Notas olvidadas del último capítulo:
-Sakyo Valdez es el verdadero nombre de Sakyo, no es inventado.
-Shigeko Urameshi es un Personaje Original.
-Sigue en pie lo del foro de juego de roles escrito. Ir a mis foros.
Y:
Se necesita beta-reader para esta historia, si alguien quiere ofrecerse. Hay foros donde encontrar una persona así, pero solo encontré en inglés, y esto esta en español... sí... ahem.
Capítulo Cuatro
Media Mentira
Era una bella mañana, y el sol había decidido salir temprano, llenando habitaciones con ventanas abiertas de luz para las ocho de la mañana. El viento soplaba delicadamente, y unas pocas nubes proveían alivio perfecto al caluroso día que invadía la frescura del otoño. Era un buen día, al menos para la mayoría de las personas.
Hiei Jaganshi no era una de esas almas afortunadas. Con un pie golpeando el piso de la cocina, y la fulminante mirada fija en el reloj justo frente a la puerta de la habitación, la frustración que irradiaba era obvia.
La escuela había empezado hace una hora, y él estaba despierto desde hace dos. Pero Karasu, como de costumbre al salir a una de sus 'reuniones', no había vuelto a casa aún. Y, como mascota que era para el hombre, el pequeño Hiei no podía salir de la casa sin permiso. Normalmente, iba a la escuela sin preguntar, pero con ordenes explícitas el día anterior de cuidar la morada, sería malo el dejar la casa.
Dejó salir un suspiro de frustración, y tomó un cuchillo que estaba sobre la mesa. Karasu lo había dejado ahí el día anterior, y como no le había ordenado a Hiei limpiar la casa (solo trapear), era completamente seguro volver a dejarlo en la mesa sin problema.
Jaló el cuchillo a debajo de la mesa y con la punta golpeó la superficie plana de abajo. Sabía que dejaba pequeñas grietas en la imitación de madera negra, pero Karasu no era tan paranoico y deseoso de castigar a Hiei para buscar ahí. Era algo que Hiei siempre hacía cuando Karasu no estaba en casa y se sentía de este modo, ya que era seguro y nada terminaba quemado. Se calmó un poco al pensar en ello, y automáticamente se imaginó con una espada en las manos, siendo un experto en ese arte...
Agitó la cabeza y devolvió el cuchillo a la superficie de la mesa al escuchar la puerta abrirse. Se agachó y tomó su mochila del piso, agarrando fuertemente mientras se levantaba y se dirigía a la entrada.
Pasó a Karasu sin decirle palabra, ignorando el pequeño llamado interrogativo que solo contenía su nombre para salir corriendo por la puerta delantera. Aún podía llegar a la mitad de la segunda hora, aunque solo usaría ese tiempo para meterse a la escuela. Tendría que entrar a clases hasta tercera hora, y discretamente. Si lo atrapaban llegando tarde, tendría detención con otros profesores.
Aunque, ahora que lo pensaba, Yuusuke Urameshi se saltaba muchas clases¿y él que recibía de castigo? Nada. Y si le daban uno, se escapaba de él. ¿Por qué para él la vida era tan fácil? Solo era pasearse por ahí viéndose como idiota, y confiar en su sonrisa socarrona para sacarlo de problemas. Yuusuke no—
Hiei agitó la cabeza violentamente, dando vuelta en una esquina y regañándose por estar pensando en el idiota. No tenía razón para pensar en él.
Claro, Hiei era algo salvaje, y no era algo normal que perdonase las ofensas. Eso explicaría la presencia del chico en su mente, ya que él había dado una ofensa mayor al insultar a Yukina, y también por detener la muerte de Hiei y dejarlo marcado con deformidades en su cuerpo difíciles de describir. Realmente, eran quemaduras, pero...
"Hoy estoy muy meditabundo," masculló para si, apenas saliendo a tiempo del ensimismamiento a tiempo para evadir un poste de luz.
Él siempre pensaba mucho (Hiei era bastante listo), pero no de este modo, no tan intensa y torpemente para distraerse de la realidad. Eso lo hacían los tontos, como Kazuma Kuwabara. O Yuusu— ¡Maldita sea, no pienses en él más!, se reprochó.
