Advertencias: Antes que nada, avisar este fic es Yaoi (Chico x chico) si no te gusta te aconsejo que no leas este fic.

Disclaimer: Los personajes de este fic no me pertenecen, sino de los increíbles Margarett Weiss y Tracy Hitman. Lo que pasa es que he hecho mi versión y ahí si que que Raistlin es mio xD~

Dedicatoria: Este capítulo se lo dedico vuelvo a Psyco-Kaye, que ha sido un amor por haberme beteado el capi, que ahora todo tiene más sentido y es más fácil de leer xD

+ Aviso Importante +

Este capítulo tiene alto contenido sexual y vuelvo a recordarte que es de hombre x hombre, si por lo que fuera no te gustase, abstente de leer este fic, porque va a haber mucho xD.

Así que avisados estáis. Espero que os guste el capi, que este es el doble de largo que los otros. ^^

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Capítulo III: Enfermedad y viejas amistades

Llegando el otoño a solace, los Vallenwoods habían perdido la mayoría de sus hojas y las pocas que quedaban eran marrones

Era un pueblo con un clima bastante bueno, pero en esa época las lluvias eran casi diarias.

Raistlin abrió la puerta de casa y Caramon vio a su gemelo empapado por la lluvia. Aquello no era nada bueno. El peliplateado tosió con fuerza doblándose sobre si mismo.

Caramon corrió preocupado de su cuarto hacia la entrada viéndolo arrodillado en el suelo.

- Estúpida lluvia! – maldijo Caramon en su mente mientras levantaba a su hermano del suelo.

Aquel tiempo era horrible para su gemelo. Raistlin era de constitución débil y los días lluviosos eran una tortura para sus pulmones, le costaba respirar e incluso había veces que llegaba a toser sangre. Por lo visto la lluvia le había pillado desprevenido cuando volvía de la Universidad.

Tumbó a su hermano dentro de la mullida cama y le cubrió con una pesada manta, aunque no hacía nada de frío Raistlin temblaba, estaba ardiendo de fiebre.

Desde hacía años, no recordaba exactamente cuantos, que enfermó de gravedad llegando a estar ingresado en el hospital durante días. Pero la tos se apoderó de Raistlin, debilitando ya su endeble cuerpo, los médicos le dijeron que jamás se libraría de ella.

Por suerte había medios para combatirla. Caramon corrió hasta la cocina y abrió un armario, sacó un sobre de una caja de medicamentos y lo vertió en un vaso con agua caliente. Lo removió con una cucharilla. Olía horrores, pero era eficaz. Desanduvo sus pasos hacia la habitación de Raistlin.

- Toma, esto te calmará la tos – dijo tranquilizadoramente a su hermano.

Con la ayuda de Caramon, Raistlin se recostó para poder ingerir la medicina.

- Urgh…- dijo asqueado el peliplateado. Si el olor era pésimo, el sabor era aún mucho peor.

- Tranquilo, pronto estarás mejor – esperanzó Caramon.

Raistlin volvió a tumbarse, la tos empezaba a desaparecer, pero la fiebre se resistía. El castaño abrió uno de los armarios de Raistlin, extrajo otra manta de ella y la colocó encima de la otra. Acercó la silla del escritorio a la cama del peliplateado sentándose cerca de su hermano.

- Intenta dormir, Raist – le susurró.- Yo estaré aquí cuando despiertes.

Raistlin asintió en silencio y cerró los ojos. No tardó en dormirse. El castaño lo observaba sin quitarle ojo de encima.

Caramon tuvo un escalofrío que le recorrió toda la espalda. Se había quedado dormido apoyado sobre la cama de su hermano. Raistlin seguía durmiendo, respiraba con dificultad pero se le veía tranquilo. Caramon tocó su frente, la fiebre todavía era alta, pero no tanto como antes. Se alegró. El castaño intentó ponerse en pie, le dolían los riñones de la mala postura en la que estaba, miró por la ventana y comprobó que estaba anocheciendo. No había ido a trabajar, Flint estaría cabreadísimo con él. Decidió ir a llamarle para explicarle lo que pasaba.

Dejando solo a su hermano, fue hasta el salón, descolgó el teléfono y marcó un número de teléfono.

- Diga? – dijo una vieja voz al otro lado del teléfono.

