Gracias por los Reviews.
Y gracias por recordarme que tenía que hacer esto:
Disclaimer: Yu Yu Hakusho y sus personajes pertenecen a Yoshihiro Togashi. Yo no saco nada de dinero por hacer este fic.
Quisiera poner esto en el primer capítulo... pero la verdad, es algo que se me hace muy complicado para hacer en este momento, ya que tendría que borrar los capítulos y volverlos a postear. Disculpen. Me alegra que no les moleste la pareja KxK.
Capítulo Tres
Nuestra Realidad
Con un bostezo imposiblemente cansino, Yuusuke Urameshi caminaba por los corredores de la escuela, ausentemente notando que la mayoría de las aulas estaban ya vacías. Era ya la hora en que solo los miembros de clubes y encargados de limpieza de salones quedaban en la escuela, y todos los demás ya estaban dirigiéndose a sus casas, evacuando la escuela en menos de cinco minutos para llegar a cenar temprano. La enfermería también estaba vacía para ese momento, notó el chico al pasar frente a la puerta abierta.
Claro, había algunas otras personas que deberían quedarse en la escuela... pero Yuusuke no sentía ganas de asistir a una detención con el profesor más joven de la escuela.
Manos en los bolsillos y mirada al cielo, el chico vestido de camisa blanca y pantalones de mezclilla azules caminó por la puerta del frente. La escuela ya no pedía que se usaran uniformes desde cierto incidente hacía unos meses atrás. Al recordar eso, Yuusuke sonrió ampliamente. Nadie sabía que había sido su culpa. Era una de esas victorias que no eran victorias si llegaban al público.
Estaba cruzando la reja principal cuando alguien lo distrajo.
"¡Urameshi!" Giró, para ver a ese cabeza hueca de Kuwabara y a sus amigos caminando hacia él.
A Yuusuke nunca le había agradado ese chico. Antes solía ser más aventurero y fácil de molestar, pero desde hace pocas semanas (Yuusuke sospechaba que desde que comenzó a tomar las tutorías con Kurama) ya no luchaba. Al menos, no en público. Yuusuke lo miró silenciosamente, sin hablarle para reconocerlo.
"¿No tenías detención con el Profesor Minamino a esta hora?" preguntó, tono suspicaz.
"Nope." Yuusuke dijo. El rostro de Kuwabara adoptó una mirada molesta.
"Le diré al profesor que te escapaste de la escuela."
"Gran cosa," se encogió de hombros.
"¡Urameshi!" rugió el chico, puños cerrados firmemente. Yuusuke esperó, mirándolo en un modo retador, pero el chico no hizo nada. Sus amigos parecían estar algo nerviosos, como si dudaran que se quedaría así de reprimido por más tiempo. El chico de cabellos negros se encogió de hombro de nuevo y continuó su camino. "¡Bien!" Señal de derrota forzada por uno mismo. "¡Le diré al Profesor Minamino que no asistirás! Así podremos empezar las tutorías de hoy a la hora adecuada..." murmuró la última parte, aunque sus dientes seguían apretados con enojo.
Se esta volviendo la mascota del profesor... Urameshi pensó con exasperación, pateando una roca en el camino antes de seguir su camino. Realmente no le importaba lo que pasara con Kuwabara, y tampoco le interesaba la opinión del pelirrojo profesor sobre saltarse clases.
Ya tendría suficientes problemas al llegar a casa, si su madre seguía como en los últimas meses. Pero no tenía más que hacer que volver a casa, ya que realmente no podía buscar a Jaganshi en su estado.
"...pastillas si te sientes mal, y deberías ir al doctor también."
El doctor... como si pudiera. No lo habían sacado antes del hospital porque no habían sabido que no tenía con que pagar. Todos sus ahorros de los pasados dos años ya eran inexistentes, dado que su cuidador se negaba a pagarle la cuenta del hospital.
Pero de cualquier modo, no era como si necesitase un doctor. Él curaba rápido.
"Aunque..." masculló para si, mirándose al espejo (un gran pedazo de vidrio, fracturado de uno más grande de orígenes desconocidos) y recorriendo su pecho desnudo con las puntas de los dedos. Frunció el ceño ante la imagen y se giró, cubriéndose el cuerpo con la camisa suave y holgada que había estado usando todo el día. "Esto tal vez no sane."
