Hola!!! Que tal todo?? Bueno, pues ya estamos aquí una semanita más y con un nuevo capítulo que espero que sea de vuestro agrado…
Antes que nada, ya sabéis lo que toca, verdad? Vamos a pasar lista!!! A ver, empecemos:
Muchas gracias por sus reviews y palabras de apoyo que me impulsan y animan a seguir escribiendo a: christti, disastro, margara, nocturnal depression, new-sexy-vampire, Lily Granger Potter, , meriba, kuky, bulgarita, biankismasen, vivi, pink123456, carmenlr, melina, beautifly92, ammyriddle, afrokd, luna712, misscullen9, Lna, miicaa, valu86, Duciell, .x, Anrre.
A ver, antes que nada, voy a contestar a algunas preguntas… quien tuvo el accidente en el capítulo anterior?? No es Edward, y no, tampoco es James (aunque eso me da una idea y… bueno, ya veremos), pronto sabremos quien es jejeje
Segunda cuestión que me han planteado: ¿cuándo pasará algo entre Edward y Bella? Bueno… en este capítulo… pasa algo… no exactamente algo, pero sí ocurre algo… jejejeje tendréis que leerlo para saberlo :D
Tercera cuestión: la relación Rosalie – Bella, como será? De momento será un poco tirante… Rosalie se comportará con Bella de forma similar a los libros, pero ocurrirá algo, y quizá su relación cambiará… Ya veremos.
Cuarta cuestión: ¿Tengo una idea de cómo se desarrollará la historia o es improvisación? Lo cierto es que es un poco de ambas… antes de escribir, tengo unas ideas fijas de lo que quiero que aparezca en el capítulo, pero según voy escribiendo, los personajes hacen lo que quieren y a veces consiguen que tenga que improvisar :p
Quinta pregunta: alguien ha preguntado acerca de qué le habrá pasado a Bella para que no le gusten los chicos populares y todo lo que le rodea… aún no os lo puedo adelantar, pero ya lo veréis :p
Bueno, pues después de toda esta parrafada, empezad a leer el capítulo, venga!!! A qué estáis esperando??
Espero que sea de vuestro agrado, un besito, nos vemos abajo!!
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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)
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Capítulo IV. Atracción involuntaria
"Hay momentos en la vida en los que te quedas parada y te preguntas qué hubiese pasado si en un momento dado de tu pasado hubieras tomado una decisión diferente a la que tomaste y que te dejó en el lugar exacto en el que ahora te encuentras… Quizá tu vida hubiese sido completamente distinta… o quizá hubieras encontrado otro camino que te hubiese llevado exactamente al lugar donde estás. A mí me ocurrió eso en un centro comercial y el causante fue Edward. A veces me pregunto si estaría aquí en estos momentos, viviendo la vida que llevo si en aquella ocasión hubiese sido impulsiva en lugar de esperar…"
Dos semanas. Habían pasado dos semanas desde que alguien me había dejado al dichosa tarjetita de forma anónima en el buzón de sugerencias del periódico y desde entonces, nada. Absolutamente nada. Había preguntado a todo el mundo y nadie me había sabido decir nada que no estuviera más que basado en rumores.
-Perdón –me disculpé cuando me choqué con una chica en el pasillo.
Y por supuesto, por si fuera poco no saber nada en absoluto acerca de lo que quisiera Dios que fuera "Fuego Eterno", habían sido las dos semanas más extrañas de toda mi vida. Desde que Alice había decidido que iba a ser mi mejor amiga y Emmett prácticamente me había adoptado como hermana pequeña, no tenía ni un momento de tranquilidad y todo parecía haber cambiado. Todo era igual que antes pero al mismo tiempo era diferente, distinto.
Antes me sentaba en la cafetería con Ángela, Jessica, Tyler y Mike que de vez en cuando seguía intentando salir conmigo aunque fuera sólo para acompañarme a la tienda con la excusa de que comprar una bolsa de patatas fritas iba a ser demasiado pesado para mí. Ahora me sentaba con los Cullen y era raro. Siempre me había preguntado de qué hablarían durante el almuerzo. Me sentaba entre Jessica y Tyler y fingía que les escuchaba mientras que en mi cabeza reproducía cientos de conversaciones que podrían ser reales en la mesa de los Cullen.
Ahora sabía que hablaban de lo mismo que cualquier otro adolescente... bueno, quizá no exactamente de lo mismo. Había descubierto cosas de los Cullen que jamás había imaginado siquiera. Por ejemplo, ahora sabía que a Rosalie le gustaba todo lo relacionado con coches y motores y que era ella quien revisaba todos los coches de la familia Cullen incluyendo el preciado Volvo que Edward trataba, de esto me había enterado por boca de Emmett, como si fuera de oro. También había descubierto que Jasper era un artista en potencia y que, según palabras textuales de Alice, era capaz de crear magia únicamente con un bloc de hojas en blanco y un lápiz. Jasper se había burlado durante una de esos almuerzos de la obsesión de Alice por las compras y en otra ocasión Edward había reído entre dientes llamando "osito" a Emmett lo que hizo que todos en la mesa rieran abiertamente.
Edward. Edward había querido inducirme a la locura y lo estaba consiguiendo perfectamente. Después de aquella noche en que había ido a casa a disculparse, su actitud hacia mí había cambiado radicalmente y me estaba dejando más confusa que nunca. Antes sabía a qué atenerme con él. No me hablaba, no me miraba, ni siquiera parecía ser consciente de mi existencia. Ahora, tan pronto me hablaba como me ignoraba y sus cambios de humor parecían no tener un orden fijo, simplemente… lo hacía y a mí me dejaba sin saber qué hacer con él exactamente.
