Owww… toda cosa tiene su triste final, y el de éste fic ha llegado. Aunque no es para nada triste xD salvo si eres hiper-fan del IchiHime, porque la cosa degenerará en CAOS. Gente, no tengo mucho que decir, solamente dar las infinitas gracias a todos quienes leyeron alguna vez esta historia, a quienes dejaron reviews, a quienes leyeron y no dejaron ni una cuestión, a quienes se acordaban de este fic a lo largo del año en que estuvo en hiatus y a los nuevos lectores que se integraron en este último tiempo. Sin ustedes la cosa no habría visto la luz jamás… ¡Son los mejores! Así que les pido el último impulso. ¡Los últimos reviews para este loco fic! Y me daré por satisfecha. Aunque el agradecimiento ya está.
Y sobretodo, disculparme por las mil veces que los dejé esperando. Soy muy regodiona, y el fin de este fic no me dejaba feliz con ninguna de las mil modificaciones que le hice. ¡Pero salió, yeah! Muchas gracias por esperar y por manifestar en mi otro fic su interés por conocer el desenlace de esta historia.
Disclaimer: ¡Viva Bleach y el Kubo Tite que lo parió!
Nota: La versión de Romeo y Julieta de este fic ME PERTENECE. La de Shakespeare no me la se, así que no la uso. Sin embargo, si alguien quiere recurrir a esta alternativa muy ingeniosa, me tiene que pedir permiso xD.
Agarren las cabritas, que nos vamos a leer. Y porque me demoré mucho con todo esto… ¡¡CAPÍTULO FINAL Y EPÍLOGO JUNTOS!! Aquí me despido, muchas gracias por todo… ; ;
·· ρоя 'αмоя' αl αятє ··
CAPÍTULO 4: ¡Oh, my Juliet!
En un escenario galantemente adornado, delante de un publico numeroso y ansioso que enfocaba cada minuto de tiempo a través de sus videograbadoras, delante de cientos de estudiantes que esperaban ávidos el material sobre el cual copuchentear durante lo que quedaba de año y otros tantos que miraban con aprensión el telón, sabiendo que un amigo estaba rezando porque el país entrara en guerra en ese mismo momento con tal de no actuar… La sensei encargada de la Obra de Teatro del Aniversario del instituto Karakura arreglaba el micrófono hasta adecuarlo a su altura, y comenzó a hablar.
—Queridos alumnos, profesores, padres y apoderados. —Calibró su voz hasta convertirlo en un susurro melodioso y acorde con el momento. —Es para mí un honor darles el preludio a la obra de teatro que más ha dado que hablar en estas últimas semanas. El Segundo Año de Secundaria de la escuela, a base de esfuerzo y dedicación ha preparado, en conjunto con el Taller de Arte y Expresión Corporal, un clásico de la literatura universal. —Envió una penetrante mirada a su público, prácticamente alimentándose de la tensión del ambiente. —Con ustedes, la interpretación de los alumnos del Instituto Karakura de ROMEO Y JULIETAA!!...
El movimiento escolar se incrementó a mil el día de la obra de teatro, igual que la actividad intestinal de Ichigo, el Romeo de la obra. En palabras gruesas, estaba que se cagaba. No estaba seguro de poder llevar a buen puerto su misión como romántico empalagoso y, la verdad, no quería ni siquiera intentarlo.
Abrió una pequeña rendija entre las cortinas del telón del escenario, y la visión lo espantó. Allí afuera estaba, aproximadamente, TODO EL COLEGIO.
Regresó a su asiento. Los atuendos medievales que llevaba encima le molestaban, de hecho, sin ir más lejos, casi se saca la mugre al salir a despedir a Rukia del camarín.
Rukia…
Tres de las palabras de la shinigami vinieron a su mente.
¿Debería confiar en ella?
Cuando salió del camarín llevaba casi una sonrisa diabólica y había dicho que necesitaba a Ishida.
