Advertencias: Antes que nada, avisar este fic es Yaoi (Chico x chico) si no te gusta te aconsejo que no leas este fic.
Disclaimer: Los personajes de este fic no me pertenecen, sino de los increíbles Margarett Weiss y Tracy Hitman. Lo que pasa es que he hecho mi versión y ahí si que Raistlin es mío xD~
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Capítulo XIV: Oportunidad
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Caramon miraba su desayuno con desgana. El vaso de leche se le enfriaba mientras mojaba en ella las galletas de chocolate que tanto le gustaban, pero las masticaba sin mucha ilusión. Y eso era muy extraño en él.
Entre suspiros de aburrimiento empezó a recoger la mesa cuando las maldiciones de su gemelo lo asaltaron, por fin había despertado. Algunos días atrás había intentado despertarle para avisarle que llegaría tarde al trabajo, y aunque su gemelo no dijo nada, su mirada fulminante lo dejó claro todo. Tenía un terrible despertar.
Entró en la cocina como un rayo y encendió la cafetera mientras se anudaba la corbata color rojo sangre.
- Buenos días, Raist – saludó con una amplia sonrisa.
- mhnñ… - gruñó el otro con su taza humeante de café. Salió de la habitación susurrando cosas incoherentes para el castaño que de nuevo se quedó solo.
Desde que su hermano entró a trabajar en el bufete casi ni lo había visto más de una hora seguida. Se pasaba las horas allí o se encerraba en su habitación concentrado con su trabajo. Aunque eso no le resultaba extraño, pero…
- Me voy. – anunció Raistlin con su bandolera de cuero negra.
- Espera, ¡Raist! – se interpuso entre su gemelo y la puerta. – Desde hace noches que no duermes bien. Duermes sobre el escritorio encima de tus papeles o apenas unas horas en tu cama. No creas que no me he dado cuenta. – Se sonrojó de sus propias palabras – Deberías quedarte en casa y descansar.
- No tengo tiempo para descansar. – Intentó ser paciente – Debo irme a trabajar.
- Es que solo trabajas, Raist. – le agarró los hombros con suavidad.- Solo es un trabajo, tómatelo con más calma.
- No es solo un "trabajo" – siseó apartándose de él – Es importante para mi, mis sueños se están cumpliendo y no voy a "tomármelo con calma" – burló – No vuelvas a interrumpirme para decirme estas estupideces.
Cerró la puerta con brusquedad. De nuevo el silencio se hizo en aquella casa.
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- Buen trabajo, Majere. Has avanzado muchísimo en poco tiempo.
- Gracias, señor Fistandantilus. – reconoció con orgullo el aludido.
Recogieron los papeles desperdigados sobre el gran escritorio de su enorme despacho.
- ¡Oh vamos! No hace falta que me llames señor. – sonrió – Pasamos muchas horas codo con codo. Mejor tutéame.
- Lo- lo intentaré. – Un leve mareo hizo que Raistlin casi cayese al suelo pero su jefe fue rápido y lo sujetó a tiempo. Del susto, la garganta del peliplateado se cerró y un ataque de tos surgió doblándose casi por la mitad.
- ¿Estas bien, chico? – preguntó preocupado mientras le daba suaves golpes en la espalda.
- No-no es nada – consiguió decir al recuperar el oxigeno en sus pulmones. Unas leves gotas de sangre mancharon su pálida mano.
- Iba a darte un nuevo caso… - meditó Fistandantilus – pero será mejor que te vayas a casa y descanses.
- ¡No! – gritó – Puedo hacerlo. Soy capaz de hacerlo y lo sabes. Dame el caso.
El de cabello azabache abrió los ojos de par en par. Allí estaba su nuevo miembro del bufete, más pálido que cuando le contrató, unas enormes bolsas bajo los ojos que mostraban que no dormía desde a saber cuando y lo que mas le impactó fue como en sus ojos dorados, sus pupilas se tornaron como rendijas, parecían relojes de arena.
Sonrió satisfecho, su discípulo era ambicioso, obsesivo, avaricioso y con un gran espíritu de lucha. Era perfecto.
