Whoa. Seis reviews. Muchas gracias, es lo más que me han dado jamás por una historia original.
He aquí el siguiente capítulo. Donde nada realmente interesante pasa, creo yo...
Capítulo 8
En
la Cueva del Tigre
No habían tenido tutorías el Sábado. Pero Kuwabara no podía aceptarlo tan simplemente como Hiei, no podía encogerse de hombros y salir de la habitación así como así. Cuando acabaron las clases del Sábado, Kazuma caminó alrededor de la escuela, tratando de encontrar al Profesor Minamino. No estaba en la sala de Maestros, y eso lo confundió un poco. Se fijó por la ventana, y comprobó que el auto negro del profesor seguía en la escuela.
Se dirigió escaleras abajo y a la entrada, caminando hacia el estacionamiento. Al poco tiempo, notó una cabellera roja que era inconfundible. Sonrió y avanzó hacia él.
"¡Profesor Minamino!" Llamó, agitando una mano en el aire.
El pelirrojo giró al instante, y Kuwabara parpadeó y se paró en seco.
"Ah, joven Kuwabara... lamento no poder haber ido a las asesorías hoy," dijo, moviéndose un poco, acomodando a la pequeña niña con cabellos azules en sus brazos. Kuwabara forzó una sonrisa, recordando que era la misma pequeña de cuando Kurama se había peleado con Miyuki, la extraña mujer que interrumpió sus clases. "Espere," Kurama añadió, girando de nuevo y abriendo la puerta del asiento trasero del auto.
Colocó a la niña dentro, diciéndole algo que la hizo reír y asentir, y cerró la puerta suavemente.
"¿Usted y Miyuki...?" Kuwabara comenzó, con tono incierto. Kurama parpadeó, y respondió agitando la cabeza en un gesto negativo.
"No es mi pareja. Es mi hermano," aclaró simplemente, y señaló al auto con la cabeza. "Sayaka es mi sobrina."
"No, me refiero..." Kuwabara comenzó, deseando preguntar si se habían peleado (y él había fallado en su misión de protección), pero se detuvo, algo estupefacto. "¿Mi... Miyuki es un hombre?" dijo, ruborizándose un poco al recordar a la sensual persona.
Kurama dio una sonrisa apenada y se encogió de hombros. "Creo que ninguno de los dos salió normal," comentó, jalando levemente uno de sus largos mechones de cabello.
"¡Usted es normal!" Kuwabara se quejó velozmente, sacándole una pequeña risa al profesor. Era un bello sonido, que hizo a Kazuma ruborizarse aún más.
"Gracias, joven Kuwabara. Me alegra escucharlo de usted," dijo, divertido.
"Sí lo es," Kuwabara masculló, antes de agitar la cabeza. "¿Entonces, no dio las asesorías porque debe cuidar a su sobrina?"
"Más o menos. Tengo algunas cosas que hacer en la tarde, así que era mejor olvidar las asesorías por hoy. No esperaba que Sayaka estuviera aquí, pero Miyuki dijo que le había prometido cuidarla..." su expresión se vació. "Yo no recuerdo tal cosa."
Kuwabara asintió. Si Kurama no lo recordaba, era más que probable que no lo hubiese prometido. Le estaba desagradando más y más este hermano de su profesor.
"Yo puedo ayudarle a cuidar de Sayaka, mientras hace lo que tenga que hacer," se ofreció alegremente Kuwabara. Nunca había ido a casa del Profesor Minamino (no había motivo), y si podía ir, y además ser de utilidad, se sentiría muy contento consigo mismo.
Kurama frunció el ceño ligeramente, mordiéndose el labio inferior. "Muchísimas gracias, joven Kuwabara... pero no tiene por qué hacerlo. No quisiera que tuviera problemas en casa por no llegar a tiempo, y Sayaka se irá temprano en la noche..."
"Yo quiero hacerlo," Kuwabara insistió. "Usted me da tutorías gratuitas, y es tiempo suyo que gasta en la escuela sin motivo, así que lo menos que puedo hacer es ayudarle con su sobrina un rato en la tarde. A mis padres no les importará," aseguró, con una sonrisa amplia y sincera. Vio a su profesor dudar ante tales buenas intenciones, y su sonrisa creció cuando el joven hombre suspiró, derrotado.
