Uno pensaría que salir de vacaciones me alentaría a seguir subiendo capítulos rápidamente... pero los examenes me estresaron un poco, y mejor tomé un descanzo. Perdón por la tardanza. El próximo capítulo puede que tarde también, porque iré de vacaciones a ver a mi familia. No hay computadora a donde voy, pero puedo llevar mi laptop. No tendré internet, sin embargo.


Capítulo Seis

Dos Caras

Pudín de chocolate. Sabía muy bien cuando era hecho en casa. El postre te empalagaba el paladar de un modo celestial, si tenías gusto por lo dulce, y era mejor que un incendio o ejercicio intenso para relajar la mente. Este dulce no era hecho en casa, sino que provenía de un paquete plástico de una compañía donde seguro se explotaba a los trabajadores, y no era postre (la cena no era hasta dentro de hora y media), pero las papilas gustativas de Hiei prácticamente se convulsionaban de placer mientras el chico lánguidamente lamía su cuchara de plástico barato.

Lentamente, como debía tomarse todo lo bueno de la vida, el chico comía su alimento preferido. Se deleitaba en quitar todo rastro de chocolate en su cuchara después de cada porción, sin importar que quedara media tacita del pudín. Estaba acostado en su cama, mirando el techo con ojos bien abiertos y con solo una camisa blanca sin mangas puesta sobre el pecho. La cabeza la tenía al borde de la cama, colgando ligeramente pero no lo suficiente para no tragar a gusto.

Pocos eran los placeres de los que gozaba seguido, y esta copita de pudre dientes era una vez por semana. Más seguido, y dejaría de ser tan especial. Y no era como si tuviera dinero para andar gastando en dulce.

Giró para yacer en su estómago y frunció el ceño ligeramente al mirar el plástico, unos minutos después. Con certera puntería y un suspiro de inquietud, lanzó el vacío recipiente y atinó al bote de basura de la esquina.

Pasó la mirada sobre las otras cosas en la cama, lamiéndose los labios para obtener los últimos vestigios de dulzura. Había unas cuantas libretas... tareas.

Era Domingo, y era tarde en la tarde, y no había hecho la tarea que era para mañana. El Sábado había salido hasta tarde, y consiguió bastante dinero como para dos semanas. No lo usaría en dos semanas, claro. Se iría al fondo de emergencias que estaba oculto bajo una tabla floja de su piso. Karasu no limpiaba el cuarto, ni siquiera entraba, así que no había riesgos de ser robado.

Bostezó y alcanzó la primera libreta con la mano derecha. Sería mejor comenzar...

La escuela era algo más fácil desde que habían iniciado las detenciones. Maldito Profesor Minamino. Hiei NO iba a agradecerle por darles tutorías, incluso si le estaba ayudando en las calificaciones. Incluso si su cabeza estaba más clara al estar más llena de deberes en lugar de preocupaciones.

"Maldición," masculló, tirando las libretas hacia su mochila. No le había tomado nada de tiempo terminar, lo encontraba sencillo.

Se levantó, estirándose y bostezando, y avanzó a la puerta. En cuanto la abrió, se dio cuenta de que tenían visitas. Cerró la puerta al punto de ser capaz de escuchar una conversación, pero no lo suficiente para ser visto si de casualidad miraba hacia la puerta.

"—y si no me pagas, las consecuencias serán serias."

"Bui, no presiones..." Era ese tono entre siseo y rugido el cual indicaba que Karasu estaba en su límite. "Antes trabajabas para mí..."

Y era el silencio al que Hiei se había acostumbrado por un año el cual le decía que Bui solo estaba mirando penetrantemente a la persona frente a si.

Nunca había sido un hombre de muchas palabras.

"Ya no." Fue su respuesta después de un minuto entero.

"..."

Hiei agitó la cabeza y silenciosamente cerró la puerta. Sabía a donde daba esa conversación, y sabía el humor de perros que tendría Karasu al terminar todo. El bajito muchacho se cubrió con una camisa negra grande y se dirigió a la ventana que daba a la salida de emergencia. Cenaría afuera. O no cenaría, dependiendo de cuanto pudiese robar hoy (el dinero bajo la madera era intocable).

Karasu había pedido un préstamo de más, y ahora lo estaban obligando a pagar con amenazas. Era la razón del por qué el hombre salía cada vez más seguido: necesitaba más clientes a los que extorsionar, para después darle los clientes al jefe y librarse del pago en efectivo. En su organización, así funcionaban las cosas.

"No hay remedio," se dijo, deslizándose entre las oxidadas escaleras hasta el suelo. Las escaleras se terminaban un metro antes de llegar al piso, pero era simple aterrizar con el concreto plano debajo. Hiei se dio unas palmaditas al pecho para quitar un poco de mugre, y salió de la abandonada calle a donde daba la salida de incendios.

