Capítulo 9

No Significa Sí

El tono tan azul de el fuego no era natural. No era el bello tono rojizo y amarillo que Hiei amaba. Pero seguía siendo bello, y calmaba el dolor de cabeza de Hiei. El maldito palpitar en sus sienes había logrado ponerlo de tan mal humor que le había lanzado la almohada a Yuusuke cuando el chico trató de despertarlo. Acto seguido, lo pateó en la barbilla.

...Bueno, tal vez hubiese hecho ambas cosas aunque no le doliera la cabeza. Y si no le doliera, de cualquier manera hubiera golpeado a Yuusuke, por solo reírse después del golpe y arrancarle las cobijas a Hiei.

El chico se había ido de la casa de Yuusuke alrededor del medio día, pero su dolor de cabeza no había disminuido. Se dirigió a casa, olvidando que había dejado a Karasu inconsciente en ese lugar... Pero, por suerte, al llegar a la casa, no había nadie. Karasu no estaba, y después de un rápido chequeo en el estudio, Hiei se dio cuenta de que no había drogas en la casa. Bueno... probablemente quedaban unos gramos en una bolsita oculta en el sillón (Karasu se drogaba de momento a momento), pero no sería tan malo si la policía solo encontraba eso. Posesión de drogas, en lugar de Posesión y Comercio con drogas.

Justo ahora, Hiei preparaba café, para ver si se calmaba el dolor de cabeza de ese modo. La tetera estaba en la estufa frente a la cual Hiei estaba parado, aunque el chico estaba algo ausente y sin prestar atención a si la maldita cosa pitaba o no. Sus ojos estaban en el deforme fuego azul, de momentos rojo, que danzaba seductoramente bajo el metal.

Se sobresaltó ligeramente cuando un sonido nuevo le llegó. No era el sonido de el gas convirtiéndose en su querida flama, ni el de la tetera (porque el agua aún no hervía). Era el teléfono.

Tragando saliva, se dirigió hacia el aparato, que estaba posado en una mesita en el pasillo principal. Cogió el teléfono, esperando escuchar la voz medio-ebria y enfadada de Karasu...

"Hola, mi chamuscado amigo."

Gruñó.

"¿Cómo conseguiste mi teléfono, Yuusuke?" Hiei no se lo había dado...

"Detalles, detalles. Te fuiste muy rápido de mi casa. ¿Tanto me odias?"

"Con toda el alma," Hiei respondió tan sinceramente como le era posible, caminando a la cocina con el teléfono en mano, escuchando el fuerte y agudo silbido de la tetera. Apagó el fuego y se volvió a colocar el aparato junto a la oreja, escuchando un sonido medio estático que provenía del auricular. "Repíteme eso último."

"Que el nuestro es amor apache," Yuusuke aclaró, con una pequeña risa. Seguramente un mero eco de la carcajada que dio al hacer ese comentario por primera vez.

"Seguro. La próxima vez que vaya a tu casa, que ni se te ocurra darme alcohol."

Hubo un silencio corto mientras Hiei servía el agua en una taza, el teléfono entre su mejilla y su hombro. Parece que había sorprendido a Yuusuke al verificar que iría una segunda vez. No dijo cuando, pero sí dijo que iría. Realmente, el sueño que obtuvo en la casa de su amigo había sido el mejor que había tenido desde que Yukina se había ido, dolor de cabeza o no. Se había sentido tranquilo... claro, tal vez era el alcohol, o el simple hecho de dormir lejos de Karasu. Trataría de verificar cual de las variables le hacía dormir bien.

"Trataré. Pero es que te ves tan lindo cuando estás ebrio."

Silenciosamente, y sin que se diera cuenta, una pequeña sonrisa (divertida, y no sangrona) se dibujó en el rostro de Hiei. "¿A qué hora dijiste que era la función de cine?"

La siguiente semana pasó rápidamente de lo que cualquiera de los chicos hubiera pensado. Cada día pasaban más tiempo juntos. La gente se acostumbró de pronto a verlos discutiendo y molestándose entre sí. Comían el almuerzo en el techo, se buscaban entre clases para comentar algunas cosas o quejarse de las clases, y al final del día, Yuusuke esperaba a Hiei para que lo acompañara a casa. Hiei siempre se negaba a ser acompañado a casa, aunque ya le había dado a Yuusuke su dirección. El bajito muchacho insistía, sin embargo, en que solo fuera si Hiei se lo pedía. Yuusuke asumía que era lo mismo que decir 'en caso de emergencia'.