Corrió más rápidamente. Se conocía a si mismo. Las experiencias físicas, cualquiera (dolor, adrenalina, placer, cosquilleos), mientras fueran intensas, lograrían limpiar su mente y dejarle pensar mejor. Llegó a la escuela con la mente organizada, su aliento solo un poco apresurado, y miró alrededor. Cuando no veía a nadie pasar, trepó sobre la barrera de concreto que lo separaba de la escuela, y sigilosamente entró al edificio dos, donde estaba el más cercano baño de varones y donde podría ocultarse.
Suspiró de nuevo, aún de manera molesta y frustrada, al dejar su cuerpo caer contra la pared fresca del baño. Claro, forzó el impacto a ser suave, para no sentir dolor ni revivir recientes recuerdos.
Sentarse ahí, escuchando la ocasional persona pasar por el pasillo frente al baño, y mirando solamente la blancura arruinada del baño de chicos situado en el tercer piso, hizo a Hiei capaz de relajarse. Y era porque, mientras más se dejaba llevar por pensamientos al azar, más se daba cuenta deque las partes limpias de las paredes se parecían a el color de la nieve. Y la nieve le traía recuerdos. Gratos recuerdos.
Sintió sus ojos cerrarse mientras recordaba una particular mañana de Diciembre, hace casi ocho años...
"¡Yukina!"
Su propia voz resonaba en sus oídos, y vio a un pequeño niño de cabello alborotado corriendo como podía por la nieve que le llegaba a las rodillas. Estaba temblando, pero la sonrisa en su rostro era firme, como esa pequeña llamarada en sus ojos que lo mantenía vivo. En lugar de usar sus brazos para balancearse al avanzar, los tenía cruzados de modo protector sobre algo contra su pequeño y bien abrigado pecho.
"¡Yukina, mira lo que encontré!" gritó de nuevo, ya viendo a la chica de cabellos claros justo al frente, sentada en un banco que mantenía sus delicados pies lejos de la helada capa de suave nieve.
"¿Qué es, Oniisan?" ella le preguntaba, sonriendo ampliamente a su hermano, quien era solo dos minutos mayor que ella, mientras se acercaba. El chico de ojos rojos – el único parentesco entre ellos, sin contar la estatura o la cara en forma de corazón – al final llegó a su lado, y aflojó los brazos lo suficiente para que la chica pudiera ver al pajarito en sus brazos. Era muy joven, probablemente no tenía más de unas semanas de haber nacido, y sus débiles alas señalaban que no podría volar, razón por la que fue fácil para Hiei verlo y recogerlo.
Por los próximos días estuvieron encantados con el pájaro, cuidándolo para que pudiese pasar por su juventud sin morir por mala alimentación o debilitación. Cuando lo difícil hubo pasado, empezaron a pensar más seriamente en quedárselo como mascota.
"¿Qué nombre le pondrás, Oniisan?" Su voz sonaba dulce como miel, uniéndose perfectamente a la ternura en sus ojos al ver la pequeña ave de tonalidades café moverse en su nido improvisado con un suéter viejo que Hiei ya no usaba.
"¡Hiebie!"
Frío, congelado. Porque era en medio de la nieve donde lo encontró. Murió años después, por la edad. Pero lo que Hiei más recordaba del pequeño Hiebie era como se vio después de muerto... No le hizo honor a su nombre, y Hiei se había liberado del animal con aquel método por pura malicia...
"¿Hiei, qué le pasó a Hiebie?" a eso no había respuesta. "...¿Hiei¿Hiei?"
¿Hiei?… ¿Hiei Jaganshi?… ¡Jaganshi--!... ¿¡Hiei!?…
"¡Jaganshi!" Esa no era una de sus memorias. Los ojos rojos de Hiei se abrieron abruptamente, tan sorprendido que sus piernas casi se rinden bajo su cuerpo, a pesar de haber durado tiesas mientras tomaba una corta siesta.
Alzó los ojos, mirada fulminante ya puesta mientras se encontraba con un par de ojos café muy familiares.
¿Por qué, por qué le pasaba esto a él?
"¿Qué quieres, Urameshi?" Preguntó a regañadientes. Se sentía de mal humor, después de pasar la noche trapeando – Karasu convenientemente se había olvidado de mencionar la difícil mancha de soda seca en el piso del pasillo de arriba – y de llegar tarde a clases, y tener que ocultarse en el baño. No necesitaba que Urameshi insultara a su hermana de nuevo, no necesitaba provocarse fiebre como el día anterior.
"¿Qué haces aquí dormido?" Yuusuke preguntó, ignorando su pregunta y alzando las cejas.
