Advertencias: Antes que nada, avisar este fic es Yaoi (Chico x chico) si no te gusta te aconsejo que no leas este fic.

Disclaimer: Los personajes de este fic no me pertenecen, sino de los increíbles Margarett Weiss y Tracy Hitman. Lo que pasa es que he hecho mi versión y ahí si que Raistlin es mío xD~

Dedicatoria: a todos los que habéis leído este fic. Muchas gracias por vuestros ánimos.

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Capítulo XV: Inauguración

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El sol anunciaba su despedida para dar paso a la luna, que ese día, se mostraba completa. Los rayos del sol bañaban las rojizas hojas de los vallenwoods, un gorrión regresaba a su nido para reunirse con sus crías y alimentarlas, que hambrientas, estaban felices de ver a su madre.

Raistlin esbozó una sonrisa al ver como el ave les engullía la comida que les había traído y cuando sus estómagos estaban llenos, el gorrión se sentó encima de ellos para cubrirles del frío y que durmiesen. Le pareció una escena entrañable.

Sintió como unos enormes brazos le rodeaban su frágil cuerpo.

- ¿Te has recogido el pelo, Raist? – preguntó una voz haciendo que saliese de sus pensamientos.

- ¿eh? Ah si...

Caramon iba trajeado, era una ocasión especial y su gemelo le regaló para celebrarlo un traje, aunque solo utilizó la oscura chaqueta que le quedaba como un guante, una camisa blanca que dejaba entrever su torso y una corbata roja. Sus pantalones eran unos vaqueros que marcaban sus musculosos muslos.

- Te noto un poco distraído.

- ¿Será por que alguien no me ha dejado dormir en toda la noche? – se apartó un poco de él.

- Nunca antes te habías quejado de pasar la noche conmigo... – reflexionó el castaño.

Abrió la ventana de par en par, se asomó para coger un poco de aire fresco, pero para ser otoño, el viento era frío. El cielo estaba un poco encapotado, parecía que fuese a llover.

- ¿Raist?

El aludido se giró al escuchar su nombre. Su brillante flequillo cubría sus ojos ocultándolos por completo, sus pulmones intentaban coger todo el aire posible, haciendo que su respiración sonase acelerada.

Puede que Caramon no fuese un chico listo, pero sabía cuando ocurría algo. Acarició la cálida mejilla de su gemelo, que le provocó un pequeño sobresalto, y apartó el cabello de su rostro. Sus ojos estaban clavados en la corbata, pero sin verla realmente. Había algo que le preocupaba y no sabía como decirlo.

- Caramon... – empezó con voz ronca.

- Tanis y los demás tienen que estar al caer ¿no crees?

- …Si, hermano. – respondió tras una pausa- voy a la cocina a tomarme la medicina, no quiero que la tos me estropeé la noche.

El hombretón se puso nervioso. Quería saber que le preocupaba a su hermano, pero sentía que si se lo preguntaba algo cambiaría. No eran nervios, era miedo a perderlo.

El timbre de la puerta sonó en ese momento, y como había presagiado el castaño, eran Tanis, Laurana, Tas y Sturm. El "Semielfo" iba con un traje gris claro con una corbata verde que iba a juego con el precioso vestido que llevaba su acompañante y los otros dos iban con camisa y pantalones oscuros.

- ¡Hola, Caramon! – gritó Tas con su tono estridente mientras agitaba la mano del otro eufóricamente - ¿Estas preparado para tu gran inauguración?¿No es excitante?¿Cuanta gente crees que irá?

- Ho-hola Tas – tartamudeó por el apretón de manos que mas bien parecía un oleaje – no me pongas más nervioso de lo que estoy ya.

- Vamos, ya verás como todo sale bien – animó Sturm intentando separar "el saludo"

- ¿Estáis preparados ya? – preguntó Tanis.

- Si, voy a buscar a Raist. – respondió el hombretón mientras se frotaba la mano adolorida.

Caminó hacia la cocina pero sus pasos fueron desacelerando al escuchar que su gemelo estaba hablando.

- Si, lo se – decía un poco irritado – Ya sé que tengo que hacerlo... si... – hizo una pausa – es solo que aun no he tenido ocasión... espera... tengo que colgar. – lanzó un largo suspiro haciendo uso de su paciencia mientras salía al pasillo- ¿Que haces escuchando a escondidas en mitad del pasillo, hermano mío?

