Capítulo Cinco
Superficial

"¡Claro que sí! Lo hiciste dudar sobre su sexualidad, y cuando al fin encontró respuestas, lo destruiste. ¡Después de acostarte con él para torturarlo y decir que solo querías lo mejor para él, lo menos que le debes es--!"

"¡Miyuki, cállate!" Esos ojos profundamente verdes giraron hacia ellos con una intensidad que el chico había visto solo una vez antes. "Fuera. Ahora."

Escuchó a los otros levantarse y marcharse, pero él no se movió. El profesor lo miró fulminantemente por unos instantes, y en el segundo antes de regresar la atención de modo derrotado a Miyuki, Kuwabara creyó ver una expresión suplicante en ellos.

"No tienes derecho a venir a molestarme en el trabajo. Pudiste haber esperado a que llegara a casa¿por qué vienes a molestarme aquí?"

"Porque es lo que mereces." La chica respondió. "Kuronue era tu mejor amigo—"

"¡Tú sabes lo que era él para mi, y aún así lo arruinaste!" Soltó Kurama, un brazo colocándose alrededor de su estómago. Kuwabara sospechaba que era un gesto inconsciente. "¡Tú eres el motivo de que no fuera a su funeral, TÚ¡Yo siempre te apoyo, Miyuki, siempre lo he hecho! Tu siempre te vuelves en contra mía..." luego soltó un insulto por lo bajo que los oídos de Kuwabara no captaron.

Miyuki rugió y se lanzó hacia delante. Atestó un puñetazo contra el hombro de Kurama solamente, ya que el profesor era bastante rápido. Kuwabara se alzó mientras un segundo puñetazo fallaba pero lograba agarrar un montón del cabello del pelirrojo. Su profesor, gimiendo y siseando al mismo tiempo, dio un bofetón a su oponente quien intensificó la fuerza de su agarre. Kurama ya estaba jalándole el pelo a la mujer cuando Kuwabara lo alcanzó, aunque no logró separarlo de la chica hasta que ella le hubo hecho cuatro profundos rasguños en la mejilla con sus largas y afiladas uñas.

Kuwabara sintió al Profesor Minamino pelear contra su agarre, y aunque era muy fuerte, la ventaja de estatura que le tenía Kuwabara a su profesor le ayudó a mantenerlo fuera de peligro, fulminando con la mirada a Miyuki.

El chico se tensó cuando notó que el profesor se había congelado en sus brazos, y miró a la mata de cabello rojo entre sus brazos para notar suaves temblores.

"¿T-trajiste a Sayaka?" Su voz sonaba furiosa, y Kazuma temió no ser capaz de contenerlo si trataba de escaparse en aquel momento.

La mujer, ahora tratando de arreglarse el arruinado cabello y algo deshecho maquillaje, simplemente lo ignoró. Kuwabara tomó la pausa momentánea para mirar a donde suponía que miraba Kurama, y lo que vio fue una pequeña niña con cabellos color azul y unos ojos inocentes y verdes, casi azules. No podía tener más de seis años, y temblaba ligeramente, con sus orbes azules ligeramente agrandados, sin duda a causa de la pelea que había visto entre... entre... lo que Miyuki y Kurama fueran de ella.

"No podía dejarla sola." Masculló Miyuki, y Kurama solo tembló más.

"Pudiste dejarla con tu novia." Silencio. "¿Ni siquiera para eso sirve?"

Miyuki parecía lista para empezar otra pelea con Kurama, pero en lugar de eso se sacó un brillo labial del bolso que colgaba de su brazo (y no había caído con el abrupto movimiento), y se dirigió a la puerta.

"Vete al infierno, Kurama," le espetó ella, ofreciéndole una mano a la niñita en la puerta, quien la tomó después de darle una preocupada mirada al profesor Minamino. "Salúdame a Mamá," añadió, antes de abrir su pequeña boca para colocar correctamente el brillo, saliendo de vista con Sayaka.