- De acuerdo. Es tuyo – decidió – Pero aun no me has dado una respuesta a lo que te dije.
- Déjame pensarlo un poco más. – pidió evasivo el peliplateado.
Fistandantilus frunció el entrecejo.
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Dejó su cuarta jarra de cerveza sobre la mesa mientras lanzaba un largo suspiro. Estaba solo. Aburrido y solo.
Tas se había quedado ayudando a Flint a organizar las finanzas, aunque este dijo que iba a atrasarle más que otra cosa.
Sturm, ahora que era policía, pasaba muchas horas haciendo patrullas en coche y sus superiores le enseñaban los gajes del oficio.
Y el gran Tanis había acabado su carrera de Ciencias Políticas y ahora, junto con su prometida Laurana, iban a fiestas para conocer a importantes políticos.
Pidió otra jarra de cerveza que no se hizo mucho de esperar, dio un largo trago y volvió a suspirar.
No importaba que ellos no estuviesen, solo quería que Raist estuviese con él.
Cada día que pasaba, su gemelo, pasaba mas y mas horas en su nuevo trabajo, dejándole exhausto y casi sin probar bocado. A este paso enfermaría.
No soportaba estar en casa sin él, así que pasaba las horas en "El Último Hogar", al menos allí se sentía útil. Cuando veía que la pobre Tika se agobiaba con la clientela, Caramon iba al momento a socorrerle para ayudarla a servir cervezas y las deliciosas patatas picantes de la casa.
Vació de otro trago su jarra. Hoy la cerveza no sabía tan bien como cuando estaba en compañía. Apoyó su cabeza en sus enormes manos deprimido. Parecía que todo se le escapaba de las manos.
Una delgada mano rozó el hombro del castaño. Estaba caliente. Sabía quien era.
- ¡Raist! – levantó su cabeza con brusquedad.
- Hola, querido hermano. – saludó con una leve sonrisa en sus labios.
- ¿Ya has terminado de trabajar hoy? – preguntó feliz – Cómo sabias que estaba aquí?
- Si no estás en casa se que estás aquí.
- Que predecible soy – rió – ¿Quieres beber algo, Raist? Iré a pedirlo.
- Espera, hermano – pidió el trajeado – Antes tengo que decirte algo.
Su voz se volvió seria y Caramon lo percibió. En su cabeza giraban miles de preguntas, preocupaciones y dudas. Notó como sus dorados ojos intentaban evitarle.
- Yo… - empezó a decir.
- Perdona, chico. – Interrumpió Otik – Tika está ocupada y yo cada paso que doy es una tortura ¿Qué quieres tomar?¿Te apetecen unas patatas picantes? Dentro de poco no tendrás mas ocasiones de comerlas.
- ¿A que te refieres con eso? – preguntó Caramon al camarero. Raistlin frunció el entrecejo.
- Lo que oyes, muchacho. "El Último Hogar" va a cerrar sus puertas para siempre.
- ¿Por que?
- Ya soy bastante mayor – explicó – mis piernas ya no aguantan tantas horas en pie y para que mentirnos, mi esposa me ha dicho que me jubile de una vez o se irá ella sola de viaje y a vivir sus últimos días tranquila. Lo siento muchísimo por Tika, tendrá que buscarse un nuevo trabajo. Son cosas que pasan.
Los tres estuvieron callados por un momento. El mayor, perdido en sus propios pensamientos; Caramon intentando asimilar la mala noticia, para él "El Último Hogar" era como su segunda casa y Raistlin meditaba sus palabras.
- No te gustaría que "El Último Hogar" pasara a buenas manos, Otik? – dijo finalmente el peliplateado.
- ¿A que te refieres? – preguntó curioso.
- Se que has cuidado de este sitio como si fuera tu propio hijo – comentó con suavidad – pero también se que para Caramon este sitio es muy importante para él y que le encantaría cuidar de el.
- Se que estos últimos días has estado ayudando a Tika a llevar la taberna – expuso el dueño - ¿Son ciertas las palabras de tu hermano?