"Yo no le voy a conseguir clientes." La última vez que lo hizo, tuvo que golpear a algunas personas para que lo dejasen en paz, por no decir que la policía casi se entera de todo. "Que se las arregle solo..."

Aún así, le daba un mal sentimiento en el estómago el pensar en lo que le harían a Karasu si se metía en demasiados problemas. Lo podían matar... el líder de los narcotraficantes era también el líder actual de la mafia, por lo que Hiei sabía. No le agradaba estar conectado con esa gente, incluso en este modo tan sutil. No era seguro¿qué tal si lo secuestraban en un intento de presionar a Karasu?

"Mi vida ya apesta bastante sin esos problemas..." masculló.

De pronto recordó algo que había postergado por ya una semana: suicidio.

Asintió, ojos achicándose de forma decidida. Tendría que pensar en un modo muy sutil, claro... y tendría que esperar por algunas semanas más, o al menos una, antes de intentar nada. Se vería muy sospechoso el tratar (estaba considerando el peor escenario, aquel de ser detenido de nuevo) de suicidarse inmediatamente después de un incendio, y aún más si ese incendio todavía no tenía origen sólido, solo sospechas de una broma estudiantil con objetos faltantes en el laboratorio de Química.

"Incendio..." murmuró para si, sin notar que su mano izquierda estaba en su bolsillo mientras caminaba, ni que la derecha jugaba con un pequeño encendedor que siempre llevaba consigo, encendiendo y apagando, encendiendo y apagando, "queda fuera. Revisemos la lista."


"No estoy seguro de todo esto."

Yuusuke giró los ojos ante la obvia reluctancia en la voz de su compañero. Kouhei era muy... niño bueno. No seguía los pasos de su hermano. Yuusuke había estado consciente de que sería un problema, pero más que problemático, era molesto.

"Todo lo que te pido es que me des las llaves por unas horas el sábado por la tarde... tu club es hasta las cinco, y yo ya habré acabado para cuando den las cuatro cincuenta." Y estaría listo para cuando legasen los de natación para 'descubrirlo'. "Solo por un rato¿sí¿Qué daño te hace prestarme las piscinas por una hora? No voy a hacer una fiesta ni nada."

"Es por eso..." Kouhei masculló, y se obligó a subir la mirada cuando Yuusuke solo se le quedó viendo sardónicamente. "¡No sé que quieres hacer! Es lo que me preocupa. ¿Qué tal si cuando yo llegue con el equipo, hay un nuevo mural en la pared hecho con pintura en aerosol¿O si el agua tiene algún colorante que nos ponga la piel verde? Incluso podrías arruinar las regaderas o algo así, y a quien van a culpar, sin importar que tú fueras el que lo hizo, seré yo porque te di la llave."

"Hm. Buen punto. Y gracias por las sugerencias."

"¿¡Eh¡Urameshi, tú no--!"

"Ya cálmate," Yuusuke sonrió. "No haré nada de eso. Te lo prometo. Quiero estar en la piscina un rato y ya, hasta yo tengo que relajarme a veces. Solo abre la puerta a las cuatro y vete. Yo entraré a las cinco pasadas las cuatro, y cuando me vaya cierro bien. Solo finge que abres con la llave, y todo estará bien."

El chico de cabello castaño frotó la parte trasera de su cuello, mordiéndose el labio inferior y mirando a todos lugares menos a Yuusuke. Los pasillos de la escuela estaban llenándose ya, a pesar de ser temprano en la mañana del Martes. Faltaban veinte minutos para la primera clase. Tenían mucho tiempo para discutir, como Yuusuke había planeado, e incluso si no llegaban a un acuerdo, Yuusuke impediría que Kouhei fuera a su clase asta que hicieran el trato.

"Me la debes," Yuusuke le recordó, haciendo al chico rugir ligeramente.

"Maldición, Saburo..." Yuusuke le oyó decir bajo su aliento, y sonrió socarronamente. Ya lo tenía en sus manos.

"Bien, pues," le dijo a Kouhei, al tiempo que colocaba un brazo alrededor de los ligeramente-musculosos hombros del chico, que era unas pulgadas más bajito que Yuusuke. "vamos a discutir un poco más del asunto¿quieres?"

"Tienes que prometer," Kouhei comenzó, bajando la voz mientras avanzaban por el pasillo, "que no vas a..." Yuusuke solo asintió cada cinco segundos, sin realmente escuchar las condiciones que Kouhei le estaba poniendo.

Dudaba que alguna fuera a ser 'no te ahogues a propósito en la piscina'.