Sabía que tenía que preguntarle, sabía que tenía que exigirle explicaciones por el modo en que se estaba comportando conmigo pero también sabía que no iba a hacerlo. Bastaba que me mirara para que me olvidase de que iba a reclamarle algo y por algún motivo, a Alice y Emmett eso parecía hacerles mucha gracia.
Me detuve al salir del edificio y miré hacia el cielo frunciendo ceño. Parecía que se estaba preparando una tormenta y de las grandes.
-¡Bella! –me giré conociendo la voz dulce que me llamaba.
Alice me abrazó mientras Jasper reía caminando detrás de ella.
-Ehm… hola, Alice –la saludé devolviéndole el abrazo de forma tímida. Aún no me acostumbraba a su efusividad-. Jasper… -saludé por encima del hombro de la chica.
-Hola Bella –me sonrió-. ¿Sabes que estás parada en medio de la puerta? –preguntó.
-Sí, lo sé. Estaba a punto de despotricar sobre el buen tiempo que parece que va a hacer –ironicé.
Jasper miró hacia arriba y sonrió.
-Alice, ya puedes soltarme –le dije divertida.
-Oh, vale –dijo soltándome y sonriendo-. Te voy a explicar el plan para el fin de semana.
-¿Por qué tengo la sensación de que no va a gustarme demasiado? –pregunté mirando a Jasper que rió.
-Tranquila, no será demasiado malo –me aseguró el rubio.
-¡Eh, que os estoy escuchando! –protestó Alice-. Vale, este es el plan. Mañana es el partido que tú tienes que cubrir y…
-¿Cómo sabe que tengo que cubrirlo yo? –pregunté a Jasper.
-… luego hay una fiesta a la que por supuesto vas a ir… -continuó diciendo Alice.
-Alice siempre se entera de todo aunque no se lo propongas –aseguró el chico.
-… y el sábado iremos a pasar el día al campo –finalizó Alice con una sonrisa encantadora.
-¿Acaba de decir que tengo que ir a una fiesta y al campo? –pregunté realmente dudando de la cordura de Alice-. ¿Está tomando alguna medicación o algo así? –susurré.
Jasper soltó una carcajada.
-Así que esta tare tenemos que ir al centro comercial a buscar la ropa adecuada para la fiesta.
Literalmente, gemí.
-Alice, no creo que sea buena idea…
-¿El qué?
-La fiesta y el campo –le contesté suavemente-. Rodearme de un montón de babosos no es mi idea de fiesta y el campo… -negué con la cabeza-, tampoco es buena idea, créeme.
-¡Pero Esme y Carlisle insistieron en que te invitáramos! –gritó ella-. Dicen que quieren conocer a la persona que está consiguiendo que Emmett estudie algo más que el modo en que el balón de baloncesto describe una parábola en el aire –añadió divertida.
Hice una mueca.
-¿Qué pasa? –preguntó Jasper-. ¿No te gusta el campo?
-Oh, sí, claro… Es sólo que… el campo y yo… no es buena idea –negué con la cabeza.
-Ah, claro, lo dices por tu costumbre de tropezar con todo ¿verdad? –rió Alice entre dientes divertida.
Fruncí el ceño.
-¿Es que todo el mundo sabe lo torpe que soy?
-Bella, el primer día te tropezaste en la cafetería –dijo Jasper mirándome con algo de diversión en los ojos.
Me sonrojé avergonzada al recordarlo.
-Bueno, puede que no sea el tipo de chica que camina con eleg… ¡ahhhh!
Unos brazos me rodearon la cintura y antes de saber qué pasaba, me habían lanzado al aire atrapándome mientras gritaba por la impresión. La risa grave y ronca de Emmett hizo que volviese a la realidad y le di un golpe en el pecho para demostrarle que no me había hecho ninguna gracia.
-¡Bella, te quiero!
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Caminaba hacia ellos pensando en alguna excusa que darle a Alice para no ir con ellos a la salida del centro comercial que la morena parecía ya haber organizado y ese deseo de pensar en alguna excusa se había incrementado tan pronto había sabido que Bella iría con nosotros.
¿Qué diablos me ocurría con aquella chica? Sabía que no debía acercarme a ella, que yo no le convenía y a pesar de ello, volvía una y otra vez a enfocar mis pensamientos en ella. Nunca me había importado demasiado lo que los demás pensaran de mí, jamás me había importado salir con tres chicas deferentes en un mismo fin de semana y después deshacerme de ellas con un simple "fue bonito mientras duró". Pero desde que Bella Swan había aparecido en Forks todos esos pensamientos hacían que me viese a mí mismo como un estúpido y engreído chico. Y además estaba el Fuego Eterno. Tenía gracia si uno sabía que era de ese modo como se referían los cristianos al fuego del infierno donde las almas corruptas están destinadas a pasar toda la eternidad. Bella no merecía saber nada de eso, no merecía saber lo peligroso que era todo aquello… No iba a dejar que lo supiera, no podía permitirlo.
¿Por eso me había estado portando como un cretino durante las últimas dos semanas? Probablemente. Era como cuando sabes que meter los dedos en un enchufe va a provocarte una descarga eléctrica que te va a electrocutar y aún así, insistes en acercarte al enchufe para sentir ese contacto… Sabes que puedes dañar y te quieres alejar de ello pero al mismo tiempo sólo quieres estar cerca y asegurarte de que ningún otro enchufe la daña.
-¡Bella, te quiero!