- Hola, jefe – respondió Caramon – soy…

- Se quien diablos eres muchachote! – Gritó malhumorado Flint – Los pájaros que viven en tu enorme cabezota hueca no te han recordado que hoy tenías que trabajar!?

- Lo siento – se disculpó el castaño – Raist tiene una tos horrible y mucha fiebre, todavía no le ha remitido…

- De acuerdo, zoquete – respondió tras un largo silencio – tomate los días que necesite tu hermano, pero que sepas que cuando vuelvas te espera un trabajo muy largo y duro.

- Gracias, señor Fireforge – dijo agradecido Caramon - trabajaré duro, adiós.

Al colgar el teléfono sus tripas rugieron, llevaba todo la tarde al lado de su hermano y no había probado bocado. Se fue a la cocina y allí se preparó algo con la comida que quedaba en casa. Solo había un par de huevos con algo de carne.

- No!! – gritó una voz – Déjame tranquilo!!

Caramon salió corriendo de la cocina dejando la cena a mitad, al llegar a la habitación de su gemelo, Raistlin estaba sudando a chorros y se agitaba violentamente en la cama, estaba teniendo una pesadilla.

- Raist, despierta – zarandeó a su hermano

- Basta – le clavó las uñas en su piel – no me toques.

Raistlin seguía dormido, era una pesadilla de las fuertes, pero no se avendría por ello.

- Hermano – le susurró con dulzura – estoy aquí contigo.

- Caramon? –respondió en sueños.

- Despierta, Raist. Es una pesadilla. Sal de ahí.

Raistlin dejó de forcejear, poco a poco fue despertando. Al abrir los ojos encontró el rostro preocupado de su gemelo.

-Que ha pasado? – preguntó con voz cascada.

- La fiebre ha subido, Raist. Has tenido una pesadilla.- un nuevo ataque de tos invadió el débil cuerpo de su gemelo- Tranquilo, iré a por la medicina.

Caramon se levantó deprisa, pero no anduvo ni un solo paso. Raistlin le cogió firmemente por la muñeca.

- No te vayas – dijo entre toses – quédate a mi lado hasta que vuelva a dormirme.

Caramon sentía el ardiente agarre de su hermano, sus ojos estaban febriles y tenía las mejillas ardiendo. Él notó que sus propias mejillas empezaban a sofocarse.

Despacio, volvió a colocar la silla cerca de la cama de Raistlin, con suavidad agarró la mano que le aprisionaba y la colocó entre sus manazas.

- De acuerdo, Raist – dijo con dulzura.- Seré el guardián de tus sueños.

El peliplateado lo miró sorprendido, pero no dijo nada. Intentó respirar bien hasta que la tos desapareció, hasta que por fin, el sueño se apoderó de él.

La cena se estaba enfriando, pero Caramon ni siquiera se acordaba de ella. Miraba fijamente a su hermano, como su pecho subía y bajaba acompasadamente. Sus ojos ardían intentando contener las lágrimas que querían escapar. El vínculo que los unía a veces podía hacer que ambos sintieran el mismo dolor, aunque en estos momentos deseaba sentirlo solo él y que dejara a Raistlin en paz. Su corazón se encogió en su pecho, le dolía verle así. ¿El vínculo que tenían los otros con sus hermanos era tan fuerte como el de ellos?

Apartó uno de los mechones plateados de su rostro, soltó un leve gruñido, tenía los labios entreabiertos soltando suaves suspiros, dormía profundamente. Su mano todavía estaba posada sobre su rostro, notó que la piel de su hermano era suave, con lentitud fue recorriendo su cara, por la frente, mejillas, hasta detenerse en sus labios. Estaban ardientes. Suavemente, con uno de sus dedos, acariciaba el labio inferior. Se relamió sus propios labios.

- Mngh… - gimió Raistlin dormido.

Caramon se sonrojó con fuerza. Había escuchado un gemido de su hermano… y había sido tremendamente erótico. El castaño se levantó de su silla tembloroso y se dirigió a los labios de Raistlin. Notaba el aliento de su gemelo sobre sus labios, pero se detuvo a escasos milímetros, de nuevo se sentó de golpe. Su sonrojo aumentó. Casi besó a su hermano… quería hacerlo, pero en el último momento fue capaz de refrenarse. ¿Qué demonios le pasaba? Caramon miró a su hermano que seguía dormido sin darse cuenta de lo que sucedía. Sus ojos volvían a arder y esta vez sin poder evitarlo, una lágrima venció cayendo sobre su enorme manaza.