La confianza llegó rápida... no completa, no. Nunca completa. Pero tenían una precaria amistad, la cual ambos chicos habían necesitado. Yuusuke tenía a Keiko... pero a ella no le podía decir la mitad de las cosas que le decía a Hiei, y sacarle una sonrisa en lugar de una bofetada. Como el hecho de que le había robado un reloj de oro falso a un chico por presumírselo a Yuusuke, aunque no directamente.

O que Kouhei le hubiese dado a Yuusuke una reprimenda de diez minutos por dejar sangre en la piscina el Sábado.

Ambos se habían olvidado ligeramente de el deseo suicida que tenían, mientras Yuusuke trataba de aclarar por qué se negaba a recibir tutorías del Profesor Minamino, y Hiei, apasionadamente tras una máscara de indiferencia, explicaba por qué el fuego le parecía tan atractivo.

Pronto llegó el día en que irían a la premier de la película de terror sobre la cual Yuusuke estaba tan emocionado.

"Te digo, será genial."

"Claro, Detective," Hiei dijo, girando los ojos mientras se dirigían a la salida de la escuela. "Ya me lo has dicho setenta y tres veces."

"Pues pronto serán setenta y cuatro. Bien, ya sabes en donde es la película, así que no llegues tarde," le advirtió.

"No lo haré, solo necesito ir a casa por unas cosas." Más que nada, dinero para palomitas y demás. Karasu no había regresado en toda la semana, pero Hiei estaba muy seguro de que estaba con vida. Le robaría algunos yenes de la billetera que tenía guardada sobre la repisa de la cocina. La ocultaba ahí, no porque fuera difícil de encontrar, sino porque le divertía que Hiei tuviese que traer una silla del comedor y montarse en ella para alcanzarla.

"Muy bien. Porque será—"

Un borrón vestido de pantalones pajizos y camisa blanca pasó veloz junto a ellos, con una larga melena de cabello rojo ondulando tras él.

"¡Váyase, joven Kuwabara!"

Un segundo borrón se añadió a la carrera, "¡Espera¡Kurama!" y ambos desaparecieron al girar la esquina. Al pequeño evento lo siguió un portazo de una puerta, un forcejeo, y otro portazo, más suave que el primero.

Hiei y Yuusuke se quedaron pegados al piso por un momento, escuchando palabras sin sentido y algo ahogadas por las paredes. Después de cinco segundos, dieron vuelta y se marcharon, para evacuar la escuela por otra ruta.

"¿Qué traen esos dos?" Yuusuke preguntó, algo confuso, al dejar el edificio. Hiei se encogió de hombros.

"Kuwabara quiere con el Profesor," dijo simplemente. El gran bobo con corazón de igual tamaño era bastante obvio en clases. Se distraía demasiado, y la razón de su distracción no era otra cosa más que el pelirrojo.

"Maricas."

"Sí."


"¡Lárguese!" repitió Kurama, lanzando un borrador en dirección del adolescente que ya había abierto la puerta. "¡No debió involucrarse conmigo¡Váyase a casa!" Lo dijo sin mirar al chico, moviéndose al extremo opuesto del laboratorio vacío.

Estaba siendo cruel, y lo sabía. Todo lo que había hecho Kuwabara fue mantener su palabra de que lo protegería, pero él no estaba teniendo una buena reacción.

Claro, todo era su culpa. Ya lo había notado, desde hacía unas semanas. Ya lo sabía. Que Kazuma estaba enamorado de él. Uno de esos amores juveniles, que se tomaban muy en serio sin serlo. Podía perdonar a Kazuma por eso. Era un muchacho, un ignorante con gran nobleza. Pero lo suyo no podía perdonarse.

Lo supo todo el tiempo, y nunca habló con él. Nunca le dijo que los sentimientos no eran recíprocos, que a él no le atraía para nada su mente ni su físico. Que él era mayor (aunque no por más de un par de años), y que eran alumno y maestro. Que la relación era imposible. Debió haberle dicho esas cosas. Debió haberle mentido.

Ese era el pecado: no haber mentido.