Vi como Emmett aparecía de la nada y ante el grito de protesta de Bella, la alzaba en brazos lanzándola al aire para volver a recogerla. Me detuve a unos metros de donde estaban, en la salida, mirándoles y sintiéndome realmente un auténtico idiota por desear matar a Emmett en aquellos momentos simplemente por el hecho de estar abrazándola.
Me acerqué despacio para, por una parte intentar comprender por qué me molestaba tanto que Emmett hubiese dicho esas palabras y, segundo, para calmarme en lugar de lanzarme a matar a mi hermano.
-¡Idiota! –le reclamó Bella-. ¿Es que quieres que me de un ataque?
Lo cierto es que hubiese sonado más intimidatorio si no estuviese intentando gritarle mientras Emmett la abrazaba con fuerza y la sostenía contra su pecho elevándola unos centímetros del suelo. Fruncí el ceño. ¿Es que Emmett había olvidado que Bella necesitaba respirar?
-No –dijo con un gesto quitándole importancia-, eres demasiado joven para tener ataques de corazón –añadió divertido-. Además, me apetecía abrazarte.
-Emmett, vas a romperle algo si sigues apretándola así –dijo la voz de Jasper-. ¿Estás bien Bella?
-No lo sé, cuando vuelva a respirar te contesto –le respondió
Rosalie entrecerró los ojos mirándola y luego, como si hubiese decidido algo ella sola, rodó los ojos antes de darle a su novio un golpe en el hombro.
-Suéltala Emmett.
-Mira esto –pidió Emmett mostrándole una hoja de papel después de soltarla.
Sonreí a medias al darme cuenta de lo que era aquello. El trabajo de literatura que habían estado preparando durante la semana anterior. Bella sonrió, contenta, al descubrir el gran siete escrito en tinta roja en el margen superior del trabajo. Maldita sea… incluso yo estaba contento por Emmett. Pero la sonrisa de Bella… era increíble como una sonrisa parecía iluminar su rostro entero.
-¡Emmett, es genial! –esta vez lo abrazó ella-. ¡Tienes que estar muy satisfecho contigo mismo!
-Lo estoy –dijo él riendo-. Por eso hay que celebrarlo.
Vi como la sonrisa de Bella se congelaba en el rostro mientras que la de Alice se ampliaba.
-Oh, no, no voy a ir a ninguna estúpida fiesta de partido –dijo Bella moviendo la cabeza de forma negativa una y otra vez-. Acabo de decírselo a Alice –insistió-. ¿Verdad que sí?
-Sí, lo ha hecho –dijo Jasper. Emmett le miró mal y él rió-. A mí no me mires así, es ella la que no quiere ir a la fiesta ni a pasar el día al campo –añadió.
-¿No te gusta el campo? –preguntó Emmett repitiendo las palabras.
-Es por su costumbre de tropezar incluso en una superficie lisa –contestó Jasper. La chica miró fulminándolo con la mirada.
-¿Quieres poner un anuncio en el periódico o algo así? –le preguntó ella sarcástica haciendo que todos sonrieran, incluso Rosalie.
-Vamos, Bella, por favor… -intentó engatusar Alice-. ¿Qué más te da? Vas a cubrir el partido, lo mínimo que puedes hacer es ir a la fiesta de después.
-Eso suponiendo que ganemos –intervino Rosalie de forma práctica.
-Por supuesto que vamos a ganar, estoy en el equipo, ¿recuerdas?
Rosalie rodó los ojos y los puso en blanco demostrando así que el comentario de Emmett le había causado una impresión pésima.
-¿Tú qué dices Edward?
Maldije a Jasper mientras le miraba por haberme incluido en la conversación. Se giraron para mirarme y vi la sorpresa en los ojos de Bella al darse cuenta de que debía de haber escuchado buena parte de lo que habían hablado. Casi reí de su expresión. Casi.
-Si no quiere ir, que no vaya –dije encogiéndome de hombros-. No es como si quisiéramos tener allí a alguien de forma obligada –añadí.
Bella frunció el ceño y estoy seguro de que hubiera dicho algo más si hubiese tenido la oportunidad para hacerlo. Empezaba a llover y di gracias por ello.
-Vamos, quiero llegar a casa antes de que caiga la tormenta.
Escuché como Bella volvió a quejarse por otro abrazo de Emmett y como Jasper reía mientras se despedía de ella. El grito de Alice de "¡luego pasamos a buscarte!" fue lo suficientemente alto para que los que pasaban por allí en aquellos momentos la miraran. No iba a girarme para mirarla. Pero aún sin hacerlo, pude imaginarme perfectamente como sus mejillas se sonrojaban.
¡Diablos! Me gustaba cuando se sonrojaba… Ese pensamiento me mantuvo alerta durante unos segundos hasta que me di cuenta de lo que estaba pensando. Entonces, se vio remplazado por otro… una maldición, ¡Diablos!
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Alice estaba en problemas. En cuanto salí de casa al escuchar el claxon del coche sabiendo que Alice era capaz de entrar a casa a buscarme y vi el Volvo plateado de Edward con él tras el volante sentí unos irrefrenables deseos de matar a Alice. Permanecí unos segundos parada en la entrada de casa sopesando la posibilidad de volver a entrar y fingir que no estaba por muy ridícula que sonara la idea incluso en mi cabeza. Edward se giró para mirar a Alice y Jasper que viajaban en el asiento trasero y pareció decirle algo ante lo que la morena rió divertida mientras me saludaba con la mano a través del cristal.
-¿Piensas subir o qué? –preguntó Edward.
¿En qué momento había bajado su ventanilla? Bajé la cabeza para vigilar donde pisaba ya que lo último que necesitaba en aquellos momentos era tropezarme, rodeé el coche por la parte delantera colocando mi cabello sobre el hombro para evitar que Edward pudiese ver mi rostro confuso y subí al asiento del copiloto.