Los días fueron pasando, gracias a la medicina y a los cuidados de su hermano, Raistlin fue mejorando lentamente. La fiebre casi había desaparecido y los ataques de tos eran cada vez menos frecuentes. Se pasó la mayor parte del tiempo durmiendo despertando solamente para tomar algo de sopa caliente de vez en cuando.

Raistlin abrió los ojos pues aquella mañana se encontraba muchísimo mejor, se sentía recuperado. Se frotó los ojos para despertarse totalmente. Allí, a su lado, se encontraba su gemelo.

- Buenos días, Raist – saludó Caramon – como te encuentras esta mañana?

- Siento que he dormido durante días – respondió con la lengua pastosa – cuantos han sido esta vez?

- Cinco – dijo mientras se desperezaba – anoche estuve apunto de llamar a un médico, pero tu fiebre empezó a bajar, así que al final no lo hice.

- Bien hecho, hermano – Raist intentó sentarse, pero un ligero mareo se lo impidió – de todas formas no hubiera ayudado mucho.

Caramon ayudó a su gemelo a incorporarse. Cada vez que venía un médico a verle siempre decía que había que hospitalizarlo. Pero nunca conseguían convencer a Raistlin para hacerlo. Sintió la penetrante mirada de su hermano sobre él.

- Que-que ocurre? – dijo azorado.

- Veo que todo tu tiempo lo has dedicado a cuidar de mí. – respondió serio.

El castaño llevaba días sin ducharse y una sombra de barba asomaba sobre su rostro, su pelo necesitaba urgentemente un lavado y también cambiarse de ropa. En el escritorio de Raistlin se podía ver restos de comida basura apilada, no había dedicado ni un segundo en prepararse algo decente para comer ni asearse.

- Lo-lo siento Raist – estaba avergonzado.- Desde que enfermaste no me he separado ni un momento de ti.

- No tienes que disculparte, hermano – por fin consiguió levantarse – ve a ducharte mientras yo recojo todo esto.

- No! – Negó rotundamente Caramon – yo me encargaré de esto, deberías descansar un poco más.

- Necesito moverme un poco, llevo días en esa cama y estoy harto – la mirada de preocupación no desapareció de su gemelo. Raist soltó un pequeño bufido y posó su delicada mano sobre el corpulento brazo de su hermano – Estoy bien, en serio.

Caramon sabía que esa era la forma de dar las gracias de su gemelo y también sabía que se molestaría si volvía a negarse.

- De acuerdo – se resignó el castaño – pero no te fuerces. Si ves que es demasiado, vuelve a la cama, vale?

Raistlin asintió y Caramon, aunque aun no estaba muy convencido, se fue a la ducha. El peliplateado recogió toda la porquería que se acumulaba en su habitación y la llevó a la cocina para echarla a la basura. Sobre la mesa vio una comida a medio terminar. Huevos con carne.

"Desde que enfermaste que no me he separado ni un momento de ti" había dicho su hermano. Raistlin, acongojado, recogió el plato y echó el contenido en la basura, el plato lo colocó en la montaña de vasos y platos sucios que surgía del fregadero.

Al terminar de fregar, Raistlin se dirigió a su habitación, olía a cerrado y enfermedad. Abrió de par en par la ventana para que se renovara el aire, cogió las sabanas sucias y las cambió por unas nuevas.

- Ya estoy, Raist –surgió una voz de la puerta de su habitación.- Como nuevo.

Caramon estaba limpio y aseado, se había afeitado la barba e iba sin camiseta mostrando su torso desnudo.

- Haz el favor de no ir así por casa, hermano – dijo Raist mientras se daba la vuelta sonrojado – Vas a enfermar.

- Soy como un toro – hizo una pose de culturista – nada puede derribarme.

Raistlin miro por el rabillo del ojo al zoquete de su hermano, los músculos estaban rebosantes de energía y duros como piedra.

- Vas a algún sitio, Raist? – preguntó el castaño preocupado al ver como su gemelo cogía ropa limpia.

