Hola a todo el mundo!!! Qué tal va todo??

Bueno, os dejo el primer capítulo propiamente dicho del fic con la esperanza de que os guste.

Quiero agradecer sus reviews y comentarios a: maRiia, roma88, tulgarita, ammyriddle, margara, disastro, aldy, Lyra Cullen, Anfitrite, Noemí Potter, carmenlr, Lis Lupin, new-sexy-vampire, christti, Nocturnal Depression y vivi. Gracias a todos!! Espero volver a veros en reviews al final del capítulo, que el próximo volveré a pasar lista!!!

Espero que os guste el capítulo, os dejo con él. Nos vemos abajo!!!

Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)

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Capítulo I. El instituto

"Odié Forks desde el momento en que supe que casi nunca salía el sol y habiendo crecido en un lugar como Arizona era como quitarle el agua a una planta. Hace tres meses que estoy aquí y si tengo que ser justa conmigo misma, ahora creo que no está tan ma y el instituto… bueno… es como todos los institutos"

Si aquel día no hubiese mirado mi calendario no habría importado para saber que era viernes y lo que era peor. Viernes de partido. El ajetreo, el ruido, las risas y los gritos que me llegaron claramente cuando entré en la cafetería indicaban que todos estaban tan deseosos como yo de que la campana indicase el final de las clases, aunque seguramente por motivos diferentes. Mientras el resto de los adolescentes, seguramente, iría aquella tarde al gimnasio del instituto para apoyar al equipo de baloncesto yo me iría a la nueva librería que habían abierto en Forks en busca de un par de libros que me hiciesen amenas las horas del fin de semana que tenía por delante.

Ni siquiera me di cuenta de lo que había a mi alrededor hasta que tomé una bandeja con algo de fruta y una botella de agua y me dirigí hacia la mesa que siempre ocupaba desde que había llegado al instituto de Forks. Cuando alcé la vista y vi lo que me rodeaba puse los ojos en blanco. Todas y me refiero a todas las paredes de la cafetería estaban decoradas con grandes pancartas en colores negro, blanco y dorado, los colores del instituto, en las que se animaba al equipo de baloncesto entero; incluso alguien había colgado lo que parecían unos leones siendo mordidos por murciélagos y tuvo que reírme suavemente cuando vi la alusión a nuestro equipo, los Vampiros de Forks. Patético nombre si me preguntan a mí pero por supuesto yo sólo era la chica nueva así que ¿quién era yo para oponerme a un nombre que llevaba décadas vivo?

Tomé una manzana de la bandeja y la mordí sintiendo como crujía entre mis dientes y como su zumo resbalaba por mi garganta dulce y refrescante. Miré a mi alrededor para observar como la cafetería se iba llenando de gente que corría, se sonreían los unos a los otros, cuchicheaban y aquellos que formaban pareja se susurraban palabras mientras hacían planes para el fin de semana que seguramente sólo les incluía a ellos.

Cuando en un principio me mudé a Forks para vivir con mi padre y así dejar algo de intimidad a mi madre con su nuevo esposo, Phil, tuve el irracional miedo de que a pesar de que estaba haciendo lo correcto seguramente el nuevo instituto sería demasiado agotador para mí. Durante las cuatro primeras semanas no me equivoqué y tuve que soportar las miradas curiosas de los que no se atrevían a hablarme y las preguntas de aquellos que sí se atrevían a hacerlo. Nunca me gustó ser el centro de atención. Vivo mejor pasando desapercibida, viviendo en mi propio mundo y siendo consciente de todo lo que me rodea sin llegar a dejar que nada de ello me golpee.

Ahora que las cosas se habían calmado un poco podía ver el instituto tal y como era. Un lugar donde los chicos seguían siendo chicos y donde los diferentes estilos a la hora de vestir, comer o estudiar, parecían condicionar el lugar que ocupaban en el instituto; en definitiva, un instituto igual que el de Arizona.

La única diferencia era que en Arizona conocía a todo el mundo y aquí no conocería a nadie si no hubiese sido por la forma en que Ángela pareció aceptarme sin preguntar ni curiosear y el modo en que Jessica me informó de quien era quien. La escuché intentando seguir sus explicaciones pero mi rostro debió de dar muestra de lo turbada que me sentía porque Ángela interrumpió la charla de Jessica y me habló del periódico del instituto con la esperanza de que quisiera entrar en él dado que estaban faltos de voluntarios.

Haciendo sitio en la mesa apartando un poco la bandeja y esperando a que los demás llegasen, abrí mi cuaderno del periódico frunciendo el ceño al ver la lista de posibles temas para artículos que tenía allí escritas.

Le di un mordisco a mi fruta y el jugo dulce de la manzana inundó mi paladar mientras leía otra vez los puntos.

1. La comida de la cafetería incita a la guerra de puré.

2. Los fondos de la biblioteca desaparecen y por consiguiente el equipo de baloncesto recibe más presupuesto.

3. Asalto a la clase de biología

4. El consumo de compras en la adolescencia

Intenté evitar fruncir el ceño al leer el punto cuatro, prometo que de verdad lo intenté pero supongo que debí de hacer una mueca desagradable ya que unas chicas de primero sentadas a pocos metros de mí lanzaron risitas tontas. Rodé los ojos. Ya no tenía que buscar demasiado para saber quien había colado aquella sugerencia en el buzón del periódico.

Luchando con la tentación de tachar el último punto de la lista me limité a colocar un signo de interrogación al final de la oración, seguido de una "A". Quizá a Ángela le interesara escribirlo. Le preguntaría en cuanto tuviese la oportunidad de hac…

-¡Bella, cuidado!

Demasiado tarde. Apenas tuve tiempo de agacharme cuando la pelota de baloncesto pasó rozando mi hombro para ir a aterrizar sobre mi bandeja desplazándola hasta el filo de la mesa redonda y haciendo que cayese sobre el suelo de la cafetería. Maldije internamente. Ahí iba mi almuerzo.