"Muy bien, joven Kuwabara. Como guste. Pero si se quiere retirar, en cualquier momento es libre de irse¿muy bien?"
Kuwabara asintió, y observó al profesor subir al auto mientras le indicaba sentarse en el asiento del pasajero. El adolescente cerró la puerta del lado de Kurama bajo la ligeramente escéptica mirada del profesor, antes de subir por el otro lado. Sonrió a la pequeña que lo miraba curiosamente mientras se colocaba el cinturón.
"Hola, Sayaka, soy Kazuma," dijo, y la pequeña ladeó la cabeza.
"¿Eres uno de los estudiantes de mi tío?" preguntó ella. "¿Por qué tienes clases extra con él?" continuó, recordándolo de la última vez que había estado en la escuela. "¿Eres tonto?"
"Sayaka," la suave pero estricta voz de Kurama llegó de junto a Kuwabara.
Kuwabara solo sonrió más ampliamente, dándose golpecitos en la cabeza. "Un poco," dijo, haciendo reír a la niña.
"Usted no es tonto, joven Kuwabara..." Kurama suspiró, encendiendo el motor.
Con el Profesor enfocado en salir del estacionamiento sin problemas y Kuwabara entreteniendo a Sayaka (no sabía que era tan bueno con los niños), ninguno de los tres ocupantes del auto se percató de dos figuras solitarias saliendo de el edificio de las albercas, apoyadas una contra la otra.
"Pesas mucho, Urameshi," Hiei se quejó adoloridamente.
"Tal vez estás fuera de forma," le espetó el chico, aún algo mareado y temblando ligeramente. Sin embargo, Yuusuke estaba poniendo todo su esfuerzo en aguantar su propio peso y apoyar un poco a Hiei, quien seguía sangrando a pesar de el vendaje improvisado que Yuusuke le había hecho con su camisa. "Solo unos pasos más..."
Yuusuke alcanzó la puerta del apartamento con una mano y empujó la llave dentro, girando la perilla para que ambos pudieran entrar. Notó al pasar por el pasillo que su madre estaba dormida en un sofá con la televisión encendida. La ignoró y señaló a Hiei hacia la puerta indicada escaleras arriba.
Cuidadosamente, Yuusuke se apoyó en el muro en lugar de en Hiei, mientras el chico se desplomaba en una silla en la habitación de Yuusuke, inclinándose hacia delante para no pegar la espalda al asiento.
"Espera aquí, ahora vuelvo..." Yuusuke dijo, avanzando fuera del cuarto y al baño. Ya estaba recuperando sus fuerzas, aunque seguía temblando ligeramente, aún sintiendo el agua presionándolo por cada rincón del cuerpo, abrazándolo.Nunca, jamás, intentaré ahogarme de nuevo, se dijo a si mismo, mientras tomaba el botiquín de primeros auxilios de un gabinete del baño y regresaba a su habitación. Se daría un baño después, primero tenía que ayudarle un poco a Hiei.
"Quítate la camisa," Yuusuke le dijo, parado justo frente a él.
Hiei le dio una mirada seca antes de sentarse al revés en la silla, de cara a la pared para que Yuusuke le viera la espalda, quitándose la camisa lentamente para no abrir más ampliamente la lesión u hacerla sangrar en el piso.
Yuusuke hizo una mueca al ver el daño, pero notó fácilmente que no era demasiado profunda. Tomó una gasa y comenzó a quitar la sangre de alrededor de la herida. "Deberías hacer que te la cerraran con puntadas," Yuusuke comentó.
"¿Sabes cómo?" Hiei preguntó, girando la cabeza un poco para verlo por el rabillo del ojo.
"¿Eh? Oh... pues... no..." Yuusuke admitió.
"Entonces así se queda. Dame unas vendas."
Yuusuke se encogió de hombros. "Como quieras. Eres tú el que tendrá la horrible cicatriz. Pero no te voy a dar nada hasta que te duches. Te va a picar el cloro en las heridas."