- Oh-ah – farfulló azorado al verse descubierto- ya han llegado los demás ¿Nos vamos?

- Si, ya estoy listo – se cubrió con el oscuro abrigo que le llegaba hasta la rodilla – oh, tienes la corbata torcida.

Se acercó a su gemelo y empezó a maniobrar la corbata para dejarla bien colocada. Este, ante la cercanía inhaló el aroma de Raistlin. Era una fragancia que hacía que perdiese los sentidos y deseaba poseerle en ese mismo momento, pero leyó en sus ojos que algo no iba bien. De nuevo el miedo le asaltó atrayendo a su hermano contra su pecho estrujándole en el.

El peliplateado no opuso resistencia, acarició el sedoso cabello castaño como si le estuviese consolando, de fondo, se escuchaba los comentarios de sus amigos echándole la bronca a Tas por coger cosas de la casa.

- Vas a arrugarte la camisa – susurró.

- Te quiero, Raist. – abrazó con mas fuerza el delgado cuerpo.- Te quiero mucho.

- Vamos, vamos. – se apartó como pudo – no puedes ponerte sensiblón ahora, tienes que sonreírle a tus clientes, enséñame tu gran sonrisa.

El hombretón levantó la vista y esbozó un intento de sonrisa quedando en una extraña mueca.

- ¡Sonríe! – pidió de nuevo el de ojos dorados, que colocó sus dedos en las comisuras de los labios de su gemelo obligándole a sonreír.

La sonrisa forzada con su mirada interrogativa de su gemelo hizo que Raistlin rompiera a carcajadas. Su risa era limpia, no había maldad en ella, ni sarcasmo, ni nada por el estilo.

Para Caramon fue como música celestial, en pocas ocasiones se podía escuchar reír así a su hermano. Comenzó a reír suavemente hasta terminar a carcajadas como él.

- ¿Ves? – Acarició el enorme brazo- mucho mejor. Vamos, querido hermano. Impresiónalos a todos esta noche.

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"El Último Hogar" estaba abarrotado. Caramon decidió mantener el nombre al local, siempre le gustó y había vivido muchas cosas allí como para cambiarlo.

El ambiente era agradable, la gente disfrutaba de la velada entre risas y alguna que otra copa.

Aquella noche, Caramon no trabajaba, había contratado un catering y camareras (entre ellas Tika, que seguiría trabajando allí). Así el se encargaría de hablar con sus invitados y asegurarse de que volviesen pronto.

Aunque no fue idea suya, Raistlin le aconsejó que como anfitrión de la velada no podía estar tras la barra, porque sino eso se convertiría en un simple buffet de comida libre. También pusieron un pequeño baúl encima del mostrador de "Objetos extraviados" que, a solo unas horas de abrir el local, estaba a reventar.

El peliplateado le avisó a su gemelo que más de uno se aprovecharía de su buena confianza y que intentarían no pagarle. Le enseñó trucos para evadir esa gente, y si se la encontraba, también le ofertó una amplia lista de frases, para que el sinvergüenza no volviese. Pero Caramon era más partidario de echarle en volantas a la calle.

Lo más útil que le enseñó fue a controlar las manos de Tasslehoff. A vigilar cada uno de sus movimientos para ver si "caía descuidadamente" algún objeto en sus bolsillos. Si no encontraba al dueño había que poner un sitio para que, cuando se diese cuenta de que no lo llevaba, pudiese empezar a buscar en algún sitio. Por ello se puso el baúl.

Para Sturm aquello era muy aburrido, su mejor amigo estaba demasiado ocupado con toda esa gente que no tenía un segundo para él. Tas seguía haciendo de las suyas aun habiendo usado toda su labia y su cordura para que dejase de hacerlas. Tanis y Laurana conversaban entre ellos con dulzura y no quiso molestarlos. Y Raistlin… bueno, era Raistlin.

Pero, por suerte, la puerta volvió a recibir a más gente, y en esta ocasión entró una joven de melena azabache y piel pálida que cubría gran parte con un hermoso vestido azul.

Sturm se enamoró de ella al momento. Tras un momento de quedarse con la boca abierta y seguirla con la mirada, respiró hondo y con todo el valor que fue capaz de recoger fue a presentarse a Alhana Starbreeze, que así se llamaba la joven.