- Vamos, hermano –corrigió el peliplateado- Después de la ducha iremos a comprar algo de comida, te prepararé algo decente para comer.

Aquella noticia era tan buena para Caramon que era como si le hubiesen dicho que le había tocado la lotería. Abrió las piernas y levantó los brazos mientras hacía un extraño baile, él lo llamaba "el baile del cangrejo feliz"* mientras canturreaba "comida, comida". No es que Raistlin fuera un gran cocinero, pero comparado con las extrañas mezclas que le salían al grandullón, aquello era una delicia. Raistlin, avergonzado, fue rápido hacia el cuarto de baño.

Caramon seguía canturreando cuando llegaron al supermercado. Raistlin le había mandado callar más de una vez, pero la alegría de su gemelo era superior a sus fuerzas. Al entrar, se habían repartido la lista de la compra para terminar antes y regresar a casa, la humedad todavía estaba en el aire y Caramon no quería que su hermano volviese a empeorar. Cada uno agarró un carrito y tomaron pasillos diferentes. La nevera estaba vacía así que había bastante que comprar…

Raistlin ya casi lo tenía todo, solo le faltaban las cosas del desayuno, así que se dirigió hacia el pasillo de repostería. Cogió un paquete de cereales de la estantería y buscaba con detenimiento la fecha de caducidad.

- Shalafi? – dijo una voz de su espalda.

Raistlin miró de donde surgía esa voz. Era de un chico de su edad más alto que él, moreno de piel oscura y ojos verdes afilados mostrando una sonrisa juguetona en los labios.

- Quien eres? – preguntó sorprendido. Solo había una persona que lo llamaba así y ese era…

- Desde luego que eres tú! Soy yo, Shalafi! – persistió el otro.

Raistlin al reconocer la sonrisa reaccionó.

- Dalamar? – preguntó el peliplateado boquiabierto.

- En persona! – dicho esto abrazó a su viejo amigo.

A Raistlin no le molestó el abrazo, hacía años que no veía a su amigo de la infancia, eran uña y carne, hasta que un buen día, de la noche a la mañana, se fue.

- vaya ¿Cómo estas? Has cambiado muchísimo – dijo sonriente – no te había reconocido.

- Bueno, hará unos cinco años que no nos vemos, shalafi, es normal – respondió a la pregunta con una sonrisa que mostraba todos sus dientes – a ti en cambio es fácil reconocerte, no hay muchos peliplateados con ojos dorados.

- Si bueno… no paso muy desapercibido – dijo tocándose el pelo - ¿Qué haces aquí?¿has vuelto a la ciudad?

- No, estoy por viaje de negocios. –Le explicó - Trabajo para la compañía de mi padre, cuando le echaron de la empresa decidió empezar una nueva vida en otra ciudad abriendo él una. Yo soy su representante, hablo con clientes, investigo un poco… no es muy interesante… ¿y tú que haces?

- Estoy estudiando derecho – respondió orgulloso.

- Vaya, veo que sigues con tu obsesión – dijo con picardía – hay cosas que nunca cambian. Por cierto ¿Qué es de tu hermano?

- Ah bueno…- respondió un poco nervioso – esta en otro pasillo comprando cosas para nosotros –dijo echando el paquete de cereales en la cesta- no tardará en aparecer.

Hubo un momento de silencio en que Dalamar utilizó para dar un "repaso" a su viejo amigo.

- Que ocurre? – preguntó incomodo.

- Vaya, estas más bueno que antes – silbó Dalamar, Raistlin se ruborizó – y dime, ¿todavía no…?

- No – zanjó el asunto Raistlin.

Dalamar, ante ese "no" tan rotundo le observó, estaba claro que todavía no.

- Oye – interrumpió el silencio Dalamar – voy a estar unos días en la ciudad en este hotel – le tendió una tarjeta a Raistlin – si quieres, puedes pasarte un día de estos a recordar viejos tiempos.

Raistlin se le quedó mirando, sabía a lo que se refería con "recordar los viejos tiempos". Cuando Dalamar y él eran íntimos amigos descubrieron juntos la sexualidad.

- No te preocupes – respondió finalmente – desde que te fuiste supe arreglármelas. Siempre hay algún desesperado dispuesto a tener sexo, aunque sea conmigo.

