Emmett's POV
La única solución era matarme. Así estaría al lado de mi ángel eternamente. Me arrodillaría ante Dios y sería su esclavo eternamente si me dejara estar en el cielo siendo un suicida. Todo con tal de estar al lado de mi Rose.
El filo del vidrio nunca tocó mi cuello. A contraste, unas frías manos se posaron en mis muñecas y el más dulce olor que jamás sentí me rodeó. Tenía el rostro de Rosalie a centímetros del mío. Su expresión era de terror pero no opacaba la hermosura increíble que poseía.
-Así no funcionan las cosas – Rosalie me habló a la misma distancia. Su aliento lo respiré cómo si fuera el único aire del planeta. Deliciosamente adictivo. Me acerqué a ella queriendo besarla. Si podía sentir sus manos, significaba que esto no era producto de mi locura.
El roce de sus labios con los míos me supo a gloria. Pero entonces ella se alejó demasiado rápido como para haberla detenido. No me di ni cuenta cuando ya estaba apoyada de nuevo en el marco de la puerta.
-No… - dijo con su angelical voz, la cual me parecía de soprano en comparación con la mía.
-Lo siento… ahora que eres un ángel es obvio que no soy digno de ti. – me sentía inferior ante ella, ante su belleza, ante su dulzura.
-¡No! ¡No vuelvas a decir eso! – se exaltó mi ángel. Me sentí un idiota por haberla hecho ponerse así, incluso aunque lo que dije yo era verdad.
Nos quedamos mirando por un largo rato. No podía dejar de ver su hermosura. A pesar de que nunca había visto un ángel antes en mi vida, podía decir fácilmente que ella era la más hermosa de todos. No había nada más bello en éste mundo que Rosalie.
-Debes salir de acá Emmett – interrumpió mis pensamientos con su dulce voz.
-No puedo salir. Todo en ésta casa me recuerda a ti. Es la única forma que tengo de poder estar cerca de ti.
-Pero no te hace bien. Emmett – dijo acercándose un paso – debes dejar el alcohol.
-¿Y si es el alcohol el que me hace verte? Si esto es una alucinación producto del exceso de trago, feliz tomaría toda la vida con tal de verte cada noche.
Ella se exaltó nuevamente tomando mis muñecas con fuerza. Movió mis manos hacia su perfecto rostro.
-¡Soy yo Emmett! ¡Soy real! ¡No estás alucinando!
Me quedé con mis manos en su helado rostro. Era suave, y perfecto. Recordé las tantas veces que mis grandes manos sujetaban su pequeño rostro para besarla tierna o apasionadamente.
-En verdad eres tú amor – concluí. Saqué mis manos de sus mejillas, no sin antes rozar mi pulgar con su pómulo derecho. Ella giró su rostro hacia ese lado y cerró los ojos, extrañando tanto como yo los momentos vividos.
-No sabes lo mucho que te he extrañado. Las noches se hacen eternas sin tus abrazos. Mi…corazón se ha vuelto piedra, pues tu sonrisa no lo hace palpitar Emmett. – escuché las campanas del cielo nuevamente saliendo de su boca.
Una lágrima traicionera me recorrió la mejilla. Me la saqué rápidamente pero fue tarde. Ella se dio cuenta y la tristeza misma se posó en su bello rostro.
-Estoy bien… no te pongas así. Es sólo que…- no encontré las palabras para expresarle lo que sentía en esos momentos. Ninguna palabra era suficiente para contar la máxima esperanza que sentía.
-Emmett, hay algo que debo decirte. – Su expresión era de miedo. No quería seguir preocupándola así que la interrumpí.
-No importa. No importa nada. Sólo importa que tú estés acá. He vuelto a la vida Rose.
-Emmett tengo que decirte esto.
-Rose, no sabes cuánto anhelé el día en que te volvería a ver. – la interrumpí nuevamente. Había tanto que quería decirle. – Es más, fui a tu casa y saqué tus cosas de tu habitación.
Me iba a dirigir al mueble que estaba al otro lado de la pieza pero el alcohol que estaba desparramado en el suelo hizo que me resbalara. Al caer, por un impulso puse mis manos en el suelo, o sea, sobre los pedazos de vidrio que estaban de la botella que rompí.
-Mierda. – me quejé por el dolor. Miré hacia donde estaba Rosalie y ella tenía una expresión de terror en sus ojos. Su garganta se veía tensa y tenía los puños apretados.
Por un momento pensé que dejó de respirar. La sangre empezó a correr por mi mano y ella al ver eso se dio vuelta. No recordaba que le tuviera miedo a la sangre cuando era humana.
-No te vayas… - le supliqué. -No me dejes en éste mundo. Sin ti.
Ella aún de espaldas y con la mano en la puerta, exhaló sonoramente.
-Volveré si me prometes no volver a tocar una gota de alcohol.
-Pero…
-¡Promételo! Debo irme ya…
-Lo prometo… pero vuelve.
No respondió. Solo se marchó. Pero cumpliría su condición. Antes me disponía a beber todo el alcohol del mundo con tal de verla, pero ahora haría todo lo contrario.
Tenía miedo de ir a dormir. No quería perder la lúcida imagen que tenía de Rosalie en mi mente. A pesar de haberla tocado y olido, aún tenía dudas sobre si ella fue un sueño o alucinación. De todas formas lo descubriría mañana por la noche, cuando ella vuelva a bajar del cielo para verme.
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Ternura máxima! Tengo el corazón palpitándome a mil por hora por escribir éste capítulo. Por fin tuvieron su primer encuentro real! Pero Emmett piensa que ella es un ángel. Pero no se preocupen.. tarde o temprano Rose le tendrá que decir la verdad sobre ella y Elliott.
¿Les gustó el nombre? Una chica le achuntó jajaja! Pero era con dos "t" para que fuera parecido a Emmett!. Un beso chicos! Y gracias por leer!!