"¡Profesor, por favor!" No notó que estaba tan cerca, pero regresó en si cuando sus manos fueron tomadas por las más anchas y algo huesudas de Kuwabara. Las de Kurama también eran varoniles... pero comparadas con las de Kazuma, eran algo pequeñas. Y Kazuma puedo tomar una muñeca y la mitad de la otra con una sola mano, para subir la otra y limpiar un hilillo de sangre que le bajaba a Kurama por la frente.

Kurama tembló ligeramente, girando la cabeza como una bestia herida. Miente ya. Miéntele.

"¿Le duele?"

"No," dijo. Y era verdad. El dolor era algo controlable, y mientras fuera así, no era dolor real.

Silencio. Kurama retrocedió ligeramente, aunque una de sus manos seguía en posesión de Kuwabara. El muchacho colocó un dedo en la barbilla del profesor, levantándole la cabeza ligeramente, y trayendo un rubor a las mejillas del hombre, quien estaba algo enfadado y apenado. ¿Por qué tenía que ser ligeramente más bajo que Kuwabara? Él era el mayor de los dos...

"Si hice algo para que se molestara..." comenzó el chico, quien tenía una expresión de sincero arrepentimiento que hizo al estomago de Kurama retorcerse.

"No has sido tú," dijo lenta y claramente, como si quisiera dejarlo claro a ambos, y no solo al muchacho. "Soy yo. No... no sé..."

"¿No soy de su agrado?" preguntó Kuwabara, poniendo la mentira justo a una sílaba de alcance. No se iba a echar atrás.

"No." Le costaba enfocar la mirada.

El chico asintió. "¿No le agrada mi compañía?"

"No." La garganta se le secaba.

"¿No quiere que lo proteja?"

"No." Le temblaba la mano que no estaba en la de Kuwabara, que ya aflojaba su agarre.

"¿Me odia?" Kurama bajó la mirada, dejando al silencio mentir por él. Kuwabara le soltó la mano, la cual calló al costado del pelirrojo con un sonido de tela golpeando tela. "Entiendo. Perdone por las molestias." Tal vez ahora abandonaría las tutorías. Tal vez dejaría de mirarlo en clases. Tal vez dejaría de hablarle. Era lo mejor. Era lo normal, lo correcto.

Pero al subir la mirada y ver la cara de calmada, triste resignación, se arrepintió.

"¡No!" dijo, aferrándose al hombro del muchacho, apoyando la frente contra su propia mano. Estaba de vuelta a las respuestas sinceras. Había fallado. Pero se sentía extrañamente bien al respecto, y aun más cuando Kuwabara volteó y puso una mano en su hombro. Seguro que buscaba alguna confirmación. Alzando la cabeza y acercándose un poco más, Kurama se la dio sin demora ni quejas.


"Con esto será suficiente..." mascullaba Hiei, contando el dinero por tercera vez antes de colocarlo en su bolsillo. No tenía que pagar el boleto, porque Yuusuke ya lo tenía. Era lo suficiente para tomar el metro de ida y de regreso, y también para comprarse algunos dulces en el cine. No había comido su pudín de chocolate esta última semana, así que se merecía alguna delicia. Tal vez incluso palomitas de maíz.

Se cercioró de que todas las ventanas estuvieran cerradas, y también la ventana del balcón de Karasu, antes de salir de la casa. Sin embargo, ni siquiera había terminado de cerrar con llave, cuando alguien lo azotó contra la puerta, tomándolo por el cabello y presionando su rostro contra la puerta, otra mano sujetándole el brazo para que no se moviera. Era efectivo, ya que no podía moverse mucho sin romperse el brazo él mismo.

"¿Dónde está Karasu?" Esa era la voz de Bui, aunque por la lejanía, no era él quien sujetaba a Hiei.

"No tengo la más jodida idea," Hiei siseó, un ojo cerrado ante la presión de la puerta, su mejilla ardía ligeramente ante el salvaje golpe que se había dado. "No ha venido a casa en toda la sema—aaah!" Se silenció al sentir su brazo ser torcido, y se mordió la lengua para no dejar salir otro sonido, que solo le daría satisfacción al atacante.

"No me mientas, Hiei," Bui dijo, la voz tan suave como podía lograr, y una mano fue a tocar la parte trasera de la cabeza de Hiei. El chico gruñó por lo bajo y se estremecía cuando le acariciaron el cabello. "Sé que Karasu siempre te dice a donde va."

