CANCIÓN RECOMENDADA: carry you home – james blunt
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Rosalie's POV
Debo haber muerto. Si, era la única explicación. ¿Pero qué hice de mal para llegar al infierno? Las llamas me quemaban a fuego lento. Y lo peor es que no podía moverme. No se cuanto tiempo estuve así. Pero decían que tenía que ser una eternidad así que sólo me rendí a las llamas del infierno. Estaba tan consciente de cada quemazón, de cada momento. Poca a poco empecé a contar los minutos y segundos en mi cabeza. El dolor por fin empezó a cesar. Al menos mis manos y pies no ardían. Pero sabía que podía volver el cualquier momento, así que jamás sentí alivio. Me puse a pensar en cada momento de mi vida en los que pude haberme equivocado o haber hecho algo tan malo como para merecer esto. Pero nada. ¿A caso amar a alguien con todas las fuerzas de tu existencia es pecado? No lo creo. Algo andaba mal. Quizás Dios se equivocó y ahora me venía a rescatar del infierno, pues sólo sentía el ardor en mi corazón. Un día, al fin se detuvo. El dolor ya no estaba y me sentí preparada para ir a cielo.
-¿Rosalie? – dijo una voz angelical. Si, por fin estaba en el cielo.
Abrí los ojos lentamente y esperé encontrarme con lo que todos dicen: nubes, ángeles, el paraíso. Pero en vez de eso me encontré con un techo de madera, perfectamente lijado. Lo más extraño es que parecía tener un microscopio en los ojos, ya que podía ver cada detalle de cada astilla. Además podía escuchar todo a mi alrededor. Sentía la brisa de los árboles. Incluso un auto a una distancia de aproximadamente un kilómetro.
-Rosalie, querida ¿estás bien? – volvió a hablarme aquella mujer. Me levanté demasiado rápido y vi a la mujer más hermosa. Tenía cabello castaño y ojos de un dorado intenso. Su tez era blanca y perfecta. Ninguna arruga o imperfección. Se acercó a mi con un paso delicado y fino. Como si bailase hacia mí.
-¿Quién eres tú? – me salió hostil. No quería serlo pero fue casi un instinto.
-Soy Esme.
-¿Y dónde estoy? – pregunté confundida al ver que esto no se parecía al cielo.
-Estas en mi casa. Soy la esposa del doctor Cullen, el que te atendió luego del accidente.
Doctor. Accidente. El auto destrozado…¡Emmett!... Recordé.
-¡Emmett! – me moví en dirección a la puerta con una agilidad asombrosa. Todo era tan fácil. Pero si yo era ágil, aquella mujer también.
-Espera – me tomó del brazo deteniéndome. Un gruñido salió de mi pecho. Fue contra mi voluntad.
-Lo siento – dije avergonzada, pero ella no pareció ofenderse con mi gruñido. Es más, en sus ojos solo veía compasión y ternura. – Emmett Mc Curty es mi esposo. Él estaba conmigo el día del accidente.
-Lo se. Él está bien. No te preocupes querida. – y así fue. Al menos él estaba bien. Aunque sigo preguntándome si yo estaba viva o muerta.
-¿Estoy viva?
Ella sonrió amablemente y me tomó de la mano guiándome a otra habitación. En ella había una alfombra color rojo intenso. Podía ver incluso las pelusas microscópicas en el aire. Había un gran espejo al final de la pieza. Tenía un marco dorado y se notaba que era antiguo pues podía ver la madera desgastada ligeramente.
Esme me condujo hasta el espejo y se movió un paso hacia el lado. Entonces me sorprendí.
-¿Quién es ella? – dije apuntando a la hermosa mujer del espejo, la cual hizo lo mismo que yo.
-Eres tú Rosalie.
-Imposible – dije tocando mi rostro. Era suave como el mármol. Mis ojos azules habían sido reemplazados por unos rojo escarlata. Mi cabellera rubia terminaba en unos hermosos rizos perfectamente armados. Y mi piel, lucía cómo el azulejo, lisa y perfecta. Era pálida cómo el papel y bajo mis ojos habían grandes ojeras, pero que no me afeaban, al contrario, contrastaban. Mi cuerpo era más esbelto y parecía una modelo, incluso mejor que aquellas que están en las revistas. Toqué el espejo para ver si no era alguna broma de mal gusto pero cuando toqué el cristal me sorprendí de nuevo. Era yo. Distinta pero era yo.
-¿Qué me hizo el doctor? – fue lo primero que pensé. Quizás me había operado o algo. Además creo que estaba enferma. Quizás amigdalitis o algo. Tenía un terrible ardor en la garganta.
-Rosalie, hay algo que tienes que saber. – dijo parándose frente a mí, pero yo seguía viéndome al espejo. No podía creer lo que veía. – Esto quizás es muy distinto a las historias que hayas escuchado de nosotros anteriormente. El motivo por el cual estás así es que Carlisle decidió salvarte la vida de una forma que sólo nosotros conocemos.