Dalamar no dijo nada. Estaba claro que Raistlin no se veía ni se vería nunca atractivo, cosa que evidentemente no era así. Raistlin era alto y delgado, su melena larga y plateada era realmente hermosa, pero ni punto de comparación con esos ojos dorados que hacían que te perdieses en ellos, sus rasgos eran finos y casi ni tenía marcas de expresión en el rostro. Era deliciosamente sexy.

- De todas formas quédate con la tarjeta –dijo colocándole la tarjeta en la mano- y apúntate mi móvil, aunque no esté en la ciudad me gustaría que hablásemos de vez en cuando, si no te importa claro.

- Claro que no – sacó el móvil del bolsillo – ahora que nos hemos encontrado me gustaría que no volvieses a desaparecer de repente.

- Te está molestando este tipo, Raist? – dijo una voz detrás suya. Al girarse vio a su gemelo con cara de pocos amigos.

- No, tranquilo hermano – le respondió para calmarle – es Dalamar, mi viejo amigo del instituto, ¿lo recuerdas?

Caramon miró fijamente como Dalamar le extendía la mano para estrechársela mientras ponía su sonrisa burlona... si, recordaba a aquel tipo. No le caía nada bien, por su culpa Raistlin se alejaba muchas veces de él – Sí, le recuerdo – dijo finalmente.

Dalamar al ver que Caramon no iba a saludarle retiró la mano con satisfacción como si hubiese ganado la batalla. Raistlin observaba a Caramon intentando comprender que le pasaba ahora a su hermano. Viendo que no tenía pensado irse empezó a ponerse nervioso.

- Vete Caramon. Molestas – dijo sin importarle la cara de dolor que expresaba su gemelo. Este balbuceando una especie de disculpa se marchó hacia los lácteos.

- No era necesario ponerse así – le espetó sonriente Dalamar – ahora se pensará que soy una amenaza.

No sabía a que venía ese comentario, ¿él una amenaza? Decidido a preguntarle porqué había dicho eso fue interrumpido por un hombre que llamó la atención de Dalamar.

En ese momento Caramon estaba mirando hacia donde estaban ellos, giró la cabeza bruscamente cuando vio que Dalamar echaba un vistazo en su dirección. Dalamar esbozó una sonrisa.

- Lo siento, tengo que irme ya, me ha encantado volver a verte Raistlin, de verdad y espero que no sea la última vez –antes de que este pudiese decir nada Dalamar le abrazó – Una cosa más – le susurró – Caramon no te ha quitado ojo de encima desde que he llegado yo – le guiñó un ojo y se fue haciendo un gesto de "Llámame".

Raistlin sonrió y se despidió con la mano, a él también le había gustado volver a verle, algo vibró en su mano que resultó ser su móvil que Dalamar le había hecho una llamada perdida. Volvió a sonreír y miró en dirección por donde se había ido Dalamar. No era consciente de la mirada celosa de su hermano que le vigilaba en esos momentos.

Pasaron un par de días desde el rencuentro con Dalamar en los cuales, de vez en cuando, se hacían perdidas con el móvil y se mandaban un par de mensajes. Raistlin ya se encontraba muchísimo mejor de su salud pero se dio cuenta de que Caramon vigilaba todos sus movimientos y sobretodo cuando cogía el teléfono, estaba empezando a agobiarse (y no tenía mucha paciencia precisamente). Cuando iba a la Universidad se encontraba a la salida con su hermano para acompañarle a casa. Decía que podía tener una recaída, pero no convenció mucho la excusa a Raistlin.

Una noche, tras haber estado estudiando durante todo el día, se dirigió a la cocina para tomar algo para calmarle la garganta, empezaba a molestarle. Abrió el frigorífico y descubrió que no quedaba leche. Raistlin frunció el entrecejo, siempre pasaba lo mismo, Caramon se bebía el último trago y no volvía a reponerlo. Cerrando la nevera con fastidio decidió ir al 24 Horas a comprarla, y así de paso se despejaba un poco de estar todo el día en casa. Cogió las llaves de casa dispuesto a irse cuando escuchó los pasos rápidos de su gemelo.

- A donde vas a estas horas, Raist? – dijo Caramon con ceño fruncido.

- A ti que te importa? – dijo con voz siseante, la tos empezaba a formarse en su garganta cuando se ponía de mal humor.

