Rosalie's POV
Le conté toda la historia desde que desperté como vampiro. Lo que tuve que pasar al ser transformada, mis meses como neófita. El nacimiento de Elliott. No me guardé nada. El sol empezó a asomarse en nuestra habitación y Emmett me hacía cariño en el cabello. Yo estaba apoyada en su musculoso pecho, sintiendo los latidos de su corazón. Después de todo la confesión de que Elliott y yo éramos vampiros y no ángeles, no había sido tan mala como pensé. Emmett se lo tomó bastante tranquilo y sólo se limitó a guardar un silencio que me atormentaba.
-Di algo…- supliqué. Su rostro no mostraba emoción alguna. No parecía triste ni enojado. Simplemente tenía cara de nada. –Emmett… dime algo…- insistí.
-Quiero ser como tú Rosalie. Quiero que Elliott tenga un padre para toda la vida. No me importa el sufrimiento que tenga que pasar. – en esos momentos un rayo de sol se asomó iluminando mis piernas. Por supuesto brillaron al instante, como los diamantes incrustados que parecían. Emmett pareció asombrarse pero guardó silencio.
-Pero Emmett, ¿estás seguro? – dije moviendo mi rostro para mirar su expresión.
-Nunca estuve más seguro en toda mi vida. Si el precio que tengo que pagar para estar al lado de ustedes toda la eternidad es bajar a esas llamas del infierno, lo haré gustoso.
-¿Harías eso por nosotros? – pregunté con miedo de la respuesta.
Él se acercó a mi rostro y besó mis fríos labios. Aún se estremecía al contacto con ellos.
-Yo haría eso y mucho más por pasar la eternidad junto a la mujer que amo y a mi hijo. –
Esas palabras bastaron para que toda duda desapareciera. Nada más nos iba a separar de ahora en adelante.
-Te llevaré con Carlisle entonces. ¡Vamos! – me dispuse a pararme.
-¡No!- me detuvo- si alguien me va a transformar, quiero que seas tú.
-Emmett yo no puedo… No se si tenga la fuerza necesaria para hacerlo – movía mi cabeza de un lado a otro. Él me detuvo con sus grandes manos en mis mejillas. Me miró fijamente relajándome.
-Se que podrás hacerlo. – decía mientras corría su camisa, dejando el cuello al descubierto. Movió su cabeza hacia el lado derecho dejándome paso para que mi ponzoña hiciera lo suyo. El sol terminó de asomarse por la pieza, dejándome a mí iluminada completamente.
Me acerqué a su cuello con una lentitud no digna de un vampiro. El olor a sangre fluyendo por sus venas se intensificaba, pero mi garganta de una forma u otra se fue acostumbrando a su efluvio. Además siempre cazaba más de lo normal cuando venía a verlo.
Me detuve a un centímetro de su yugular. Emmett tragó saliva e inhaló su última bocanada.
-¿Estás listo? – pregunté rosando mi aliento en su cuello, lo cual le puso la piel de gallina.
-Te amo – fue su respuesta y mi pase de admisión. Entonces clavé mis afilados dientes en su cuello dejando que la ponzoña saboreara la dulce gloria.