Miré hacia atrás, hacia el lugar de donde había venido la pelota y gemí internamente al ver a algunos de los chicos suplentes del equipo de baloncesto que se daban codazos mientras me miraban y reían ligeramente. Estupendo… Otra torpeza más para añadir a mi lista. Rodé los ojos mientras veía como Mike caminaba hacia mí con tranquilidad y aquella sonrisa confiada en el rostro que Jessica siempre decía que le gustaba. No entendía por qué. Quiero decir, Mike es… bueno, es atractivo, sí, pero… es un poco engreído. Recuerdo que el primer día de clases ya se ofreció a llevarme a casa y de acuerdo, era cierto que en mis dieciséis años no había salido con nadie, no había besado a nadie y no me había enamorado nunca de nadie, pero sé reconocer cuándo alguien flirtea conmigo y sabía que Mike lo había estado haciendo en aquellos momentos. Bueno, me había parecido algo tierno y a la vez desesperante que quisiera pedirme una cita sin conocerme. Quiero decir, no sabía nada de mí, podría ser una asesina en serie o algo por el estilo y a él le daría igual porque sólo quería poder salir conmigo. Escalofriante, en serio.

Cuando Mike se sentó junto a mí y me miró con aquella sonrisa arrogante suspiré internamente. Estaba a punto de rechazar una cita con Mike. Otra vez. Y con el estómago vacío. Me mordí el labio inferior mientras buscaba deprisa alguna excusa que aún no le hubiese dado para librarme de aquello. Miré hacia la puerta esperando que Jessica no eligiese aquel momento para entrar.

-¡Lo siento! –se disculpó cuando se sentó a mi lado-. La pelota se nos escapó –dijo con una sonrisa divertida.

Contuve la tentación de rodar los ojos y me pregunté si es que pensaba que yo era tan idiota que iba a creerme algo así. Forcé una sonrisa.

-Sí, supongo que debe de ser caótico saber que hoy hay partido y que quizá alguno de los del segundo equipo substituya a algún titular –por suerte para mí, Mike no era de los chicos que solían entender mi particular humor sarcástico. Suspiré-. Tranquilo, no pasa nada, pero la próxima vez vigilad más ¿quieres? Casi me arrancáis la cabeza.

Miró mi cuaderno y sonreí mientras lo cerraba intentando no parecer demasiado furiosa por su curiosidad. Sonrió de vuelta.

-Sí, bueno… de echo, quería hablar contigo sobre algo… -me dijo.

-¿Qué pasa?

-Me preguntaba si querrías ir al partido conmigo esta tarde –como si percibiera mi vacilación añadió-. Iremos a celebrarlo después de que lo ganemos.

Me sonrió con lo que seguramente él consideraba una sonrisa seductora y seguramente lo era para Jessica, pero yo… no, a mí no me pareció en absoluto seductora. Sonreí internamente preguntándome cuántas veces me había pedido ya Mike salir y cuántas veces me había negado. Habían sido demasiadas. Apreciaba a Mike por supuesto. Se había mostrado agradable conmigo desde el primer momento en que llegué nueva al instituto pero… no me conocía y tampoco se había molestado en intentarlo; tenía la sensación de que sólo se portaba así conmigo en un intento de conseguir salir conmigo para que engrosase su lista de chicas guapas que le habían besado. Francamente no me gustaba ni siquiera la idea de que considerasen una de las chicas atractivas del instituto… Hacía que me sintiera incómoda… realmente muy incómoda.

-Claro Mike, sólo pasa a buscarme un rato antes para que mi padre pueda conocerte ¿de acuerdo?

Su sonrisa que se había ensanchado al escuchar la primera parte de mi respuesta, se congeló en su rostro y tuve que hacer grandes esfuerzos para no reír por la expresión de miedo que había aparecido en los ojos del chico. No era para menos. Mi padre es Charlie Swan y es el jefe de policía del pueblo de Forks. Un hombre alto, de constitución firme pero no robusta, rostro serio y mirada fija… pero sin duda lo que daba miedo de Charlie era que siempre iba armado.

Juro que casi pude escuchar los engranajes de la mente de Mike intentando encontrar una excusa para no ir a mi casa. Le miré suavemente mientras intentaba no reírme. Todo el mundo conocía a Charlie y sabían que todo chico que me invitaba a salir tenía que pasar primero por un interrogatorio exhaustivo. Aún me reía cada vez que recordaba la última vez que algo así había pasado. Tyler había sido la víctima aquella vez. Tan pronto como Tyler se presentó en casa vistiendo con la chaqueta del equipo de baloncesto, papá había fruncido el ceño y por supuesto el hecho de enterarse de que Tyler conducía una furgoneta, darse cuenta de que conocía los bares y sitios de moda de Seattle y el modo en que le había dicho a papá que me llevaría de regreso a casa de madrugada y que no me esperase despierto, hizo que Tyler no tuviese ni una oportunidad de salir conmigo.

Aquella noche le preparé a papá una cena especial en agradecimiento.

-Mmm… ahora que lo recuerdo… Jessica dijo que quería ir conmigo… y… bueno… -se golpeó la frente de modo exagerado-. Lo siento, lo olvidé… No te importa si…

Negué con la cabeza y el cabello sujeto aquel día en una coleta alta se movió a su antojo.

-No, claro, está bien Mike. En otra ocasión. Estoy segura de que a Charlie le encantará conocerte.

-Eh… sí, claro. Nos vemos en clase Bella, voy a ver si encuentro a Jes –me sonrió de nuevo y le correspondí.

Mientras veía como se marchaba le di un nuevo mordisco a la manzana. Había sido divertido.