La velada transcurría tranquila, el hombretón vigilaba que no faltase de nada de comer y que ninguna copa estuviese vacía. Aunque siempre tenía puesto un ojo en su gemelo, que no obstante la mayor parte del tiempo se la pasaba al lado de la chimenea, pareció integrarse bastante bien en el ambiente. En una ocasión le vio hablando con Tanis largo rato, y a este se le veía un poco cabizbajo conforme hablaban. Al final la conversación acabó con un apretón de manos y una palmadita en el brazo. Quiso ir hacia ellos, pero una nueva jugarreta de Tas hizo que se ocupara del asunto.

Las horas pasaban rápidas y poco a poco la gente empezaba a retirarse, cuando abrían la puerta el frío viento les helaba y parecía obligarles a que entraran de nuevo. Aun así "El Último Hogar" cerró el local pues ya pasaba bastante la hora permitida.

Sus amigos se despedían de Caramon con abrazos y felicitaciones por el gran éxito de la fiesta. Tuvieron que despertar al viejo Flint de una de las mesas ya que había bebido más de la cuenta, Tas se encargó de llevarlo a casa aunque el enfurruñado borracho decía que no hacía falta.

El hombretón cerró la puerta tras ellos con llave, su negocio estaba patas arriba, pero estaba satisfecho del resultado. Miró hacia las mesas y allí estaba su gemelo, con la mirada perdida en la ventana.

Le preparó su infusión favorita y la puso sobre la mesa junto a su gemelo, miró por la ventana y comprendió porque el peliplateado estaba tan absorto.

- ¡Nieve!

- Así es, hermano mío.

- ¡Hacía años que no nevaba en Solace! – pegó la nariz al cristal – ¡es precioso!

Raistlin sonrió con ternura, Caramon podía ser muy infantil a veces, y aunque la mayoría de veces eso le irritaba, esta vez no era así. Lo contempló, se había convertido en todo un hombre, la gente le amaba, era gentil y honesto, los niños le adoraban, pues siempre que podía jugaba con los niños del barrio y ahora con su propio negocio se había convertido en alguien muy responsable.

- Ah si, Raist – llamó el castaño – Ven conmigo, quiero enseñarte algo.

Extendió su enorme mano hacia su gemelo. Desde que eran unos niños que no se cogían de la mano, cuando la familia estaba completa y eran todos felices... hasta que ocurrió aquello.

Raistlin desechó los malos pensamientos de su cabeza y su mano con la suya. Caramon la estrechó con suavidad y tiró de ella. Cruzaron el amplio salón hasta llegar a una puerta oscura de madera.

- Ábrela.

El peliplateado obedeció. Giró el picaporte y ante él había una enorme habitación, en dos de sus paredes había estanterías vacías que esperaban a ser llenadas, un estupendo escritorio en el que había una lamparilla y una pluma estilográfica descansaba sobre una pila de papeles. En el suelo había una alfombra roja que estaba situada delante de la chimenea que prendía en esos momentos.

- Es para ti, Raist – dijo el hombretón mientras su gemelo recorría la estancia – así cuando salgas del trabajo tendrás tu propio espacio para poder estudiar, se que tu cuarto se ha quedado un poco pequeño para ti. Está insonorizado, tranquilo – se apresuró a añadir.

- Es perfecto, hermano mío. – susurró mientras acariciaba la suave madera del escritorio.

Caramon sonrió satisfecho, mereció la pena trabajar durante las noches en arreglar aquel lugar, sabía que era perfecto para su gemelo. No aguantando el calor que inundaba el cuarto, se deshizo de la chaqueta colgándola en el perchero que había tras la puerta.

El mayor estaba frente la chimenea, no le molestaba en absoluto aquel sofocante calor, era maravilloso sentirlo en su cuerpo siempre frío. Se volteó para mirar a su hermano que le sonreía. Como siempre. Siempre tenía una sonrisa para él.

- Estoy muy orgulloso de ti, Caramon.

El nombrado se sorprendió ante aquellas palabras, le observó con los ojos muy abiertos, sus labios se movieron pero no surgieron nada de ellos, agachó la cabeza evitando sus dorados ojos.

- No estoy mintiendo, si es lo que temes. No estoy siendo sarcástico.