Kazuma endureció su agarre en el hombro derecho y el pecho de su profesor, temiendo que quisiera hacer algo más (no estaba seguro, nunca había visto a Kurama así, el profesor era normalmente tan gentil y suave que uno no se esperaba esto), pero el hombre no luchó contra él. De hecho, se calmó después de unos segundos, aunque su cuerpo estaba demasiado relajado en los brazos de su alumno. Estaba cansado, si no por la pequeña pelea, por cualquier daño emocional que se hubiera alzado en su mente.

Kuwabara arregló el modo en que sostenía al delicado (tendría que recapacitar en eso) hombre, y lo llevó despacio a la silla detrás del escritorio del maestro, más amplia y cómoda que los bancos de los estudiantes.

El Profesor Minamino bajó la cabeza, nunca regresando la mirada preocupada de Kuwabara, y rascó los brazos de la silla con los dedos suavemente. Se movió un poco, e hizo un gesto con la cabeza, señalando las ventanas.

"Kazuma¿podrías cerrar las cortinas por mí?" preguntó suavemente, con su voz solo lo suficientemente alta para oírla. Tenían que cerrar las persianas del salón antes de irse.

Kuwabara asintió, avanzando a la parte trasera del salón para empezar con esas. El profesor había usado su nombre, eso le decía que estaba algo vulnerable.

Mientras agarraba la cuerda plástica que le permitiría cerrar las persianas, escuchó el dócil sonido de las cortinas siendo lentamente cerradas al otro lado del salón. Viró la mirada al punto de donde provenía el sonido, y miró al profesor moviendo las cortinas con la mirada ensombrecida por sus propios mechones de cabello.

El hombre siempre había captado la atención de Kuwabara. Era lo suficientemente delicado para parecer femenino, y su elegancia solo se añadía al efecto. Su cabello, largo y salvaje, era el epítome de su paciencia y dedicación. Los ojos verdes, siempre condescendientes hacia los estudiantes confundidos, habían inspirado a Kuwabara a confiarle sus temores a este hombre, sobre no ser capaz de pasar el año, y el bondadoso ser le había ofrecido ser su tutor.

"Profesor..." Sabía que su voz tenía un tinte de tiesa, brava preocupación, y que esa era la única razón por la que el hombre volteó hacia él. Casi emite un gemido.

Su cabello estaba tan bello como siempre, sí, y aún más con los fragmentados rayos de puesta de sol haciéndolo brillar, pero esos ojos... Eran los ojos de alguien que vivía suprimiendo algo, probablemente enojo, y que se forzaban a si mismos a ser pacientes. Kuwabara se preguntaba si realmente la amigable mirada que el profesor siempre le dirigía era verdadera, o solo una mascara para cubrir ese sufrimiento.

Kuwabara apartó la mirada, y comenzó a cerrar el resto de las persianas sin decir más. Se toparon al cerrar las últimas dos cortinas, y Kurama suspiró suavemente.

"Perdone, Joven Kuwabara..." Ya se estaba recuperando. "le prometo terminar mañana con la lección de hoy. Este tipo de incidentes no—"

"Lo protegeré."

Kurama parpadeó, mirándolo de nuevo. Sus ojos no eran benignos, lo que le daba algo de alivio a Kuwabara, pero aún así eran gentiles de nuevo, calmos como una superficie de agua. Pero con solo una gota se puede causar disturbio, Kuwabara se recordó, mientras el profesor preguntaba, "¿Disculpe?"

"Yo lo protegeré," Kazuma repitió, apuntando a su propio pecho orgulloso con el dedo pulgar, sin dar la tonta sonrisa sincera que haría al profesor dudar de sus palabras. "Lo protegeré de estos incidentes."

No pelearía con una chica, claro, pero no tenía que hacerlo para proteger al pelirrojo. ¿No era extraño querer proteger a un varón...?