"Me alegra que piense de ese modo, Joven Jaganshi, y me encantaría tenerlo en mis tutorías, si está dispuesto a estudiar con el Joven Kuwabara."

"Lo que sea." Hiei masculló, manos en los bolsillos y mirada en un pedazo de pared justo junto a la cabeza del pelirrojo, para dar la impresión de que estaba mirando a Minamino.

"Excelente," el hombre sonrió brillantemente. Era una sonrisa que hacía a sus estudiantes mujeres esforzarse para impresionarlo y ganar su atención. "Lo veré de Lunes a Sábado, entonces, después de las clases. El mismo horario que la detención de la semana pasada." Hiei asintió y se dio la vuelta para salir del salón – su primera clase estaba al otro lado de la escuela – cuando... "Y¿Joven Jaganshi?" Se detuvo, y giró a ver al profesor de nuevo.

El pelirrojo ahora tenía una expresión seria, algo preocupada. "¿Qué le pasó en el ojo?"

Hiei se contuvo de hacer una mueca, y en lugar de eso miro a Kurama de modo completamente vacío. No se había molestado en ocultar el ojo morado que tenía – las gafas oscuras no eran su estilo, y el maquillaje era de niñas. Lo que significaba que era notorio el oscurecimiento de piel, dado que el resto era algo pálida. No había otros signos visibles de una pelea, como siempre.

"¿Fue el Joven Urameshi?" El tono de duda le dijo a Hiei que el profesor ya sabía la respuesta, pero aún así lo dijo.

"No."

"¿Y bien?"

"No es nada." Hiei dijo simplemente, saliendo en lugar de dejar al hombre preguntar algo más.

Realmente no era nada que quisiera recordar. Era parte de la razón por la cual le había pedido a Minamino seguir las tutorías. Era un modo de pasar tiempo extra lejos de casa, y de Karasu. Se había salvado de ser victima de victima por frustración el Domingo, al salir de la casa y no regresar hasta que Karasu estaba dormido. El Lunes se salvó medio día, porque tuvo que ir a la escuela. Pero al regresar a casa, no se había librado de un Karasu aún frustrado y además enojado porque Hiei no había estado en casa el Domingo para descargas su ira. Había sido un descuido el dejarle el ojo morado, pero era simple decir que se había encontrado unos buscapleitos de camino a la escuela.

Claro, en lugar de eso, Hiei simplemente había dejado a Kurama en el salón, pero lo de los buscapleitos sería su respuesta si lo presionaban por una.

Pero no creía que hicieran eso, porque—

Se detuvo al salir del salón. Yuusuke Urameshi caminaba con un chico de primer año con el pasillo, apartándose sin notar a Hiei. Tenía el brazo alrededor de los hombros del chico, y hablaba en voz baja (lo suficiente para que Hiei no pudiese escuchar más que las 's' si ponía atención) sobre algo que parecía incomodar al chico.

La mente de Hiei divagó... y la detuvo antes de pensar algo estúpido. Yuusuke tenía novia. Y aunque a Hiei no le pareciera muy atractiva la chica, eso decíaalgo de Urameshi.

Debía estar tramando algo... Y si eso mantenía a Hiei fuera de casa por más tiempo, descubriría de que se trataba. No regresaría por más de lo necesario (cambiar sus libros, su ropa, y dormir) hasta que Karasu se las arreglara con eso de pagarle a los narcotraficantes. Tal vez tenía algo que ver con que Urameshi se disculpara por lo de Yukina, aunque Hiei lo dudaba. Pero eso le daba una excusa para investigar.

Caminó tras ellos, y no lo notaron por un rato. Esto se debía a que caminaba a la distancia adecuada y era silencioso. Pero eso también significaba que no escuchaba nada de lo que decían, por el ruido de los demás estudiantes que ya comenzaban a llenar los pasillos para hacer... cosas de estudiantes. Hiei nunca había compartido los rituales y tradiciones de los adolescentes comunes, era casi sobrenatural. O... solo muy antisocial. Oh, bien.

En algún punto en el edificio dos, el chico con el cual estaba Urameshi terminó por agitar la cabeza, asegurarle algo a Yuusuke, y salir corriendo para llegar a su clase, que estaba en dirección contraria a la que habían estado avanzando.

Hiei dio dos pasos a la derecha para dejarlo pasar sin que chocaran el uno con el otro, y dejó a sus ojos seguir el brillo azul de los del chico hasta que lo pasó de largo. Cuando devolvió sus propios ojos rojos al pasillo que tenía por delante, tenía la mirada de Yuusuke Urameshi encima.

Y esa tonta sonrisa burlona.

"Jaganshi. No te veo desde la semana pasada."