-¿hicieron algún experimento conmigo o qué? – deduje.
-No. Rosalie – pensó un momento - ¿qué sabes tú de los vampiros?
Eso atrajo mi atención en un cien por ciento. Me volteé para verla mejor y mirarla a sus hermosos ojos dorados. No entendía por qué yo no los tenía.
-Bueno, lo que todos saben. No salen a la luz del sol porque se vuelven cenizas. Tienen colmillos y se transforman en murciélagos. Se comen a los humanos… No sé, cosas así ¿a qué viene eso?
-No salimos a la luz del sol porque brillamos de una forma sobrenatural. No tenemos colmillos, pero si nuestros dientes son más fuertes que el de cualquier animal sobre la tierra. No, definitivamente no nos transformamos en murciélagos. Y por último, no cazamos humanos. Al menos nosotros no.
¿Escuché mal o dijo "nosotros"? Por qué hablaba como si ella fuese un…
-Vampiro. – terminé de decir.
-Así es. Eso es lo que somos. Eso es lo que eres ahora. – dijo acercándose a mí.
Estaba muy confundida. Esto era una broma de mal gusto, o un sueño, bueno, pesadilla. No lo sé. Pero no podía ser verdad…
-Ven, te llevaré a cazar – me extendió la mano.
-¿Cazar? Yo no se cazar… nunca he usado una escopeta en mi vida.
Ella rió amablemente y pasó su brazo por mi hombro. Me guió hasta la puerta, no sin antes mirar el cielo detenidamente.
-Si, creo que no tendremos sol por hoy. Por eso me gusta Washington. Bueno, a lo que vinimos… te llevaré a un buen lugar donde caces algo bueno cómo tu primera comida.
-Pero ya te dije que no se cazar…
-Será puro instinto querida. Sígueme.
Ella se lanzó a correr a una velocidad increíble. Por miedo a quedarme sola y perder de vista a aquella amable mujer, la seguí, y para mi asombro, yo era muy rápida también. Incluso más que ella porque la alcancé y pasé en el acto.
-¡Wow! – me sorprendí.
-Eso no es nada. – sonrió. Luego de correr por cinco minutos aproximadamente, ella se detuvo. Olfateó y sonrió. - ¿hueles?
La imité e inhalé profundamente. Mi garganta empezó a arder aún más. Pero mi mente ya no lo asoció más con una amigdalitis. Era sed… una sed tan fuerte que me reclamaba ser saciada. Y el aroma que percibía era la solución.
Por un momento olvidé todo. Me puse en posición de ataque y me largué a correr en dirección de aquel aroma. En los ratos de claridad que tenía me sentía como una mujer primitiva acechando a su presa. Y eso hacía. Divisé un alce. Podía sentir su corazón y la sangre fluyendo por sus venas. Me escondí detrás de un árbol y cómo si lo hubiera hecho durante años, lo ataqué. Lo embestí como un predador salvaje. Mi boca casi actuó por instinto, posando mis fuertes dientes en su cuello. Luego succioné y succioné hasta que mi garganta se calmó. Era un verdadero balde de agua fría en una hoguera.
Cuando terminé, dejé el cuerpo a un lado, y cuando por fin tuve ciento por ciento de claridad humana, me horroricé al ver lo que había hecho.
-¡¿Qué he hecho?! – me miré las manos sucias. Me sentí ligeramente mareada.
-Eso se llama cazar, y lo has hecho muy bien. – dijo Esme a mi lado ya.
-Pero yo no quería… algo me dominó. – exclamé.
-Eso es porque eres una neófita. Los vampiros nuevos suelen comportarse así. Tus instintos pueden ser peligrosos, por eso es que debes mantenerte en casa por una temporada.
-Pero quiero ver a Emmett… - supliqué.
-Tendrás que esperar querida – dijo extendiendo una mano para que me levantase – Podrías matarlo si lo ves ahora.
-¡¿Cómo voy a matar a mi marido?! – me levanté sin su ayuda, mirándola con rabia. Eso también fue instintivo. – Lo siento… no quise.
-Eso es otra cosa… los cambios de humor repentinos…Te iré contando todo sobre nosotros. Paciencia querida, paciencia.
Nos fuimos el resto del camino conversando. Ella me contó sobre lo que yo era ahora. Un vampiro. Me habló de los neófitos, de la forma de cazar que tenían ellos. De los peligros que yo presentaba ahora. Todo eso me pareció carente de importancia al pensar en que mi Emmett estaba por ahí sin saber de mí. Quería verlo pero después de todo lo que me contó Esme, no me arriesgaría. No aún. Ya llegará su tiempo para vernos.
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NO SABEN LO AGRADECIDA QUE ESTOY POR SUS REVIEW! ME ENCANTA VERLOS ASI DE ENGANCHADOS CON LA HISTORIA.. Y BUENO… LO MEJOR ESTÁ POR VENIR!! Hay una sorpresa más……………..