No.

"..." al ver la duda en los ojos del hombre, se repitió la respuesta.

Kurama se veía ligeramente afeminado. Se movía y hablaba de modo afeminado, educado. Podía ser vulnerable. Eso era suficiente para Kuwabara.

No era que lo viese como una mujer. Era más un ángel. Por cursi que eso sonara.

Un ángel que lo apoyaba y aceptaba sin juzgarlo, una persona que solo le había mostrado gentileza. Y que le daba tutorías gratuitas, gastando su tiempo libre en un cabeza hueca que le había pedido ayuda.

"Yo... Gracias, Joven Kuwabara." Dudó un momento más, antes de forzarse a mirar al chico a los ojos. "No se que más decirle... no creo haber escuchado esto de un alumno... o de nadie más. Hm... ¿lo veré mañana, entonces?"

Kuwabara asintió, sintiendo la cabeza muy ligera. Hubiese estado bien si el profesor le dijera que esas eran tonterías y que debía irse a casa, hubiese estado bien si simplemente le hubiera rechazado el comentario. Pero, ya fuese porque realmente no sabía como contestar o porque no le molestaba ser 'protegido', lo único que hizo fue decir gracias. Eso era excelente.

Al sentir una vacilante palmada en su hombro, se encaminó a la puerta. Estaba consciente de que el profesor no lo miraba de manera extraña, y devolvió el favor al no voltear atrás al salir del salón.

En el horizonte, el sol ya estaba cerca de desaparecer.


Kurama se quedó con los pies pegados a donde estaban después de que el chico salió. Sus piernas se sentían de gelatina, pero él no las dejaría caer.

Colocó la frente contra las frescas persianas que acababa de cerrar, cerrando los ojos para caer en una oscuridad aún más intensa que la del salón. La frescura lo envolvió casi de inmediato, y de pronto estaba consciente de que el invierno estaba en camino. El pensamiento no le duró mucho, ya que los eventos más recientes seguían presionándole la cabeza.

Kazuma Kuwabara. Había estado consciente de que era un chico noble. Un poco lento, pero noble, y un caballero de brillante armadura con las damas. En él, Kurama había encontrado un deseo de aprender que pocos estudiantes tenían, y que le serviría mucho. Kazuma podría ser el mejor alumno de su clase, Kurama estaba seguro que podría ser un doctor o un gran abogado sin problemas si se lo proponía. Solo debía desearlo. Si, desear... el coraje y la disposición eran tal vez las mejores características del chico, y a veces su necedad de ser terco.

Esas eran cosas que Kurama había considerado positivas al conocer al chico y aceptar ser su tutor. Pero ahora... Ahora tenía eso en contra suya.

No debió haber sido tan abierto con el chico. No debió haber sido tan amable. Debió ser el inteligente, sagaz, pero distante profesor que era en clases. Debió dejar claro que él, entre todas las cosas que podía ser, no era débil. Él no necesitaba un guardaespaldas, o un muro emocional que no fuera el suyo propio para protegerse. No debió dejar a Kuwabara ver que era vulnerable, pero era con Miyuki con la única persona con quien tenía tal desliz. Si hubiese sido más frío—

Pero no. Seguro que ni eso hubiese prevenido esto. Kazuma tenía una empatía del demonio, y seguro que las barreras de frialdad y gentileza de Kurama solo servían como coladores, deteniendo lo peor pero nunca evitando pasar el agua.

"Kazuma..." Masculló, abriendo los ojos. Sabía que tenía una mirada asesina, lo sabía, pero no podía detenerla, ni la falta absoluta de calidez en su rostro. "Por qué..."

Desde la primera tutoría había notado algunas muestras de simpatía del chico, aunque en ese entonces eran desconfiadas y casi cautelosas. ¿Cómo había dejado que llegara a esto¿De donde sacaba la idea de que...?