¡Ha! Lo único que le decía era que cuidara la casa como un buen perrito guardián. Hiei nunca sabía a donde se iba el desgraciado, solo lo asumía.

"Se oculta, pero no se donde," dijo finalmente, tras tomar aire. Pero el oxigeno no le llegaba bien a los pulmones, dado que su caja torácica no se podía expandir contra la madera. "Te juro que no sé nada, Bui."

"¿No?" Una cuarta mano llegó por detrás a tocarle el estómago, frotando el seguramente vacío apéndice a través de la piel, músculo y ropa. "¿Y a donde ibas¿No era a encontrarte con Karasu, verdad?"

"Claro que no," el pucho libre de Hiei se cerró en un tieso puño, pero no trató de defenderse. Le iría peor si lo hacía. "Voy al cine con un amigo."

Bui rió. Y no era una risa agradable. Sabía como era Hiei, y de seguro no creía que el chico pudiese tener amigos. "¿Y quién es tu amigo?" Una punzada de dolor le pasó por el pecho, y Hiei se quedó callado. No iba a decirle a Bui... por un lado, tal vez lo dejarían en paz, pero podrían hacerle daño a Yuusuke. No dejaría que él pasara por esto...

Se sorprendió a si mismo con el pensamiento... pero no falleció al pasar los silenciosos segundos. No traicionaría al único amigo que tenía, así como nunca traicionaría a Yukina.

"Muy mal, Hiei. Creo que tenemos que recordarte cuales son las prioridades."

Abrieron la puerta de la casa y lo empujaron dentro. Hiei no pudo verlos con claridad, pero sabía que eran al menos cuatro personas, contando a Bui. Gruñó cuando le dieron un golpe al estomago, y se preguntó por qué no podía durar un mes sin heridas graves. Alguien lo sujetó para que se quedara en pie, y el cruel, ardiente dolor de golpe tras golpe se fue apoderando de su cuerpo.

No se dio cuenta de cuando le quitaron los pantalones, y así estaba mejor.

Ya había pasado por esto antes, y lo haría de nuevo. Y de nuevo, y de nuevo. Hasta que Karasu fuera un hombre de bien, responsable, y limpio. Cosa que nunca pasaría, y motivo por el cual Hiei pasaría por el mismo trato, como pago por las equivocaciones de su tutor.

No supo cuando tiempo pasó. Era al menos una hora. Sus ojos no podían enfocarse bien en el reloj digital en la pared, en parte porque uno de sus ojos estaba cubierto de sangre que le caía de una ceja. Con un poco de esfuerzo, logró arrastrarse hasta el teléfono de la mesita junto al sillón. Los dedos le temblaban mientras, tirado en el suelo, marcaba el único teléfono que se sabía, a parte del de emergencia, el de los bomberos, y el de su propia 'casa'.

Por un momento se preguntó por qué no se quedaba tirado ahí, por qué no dejaba a su cuerpo descansar, hasta que pudiera levantarse por si mismo. Ñas preguntas se alejaron cuando oyó la lejana voz por el auricular...

"¿Diga?"


Yuusuke gruñó, malhumorado, al mirar el reloj por tercera vez. Cincuenta minutos tarde. La película había comenzado hace ya media hora, pero Yuusuke seguía ahí parado, esperando por el chico que había prometido que vendría a ver la película con él. "¿No vas a llegar, o sí?" le dijo al viento, estirando los brazos justo en el momento en que el celular que había robado comenzaba a sonar.

Se lo sacó del bolsillo, pero quienquiera que marcase, no era un número conocido. Extrañado, se trajo el celular al oído.

"¿Diga?" Casi se le para el corazón al oír la respuesta a su saludo.

"D-d...¿Detective¿Puedes… venir a recogerme? Ven a mi casa."

La puerta estaba abierta cuando Yuusuke llegó, haciéndole pensar lo peor. Aún así entró a la casa, cuidadosamente evadiendo un jarrón roto en el pasillo y mirando en todas las puertas que se encontraba. La primera fue la cocina, pero no había nada en ella. Estaba bastante limpia, y no parecía que se usara muy seguido, al menos no últimamente

"¿Hiei¿Enano?" Llamó, al mirar dentro de la segunda puerta, que era un armario. Escucho un suave gruñido venir de la siguiente habitación, y se dirigió a ella, encontrando una destruida sala. El rastro de sangre en el piso lo llevó a Hiei, tirado junto a un sofá, aún sosteniendo el teléfono contra su rostro, aunque apenas consciente.