Le desagradaba Urameshi. Le desagradaba mucho.
Lo odio, pensó mientras se sentaba en la cama, yaciendo lentamente para no despertar ningún dolor en las heridas. Heridas que no tendría de estar muerto ahora.
No había pensado en las consecuencias tan detenidamente como había creído. Sus sospechas con respecto al tiempo de reacción por parte de la escuela y la llegada de los bomberos fue certera, y se había asegurado de ocultar o destruir toda evidencia de que el fuego hubiese sido provocado intencionalmente, o al menos quitó los objetos que guiaban a tenerlo a él como causa.
No había tomado en cuenta que alguien de la escuela fuera a salvarlo... al menos, no alguien que no fuese uno de los que eran pronos a hacerlo. Hiei se había asegurado de que esas personas no estuvieran cerca. ¿Pero Urameshi¿Yuusuke Urameshi, el delincuente que no se preocupaba por nada ni por nadie, excepto por si mismo y su novia¿Por qué lo había salvado él, de todas las personas?
Esas eran las preguntas que Hiei se hizo día a día en el hospital, intentando buscar las posibles respuestas, sin encontrar una. Solo podía ser una coincidencia, o un cambio de corazón repentino (aunque por lo de esta mañana, no era lo último).
"¡Hiei!" La voz normalmente suave como seda del hombre llegó a su habitación. Suspirando suavemente, Hiei drenó toda expresión de su rostro, y dejó su cuarto para dirigirse escaleras abajo.
"¿Qué?" Preguntó, recargándose en el umbral de la puerta que daba a la pequeña sala de estar decorada elegantemente.
La casa era pequeña, pero por dentro era muy bonita y con muebles de calidad. Bueno, al menos la mayor parte. Solamente el cuarto de Hiei parecía de vagabundo, pero eso era porque su 'tutor' nunca se molestaba en comprarle nada que no necesitara absolutamente, y Hiei prefería guardar el dinero que conseguía para emergencias (como ir al hospital después de casi morir en un incendio) que gastarlo en muebles que no usaría, ya que rara vez estaba en casa...
"Necesito que hoy te quedes en casa." Dijo, casi cortésmente, mientras arreglaba su cabello con sus finos dedos. El hombre, con cabellos largos, negros, y sedosos, no se molestó en mirar al chico directamente al dar la orden. Porque todo era una orden si se molestaba en hablarle a Hiei.
"¿Para qué?" Preguntó, refunfuñando. Hoy quería salir a conseguir dinero, no pasar la noche en la casa.
"Voy a salir." Dijo simplemente, volteando los ojos fríos y violetas al chico. La expresión ahí decía que sería castigado por cuestionar los comandos. Hiei no se inmutó. "No me gusta dejar la casa indefensa."
A mí tampoco me gustaría, si yo fuera el dueño de una casa con dos cadáveres sepultados en el sótano, más diez kilos de cocaína y veinte de marihuana ocultos en el estudio. Él solo quería que hubiese alguien en casa para distraer al que viniese con sospechas de contrabando o problemas de adicción. Claro¿qué importaba si a Hiei lo golpeaba un bravucón que alucinaba?
"Muy bien. Me quedaré en casa." Hiei optó por decir. Negarse no le serviría de nada, su tutor terminaría sujetándole la muñeca con una esposa cuya cadena no le permitía acercarse a las ventanas ni salir por la puerta principal, como la última vez que le pidieron quedarse.
"Excelente." Un movimiento sutil con la cabeza, el negro cabello cayendo como cortina al frente de su cuerpo al mirar el más refinado espejo colgado en una pared. "No te subas a los muebles," Hiei achicó los ojos pero se mantuvo callado. Ya estaba acostumbrado a la orden, pero¿qué creía el hombre que era él¿Su perro? "y limpia la cocina si preparas algo. No dejes sobras." Por que el señor elegante nunca comería nada que preparase Hiei, y no quería sus 'mugres' apestando el resto de la comida en el refrigerador. "Lava los platos. Trapea, si tienes tiempo." Tendría que tener tiempo, o trapearía en lugar de la sirvienta por un mes. "Y no contestes llamadas. Por ningún motivo entres al estudio."