- Nada me gustaría más que encargarme de "El Último Hogar". – expresó sonrojado.
- Es cierto – continuó Raistlin con una punzada en el corazón*tu-tum xD* – Sabe desenvolverse con soltura tras la barra y trata bien a los clientes. Te propongo un trato, Otik. – Enfatizó sus palabras – Dinos el precio por el local y negociémosla. Si aceptas nuestra oferta me encargaré personalmente de tramitar los papeles, de dejar lo más claro posible el contrato y la forma de pago. Por supuesto, no cobraría mi parte. Así te ahorrarías pagar a un abogado.
- Deja que vaya a por tu bebida caliente y seguimos hablando – dijo antes de marcharse cojeando.
- ¿Por que le has dicho todo eso, Raist?- preguntó confundido el hombretón.
- La otra noche me dijiste que tu sueño era tener una taberna como esta y ahora mismo tienes la posibilidad de conseguirlo ¿O a caso era mentira?
- No, no. Es cierto.
- Entonces deja que yo me encargue de negociar. – ordenó.
- ¿Que era lo que querías contarme antes de que llegara Otik? – recordó Caramon.
- No importa. – respondió fríamente.
El castaño iba discutirlo, que para él le importaba, pero de nuevo apareció el dueño de "El Último Hogar" con la infusión para el futuro abogado y dos jarras más de cerveza, una para él y otra para el posible comprador. Se sentó con dificultad y Raistlin empezó a explicarle todo lo necesario.
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Las semanas pasaban rápidas. Caramon consiguió, con la ayuda de su gemelo, que Otik le vendiese "El Último Hogar", habían llegado a un buen acuerdo y así, por fin el dueño podría pasar sus días tranquilo con su esposa.
Al investigar el local, vieron que habría que hacer algunas reformas, pintar las paredes (que descubrieron que antaño fueron blancas y no amarillas) y ya de paso, modernizar un poco el sitio, aprovechando para cambiar las mesas y sillas que estaban obsoletas.
Así que, en su tiempo libre, el hombretón acudía a su nuevo negocio haciendo las reformas él mismo y por las noches, Raistlin le explicaba pacientemente las ventajas e inconvenientes de ser autónomo y le enseñaba un poco de contabilidad.
Una mañana, tras instalar las nuevas luces, el local se veía mucho más iluminoso. Caramon se enjugó el sudor de su frente contemplando su trabajo satisfactoriamente.
- Esto marcha bien. – pensó ilusionado el joven. Miró su reloj, todavía era pronto para volver a casa y sabía que si se ponía a reformar algo más no terminaría hasta bien entrada la noche. – Ya sé. Iré a visitar a Raist y le daré una sorpresa para agradecerle todo lo que ha hecho por mí.
Se aseó un poco, cogió su chaqueta antes de salir y se fue.
Después de veinte minutos de viaje en autobús y cinco andando, Caramon llegó hasta el mismísimo centro de la ciudad de Solace , donde los negocios y empresas mas importantes cubren sus calles. El más destacado de ellos era un enorme edificio de cristales tintados, impidiendo ver que había en el interior. Tendría como mínimo unos quince pisos, contó el castaño por encima, que al exterior daba dos ascensores que estos si dejaban ver quien iba en su interior. Arriba del todo, se situaba el logotipo de la empresa, se trataba de "Fistandantilus & Asociados" enmarcado por dos curvas de color verde pistacho.
Se introdujo en el edificio y preguntó en recepción por el nombre de su hermano, no lo reconocieron así, pero sí como el "el discípulo del Señor Fistandantilus", lo mandaron al ascensor a la última planta, que era la décimo octava.
Entró en el elevador y pulsó la tecla correspondiente, al cerrarse las puertas sonó una melodía que, supuestamente debía ser agradable, era un tono estridente que Caramon deseó que le arrancaran las orejas o, menos doloroso, tuviese que ir al primer piso. Gracias a los dioses habidos y por haber, por fin llegó a su destino casi tropezándose con la mesa de la secretaria.
- ¿Pu-puedo ayudarle en algo? – preguntó sobresaltada la pobre secretaria.