-¿Otra vez te ha pedido para salir?

-Peor. Me ha pedido que fuera al partido con él –Ángela dejó escapar una risa a mi lado-. ¿Es que aún no se ha enterado de que estoy en contra del equipo de baloncesto?

-¿Y cuál ha sido tu excusa esta vez? –frunció el ceño-. ¿Eso es tu comida?

Señalé el suelo con la cabeza y ella suspiró fuerte.

-Bueno ¿Qué le has dicho esta vez?

Alcé mi mano derecha aún con la manzana en ella y reí.

-Nada que no sea verdad –juré. Ángela me miró enarcando una ceja-. En serio, él mismo se ha acordado de que tenía una cita preprogramada con Jessica –me encogí de hombros quitándole importancia.

-¿Y cómo has conseguido que…

-Sólo le recordé que a mi padre le gusta hablar con todos los que me piden para salir –contesté con una media sonrisa. Ninguna de las dos pudimos ocultar nuestra diversión ante el hecho de que alguien pudiera creer que conocer a mi padre pudiera suponer un problema-. Por cierto –busqué mi cuaderno y se lo dejé ver-. ¿te interesa un artículo sobre el consumismo de las compras en la adolescencia? –pregunté.

Ángela enarcó una ceja.

-¿Alguien ha sugerido esto como tema de un artículo? –preguntó-. Empiezo a creer que tu artículo sobre como se atrofian las neuronas por jugar a los videojuegos es cierto –a pesar de suspirar, asintió con la cabeza-. De acuerdo, pero tendrás que cubrir el partido de baloncesto de dentro de dos semanas y esta vez tienes que hacerlo bien.

Sonreí divertida ante la imagen de Ángela intentando ser seria conmigo.

-De acuerdo –le contesté-. Pero no esperes que los elogie. Sólo informaré de lo que pasa sin florituras.

-Un poco de…

-No Ángela. Perdimos el taller de arte porque los fondos se destinaron al equipo de baloncesto el año pasado y este año han recortado los fondos de la biblioteca y del periódico –insistí inflexible-. Acepto que tenga que escribir un artículo sobre ellos pero no haré que su ego aumente ¿de acuerdo?

Ángela suspiró y asintió. Sabía que no iba a obtener nada más de mí que eso.

-Bien –levanté la bandeja del suelo-. Iré a devolver esto a su sitio. Nos vemos luego en clase de literatura, ¿verdad?

-Sí –suspiró-. Te guardaré un sitio.

Asentí mientras caminaba hacia la barra para dejar la bandeja vacía intentando hacer equilibrios con la bandeja, mi cuaderno y mi carpeta además de intentar al mismo tiempo no tropezar con nada y creedme, para mí eso es algo realmente difícil. No vi la silla que repentinamente alguien había dejado demasiado separada de la mesa.

Cerré los ojos esperando la caída, el golpe, la comida volando y la imagen de todos con los ojos centrado en mí. Unos brazos me rodearon la cintura ligeramente mientras que una mano sostenía mi bandeja en el aire. Abrí los ojos para encontrarme con la mirada de Edward Cullen fija en mí. Su ceño estaba fruncido y sus ojos verdes estaban de un color ligeramente más oscuro que el habitual.

-Gracias… -dije en voz baja.

-Ten más cuidado –me dijo con voz suave-. Deberías de mirar por donde vas –añadió con el ceño fruncido.

Quise gritarle que a mí tampoco me apetecía mucho ir tropezando con todo y que no era mi culpa si mis genes habían decidido que iba a ser tan torpe como Charlie en lugar de ser grácil como René, pero no me dio tiempo.

-¡Bella, tienes que ayudarnos!

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Si una sola chica más se acercaba para besarme como amuleto de la suerte, iba a gritar. Por supuesto a mis hermanos no les importaba demasiado aquello, no era a ellos a quienes acosaban. Bastaba una sola mirada de Rosalie para que las chicas se mantuvieran apartadas del capitán del equipo, Emmett y Jasper…bueno, él no estaba en el equipo y desde luego que ninguna chica se atrevería a coquetear con él ya que la mitad del instituto adoraba a Alice y la otra mitad la temía. Honestamente prefería a las que la temían, eran más inteligentes.

Llegué a la cafetería mientras reía internamente por las predicciones de Tyler y de la mitad del instituto que creían en las supersticiones. El día estaba nublado por lo tanto los Vampiros de Forks ganaríamos el partido. Por más que les decía que el hecho de que los días que perdíamos eran los únicos días en que hacía sol en Forks, los chicos insistían en creer en las casualidades y supersticiones tontas que a mí, personalmente, siempre me sacaban de quicio.

Emmett y Rosalie ya estaban sentados en nuestra mesa. Bueno, no era nuestra exactamente, pero parecía que todo el instituto se había puesto de acuerdo para dejarnos aquella mesa. Así había sido desde el principio, como si de algún modo supieran que nos gustaba estar los cinco solos. Había escuchado algunos comentarios que sugerían que quizá estábamos en una secta y que por eso no nos teníamos permitido entablar conversaciones durante las comidas con nadie. ¡Claro! Si esa teoría fuera cierta, ¿qué diablos hacíamos Emmett y yo en el equipo de baloncesto y por qué yo había salido con más de la mitad de las chicas del instituto? De verdad, la mente de algunos adolescentes podía ser realmente… complicada.

En cuanto me senté frente a ellos y vi que Emmett estaba con el ceño fruncido y el rostro frío supe que pasaba algo. Miré a Rosalie que permanecía a su lado y ella me devolvió una sonrisa de circunstancia que me indicó que lo que fuera que había enturbiado el humor de Emmett era lo suficientemente importante para que ella también se preocupara.

Carraspeé.

-¿Qué pasa?