Escuchó un murmullo amargo por parte de Hiei ante el comentario, pero no pudo escuchar las palabras a la perfección, así que lo ignoró. Dirigió al chico hacia el baño del piso superior, y no se apartó de la puerta cerrada hasta escuchar que el agua de la regadera golpeaba el cuerpo de Hiei. Regresó al cuarto, sacando vendajes del botiquín y colocándolos en la cama.
"Le prestaré algo de ropa," decidió, caminando hacia su armario y sacando una camisa de manga larga amarilla (nunca la usaba, de todos modos), y unos jeans usados de hace dos años. Hiei no podía volverse a poner la misma ropa mojada, después de todo. Se preguntó si al chico le importaba no usar ropa interior... bueno, que se pusiera la mojada si tanto la quería.
Regresó al baño y tocó en la puerta. "¿Hiei? Te traje ropa... es mía, no creo que te quede, pero algo es algo."
"Déjala junto a la puerta," Hiei dijo simplemente, casi inaudible sobre el sonido del agua. "¿Tienes los vendajes?"
"Voy por ellos," Yuusuke anunció, regresando a su habitación. Escuchó la puerta abriéndose y cerrándose al recoger los vendajes, y luego volviéndose a abrir al regresar por el pasillo.
Hiei estaba de espaldas a la puerta para cuando Yuusuke llegó a la misma, ajustándose su propio cinturón alrededor de los pantalones que Yuusuke le había dado para que no se le cayeran. La camisa amarilla se encontraba doblada limpiamente en el lavabo, esperando pacientemente a que la herida del chico estuviera vendada antes de cubrir su pecho.
Hiei giró un poco la cabeza, mirando a Yuusuke mientras el pelinegro se adentraba en el baño.
"Pásame los vendajes," dijo, estirando una mano hacia atrás, sin voltearse.
Yuusuke estaba a punto de dárselos, pero justo entonces Hiei se giró ligeramente, y el chico pudo divisar algo extraño en su costado, proveniente de su pecho.
"Déjame ver," dijo, jalando a Hiei del brazo bruscamente para que se girara en el piso, algo mojado. "Ouch."
El pecho de Hiei estaba marcado con quemaduras que probablemente nunca sanarían. Eran formas irregulares que cubrían la mayor parte de su pecho, pero había piel intacta por aquí y allá.
"¡Suelta!" Hiei dijo, pero Yuusuke estaba muy entretenido acercándose a él y examinando las formas, sin prestar atención al modo en que Hiei tiraba de su brazo para intentar liberarlo. Levantó una mano y tocó el estómago de Hiei con la punta de su dedo índice, presionando ligeramente. Hiei no se quejó, o sea que no le dolía. O se aguantaba el dolor.
"Que curioso, nunca había visto quemaduras así..." decidió, pasando a su pecho. Su dedo se paró justo debajo de algo extraño. "Ah, que mal. Estas deforme," comentó, picando el pequeño bulto quemado que antes debió haber sido su pezón derecho. Llevó los ojos al izquierdo, y alzó la cejas un poco. "Ohhh. Creo que esto lo vale," decidió, sonriendo ampliamente, molestón.
El pezón izquierdo de Hiei estaba intacto, pero apenas se había salvado de quemarse también, con quemaduras marcadas como fauces alrededor de ese pedazo de piel. De hecho, Yuusuke decidió, si se alejaba un poco y relajaba los ojos, parecía como si un dragón estuviera a punto de morder el pedazo de piel. Claro, no había detalles ni ojos ni nada, pero la forma en general podía visualizarse como un dragón. Tal vez estaba juzgando a favor de Hiei, por aquella vez que lo había visto dibujando dragones, pero era mejor pensar en las quemaduras como marcas interesantes que como cicatrices irremediables.
Le comentó a Hiei su punto de vista, y el hecho de que pensaba que el dragón era excitante, y el chico se alejó con un tirón violento.
"¡Maldición, Urameshi!" dijo sin mirarlo, "¿Eres o te haces?" preguntó, malhumorado, mientras estiraba los vendajes para comenzar a colocarlos alrededor de su pecho.