- Se que eres sincero. – Habló con voz temblorosa – pero siento que algo no va bien, Raist.

El peliplateado sonrió, desandó el espacio que había entre ambos y acarició las tostadas mejillas de su hermano.

- Estas realmente hermoso esta noche, querido hermano.

Raistlin cruzó los brazos tras la nuca de su amante y juntó los labios con los de su gemelo. Este intentó evitarlo, pero el mayor fue más rápido que él. Continuó besándole con ternura, suave, sin prisas, llevándole a pasos cortos hasta el gran escritorio que había detrás suya. Caramon apoyó sus glúteos sobre este y miró a su amante. No podía evitarlo… le deseaba tanto… fue ahora él el que inició de nuevo los besos mientras le rodeaba con sus enormes brazos.

El ronroneo de Raistlin era música celestial para sus oídos y sus sentidos. Se abrió paso sin dificultad alguna hacia el interior de la boca con su lengua buscando la opuesta. Las lenguas se entremezclaban creando una danza ansiosa y dominante. Caramon acariciaba el delgado cuerpo por encima de la ropa, de la cual deseaba deshacerse cuanto antes, buscando como loco los botones de la chaqueta para desprenderse de ella. Raistlin acabó entrelazando sus dedos en el cabello castaño, hasta apretarlo con fuerza cuando fundía un gemido en boca del otro. Poco a poco, sus manos, también buscaron los botones para quitar aquella molesta tela. El peliplateado al fin pudo tocar la piel de su torso al colarse sus manos, lamió el tostado cuello. Era un autentico manjar. Sin proponérselo un pequeño mordisco quedo marcado en la piel. A Caramon más que dolor, fue placentero soltando un gemido ronco. Sus manos se perdieron en el trasero de su amante masajeándolo con pasión pero no pudo aguantar más y de un tirón un tanto bestia, dos botones cayeron al suelo, le sacó la prenda que le cubría el pecho, tragó saliva al verlo. Puede que para los demás el cuerpo de Raistlin fuese triste y escuálido, pero para Caramon su delgadez era hermosa, su delgada cintura como la de una mujer, las caderas marcadas y los sonrosados pezones hacían de él como una obra maestra.

De un giro inesperado, las tornas cambiaron, siendo ahora Raistlin quien quedaba atrapado sobre la alfombra y el musculoso cuerpo, sus ojos dorados ya mostraban su peculiar forma cuando se excitaba.

Las bocas siguieron devorándose con insistencia, intentando llegar cada vez más hondo, separándose para respirar y continuando el roce de sus lenguas fuera de aquella cavidad bucal. El menor parecía haberse relajado del todo y en su rostro estaba pintado el deseo.

Lamió los pezones con hambre, succionándolos y mordisqueándolos hasta que se endurecieron y se sonrosaron más.

- ahh… - gimió Raistlin mientras su pezón era devorado. El también pasó a la acción pellizcando el pezón de su gemelo que gimió con fuerza. Los gemidos se entrelazaban y las miradas se cruzaban calentándoles aun más. La mano se dirigió entonces hacia el trasero de Caramon y empezó a rozar la entrada de este con uno de sus delgados dedos.

Un suspiro lleno de deseo surgió del interior de Caramon que disfrutaba con la caricia que presionaba de vez en cuando justo en el estrecho agujero. Con la otra mano, el peliplateado desabrochó los pantalones de su gemelo que, junto a la ropa interior, cayeron hasta las rodillas y alfombra.

El castaño mostraba su ya endurecido miembro que parecía anhelar atenciones que no tardaron en ser recibidas por Raistlin, mientras con una mano recorría la longitud del miembro la otra jugueteaba con la entrada sonrosada insertando uno de sus dedos.

El hombretón le dio un beso apasionado a su gemelo disfrutando de las caricias.

- Mételo – ordenó más que pedirlo.

Raistlin sonrió con picardía y obedeció. Penetró uno de sus dedos completamente en el interior de su gemelo quien gritó de placer. De su pene empezaba a salir pre-semen.

El peliplateado disfrutaba con la escena relamiéndose los labios. Al ver que el dedo entraba y salía con facilidad introdujo un dedo más, arrancando de nuevo gemidos de su amante.

