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Era ya noche cerrada, y el joven descansaba sobre la camilla de la Enfermería, con el cuerpo aún dolorido y aletargado por las múltiples heridas que había recibido, pero aliviado en el fondo, porque a fin de cuentas, ella estaba allí, y le había demostrado que podía estarlo.
Miró a los pies de la cama. Allí, sentada en una silla y con medio cuerpo apoyado sobre las blancas sábanas, dormitaba apacible, con la luz de la Luna de aquella fatídica noche cayendo sobre su rubio cabello casi plateado. Fue aquella noche cuando al fin le demostró a todo el mundo lo que estaba dispuesta a hacer por amor, y que no la importaba que a partir de entonces su futuro marido llevase aquellas horribles marcas de por vida, pues eran la prueba de su valentía y entereza en el campo de batalla.
Pero eso era algo que él ya sabía, que no necesitaba ser dicho a ojos de todos, pues se trataba de un asunto que había defendido a capa espada, el hecho de que la quería con todo su corazón, y que estaba completamente seguro de que era la persona con quien quería pasar el resto de su vida. Y mientras la contemplaba, sólo dos palabras dijo, dos palabras que, aunque en ese momento ella no las oiría, se repetirían durante mucho tiempo.
—Te quiero.
Y aunque Bill Weasley estaba seguro de que ella no las habría oído, Fleur Delacour se movió en sueños mientras se acurrucaba aún más sobre las blancas sábanas y sonreía bajo la luz de la Luna.
Y aquí otro capítulo, algo más corto comparado con los anteriores, pero no se me ocurría qué más decir (más que nada porque llevo unos días con la lucidez mental por los suelos. Eso, o que mi musa se ha tomado unas merecidas vacaciones XD). Pero en fin, esta escena la tenía pensada desde hace mucho, así que bueno, esto es lo que ha salido. Que lo disfrutéis.