"Depende de la situación, supongo," Yuusuke dijo con una pícara sonrisa, ayudando a Hiei a cubrir la herida completamente al guiar los vendajes en la dirección correcta. Quería preguntar sobre la herida, pero dudaba que Hiei fuera a decirle, así que¿por qué molestarse? Hiei le diría si quería... y no querría.
"Listo," dijo, una vez que estaba terminado. Hiei asintió y revisó la firmeza de los vendajes, antes de estirarse cuidadosamente. Los vendajes no se movían mucho con el movimiento de sus brazos, y solo cuando se aseguró de que podía levantar los brazos sobre la cabeza sin deshacerlos, tomó la camisa en el lavabo y se la puso.
Yuusuke notó algo extraño en sus movimientos...
"Te noto cansado," dijo al final, recibiendo una seca mirada de parte de Hiei. "Hm... descansa un poco en mi cuarto, yo me daré una ducha. Como me salvaste la vida," apenas y logró quitar cualquier emoción de desprecio fuera de su voz, "dejaré que te quedes para cenar. ¿Qué te parece?"
Hiei lo observó por un largo rato, y Yuusuke lo miró de igual modo. Era chistoso, ver a Hiei sin la banda en la cabeza y con el pelo así de mojado... estaba realmente enredado, saltando en todas direcciones y sin un corte aparente. Parecía que se había peleado con las tijeras, con algunos mechones blancos aquí y allá. El bajito muchacho salió del cuarto sin dejar a Yuusuke mirarlo por más de unos segundos, sin decir nada. Yuusuke giró y lo vio avanzar por el pasillo, entrando a la puerta que daba al cuarto de Yuusuke.
Con una pícara sonrisa, el chico cerró la puerta del baño y abrió la llave del agua.
No fueron ni diez minutos más tarde (Yuusuke normalmente se tomaba quince en la ducha), que le abrieron la puerta del baño. Jaló la cortina lo suficiente para ver al intruso sin ponerse en plena vista, listo para comentarle a Hiei lo mal educado que era por entrar al baño sin tocar, cuando su expresión de quedó en blanco de sorpresa.
"Sakio," dijo, alzando una ceja mordazmente. "¿Qué se te ofrece?" preguntó, notando la expresión algo confusa en el rostro del hombre.
"¿Desde cuando invitas a amigos a la casa?" preguntó el hombre. "¿Y desde cuando te bañas mientras ellos duermen en tu cama?"
Yuusuke le dio un eco de la pícara sonrisa de hace unos minutos, y dejó la cortina caer para seguir con su baño.
"Es Jaganshi, un chico de la escuela. El que me acompañó a casa el otro día¿recuerdas? Estaba cansado, y le dije que tomara un descanso," aunque nunca se imaginó que el chico se sentiría tan seguro como para dormir en su cama. "¿Qué es lo que quieres?"
"Solo..." Sakio pareció necesitar otro segundo para recuperarse de la sorpresa. "Quería decirte que llevaré a tu madre al doctor. A estado algo agripada últimamente¿no?"
"Algo," Yuusuke admitió. "Bien, llévala, entonces. Pero con cuidado." No estaba preocupado por Sakio, pero el hombre debía saber que tenía que ser cuidadoso al llevar a Atsuko a cualquier lugar. Si Shigeko se enteraba...
"Descuida."
"Oye¿Sakio?" Yuusuke llamó antes que el hombre saliera de la habitación, cerrando la llave del agua y tomando una toalla de un pequeño estante justo fuera de la ducha. "¿Todavía sigue en pie lo de los boletos para la premier?"
"Si los quieres, sí," Sakio dijo, mirándolo curiosamente mientras el chico jalaba la cortina de baño a un lado, con la toalla atada seguramente alrededor de su cadera. "¿Encontraste a alguien con quien ir?"
"No se si aceptará, pero sí. ¿Cuándo me los das?" Yuusuke preguntó, tomando otra toalla para secarse el cabello.
"El Lunes. O cuando regrese hoy con tu madre, si los tengo en el auto."