-Tengo el examen de literatura suspendido y el entrenador me ha amenazado con sentarme en el banquillo si no consigo aprobar el próximo –gruñó.

Maldije interiormente. De acuerdo, no creía en las supersticiones pero el hecho de que Emmett estuviese a un paso de salir del equipo no me ponía de buen humor precisamente.

-¿Quién se ha muerto?

Giré para ver por encima de mi hombro como se acercaban Alice y Jasper y sonreí. Era increíble como una personita tan pequeña como ella era capaz de hacer que Jasper hiciera lo que ella quisiera. En aquellos momentos caminaban hacia nosotros cogidos de la mano mientras que Jasper llevaba en una sola mano una bandeja llena de comida para los dos. A ninguno nos sorprendió cuando en lugar de sentarse, Alice esperó a que Jasper se sentara para subirse después a su regazo sin que éste se opusiera e incluso más, parecía contento con la situación.

-¿Qué pasa, no hay sitio para sentarse? –resopló Emmett.

-Déjala –defendí antes de que Alice dijera algo-. Si no fuera porque Rosalie no quiere, a ti también te gustaría que se sentara sobre ti en lugar de a tu lado –bromeé.

-Eso es porque mi novia tiene una altura normal –replicó Emmett. Jasper soltó una carcajada que murió en sus labios al ver la mirada ofendida de Alice.

-Lo siento cariño –se disculpó con una sonrisa.

Alice dejó pasar el brillo divertido en los ojos de Jasper que le indicaban que no lo sentía en absoluto y suspirando se giró hacia Emmett y, frunciendo el ceño y demostrando lo madura que era a sus dieciséis años le sacó la lengua a Emmett, lo que hizo que éste rompiera a reír en carcajadas. No era para menos. Todos los presentes sabíamos que el tema de la altura era algo bastante delicado para tratar con Alice y es que la chica a duras penas y sólo cuando llevaba zapatos de tacón, alcanzaba el metro sesenta de altura que, en comparación con el resto de nosotros cuya altura mínima era de metro ochenta, era nada.

-Al menos ella aprueba literatura –dijo entonces Rosalie de forma práctica.

Si hubiese sido otra persona quien hubiera dicho aquello ya estaría sufriendo una de las miradas intimidatorios de Emmett, pero por supuesto Rosalie no entraba en esa categoría así que se limitó a mirarla de reojo antes de beber de su botella de agua mineral.

-Espera, ¿has suspendido el examen? –preguntó Jasper-. El entrenador dijo que…

-Ya lo sabemos –le interrumpí-. Si no sube el próximo está fuera del equipo –comuniqué. Jasper torció el gesto en un signo de preocupación-. Lo sé, a mí tampoco me agrada mucho la idea.

-Eso te pasa por estar entrenando en lugar de estudiar tal y como te dije –informó Alice tranquila mordiendo su sándwich de pavo con atún-. Te lo advertí, pero ¿me hiciste caso? No, claro… -dijo sarcástica-. Total, sólo soy Alice, ¿no?

-Alice por favor, no es el momento –indicó Emmett-. Necesito que alguien me ayude a estudiar literatura… -añadió mirando a su alrededor como si de repente fuera a aparecer una fila de estudiantes dispuestos a ayudarle a estudiar o incluso a hacer los trabajos por él.

Jasper miró a Rosalie.

-¿Por qué no le ayudas tú?

-¿Bromeas? –Rosalie sonrió dulcemente-. Si nos encerramos los dos en un lugar para estudiar, precisamente estudiar será lo último que hagamos –dijo sin ruborizarse siquiera.

Alice rió de forma nerviosa y yo me limité a sonreír al ver que Emmett asentía con la cabeza a las palabras de Rosalie.

-¿Y por qué tú no? –preguntó Emmett entonces mirando al rubio que tenía frente a él-. Eres inteligente y estoy seguro de que…

-Ni siquiera le preguntes si lo que quieres es aprobar –aconsejé a mi hermano. Jasper me lanzó una patata frita de su bandeja por su comentario y reí divertido-. ¿Qué? Es verdad. Todos sabemos que eres inteligente Jasper pero como profesor eres pésimo.

Jasper suspiró pesadamente; sabía que tenía razón pero eso no hacía que fuera más fácil.

-Necesitas un tutor –dijo entonces Alice-. ¿No hay en vuestro curso alguien que pueda… -interrumpió la frase y señaló a su hermano mayor con la cabeza.

-No lo suficientemente atrevido para demostrarle al capitán de baloncesto que es más inteligente que él –corroboró Jasper.

-¡Eh, Cullen!

Fruncí el ceño. James Sommers era capaz de poner de malhumor a todo aquel que se propusiera pero desde hacía un tiempo parecía que su deporte favorito era intentar hacer que nosotros le golpeáramos dentro del recinto escolar. Iniciar una pelea suponía la expulsión inmediata y dado que llevaba años anhelando ser el capitán del equipo de baloncesto estaba intentando por todos los medios conseguir la expulsión de Emmett.

Rosalie rodó los ojos.

-Estupendo, justo lo que faltaba… -susurró - ¿Qué quieres ahora Sommers?

Cualquier que conociera a Rosalie conocía aquel tono de voz como "olvídate de mí" pero por supuesto James no podía hacer nada como se suponía que debía hacerlo. Emmett fulminó al recién llegado con la mirada y de forma disimulada le di un golpe a Jasper en el hombro. De forma casi imperceptible él asintió, sus ojos fijos en James.

-Nada, sólo me preguntaba si no te interesaría más estar conmigo que con Cullen. ¿Sabes que pronto seré el capitán del equipo de baloncesto?

Rodé los ojos. Claro, como si nosotros dejásemos que algo así fuera a pasar. Por supuesto, por antigüedad, en caso de que a Emmett le ocurriera algo James sería quien tuviera que hacerse cargo del puesto de capitán pero no estábamos dispuestos a que le sucediera nada a Emmett.

