Advertencias: Antes que nada, avisar este fic es Yaoi (Chico x chico) si no te gusta te aconsejo que no leas este fic.

Disclaimer: Los personajes de este fic no me pertenecen, sino de los increíbles Margarett Weiss y Tracy Hitman. Lo que pasa es que he hecho mi versión y ahí si que que Raistlin es mio xD~

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Capítulo IX: Muerte

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Mira a su alrededor. Todo esta oscuro. Un intenso frío recorre su cuerpo por causa de la lluvia.

Una pequeña rendija de luz surge delante de él, pero una figura le impide pasar.

"Tú otra vez…"

Esa voz. Esa horrible y dulce voz.

Intenta correr.

Huir.

"Esta vez… ya no volverás"

Un intenso dolor se expande en su frágil cuerpo.

Rojo carmesí.

"No deberías existir".

La oscuridad se apodera de él.

Hace frío… mucho frío…

Sangre…

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- Aaaaaaaaargh!!!

Un grito desgarrador rompió el silencio de la noche.

Caramon se levantó veloz de su lecho para dirigirse a la habitación de su gemelo que aferraba su cabeza entre sus manos.

- Raist, tranquilo! – intentó calmar el hombretón.

- Basta!!! – Gritaba fuera de sí – Déjame tranquilo!

- Que ocurre, Caramon? – llegó Kitiara sobresaltada.

- Tiene una pesadilla.

- Aun las tiene? – susurró entre dientes.

- Vamos, Raist… - probó a apaciguar al peliplateado.

- No me toques! – aullaba mientras le lanzaba todo lo que tenía alrededor - no me hagas daño!

Arrojó sobre su gemelo la lamparilla de mesa causándole una brecha en la frente. Este soltó un pequeño quejido por el dolor observando como el objeto reflejaba su sombra en la pared.

- Sombras! – una idea asomó en su mente.

Agarró la lamparilla colocándola entre sus piernas y con las manos empezó a hacer formas creando sombras chinescas en la pared.

- Mira, Raist… Conejos.

El peliplateado continuaba temblando en su cama cuando la voz de su gemelo le llegó al corazón, no quería mirar.

Aun dudoso decidió hacer caso a la voz. Levantó la y vió las figuras de conejos que su hermano hacia proyectadas en la pared de su habitación…

Cuando eran pequeños, Raistlin tenía pesadillas a menudo pero que Caramon las ahuyentaba con ese juego.

- Hermano? – preguntó el peliplateado con voz rasposa.

- Si, soy yo. – acarició el rostro pálido – Ya pasó todo.

Raistlin se sintió aliviado, su hermano estaba allí y era todo lo que necesitaba.

- Estás aquí… - Rodeó al hombretón con sus brazos en un intenso abrazo, para él solo estaban ellos dos.

Caramon devolvió el abrazo con fuerza, nunca había visto a su hermano tan asustado, tenía la mirada perdida… como si estuviese en otro lugar…

- Que te ha ocurrido, Raist? – susurró.

- Es lógico que esté así – respondió Kitiara – mañana será el día en que murió madre.

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La mañana amaneció fría, el cielo estaba encapotado de nubes negras anunciaban que en cualquier momento llovería.

Tres personas estaban delante de una lápida cubierta por hojas secas que impedían leer el nombre del que yacía en el sepulcro.

El más grande de los tres se arrodilló para limpiar el mármol y depositar en el un ramo de flores. Había una inscripción en la que se podía leer "Aquí yace Rosamun Majere".

- Fue una gran madre – dijo Caramon con cariño – siempre nos cuidó y crió con ternura.

Los otros dos quedaron en silencio. Kitiara hacía años que no iba a aquel lugar y desde luego, no le tenía ningún aprecio a ese sitio.

- Raist, no vas a saludar a madre? – preguntó el castaño.

Cada año iban al cementerio en el aniversario de su muerte. Caramon pasaba un rato hablando con ella contándole como les iba todo y que eran buenos hombres. Mientras, Raistlin se quedaba en pie sin decir palabra.

