Advertencias: Antes que nada, avisar este fic es Yaoi (Chico x chico) si no te gusta te aconsejo que no leas este fic.

Disclaimer: Los personajes de este fic no me pertenecen, sino de los increíbles Margarett Weiss y Tracy Hitman. Lo que pasa es que he hecho mi versión y ahí si que que Raistlin es mio xD~

Dedicatoria: Este capítulo se lo dedico a mi loca amiga adicta de los conejos-sexualmente-activos Riverdepp :jackdirt: tu me entiendes XD

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Capítulo VIII: Kitiara

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

- Em-empuja más fuerte, hermano – jadeaba el peliplateado.

Ambos estaban perlados en sudor, con sus respiraciones agitadas.

- Así, Raist? – preguntó sudoroso.

Un último movimiento hizo que el de ojos dorados quedara satisfecho.

- Perfecto. Ya está todo limpio.

Raistlin se limpió el sudor de la frente, aquella endemoniada mesa pesaba un montón y tenían que manipularla entre los dos porque era demasiado larga como para que su enorme gemelo pudiese manipularla el solo.

En su ausencia Caramon no cuidó de la casa y estaba toda cubierta de polvo y eso era algo que odiaba, así que, obligándole, estuvieron todo el día limpiando.

Ahora daba gusto estar en su hogar.

- Si tienes calor podrías quitarte algo de ropa – comentó el hombretón.

- No, estoy bien así.

El castaño calló. La noche anterior vio en la espalda de su hermano una gran cantidad de cicatrices, de las cuales no se había atrevido a preguntarle cómo habían llegado allí. Las cosas iban bastante bien entre ellos y no quería fastidiarlo.

- Por cierto – continuó – no tenemos nada de comida y las tiendas ya están cerradas.

- Pues yo tengo un hambre terrible. – el rugido de sus tripas apoyaba su argumento - Te apetece que llamemos a los demás y vayamos a "El Último Hogar"?

- No veo inconveniente. Antes voy a la ducha – miró a su gemelo que se quitaba la camiseta - no, hermano, no vas a venir conmigo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

- Una ración extra grande de patatas picantes, Otik. – pidió Caramon.

Había buen ambiente en la mesa. Tasslehof aun le suplicaba incesantemente a Raistlin que le explicara el truco que le hizo la otra noche aunque no obtenía buenos resultados. – Vamos, Raist - El castaño reía la situación echándole el brazo por encima de sus hombros – no seas malo con el pobre Tas.

- Los magos no revelamos nuestros trucos – sonrió con sorna.

El resto se miró entre si, no era normal que los gemelos estuviesen de tan buen humor (más bien Raistlin) y encima de "colegueo". El peliplateado observó las caras de sus amigos dándose cuenta de la situación. Apartó de golpe el brazo que le rodeaba.

- Cuantas veces tengo que decirte que no soporto que me toques? – Fingió – Tengo que hablar contigo un momento a solas.

Se alejaron de la mesa hasta llegar a la barra donde podían discutir tranquilamente.

- Lo siento, Raist – se disculpó el castaño – creía que ahora no te molestaba.

- Claro que no, necio – un leve sonrojo apareció en sus mejillas – pero no podemos mostrarnos tan abierto al resto de la gente.

- Por que no?

- Por que no? – burló – no te das cuenta de que ambos somos hombres? Y encima hermanos!? En esta sociedad no esta bien visto ese tipo de relaciones.

- Ni siquiera a nuestros amigos? – se quejó el hombretón.

- A ellos menos. O es que quieres perderlos?

- No… - meditó Caramon – entonces… no puedo tocarte en público?

- Tendremos que actuar como antes, hermano. Es por nuestro bien.

- De acuerdo, Raist. Lo que tú digas. - Al girar sobre si mismo se chocó con la camarera – Lo siento, Tika. No te había visto.

Su respuesta fue una mirada de odio. El castaño quería disculparse con ella por lo ocurrido pero no quería cabrear a su gemelo.

- Ve a hablar con ella, hermano. – tocó Raistlin suavemente su brazo mientras se dirigía a la mesa para dejarles intimidad.

Caramon se dirigió nervioso hacia donde estaba la pelirroja, no sabía como disculparse, pero tenía claro que tenía que hacerlo.

- Escucha, Tika – comenzó un poco azorado.

- Por qué me distes ilusiones, Caramon? – preguntó con voz rota.