-Sí, claro, en tus sueños –dijo Alice rodando los ojos.

Era divertido ver como Alice, con lo pequeñita que era, era capaz de hacerle frente a cualquier que se metiera con sus seres queridos. James le sonrió con falsa dulzura.

-Esto no va contigo –le dijo.

-Has dicho Cullen y ese es mi apellido, así que sí, sí va conmigo. De echo, va con todos, ¿recuerdas que todos somos Cullen? –se encogió de hombros-. La próxima vez intenta que tu pequeño cerebro registre que tiene que especificar más –añadió.

Esbocé una sonrisa divertida y James entrecerró los ojos cuando me miró. Ni siquiera me moví. James sólo era un matón más, y era como los animales, olía el miedo e iba a por ti si le dejabas que se diera cuenta. Arqueé una ceja.

-¿Algo más? –pregunté-. Por si no te has dado cuenta, tus avances con Rosalie no son bien recibidos. Y tu presencia en la mesa nos quita el apetito –añadí apartando la bandeja de delante de mí para enfatizar mis palabras.

Ella negó con la cabeza.

-Déjalo Edward –me dijo-. De donde no hay no se puede sacar –añadió burlona.

Antes de que James pudiera decir nada más, Emmett habló con demasiada calma.

-¿Por qué no te largas, James? –fue una orden más que una pregunta. Noté como a mi lado Jasper se tensaba igual que yo, ambos dispuestos a saltar sobre Emmett para detenerle si éste intentaba atacar de alguna forma a James.

-Claro –nos miró con autosuficiencia-. Recordad que en cuanto yo sea el capitán los dos estaréis en el banquillo –añadió divertido-. ¿Cómo le sentará eso a tus admiradoras, Cullen?

Ni siquiera me inmuté ante aquello. Después de todo, era James y no se le podía pedir que pensara demasiado. Su cerebro podría colapsarse.

-Juro que ese chico es idiota… -murmuró Jasper a mi lado mientras James se marchaba. Asentí estando de acuerdo con él-. Entonces, ¿qué vas a hacer? –retomó nuestra conversación como si no hubiera ocurrido nada y se lo agradecí en silencio.

-Supongo que encontrar a alguien que me ayude con literatura… -suspiró cansado Emmett-. No puedo evitarlo, lo siento, pero esa asignatura es… ¡aburrida!

-Nombres. Necesitamos nombres de personas que no se dejen intimidar por la altura y el físico de Emmet –insistió con su voz cantarina Alice-. ¿Conoces a alguien así?

-Y que sea inteligente –añadió Emmett-. Maldita sea… ¿por qué no conocemos a nadie inteligente a parte de nosotros? –preguntó mirando a su novia.

Rosalie se encogió de hombros. No era un tema que le preocupase demasiado. Jasper rió ante la indiferencia de su hermana. Contuve una sonrisa. Ver frustrado a Emmett siempre me hacía sonreír.

Me distraje momentáneamente al ver a Bella Swan hablando con Newton en una de las mesas. A juzgar por el modo en que ella intentaba poner el mayor espacio entre ambos parecía que el tema no era de su agrado y por unos instantes tuve la tentación de apartarlo de su lado. Isabella Swan. Era la única chica del instituto que era capaz de hacerme sentir poderoso simplemente con estar en la misma habitación que ella estaba. Y casualmente era la única que parecía no hacerme caso. Bueno, quizá tenía algo que ver con el hecho de que a pesar de ser compañeros de laboratorio apenas le había hablado desde que había empezado el curso. La primera vez que la vi me sentí atraído por ella y sin embargo, siempre hacía todo lo posible para no acercarme a ella, pues tenía la sensación de que era como el fuego y que si me acercaba demasiado acabaría ardiendo… y aún no sabía si estaba preparado para ello.

Cuando Newton se levantó con una mirada de insatisfacción respiré aliviado. Al parecer ella le había vuelto a decir no a una cita y no sabía por qué eso me alegraba tanto.

Bella Swan parecía ser la única chica que no se había encaprichado conmigo… ni siquiera cuando le había sonreído ni cuando la había mirado de forma invitadora. No es que no lo apreciara, por supuesto que agradecía que hubiese una chica en todo el instituto que no batiera sus pestañas y dejase de razonar en cuanto yo estaba cerca, pero por alguna razón que aún estaba intentando descubrir, el hecho de que precisamente fuera Bella Swan quien parecía ser inmune a mis encantos, me molestaba y mucho. Había algo en ella que me atraía… Estaba seguro de que se trataba de la forma en que sonreía o de la manera en que defendía sus derechos o de la forma en que no hacía caso a las habladurías ni intentaba ser el centro de atención. Era diferente. Simplemente era diferente. Esa chica se había limitado a mirarme y a aceptar mi mano cuando nos habíamos presentado en clase de biología dado que íbamos a ser compañeros de laboratorio, pero nada más. No había habido por parte de ella ni risitas tontas, ni miradas esperanzadas ni palabras con doble sentido. Bella jamás había coqueteado conmigo y aunque me costara admitirlo, eso había supuesto un duro golpe para mi ego.

-¿Me estás escuchando? –insistió Alice moviéndome el hombro interrumpiendo en mis pensamientos.

-No, lo siento, me he distraído… -Alice vio la dirección de mi mirada y entonces empezó a dar palmaditas.

-¡Oh, ya lo sé! –se levantó del regazo de Jasper para llamar la atención. La senté rápidamente de nuevo ganándome una mirada reprobatoria por parte de Jasper-. ¿Qué pasa?

-Ni se te ocurra –le dije a Alice. Me miró como si no supera de qué estaba hablando-. ¿Has leído sus artículos? Cada vez que ella cubre los partidos es como si fuésemos monstruos que tuviésemos que dejar que el equipo contrario ganara –dije entre dientes.