Caramon, con movimientos torpes, levantó sus rodillas y se deshizo totalmente ya de su ropa quedando ahora totalmente desnudo mientras disfrutaba de aquel maravilloso gozo. Levantó su vista y vio los ojos de su gemelo, que lo miraba con deseo y lujuria. Aquello le excitó aun más que cualquier caricia.

Pasó una de sus piernas sobre el cuerpo tumbado, quedando a horcajadas de este, acercó su rostro y le besó apasionadamente. Las lenguas volvían a combatir por el placer, los gemidos se perdían en aquella cavidad. Mientras, sus manos se perdían hacia el cierre del pantalón, que consiguiendo bajar la cremallera y bajarle un poco los boxers, surgió el miembro también endurecido de Raistlin.

Lo acarició, aunque intentó que fuese con dulzura, con fuerza, haciendo que otro gemido se perdiese dentro de la boca de su gemelo, un hilillo de saliva caía sobre su barbilla.

El castaño agarró su propio miembro y lo restregó con el de su hermano, que sin poder aguantar más, las bocas se separaron para poder gemir con libertad. En la entrada de Caramon ya podían contarse tres dedos que entraban y salían de él. Asió la mano de su gemelo y la extrajo de su interior. Intentó llenar de aire de nuevo sus pulmones, aunque casi era imposible. También soltó los miembros que suplicaban más placer.

El cuerpo fibroso de Caramon se irguió, estaba perlado en sudor, entre el placer y el calor de la hoguera, su cabello castaño se le pegaba a la frente,

Raistlin también intentaba coger aire, pero ante la imagen que tenía delante de él no le ayudaba mucho, era realmente excitante.

Sin previo aviso, el hombretón aferró de nuevo el miembro de Raistlin, pero en vez de seguir masturbándolo se lo insertó en si mismo.

- ¡Oh Dios! – clamó Raistlin.

Clavó sus uñas en las morenas piernas que le rodeaban. Fue tan inesperado que creyó que se correría en ese momento. Por suerte para Caramon también fue demasiado y quedó quieto por un momento, acostumbrándose a la invasión.

- ¿Estas bien, hermano?

- Si, Raist. Solo pensaba en sentirte y he un poco rápido. – respondió con una sonrisa forzada. Raistlin hizo amago de que Caramon se levantase de encima suya– no, no. Quiero sentirlo… quiero sentirte.

El peliplateado se ruborizó ante aquel comentario pero no tuvo tiempo de pensarlo mucho, ya que el menor empezó a moverse. Apoyó las manos en su pecho y sin espera más, empezó a botar sobre su erección, al principio de forma lenta y tortuosa, para acostumbrarse poco a poco. Raistlin creía estar alucinando, con solo esos ligeros movimientos, ya estaba perdiendo la compostura, la cordura, por no decir de los esfuerzos que tenía que hacer por no correrse ahora mismo. ¿Quién podría contenerse a algo así? ¿Quién querría contenerse a algo así? Desde luego él no y ver esa carita de ángel excitada, ruborizada y esos gemidos tan sensuales que salían de su boca, eran demasiado. Aferró el prieto trasero del menor con fuerza y empezó a ayudarle a subir y bajar de golpe, a la vez que agitaba los glúteos, abriéndolos y cerrándolos.

Caramon estaba rojo, parecía explotar en cualquier momento y para que mentir, él tampoco aguantaría mucho más.

Las embestidas cada vez eran más profundas y placenteras. El ritmo aumentaba. El cuerpo de ambos estaba empapado en sudor, los gemidos y a veces hasta gritos de placer retumbaba en los oídos de ambos, el placer era inmenso y sus expresiones ya, casi orgásmicas.

- Raist, - gemía – no creo que pueda aguantar mucho más. Esto es demasiado para mí.

Arqueó la espalda y cerró los ojos. Estaba apunto de llegar al final. La mano de su amante rodeó su miembro y lo masturbó rápidamente. Abrió la boca para soltar un gemido que Raistlin jamás olvidaría, tan sensual, tan fogoso, tan ronco y excitado. Que él también terminó corriéndose en el interior de su gemelo. Sintió una espesa humedad llegar hasta su abdomen, una pasta pegajosa y blanquecina fruto de su pasión.

Sin detenerse siquiera a recuperar el aliento, ambos salieron a la búsqueda de la boca de su amante. Besos fogosos y apasionados llenaban la estancia. Lo demás no importaba. Solo estaban ellos.