- Vas a ir a ver a ese, verdad? – dijo escupiendo cada palabra con rencor.

- Desde cuando te incumbe con quien vaya o deje de ir? – Gritó harto de tanta estupidez haciendo que un acceso de tos bloqueara sus pulmones durante un momento – No eres nadie para controlarme.-consiguió decir finalmente.

- No me fío de ese tío, Raist – dijo preocupado al ver a su hermano – no te conviene.

- Y según tu quien me conviene, necio? – Dijo con voz entrecortada, se estaba asfixiando – deja de hacerme esto…- con un rápido movimiento esquivó a su hermano y salió por la puerta corriendo.

Caramon se quedó en la entrada con la cara congestionada por la ira, golpeó la pared con fuerza haciendo que se le resintiera la mano "Que diablos estoy haciendo?" Se espetó a si mismo.

Raistlin siguió corriendo hasta que un nuevo ataque de tos le obligó a detenerse. Este era de los fuertes. Tras unos minutos que le parecieron infernales, consiguió que se detuviera, se limpió con el dorso de la mano los labios y descubrió un pequeño rastro de sangre. Maldiciendo su débil cuerpo golpeó la pared con el puño. Una vez que recobró el aliento sacó del bolsillo el móvil y marcó un número, esperó a que diera señal y habló.

- Quiero recordar viejos tiempos…

Dalamar abrió la puerta de su habitación mostrando a un ofuscado Raistlin que entró sin esperar a que lo invitaran.

- Te ha pasado algo, Shalafi? – le preguntó el moreno.

- Nada. – Fue la escueta respuesta del peliplateado, este ya estaba sentado en la cama intentando quitarse la sudadera, pero la cremallera se le resistía.

El moreno se sentó junto a Raistlin y miró en sus ojos, cualquier persona pensaría que estaba realmente cabreado pero Dalamar sabía leer en él y vio en ellos dolor. Dolor que solo alguien podía causarle semejante estado.

- Que ha ocurrido con Caramon? – le preguntó mientras posaba sus manos en las de él para que dejara tranquilo la cremallera.

Raistlin se detuvo, tenía la respiración entrecortada, estaba sufriendo. Tras unos minutos de silencio en que el peliplateado no dijo nada, Dalamar decidió romper el silencio.

- No te preocupes, Raistlin – Solo le llamaba por su nombre cuando se ponía serio.

Apartó las manos de Raistlin de la cremallera – yo haré que olvides este dolor. - Con tranquilidad consiguió que la cremallera bajara del todo. Miró a Raistlin, una gran tristeza velaba sus ojos. Con ternura posó sus labios en los suyos, dándole besos tiernos y llenos de cariño, consiguió que su acompañante empezara a participar. – No quiero que pienses en nada – añadió mientras le acariciaba la mejilla – solo siente estos besos… estas caricias… ahora solo estamos tu y yo en este mundo.

Raistlin se tumbó sobre la cama apoyando sus brazos sobre sus ojos ocultándolos, Dalamar le siguió, con besos cortos besaba sus finas manos para que mostrara sus ojos. Raistlin al final cedió, pero no abrió los ojos, Dalamar, más o menos satisfecho, se dirigió hacia los labios para lamerlos, el peliplateado entreabrió su boca dejando acceso a la experta lengua del moreno. Sus besos calmaban su dolor, recordó la primera vez que lo hicieron, ambos nerviosos tras ese primer contacto hizo que sus cuerpos vibraran de placer hasta saciar su lujuria. "Eran tiempos mejores" pensó Raistlin agarrándose a la espalda de su viejo, y ahora, amante. Los besos se fueron haciendo más apasionados, la ropa empezaba a sobrar y Dalamar decidió que era hora de deshacerse de la sudadera y la camiseta de Raistlin; con tranquilidad, mientras besaba el cuello del peliplateado, iba quitándole la ropa, hasta dejar finalmente el torso desnudo.

- Eres realmente hermoso, Shalafi – susurró.