- Si – rió nerviosamente y rojo como un tomate - ¿Dónde puedo encontrar a Raistlin Majere?
- Ahora mismo está reunido con el señor Fistandantilus – tecleó en su ordenador algo – Su despacho está al girar, es el cristalizado. El de Majere está situado al lado, si quiere puede esperar allí.
- Muchas gracias – agradeció con una amplia sonrisa mientras se dirigía hacia donde le había dicho – y perdona por haberte asustado.
- Me gustaría que me metieses algo mas que un buen susto – Pensó la pervertida secretaria mientras escudriñaba el culito prieto de Caramon – Dios mío que bueno está…
Iba tarareando la dichosa cancioncilla del ascensor cuando encontró ambos despachos, en el más grande, estaba su gemelo leyendo unos papeles que parecían ser muy importantes viendo con que seriedad se los examinaba. El castaño sonrió, iba a llamar a la puerta cuando apareció en su campo visual una figura vestida de negro que se situó al lado de Raistlin, se dirigieron unas palabras y el peliplateado rió.
Caramon sintió una punzada en el pecho. Su hermano jamás había reído así con él. Unos corrosivos celos se apoderaron de su ser ¿Por qué con su jefe reía así y con él apenas le dirigía una leve risa? ¿Que era tan divertido? ¿Por qué se mostraba tan receptivo con él?
Fistandantilus se sintió observado y miró hacia donde el hombretón estaba. Lo escudriñó unos segundos reconociéndolo al instante, solo había que cambiar el color del cabello y mas delgado siendo así una versión de su discípulo ¿Lo que leyó en su mirada eran celos? Le pareció divertido, así que rodeó con su brazo el delgado cuerpo y le susurró algo en el oído. Raistlin sonrió de oreja a oreja.
Caramon frunció el entrecejo, giró sobre si mismo y echó a andar a grandes zancadas. La secretaria iba por el pasillo cuando se cruzó con él, iba a coquetear un poco con él, pero cuando vio su rostro encendido y contraído por la furia. Por lo visto no fue una buena visita.
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El sol terminaba de esconderse por el horizonte cuando Raistlin abrió la puerta de su hogar. Estaba terriblemente cansado, le dolían todos los huesos del cuerpo y parecía que la cabeza le iba a estallar en cualquier momento. Se aflojó el nudo de la corbata y colgó su chaqueta en la percha de la entrada. Iría directamente a la cama a dormir, no tenía nada de hambre, por suerte, no se había llevado nada de trabajo a casa. Arrojó su bandolera sobre la cama y empezó a desabotonarse la camisa soltando algún que otro gemido de dolor, al sacársela decidió que ya era hora de echarla al cesto de la ropa sucia.
- Ni siquiera te das cuenta de que estoy en casa. – gruñó una voz cuando salía de su cuarto.
- ¿Que haces ahí, hermano? – contestó al ver a su gemelo sentado en el suelo con la cabeza escondida entre sus gigantescos brazos.
- Esperarte, como hago siempre – se quejó tras levantarse. – si no soy yo quien te saluda ni te enterarías de que estoy aquí.
- ¿A que viene ese reproche? – un pinchazo en la sien le recordó su dolor de cabeza – No tengo tiempo para esto.
- ¡Por supuesto que no tienes tiempo para esto! – Gritó desesperado Caramon – Ni para esto, ni para mí. Te pasas día y noche trabajando, siempre con tu jefe, siempre con ese… engreído.
- Te quejas como una mujer, hermano– se masajeó las sienes cansadamente - ¿Por qué hablas así de él?
- Te-te he visto con él – desvió su mirada – he visto cómo le sonreías, cómo coqueteabais… yo… necesito saberlo, Raist – sus palabras se le atragantaban en la boca, sin poder detenerse - ¿Os habéis acostado?
El ¿acusado? (yeah.. no se me ocurre otra cosa) abrió los ojos como platos más pálido de lo normal, aunque fue solo unos instantes para pasar a un tono rojizo por la furia, los ojos se estrecharon que casi no se veía sus pupilas ahora con forma de relojes de arena.