¿Qué estaba planeando esa loca cuando le dijo "Voy a ayudarte"?
El lugar donde se llevaría a cabo la totalidad del evento estaba situado en el patio. Allí, en medio, había un escenario gigantesco que soportaba a la banda musical del Instituto y a mucha gente más, dejando un espacio prudente para el desarrollo del acto. Y en un amplio perímetro cercado por vallas de contención, se debería ubicar el público, que ya comenzaba a llegar.
Y por allí por la mitad de dicho espacio, con una vista perfecta del escenario, un hombre era constantemente acallado por las personas de alrededor que intentaban poner atención a la obra, que ya había empezado.
— ¿Cuándo aparece Ichigo en escena? —preguntaba Kurosaki Isshin a todo el que tenía la paciencia de oírlo (y al que no, también).
—Tranquilo, un poco más adelante papá. —le decía Yuzu, apenada por el espectáculo.
— ¿Te quieres callar de una jodida vez, viejo? —era la reprimenda que le daba Karin. —No dejas escuchar a los demás.
— ¡PERO MI HIJO VA A ACTUAR! ¡ES EL PROTAGONISTA Y AÚN NO APARECE, CÓMO QUIERES QUE ESTÉ!
— ¿POR QUÉ NO TE CALLAS, VIEJO DE MIERDA? —le gritó un apoderado de más atrás, que no podía ver como SU hija actuaba.
— ¿CÓMO QUE VIEJO DE MIERDA? —replicó Isshin.
Las pequeñas Kurosaki suspiraron, cansadas.
—Como Ichi-nii no aparezca luego, papa va a cargarse todo el colegio.
—Ni que lo digas…
—¡¡ICHIGOOOOOOOOOOOOOOO!! ¡¡APARECE PRONTO Y DEMUESTRALE A TODOS POR QUÉ PAPI ESTA ORGULLOSO DE TÍIIIII…!!
Muchísimos asientos más atrás, las amistades del pelinaranja sudaban la gota gorda.
—Yo les dije que era buena idea llegar tarde —mencionó Tatsuki. —De no haber sido así, estaríamos a dos metros del padre de Ichigo.
—Alabada seas, Tatsuki —suspiró Mizuiro, viendo a Isshin a la distancia montando el pollo con los otros apoderados que querían escuchar.
Ishida estaba inmóvil junto a Keigo. No estaba seguro de que hubiera hecho bien en prestarle ayuda a Kuchiki. Dio un vistazo rápido alrededor, y se dio cuenta de que la morena shinigami no estaba presente.
—Oigan, ¿alguien ha visto a Kuchiki-san? —preguntó Chizuru, notando también su ausencia. —Debería estar aquí, viendo el resultado de su esfuerzo con Kurosaki…
—Ahora que lo mencionas, tienes razón… no está.
— ¿Sabes algo tú, Ishida? —le preguntó Keigo. El aludido se puso tenso de puro imaginar que Rukia fuese a hacer algo extraño.
Jamás debió entregarle ESO.
— ¿Yo? No, como crees… ¿Por qué debería saber algo yo?
—Porque fuiste el último en hablar con ella, después de que Kuchiki-san terminara de hablar con Ichigo en el camarín…
El quincy sudó frío.
—Pues no sé nada.
Nadie le creyó. Pero tampoco nadie le discutió.
Ichigo estaba entrando en escena.
Inoue Orihime recitaba su parlamento sin detenerse. Estaba absolutamente inspirada en aquella parte de la obra donde le suelta a Romeo tooooooooooooda su perorata amorosa, pero la cara de pánico de Ichigo, a dos centímetros de ella, no le colaboraba demasiado.
Pero ella sabía por qué su Romeo estaba tan nervioso.
Estaba así porque, en dos líneas más, el jodido libreto decía que Romeo acallaba a Julieta con un beso, cansado de escuchar los motivos por los cuales ellos dos no podían amarse.