"Sí."
"¿'Sí' qué?"
"Sí, señor."
El joven hombre sonrió, mostrando afilados colmillos que normalmente estaban ocultos, como el resto de su boca, con una extraña mascara 'heredada de su familia', y necesaria para mostrar su rango entre los narcotraficantes. No era muy alto, pero no era lo más bajo.
"Hiei, Hiei, Hiei... puedes decirme Karasu si quieres."
"Gracias, Señor." Hiei simplemente respondió. No era un ofrecimiento real, después de todo, solo un acto para quienquiera que viniese y tuviese que ver a Hiei, como un vecino preocupado o un policía en ocasiones. Cuando estaban solos, como ahora, era simplemente una prueba y un recordatorio de la diferencia entre ellos. Llamar al hombre por su nombre, y por consecuente insinuar que eran iguales, siempre le ganaba una paliza después.
Pero a Hiei no le importaba. Él sabía que no eran iguales.
Hiei era mejor.
Solo complacía a esta débil persona (que por azares del destino tenía una gran influencia legal en la vida del adolescente) para seguir teniendo un techo bajo el que vivir.
Aunque a Karasu no le importase dejar marcas, Hiei no quería que otros las vieran y se preocuparan por él. Solo causaría pláticas horrendas y probables viajes al psicólogo, que probablemente terminarían en investigaciones y el título de tutor revocado de Karasu, por no mencionar que este iría a la cárcel. Y Hiei no podía permitir eso. No podía recurrir a lo que le quedaba de familia, le arruinaría la vida a Yukina...
No notó que Karasu se movía hasta que pasó por su lado, rozándole el hombro con el suyo propio.
Al voltear Hiei, el recuerdo de Urameshi pasando junto a él le corrió por la mente medio segundo, antes de que sus ojos se enfocaran en el alto y delgado hombre que tenía como tacaño y negligente guardián. Ni siquiera se había enterado de que Hiei estuvo en el hospital hasta dos días después, cuando lograron contactarlo al regresar de su 'viaje de negocios'.
"Te veré después, Hiei. Cuida la casa."
"¿Ya te vas?" Hiei preguntó, malhumorado de nuevo pero manteniendo la voz curiosa en vez de frustrada.
Eran apenas las seis, y no quería ir a su cuarto tan temprano (estar ahí era la única forma en que no tocaría ni ensuciaría nada, y por tanto no enfadaría a Karasu).
"Sí. Debo llegar temprano, o perderé mi lugar." Se colocó la mascara extraña, confirmando las sospechas de Hiei sobre el lugar al que asistiría. "Hasta mañana, pequeño."
Hiei gruñó bajo su aliento, un sonido que, afortunadamente, no causó ofensa en Karasu. Mejor llega antes de las siete de la mañana, pedazo de idiota, porque yo si tengo algo medio-útil que hacer. Aunque la verdad no le molestaba faltar a la escuela... pero eso le ganaría otra semana de detención con el torpe Profesor Minamino, o al menos asistir a la detención el Domingo también. El Domingo era su día de ocio, no podía gastarlo escribiendo 'No Debo Insultar a Otros Estudiantes' una y otra vez en la pizarra negra.
"Hasta mañana. Cuídate." Forzó en lugar de sus verdaderos pensamientos, bajando la cabeza un poco.
Satisfecho, Karasu salió por la puerta delantera, y Hiei no se movió hasta que oyó el motor de su auto alejarse.
"Pendejo." Masculló, metiendo las manos en los bolsillos y dirigiéndose a su cuarto. El chico de cabello extraño nunca se negaba a una buena siesta, y era algo que le impedía desear el fuego. Solo esperaba no soñar con cierto chico de cabellos tan obscuros como los suyos, como le había pasado en la última semana.
"¡Cáaaaaaaaaaaallate!"
