Regresé de mi viaje familiar.
¡Feliz Navidad!
(un par de días tarde, pero¿qué se le va a hacer?)
Capítulo 7
La Peor Mano
"Hace semanas que no salimos... Y ya tengo los boletos para la premier. La película es de terror, pero así puedo acercarme más a ti, para protegerte..." Sonrió seductora y socarronamente, sacándole un rubor y un ceño fruncido a la chica, quien luchaba por ocultar la alegría.
"Ay, Yuusuke..." Keiko Yukimura dijo en su usual tono de voz, que era terca y estricta, pero con un bajo tono de amabilidad que dejaba a Yuusuke salirse con la suya – aunque no sin una buena bofetada, si había ofendido a la chica.
Yuusuke solo le sonrió. Sabía que ella estaba encantada con esto – era rara la ocasión en que la invitaba a algún lado, la cual era una de las razones de sus quejas (nada serias) que lanzaba a Yuusuke de vez en cuando ("No sé para qué me pediste que fuera tu novia si no te molestas en ser algo romántico. Yo soy la que tiene que invitarte a cenar o a salir. Realmente, Yuusuke¡tu idea de diversión en pareja es ir a los video juegos!"). Esta invitación al cine, para ver un estreno en un cine decente, debía ser una encantadora sorpresa para ella. A Yuusuke le gustaba verla feliz, y no se le hacía difícil diferenciar la emoción bajo las emociones que forzaba en su rostro.
Tampoco le tomaba mucho el notar que también había pena, si no era tristeza, por el modo en que se movía de lado a lado.
Pero no importaba si aceptaba o no. Esto solo era parte de su plan. Se había esforzado mucho en pensar en detalles – pero ya había sabido que tendría que pensar mucho sobre detalles cuando decidió suicidarse.
Su primer intento había sido rudo y directo, y con pistas de suicidio inexistentes, razones basadas en su vida en general. Su segundo intento sería idéntico al primero en las dos últimas características, pero lento y horroroso. Ambos iban a ser públicos, aunque en este intento nadie lo vería morir. Un grupo de nadadores lo encontraría muerto, de todos modos, y eso era una multitud. Los rumores viajarían rápido, con más de un bocafloja en el equipo de natación.
"¿Y bien?" Yuusuke preguntó después de salir de su ensimismamiento, durante el cual Keiko no había respondido.
Keiko suspiró, abrazando sus libros firmemente contra su pecho. Yuusuke se inclinaba sobre ella ligeramente, recargado en el muro y una mano en el bolsillo, una típica pose de "¿a quien le importa?".
"Perdón, Yuusuke... me encantaría ir contigo, pero ya tengo algo que hacer esa noche. Mi padre va a necesitar ayuda en el restaurante esa noche, y le prometí que me quedaría en casa..."
"Hmmm," Yuusuke gimió en tono de queja, dándole a Keiko unos ojitos de cachorro que no eran nada convincentes. Keiko sonrió, y acarició su mejilla con una mano que alejó de sus libros. "No quiero ir solito..."
"Perdón," repitió la chica. Yuusuke hizo una mueca y se encogió de hombros, como diciendo que nada se podía hacer al respecto. Keiko le sonrió más tiernamente y se acercó, cerrando los ojos al rozar sus labios contra los de Yuusuke. El chico entre-cerró los ojos como respuesta y presionó sus labios contra los de ella más firmemente. Era lindo besarse así, aunque no era perfecto. Yuusuke quería más intensidad al besar, y Keiko solo reflejaba determinación y suavidad. Pero, aún así, era su novia, y eso le daba el derecho y la obligación de demostrar su afecto por ella de un modo u otro.
Se apartó lentamente al sentir una molestia. Le sonrió a la chica ruborizada, e hizo un gesto con la cabeza. "Estaré bien. Espero que a la próxima si puedas acompañarme." Keiko asintió, sonriente de nuevo.
Hubo un cómodo silencio en el que solo se miraron por un rato, antes de que un pequeño ruido (aclaración de garganta, tan ruidoso como se podía hacer) y una voz algo gruñona los hiciera voltear. La molestia que Yuusuke había sentido.
"¿Ya nos vamos?" Hiei preguntó, ojos fijos en el rostro de Yuusuke y sin mirar a Keiko (el chico no parecía tenerle el menor cariño o respeto a Keiko), ojos rojos buscando los cafés del chico.
"¿Jaganshi?" Keiko preguntó, mirando a Hiei pero hablando con Yuusuke. Se le oía confusa.