- No era mi intención, lo siento mucho…

- Pero… - dudó en continuar – puede que algún día volvamos a estar juntos?

- Yo… - el hombretón se agobió, no sabía que responder a aquello. – yo… estoy enamorado de alguien…

- Desde cuando? – dudó la pelirroja.

- Pues… – Caramon lo meditó un momento. – Creo que desde hace bastante tiempo, pero ni yo mismo lo sabía aun.

- Y estáis juntos?

- Aun no. – respondió recordando las palabras de su hermano. Puede que algún día no pasara nada por contarlo, pero aun no.

- Espero que te vaya bien – un rastro de lágrimas resbalaban sobre su mejilla.

- Gracias, Tika. – Limpió las gotas – Eres una buena amiga.

- Supongo que no puedo aspirar a más. – sonrió tristemente.

El hombretón la rodeó con sus enormes brazos en un fuerte abrazo.

- Vaya, hermanito. Siempre estas ligando. - El sonido de una voz acompaño el tintineo de la puerta al abrirse.

Caramon se giró y vio a una preciosa mujer con una sonrisa pícara de cabello corto y ojos negros como la noche. Iba enfrascada en unos vaqueros muy ajustados con unas botas altas y una chaqueta de cuero en la que se podía leer "Señor del Dragón".

- Kitiara!! – saludó al reconocer a su hermana haciéndole un "placaje".

Toda la cervecería vio como un enorme muchacho se lanzaba hacia una bella mujer alzándola como si se tratara de una almohada.

El peliplateado reaccionó ante ese nombre y lo maldijo.

- Estas fuerte como un toro, Caramon! – rió - Donde esta Raistlin?

- Esta allí. – Señaló hacia la mesa – Están todos.

Se dirigieron hacia la mesa donde un entusiasmado Tas abrazaba a Kitiara llevándose, sin querer, el collar que rodeaba su cuello. Sturm le echó una mirada fulminante sin decir palabra alguna.

- No vas a darle un abrazo a tu hermana, Raist?

- Claro, "hermanita". – Se levantó lánguidamente hasta que ella, al final, terminó dándole un fuerte achuchón. – Por dios, estas más delgado que la última vez que te vi.

- No creo que te acuerdes. – siseó – ya que han pasado más de tres años.

- He tenido intención de venir más veces, pero siempre surgía algo. – sonrió zorrunamente – Tu tampoco me vas a saludar, Tanis?

- Ho-Hola, Kitiara. – tartamudeó.

- Que has estado haciendo todo este tiempo, Kit? – preguntó emocionado el hombretón.

- Bueno, he estado haciendo trabajillos…- comenzó a explicar.

Estuvieron largas horas contándose anécdotas y poniéndose al día. Pasada ya la media noche, Otik cerró la cervecería "invitándoles" a irse.

- Ya es bastante tarde y mañana tenemos que ir a trabajar – recordó Sturm.

- Pero yo tengo ganas de que Kit nos cuente más historias – protestó Tas – Ey ¿Y eso?

El risueño fue hacia donde había un enorme perro negro de ojos azules que empezó a ladrar con fuerza.

- Tranquilo, Skye – acarició la enorme cabeza de la bestia – es un amigo, no tienes de que preocuparte.

El animal dejó de ladrar pero no dejó de vigilar a cada uno de los recién llegados con fiereza.

- Nosotros también nos vamos – añadió Raistlin.

- Por lo visto la reunión acaba por ahora – sonrió Kitiara – espero que nos volvamos a ver pronto.

- Buenas noches – respondió Tanis al guiñó que le hizo la morena.

Cada cual se fue por su camino. Al llegar a casa los gemelos entraron pero Kitiara se quedó en la puerta.

- No entras, hermana? – preguntó el peliplateado.

- Aun no – sonrió picadamente – voy a hacer una visita a un amigo muy especial.

Volviendo sobre sus pasos, Kitiara desapareció junto a Skye.

Raistlin cerró la puerta tras de sí mientras un acaramelado Caramon besaba su pálido cuello.

- Se que no podremos hacer nada mientras nuestra hermana esté en casa – respondió a la silenciosa pregunta que le había formulado su gemelo – pero es que va a ser tan difícil no poder besarte cuando nos apetezca…

- Aunque no esté aquí en estos momentos no haremos nada. – dijo con un toque de sufrimiento – Se a quien ha ido a ver – acarició los firmes pectorales del hombretón – y también se que al menos, esta noche, no volverá.