-Vamos Edward… es tu compañera de laboratorio, ¿qué problema tienes con ella? –preguntó Jasper.

Le miré fulminándole con la mirada. Jasper enarcó ambas cejas y rió entre dientes como si fuera conocedor de algún secreto que los demás, incluido yo mismo, no supiéramos.

-No tengo ningún problema con Bella –dije entre dientes.

-Es la única chica que no ha caído rendida a sus pies –dijo entonces Emmett.

-¿Te molesta el hecho de que sea la única chica que no ha sucumbido a tu sonrisa? –preguntó realmente divertida Rosalie-. Personalmente creo que eso la hace ganadora de más puntos ¿sabes?

-¿Por eso no te llevas bien con ella? Apenas os he visto hablar y eso que sois compañeros en biología…

Resoplé pero no contesté a la pregunta de Alice. Me molestara o no, eso no era algo que fuera a discutir con mis hermanos y por supuesto que me molestaba.

-Esa chica odia a todo el equipo de baloncesto y Emmett es el capitán por si no te has dado cuenta –contesté evadiendo la pregunta.

-¡Tonterías! –Alice volvió a levantarse-. Sólo necesita la persuasión adecuada. ¡Oh, Dios mío, tropezará!

Alcé la mirada para ver como alguien había puesto una silla en su camino sin que se diese cuenta de tan enfrascada como iba en intentar no tropezar. En un gesto espontáneo me levanté de la mesa y corrí en dirección a ella llegando a tiempo para sujetarla e impedir que se diera un golpe en el trasero.

Abrió los ojos, titubeante y pareció sorprendida al darse cuenta de que no se había caído al suelo. La rodeé por la cintura con un brazo mientras sujetaba su bandeja vacía con la otra y la ayudé a ponerse en pie. Sus ojos marrones me miraron fijamente como si estuviese intentando debatirse entre saber si debía sentirse enojada o aliviada por mi aparición. Yo estaba de acuerdo con ella, tampoco sabía por qué siempre parecía estar ahí para ayudarla cuando tropezaba.

-Gracias… -me dijo en voz baja.

-Ten más cuidado… -dije en voz baja.

Sus mejillas se ruborizaron y el pensamiento de que era la chica más bonita de todo el instituto cruzó por mi mente. Sus labios entreabiertos me hicieron volver a la realidad. Bella era una chica de verdad y yo no podía permitirme ni siquiera el pensar en ella. Ella no sería herida por mi culpa y todo el mundo sabía que por una razón u otra siempre acababa hiriendo a los que se acercaban demasiado a mí. No quería que Bella se hiriera.

-Deberías de mirar por donde vas –añadí soltándola de golpe.

Me miró como si estuviese dispuesta a decirme algo, más que a decirme, a gritarme algo. Me divirtió ese hecho. En el instituto me consideraban poco menos que un Dios y el hecho de que Bella estuviese intentando encontrar las palabras adecuadas para gritarme lo encontraba realmente divertido.

No le dio tiempo a hablar antes de que Alice apareciera detrás de mí gritando.

-¡Bella, tienes que ayudarnos!

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Antes de que me diera cuenta de lo que estaba pasando, Alice Cullen me había arrastrado hasta la mesa que compartía con sus hermanos y me había sentado en una silla entre ella que se sentó sobre Jasper y Edward que se sentó a mi izquierda.

Juro que en aquel momento quise encogerme en la silla y hacerme pequeñita, pequeñita y desaparecer. Sentía que todo el mundo me miraba y no me refería sólo a los Cullen. Echando un vistazo sobre mi hombro vi como Jessica me miraba con la boca abierta sentada junto a Ángela y como las animadoras que se habían sentado con los otros componentes del equipo me fulminaban por estar demasiado cerca de Edward. Mis mejillas se sonrojaron y alcé la vista cuando escuché al capitán del equipo de baloncesto reír entre dientes; intenté fruncir el ceño para que dejara de reírse pero el hecho de que mientras intentaba intimidar a alguien que era medio metro más alto que yo mientras estaba completamente ruborizada no hizo más que hacer que aumentara su risa.

Los Cullen intimidaban y mucho. Por separado apabullaban a cualquiera y sin decir nada eran capaces de hacer que los demás se sintieran muy pequeñitos, pero cuando estaban juntos eran realmente intimidatorios. El único consuelo que nos quedaban a los humanos normales como yo era el hecho de saber que era imposible que una familia hubiese tenido cinco especimenes humanos tan perfectos como ellos.

No son realmente hermanos. Si lo fuesen, el modo en que Alice estaba sentada sobre Jasper y la forma en que Rosalie estaba abrazada al brazo del capitán de baloncesto, sería algo ilegal, estaba segura. Los Cullen eran hermanos, sí, pero de acogida. Todos ellos eran los hijos de acogida del doctor Carlisle Cullen y su esposa. Por lo que se rumoreaba en el instituto, el doctor y su esposa no podían tener hijos y en lugar de ello, habían acogido a aquellos cinco chicos desde que eran prácticamente unos críos. Se llevaban como hermanos, por supuesto, pero no había ningún lazo sanguíneo que los uniese entre sí. Algunas personas encontraban repulsivo que mantuviesen relaciones entre ellos como si fuesen prófugos o algo así; yo opinaba que mientras se quisieran estaba bien.

Me estaban mirando fijamente como si estuviesen analizando algo. De vez en cuando se miraban entre ellos como si fuesen capaces de compartir algún secreto en silencio y sinceramente, me molestaba que lo hicieran. Les miré dispuesta a decirles algo al respecto pero cuando abrí la boca para hablar me miraron de nuevo y me callé. Intimidatorios. Realmente intimidatorios.