Yuusuke se aguantó el impulso que tenía de suspirar, y se obligó a responder tan alegremente como era natural en su persona: "Es que ya hablamos, Keiko," dijo, mostrándole que sí se había disculpado, "así que estamos en buenos términos. Tan buenos, de hecho, que hasta me acompaña a casa desde hace dos semanas. ¿Qué encantador el enano, eh?"
Keiko le dio una mirada estricta ante eso último, pero al ver que no había cambio en la expresión blanca de Hiei, asumió que esa era simplemente la naturaleza de su relación. Los chicos eran chicos, después de todo. "Bueno," terminó diciendo, en tono algo resignado. Seguro que hubiese querido que Yuusuke la acompañara a ella a casa, pero ella era muy orgullosa para realmente admitirlo. "Te veo mañana, entonces," le dijo a Yuusuke con una sonrisa, antes de agitar la mano amistosamente a Hiei, quien no devolvió el gesto. "Adiós, Hiei."
"Hn," fue la respuesta de Hiei, mientras la chica besaba a Yuusuke en la mejilla y se alejaba a paso campante.
Yuusuke giró cuando había salido de vista, comenzando a caminar. Hiei se adhirió a su lado, a una distancia en la cual cualquiera asumiría que eran amigos. Lo que no eran, solo era una fachada que Hiei insistía en dar.
"Oye, estaba besando a mi novia..." Yuusuke se quejó, sin mirar a Hiei. Sentía la presión de ojos rojos sobre su rostro, pero no lo miró.
"Aguántate," dijo el chico simplemente, moviendo la mochila en sus hombros.
Hiei tenía tutorías, así que salía más tarde. Eso no le había impedido pegársele a Yuusuke para acompañarlo a casa durante los últimos nueve días (sin contar el Domingo, durante el cual no tenían motivo para verse).
Yuusuke sabía que era parcialmente culpa suya – no se había esforzado por evitarlo mucho: siempre tenía algo que hacer después de clase, y ese tiempo era suficiente para que Hiei terminara sus tutorías y lo encontrara. La primera vez, Hiei lo encontró durmiendo bajo un árbol detrás de la escuela, donde Yuusuke yacía desde la última hora. Yuusuke se había sorprendido ligeramente por esto (era el día justo después de quitárselo de encima con sentimentalismo, y él había asumido que no lo vería por un rato), pero lo aceptó. Unos días más tarde, cuando Yuusuke había logrado no quedarse dormido para no ser encontrado tan fácilmente, se había metido en un pleito que le llevó más de lo esperado, y cuando terminó y salía del callejón en donde había luchado, Hiei lo esperaba con una expresión aburrida (su ojo morado, sobre el cual Yuusuke no había preguntado ni preguntaría, ya casi había desaparecido). El callejón, Yuusuke notó entonces, había estado demasiado cerca de la escuela, para que Hiei lo encontrara tan fácil.
Esta semana, había hablado con Kouhei varias veces, y eso también le dio a Hiei tiempo para alcanzarlo, ya que se sabía la ruta a casa de Yuusuke de memoria, y el chico era muy flojo como para usar otra. Hoy, viernes, había esperado a Keiko, quien tenía que hablar con un maestro sobre una calificación en un examen, para preguntarle sobre el cine (sí tenía los boletos, o los tendría, si se obligaba a aceptarlos de Sakyo. No iría a la función si todo resultaba como debía, sin embargo).
Yuusuke miró a Hiei de arriba abajo, aunque ara entonces los ojos del chico estaban enfocados en el camino. No había preguntado nada, asumiendo que esta muestra de 'amistad' era por su decisión de usar palabras comprometedoras, pero la meta de Hiei parecía ser y no ser, el molestarlo. Yuusuke tenía el presentimiento que simplemente lo estaba vigilando.
"¿Por qué caminas conmigo a casa, eh¿No te extrañan en la tuya?" su tono no era ofensivo o bromista, meramente curioso y algo frustrado.
Hiei regresó su mirada a Yuusuke en ese momento, y logró enfocar sus ojos contra los cafés de Yuusuke. El chico casi temblaba – tal intensidad era la que veía en ese tono rojo vino...
"Me caes bien," Hiei dijo simplemente, usando la técnica de Yuusuke en contra suya. "¿No quieres que camine contigo?"
Yuusuke se encogió de hombros, apartando la mirada con esfuerzo. A Hiei le gustaba intentar eso últimamente – mirar a Yuusuke directamente en los ojos. A Yuusuke no le gustaba, porque el fuego en sus ojos era demasiado revelador. No sabía si Hiei lo notaba, pero la ferocidad en sus ojos contaba mil y un historias de maltrato, y de las defensas que Hiei se había creado. Asumía que esa era la causa de la gentileza y sublime interés del Profesor Minamino por el chico, y no quería que ese calor lo atrajera también.
