorosos y no quería que nadie me viera así. Entonces siento a alguien pasar por mi lado.

-Doctor, no lo oí llegar. – me asusté ya que no lo sentí.

-Voy a dar una última vuelta a ver cómo sigue. – me dio una palmada en el hombro. Yo estaba con polera así que pude sentir nuevamente su fría mano. Pobre tipo. Deberían arreglarle la calefacción de la oficina.

Pasó un rato y me sentí nervioso. El doctor aún no salía de la habitación. ¿Y si había mejorado? Quizás le está administrando algún remedio que la haga sentir mejor. O despertar.

Mis ilusiones volaron. Me permití soñar con la idea de ver a Rosalie una vez más sonriendo frente a mí.

El doctor por fin salió. Su expresión era seria. Parecía una estatua de mármol. Se sentó a mi lado en la misma posición que la mía.

-Señor Mc Curty, el accidente fue muy grave. – me asusté inmediatamente. – Salir del coma en su estado es algo que es casi imposible. La contusión fue muy fuerte y tenía daños internos muy graves.

-Al grano doctor…- lo apuré. Ahora si que estaba realmente asustado.

-Ella no sobrevivió Emmett. Rosalie murió.

El aire me faltó. Lástima que eso no me mató porque eso es lo que yo quería en esos momentos. Morir. Mi mundo dejó de girar. Quería pensar que todo esto era una pesadilla y que Rosalie me despertaría con su hermosa sonrisa. Pero no lo era. Y ella nunca más me sonreiría así. Nunca más la vería.

-Emmett, es mejor que vayas a descansar. Yo hago el papeleo necesario.

Pero no le respondí. No encontré la fuerza ni el aliento para hacerlo. Mi respiración se aceleró y las lágrimas empezaron a recorrer mi rostro. El doctor había desaparecido de mi lado. Ni siquiera lo noté. Todo a mí alrededor era negro. Sólo podía ver oscuridad. La única mujer a la que había amado en toda mi vida, ya no existía.

-Emmett – me llamó una voz que no pude reconocer.- Me acabo de topar con el doctor Cullen. Lamento mucho que ella haya muerto.

Levanté mi rostro casi por un acto de reflejo y vi al único apoyo que tenía en esos días: Nicole.

-Ella…ella. – pero el llanto me impidió seguir hablando. Ella se acercó y me abrazó.

-Tranquilo. – decía mientras me sobaba la espalda. Pero no le podía hacer caso. No podía estar tranquilo.

Dos días pasaron y el funeral se llevó a cabo. El doctor Cullen insistió en que el rostro de Rosalie había sufrido cambios debido a los moretones y que cuando murió no se pudieron sanar, por ende era mejor mantener su ataúd cerrado. Y así fue. Sólo me despedí de ella a través de una tabla de madera. Todos nuestros amigos asistieron, o eso me dijeron. No recuerdo bien las caras que vi ese día. Ni siquiera las tantas indirectas que me lanzó la madre de Rosalie. Sólo recuerdo ver la tumba de Rose. Le lancé una rosa roja antes de que el primer montón de tierra cubriera el agujero.

El único lugar que tenía para quedarme era la casa que habíamos comprado juntos. Era una tortura entrar y no verla, después de las tantas veces que la imaginé esperándome en la puerta luego que yo llegara de trabajar.

La casa estaba amoblada al estilo de Rosalie. Ella eligió todo. Y casa mueble, casa azulejo, cada cortina me recordaba a ella. Todos los malditos días.

Y así pasó el siguiente mes. Dejé de trabajar, dejé de intentar vivir normalmente. Dejé de torturarme y me hice amigo de la única cosa que me hacía olvidar el dolor: el alcohol. Tomaba día y noche. Cuando estaba inconsciente al menos no sentía ese agujero que se había instalado en mi pecho. Cuando dormía, solo en aquella gran cama que sería nuestra, siempre despertaba abrazado a la almohada. A veces me permitía pensar que ella estaba ahí. Me engañaba a mí mismo y tenía un par de minutos de felicidad en mi negro mundo.

Mi hermano no venía mucho. Sólo llamaba de vez en cuando y siempre fingía estar bien para no preocuparlo. Nicole también llamaba cuando su turno de enfermera se lo permitía. Hacía lo mismo, fingir que estaba bien. No quería ser una carga para nadie. Nunca más vi a mi suegra por supuesto. Ella siguió con su vida como si nada. Supe por ahí que se casó con un viejo adinerado. La última vez que la vi fue cuando pasé a su casa sin su permiso y tomé las cosas de Rose. Me traje su ropa y sus cosas, como fotografías. Las miraba cada día y las lágrimas me dominaban al verlas.

Estaba viviendo un infierno y no tenía idea de cómo salir. En realidad nunca quise salir. Al menos en ese infierno, había momentos de felicidad. Momentos en que pensaba que ella estaba allí, mirándome. Cuando olía su ropa. Era un infierno, pero era mi infierno. Y no quería salir de él.

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Lo seeeeeee! Tranquilos! Jajaja… no se me aceleren… antes de dejar un review amenazándome por matar a Rosalie…! Esperen…!! El próximo capítulo es CRUCIAL!