-No sabía que tú también ibas a venir… -susurré mirando a Edward.
-Tenía que ir a comprar algunas cosas –se encogió de hombros quitándole importancia-. Además, alguien tendrá que hacerte compañía cuando la parejita se pierda buscando ropa para Jasper –añadió entre exasperado y enfadado.
Fruncí el ceño.
-No te he pedido que hagas de niñera –le repliqué.
Desde el asiento trasero, Alice interrumpió lo que fuera que iba a decir Edward y por el modo en que éste la fulminó con la mirada, me di cuenta de que la interrupción no le había hecho demasiada gracia.
-¡Bella, nos lo vamos a pasar genial, ya lo verás!
Me giré en el asiento después de ponerme el cinturón y esperar a que Edward arrancara el coche y la miré directamente.
-Que vaya contigo al centro comercial no significa que mañana vaya a ir a la fiesta –le aclaré.
-Oh, por supuesto que no –corroboró ella dándome la razón.
-Alice, ¿me estás dando la razón como a los tontos? –le pregunté.
Jasper rió abiertamente a su lado y Alice negó efusivamente con la cabeza, demasiado rápido en mi opinión, sin dejar de sonreírme en ningún momento, pero ninguno de los dos contestó. Suspiré y me giré para mirar hacia delante.
-¿Puedes ir un poco más despacio? –pregunté al ver el velocímetro del coche. Edward me miró de reojo.
-Depende, ¿quieres llegar hoy a Seattle o dentro de una semana?
-Tranquila, Edward no ha tenido un solo accidente desde que conduce, sus reflejos son inmejorables –me dijo Jasper.
-Sí, bueno, pero preferiría que no los probara conmigo dentro del coche –espeté.
-Edward, sé bueno. Su padre es el jefe Swan, seguro que lo de los límites de velocidad es algo que tiene muy en cuenta –hice una mueca y me mordí el labio interior para no terminar confesando que hacía poco más de un mes y medio que me habían puesto una multa por ir demasiado despacio.
Edward redujo la velocidad pero sólo un poco. Genial… iba a morir en un coche sólo porque a un lunático le gustaba la velocidad. Miré a los otros dos por el hueco que había entre los dos asientos delanteros y ninguno de ellos parecía asustado en absoluto. Rodé los ojos mientras volvía a sentarme derecha, al parecer a todos los Cullen les encantaba la velocidad. ¡Qué suerte la mía!
Estuve a punto de gritar cuando vi que Edward soltaba una mano del volante a aquella velocidad y la alargaba hacia la radio, pero antes de poder hacerlo escuché el gemido de Alice desde el asiento trasero. Enarqué una ceja y la miré.
-¿Qué? –preguntó Edward.
En lugar de contestarle, Alice me miró.
-Por favor, Bella, no dejes que ponga eso que él llama música –gimió con una súplica.
-Si no te gusta, ya sabes qué tienes que hacer –le replicó a Alice.
-¡Es que es una decisión difícil! –exclamó.
-¡Oh, sí! –ironizó Edward-. ¡Qué complicado! Es casi tan complicado como aquella vez en que…
-No te atrevas a decirlo –amenazó Alice.
-¿Por qué no?
-Porque entonces yo mencionaré el fin de semana en que…
-¡Alice! –gritó con una advertencia en la voz.
Miré a Jasper y él se compadeció de mí. Al parecer él también había pasado por algo así demasiadas veces.
-No te preocupes, lo hacen todo el rato –me indicó-. A veces parece que compartan el mismo cerebro.
-Eso explicaría muchas cosas… -musité mirando a Edward de reojo y sonrojándome al darme cuenta de que me había oído ¿es que también tenía el sentido auditivo perfecto, o qué? Carraspeé para aclararme la voz-. ¿Qué es eso tan complicado? –pregunté.
-Carlisle lleva dos meses intentando que Alice se decida por su regalo de cumpleaños pero Alice no consigue decidirse –explicó Jasper.
-¿De qué se trata? –insistí en saber.
Jasper sonrió.
-De un coche. Lo difícil es elegir cual –dijo Alice frunciendo el ceño intentando que su mente decidiera decantarse por uno en concreto.
-¿Un coche?
-Sí. Carlisle nos ha comprado un coche a cada uno por nuestro cumpleaños, pero Alice –Edward miró a la chica de refilón-, aún no se decide por uno en concreto.
Estiró la mano de nuevo hacia la radio y escuché una nueva protesta por parte de Alice.
-Oh, vamos, Alice, no es tan malo –dijo Jasper divertido al ver que su novia se había tapado los oídos con las manos como hacían los niños pequeños cuando no querían escuchar algo.
Tan pronto los primeros acordes empezaron a sonar me di cuenta de que Edward me observaba como si estuviera evaluando mi reacción. Le miré asombrada. No pude hacer otra cosa. Miré a la radio y volví a mirarle a él intentando comprender qué clase de chico jugador del equipo de baloncesto y llamado playboy entre las féminas del instituto además de pertenecer a la elite popular del mismo, podía tener a Debussy en el reproductor de música del coche. Parpadeé levemente y estiré la mano hacia la radio para subir un poco más el volumen al reconocer la melodía.
-Claro de luna… -susurré-… es mi favorita –aclaré mirándole cuando él me preguntó en silencio.
Sonrió pero no dijo nada.
-¡Genial! Luego elegiré yo la música –sentenció Alice.
-Elige ya un coche y podrás poner la música que quieras en él –le dijo Edward con una sonrisa burlona-. Carlisle está a punto de comprarte un BMW de color negro porque tú no te decides.