"Haz lo que quieras. Pero no es mi problema si te asaltan o te violan o algo..." Yuusuke advirtió, mirando al cielo.
Siempre que llegaban a su casa, ya era algo tarde, aunque el sol no se ocultaba completamente.
"Bueno," dijo Hiei, sin emoción alguna. Yuusuke se encogió de hombros una vez más, y siguió caminando. Al pasar dos minutos, se percató de un extraño sonidito que provenía de un lugar cercano a las caderas de Hiei. Giró la mirada, para ver que el chico jugaba a encender y apagar un encendedor con la mano izquierda, lejos de Yuusuke.
"¿Haces eso seguido?" preguntó, aunque ya lo había visto hacerlo dos o tres veces mientras caminaban así.
"Hn."
Que útil.
Al llegar al complejo de apartamentos, que no era el peor de la ciudad solo porque un cierto 'alguien' de cabello largo y oscuro pagaba por la mitad de este, Yuusuke se giró hacia Hiei. "Bien, pues, ya te puedes retirar. He llegado a mi casa sano y salvo, así que puedes dormir en paz, o gran enanin Hie—"
"¡Yuusuke!" El chico frunció el ceño al ser interrumpido y volteó a ver a Sakyo, quien se encaminaba hacia ellos. Le dio una mirada algo sorprendida a Hiei (Yuusuke nunca traía amigos a casa, el hombre comenzaba a dudar que tuviera alguno) pero se enfocó rápidamente en Yuusuke un segundo después.
"¿Qué?" Razón por la que no le daba una respuesta más ruda: Hiei estaba parado a su lado. Mostrar a quien odiaba, o quien le agradaba, era dar debilidades al enemigo.
Sakyo dio otra miradita a Hiei antes de hablar en voz calma y casi alegre, pero sus ojos color café oscuro revelaban que no se sentía así. A veces era genial que los ojos del hombre tuvieran tres tonalidades que solo cambiaban con su humor, pero no era nada ventajoso si todos sabían que tonalidades tomaban con cada emoción. Afortunadamente, solo Yuusuke sabía: su padre no se fijaba en ese detalle, a pesar de ser tan inteligente.
"Urameshi-san vendrá a visitarlos esta noche. Yo no podré estar presente," dijo.
Yuusuke se tensó. Esperaba que no fuese muy obvio, pero al darle una miradita a Hiei y ver el brillo en sus ojos, supo que sí se había notado. Volvió su atención a Sakyo velozmente. "Gracias por avisarnos. Que pena que no te puedas quedar."
Sakyo asintió, y se apartó después de un cariñoso 'hasta luego'. Subió a su auto, aparcado en la calle del frente, y Yuusuke vio un ceño fruncido en su rostro antes de que arrancara. El chico se giró hacia Hiei, haciendo una mueca. "Papá viene a casa. Odio las reuniones familiares... Bien, te veré mañana en la escuela," dijo simplemente, antes de dejar a Hiei allí afuera. Notó que se apartaba al comenzar a subir las escaleras de el complejo, y se relajó momentáneamente.
Lo necesitaba. Shigeko Urameshi vendría a visitarlos... y eso nunca era bueno.
"Te ves bien, Mamá," Yuusuke le aseguró a la frenética mujer. Se veía calmada por fuera, y más sobria de lo que Yuusuke la había visto en meses. Incluso parecía saber cuando y donde estaba. Pero por como recorría su mano por su cabello, por como miraba la botella de sake en la mesita de la esquina, Yuusuke sabía como se sentía.
No fue mucho pasadas las ocho que alguien tocó la puerta. El golpeteo era muy hostil para ser de Sakyo, muy firme como para ser de el encargado del edificio, y nadie más realmente los visitaba.
Yuusuke se levantó, súbitamente inseguro si la camisa blanca abotonada y pantalones oscuros que se había puesto serían suficientemente 'decentes' para Shigeko (¿pero que más podían hacer? No era como si tuviesen dinero para comprarse ropa elegante), y fue hacia la puerta para abrirla.
Subió la mirada para ver los ojos verdes de su padre. Notó ausentemente que eran del mismo tono que los de el Profesor Minamino, pero no eran comparables en ningún sentido. Los ojos de Shigeko eran completamente fríos, y aunque calculadores, tenían una puerta abierta a la crueldad si era necesaria. Kurama al menos se preocupaba por sus estudiantes, Shigeko no le salvaría la vida a Yuusuke si no le trajera alguna ganancia.