Raistlin se sonrojó ante el comentario e intentó taparse con ambas manos, antes de que eso ocurriera, Dalamar las agarró, y empezó a lamer uno de sus ardientes dedos. El peliplateado soltó un gemido, Dalamar le miró directamente a los ojos y se excitó. Los años habían pasado bastante bien al moreno. Raistlin se acercó hasta los labios de su amante y los besó con fuerza. Dalamar empezó a acariciar el torso desnudo, sus manos estaban heladas comparadas con las del peliplateado. Raistlin dirigió una de sus manos a la entrepierna del moreno, pero este la apartó.

- No tenemos prisa – susurró con voz ronca a causa del placer – quiero que goces el mayor tiempo posible.- Tras decir esas palabras se dirigió hacia uno de los pequeños pezones rosados de Raistlin y empezó a lamerlo consiguiendo que Raistlin volviera a gemir. Estuvo deleitándose con sus pezones unos minutos hasta que notó que algo más reclamaba su atención. Dejando a un lado a sus pezones endurecidos, fue recorriendo con besos los poco pronunciados abdominales del peliplateado hasta que llegó a su entrepierna. Con su boca desabrochó uno de los botones de los vaqueros de Raistlin. Haciendo torturar un poco más a su compañero volvió a dirigirse hacia los abandonados pezones. Raistlin soltó un gruñido, pero hizo caso omiso.

- Sigue…- murmuró roncamente Raistlin.

- eso hago – respondió el moreno con una sonrisa en los labios mientras seguía lamiendo.

- Ahí no – dijo azorado.

- Aquí? – empezó a lamer entre los pectorales

- No…

- Aquí? – repitió el moreno cerca del ombligo.

- No…

Dalamar terminó de deshacerse de los pantalones y boxers de Raistlin dejando a este totalmente desnudo con su miembro ya endurecido.

- Aquí? – se dirigió hacia la entrepierna lanzando el aliento sobre la punta.

- Sí… - respondió sonrojado.

- Tus deseos son órdenes para mí, shalafi – dijo llevándose el miembro de Raistlin a la boca, empezó a lamerle lentamente.

Los gemidos de Raistlin llenaron la habitación, acababa de empezar y sentía que ya se iba a correr. Él estaba acostumbrado a sexo rápido en lugares cutres, que en algunas ocasiones ni siquiera terminaba corriéndose. Aquello era una delicia y sin previo aviso una punzada de placer recorrió su espina dorsal haciendo que se vaciara en la boca de Dalamar. El otro, aunque estaba sorprendido, no dejó de lamerle.

- Yo… lo siento… ha sido sin querer – intentó disculparse Raistlin avergonzado.

- Vaya, no sabía que era tan bueno – se relamió y lo besó en los labios con pasión – pero que sepas que esto no ha terminado aún. – Recorrió con su lengua de nuevo el cuello para después pasearse por sus pezones descubriendo que el miembro de Raistlin volvía a estar endurecido, lubricó uno de sus dedos con su propia saliva y lo introdujo en la entrada de Raistlin; éste intentando no gritar de placer se mordía el dorso de la mano, Dalamar complacido empezó a moverlo en círculos dentro de él, tras unos minutos así vio que los gemidos de Raistlin empezaban a descender, así que introdujo un dedo más haciendo que volviese a gritar e incluso introdujo un tercero.

- Ya… es… demasiado para mi – decía entrecortadamente Raistlin – hazlo ya.

- Como ordenes, shalafi – viendo que ya estaba suficientemente lubricado cogió un preservativo y se lo puso en su propio miembro, una vez hecho se tumbó sobre Raistlin, colocándose entre sus piernas sin aplastarle. – Estas listo?

El peliplateado asintió con la cabeza y se agarró a los hombros de su amante. Dalamar colocó su miembro en la entrada de Raistlin y poco a poco fue penetrándolo. Al notar las uñas de Raistlin sobre su carne vio que aun no estaba acostumbrado a la invasión, con besos dulces fue calmando su dolor mientras que lentamente iba moviendo las caderas.

Al principio era un poco doloroso, pero el placer empezó a sustituirlo hasta conseguirlo completamente. Con una de sus manos se dirigió hacia su propio miembro y empezó a masturbarlo con fuerza, pero Dalamar cogió su mano y la entrelazó con la suya.

- Aun no, shalafi – dijo con voz ronca – esto acaba de empezar.- Colocó las piernas de Raistlin sobre sus hombros para que las embestidas fueran más profundas y mas placenteras.