Orihime no tenía ningún reparo en aquella escena… es más, la estaba esperando con todo su corazón.
Ichigo no tanto.
Ichigo tenía en mente tres palabras.
"Vamos, vamoooooos… Rukia, te estoy esperando… Sácame de aquí, por lo que más quieras…"
Venía inevitablemente a Inoue ahí… quieta esperando a que él hiciera algún amago de acercarse… porque ya le tocaba.
—Kurosaki-kun… —la escuchó murmurar bajito, saliéndose lo menos posible de su papel —¿Se te ha olvidado el parlamento?
—N-No, no es eso… —dijo él, casi tentado de salir corriendo. —Es que… tengo que besarte, y…
Aquello afligió un poco a Inoue. Que ella deseara ese beso no significaba que él también, y detestaba forzar las cosas, aún cuando estuviera absolutamente consciente de que no tendría jamás otra oportunidad para acercarse a Ichigo de esta manera.
—Lo siento… —murmuró, casi culpable.
—No seas tonta, yo… yo debería…
Hizo de tripas corazón y se dirigió veloz como un rayo a los labios de su amiga y compañera. Ya no podía confiar en Rukia, no con las circunstancias tan encima. Por lo que sólo le quedaba una opción:
Resignarse.
Y cuando estuvo a punto de besarla…
—¡¡BAAAAAAAAAAAAAAAMMMMMMFFF!! … —un estruendo a lo lejos llamó la atención de todo el público, de Orihime y de él.
Y abrió mucho los ojos.
No tuvo mucho tiempo para procesarlo, pero vio a muchos de sus compañeros de instituto alejarse, huir despavoridos hacia la calle, gritando desesperados…
Y es que el colegio se había derrumbado. Y no, no eran alucinaciones de su mente deseosa de escapar de aquella situación tan incómoda.
EL COLEGIO SE HABÍA DERRUMBADO. TODA LA MITAD IZQUIERDA DE ÉSTE APARECÍA HECHA ESCOMBROS.
Como si alguien le hubiera pegado un puñetazo justo en medio.
Y de pronto, lo sintió de golpe.
Una tremenda energía espiritual que se arremolinaba justo sobre sus cabezas.
— ¿Q-qué está pasando…? —murmuró, mientras veía a Orihime que miraba horrorizada hacia el cielo.
Una horda inmensa de hollows estaba descendiendo justo sobre ellos.
Miró hacia todos lados, como buscando una explicación a ese fenómeno tan fuera de lugar…
Y la encontró. Justo a tiempo.
Rukia se aproximaba a él corriendo y, de un sólo puñetazo, lo derribó.
— ¿QUÉ COÑO HICISTE, ENANA LOCA? —le gritó en cuanto se hubo incorporado. Pero no estaba en atuendos de obra de teatro…
Estaba en atuendos shinigamescos.
—Nada muy loco… —dijo ella, sonriendo con suficiencia. — ¿Qué te parece mi nuevo plan de salvación, Ichigo?
—Quieres decir que… ¿Tú has hecho todo esto?
Rukia sólo asintió.
— ¡¿Pero cómo?!
—Fácil: con cebos para hollows… —reveló, como si fuera de una obviedad insultante. — ¿No te acuerdas de la metodología que usaron Ishida y tú hace mucho tiempo para ver quién de los dos era mejor, en ese estúpido duelo? —ahora fue Ichigo el que asintió, mudo. —Pues ahí está.
El ahora shinigami se dio con la palma en la frente, absolutamente consternado.
—Sabía que no debía confiar en tu aturdida manera de hacer las cosas…
—Je… lo tomaré como un cumplido —dijo con una mega sonrisa, poniéndose seria al segundo siguiente. —Bueno… ¿a trabajar?