Caramon se echó sobre el cuerpo de su gemelo casi aplastándolo, pero no parecía importarle a este. Mientras continuaban besándose, el menor extrajo el miembro de su gemelo de su interior, que descubrió que seguía erecto.

- ¿No te has corrido, Raist?

- Claro que sí – respondió un tanto azorado y molesto – es solo que…

- Quieres más – rió un poco pervertido Caramon.

Raistlin giró la cara hacia un lado, estaba toda roja y completamente abochornado.

Caramon rió por lo bajo, era tan lindo. Al dejar expuesto el cuello tan claramente, el menor no pudo resistirse a lamerlo y hacerle una marca en la piel marcándolo como suyo.

Ey! – gruñó, pero no pudo continuar con la "bronca" ya que su gemelo le pellizcaba con picardía uno de sus pezones y solo consiguió acertar en gemir.

Besó con fuerza sus labios hinchados de la pasión, succionándolos y mordisqueando las comisuras mientras que se deshacía de los molestos pantalones y boxers dejándole como dios le trajo al mundo. Se detuvo unos segundos y le miró, como jadeante suplicaba con la mirada que continuara.

Solo había una palabra para describirlo.

Hermoso.

Volvió hacia los pezones que los lamía juguetonamente y los pellizcaba con pasión.

La dureza volvió a crecer en Caramon, que la restregó con la de su gemelo, que ya desinhibido, gemía descontrolado.

El castaño se lamió dos de sus dedos y los introdujo de golpe en el agujero sonrosado, que excitado como estaba, no ofreció resistencia. Los gemidos subieron de tono al notar la intrusión placentera.

Los dedos entraban y salían con facilidad, se movían en círculos dentro del orificio e introdujo otro más. El oír como su gemelo se deshacían en suspiros, lo calentaba a sobremanera y también dejaba fuera de sus límites el ir despacio, con tranquilidad y parsimonia. Dejando los pezones de lado, se colocó entre las piernas del mayor y dirigió su miembro endurecido en la entrada, que sin esperar a ser invitado le penetró de golpe.

- Aaaah… mmm. ¡¡sigue!! – gimió Raistlin gozando de la penetración. Estaba tan caliente, que ni le molestó. Clavó sus uñas de nuevo, esta vez en los hombros del menor y se abrazó a él con toda su fuerza, intentando controlarla aún así, debía de doler los arañazos, pero el mayor no se quejaba para nada, por lo que se abrazó aun más fuerte a él cuando empezó a embestirlo con cuidado.

Empezó a gemir de placer y agarrar el cabello castaño de la nuca, escuchando los roncos y más maduros gruñidos de Caramon cada vez que aquel pedazo de carne entraba, hurgando en su interior. Dios, como lo disfrutaba, como le gustaba. En realidad, nunca le gustó sentirse dominado, pero en este aspecto, que fuera su gemelo lo fascinaba y se sentía doblegado a su voluntad al cien por cien y es que, lo estaba.

Mordió su hombro, clavando los colmillos hasta hacerlo sangrar intentando ahogar un gemido, recibiendo un gruñido por su parte. Separó un poco sus cuerpos y retiró la cabeza de su hombro para verlo a la cara. Se preguntaba, que reacción tendría en él la forma en que lo poseía. Lo que vio fueron unos ojos llenos de amor y pasión.

¿Amor? ¿De verdad era amor?

Cerró los ojos de nuevo y buscó los labios de Caramon, que los saboreó como un dulce manjar.

El castaño, cansado de la postura, cruzó sus brazos por la cintura de Raistlin haciendo que este acabara sentado sobre su miembro.

- ¡¡mngh!!! – se quejó al notar como el miembro de su gemelo golpeaba hasta el final de la próstata. Pasó sus brazos alrededor del robusto cuello y lo abrazó con fuerza.

- Te quiero, hermano.

Sus labios se movieron, pero las palabras quedaron en su interior, dentro de su corazón.

- Te amo. – apoyó su cabeza sobre el hombro de su gemelo. Sin darse cuenta una lágrima se deslizó sobre su mejilla.

Caramon agarraba los glúteos de Raistlin marcando el ritmo que aceleraba a un ritmo descontrolado.

- Raist… lo siento pero…¡voy a correrme ya! – gimió el menor, cerca del oído de este.

- Yo… yo también.