Hacía muchísimo tiempo que no sentía tanto placer y precisamente la última vez que lo sintió fue con Dalamar. Su vida hubiera sido más fácil si se hubiese enamorado de él, pero no fue así. Una embestida que golpeó en su próstata, le hizo recordar donde estaba en ese momento dejando atrás sus pensamientos. Dalamar agarró las piernas de Raistlin y las bajó mientras le hacia girar sobre su propio cuerpo hasta colocarse a cuatro patas.

- Tu culo es delicioso, Shalafi – ronroneó el moreno – tal como lo recordaba.

Las embestidas iban en aumento y daban exactamente en el punto en el que cada embestida parecía que se estuviera corriendo, su piel estaba perlada de sudor, recordaba aquellas cicatrices que estarían marcadas para siempre en él. El vaivén hacía que su larga melena pareciese que estuviese danzando. Dalamar estaba hechizado ante lo que tenía delante y maravillado como estaba empezó a notar que iba a terminar.

- E-estoy apunto – murmuró Raistlin – voy a correrme

- Espera, shalafi – dijo agarrándose con fuerza al trasero del peliplateado – si te estrechas así no puedo seguir…

- Ahh!

Una oleada de placer recorrió el cuerpo de Raistlin haciendo que eyaculara sobre las sabanas y su propio cuerpo.

- Ah! – gimió roncamente Dalamar. Al estrecharse la entrada de Raistlin hizo que no pudiese controlarse y terminó corriéndose dentro.

Los dos se quedaron en esa posición durante unos momentos hasta que poco a poco fueron recobrando el aliento. Dalamar, un poco más calmado extrajo su miembro lentamente del interior de Raistlin y se tumbó a su lado mientras que Raistlin hacía lo mismo.

La habitación permaneció en silencio durante largos minutos, desde que ambos terminaron no se habían dicho ni una palabra, pero la mente de Raistlin estaba llena de pensamientos, pensamientos que le torturaban.

- ¿Por qué no le dices a tu hermano que estás enamorado de él? – rompió finalmente el silencio Dalamar con su pregunta.

- Porque podría perderle…- contestó Raistlin. Con Dalamar no tenía que fingir nada, él lo sabía desde hacía años, nunca le juzgó ni le reprimió por ello, cosa que agradecía enormemente, no preguntaba, solo escuchaba. Hasta esta noche.

- No te entiendo, shalafi – dijo el otro – de verdad estas dispuesto a sufrir el resto de tu vida por él?

Raistlin no respondió, además Dalamar sabía la respuesta, siempre la supo – Sabes, shalafi? –Añadió- El amor es el único juego que pierdes antes de apostar. El "no" ya lo tienes, no sabes si él siente lo mismo por ti. ¿Qué podrías perder si se lo dijeras?

- Todo. Lo perdería todo – respondió mientras que volvía a cubrir con su antebrazo sus ojos – Con estar a su lado me basta para ser feliz.

Dalamar lo observó, no soportaba ver a su viejo amigo así, vio que una lágrima recorría su mejilla.

- Te equivocas, shalafi – lo rodeó con sus brazos – no eres feliz.

Eran las tres de la madrugada cuando Raistlin abría la puerta de su casa, no intentó ser sigiloso ya que sabía que su hermano estaría todavía despierto esperando su regreso. Y así fue, nada más cerrar la puerta los pasos agitados de su gemelo demostró que estaba en lo cierto. Caramon tenía los ojos rojos y la cara congestionada, al ver a su hermano no pudo evitar abrazarlo con fuerza mientras lloraba.

- Lo siento Raist – sollozaba – de verdad que lo siento, yo-yo no quería agobiarte… no quiero perderte, hermano.

Raistlin le devolvió el abrazo al castaño, "te equivocas, shalafi, no eres feliz" recordó las palabras de su amigo

Nunca me perderás, hermano.

Continuará…

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* El baile del cangrejo feliz sería una versión de la del doctor Zoidberg de Futurama xD

No soy muy fan de Dalamar x Raistlin… pero mientras salga Raist me gustará xD

Que os ha parecido lo de "recordar viejos tiempos"? jejeje vaya perverts.

Poco a poco se van descubriendo sentimientos… como acabará todo?

Gracias a Hope-to-last por el review y de nuevo a ti Kaye =D