Yuusuke terminó apartando la mirada, como siempre. Él debía perder el concurso de miradas, porque él era el hijo y no podía superar al padre hasta que este estuviese en su lecho de muerte. Que no sería por varios años.
"Adelante," dijo bajo su aliento, apartándose para que el hombre pudiese pasar. Tras él entraron cuatro hombres más, todos con gafas oscuras y trajes elegantes como el de Shigeko, aunque el de Shigeko era de un tono grisáceo oscuro y el de sus compinches puramente negro.
Yuusuke cerró la puerta cuando hubo entrado el último y velozmente, pero sin empujar o pisar a nadie, fue a pararse junto a su madre, quien estaba sentada en la sala. Miró a su padre sentarse en un sillón frente a ellos, y los cuatro hombres distribuyéndose por el cuarto: uno fue a pararse junto a una ventana, de espaldas a Shigeko, otro a la única puerta de salida del cuarto, también de espaldas a su jefe, y los otros dos a espaldas del susodicho.
"Yuu-kun," el hombre dijo, después de cinco minutos de silencio en los que Yuusuke no se movió ni un centímetro, una mano en el hombro de su madre mientras se paraba detrás de su asiento. ¿Los hombres venían a proteger a su jefe querido? Bien, Yuusuke sería el protector de su madre. "Cuanto has crecido. ¿Hace cuanto que no te veo?"
"Año y medio, más o menos," Yuusuke respondió, alzando una ceja. Una sutil pregunta con desprecio y curiosidad se encontraba en esa expresión: ¿no lo recuerdas tú? "La última vez que viniste, me dejaste tres costillas rotas."
"Ah, sí, ya recuerdo. Intentemos que no se repita¿hm?" Insúltame como la última vez y te irá peor, decían sus ojos.
"Sería una pena si pasara de nuevo," terminó Yuusuke.
Shigeko asintió con la corta rendición de Yuusuke y viró la mirada hacia su esposa. "Atsuko," dijo encantadoramente, y Yuusuke sintió un leve temblor en su madre. Ella nunca salía lastimada físicamente de estas visitas, pero... bien. Tal vez sería mejor llamar a Sakyo en lugar de recurrir a drogas mañana en la mañana.
Pronto no tendré que preocuparme por este tipo de cosas.
"¿Cómo has estado, amor?"
"Bien," Atsuko masculló. Afortunadamente, las respuestas de ella, si llegaban en murmullos, solo parecían darle placer a Shigeko. Yuusuke se preguntaba si solo se había casado con ella porque había sido una fiera que podía luchar por controlar. De cualquier modo, ya había logrado dominarla.
"Que gusto."
Por la próxima hora y media, Yuusuke y su madre contestaron preguntas que Shigeko les hacía. Los temas eran generales y simples: las calificaciones de Yuusuke, lo que hacía Atsuko por la tarde, ofrendas vacías de parte suya, promesas de hierro por parte de Yuusuke y Atsuko, preguntas sobre sus amistades e intereses, y unos pocos comentarios de Shigeko sobre una u otra cosa que hubiera hecho, sobre la cual podía contarle a su familia. Yuusuke sabía que sus respuestas tenían que estar controladas y bien pensadas: revelar cosas no era sano.
Con Hiei, revelar cosas era revelar puntos débiles a un enemigo que, a lo mucho, podría volverse una peste que se desaparecía con un par de palizas. Con Shigeko, revelar cosas era revelar puntos débiles a un enemigo que, por lo menos, podía secuestrar a su novia para mantenerlo a raya.
No, Shigeko no sabía de Keiko.
"Escuché por ahí que salvaste a alguien de un incendio."
El comentario lo trajo de vuelta a la realidad. Consideró su respuesta un momento: no lo suficiente para ser sospechoso, lo adecuado ante una falta de pregunta directa.
Podía contarle de Hiei Jaganshi¿verdad? No era importante para Yuusuke. Le diría "es un pirómano que se quería suicidar y que saqué de un incendio". Pero Shigeko trataría de leer entre líneas, porque el hombre de cabello oscuro siempre asumía que todos mentían. Investigaría a Hiei, y probablemente no encontraría nada interesante (Hiei había sido maltratado¿y qué? Seguro eran problemas con pandillas o en casa, probablemente su padre era un alcohólico o algo así), pero era seguro que un hombre investigaría más de cerca.
Verían a Yuusuke y Hiei caminando juntos.
Asumirían que Yuusuke apreciaba a Hiei como amigo.
Si Yuusuke no cuidaba su lengua en esta reunión, o si hacía algo que enfadara a Shigeko en el futuro...
¿Podría vivir con su conciencia si algo le pasaba a Hiei por culpa suya? Claro que sí.