—Qué remedio…
Julieta se había quedado de pie en el escenario, sola. Romeo había desaparecido, así de simple. Y la gente no estaba muy pendiente de ella, no hasta cuando el desastre invisible que parecía estar haciendo pedazos todo a su paso se aproximó hasta el escenario, amenazándola.
Hubo otro estruendo, y la esquina izquierda del teatro improvisado se vino al suelo. Orihime supo que, si no se movía, las vigas le iban a caer encima. Pero no coordinaba, su cuerpo no respondía… siempre se ponía tensa cuando intuía que algo no andaba bien espiritualmente hablando… y para cuando se dio cuenta de que estaba en riesgo de muerte fue demasiado tarde.
Un trozo gigante de escenario se le venía encima.
—Kurosaki-kun… —murmuró, antes de cerrar los ojos y esperar el impacto…
Pero no pasó nada. Sintió el estruendo a lo lejos, como si le fuese ajeno.
Abrió un ojo despacio, y lo que vio la sorprendió.
Un príncipe blanco la sostenía en brazos, avanzando rápidamente entre los escombros que caían, hasta depositarla en un lugar seguro.
—Quédate aquí, Inoue-san. —le dijo aquel príncipe blanco desconocido, para luego marcharse a luchar contra los hollows que estaban invadiendo el patio.
Y cuando ella terminó de enfocar su mirada, más allá de la polvareda que inundaba el lugar, supo a quién le debía la vida.
—Ishida-kun… —en sus ropajes de quincy, el muchacho se debatía entre acabar lo más pronto posible con las amenazas sin hacer correr riesgo al público presente, que encontraba todo demasiado interesante como para moverse de sus asientos. — ¡Vamos, tú puedes, Ishida-kun! —gritó, con todas sus fuerzas.
Uryuu había acudido en ayuda de la chica por varios motivos. El primero, culpabilidad. ¿Qué se iba a imaginar él que Rukia causaría todo este desastre sólo para salvar a Ichigo? Por otro lado, sentimiento de debilidad. Debió oponerse a ese estúpido plan desde un principio… pero vaya, la shinigami tenía muy buenas dotes de extorsión para conseguir lo que quería, y bueno… después de haber visto comprometida su hombría (porque Rukia lo amenazó con descojonarlo si no le daba el cebo…) no le quedó de otra.
También había algo de compasión por Orihime, al verla sola en el escenario con miles de miradas sobre ella.
Y si a eso le agregamos el superhéroe que habita dentro de todo hombre, pues… ahí estaba él, luciéndose delante de la chica en problemas.
—Mierda… —murmuró el quincy, luego de haber errado una flecha que casi compromete al público. Tenía que concentrarse más. Ya solo le faltaban unos cuantos más…
Ah, joder.
Era en momentos como éste cuando se arrepentía de haber cooperado en salvarle la vida a Kuchiki Rukia.
Mientras tanto, Romeo y su shinigami de confianza se encargaban de las almas malditas que intentaban destrozar el complejo educacional.
"Joder… cuando rogué por una guerra o algo así, no me refería a esto…" se lamentaba el shinigami, mientras de un mandoble de su espada mandaba a volar a dos hollows que le quedaban a la mano.
—¡Ponle más animo, campeón! —le gritaba Rukia, unos metros más allá. Por su expresión, parecía que jamás había estado tan encantada de su labor como shinigami.
La estaba pasando en grande.
—¡Joder, enana cabezona! ¡Nada de esto estaría pasando si tú…!
Oh oh. No era momento para quejarse.
—¿Rukia? —gritó Ichigo, algo desorientado. ¿Dónde se había metido la morena ahora? —¿RUKIA? ¿DÓNDE TE METISTE? Ah, no… ¿y ahora se marcha?
No podía perder la concentración. Había de esas criaturas por todas partes, y si pensaba en que había gente corriendo peligro, pues tenía que apurarse.
Y estaba pensando en dejar pendiente lo de Rukia cuando, a lo lejos, escuchó que ella lo llamaba.