"Espero a que empiece la tercera hora," masculló Hiei, no porque quisiera que Yuusuke estuviese enterado, sino porque el enojo de estar aquí, y del por qué estaba aquí, obligaba a su lengua a soltarse un poco. No era algo malo, al menos mientras no diera información importante.
Urameshi se encogió de hombros, aceptando la respuesta probablemente porque no la había esperado, y fue hacia los fregaderos.
Hiei lo observó sacar un peine del bolsillo para arreglarse el pelo. Fue entonces, al preguntarse por qué (Urameshi siempre tenía el cabello lleno de gel y peinado hacia atrás), que se dio cuenta que su cabello estaba muy alborotado. No se había peinado en la mañana, de seguro. Yuusuke atrapó su mirada interrogativa y fulminante después de dos segundos, y dio media sonrisa socarrona.
"Acabo de llegar. Me desvelé y desperté tarde."
¿Por qué le decía esto a Hiei? ... Seguro se lo diría a cualquier persona, considerando lo poco que le importaban las clases. Nada de que preocuparse o sospechar.
"¿Muy ocupado robándole cosas a los niños de primaria?" Preguntó, en el tono más casual del mundo. No quería pelear, pero si que estaba de mal humor, y esto era lo que le pasaba a su personalidad cuando estaba de mal humor... claro, estaba de mal humor casi todo el tiempo.
"Nah." Yuusuke no parecía ofendido. Seguro que tenía los ánimos más altos que los de Hiei. Porque el día de ayer se había molestado con el primer insulto de Hiei, y era incoherente que ahora fuese más maduro...
"¿Pesadillas?"
"Nope."
"¿Te cogiste a tu novia anoche?"
"Ya quisiera. Keiko es una remilgadita..."
"¿Fuiste a saquear?"
"No." Yuusuke volteó, cejas aún arqueadas al colocar el peine en su bolsillo, cabello ya arreglado. "Cielos, Hiei," el chico gruñó, odiando que Yuusuke lo llamara por su nombre, pero esa seguro era la razón de hacerlo "si que estas interesado en lo que hice anoche. ¿O será que estas interesado en mi?" Le dio una mirada insinuante. "¿Será que te gusto?"
"Marica," Hiei masculló, agitando la cabeza. Justo entonces sonó la campana, y, gustoso, Hiei salió del baño.
"¡Perdóname, Hiei¡Ya tengo novia!" Yuusuke llamó mientras se iba. "¡Oh, y perdón lo de tu hermana!"
Hiei de hecho se congeló en eso, pero para entonces ya estaba fuera del baño. Agitó la cabeza, pasando sobre la conmoción de que el maldito se hubiese disculpado, y con una mente confundida se fue a su siguiente clase.
Yuusuke sonrió en cuanto el chico salió del baño. Era una sonrisa algo forzada, pero no le importaba. Esto haría feliz a Keiko. La chica había insistido en que se disculpara con los gemelos, en cuanto Yuusuke dejó salir por error que había insultado a Yukina y Hiei. En cuanto Yuusuke le recordó que la chica Jaganshi (¿o será Koorime? Por algún motivo a la chica le habían dejado el nombre de familia de su madre...) no estaba, Keiko aún insistió en que se disculpara con Hiei, y le dio un discurso sobre sentimientos.
Yuusuke se sentía obligado a complacerla, después de sacarlo de la locura el día de ayer.
Giró hacia el espejo de nuevo, revisando que su cabello estuviese en su lugar.
La puerta del baño se abrió y Yuusuke vio en el reflejo de quien se trataba. El chico parecía algo sorprendido de verlo, pero su expresión se tornó neutral al avanzar para lavarse las manos en un lavabo a dos metros de Yuusuke. El mini-gangster sonrió. Reconocía ese revoltoso (no, solo despeinado, porque tenía mechones ondulados y marcados cuando estaba bien arreglado) pelo castaño oscuro, y la tez algo oscura, a pesar que los ojos intensamente azules fuesen distintos.
Kouhei Akutagawa, su mente le dijo, uniendo el nombre al de Saburo Akutagawa. Este último había estado metido en el narcotráfico, y con la poca e interesada ayuda de Yuusuke se había salido de la asociación. Saburo le había prometido algo a cambio de su ayuda, pero se había graduado el año pasado sin cumplir su promesa. Seguro que sabía que debería pagar de todos modos. Yuusuke estaba bastante seguro de que podría pedir el pago a través del hermano menor que justo ahora se lavaba las manos cuidadosamente.