Su mente divagó por medio segundo, y le trajo el rostro de Hiei a la mente. Cara en forma de corazón, frente siempre cubierta por una banda, negra o blanca, y amplios ojos, con pupilas rojo vino que tenían una intensidad tan penetrante que se le grababa a Yuusuke en los párpados, para que recordara la mirada cada vez que parpadeaba. De inmediato, se imaginó esos ojos con una intensidad casi muerta, causada por aun más maltrato de el que normalmente soportaba.
Se imaginó esos ojos sin intensidad alguna, secos y fijos, con brillo nulo. Muertos.
Logró suprimir un temblor de terror y una súbita oleada de desesperación que trataba de apoderarse de su mente.
¿Realmente podría vivir con su conciencia si algo le pasaba a Hiei por culpa suya? Claro que no.
"Estaba pasando por ahí, y no había nadie más cerca. Pensé que me vendría bien, algo de riesgo y además la persona que salvase me debería un gran favor," hizo un gesto de desprecio y se encogió de hombros. "Pero se mudó. Creo que regresará el próximo año. Me aseguraré de que recuerde su deuda."
Vio una sensación placentera en los ojos de su padre, y se calmó un poco. Shigeko no dudaba de su historia, y probablemente estaba contento de que su hijo fuera tan controlador y convenenciero. El resto de la plática fue más ligera, y Yuusuke logró no enojar al hombre. Pronto se habían ido, y en cuanto Yuusuke escuchó el sonido del motor alejarse, se inclinó contra la puerta cerrada, y se dejó caer al piso para sentarse contra la misma.
Ignoró los suaves sollozos que venían de la sala, mirando al aire frente a si.
¿Desde cuando le importaba tanto Hiei? Desde nunca. No le importaba 'tanto'. Era su moral de nuevo. Pero había algo más.
"Son sus ojos," decidió en un murmullo, cerrando los suyos para recordar con claridad la mirada. "No quiero que nada le pase a esos ojos."
Era un sentimiento extraño. Dudaba haberlo tenido antes, y no sabía como clasificarlo. Lo bueno era que no tendría que preocuparse por ese sentimiento. No tendría que preocuparse por nada. "Es casi triste," dijo para si, "el que no podré ver esos ojos después de mañana."
Seguro que habría ojos rojos y oscuros en el infierno, pero el fuego ahí seguro que sería distinto al de Hiei.
El Sábado, Hiei no pudo acompañar a Yuusuke de regreso a casa. El Profesor Minamino les había dicho a él ya Kuwabara que no tendrían asesorías ese día, así que Hiei solo se encogió de hombros y se fue a buscar a Yuusuke.
Se había pasado la noche de el Martes de la semana pasada pensando en lo que Yuusuke le había dicho, sobre que le agradaba Hiei y que lo había salvado por una razón tan simple como esa. Como significaba aún más tiempo fuera de casa, se dio a la tarea de comprobar la veracidad de su confesión. ¿Qué mejor manera de hacerlo que pasar un tiempo con él todos los días?
Bien, tal vez caminaban en silencio (a menos que Yuusuke dijera algo, a lo que Hiei respondería cortamente), y no se veían en ningún otro momento del día. Pero era algo. Y, para su sorpresa, Hiei comenzaba a pensar que era agradable. Sí, miraba a Yuusuke muy seguido. Intentaba unir sus ojos a los de él para captar cualquier signo de que no estaba siendo sincero, y había encontrado varios. Últimamente Yuusuke se negaba a verlo a os ojos si podía evitarlo.
Pero realmente, el silencio entre ellos al caminar se había vuelto algo reconfortante, después de un par de días de incomodidad. Hiei no tenía que decirle nada a Yuusuke, ni ocultarle nada (porque el chico no le preguntaba nada sobre su vida), ni demandarle nada. Solo estaba ahí, y mientras Yuusuke no lo corriera, no se iría.
Era casi terapéutico. Incluso pensaba menos a cerca de quemar cosas, aunque después de ver a Karasu le regresaba el deseo. Tal vez esto era lo que necesitaba: compañía. Pero solo la de alguien a quien no le importara un comino lo que le pasaba. Su odio hacia Urameshi incluso había desaparecido: ahora le desagradaban algunas cosas que Yuusuke hacía, pero tenía una extraña forma de respeto hacia él. No uno muy grande, ni que fuera a admitir, pero había allí una pizca de respeto.
En fin. Cuando fue a buscar a Yuusuke, no lo encontró, y después de cómo quince minutos se dio por vencido. Tenía que ir a casa, de todas formas, para comerse el budín de chocolate que lo esperaba en un rinconcito del refrigerador. Karasu no debería estar despierto a esta hora, ya que había salido toda la noche anterior y seguro que había bebido.
