El sol comenzaba a asomar por el ventanal de la habitación, iluminando la amplia cama sobre la que había dos personas cubiertas por las sábanas blancas. Una joven pelirroja despertaba a causa de los rayos que iluminaban su cara. En cuanto vio los ojos, contempló una luz intensa que alumbraba a la persona que descansaba a su lado, un joven de pelo negro azabache que dormitaba tranquilo. Reposó su cabeza en la almohada y esperó. Finalmente, el joven se despertó y la miró, sonriéndola.

—Buenos días —saludó él mientras se acercaba hasta ella.

—Buenos días —contestó ella.

Los dos se aproximaron uno al otro y se dieron un beso, pero al instante, y con una agilidad pasmosa, el chico se incorporó y se puso encima de ella, con cuidado, mientras sus dedos se entrelazaban con los de ella y le daba pequeños besos en el vientre, a la vez que alzaba el rostro para mirarla y la sonreía.

Había pasado tan sólo una semana desde el fin de la guerra, y tras reconciliarse, los dos quisieron pasar la noche juntos. Nada de sexo, sólo dormir juntos. El chico miró un reloj que había sobre su mesilla de noche.

—Tengo que irme ya —anunció él a su pesar. Tenía que ir a su trabajo en el Cuartel de Aurores.

Ella desvió la mirada, como temiéndose aquello, y se quedó en la cama mientras él se vestía. Cuando hubo terminado, se acerco hasta ella para despedirse con un beso. Salió de la habitación, bajó las escaleras, y cuando se dispuso a salir por la puerta, oyó un girto.

—¡Harry! —gritó ella.

—¿Qué te ocurre? —preguntó él, casi preocupado.

Ella, que se encontraba a mitad de camino en las escaleras, calló un momento, hasta que —¿Volverás, no? —ser auror no era un trabajo de oficina, era un trabajo de campo, de acción... y de peligro. Y eso era algo que ella temía, más que la dejase por irse a detener al mayor mago oscuro de todos los tiempos, el hecho de que quizás esa sería la última vez que le viese.

Él simplemente sonrió aliviado y se acercó hasta ella. La abrazó por la cintura y la besó de nuevo —Ginny, claro que volveré, ¿y sabes por qué? —ella negó con la cabeza — Porque... porque...

Ella parecía confusa —¿Porque qué?

—No sé como decir esto —alegaba él, visiblemente nervioso.

Ginny sonrió —Puede que hayas derrotado al mayor mago tenebroso de la historia, Harry Potter, pero aún sigues siendo un chico tímido.

Harry también sonrió. Tomó aire y lo dijo al fin —Volveré aquí, contigo... porque te quiero.

Ella enmudeció mientras él esperaba alguna contestación. Pero nada llegó, y al final la dio un simple beso y se fue a trabajar.

Por la noche, Harry llegó después de una intensa jornada. Accedió a la cocina, y después al salón, pero no vio rastro de ella.

—¿Ginny? —pero no hubo respuesta. Subió hasta su habitación, que estaba a oscuras, y en medio de aquella oscuridad comenzó a desvestirse. Tras quitarse la camisa, se detuvo al notar que alguien se apoyaba en la cama —¿Ginny? —volvió a preguntar, a pesar de que no se volvió debido a la oscuridad.

De repente, unas manos se deslizaron por su pecho, y a pesar de ello, no se alarmó, pues eran una manos suaves y cálidas. Se acercó hasta él y le dio un beso en la mejilla a la vez que le susurraba al oído —Yo también te quiero.

Y acto seguido lo llevó hasta el interior de la cama.


Finalmente, y debido a que el primer capítulo ha gustado, me he decidido por continuarlo, creando una serie de one-shots de parejas canon en las que se dicen lo que ya sabéis, esas palabras mágicas que son Te Quiero. Sé que a algunos les habría gustado que fuese más bien una historia sobre Ron y Hermione, pero es que no se me ocurría trama alguna, y esto me parecía mejor. Que lo disfrutéis.