"Que fue hace tres días," masculló el bajito chico pelinegro, haciendo una pequeña mueca mientras Urameshi venía a ponerle una mano al hombro. Volteó porque la presión de la mano lo giró, y comenzó a caminar con Urameshi guiándolo, sin poder quitárselo de encima sin parecer grosero. ¿De cuando a ahora le importaba ser educado? Ni idea.

"Sí, sí. Pero tres días son como 70 horas."

"72."

"Como digas. ¡72 horas sin verte! Si que te extrañé. ¿Tú me extrañaste?"

"No realmente, no."

"¿Seguro?" le dio un codazo muy suave en el costado, y Hiei lo fulminó con la mirada ligeramente. "¿Entonces por qué me estás siguiendo?"

"..." No podía decir realmente que no lo estaba siguiendo. Y no podía decir mucho sin aceptar que si lo había hecho: decir que no era una afirmación, decir que sí era extraño. Mejor quedarse callado.

"Ya te lo he dicho, Hiei, yo ya tengo novia. Pero," bajó la voz a un murmullo, acercándose para hablarle a Hiei en la oreja, "si jugamos bien las cartas, podría hacerte algún...favor de vez en cuando..."

Hiei no sabía que era mayor: su furia, su espanto, o su súbita duda con respecto a la sexualidad de Urameshi. Pero la mezcla de rubor y palidez logró dejarle la cara algo verde. Agitó la cabeza velozmente, empujando a Yuusuke un poco. La sonrisa satisfecha que le vio al chico le dijo que creía haber obtenido lo que quería, y Hiei drenó toda emoción de su mente.

Yuusuke solo quería alejarlo.

"¿Podemos hablar?"

La sorpresa en el rostro de su oponente trajo a Hiei la necesidad de dar una satisfecha sonrisa también.

Casi podía ver los engranes detenerse en la cabeza de Urameshi por unos segundos, antes de ponerse a trabajar a mil por hora. Se estaba preguntando sobre la sexualidad de Hiei, si había hecho lo incorrecto al 'molestarlo', o si Hiei sabía lo que había querido hacer. De cualquier modo, Yuusuke alejó esa emoción y simplemente se encogió de hombros, dejando que Hiei los llevara a un pasillo vacío un piso arriba.

"¿De qué quieres hablar?" Urameshi preguntó, picando tercamente con el dedo una grieta en la pared.

"¿Por qué me salvaste aquel día?"


"¿Por qué me salvaste aquel día?"

Yuusuke parpadeó. Esa no era la pregunta que había estado esperando... no era que hubiese esperado una pregunta en especifico. Pero pensó que sería sobre lo que estaba haciendo con Kouhei. Cuando vio que el pequeño los estaba siguiendo, asumió que sabía algo, o que había escuchado algo. Aparentemente no... o sí había logrado distraerlo con su broma homosexual.

Ahora, solo debía pensar en qué contestarle. ¿"Porque yo me iba a suicidar el mismo día y no podía dejarte tener toda la gloria"? No. Eso era tonto, y revelaba demasiado en un solo enunciado.

"Porque no quería verte morir," dijo al fin, con cara seria. La cara de Hiei tomó una expresión sorprendida antes que la ocultara con una máscara de escepticismo.

¡Oh, esto funciona! pensó Yuusuke, emocionado. No sabía que Hiei fuera tan vulnerable al sentimentalismo. Veamos, con esto debería estar contento...

"En serio, Jaganshi. A pesar de lo que dije aquel día en el techo," no pudo evitar una pequeña sonrisa socarrona, pero eso era parte de su persona, no sería sospechoso, "me caes bien. Después de lo que has sufrido y todo, creo que simpatizo contigo. Cuando escuché que estabas en el incendio, pues... solo hice lo que creí que era correcto. Claro, yo sabía desde un principio que tú habías empezado el incendio, y por eso estaba algo molesto contigo cuando regresaste."

Hiei se quedó callado por un largo rato, mirando a Yuusuke como si no pudiera creérselo (y haría bien si no lo hacía), antes de asentir con la cabeza. Masculló algo que a Yuusuke le sonó como un 'bien, gracias, adiós' y se alejó por el pasillo, presumiblemente hacia su primera clase. Cuando estaba completamente fuera de rango de vista y escucha, Yuusuke dejó salir un largo suspiro de alivio, al tiempo que se estiraba.

Había engañado a Hiei, y probablemente el enano no lo molestaría por un buen rato, hasta que se diera cuenta de que Yuusuke le había mentido, o cuando quisiera preguntar otra cosa. Eso estaba bien, se tomaría su tiempo para volver a venir.

Yuusuke probablemente no estaría vivo para esa próxima vez.