Los ansiosos labios se unieron en un beso apasionado mientras que las manos se perdían en el cuerpo del otro.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

No hacía ni veinte minutos que Tanis había llegado a su casa y ya tocaban a la puerta. Al abrirla descubrió a una seductora morena de mirada insaciable que le besó con fuerza.

- Kitiara – susurró el pelirrojo – lo nuestro terminó hace años. No puedes presentarte así.

- Tampoco es que lo hayas rechazado – ronroneó – ¿No está tu novia en casa?

- Se fue de la ciudad hace unos días con su padre.

- Perfecto ¿Qué tal si me quitas las botas?

Tanis conocía de sobra aquella pregunta. Siempre que lo hacía acababan haciendo el amor durante días. No necesitaba nada más.

Allí estaba ella, con su cara de prepotencia. Sabía que el caería.

El pelirrojo se arrodilló y empezó a desatarle las botas.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Pasaron dos días hasta que Kitiara volvió a aparecer por casa. Caramon hablaba sin cesar con su hermana, tenía tantas cosas que contar.

- Te has convertido en un hombre fuerte, hermano – reconoció la mayor – y tú en un chico muy listo. Nos iría bien gente como vosotros.

- A quienes te refieres, Kit?

- A mi grupo. – Respondió – Os aceptaríamos sin dudarlo, tenéis buenas dotes.

- Que tendríamos que hacer? – manifestó Caramon emocionado.

- Esta sociedad da asco allá donde mires – explicó la morena – hay que deshacerse de la basura que hay en ella.

- No contéis conmigo. – cortó Raistlin fríamente – y tampoco con él.

- Por que no, Raist? – Se quejó el castaño - Suena interesante. Así trabajaríamos los tres juntos…

- Tráeme un vaso de agua, hermano. – zanjó.

Caramon, un poco malhumorado fue hacia la cocina a hacer lo que le había mandado su gemelo.

- Que es lo que pretendes? – Protestó – ¿Meternos en problemas?

- Por que dices eso? – Una sonrisa prepotente adornaba en sus labios.

- Conozco a tu "grupo". No dejaré que arruines la vida de nuestro hermano –sus ojos eran afilados - y menos la mía.

- Ju ju – rió de forma burlona - ¿acaso olvidas lo que me debes, hermanito? Si no fuera por mi no estarías hoy aquí.

- No te debo nada. – siseó furioso.

- Como veas. – Disfrutaba incomodando al peliplateado – Si quieres puedo contarle un par de cosas a nuestro hermano.

- No te atrevas a chantajearme con eso. – Sus pupilas habían adquirido la forma de relojes de arena.

- Entonces deja que él elija lo que quiera hacer. – sonrió triunfante ante la derrota del menor.

- Aquí tienes, Raist. – depositó el castaño el vaso delante de su gemelo que ni siquiera dirigió una mirada al objeto.

- Ey, hermanito – llamó la atención de este – he estado hablando con Raist y dice que no le molesta que vengas conmigo. Quieres venir?

- El no viene? – miró al peliplateado cuyos ojos desprendían un odio atroz.

- Ya le conoces – burló Kitiara – no le gusta relacionarse con gente nueva.

- De acuerdo – aceptó Caramon tras meditarlo un poco – iré contigo, hermana.

- Tranquilo, cuando te necesitemos te avisaré. – Dijo mientras echaba una última mirada triunfante a su hermano menor y se marchaba a su cuarto.

- Por que no te apuntas tu también, Raist? - preguntó – Seguro que lo pasaremos bien.

- Eres un necio, hermano. – Abandonó él también la habitación dejando a un aturdido Caramon en su interior.

Continuará…

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

N/A: Ya llegó la hermana mayor. Antiguos amores que no se olvidan ¿Qué hará Tanis? ¿Qué secreto comparten Kitiara y Raistlin? Por lo visto ella disfruta haciéndole rabiar ¿Por qué el peliplateado intenta ocultarlo tan fervientemente? ¿En que se ha metido Caramon? Cuanta pregunta! xD no os agobiéis! En el próximo capítulo habrán respuestas… pero… de todo? xD

No se si recordareis que el dragón azul de Kitiara se llamaba Skye, he hecho un pequeño guiño sobre él ;)

Besos y gracias por los reviews!