-¡Negro no! –gritó Alice.
Reí discretamente al ver el brillo travieso en los ojos de Edward. Quizá no sería una salida tan mala, aunque un centro comercial y yo… No las tenía todas conmigo.
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-¿Qué? –pregunté cansado de que Jasper me mirara sin decir nada.
Odiaba cuando hacía eso. Era como si fuera capaz de comprender todo lo que sentía y supiera qué decir en el momento adecuado… Alice lo llamaba un sexto sentido, yo lo llamaba capacidad para incordiar al prójimo.
-Nada –se encogió de hombros y tomó un sorbo del batido de fresa y plátano que había pedido en la pequeña cafetería.
-¿Cómo puede gustarte esa porquería? –pregunté haciendo una mueca.
-Alice –dijo simplemente-. Es su batido favorito –añadió de forma innecesaria-. Bueno, ¿me lo vas a contar o vamos a esperar a que vuelvan las chicas?
Sacudí la cabeza.
-No sé a qué te refieres.
-Es curioso… Me encontré con Morgan el otro día y me dijo que le había extrañado que no hubiéramos ido ninguno contigo cuando hace un par de semanas corriste –dijo de forma despreocupada como si estuviese hablando del tiempo.
Torcí la boca haciendo una mueca y chasqueando la lengua.
-Morgan habla mucho –dije simplemente bebiendo de mi refresco-. No pasó nada.
-No, claro, ¿puedo preguntarte en qué diablos estabas pensando?
-En nada… -contesté.
-Eso es más que evidente –dijo sarcástico mientras me miraba fijamente.
-Muy gracioso –le repliqué-. No podía negarme, James me desafió y…-hice un gesto para que me dejara terminar de hablar-. James me desafió y tuve que correr contra Laurent, no tiene mayor importancia así que no se la des.
-¿Y tenías que ir solo? –me preguntó Jasper-. ¿Es que no sabes que…
-Alice ya me echó ese sermón, ¿de acuerdo? –le dije-. Fui un idiota y bla, bla, bla…
-Edward, esto no es una tontería como cuando te pasas horas entrenando solo o cuando te encierras con tu música y el piano –me dijo-. Hay un motivo por el que no te dejan correr si no tienes un segundo, ¿sabes? -añadió-. Nos metimos en el Fuego Eterno para que no estuvieras solo y aún así eres tan idiota que vas completamente solo –siseó procurando que nadie se enterar de lo que decía.
-Nunca os pedí que os metieráis –le repliqué.
-Y aún así lo hicimos; eso debería decirte algo, ¿no te parece?
-¿Qué también sois idiotas? –pregunté divertido.
-No, que la familia se protege –dijo con un tono de advertencia en la voz-. ¿Acaso lo has olvidado?
-Jasper…
-Cuando nos dijiste que Scott te había nombrado tu segundo prometimos no decir nada a cambio de que nosotros también estuviéramos dentro ¿recuerdas?
¡Cómo si pudiese olvidarlo! Emmett prácticamente se había lanzado sobre mí asegurándome que no iba a quitarme ojo de encima hasta asegurarse de que todos estábamos dentro del mismo barco. Cuando le había preguntado por qué tanto interés en que no me ocurriera nada, Emmett había gruñido un "la familia se protege".
-Y hemos cumplido nuestra parte –me miró-. ¿Cuántas veces has ido solo? –me preguntó.
Me tensé ante la pregunta. ¿Cuántas veces había asistido a las reuniones de Fuego Eterno sin decírselo a nadie? Unas cuantas, demasiadas tal vez. Rodé los ojos.
-No me ha pasado nada.
-Aún –dijo Jasper.
-Sé lo que hago con un volante delante –le repliqué.
-No es lo que pasa en la carrera lo que me preocupa –dijo Jasper. Le miré-. Todos sabemos que eres muy bueno cuando te metes en el circuito, pero si vas solo no hay nadie que te cubra las espaldas cuando te bajas del coche –abrí la boca pero Jasper no me dio tiempo a decir nada-. Y James no es un bocazas –añadió.
La dureza de su voz hizo que le mirara con interés.
-¿Ha ocurrido algo que yo no sepa?
-Nada en particular pero… -movió la cabeza-. Tengo la sensación de que va a hacer algo y pronto. Creo que deberíamos hablar con las chicas.
-No –dije claramente.
-Edward, será más fácil si ellas saben que tienen que estar atentas –insistió.
-¿Crees que puede ir a por ellas durante alguna carrera? –fruncí el ceño. Eso sí me preocupaba. Los ojos de Jasper se abrieron de forma desmesurada-. ¿Jazz?
-No había pensando en eso –admitió-. Ni siquiera se me había pasado por la cabeza… si James reta a Rosalie…
Maldije en voz baja antes de pasarme la mano abierta por el cabello despeinándolo aún más de lo que ya estaba.
-Esto es una pesadilla… -dije-… Lo siento –me disculpé.
-No tienes la culpa –abrí la boca para contradecirle-. Hablo en serio Edward, nosotros quisimos estar contigo, no nos has arrastrado a nada ¿de acuerdo?
-Sí, claro, cuando les pase algo a Alice y a Rosalie te recordaré esto. ¿En qué diablos estaba pensando cuando os dejé entrar en esto?
-En que por una vez no querías estar solo en algo –me contestó Jasper. Le miré frunciendo el ceño.
-Odio cuando haces eso –le dije-. ¿Qué hacemos con ellas entonces? –cambié de tema.
Jasper sonrió y enarcó una ceja indicándome que no le había pasado desapercibido el modo en que había cambiado de tema para no hablar de mí mismo, pero lo dejó pasar.