Yuusuke se dirigió a él a prisa, algún instinto de protección llegando a su mente mientras se quitaba la chamarra, amarrándola alrededor de la cintura de Hiei. Estaba completamente desnudo de la cintura para abajo, aunque Yuusuke no quiso fijarse mucho en eso, mucho menos en su había blanco ente el rojo de las heridas de Hiei. Estaba muy magullado, y algunas de las heridas seguían sangrando. No había sido por cortes, simplemente por la fricción de piel contra piel cuando lo golpearon. Le limpió el rostro con un pulgar, a tiempo que el chico habría un ojo y le daba una monosilábica bienvenida.

"Hn..."

"¿Qué te pasó?" Yuusuke preguntó. "¿Por qué siempre que hay problemas estás sangrando o en llamas?"

"Cállate... y llévame a la cama," gruñó, cerrando los ojos, sin quejarse cuando Yuusuke cuidadosamente lo levantó del piso. El chico se sorprendió cuando Hiei soltó un grito ahogado, y se percató que uno de sus brazos estaba doblado en un ángulo chistoso. "C-creo que me rompieron el brazo... hay unos pedazos de madera en el patio¿sabes hacer entablillado? Si no sabes, te voy diciendo como..."

Yuusuke trató de no sentirse indignado. Le habían roto el brazo al pobre chico, y en lugar de pedir ayuda profesional, estaba demandando ser llevado a su cama y que Yuusuke le arreglara el brazo. ¿Acaso esto le pasaba seguido?

Agitando la cabeza, Yuusuke fue directo a la puerta. Hiei se movió incómodamente al notar que no iban escaleras arriba. "Mi cuarto está..."

"Te voy a llevar al hospital," Yuusuke dijo simplemente.

"Idiota... no tengo con que pagar," Hiei se quejó. "Te van a correr en cuanto llegues.

"Yo voy a pagar," Yuusuke aseguró. Bueno, no él, pero le pediría a Sakyo un favor. Al hombre no le faltaba dinero, y Urameshi-san no se pondría sospechoso por ayudar a un "don-nadie" como Hiei. Asumiría que Sakyo estaba pagando para poder pedir favores después. Era la única lógica absoluta en la cabeza de ese hombre. En ocasiones como esta, sin embargo, era muy útil.

"No te voy a regresar el dinero," Hiei tosió, algo tenso.

"No quiero que me lo regreses," Yuusuke dijo, sonriendo ligeramente. Aún había algo de desconfianza... claro, él también esperaría una demanda de "regrésame mi dinero" de cualquier persona que le pagara una estadía en el hospital. Esto era bueno. Se había estado confiando demasiado... él y Hiei seguían siendo enemigos, ligeramente. Aún no había olvidado ese día en que se conocieron, el intento de suicidio interrumpido.

Y, aún ahora, no quería ver a Hiei morir antes de que él mismo se marchara. No soportaría el tener que ir al funeral de el chico.

"Estas loco," Hiei le espetó, aunque más tranquilo en sus brazos. Era bueno que fuera tan pequeño. "No puedo creer que me siga juntando contigo."

"Gracias, lo mismo digo," Yuusuke dijo, contento simplemente con la pequeña sonrisa que estiraba los partidos labios de Hiei. "La próxima vez que salgamos a algún lado, yo te recogeré¿bien?"

La sonrisa se agrandó muy ligeramente, y desapareció de camino al hospital más cercano, mientras el chico perdía la conciencia. Era la segunda vez esta semana que Yuusuke pudo apreciar al chico en el momento en que estaba más calmado.

Corto. Pero es lo único que puedo poner en este capítulo. Les repito que, por más que me tarde, voy a terminar esta historia, así que no se preocupen. Pero mi vida esta algo apurada estos días, por lo que no me da mucho tiempo de escribir.

Gracias por seguir leyendo, y por los reviews, a los que no puedo responder en este momento ya que al escribir esto, no tengo Internet, y no puedo revisarlos.

Es el segundo capítulo que termina con Hiei dormido¿o no? El próximo capítulo, probablemente, será más largo.

Hay una explicación para la escena de Kuwabara y Kurama, pero creo que, si decido explicarla, lo haré en otro fic distinto a este.

Gracias por su comprensión.