—I… Ichigo… —el colorín paró en seco. Eso había sonado demasiado débil para su gusto, parecía como si…
—¿Rukia? ¿Estás bien?
Pero no obtenía respuesta. Tan solo un susurro cansado que no paraba de pronunciar su nombre.
—Ichi…go… Ayúd… ayúdame…
Ambos llevaban rato ya destruyendo hollows. No había pensado en que Rukia podría haberse cansado, y perdido la concentración. ¿La habrían atacado de gravedad? Coño, siempre tenía que andar preocupándose de esa enana mandona que nada más le causaba problemas. ¡Había sido ella la que aplicó un método evasivo nada ortodoxo! Y ahora parecía que le iba a tocar salvarla de nuevo.
Corrió hacia un patio trasero que los de menor grado ocupaban como cancha de soccer. Ahí en medio, arrinconada entre los galpones y la pared de fondo, una pequeña figurita oscura se debatía a duras penas con un monstruo de proporciones descomunales.
—¡Allá voy! —gritó Ichigo innecesariamente. Ya se había creído el papel de Romeo y se le estaba saliendo el parlamento solo (xD). —¡No desistas en tu lucha, Rukia!
—¡No… no seas imbécil y apúrate, oh Romeo, que desfallezco! —respondió la malherida shinigami, siguiéndole la corriente a su compañero.
Romeo se lanzó en pos del molesto engendro que amenazaba con arrebatarle la vida de su amada (teatralmente hablando, no es que Ichigo sienta cosas por Rukia y recién se esté dando cuenta, no)…
—¡No te atrevas a tocar a Julieta, inmunda bestia pérfida! —y con la zanpakutou bien sujeta, le partió en dos la mascara al susodicho hollow, que jamás se lo vio venir.
Mientras aterrizaba junto a su Julieta personal, Romeo vio como se desvanecía el monstruo en el aire.
—Ve a encontrar la paz allá donde renacen las almas —murmuró, con aires de héroe.
—Oh, Romeo… me has salvado la vida y no sé como agradecértelo… —Rukia fue a encontrarse con él, y cuando estaba a punto de llegar, Ichigo se desplomó en el suelo, inconsciente. —¿Eh? ¡¡Ichigo, estás lastimado!!
Se arrodilló junto al malherido chico, poniendo su naranja cabecita en su regazo, con cuidado.
—En… en realidad no, Julieta… —murmuró el shinigami, con una sonrisita. —Pero ésta es la parte en la que Romeo muere y tú debes tomarte el veneno para morir conmigo, Rukia.
—Oh imbécil, me asustaste… —dijo ella, riendo y dándole un zape en la cabeza.
—Nah… es que estaba demasiado metido en mi papel. Pero si me hubiese encontrado mal de veras… ¿Hubieses bebido el brebaje para seguirme, Rukia?
La shinigami se sonrojó notoriamente, y ocultó la vista tras su flequillo azabache.
—Sabes que siempre termino siguiéndote, Ichigo —murmuró, más para sí que para él.
—¿Eh? ¿Qué dijiste? No alcance a escuchar…
—Eeeeeeeew… nooooo, nada… ¿Vamos a ayudar a Ishida-kun con lo suyo?
Ichigo se levantó de las piernas de Rukia, con más de esa sonrisa extraña en sus labios.
—Vamos, Julieta.
—¡Ah! Pero antes…
La morena hizo ademán de levantarse, e Ichigo tuvo que ofrecerle la mano galantemente para que lo hiciera. Luego, invocó un kidoh bastante extraño y, sin esfuerzo alguno, reconstruyó toda la parte del edificio de la escuela que había quedado hecha añicos con la pelea.
—Mucho mejor… —murmuró. —Ahora sí que nos vamos.
Y pegó la carrera hacia el escenario principal.
—Rukia… eres simplemente genial. —decidió Ichigo, mientras corría tras ella.