Yuusuke supo entonces que los tendría ese día. Sakio no tenía nadie con quien ir al cine, y no podía llevar a Atsuko. El único motivo por el cual se molestaría para conseguir boletos para una premier, era para ofrecérselos a Yuusuke (lo que ya había hecho), y así tratar de ganarse el cariño del muchacho. No conocía a Yuusuke lo suficiente para saber que, detrás de la máscara de molestia y enfado, el muchacho ya le tenía afecto. Por eso debía intentar empujarlo aun más lejos de su familia.
El tiempo que Yuusuke se tardó en ponerse la ropa fue el tiempo que le llevó a Sakio llevarse a su madre. Yuusuke se tomó el tiempo de ir por una cerveza a la cocina, y después de un momento tomó otra para Hiei.
Entró al cuarto para encontrarse con lo que Sakio había visto al entrar: Hiei estaba acurrucado en su cama, dormido tranquilamente y medio metido a las sabanas. Yuusuke sonrió un poco y se sentó en la silla de su escritorio, abriendo una lata de cerveza y tomando un trago. Hiei se veía muy inocente cuando dormía. Las líneas de tensión en su rostro desaparecían completamente, y la ropa le quedaba grande de un modo algo tierno.
Yuusuke se regañó a si mismo ante aquellos extraños pensamientos, y se concentró en sorber su bebida.
Ni siquiera dos minutos después, Hiei despertó.
"¿Tan cansado estabas?" Yuusuke preguntó al lánguido muchacho, quien se sentaba en la cama frotándose los ojos.
"No dormí bien anoche," dijo Hiei cortamente. Yuusuke decidió no empujar el asunto.
En lugar de hacer más preguntas, se encogió de hombros y le pasó a Hiei la cerveza. El chico la abrió sin dudar, y se la tomó de dos largos tragos. Yuusuke le dio una mirada algo sorprendida, y se terminó su propia bebida.
No quería preguntar, y no iba a preguntar porque sabía que no habría respuesta, pero creía que era bastante lógico... La herida de la espalda de Hiei se había infligido en su casa. Su pista primordial para asumir esto, era el simple hecho de que cuando te apuñalaban o cortaban gravemente, no ibas a la escuela. Ibas al hospital o a casa para conseguir ayuda. Ahora Yuusuke sabía que Hiei se había saltado las tutorías de algún modo. Kuwabara sería incapaz de lastimar a alguien frente al Profesor Minamino, y Kurama mismo no parecía ser muy fuerte, Hiei se lo hubiera quitado de encima muy fácil.
Así que, o en casa, o en un lugar cerca de casa. Hiei no parecía tener prisa por irse.
"¿Te quedas a dormir?"
Pero por mucho que no quisiera regresar a casa, obviamente no se había esperado esa pregunta.
Pero, recordando su expresión más temprano ese día, tampoco se había esperado ser invitado al cine después de rescatar a alguien que se estaba ahogando.
"...¿Cuántas cervezas te tomaste?" Hiei preguntó finalmente.
"No las suficientes, creo," Yuusuke sonrió ante su expresión desconfiada. "Vamos... creí que querías que fuéramos amigos. Y estas son las cosas que hacen los amigos."
"Sí, a los diez años..."
"No te estoy obligando a quedarte," le recordó el chico. "Pero creo que sería lo mejor. Ya sabes, para que no te abras la herida de regreso a casa o algo así." No pudo evitar preguntarse por qué quería ayudar tanto al chico. ¿Desde cuando había pasado de molesto pirómano del demonio a querido compañero de copas?
"..." Hiei se encogió de hombros, y Yuusuke tomó eso como un sí.
"¿Y sí vienes conmigo al cine la semana que viene?" Su respuesta fue una mirada seca. Yuusuke rió. "Muy bien, muy bien. Tienes hasta el viernes para decidirte, la función es el sábado por la noche."
"Hn."
"¿Has intentado leer un diccionario? He oído que eso aumenta tu vocabulario."
"Hn..." Hiei parecía estar a punto de morderlo por el comentario, pero se contuvo. "¿Y tu madre? Estaba dormida en la sala, creo. ¿No le molestará que me quede a dormir?"
"Ni siquiera notará que estas aquí," le aseguró Yuusuke. "Tu tranquilo, que está bien. Y mi padre casi nunca está en casa," venía cada tantos meses, "así que a él no tengo que pedirle permiso. ¿Tú no quieres llamar a casa?"