- Mire, madre – continuó el hombretón al ver que su gemelo no iba a decir nada – esta vez nos a acompañado Kitiara.

La morena frunció el ceño no pensaba "saludar" a aquella mujer. Se acercó mas al nicho y escupió sobre el. El castaño se sorprendió ante la reacción de su hermana.

- Tu deberías hacer lo mismo, hermano. – Kitiara se alejó dejando a los gemelos solos.

- Que diablos le pasa? – preguntó Caramon irritado – Por que ha hecho eso?

Raistlin observaba la tumba fijamente. Un intenso escalofrío se apoderó de él.

- No lo sé, hermano – mintió - no lo se…

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Su tranquilo sueño fue interrumpido cuando notó que algo presionaba sobre sus labios.

- Que hora es? – preguntó somnoliento.

- Es hora de irnos, Caramon – respondió Kitiara.

Era noche cerrada cuando ambos salieron de casa, la mujer llamó a Skye para que les acompañara al punto de encuentro.

Tardaron casi una hora en llegar a una casa derruida donde les pidieron contraseña para poder entrar, Kitiara susurró unas palabras que el hombretón no llegó a escuchar y que les permitieron el acceso. En su interior había varias personas armando jaleo alrededor de una mesa e iban vestidos de forma parecida a la morena, sus cuerpos llenos de piercings y con chaqueta de cuero "El Señor del Dragón" también escrito a sus espaldas.

En el extremo mas alejado de la mesa había un hombre en silencio que tenía las manos entrelazadas a la altura de su rostro, que nada mas alzar una mano en alto consiguió que la sala quedase en silencio.

- Ya sabéis el plan – recordó el hombre con voz profunda – no voy a volver a explicarlo.

- Si, Lord Ariakas – dijeron todos al unísono menos Caramon.

- Ni se os ocurra fallarme. – susurró con voz tenebrosa que causó que todos tuviesen un escalofrío.

Los subordinados fueron en silencio hasta que salieron de aquel lugar que empezaron a dar voces y a llamar a sus perros.

- Tú me acompañarás, hermano. – sonrió Kitiara – si quieres quedarte con nosotros tendrás que impresionar a nuestro jefe.

Fueron a paso rápido durante veinte minutos hasta que llegaron a la zona rica de la ciudad. Estaba llena de mansiones con sus amplios jardines desérticos, por la hora no había nadie en la calle. Se escondieron tras unos contenedores y esperaron.

- Que estamos haciendo aquí, Kit?

- Sshh – mandó callar – ahí llega nuestro trabajo.

Una limusina paró delante de una de las mansiones más grandes de la zona, de el salió un hombre de unos cuarenta años con el cabello rubio que parecía casi blanco. Sus movimientos eran lentos y precisos, estaba claro que era de clase alta.

- Que vamos a hacer, hermana? – preguntó algo inquieto al ver que el resto de la banda se cubría el rostro con pañuelos y pasamontañas.

- Vamos a darle una paliza – dijo mientras se ajustaba los guantes – le enseñaremos a Kanan de que lado debe estar.

¿Paliza? ¿Del lado que debe estar? Un fuerte nudo en la garganta al ver que Kitiara iba dando ordenes en silencio al resto para el ataque.

- Ahora, hermanito – susurró – prepárate.

- No…

- Que?

- No voy a hacerlo…

- No puedes rajarte ahora – masculló enfadada – debes obedecerme.

- No… no lo haré – tartamudeó mientras tiraba un cubo de basura al suelo que rompió el silencio de la noche, Kanan dirigió su mirada hacia ellos.

- Estúpido… - farfullo Kitiara – Ahora muchachos, es nuestro turno! – Gritó la mujer.

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- Raist! – berreó el hombretón al entrar en casa

El peliplateado se despertó de un sobresalto ante el grito de su gemelo y del sueño inquieto en el cual estaba.

- Ki-Kitiara… - tartamudeaba inquieto el castaño.

- Cuéntame que ha ocurrido. – expuso serio.