Ishida la tenía difícil. Entre defender a Inoue y vigilar que el público (joder, ¿Por qué toda esta gente sigue aquí?) nosaliera lastimado, no rendía mucho matando hllows, es más, los bichos del mal se la estaban ganando.
—¿Dónde se mete la gentecita que tiene que hacer esto, cuando se le necesita? —susurró, mientras levantaba a Julieta en brazos para cambiarla de lugar. Ya casi no habían sitios seguros donde depositarla, así que casi prefería andar con ella para asegurarse que estuviera bien.
—Ishida-kun, yo… —Orihime, para variar, se sentía como una carga. No conseguía reunir el valor para ayudarlo en algo, y lo único que podía hacer era avisar cuando algún hollow intentara sorprender por la espalda a Ishida. —S-si quieres, puedes dejarme con Tatsuki-chan…
—Ni hablar —decidió él, firmemente. —Prefiero tenerte conmigo y asegurarme de que te encuentres bien…
Y por estar hablando tonteras y descuidarse, no se dieron cuenta de que un hollow embravecido había roto el techo del escenario, y una viga se les venía encima a toda velocidad.
—Oh, no… —murmuró el quincy, desasosegado.
—¿Acaso no puedes hacer nada bien, tonto Ishida? —exclamó una voz cargante y conocida que se hizo cargo de la viga.
—¡Kurosaki-kun! —gritó Inoue, feliz de volver a ver a su Romeo. Pero algo le llamó la atención de inmediato, y no le gustó nada. —¿Rukia-san? ¿Qué haces aquí?
Rukia la cogió y se la llevó a un lugar seguro, apartándola de Ishida.
—¿Yo? Nada más vengo de auxiliar… —le dijo con una sonrisa que decía mucho. Era una sonrisa feliz, no tranquilizadora como las que suele dar Rukia. "Raro", pensó Inoue. —Dejemos que esos dos se las apañen con los hollows, ¿ya?
La colorina solo asintió, perturbada.
Mientras tanto, shinigami y quincy hacían una eficiente mezcla de poderes que consiguió acabar rápidamente con los hollows que amenazaban el lugar.
Y cuando destruyeron al último, y se sentaron entre los escombros del escenario, cansados, magullados y sucios…
…la gente que estaba en el público se levantó en una ovación sin precedentes.
—¡¡BRAVOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!! —gritaban todos. ¡Jamás habían visto una obra de teatro con tanta acción, romance y efectos especiales tan despampanantes!!
Simplemente querían más.
—¡¡OTRA, OTRA, OTRA…!!
Y en algún rincón…
—¡¡Bravo Ichigoooooooo!! ¡¡No puedes haber estado más fenomenal!! —Kurosaki Isshin revisaba que todo el maravilloso material captado estuviera absolutamente en perfectas condiciones en su cámara. —¡¡PAPÁ ESTÁ ORGULLOSO DE TIIIIIII, ICHIGOOOOOOO!!
—Pero si Ichi-nii ni siquiera salió en la obra… —apreció Karin en voz baja, absolutamente desilusionada.
Claro, al pobre Ichigo en versión shinigami no lo vio nadie…
—LO SÉEEEE… PERO ICHIGO LO HABRÍA HECHO BIEN IGUAAAAAAL… —gritó el padre, indiferente. Él estaba chocho de todos modos.
—Vaya, no imaginé que Ishida tuviera un papel en la obra… —comentó Asano Keigo, desde su lugar en la tribuna.
—Bueno, qué le vamos a hacer. —le contestó Chizuru. —De todos modos no lo hizo mal. ¿¿Y te fijaste en lo radiante que se veía Hime? owo
Tatsuki no le hizo ni caso al comentario de la fogosa pelirroja. Tenía más que claro TODO lo que había sucedido allí, en esa obra. Pero por el bien del secreto de sus amigos, no dijo ni una sola palabra.