"No."
Sip. Definitivamente había sido en su casa.
De nuevo, Yuusuke se guardó para si sus conclusiones, y se enfocó en hablar un poco con Hiei. Claro, cuando se trataba de intentar tener una conversación recíproca con Hiei, pedirle a la lluvia que dejara de caer daba más resultados. Yuusuke terminó dándole otras dos cervezas, tomando la misma cantidad él mismo (efectivamente terminándose las reservas de su madre). Se trajo a su habitación la televisión y el dvd de la sala; su madre vendría medicada (por Sakio o por el doctor) y se iría directo a la cama, así que ella no los usaría.
Después de tres películas (Atsuko llegó a la mitad de la primera), y dos copas de sake que Yuusuke había sacado de el cuarto de su madre a escondidas, Hiei finalmente parecía soltarse.
La primera señal de esto llegó cuando, en la cuarta película, que era una de comedía, Hiei se rió ruidosamente junto con Yuusuke.
"Te estás riendo," Yuusuke comentó, mirándolo extrañamente. Hiei lo miró, aunque sin el menor rastro de enojo en su rostro.
"Que listo eres," dijo sarcásticamente, aunque con un tono algo divertido. Se rió solo esta vez, y se recargó contra la pared. Ambos estaban sentados en la cama.
"Estás ebrio," Yuusuke continuó, notando un poco de rubor en las mejillas de Hiei.
"¿Qué eres, un detective?" Hiei preguntó, aún divertido. "No. Para ser un detective, tendrías que descubrir cosas que no fueran obvias."
Yuusuke sonrió, entretenido con el extraño tono sarcástico pero agradable que Hiei le ofrecía al estar ebrio. Su cerebro comenzó a avanzar a mil por hora, luchando contra la bruma que el alcohol creaba... podía preguntarle a Hiei sobre la herida de su espalda, o de por qué le gustaba quemar cosas, o pedir la razón por la que lo seguía a casa, o del por qué lo había salvado en la piscina. Hiei probablemente no le negaría nada a Yuusuke en este momento de parcial vulnerabilidad y lógica cegada. Claro, estaba el riesgo de que Hiei recordara esta noche al despertar, y se sintiera traicionado... ¿Pero acaso valía más una falsa confianza que respuestas sinceras?
Yuusuke volteó para mirar a Hiei, y lo encontró hecho bolita en su lado de la cama, dormido y dando suaves, nada molestos ronquidos.
Siendo ahora libre de tener que elegir, Yuusuke se encogió de los hombros y se bajó de la cama tras cubrir a Hiei con la cobija, acomodándose en la cama extra que había fabricado en el piso de la habitación con los cojines del sillón de la sala, una almohada, y una cobija extra. Se durmió después de algunos silenciosos minutos en los que el único susurro audible era el que hacía la suave, lenta, y profunda respiración de Hiei.
Por cierto, nadie acertó con respecto al título del capítulo pasado. Les diré cuando aparesca el tema de nuevo.
Lo de el juego de roles de Yu Yu Hakusho sigue en pie. ( http://ww w.fanfiction .net/forum/ YuYuHakushoJuegodeRoles /39286/ )
Minamoto no Ishisu-Magy: Gracias por el review y por leer la historia. A mi personalmente si me gusta un poco lo acaramelado en las historias... pero no cuando esta ahí desde el principio, tiene que haber algún esfuerzo por llegar a esa íntima relación.
Misutei: Jeje. No lo golpeó, ni tampoco aceptó ir con él.
Impure Act of God: Me choca cuando hacen que Hiei sea una niñita... Aunque en este capítulo lo puse algo fuera-de-personalidad. Mi excusa es que nadie realmente sabe como es Hiei cuando esta ebrio.
Haruco and Hicaru: Gracias por el review. :D
Hiromi Koizumi: Gracias por leer el fic, y por el review.
Kakushi Miko: Con respecto a comprensión entre los personajes... tendrás que esperar para los capítulos que vendrán después. Con respecto al juego de roles, revisa el foro de ves en cuando si puedes. Hay un nuevo post.