Pero realmente, no se le ocurría nada en este momento para pedirle, así que ignoraría al chico. No tenía nada que Yuusuke quisiera, y la única influencia que tenía en la escuela era ser el capitán de algún equipo, aunque Yuusuke no recordaba cual.
Se comenzó a lavar las manos igual, notando los oscurecidos ojos del chico junto a él mirándolo de momento en momento. No le importaba, seguro que a Kouhei le habían contado de Yuusuke, ya fuesen sus compañeros o su hermano. Yuusuke le dio una socarrona sonrisa que hizo al chico hacer un sonido de desprecio y definitivamente apartar la mirada. ¿Qué tenía su sonrisa que hacía a los otros odiarlo? Bueno, sí, era burlona, pero...
Parpadeó al notar que agua caía al piso, mojándole los zapatos. No lo hubiese notado si no era por el sonido de las gotas, ya que no pasaría por el cuero lustrado. Giró la mirada hacia el lavamanos, arqueando las cejas al ver el pequeño espacio inundado. El agua elegantemente se desbordaba y caía al piso, ahora más velozmente. Yuusuke se aseguró de cerrar la llave antes que el baño se inundara, y observó el agua con aprecio.
De algún modo, le recordaba a Hiei... bueno, era una oposición exacta: Hiei era fuego, y el agua debía ser su contrario. Yuusuke no había pensado eso cuando se dio cuenta que Hiei era pirómano, sino cuando lo había visto en el incendio. Cada vez que regresaba el recuerdo, lo veía bajo una nueva luz. Pero cuando recordaba que Jaganshi pudo haber muerto ahí (no era que le preocupase su vida, sino que iba a robarle la atención. Eso era, solamente), dejaba de ser tan positivo.
No se pudo evitar preguntarse, que si el fuego podía matar a alguien de modo tan... tan... interesante (no iba a decir majestuoso, no iba a hacerlo)¿podría hacerlo el agua? Al sumergir su mano suavemente en la aparentemente-limpia agua y sentir esa pesadumbre alrededor de su piel, sabía que sí. Después de todo, la gente se ahogaba todos los días¿verdad? En un lago, o el mar, o en una...
"...Piscina." Sintió sus labios estirarse a una sonrisa y el peso de la mirada de Kouhei sobre él de nuevo, pero no le importaba, simplemente miró el agua con esa expresión de saber el motivo por el que vino al mundo.
...O el medio por el cual lo dejaría.
"¿Akutagawa?" Llamó, alzando la mirada lentamente para conocer los desconcertados mas algo curiosos ojos del chico.
Kouhei Akutagawa, su mente volvió a decirle, capitán del equipo de natación, el más joven desde hace diez años. Tiene copia de la llave de acceso a las piscinas de la escuela para el entrenamiento del equipo.
"¿Urameshi?" El castaño chico respondió, dudoso, al no escuchar nada más de Yuusuke.
"Necesito un favorcito."
"Gracias por honrarme con su presencia, caballeros."
Yuusuke nunca se había dado cuenta de que la voz del Profesor Minamino podía sonar tan molesta... siempre molestaba a Yuusuke de todas formas, pero eso era con voz normal, amable o preocupada. Pero Minamino había logrado sonar burlón hoy.
"Joven Urameshi, me apenó el saber que no asistiría ayer... claro, me pone de muy buen humor el tener compañía el Domingo. El invernadero de la escuela tuvo una plaga no hace mucho y se arruinó, tendremos que plantar todo de nuevo. Esté aquí para las nueve de la mañana, si le es posible."
Tan rápido como llegó, el tono que sacaba de quicio a Yuusuke se había ido. No hacía menos molesto el hecho de que tuviese que venir el Domingo. Pero, como Keiko diría, se lo había buscado. Y sería una buena excusa para estar fuera de casa.
Yuusuke miró con ojos aburridos al pelirrojo. Ya todos se habían ido de la escuela. Todos menos los de los clubes, algunos maestros, Minamino, Jaganshi, y él mismo. Hoy no se pudo saltar la detención, pues Keiko lo había arrastrado hasta acá. Keiko no era una de las admiradoras de Kurama, pero lo respetaba y acataba las reglas como niña buena. Como su novia, sintió que era su deber llevarlo a buen camino, suponía Yuusuke.
Y aquí estaba, sentado en uno de los bancos del frente, con Hiei en el banco de junto y Minamino al frente del salón, mirándolos con una apacible sonrisa que molestaba más a Yuusuke que cualquier tonalidad de su voz. Hiei parecía igual de harto, pero su rostro tenía sólo su expresión común de molestia eterna.