-Voy a avisar a Alice –dijo. Le miré fijamente-. Lo que Emmett decida con Rosalie es asunto suyo, pero si mi novia está en peligro quiero que lo sepa.
-¿Cuánto tiempo crees que va a tardar Alice en contárselo a Rosalie? –pregunté divertido.
-Poco –admitió riendo entre dientes-. Pero no voy a cambiar de opinión; pienso decírselo a Alice.
-¿Y qué vas a lograr asustándola?
-¿En serio crees que Alice va a asustarse de algo así? –me preguntó sonriendo burlón-. Además, la prefiero asustada y atenta que relajada y herida –añadió.
-¿Quién está herida?
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Las ganas de matar a Alice que había sentido cuando había visto el coche de Edward frente a la puerta de casa habían reaparecido cuando me había secuestrado tan pronto habíamos entrado en el centro comercial tomándome de la mano y gritando por encima de su hombro a los chicos que sólo tardaríamos un par de horas e ignorando mi gemido al escucharla decir aquello.
Por eso me encontraba encerrada en un probador del que no me dejaba salir mientras me lanzaba, literalmente, ropa por encima de la cabeza a cada diez segundos ¡y pretendía que me la probara toda!
-Creía que lo que querías era que te diese mi aprobación para tu vestido –me quejé con la voz amortiguada mientras intentaba meterme en una blusa- ¿Cómo diablos se pone esto?-farfullé en voz baja.
-¿Qué camisa? –preguntó con voz divertida.
-La cosa azul que lleva eso naranja en lo que parece ser el dobladillo y que… ¿no tiene mangas?
-Ah, eso… sólo mete las manos por el hueco más grande y deslízalo hasta que te cubra el pecho –dijo despreocupada desde el otro lado de la cortina-. Y dado que he encontrado mi vestido perfecto no creo que necesite que nadie me de la aprobación –noté una sonrisa tras sus palabras y rodé los ojos-. Además, estamos buscando ropa para la fiesta de mañana después del partido. Ponte esa falda negra ribeteada en azul que te he dado.
-Creía que era un cinturón –dije tomando la tela en cuestión. Negué al ver lo corta que era-. Además, ya te he dicho que no iba a ir a la fiesta –añadí-. Ni hablar, no pienso ponerme eso Alice.
-Oh, está bien, sabía que dirías algo así… toma esta –me lanzó una falda negra de una tela suave que cubría muchísimo más que la primera y cuando me la puse me di cuenta de que caía hasta las rodillas en picos desiguales delineando las caderas y dándole forma a las curvas que yo no tenía.
-Y los zapatos –añadió pasando un par de sandalias azules por debajo de la puerta-, no puedes apreciar un conjunto adecuado sin los zapatos perfectos.
-Si me pongo esto voy a matarme –le dije mientras deslizaba los pies en las sandalias y comprobaba el inestable tacón alto.
-¿Ya estás? –no me dejó que contestara-. Venga, sal para que pueda verte.
A regañadientes obedecí y me encontré con una alegre Alice dando palmaditas mientras me miraba como si fuese una nueva obra de arte. Noté como me sonrojaba ante su mirada y ella rió divertida.
-¡Estás perfecta! –dijo mientras me empujaba hasta la zona de los espejos-. Tienes que comprarte ese conjunto Bella –añadió dejándome delante de mi propia imagen-. Creo que está hecho para ti.
De acuerdo, nunca me había interesado la moda demasiado y prefería vestir tejanos y camisetas con sudaderas antes que vestiditos y faldas incómodas que una vez te has puesto luego parece imposible que te puedas sentar cómodamente, pero tenía que admitir que Alice tenía razón, aquel conjunto parecía darme curvas donde las necesitaba y no tenía. Vi como fruncía el ceño a través del espejo.
-La camisa no acaba de convencerme… el color sí, pero… -miró a su alrededor y sonriendo se dirigió hacia uno de los mostradores de camisas giratorios que habían y empezó a darle vueltas descartando rápidamente con los ojos la gran variedad de color.
La vi regresar a mi lado con una camisa de tirantes anchos y cuello abierto con botones en la parte delantera que me deslizó por los hombros y me dejó abierta sobre la que ya llevaba puesta. El tono azul noche de la nueva camisa hacía contrastar mi piel con el tono menos azulado.
-Si no te lo compras tú, te lo compraré yo –sentenció Alice-. Así mañana cuando vayas a la fiesta podrás darme las gracias.
-Alice, ¿no me has oído? –empezaba a enfadarme ante la insistencia de la morena-. No voy a ir a la fiesta, y tampoco tengo intención de ir al baile.
Si en aquellos momentos hubiese dicho que había conocido a un extraterrestre y que me habían abducido para hacer experimentos conmigo, creo que Alice no se hubiese quedado más sorprendida. Esperaba que la morena dijera algo, que intentara refutar mis palabras o que intentase convencerme de que iba a ir al baile. Por algún motivo, la manera en que me estaba mirando en silencio como si estuviese evaluando algo hacía que tuviese miedo de lo que podía hacer a continuación.
-De acuerdo –Alice se encogió de hombros-, pero te llevas ese conjunto –declaró empujándome hacia el probador-. Venga, date prisa, los chicos nos están esperando.
Si en lugar de estar ocupada refunfuñando mientras intentaba quitarme la ropa sin romper nada y más importante aún, sin romperme nada, hubiera podido darme cuenta de que la expresión de Alice era demasiado decidida y traviesa como para que su "de acuerdo" fuera tan sencillo de prometer. Pero por supuesto, en aquellos momentos, toda mi atención estaba en la camisa asesina…
-¿Cómo diablos me quito esto, Alice?