Caramon le narró nervioso lo ocurrido mientras que Raistlin escuchaba en silencio. Al terminar, el de ojos dorados llamó por teléfono a la policía para que fuese al lugar de lo ocurrido. Al colgar, soltó un molesto bufido dispuesto a echarle el sermón a su estúpido hermano, vio que este tenía los ojos humedecidos.

- Yo no sabía que iban a hacer eso – sollozaba – no miento, Raist.

- Te creo, hermano – tranquilizó al castaño – No te preocupes, todo se arreglará.

En ese momento, apareció una enfurecida Kitiara entrar por la puerta.

- Eres un idiota, Caramon! – Chilló – Como has podido hacerme esto?

- Lo siento, Kit. – se disculpó – si hubiese sabido de que iba ese "trabajo" no me hubiese apuntado.

- Me has dejado en ridículo delante de todos – alzó la mano dispuesta a pegarle – me las pagarás.

Caramon cerró los ojos con fuerza aceptando el castigo de su hermana, pero nunca llegó ya que su gemelo detuvo la mano de la mujer.

- Que estas haciendo? – dijo irritada.

- No pegarás a nuestro hermano. – siseó.

- Eso es lo que le decías a ella, hermanito? – dijo con tono burlón.

- Ella? – preguntó el hombretón.

- Silencio, Caramon – chistó el peliplateado.

- Sabes que si no fuera por mi estarías muerto. – dijo fríamente.

- Basta… - apretó los dientes.

- De que habláis?! – inquirió el castaño.

- Quieres que te lo cuente?

- Calla, hermana! – un ataque de tos impidió que siguiese hablando.

- Ju! – sonrió con prepotencia al ver a Raistlin tendido en el suelo – Tu querida madre, Caramon, solo era una maldita zorra que maltrataba a nuestro hermano.

Caramon abrió los ojos de par en par. Estaba conmocionado.

Raistlin maldijo una vez más su enfermiza salud que le impedía hablar y negarlo todo.

- Mientes… - susurró.

- Seguro? – rió triunfante - ¿Por qué no le preguntas por las cicatrices que tiene en la espalda?

- Calla!! – vociferó el hombretón.

- Lárgate… - musitó con voz ronca el peliplateado

- Vas a echarme de mi propia casa? – burló - ¿Tu? Si no puedes ni moverte.

- Él no puede – dijo molesto el gemelo menor – pero yo si.

Forcejeando con una escandalosa Kitiara, al final consiguió echarla.

Un confuso Caramon estaba sumergido en sus pensamientos mientras que la mujer los maldecía a gritos y Raistlin conseguía retener su tos.

Pasaron largos minutos hasta que, al final cansada de que la ignoraran, se marchó dejado un gran silencio en el lugar.

- Es cierto lo que ha dicho nuestra hermana, Raist? – dijo con voz rota.

El peliplateado se levantó con esfuerzo del suelo, esta vez su gemelo no acudió en su ayuda como hacía siempre, miró en sus ojos. Exigía la verdad. Se sentó en el sofá y esperó a que Caramon tomara asiento.

- Hermano… – empezó el de ojos dorados.

- He visto tus cicatrices, Raist. – añadió sabiendo que su gemelo intentaría ocultarle el secreto.

Raistlin soltó un pequeño bufido mientras se echaba la melena hacia atrás. Lo que había tardado años en ocultar aquello se había roto en cuestión de segundos.

- Es hora de que sepas la verdad, hermano…

Ya no había marcha atrás.

Continuará…

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N/A: En este capítulo hay un par de guiños a los libros de dragonlance. Cuando eran pequeños, Raistlin siempre tenía pesadillas por las noches y Caramon le consolaba con las sombras de conejitos en la pared (es tan lindooo *le achucha**mirada asesina por parte de Raist*)

También de Ariakas, que es el jefe de Kitiara que la muy pendeja intenta usurparle el puesto cada vez que puede xD

El secreto de Raistlin va a ser por fin revelado!! ¿Como se lo tomará Caramon?

El próximo capítulo será un flashback del pasado de los Majere.

Espero que os guste!!!