"Habla consigo misma..." Yuusuke murmuró, sin levantar la mirada de la historieta que había 'encontrado' en la mochila cerrada con seguro y caja oculta como libro de un cerebrito aquella mañana. Se oyó algo que golpeaba la pared y se rompía, y Yuusuke suspiró. "No la vajilla de porcelana..."
A él no le interesaba si se rompía la porcelana o no, pero a su madre la pondría furiosa haberlo roto. Lo que sería igual a odio a si misma, que se convertiría a una depresión que la llevaría a pedirle a 'ese hombre' más droga. Y como 'ese hombre' no estaba ya interesado en la mujer que una vez llamó esposa, no le daría nada. Y Yuusuke tendría que ver a su madre destrozada, llorando en el suelo de la cocina y sosteniendo una botella, y cuando lo viera chillaría en su hombro hasta que su hijo prometiera conseguir dinero para la droga a la que él no era adicto.
Simplemente no le gustaba ver a su madre sufrir. Era patética... Y Yuusuke sabía que ella era más fuerte que eso. Lo había demostrado antes, cuando Yuusuke era un pequeño niño indefenso y no podía defenderse solo. Ella era como una fiera, una leona protegiendo a su cachorro... ahora el aún joven león era el que debía hacerlo.
"Mejor le traigo una cerveza..." Decidió, levantándose mientras estiraba los brazos al cielo, bostezando largamente.
Estaba en su camino hacia la planta baja del apartamento cuando se dio cuenta de que su madre ya no hablaba sola, como hace unos minutos. Sus ojos se achicaron ligeramente al llegar a la sala, y se tensó.
"Por eso, mi querida Atsuko, te he traído esto..." Decía su suave voz mientras colocaba una botella de vino fino en las manos de la mujer que descansaba junto a él en el sillón.
"Sakyo," decía la mujer con una suave, calma risa que Yuusuke no oía con otra persona que no fuera él mismo y esta persona.
Sería bueno si fuese su padre, pero no. Era un hombre con cabello largo y oscuro, le caía en los hombros como una cascada. Sus ojos, fijos en la madre ahora-algo-sobria de Yuusuke, eran de un calmo color azul, aunque el joven no estaba seguro si ese era su color natural. Lo único peor de que esta persona no fuera su padre, era que Sakyo Valdez era un conocido de su padre.
Y estaba coqueteando con Atsuko.
"Sakyo," hizo eco Yuusuke, haciendo que el hombre pasara su atención de la mujer al chico en la puerta, ojos tornándose café oscuro con desconfianza y cautela. "Que lindo es verte por aquí de nuevo. ¿Le dijiste a Shigeko Urameshi-san que vendrías a ver a su esposa?"
El hombre se levantó con unas suaves palabras a la mujer que ya había logrado cautivar antes, y quien no parecía notar la presencia de Yuusuke incluso cuando Sakyo se fue con él a otra habitación.
"Yuusuke, mi niño..." comenzó él.
"No soy tu niño."
"...te he dicho miles de veces que dejes de fastidiar." Que el comentario fuese algo rudo no era extraño después de que Yuusuke le respondiera mal.
"Te he dicho millones de veces que dejes de coquetearle a mi madre. Ya está casada." Dijo, achicando los ojos.
No quería mucho a Shigeko, pero si podía usarlo para alejar a Sakyo de su madre, pretendería que sí. No era realmente que odiara a Sakyo... pero si Shigeko se enteraba de que Atsuko lo estaba engañando, (¿cuenta como engañar? La mujer no sabe ni que día es...) la cosa se podría poner violenta. No sería nada bueno. Y, por mucho que le costara admitirlo, Yuusuke apreciaba un poco a Sakyo, quien era el hombre que les ayudaba económicamente cuando lo necesitaban y Shigeko no daba nada de dinero. El Padre de Yuusuke no perdonaría tal traición por parte de Sakyo.
Sakyo alzó los brazos un poco para señalar el cuarto entero, el pobre apartamento en el que se encontraban. "Y veo que el esposo los cuida muy bien¿no?" El hombre no parecía nada nervioso de llamar a Shigeko un inútil.