Esas fueron palabras mágicas para el castaño que pegó sus cuerpos aún más, se hizo hueco para, con una de sus manos, agarrar la fuerte palpitación a punto de estallar, empezando a agitarla de arriba abajo con fuerza. En una de las embestidas, golpeó en el sitio exacto, que hizo estallar a Raistlin todo su placer sobre los abdominales de su gemelo.

Al estrecharse tanto el trasero de su amante, Caramon no pudo aguantarlo más y acabó derramando su semilla en el interior de este acompañado de un ronco gemido que inundó los oídos de Raistlin.

Ambos empezaron a dar grandes bocanadas de aire para no asfixiarse e intentar recuperar el aliento. El castaño, con cuidado y aun inhalando, acariciaba la espalda de Raistlin provocándole dulces escalofríos. Se aferró más sobre el de su amante en un abrazo, que seguía apoyando la cabeza en su hombro. Al estar pecho con pecho, notaba el latir desenfrenado de ambos corazones.

Disfrutaron del momento durante largo rato, la piel de Raistlin parecía pedir a gritos las caricias que le otorgaba su gemelo y este disfrutaba también de los latidos que parecían sincronizarse.

- Está amaneciendo, Raist. – Susurró Caramon.

- No puede ser.

- Parece mentira, lo se. – rió el hombretón – La noche ha pasado volando.

Raistlin ni siquiera miró hacia la ventana, seguía abrazado a su gemelo.

- ¿Estas cansado, Raist? – se movió para ver el rostro de su hermano, aunque el flequillo le tapaba gran parte. – Yo aun tengo que limpiar todo esto. No hace falta que me ayudes, ve a casa y descansa.

Le dio un rápido beso en los labios y se levantó. Se iba vistiendo mientras recogía sus ropas esparcidas del suelo y salió de la habitación dejando en la misma postura a su gemelo.

- Has tardado en salir – dijo Caramon mientras recogía en su bandeja los vasos sucios que había sobre la mesa – ¿te has quedado dormido?

- No, no es eso. – contempló el rostro sonriente de su hermano que iba de la barra a las mesas sin descanso. Era hora de decirlo. – Me voy, hermano.

- Es lo que te había dicho antes – bromeó – te veo luego en casa.

- No, Caramon. Me voy para siempre.

Se detuvo en seco. El tintineo de las copas dejó de sonar. Un intenso silencio se hizo en el local, casi se podía escuchar el parpadeo incrédulo de Caramon mientras Raistlin le miraba fijamente.

- Me voy a Palanthas.

- ¿Qu-qué? – logró articular el castaño - ¿Cómo? ¿Por qué?

- Fistandantilus ha abierto un nuevo buffete en la capital y quiere que vaya con él.

- ¿Por qué tienes que ir con él? – replicó - ¿No puedes quedarte aquí? – Raistlin negó con la cabeza – Pues iré contigo, Raist...

- No, querido hermano. – interrumpió – tu sitio esta aquí, en "El Último Hogar", es tu negocio y tu responsabilidad.

- Me da igual – lloriqueó el menor – no podemos estar separados, Raist. – las lágrimas empezaron a humedecer su rostro – Me necesitas... ¡Te necesito! Yo… ¡iré contigo!

-¿Estarías dispuesto a acompañarme dejando todo atrás? – inquirió en voz queda el mayor.

Caramon titubeó, resecos sus labios y también su garganta. El sobrecogimiento le impedía hablar pero asintió con la cabeza una y otra vez, como si de ese modo pudiera desprenderse de la desazón que le producían alejarse de su nuevo trabajo y sus amistades.

Raistlin examinó a su gemelo, convertidos sus iris en doradas lagunas que contrastaban con el amanecer.

- Creo que serías capaz de intentarlo.- dijo al fin asombrado, mas para sus adentros que a Caramon. Permaneció unos instantes inmóvil, perdido en sus reflexiones, hasta que agitó la cabeza en un resuelto ademán.- No, hermano, no puedes seguirme a donde voy. Por fin somos lo que debíamos ser: dos seres íntegros y maduros cuyos caminos se separan en este punto. Debes aprender a recorre solo el tuyo, Caramon – una fantasmal sonrisa cruzó sus labios al recordar las palabras de su gemelo semanas atrás "Mi sueño siempre fue tener mi propia taberna y tener muchos hijos" -, o junto a quienes decidan caminar contigo. Adiós, querido hermano.