"¿Qué vamos a hacer para pasar el tiempo, entonces?" preguntó Yuusuke, recargándose contra el banco y colocando las manos detrás de la cabeza.
"¡Lamento llegar tarde!"
Yuusuke giró la cabeza de modo cansino al oírla abrirse, y frunció el ceño cuando un apresurado Kazuma Kuwabara entró al salón. ¿No tenía sus tutorías después de la detención?
"Esta a tiempo, Joven Kuwabara." Minamino aseguró, sonriéndole al muchacho y señalando al escritorio libre junto a Yuusuke. El chico se sentó, campantemente ignorando a Hiei, Yuusuke, y sus miradas fulminantes. Minamino regresó su atención a Yuusuke, tal como debía ser ya que el chico había preguntado algo. "Bien, Joven Urameshi, hoy, como en el resto de la semana, nos enfocaremos en algo académico..."
Giró a la pizarra, tomando un pedazo de tiza pequeño y comenzando a escribir, sus trazos elegantes y largos, y casi sin sonido alguno. Terminó de escribir 'Ecuaciones' antes de hablar de nuevo:
"Estoy al corriente, después de un poco de investigación, de que usted es candidato a volver a cursar el año escolar por faltas y mal desempeño en lo académico. Y las calificaciones del Joven Jaganshi me preocupan, ya que han estado bajando en los últimos meses." Un gruñido de parte de Hiei, y un gemido de fastidio proveniente de Yuusuke. "Veremos si en esta semana puedo ayudarles un poco en eso. No quisiera molestar al Joven Kuwabara haciéndolo esperar hasta después de vuestras detenciones, así que repasaremos lo mismo que vemos en sus tutorías. Ayer terminamos con lo necesario para el próximo examen de Comunicaciones, pero ninguno de ustedes parece tener problemas en esa materia en especial. Hoy serán matemáticas."
Volteó hacia ellos, cabeza ladeada en una expresión inocente. Yuusuke lo fulminaba con la mirada, Kazuma solo asentía con una expresión contenta, y Hiei mantenía los brazos estoicamente cruzados. Al no oír quejas, el Profesor Minamino comenzó a explicar las formulas necesarias para las ecuaciones que verían. Para su desgracia, Yuusuke tuvo que tomar notas, ya que ese era el requisito del profesor para salir de detención antes de las ocho de la noche. Debían ser notas serias, ya que las leería, y Yuusuke no se saldría con la suya escribiendo insultos al pelirrojo.
La detención fue decentemente bien. Kurama era de hecho un buen maestro, aunque Yuusuke jamás lo admitiría. Al menos no juzgaba a Yuusuke por la pinta que daba, sino por lo que sabía que era. Era cauteloso y no negligente, aunque eso era más molesto que bueno.
Yuusuke suspiró mientras hacía dibujitos en la parte trasera de una libreta. Al principio eran simples rayones, aunque después tomaron forma de una criatura extraña y algo redonda, que parecía mezcla entre conejo y pingüino. Parpadeó ante el horrendo dibujo y dio una suave risa, por la que Hiei lo miro de modo extraño. El buscapleitos se encogió de hombros, sacándole la lengua porque podía. Minamino estaba algo ocupado explicándole algo a Kuwabara para notar si se estaban distrayendo.
El chico iba a volver a dibujar, para perfeccionar su nueva creación extraña, cuando sus ojos pasaron por la libreta de Hiei.
El bajito muchacho también había estado dibujando, aunque era mucho mejor en ello que Yuusuke, y los dragones bizarros y oscuros que decoraban los márgenes de sus notas daban la clara impresión de estar hechos de fuego. Yuusuke alzó las cejas con una media sonrisa, pero Hiei eligió ese momento para darse cuenta de su mirada y cerrar la libreta deliberadamente.
Al alzar la vista, Yuusuke se dio cuenta de un tono extraño de rosa en su rostro. ¿Tendría fiebre de nuevo...? Yuusuke sonrió ante su propia ingenuidad.
Le da pena. Que lindo, pensó sarcásticamente. El chico era más inocente de lo que aparentaba.
Agitó la cabeza y regresó su atención a Minamino, quien ya estaba explicando el siguiente punto.
"¡Kurama!" llegó un grito de fuera del salón.