Quince minutos más tarde y doce tirones de cabello mientras intentaba quitarme la camisa sin romperme nada, salíamos de la tienda y nos encaminábamos hacia la pequeña cafetería donde nos encontramos a los dos chicos sentados tranquilos hablando de algo que parecía preocuparles… o eso, o tener el ceño fruncido era una nueva moda.
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-¿Quién está herida?
-Bella –dijo Jasper divertido. Le miré sin comprender-. Creíamos que con tu falta de entusiasmo por las compras ibas a terminar matándola –añadió riendo cuando su novia le dio un golpecito en el brazo-. ¿Ya habéis terminado?
-Sí –dijo Alice sentándose en el regazo de Jasper y bebiendo de su batido con tranquilidad.
Saqué la silla que había a mi lado sin mirar a Bella, demasiado preocupado pensando en cuánto de la conversación habrían escuchado las dos. Bella se dejó caer en la silla como si acabara de terminar de correr una gran maratón y no pude evitar sonreír.
-Entonces, ¿vas a ir a la fiesta?
-No –dijo tajante a la pregunta de Jasper-. Pero tu novia es muy insistente –añadió suspirando.
Jasper rió entre dientes.
-¿Ah sí? –preguntó divertido-. Jamás lo hubiera pensado…
-¿Te estás riendo de mí? –preguntó Alice.
-Claro que no cariño, jamás me atrevería a hacer algo así –dijo falsamente ofendido porque ella pudiera pensar aquello.
-Bien –dijo simplemente apurando el batido-. Vamos, he visto una camisa que te va a sentar como un guante –dijo levantándose-. Y tú –me señaló-. Compórtate hasta que volvamos, ¿podrás hacerlo?
-No necesito niñera –volvió a repetir Bella con exasperación-. En serio, no es como si pudiera escaparme o algo así.
-Sé sincera, si pudieras lo harías.
Bella rodó los ojos ante las palabras de Alice.
-Por supuesto –contestó-, pero resulta que no tengo las llaves del coche y que el coche no es mío –añadió.
-Vamos a las recreativas –dije levantándome sin esperar a ver si me seguían o no-. Una hora Alice, después nos vamos.
-¿Una hora? –se enfurruñó Alice.
-Has dicho que habías visto una camisa, con una hora tienes tiempo suficiente –le advertí-. Y hablo en serio Alice. La última vez te dejé en tierra ¿recuerdas?
-Sí, y Esme te obligó a volver a por mí –dijo satisfecha. Rodé los ojos.
-Pasaron cinco horas –le avisé.
-Está bien, está bien… una hora y nos vemos en la entrada –aceptó mientras tomaba a Jasper de la mano y se dirigían hacia una tienda de ropa masculina.
Caminé en silencio junto a Edward notando como era el centro de atención incluso sin hacer o decir nada. Era increíble ver como atraía la mirada de todo el mundo incluso sin proponérselo y no sabía qué me molestaba más, si el hecho de que lo consiguiera sin hacer nada o precisamente que no le diera importancia… eso rompía todos los esquemas que me había formado durante años en mi cabeza acerca de los chicos que, como él, formaban parte de la elite de los institutos. Edward me rompía demasiados esquemas y no estaba segura de cómo reaccionar ante eso.
-¿Aquí es donde os refugiáis cuando venís con Alice y Rosalie?
-Algo así –sonrió a medias-. Aquí es donde nos escapamos antes de que la chicas vengan a buscarnos –admitió mirando las diferentes máquinas de videojuegos.
-Alice está convencida de que os gusta tanto ir de compras como a ella –le informé.
-Sí, bueno, también estuvo creyendo hasta los doce que si pelabas una manzana y dejabas caer la monda sobre un recipiente con agua, la piel de la fruta formaría la inicial de tu media naranja –bromeó.
Sonriendo, pregunté.
-¿Cuál era la inicial que le salía?
-La J –dijo divertido haciéndome reír-. La verdad es que no me entusiasma ir de compras –dijo Edward.
-Si no te entusiasma venir de compras, ¿por qué has venido?
-Alice me lo pidió. Parece que me he convertido en su chófer particular hasta que decida qué coche quiere –se encogió de hombros como si aquella fuera una respuesta obvia-. ¿Quieres jugar? –me preguntó señalando la mesa de billar.
-No – miré a mi alrededor-. Demasiada gente –Edward me miró y arrugué la nariz-. La última vez que lo intenté la bola saltó del tapete y golpeé a un pobre señor que pasaba por allí… ¿Siempre haces lo que Alice te pide?
-Si puedo hacerlo, sí –contestó aún riendo entre dientes por mi anterior confesión-. ¿De verdad le dista a un hombre con…
Me encogí de hombros. No merecía la pena ignorar el hecho de que era tan torpe como un elefante en una cristalería.
-Les dije a mis amigos que no me dejaran jugar –me defendí. Esta vez rió abiertamente y me sonrojé-. ¿Por qué si puedes hacerlo, sí?
-No lo sé –confesó-. Creo que tiene algo que ver con que yo fuera el primero que la vio cuando llegó a casa con Carlisle y Esme o quizá con que seamos los dos extremos –se encogió de hombros haciendo referencia a que él había sido el primero en ser adoptado y Alice había sido la última-. Sólo sé que tenemos una conexión que a veces me asusta incluso a mí –sonrió suavemente-. ¿Dardos?
Chasqueé la lengua.