El peliplateado pasó junto al petrificado Caramon que se mantenía cabizbajo incapaz de asimilarlo. Raistlin abrió la puerta de "El Último Hogar" y se marchó.

Caramon reaccionó al sonido de la puerta, echó a correr por donde segundos antes había pasado su hermano. Al salir a la calle la nieve cubría todo el asfalto haciendo que el paisaje quedase blanco. Pero no fue consciente de ello, solo vio como la limusina negra se marchaba hasta perderse de vista. Siguió alli parado hasta un buen rato, esperando a que su gemelo recobrara el sentido común y volviese a su lado, que es como debía ser. Siempre juntos, siempre unidos. Las lágrimas cubrían sus rojizas mejillas y caían sobre la fría nieve. Pero el coche no volvió.

El castaño entró de nuevo en su negocio, estaba helado, pero no lo notó. Agarró de la barra una botella de aguardiente y se dirigió donde apenas una hora su gemelo y él habían hecho el amor.

Se sentó en la gran butaca y dio un gran trago de la bebida dejándola casi vacía. Del cajón extrajo una fotografía en la que aparecían él con una gran sonrisa rodeando a Raistlin y este con cara de pocos amigos mirándolo pero con un tenue sonrojo en sus mejillas.

Caramon no pudo reprimir más las lágrimas y lloró, desconsolado, sobre el portafotos.

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*Nadie acudió a recibirlo cuando entró en la ciudad.

El viaje fue largo. Llegó en una negra y silenciosa madrugada, invisible, anónimo, recorrió las dormidas calles. El recién llegado avanzaba presuroso, solo las luces de los faros de la oscura limusina brillaban en la ciudad durmiente.

Sin embargo alguien supo de su llegada. En el interior de un gran despacho, Fistandantilus, volcado como siempre sobre su trabajo, cesó de escribir y alzó la cabeza. Mantuvo un instante la pluma suspendida encima del papel hasta que, sonriendo con malicia, reanudó la redacción de su trabajo.

Raistlin llegó a la puerta de un apartamento. El chofer abrió la puerta para que pudiese salir, este ni se molestó en dirigirle una mirada al conductor, miró hacia el cielo. La luna parecía llena, pero ya estaba decreciente. Cuando penetró, examinó su entorno. En el interior todo estaba oscuro, los muebles de diseño que había allí esperaban al nuevo dueño de aquel lugar.

- Estoy en casa – susurró.

El silencio volvió a reinar en la ciudad de Palanthas, el sueño seguía reinando en los ciudadanos que se entregaban al dulce descanso, arrullados por la oscuridad placentera de la noche.*

FIN

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N/A: T_________T *aidiki se suena los moquitos en un clínex* joder… pobrecitos míos… al final se han separado *aidiki esquiva un cuchillo que llevaba su nombre* lo siento, tenía que ser así. Si recordáis las crónicas de Dragonlance, los gemelos se separan. A ver… este fic realmente tiene segunda parte pero no voy a escribirlo, está todo en mi mente y son demasiadas cosas y no tengo tiempo ni paciencia para seguirlo xD. Si alguien tiene curiosidad por saber como sigue haré un breve resumen y se lo mandaré por mail xD pero nada mas.

Los asteriscos que habéis visto en el fic no están solo por adornar xDDDD son trozos de texto que he sacado casi literalmente de las crónicas de Dragonlance de Margaret Weis y Tracy Hitman, solo cambiando que en vez de irse en dragón se va en limusina xD y que cuando llega a Palanthas no es Fistandantilus el que levanta la pluma y bla bla sino que es Ástinus.

Al ser el último capítulo quería regalaros en que ambos fuesen los activos en el lemon ¿os ha gustado?¿demasiado tute? xD

No os quejareis no? 15 paginas de Word de capítulo, normalmente eran de 8 a 10.

De nuevo muchas gracias por haberlo leído, habéis sido poquitas, pero estoy bastante orgullosa de que lo hayáis leído y me llena de alegría que hayan fanáticas de esta pareja xD.

Ahora soy yo quien os anima a que escribáis algo de ellos jejejeje.

Muchos besos y seguid visitando mi dA y YGallery que seguiré subiendo dibujitos de ellos!!!

Adiós!