Yuusuke se obligó a apretar los dientes, fulminando al hombre con la mirada. "Sakyo, no quiero que te quedes aquí ni un minuto más. Vuelve al hoyo del que saliste. ¿No ves que solo le haces daño? Atsuko no necesita que venga un hombre a tratar de seducirla..."
"Tampoco un hijo que le compra drogas porque está vulnerable." Sakyo regresó, aunque su voz era ahora más suave y sus ojos achicados con preocupación, casi cariño. "Yuusuke... cuando estoy con ella, no necesita nada más..."
El muchacho apartó la mirada. Aborrecía cuando Sakyo se comportaba tan extrañamente familiar. Como si fuera un amigo, un tío, o un padre. Y detestaba aún más cuando le decía verdades sin gritarlas. No podía golpearlo, se sentiría culpable.
Era lo malo de ser un buscapleitos con moral: La culpa.
La culpa que lo llevó a no seguir golpeando a Hiei aquella mañana, aunque pudo haberlo hecho, y lo que ahora le hacía contener sus emociones más salvajes.
"Voy a salir." Masculló finalmente, estirando el brazo al tiempo que agitaba la cabeza, tomando sus llaves de una mesita en el pasillo, por si al regresar la puerta estaba cerrada con llave (eso esperaba, ya que marcaría que Sakyo se había retirado). Sakyo simplemente asintió, de seguro contento porque el chico ya no estuviera demandando que se fuera. "Si te vas antes de que yo vuelva, apaga el gas," murmuró, sin prestar atención al familiar murmullo de acuerdo mientras salía del apartamento.
Necesitaba un poco de tiempo solo.
Soledad... era lo único que lo apartaba de la locura, pero también de todos los demás. No había una sola persona en la que confiase.
Sacó un celular de su bolsillo. No era su celular, sino uno que le había robado a un chico hace dos semanas, al acorralarlo por la noche en un callejón oscuro. Había sido cruel, amenazando con golpear al chico hasta medio-matarlo si no le daba algo de valor. Pero en esa noche había tenido que conseguir dinero para la droga de su madre...
La soledad no era tan buena después de todo, si no le impedía dejar de ser un bravucón con personas que no conocía cuando era necesario. Si era condicional, entonces ese sentimiento de culpa no podía ser moral¿o sí?
Suspiró, y marcó el teléfono de Keiko Yukimura. Esa persona era otro de los factores que a veces le ayudaba a sobrellevar su vida.
"¿Keiko-chan?" Preguntó cuando contestaron.
"¡Yuusuke¿Tienes un nuevo celular? No reconocí el número..."
"Sí, nuevo." Yuusuke sonrió amargamente, pero su voz permaneció alegre. "No creo que me dure mucho, ya sabes lo descuidado que soy. Siempre se me pierden las cosas." La suave risa de la chica (dedicada para momentos en los que Yuusuke no estaba siendo un idiota o un pervertido) le llenó la mente de claridad. Pero con el tiempo estaba perdiendo la intensidad, al menos en la cabeza de Yuusuke. "Oye no hemos hablado en todo el día."
Y con ese comentario comenzó la larga plática que Yuusuke había estado esperando, a cerca de sus respectivos días en la escuela. Claro, Yuusuke omitió la parte donde le daban detención, aunque para eso tuvo que mentirle a Keiko sobre lo que había pasado en el techo. Pero esto estaba bien, a Keiko podía mentirle para mantenerla feliz. Ella nunca se daba cuenta, de todos modos.
Pero eso está bien.
Eso se repetía cada vez que pensaba en el tema. Realmente estaba feliz¿por qué cuestionar la realidad?
Todo por ahora. Notas:
¿Kuwabara siendo mascota del profesor y no un busca pleitos?,¿Karasu vivo y relacionado a Hiei y no a Kurama?,¿Sakyo vivo, enamorado de la madre de Yuusuke y sin relación sentimental alguna con la hermana de Kazuma?,¿Yuusuke llevandose bien con Keiko y preguntandole de su día?
Sí... creo que mencioné que era Universo Alterno. Que no los asusten cambios como estos, va a haber más.
Nota aparte:
Si a alguien le interesa unirse a un Juego de Roles tipo escrito de YYH, vayan a mi página principal en y a mis foros.