Se sorprendió cuando, al cerrar la puerta tras de sí, casi lo embiste el normalmente mas... 'refinado' hombre. Se apartó del camino rápidamente.
"¿¡Cuál es tu problema!?" Hiei le espetó al hombre, ahora tirado en el piso. Probablemente seguía ebrio. Hiei dio un sonido de desprecio y se marchó a la cocina. Tomaría su postre y se largaría de la casa, si Karasu estaba de tan fatal humor.
Abrió el refrigerador rápida pero cuidadosamente y se inclinó un poco para ver mejor su chocolate. Sí. Ahí, justo detrás del bote de leche. Alargó el brazo para alcanzarlo entre toda la comida, pero se apartó a prisa cuando casi le cierran la puerta, con la clara intención de aplastarle la cabeza entre el refrigerador y la puerta de plástico reforzado.
"¡Qué te pasa!" Hiei chilló, alejándose más de Karasu, a quien ya podía verle el rostro. Sin duda estaba ebrio, pero estaba completamente furioso.
"¿Por qué no has estado en casa las últimas semanas?" Preguntó, rugiendo. Hiei frunció el ceño, en guardia y tratando de llegar a la puerta de la cocina para escapar. No era bueno quedarse con Karasu cuando estaba así.
"Sí he estado, pero tú no te das cuenta. Llegó algo tarde, eso es todo." No estaba mintiendo, realmente. Siempre que llegaba a casa, Karasu ya estaba dormido, o se había ido a algún sitio del que no regresaría hasta la mañana siguiente, cuando Hiei ya se hubiese ido a la escuela. Esto tenía doble propósito; evitar a Karasu, y evitar que le encargaran quedarse en casa todo el día. Si no se lo ordenaban, no estaba obligado.
Estaba a medio camino de la puerta cuando Karasu se dio cuenta de que intentaría salir, y rugió viciosamente. Los ojos de Hiei se agrandaron ligeramente al ver al hombre tomar un cuchillo. Bien ebrio debía estar, para tomar medidas tan extremas contra Hiei. Normalmente solo usaba los puños.
Hiei dejó el juego de ser sutil y corrió a la puerta, con el corazón en las orejas y la adrenalina drogándolo.
Era suicida. Pero no quería morir apuñalado, si no era por su propia mano. Además, seguro que Karasu no lo mataría, solo lo heriría gravemente. Aunque Hiei apreciara el ardor doloroso del fuego, no era masoquista con respecto a las cortadas.
Sin embargo, por rápido que Hiei fuera, las piernas de Karasu eran más largas que las suyas, y con la velocidad casi demoníaca que le daba en sus arranques de ira, era más veloz que el diablo. Hiei sintió el cuchillo apuñalando hacia él, y rápidamente se inclinó y trato de salir del camino.
Desafortunadamente, Karasu vio sus movimientos y cambió la dirección del cuchillo, para limpiamente hacer una larga cortada inclinada en la espalda de Hiei, de un hombro a media espalda.
Hiei gritó.
La herida no podía ser muy profunda, pero si que dolía. Y se estaba enojando. Giró sobre sus talones, ignorando la sangre que le corría por la espalda, ojos como dos motas de fuego, y mostrando los dientes, se impulso hacia Karasu, quien no se esperaba tal contraataque. Lo tiró al suelo, y el cuchillo salió volando al otro lado del cuarto. Hiei se levantó rápidamente para mirar a Karasu, y lo vio abrir la boca para, seguramente, insultarlo. Hiei le dio una simple mirada de desprecio y atestó un golpe contra su rostro, tan fuertemente que lo dejó inconsciente.
El Sábado, Hiei no pudo acompañar a Yuusuke de regreso a casa. Yuusuke se había asegurado de ocultarse bien después de terminadas las clases, y se escurrió al edificio tres, donde Hiei no lo buscaría. Ya que Yuusuke siempre estaba fuera de la escuela o alrededor de la misma, Hiei solo buscaba afuera. Era simple evadirlo si Yuusuke se lo proponía.
Veinte minutos después de que sus tutorías habían comenzado (Yuusuke no tenía idea de que las habían cancelado, pero solo para estar seguros), se dirigió a hacia las albercas de la escuela. Estaban todas techadas, y solo había una de tamaño realmente grande. Las otras dos ocupaban la mitad de la más grande, y bajaban la profundidad.
Kouhei le había dado la llave esa mañana: se había negado a dársela antes para asegurarse que Yuusuke no la perdiera.