Agitó la cabeza. Solo estaba caminando en círculos, preguntándose una y otra vez por qué el chico creía que Kurama era digno de su 'protección'.

"No eres una mala persona... es normal que le agrades..." Se dijo, jalando una persiana para mirar la ventana. Atrapó su propio reflejo, y su mente quedo en blanco por un momento.

Soy hermoso. Y muy vanidoso.

Pero era verdad: era una persona muy bella. Gimió ante el pensamiento, y sus rodillas volvieron a temblar. Esta vez no pudo detener su propio cuerpo, y cayó de rodillas al piso, con la frente contra el marco de la ventana. No había nadie con él, podía ser vulnerable si quería, sin ningún problema.

Ser bonito no le había traído nada más que malos amores y relaciones interesadas. Claro, él había sido lo suficientemente inteligente para evadir la mayor parte de esos, no le molestaba. Eras muy pocos los que realmente habían llegado a afectarle. Y era lo suficientemente astuto para usar sus encantos a su conveniencia, aunque no lo había echo para pasar la escuela, como muchas personas celosas de su inteligencia sugerían.

La belleza era algo tan... vacío. Y sin embargo, era lo que él siempre usaba para controlar a la gente a su alrededor, su apariencia le facilitaba siempre las cosas.

Era ese lustre puro en su largo cabello, ese brillo de inteligencia en sus ojos verdes, ese porte que cargaba sin esfuerzo, lo que era digno de protegerse. Nadie querría proteger a un tramposo zorro de dos caras...

Sus ojos se abrieron muy grandes, y una onda de frialdad le pasó por las venas.

Claro. Proteger mi cuerpo, y no mi persona.

Cerró los ojos, sonriendo suavemente. Toda preocupación se había desvanecido de su mente, dejándole una brisa de frescura que parecía entrar por un oído y salir por el otro, sin ser obstaculizada por pensamientos maltrechos de belleza interna que no poseía.

Se veía como una chica, y eso no le importaba. Más de una vez lo habían confundido con una.

...caballero de brillante armadura con las damas.

Entre sentirse ofendido y aliviado, Kurama estaba ahogado en la segunda sensación.

Se dirigió al escritorio y recogió sus cosas con recuperada confianza. Tarareando una canción y jugando a girar las llaves de su apartamento en un dedo, salió del salón. Miyuki no importaba, y Sayaka estaría bien. Todo, todo lo demás, eran cosas que él había causado y que él podría arreglar. Y lo más importante, cosas que no tenía prisa por enmendar, ni recordar.

"Profundo, tan profundo..." Masculló la tonada, saludando con una sonrisa a un par de estudiantes que quedaron en los pasillos después de los clubes, pero sin detener su camino.

"Y muy trivial..."


Es un capítulo corto, o más corto que el anterior, y se sale completamente de la pareja principal. Pero de vez en cuando habrá capítulos así, más enfocado en la pareja de KuwabaraxKurama que en cualquier otra cosa. Tal vez no meta muchos, porque podría intercalar esto con los capítulos normales, pero al menos este es así.

La relación de estos dos es algo distinta a la relación original y a la relación Universo Alterno de Yuusuke y Hiei. Kurama tiene un pequeño complejo Hiei... No se si entenderán ese comentario. Y es algo emo... bueno, muy emo en este capítulo. (sin ofender a los que tengan otro significado para 'emo', pero mis amigos y yo lo usamos para no decir 'depresivo que cree tener al mundo en su contra'. ES más un chiste personal que un insulto al género, aunque no es muy de mi agrado en las personas no-ficticias)

No pregunten de lo que tararea Kurama al final. NO han escuchado la canción nunca, a menos que alguien copiara ilegalmente un lyric fallido de una banda que no sobrevivió más allá del reparto de deberes.

De nuevo, si no les gusta esta pareja, no se aflijan. El fic no se centra en ella. Pero no insulten.