—Sí, vaya que lo hizo bien Ishida… ¿no? nnU
Y así termina esta historia de héroes y galanes. Con un final feliz, por supuesto.
Una vez que Rukia hubiera reconstruido todo aquello que los hollows hicieran papilla, se ofreció a borrar la memoria de la gente que había estado presente. Ichigo se lo agradeció, pero no lo consideró necesario. Todo había quedado encubierto por la obra y, aunque era impresionante lo idiota que era la gente como para tragarse semejante burrada, estaba bien así. No había habido daños colaterales.
Ishida recibió una mención especial en la obra y la sensei lo felicitó reiteradas veces, diciéndole que su participación había sido inestimable. Y como si eso fuera poco, le premiaron con algunas notitas en las asignaturas correspondientes.
A Inoue también la felicitaron por su papel, y los que sabían el peligro que había pasado de veras, la felicitaron también por su gran valor y entereza al no salir corriendo.
También la molestaron por lo linda que se vio en brazos de Ishida… Pero ambos se hicieron los desentendidos.
Todos terminaron contentos.
Menos Ichigo, claramente.
—¿¿SE PUEDE SABER QUÉ COÑO ME ESTÁ CONTANDO?
El muchacho había sido citado por la sensei, quién estaba muy disgustada porque se había desentendido totalmente de su papel, ¡Y eso que era el principal! No se le vio el pelo en la hora y media que duró la obra, había dejado a Julieta sola en el escenario y para más remate, había dejado que Ishida lo hiciera todo. Sin siquiera avisar.
Así que le dijeron que no le iban a poner ninguna calificación positiva en las asignaturas que se jugaba, y que agradezca que no lo reprobaron de por vida.
—Deberías darte con una piedra en el pecho, Kurosaki. —finalizó la sensei.
Ichigo salió con mala cara del despacho de la mujer. Pero afuera le esperaba Rukia.
No supo por qué, pero su simple mirada le alivianó el peso de la conciencia.
—Supongo… que pudo ser peor, ¿no? —le dijo la muchacha. Él asintió, feliz de que todo se hubiera terminado. Y la morena le concedió ese momento de paz interior. —Bueno, ya todo terminó. Volvamos a casa, campeón.
Tal vez la obra de teatro sería por siempre un punto negro en la vida social de Kurosaki Ichigo. Pero dedujo que para algunas cosas, le había servido ser Romeo. Lo supo cuando miró a Rukia, quién siempre estuvo allí apoyándolo (a su manera) en todo, y sintió algo tibio recorrerle el pecho.
Hay cosas de las que uno se da cuenta sólo por amor al arte.
·: Chapter Four: FINISHED! :·
EPÍLOGO: "Maldita y adorada enana…"
La semana de aniversario del Instituto Karakura había finalizado hace dos días ya. Era preciso retomar las clases, muy a pesar de los alumnos, pero ya el recreo se había extendido demasiado y, bueno, la triste realidad es que uno no va a la escuela a interpretar papeles tontos en obras de mierda, sino que va a es-tu-diar. Así que si a eso vamos…
El salón estaba animado. No más dignidades en peligro, todos cotilleaban sobre la nueva sensación del momento: el "matrimonio" Kurosaki-Kuchiki, los Romeo y Julieta contemporáneos. Cháchara iba y venía, todos muy sueltos de lengua opinando sobre el acontecimiento aunque los mismos implicados estuviesen a dos centímetros de ellos.
Pero hay que ser sinceros… a ambos no les importaba mucho.
— ¿En que piensas, Ichigo?
El pelinaranja no prestaba atención a nada que no estuviera en el exterior, vale decir, detrás del cristal de la ventana. Y Kurosaki reflexivo es una faceta de él que aún no queremos conocer, por nuestra salud mental…
— ¿Ah?
—Bueno, te pregunto en qué piensas… Me estás asustando.