Yuusuke miró alrededor por dos segundos antes de asentir y cerrar la puerta tras de sí. No la cerró con llave, porque tenía que estar abierta para que lo encontraran. Kouhei solo iba a 'fingir' que usaba una llave, y la real estaría en una toalla sobre el casillero en los vestidores que le pertenecía a Kouhei. Yuusuke fue a colocarla ahí primero, antes de irse a las piscinas.
No se iba a quitar la ropa ni a cambiarse a un traje de baño. Su uniforme de escuela era adecuado. Todos pensarían por un rato que lo habían empujado a la piscina o algo así, antes que se declarara que fue suicidio. Eso sería aún más terrorífico.
Morir ahogado no sería bonito. Era una de las muertes con que sufrías más, porque era lenta. Se te llenaban los pulmones de agua, y era ahogarse por un rato antes de que se pudiera oscurecer la conciencia. La presión en el pecho dolía, y no quedaba otra más que aguantarla hasta que todo pasara y murieras. Yuusuke estaba consciente, y lo aceptaba. Si era el precio por morir, que así fuera.
Caminó alrededor de la piscina por un rato, haciendo sus reflexiones de última hora. No eran muchas. Ahora no tenía una nota para Keiko, así que se asumiría que el suicidio era por desesperación y no planeado. Para este método, estaba bien. Aunque sí se sentía un poco culpable de no pedirle disculpas por esto.
"Pronto no tendré que sentir nada," se recordó calladamente, tan bajo que no hizo eco en el cuarto.
Se detuvo en un costado de la piscina, decidiendo que ahí estaría bien, y tomó un gran respiro. Cerró los ojos, aflojó el cuerpo, y se mantuvo así por dos segundos. Luego, un paso al frente, y se dejó caer a la alberca de casi dos metros cuarenta de profundidad. Se hundió fácilmente, y tensó los miembros lo suficiente como para no flotar, aunque nunca lo había podido lograr conscientemente.
Yuusuke no sabía nadar. Esto aseguraba que no se acobardara con la presión en sus pulmones. Ahora ya no había vuelta atrás.
Abrió los ojos un poco, viendo solo el suave tono azul del fondo de la piscina. ¿Por qué no podía ser rojo vino? Ese era su color favorito estos días...
Aguantó la respiración lo más que pudo, pero después de un minuto tuvo que soltar lo poco que le quedaba. El agua le llenó la boca y la nariz de inmediato, y abrió los ojos bien grande al sentir el agua llenando su cuerpo. Luchó desesperadamente con el poco instinto de supervivencia que le quedaba, pero sabía que no podría lograr nada.
Sus párpados se cerraron poco a poco, y sintió su cuerpo flotar mientras perdía la conciencia.
Hiei gruñó al entrar a la escuela. La espalda le ardía como si tuviera hielo pegado a ella (no fuego, el fuego se sentía distinto). Había salido de la casa tres minutos después de noquear a Karasu, al darse cuenta de que no tenía vendajes ni nada para limpiarse la herida. Como no tenía amigos excepto Yuusuke, y esa era una relación extraña, no podía ir a pedir ayuda con nadie. Decidió que iría a la escuela, y tomaría algunas cosas de la enfermería.
Se paró a medio camino a los edificios escolares, justo junto a la puerta de las albercas. Agarró la perilla fuertemente mientras gruñía, ojos cerrados fuertemente mientras dejaba el dolor de su espalda molestarlo por dos segundos. Estaba a punto de ponerse la máscara de indiferencia de nuevo, cuando notó que la perilla estaba algo floja... los de natación aún no practicaban¿por qué no estaba cerrada con llave la puerta?
La giró por mera curiosidad (esto lo distraía del dolor de su espalda) y la puerta se abrió frente a él.
Hm. Las albercas eran... lindas. Limpias, al menos. Aunque Hiei nunca había nadado aquí ni nada por el estilo. No le gustaba el agua, así que la evitaba si podía. Claro, no era tan tonto como para no aprender a nadar antes de evitarla como a la peste bubónica, y sí se bañaba todos los días.
Estaba punto de cerrar la puerta y seguir su camino cuando se dio cuenta de que había algo en la piscina. Tomó unos pasos para adentrarse al cuarto, y vio un cuerpo flotando en el agua, inmóvil.
Se congeló. Pero no porque fuera un cuerpo, sino porque reconocía a quien estaba boca-abajo en el agua.
"¡Yuusuke!" gritó a todo pulmón, olvidándose completamente de la herida fresca en su espalda mientras corría velozmente. Saltó en la orilla de la piscina, dando un profesional clavado para impulsarse más rápido hacia Yuusuke. Lo atrapó por la cadera, el ardor en su espalda aumentando y su sangre tiñendo el agua de rojo.