La primera vez que les había visto había sido en la cafetería cuando Jessica me los había señalado y me había dicho quiénes eran. Había creído que quizá con el tiempo mi percepción hacia ellos cambiara, pero no había sido así. Les miré mientras intercambiaban miradas de nuevo.

Las dos chicas Cullen eran tan diferentes como parecidas. Ambas irradiaban una fuerza magnética que hacía que todos se girasen para mirarlas; poseían la confianza que a mí siempre me había faltado a pesar de que René había intentado inculcarme desde que tengo uso de razón y caminaban con gracia, sintiéndose cómodas con su feminidad, ignorando las miradas y fingiendo que no eran el centro de todos los ojos cuando entraban en una sala… Quizá no lo fingieran, sino que simplemente se habían acostumbrado tanto a ello que ya no les prestaban demasiado interés a todas las miradas que les dedicaban.

Jessica me había señalado a la rubia escultural que parecía sacada de una portada de revista como Rosalie y me advirtió que hiciera lo que hiciera no me acercase a Emmett Cullen porque ellos dos estaban saliendo y Rosalie era muy posesiva. Tan pronto como miré a Rosalie supe que no iba a acercarme a aquella chica. Irradiaba demasiada confianza para mí y sinceramente, me sentí apocada desde el momento en que la vi caminar por el suelo pegajoso de la cafetería sobre sus zapatos de tacones sin tropezar o resbalarse o perder el equilibrio ni una sola vez.

La chica morena era Alice y si bien Jessica me la señaló como una chica algo rarita, cuando la miré supe que Jessica se equivocaba. Dulzura, suavidad y amabilidad… eso decían sus ojos. Su rostro era de facciones finas, como un duende… no, más bien como una hada. Una de esas hadas pequeñas y hermosas que viven en los cuentos. No, definitivamente Alice Cullen no era más rarita de lo que yo podía ser.

Luego miré a los tres chicos. Jasper parecía el más encantador de los tres. Siempre estaba sonriendo y a pesar de no formar parte del equipo de baloncesto no se perdía ni uno solo de los partidos por apoyar a sus hermanos. Tenía que admitir que Alice y él formaban una pareja encantadora y él parecía dispuesto a caminar sobre fuego por ella. Cuando veía el amor que Jasper sentía por Alice en los ojos de él tenía envidia y pedía en silencio encontrar a alguien que me mirara del mismo modo.

Emmett… Era casi un Dios para los estudiantes. Capitán del equipo de baloncesto era atractivo, musculoso y alto, muy alto para alguien que como yo mide un metro sesenta a duras penas. El lema de Tyler había sido "si quieres suicidarte intenta ligarte a Rosalie" no lo había entendido hasta que no había visto a Jhon intentándolo. Jhon se llevó una bofetada por parte de la rubia y una paliza por parte de Emmett. Y a pesar de ello no me asustaba sino que lo veía más bien como alguien que siempre intenta proteger lo que es suyo a pesar de que la idea de que alguna mujer, incluso si se trataba de Rosalie, fuera interpretada como un objeto, no me agradara demasiado.

Y finalmente estaba Edward. Edward Culler era… Edward. No había más palabras para clasificarlo. Apenas me había hablado desde que había llegado al instituto a pesar de que éramos compañeros en biología y que compartíamos algunas clases. Solía encontrarme su mirada fija en mí y cuando se daba cuenta de que lo había visto mirándome fruncía el ceño, hacía una mueca de desagrado como si estuviese enfadado por algo y giraba el rostro para que no pudiera interpretar sus ojos. A veces me miraba y me dejaba con la sensación de que me odiaba y otras veces… simplemente siempre estaba ahí para salvarme de mi propia torpeza. Y sí, lo admito, a día de hoy, Edward Cullen sigue siendo un misterio para mí.

No tenía ni idea de lo que los Cullen querían de mí. ¿Querrían quejarse por el último artículo que yo había escrito sobre ellos?

-¿Me estás escuchando, Bella?

Parpadeé y sacudí la cabeza

-Nos conoces a todos ¿verdad? –insistió la chica.

-Eh… sí. He cubierto algunos partidos –dije.

Edward resopló y de forma inconsciente de acerqué más a Jasper. El rubio rió suavemente, en aquellos momentos no me importó demasiado. Si iban a recriminar mi forma de escribir sería mejor saberlo desde el principio pero a juzgar por sus rostros ninguno parecía estar enfadado por eso. Vale, entonces ¿por qué estaba allí?

-Eh… ¿qué tal te va literatura?

Miré a Emmett con una ceja enarcada. ¿De verdad me estaba preguntando cómo me iba en la clase de literatura?

-Eh… bien –titubeé-. Es bastante fácil… -añadí.

Edward rió entre dientes y Rosalie y Jasper soltaron una carcajada casi idéntica al ver como Emmett fruncía el ceño. Alice movió la cabeza mientras sonreía divertida.

-Tenemos un problema Bella –dijo la morena-. Y hemos pensado que quizá puedas ayudarnos.

-Bueno… no sé… ¿seguro que estáis hablando con la persona correcta?

Alice rodó los ojos

-Sólo hay una Bella Swan en este instituto –dijo.

-Por suerte –comentó Edward en voz baja pero lo bastante alto para que lo escuchara.

Alice sonrió enviándole una mirada de advertencia a su hermano y éste se levantó bruscamente del lugar.

-Nos vemos luego –dijo simplemente.

-Ignórale, no ha tenido un buen día –pidió Jasper-. Lauren ha vuelto a perseguirlo a los vestuarios –esbozó una risa que yo no compartí.

En serio, ¿qué tan difícil puede ser decirle a alguien que no estabas interesado? Yo lo hacía con Mike. Continuamente, además.

-Bien Bella, esto es lo que ocurre… Necesitamos que ayudes a Emmett a aprobar sus próximos exámenes de literatura.