- ¿Qué diablos estás diciendo, hermano? – siseó mostrando especial odio en el nombre de su gemelo.
- Respóndeme, Raist! – gritó con voz rota. Solo quería, más bien deseaba, que la respuesta fuese un "no".
- ¿Crees que me acuesto con el primero que pase? – Sus nudillos estaban blancos de tanto apretar su puño - ¿Qué mis métodos para ser el mejor es acostándome con otros? – Aquella desconfianza en él fue como una puñalada en su pecho, obstruía más sus pulmones que cualquier ataque de tos. Pero eso no quedaría así, necesitaba hacerle daño, tanto como le había hecho a él. – Aunque es cierto que no tendría nada que perder – dijo meloso – Tiene poder en la empresa como para hacerme su mano derecha… y si quisiera podría ser algo más… tiene buen cuerpo ¿sabes? – el rostro de Caramon era como el de hace un momento el de su hermano, blanco como la tiza. – Total, como me he acostado con tantos será bastante fácil satisfacerle y hacerle mío, jujuju.
- ¡Joder, Raist! – le agarró de los hombros con fuerza marcando sus dedos a fuego en su piel – Te juro que como hayas…
-¡ Ni se te ocurra tocarme, sucio bastardo! – Se deshizo de su agarre – y mucho menos amenazarme… no eres nadie… ¡NADIE!
Los dientes de Caramon rechinaron de rabia al apretarlos entre sí con tanta fuerza; alzó el puño en alto, Raistlin no hizo intención de cubrirse ni de apartarse porque sabía que ese puñetazo nunca llegaría. Y así fue, el puño se detuvo arriba, que temblaba al igual que el resto del cuerpo. Un débil sollozo provenía del hombretón que intentaba llorar en silencio, estuvo unos instantes así, hasta que, por fin, lo bajó.
El peliplateado suspiró, conocía a su hermano como la palma de su mano, cuando iba a decirle que todo estaba bien, Caramon levantó la vista y la clavó en las orbes doradas. Ya no lloraba, aguantó la mirada unos segundos e inmediatamente se fue de casa.
El trajeado quedó boquiabierto al ver la reacción de su gemelo. No se esperó que actuara así.
- Necio… - susurró en el silencio.
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- Majere pásame esos documentos – Fistandantilus estaba absorto en su trabajo con la mano extendida hacia su discípulo, al ver que el brazo se le dormía levantó la vista – ¡Majere!
-¿ Eh? – articuló atontado.
- ¿Que te pasa hoy? Estás en las nubes
- No es nada. – se frotó los ojos con la manga de su chaqueta – Es solo que estoy un poco cansado.
- Raistlin – posó su mano sobre la del peliplateado – Cuando uno está cansado se medio duerme sobre la mesa y no para de bostezar y así no estás ¿Qué te ocurre?
Aquel contacto pilló desprevenido al joven, pero estaba tan desanimado que no lo rechazó y sus palabras se desprendían de su boca.
- Anoche tuve una discusión con mi hermano bastante fuerte – sonrió con tristeza – y no volvió en toda la noche.
- Mmm bueno, supongo que es normal que los hermanos se peleen, yo al ser hijo único no lo sé realmente. – Razonó - ¿Pero le has dado algún motivo para pelearos?
- ¡No!... bueno... si...no... ¡Puede ser! – se sonrojó. Observó como Fistandantilus le observaba con aquellos ojos violeta tan intenso, sin saber muy bien porque apartó la vista hacia otro lado. Parecía que podía ver a través de él con ellos. - ¿Sabe? Aunque no lo crea, anoche también estuve pensando en su propuesta.
- Sabes que aun puedes contar con ella. – dijo con voz dulce mientras le rodeaba por los hombros con su brazo.
- Lo sé. – su agitación aumentó – Y la acepto.
- No te arrepentirás, Majere – una amplia sonrisa con picardía apareció su rostro mientras acariciaba su hombro – No te arrepentirás.