Salió del agua temblando de frío, y fue un poco más difícil sacar a Yuusuke del agua de lo que fue arrastrarlo a través de ella. Cuando estaban los dos fuera, Hiei miró al inconsciente adolescente con el ceño fruncido, el fuerte latido de vuelta a sus orejas, esta vez ensordecedor con terror.
"No te mueras, Urameshi..." masculló, sin molestarse en sorprenderse por su propio comentario mientras comenzaba a presionar su pecho.
Muy bien, respira, recuerda lo que has visto en la tele. Hiei no podía pensar muy claramente, pero logró recordar un poco de los consejos básicos. Se aseguró de que las vías respiratorias de Yuusuke no estuvieran bloqueadas, presionó el pecho varias veces, antes de ver lo inevitable: necesitaba usar la respiración boca-a-boca. Bueno, no hay remedio.
Se inclinó sobre Yuusuke y alzó el rostro del chico con una mano, colocando su boca firmemente sobre la de él, tapándole la nariz, respirando y pasándole el aire. Colocó la otra mano en el pecho de Yuusuke, y esperó hasta que su pecho se infló un poco por el aire que le pasaba. Se despegó en el momento indicado y presionó su pecho con golpecitos de las palmas a intervalos regulares.
No funcionó.
Lo intentó de nuevo, con el pánico llenándole la mente y haciendo que viera todo en borrones, pero continuó. Después de unos cuantos empujones al final del segundo intento, Yuusuke comenzó a toser.
Hiei tomó un respiro de alivio temblante y se cubrió el rostro con la mano por dos segundos. Por un momento, se había sentido tan... inútil. Apartó la mano cuando fue capaz de ocultar sus sentimientos tras una máscara de enojo, y se inclinó sobre Yuusuke mientras el chico volteaba la cara, ojos cerrados, para poder escupir el agua que estaba sacando.
Tosió. Respiraba. ¿Por qué respiraba? Creyó que todo estaba bien planeado...
Su mente divagó. Realmente no sabía por qué estaba confundido, solo que no debería estar respirando. Sin embargo, su cuerpo estaba muy enfocado en sacar el agua de sus pulmones como para intentar no respirar.
Gruñó por el ligero dolor en el pecho, y giró la cabeza ligeramente para mirar al techo. Abrió los ojos, y tardó un momento (lo que le llevaba a sus ojos enfocarse) para darse cuenta de que no estaba mirando al techo, si no a un par de ojos rojos. Parpadeó lentamente al silencio incómodo.
¿No voy a poder quitarte de encima tan fácil, eh?
Su mente se aclaró ligeramente, y al menos sabía donde estaba, y lo que había intentado hacer. Por cómo estaba el cabello de Hiei, caído y no puntiagudo debido a lo mojado que estaba, él lo había sacado del agua. Pero no podía prestarle mucha atención a lo extraño que se veía así, porque estaba muy ocupado mirando sus ojos. Esa misma intensidad lo fulminaba, pero no le importaba mucho. Era algo lindo ser fulminado con una mirada así.
Al final, logró salir algo de su boca que no fuera agua o una tos estrangulada:
"¿Quieres ir conmigo al cine la próxima semana?"
Impure Act Of God: Espero no tardarme tanto, pero algunos capítulos insisten en alargarse y a veces no sé como escribir las ideas que ya tengo para el fic. Lo bueno, es que ya lo tengo todo planeado (en mi mente), y que no lo voy a dejar en paro y lo terminaré eventualmente. Gracias por el review.
Misutei: Personalmenete, me gustan casi todas las parejas de Yu Yu Hakusho, y me apego más a la de HieixKurama porque es de la cual hay más fics, pero quería intentar una de YuusukexHiei. En mi opinion, sería la pareja más intensa y explosiva. YuusukexKuwabara se dan a trancasos, YuusukexKurama es extraño para mí, pero algo tierno. HieixKurama es clásico pero a menudo la gente hace a Hiei comportarse como una niñita inocente, o a Kurama ser muy afeminado. HieixKuwabara... um... no, no creo que funcione demasiada sangre (X3). Y KuwabaraxKurama, sería interesante por varias razones que creo que no diré, se me ocurren varias.
Gracias por el review, y sí, lo del juego de rol sigue en pie. Solo hay que seleccionar el foro de YYH en mis foros, que se encuentran en un link en mi profile.
Y solo por si acaso no estoy en la próxima semana:
¡Feliz Año Nuevo!
Solo una cosa más¿Quién puede adivinar el por qué del título de este capítulo?