Enarqué una ceja.

-¿Estáis de broma? Supongo que no esperaréis en serio que haga sus trabajos y…

-No, no, no es eso –se apresuró a cortarme Alice-. Sólo necesita mejorar sus notas y como tú eres muy buena con esa asignatura he pensado que quizá no te importaría ayudarle.

Miré a Emmett y me crucé de brazos antes de volver a mirar a Alice.

-Alice, aunque tuviera tiempo para hacerlo y fíjate que estoy usando un tiempo verbal condicional, no podría –miré a Emmett de nuevo-; no es nada personal, es sólo que estás un curso por delante de mí.

-¿No tiene nada que ver con que sea el capitán del equipo de baloncesto? –preguntó Rosalie.

La miré.

-No, no tiene nada que ver con eso.

-Pues por tus artículos no parece que no tenga nada que ver.

La miré. Vale, esa chica me intimidaba pero nadie ponía en duda mi objetividad como periodista. Fruncí el ceño.

-El hecho de que el equipo de baloncesto se lleve un setenta por ciento de los fondos haciendo que otros clubes del instituto se vean obligados a subsistir con ordenadores del siglo pasado o incluso a cerrar sus puertas por falta de material no tiene nada que ver con mi forma de cubrir los partidos. Me aburren –me encogí de hombros. A juzgar por sus rostros parecía que acababa de proclamar alguna herejía-. Por eso me limito a contar lo que ocurre en los partidos y nada más. Pero eso no tiene nada que ver –miré a Rosalie-, con esto –señalé a Emmet con la cabeza.

-¿Vale, entonces, el único problema es que es un curso por encima del tuyo? –insistió Jasper.

-Sí, no puedo ayudarle a estudiar cosas que yo aún no he estudiado –me encogí de hombros contenta de haber hallado una respuesta que no ofendiera a nadie.

-¿Qué estáis dando ahora en el temario? –preguntó Alice a su hermano.

Emmett se encogió de hombros y tuve que contener una carcajada cuando Rosalie le dio un golpe en el hombro.

-Los autores europeos de principios del siglo XIX –dijo la chica aún mirando a su novio con gesto de resignación.

-Oh… -dije. Vale, conocía el tema. Lo había estudiado en el instituto de Phoenix antes de mudarme a Forks con papá pero no…

Alice me miró con los ojos negros brillando. ¡Maldita sea! Se había dado cuenta de mi vacilación.

-Si no sube sus notas lo sentarán en el banquillo –dijo.

-Lo lamento, de verdad pero yo no…

-¿Sabes quién tomará su lugar en el equipo?

Negué, suspirando derrotada. Alice era peor que un perro con su presa.

-James Sommers –dijo simplemente.

Aquello hizo que me replantease muy seriamente el ayudar a Emmett Cullen a aprobar sus próximos exámenes de literatura. James Sommers era el chico más arrogante, estúpido e ignorante que había conocido en toda mi vida y eso era quedarme corta. Alice me sonreía.

-Ya sabes qué voy a contestar ¿verdad?

La morena asintió y tuve que sonreír a medias.

-No sé como lo haces para saber siempre qué va a pasar antes de que pase… -dije. Me giré hacia Emmett y le sonreí-. De acuerdo. Intentaré ayudart…

No pude terminar de hablar. Antes de saber qué pasaba, Emmett se había levantado y me había cogido en brazos dándome un abrazo tan fuerte que creí que me rompería las costillas. Intenté separarme pero al parecer el capitán del equipo de baloncesto había olvidado que yo era tan pequeña como su hermana y ahora me encontraba a varios centímetros por encima del suelo, literalmente.

-Emmett, no la dejas respirar –le informó Alice.

-Wow, lo siento –dijo dejándome en el suelo.

-Pero hay unas condiciones –dije.

-Lo que sea –contestó Jasper por él

Sonreí.

-Si consigo que subas las notas, el equipo de baloncesto me deberá un favor muy grande.

Alice rió divertida y aplaudió de forma entusiasta.

-Me gusta como piensa –aceptó Rosalie con una media sonrisa.

Mientras Emmett volvía a abrazarme con fuerza me pregunté en qué diablos me había metido

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El instituto estaba vacío a aquellas horas y no era nada extraño. Todos estaban en el partido. Sigilosamente una sombra se acercó girando en las esquinas y caminando por los pasillos silenciosos. Había algo siniestro en caminar a aquellas horas por allí. Se detuvo frente a la puerta cerrada en cuyo frente había una placa en la que ponía "Periódico" y miró a ambos lados antes de meter la mano en el bolsillo interior de la chaqueta. Sacó el sobre blanco y como si quemara en sus manos, lo metió en el buzón de sugerencias que había colgado junto a la puerta.

Con un poco de suerte, todo saldría como él quería.

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Bueno, pues esto es todo… A ver son… trece páginas de word, así que ya sabéis… Trece reviews y subiré el próximo capítulo :p

Aunque sin son más, como siempre serán bien recibidos. Contadles a vuestras amigas que se pasen a verlo y que dejen un mensajito y así llegaremos antes al número vale??

Ah, sí, antes de que se me olvide. En cada fic hago sugerencias para que vosotros os impliquéis más en mis fics. Mi sugerencia para "You are my life" es la siguiente: escribidme diciéndome qué situaciones os gustarían que ocurrieran como por ejemplo… no sé… "quiero que Bella y Edward se besen en la playa por primera vez" o "quiero que haya una pelea entre Rosalie y Emmett" o cosas así. Si son factibles con la historia intentaré hacer escenas a parte, como si fuesen "extras", es decir, mini honestos con las escenas que me pedís. Os parece bien o sólo una tontería? Espero vuestras respuestas!!

Nos leemos pronto!!! Sed felices!!