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Raistlin abrió los ojos mostrando sus hermosas orbes doradas ¿Dónde estaba? Una niebla se extendía cubriéndolo todo ¿Cuanto tiempo llevaba allí de pie, que todo el baño se había cubierto de vaho? Miró su entrepierna. Como pensaba. Todavía no se le bajaba la erección ¿Habría elegido la opción correcta?¿De verdad iba a hacerlo? Eran sentimientos contradictorios, quería hacerlo, deseaba hacerlo, pero sabía que el precio sería caro.
El agua recorría su pálido cuerpo que, aunque el agua estaba casi ardiendo, no lograba darle un poco de calor.
Alguien entró en el recinto, pero el peliplateado no pareció darse cuenta absorto como estaba en sus pensamientos.
El recién llegado, permaneció quieto contemplando, aun con cicatrices que cruzaban por su espalda, la hermosa figura que tenía delante. Le adoraba. Era listo, era sexy,... era Raistlin Majere y quería hacerlo para siempre suyo. Decidido a hacer a lo que venía a hacer, se deshizo de sus ropas arrojándolas al suelo donde yacían las del otro y se adentró en la ducha.
Raistlin se sobresaltó al notar una respiración sobre su cuello. No se giró para no ver su rostro, porque sabía que su decisión podría cambiar. Notó como unos brazos le rodearon estrechándolo contra su pecho. Por fin, su frágil cuerpo, entró en calor. Ese era el único calor que podía llegar a su alma. El débil sollozo de su acompañante invadió su corazón.
- Raist... – susurró el hombretón – lo siento muchísimo. Me porté como un auténtico idiota, mis celos se apoderaron de mi y no pude ver el dolor que te causé... perdóname, por favor.
Caramon sintió como el cuerpo de su hermano dejaba de temblar hasta quedar completamente relajado. Notó sus ardientes manos aforrándose a su piel. Fue consciente en la situación en la que estaban; su gemelo perlado por las húmedas gotas que caían, su cabello de color plata empapado pegándose en su piel creando pequeños caminos de agua. Deseó quedarse así para siempre y su cuerpo lo mostró. Se avergonzó por mostrar su cuerpo excitado en ese momento, se supone que venía a pedir disculpas, iba a tomarse la visión equivocada.
- Lo siento, Raist – se disculpó de nuevo deshaciendo su abrazo – No era mi intención, de verdad, yo – le interrumpió unos suaves labios que sellaron los suyos con un profundo beso mientras que sus hábiles manos recorrían su espalda. Al castaño se le subió la sangre a la cabeza y enredó sus brazos por la delgada figura colaborando en el tórrido beso. Cuando no les quedaba nada de aire en sus pulmones se separaron apenas unos centímetros. Al abrir los ojos Caramon fijó sus ojos en los de su hermano de los que caían ríos de... - ¿Estás llorando, Raist?
- Claro que no, necio. Es el agua que entra en mis ojos.
El castaño sonrió con ternura, su corazón rebosaba un amor que jamás había sentido con otra persona. Cogió el bote de gel que había en el suelo y vertió un poco de su contenido en la palma de la mano que lo frotó con ambas manos hasta crear un poco de espuma.
- ¿Puedo? – preguntó sonrojado.
Al tener la afirmación de su gemelo, Caramon comenzó a extender el frío líquido sobre sus hombros, frotaba con sus enormes manos con suavidad la delicada piel que parecía oro. Continuó hacia abajo rozando sus sonrosados pezones consiguiendo que este soltase un leve gemido. Raistlin, imitó a su acompañante vertiendo el mismo líquido en sus manos extendiéndolo sobre los marcados pectorales.
Ambos no perdían el mínimo detalle del otro, las gotas marcaban caminos que deseaban recorrer con la lengua, los gemidos entrecortados por la excitación, los jadeos que sonaban como música celestial que deseaban que no terminasen nunca, las pequeñas reacciones del cuerpo cuando tocaba en alguna zona sensible. Las miradas se perdían en los ojos del otro, los ojos castaño totalmente cautivados por las pupilas en forma de relojes de arena marcadas por unas orbes doradas que tanto le cautivaban. Unos ojos castaños que no dejaban de recordarle que sería suyo para siempre, pasase lo que pasase.