—Rukia… hay momentos en la vida de un hombre donde tienes que replantear tu escala, tu manera de ver las cosas y tal…
—Yaaa… ¿Y has llegado a una conclusión al respecto?
—Bueno… hacer el loco en esta obra de teatro no ha sido del todo malo…
— ¿Qué? xD, eso es algo que jamás pensé escucharte decir…
—Romeo ha hecho algo por mí. Algo que no podría haber hecho solo…
Y la miró de una manera MUY significativa. Y no, no se puso rojo, ni ladeó la cabeza, ni concentró su vista en la ventana de nuevo. Siguió mirando aquellas lagunas azules, hasta que fue la misma Rukia quién se apartó. A veces Ichigo podía ser un poco peligroso.
—Y… ¿Qué fue eso que Romeo te ayudó a hacer? —preguntó, nada más por romper esa conexión con los ojos del chico que la hacía temblar entera, de pies a cabeza. Hasta el último recóndito gramo de espiritrones.
— ¿Tengo que decírtelo?
—B-Bueno…
Justo en ese momento entro la sensei al salón.
Salvados por la campana… O tal vez no, con estos dos nunca se sabe.
La profesora entró en el salón de clases con "parsimonia". Es decir, golpeó la mesa con el libro de clases y, como si eso fuera poco, apoyó las manos con violencia en la misma, haciendo que de sus gafas provenga un brillo asesino muy acorde a su personalidad.
— ¡Buen día gandules, queridos proyectos de persona! —saludó con todo el amor del mundo.
— ¡Buen día, queridísima y amable profesora! —respondió el salón con el mismo "amor", seguros de que ya no podía pasarles nada peor.
Se equivocaban, medio a medio.
— ¿A que no saben que día es hoy, pollitos míos? —dijo. El curso negó con la cabeza, desasosegado. — ¡Hoy es un día muy especial! ¡Hoy es el día Internacional del Libro, queridos míos! —tremendos ojos por parte de TODOS. —Y en premio a nuestra maravillosa actuación de la vez pasada con la obra de Romeo y Julieta —mirada discreta hacia Ichigo y Rukia… —nos han otorgado el placer de, nuevamente, encargarnos de la OBRA DE TEATRO para conmemorar esta festividad tan colorida… ¿No les parece llenador?
Silencio. Nadie lo podía creer.
Esa mujer era especialista en bajar morales, eso seguro.
Pero a nuestros protagonistas no les importaba mucho, la verdad.
—Oi, Ichigo… ¿Qué es el día Internacional del Libro?
El colorín guardó silencio. Tenía un deja-vú.
Pero Rukia no se dejaba vencer tan fácil.
—Ichigooooo… te he hecho una pregunta, joder.
—Shhh, después te explico.
—Kurosaki, no empieces de nuevo. —la sensei calló al par con una sonrisa en los labios. Divertida, empezó a reconsiderar a Ichigo en su escala de masoquismo, y siguió hablando. —Para la festividad que se nos avecina, el Taller de Arte y Expresión Corporal tuvo la genial idea de hacer un homenaje a William Shakespeare, un gran artista y autor de muchas obras, naturalmente…
—Oi, Ichigo…
— ¿Hmmm?
— ¿Me vas a contestar o no?
—Después.
—La curiosidad me pica AHORA.
—Kurosaki, para de charlar con Kuchiki. Te lo estoy advirtiendo.
—Hai, hai…
—Ichigoooooo…
—¡¡Joder, Rukia!! ¿Quieres dejar de molestarme de una puta vez con tus preguntas estúpidas?
—¡¡KUROSAKI!! ¡¡ACABAS DE ADJUDICARTE EL PAPEL DE HAMLET EN LA OBRA DEL DÍA DEL LIBRO!! Y NO QUIERO UN 'NO' POR RESPUESTA, ¿ENTIENDES?
Silencio en el salón.
Y un grito desgarrado.
—¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!...
.·oOo·.
"Por 'Amor' al Arte"
MODE: OFF