Lo siguiente pasó tan rápido que Yuusuke apenas y tuvo tiempo de procesarlo: Minamino se tensó visiblemente, ojos achicándose, y por la puerta entró una mujer (ardiente mujer) al menos diez centímetros más baja que el maestro, y quien sin embargo se le acercó prepotentemente y le dio una fuerte bofetada en el rostro, que hizo al profesor dar un par de pasos atrás y alzar una mano para tocarse la mejilla.
Parpadeó lentamente mientras la escena continuaba.
"Miyuki..." Murmuró Kurama, ojos fríos pero algo asustados al mirar los de la mujer.
"¡Eres un maldito!" Chilló la mujer, solo ligeramente dañando su belleza. Era una mujer con un cuerpo muy bello, con largos cabellos azules y unos ojos rojos que Yuusuke no podía comparar con los de Hiei, ya que eran muy distintos en forma e intensidad. Su piel era clara y con un tono algo grisáceo, pero eso era maquillaje. El mismo maquillaje con el cual pintaba sus labios del color de las violetas.
Pero Yuusuke notaba algo extraño en su postura.
Kurama apartó la mirada con una mueca de desprecio que Yuusuke jamás lo había visto usar. La mujer le siguió gritando.
"¡No fuiste al funeral de Kuronue¡Al menos eso le debes por llevarlo al suicidio!"
"Yo no hice tal cosa." Kurama masculló, cerrando los ojos y aparentemente tratando de ignorar los bramidos de la mujer.
"¡Claro que sí! Lo hiciste dudar sobre su sexualidad, y cuando al fin encontró respuestas, lo destruiste. ¡Después de acostarte con él para torturarlo y decir que solo querías lo mejor para él, lo menos que le debes es--!"
"¡Miyuki, cállate!" Kurama gritó de regreso, abriendo los ojos abruptamente solo para mirar a sus alumnos. "Fuera. Ahora."
Ese tono de peligro era suficiente para hacer a Yuusuke levantarse, sin importar que tan interesante fuese esto. Tomó su mochila y casualmente se puso una mano en el bolsillo, fingiendo desinterés al salir del salón. Notó el patrón de los pasos de Hiei detrás de él, y también que Kuwabara no se movió de su lugar. Se encogió de hombros y continuó.
Al salir por la puerta, se percató de que había una pequeña niña junto a la puerta, mirando a los adentros del salón con una mirada medio asustada, medio preocupada. Asumiendo que venía con la tal Miyuki, Yuusuke la ignoró completamente y continuó su camino con Hiei a la salida de la escuela, sabiendo que Hiei tomaría un camino distinto apenas saliendo.
Más notas:
-Siendo AU, la relación de Yukina y Hiei es distinta.
-Kouhei Akutawaga y Saburo Akutagawa son, como podrán haber adivinado, Personajes Originales.
-Miyuki NO es un Personaje Original¿recuerdan esa demonio que salió cuando iban a rescatar a Yukina, la que Yuusuke 'revisó' antes de vencer? (aunque no sé si aparece en las pocas versiones editadas que hay...)
Fausto IX: Ya se... Hehe. Por desgracia empezé a escribir fanfics en inglés, así que me hice adicto a usar las comillas.
Aio-Chan: Tengo una fijación por intentar hacer la gramática lo mejor posible... al principio de mi hobbie de escribir, me importaba poco la gramática (acortaba 'you' a 'u' -terror-), y al ver eso un año después me traumatizé...
Haha. Quiero postear La Mejor Defensa traducida aquí también... pero necesito el permiso de la autora primero, ya que solo le pedí subirlo a amor-yaoi.
Kakushi Miko: Gracias por no dejar de leer solo porque no te guste KxK.
Haruco and Hicaru: Espero que no te empieze a molestar cuando empieze a haber más amabilidad y cariño entre Yuusuke y Hiei. Gracias por leer.
Impure Act of God: Perdón por rayarte el disco, pero habrá palabrotas de vez en cuando... Y subo rápido los capítulos porque tengo los esquemas de estos primeros capítulos muy marcados en la cabeza, así que solo debo escribirlos en la computadora. Tal vez suba capítulos más lento en un futuro, pero espero no tardar más de un mes (lo más que me ha durado un bloqueo de escritor). Normalmente puedo terminar un capítulo en dos o cuatro días, una semana si tiene mucho que revisarse.
Mil gracias por los reviews. Espero que les siga gustando el fic a pesar de los cambios o giros en el plot que se me ocurra imponer. Intentó que sea original, pero a veces es más loco que eso, y a momentos si caigo en lo clásico.