Un gemido ahogado nació cuando Caramon emprendió a acariciar el miembro excitado de su gemelo que reclamaba atención. La espuma casi lo cubría completamente con el suave movimiento que recorría desde la base hasta la punta haciendo pequeños círculos en el glande. Las uñas del peliplateado se clavaron sobre el brazo del castaño liberando el jadeo de su garganta. Caramon apenas notó el dolor, centrado como estaba en darle placer a su alma gemela, sabía como hacerlo.
Raistlin se acercó tanto como pudo hasta apoyar su frente en la clavícula de su amante, ya no intentaba ocultar la delicia que sentía su cuerpo. El lento vaivén empezaba a no ser suficiente, quería más, muchísimo más. Recogiendo un poco de espuma que aun quedaba sobre el torso de Caramon la utilizó para lubricar el endurecido miembro de este, que gimió ante su contacto.
Ambos se masturbaban con suavidad, aunque no querían terminar su cuerpo empezaba a demandarlo. El ritmo aumentaba al igual que el tono de los jadeos.
Caramon apoyó a su gemelo contra la fría pared contrastada con la caliente agua que caía sobre su ancha espalda. Un profundo beso selló los finos labios del peliplateado que participó introduciéndole la lengua comenzando una erótica danza en las que se entrelazaban la una con la otra sin dar un solo respiro. El de orbes doradas soltó por un momento el miembro de su gemelo para juntarlo con el suyo propio. El líquido preseminal se entremezclaba, el placer estaba a punto de alcanzar el punto máximo. Las manos se entrelazaron dejando en el centro ambos miembros que pedían liberar su contenido.
- Her-hermano… - susurró entre jadeos. – no puedo más.
- Raist, voy a correrme.
Dos gemidos roncos anunciaron que ambos se corrieron a la vez empapando el torso del otro. Las respiraciones agitadas se iban calmando poco a poco. Por fin, el miembro de Raistlin iba poniéndose flácido. Creía que nunca bajaría después de hablar con Fistandantilus.
Un tierno beso en sus labios cortó sus pensamientos de raíz. Observó a su hermano que le regalaba una sonrisa sincera mientras que limpiaba su cuerpo con agua. Apartó la mirada no pudo aguantar aquel gesto cariñoso de su gemelo.
Ambos salieron de la ducha y cubrieron sus cuerpos con sus respectivos albornoces.
- ¿Puedo abrir la ventanilla, Raist? – Preguntó Caramon – Me muero de calor.
- No hay problema.
Al abrirla, se podía contemplar la hermosa luna en lo alto del cielo que las oscuras nubes intentaban cubrir.
- Mañana habrá luna nueva – anunció el hombretón – Buen momento para abrir de nuevo "El Último Hogar"
- "En el momento en que la luna está llena completamente es cuando, a partir de entonces, oscurece de nuevo" – pensó Raistlin sin atreverse a decirlo en voz alta.
A partir de mañana, todo sería nuevo.
Continuará…
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N.A.: Dios mio…. ¿Cuánto he tardado en escribir este capítulo?*Aidiki mira la fecha del anterior capitulo* ¿Solo un mes? Creia que había sido mas… como he estado tan ocupada… Este mes se me ha hecho eterno… maldición.
Por fin he escrito la parte que mas me gustaba del fic!!! Aunque al final la he modificado un poco ._.U iba a ser un lemon super hot en la ducha y ha acabado siendo bastante Light ¿no? Que decis?
¿Por un momento os habeis creido que iba a haber Fistandantilus x Raistlin? xD bueno al menos esa ha sido mi intencion… marearos un poco xD
¿Qué creeis que pasará con Raistlin? Esta mu raro…
Os anuncio ya que el siguiente capitulo es el ultimo del fic *Ohhhh* ¿Qué ocurrirá?
Espero que tengais tantas ganas de leerlo como yo de escribirlo
Gracias pos los reviews que tanto me llenan de ilusión!!!!