-¿Quieres que le saque un ojo a alguien? –pregunté sonrojándome cuando se rió entre dientes-. No tiene gracia…
-Desde mi punto de vista, sí –me dijo él divertido. Su mirada se iluminó y miró por encima de mi hombro-. ¡Oh, lo tengo! –me cogió de la mano y empezó a arrastrarme hacia algún punto de la sala de los recreativos-. No dejaré que le hagas daño a nadie –me aseguró.
-¿Baloncesto? –le miré cuando me plantó delante de una de esas máquinas en las que te dan puntos por cada canasta que metes-. ¿Estás bromeando? Sabes que no me gusta –le dije-. Sin ánimo de ofender, por supuesto.
-Sí, claro, por supuesto –rodó los ojos pero aún así no me dejó escapar-. Si consigues setenta puntos puedes conseguir uno de esos –señaló una gran estantería al fondo del local donde diferentes premios sostenían cartelitos con los distintos puntos que necesitabas para conseguirlos.
Busqué con la mirada lo que me señalaba y casi me atraganto por la risa que subió hacia mi garganta.
-¡Debes estar bromeando!
Miré divertida el muñeco de peluche que representaba un vampiro que estaba sujetando una oveja entre sus manos y tenía la cabeza ladeada, preparada para morder al pobre animal.
-¿Qué? –preguntó-. Creo que todas las chicas del instituto tienen uno de esos.
-Prefiero aquel otro –apunté un par de muñecos a la derecha y esta vez, fue él quien rió.
-Una oveja devorando a murciélago –sonrió-. Me gusta. También son setenta puntos.
Me giró hacia la máquina en cuestión, introdujo una moneda en la ranura y tres pelotas de baloncesto cayeron frente a mí en una gran cubeta deslizándose por la pendiente que había bajo la canasta.
-No quiero que Alice diga que no te he cuidado bien –dijo tomando una pelota y lanzándola directamente al aro sonriendo al ver que pasaba limpia.
Supe que por mucho que repitiera "no necesito niñera" él iba a ignorarme, así que simplemente cogí una de las pelotas y la lancé. Rebotó en el aro y volvió a mí deslizándose por la pequeña pendiente. Fruncí el ceño al ver que Edward reía mientras encestaba de nuevo.
Probé suerte otra vez con el ceño fruncido y cuando le escuché reír divertido al tiempo que lanzaba el balón, supe que esta vez tampoco iba a entrar. No me equivoqué.
-¿Qué es lo que hago mal? –pregunté mirándole.
-No lo sé –lanzó de nuevo presumiendo-. ¿Tú qué crees que haces mal?
-Mmmm ¿todo? –sugerí viendo como volvía a encestar-. Oye, me gustaría encestar al menos una vez para conseguir mi premio, ¿sabes?
Edward rió y lanzó de nuevo. Luego me miró y mi rostro debía de estar lo suficientemente sonrojado por el enfado porque asintió sin perder la diversión.
-Vale, ponte aquí, coge esto –se colocó detrás de mí y puso un balón en mis manos-. Ahora, abre las piernas –me dio un toque en la cadera para que le hiciera caso-, y dobla las rodillas… eso es…
Un susurro. Su voz se convirtió en un susurro que entraba en mi oído mientras su respiración acariciaba mi cuello. Cerré los ojos para centrarme en lo que me estaba diciendo y quizá fuesen imaginaciones mías pero creí por unos segundos que su respiración sonaba tan irregular como la mía.
-Ahora coge el balón con esta mano… -lo colocó en mi mano derecha-… y esta otra aquí… -la puso sobre uno de los lados del balón y colocó sus manos sobre las mías.
Fuertes, cálidas, elegantes… René siempre bromeaba acerca de preguntar si tenía raíces albinas por que mi tono de piel era muy claro… Edward también era pálido pero por algún motivo, lo que en mí me parecía que se veía mal, en la piel de Edward me fascinaba y me intrigaba.
-Esta mano… -acarició levemente la derecha-… lanza… y esta otra…-golpeó ligeramente la izquierda-… es la que guía… No importa lo que escuches, las dos son importantes para que el tiro no falle…
-Una guía, la otra lanza –asentí y le escuché suspirar profundamente. Ni siquiera quise preguntarle qué había pasado para que lanzara aquel suspiro.
-Ahora dobla las rodillas… relaja los hombros…
Su olor… Olía a menta, a campo, a aire fresco, a risas, a silencio… Olía… sólo a Edward. Respiré profundamente siguiendo sus indicaciones y cuando el balón abandonó mis manos observé la trayectoria de la pelota en el aire hasta que entró en el aro de forma limpia, traspasando la red.
-¡Lo he hecho!
Eufórica por mi gran logro me giré hacia él y sin pensar en lo que hacía rodeé su cuello con mis brazos y enlacé mis manos tras su nuca, sonriendo extasiada.
-¿Lo has visto? –pregunté-. ¡Lo he hecho!
Creí que él reiría, creí que presumiría de su participación en aquel hecho o que haría algún comentario jocoso que haría que yo me sonrojara. Pero no hizo nada de aquello. Noté, nerviosa, como sus manos se afianzaban en mi cintura y como me miraba intensamente. No había otra palabra para describir la forma en que me estaba mirando en aquellos momentos. Era como si… como si me estuviese viendo por primera vez…
Fue cuando lo sentí. La atracción. La atracción que todas las chicas del instituto decían que Edward provocaba. La atracción que me había empeñado en no sentir y en ignorar desde que le había conocido. La atracción que me había jurado a mí misma que no dejaría que existiera nunca. Esa atracción. Sus ojos verdes brillaron con fuerza mirándome y su boca se movió un poco para formar la sonrisa más atractiva que jamás había visto en nadie.
Mis pulmones me recordaron en silencio que necesitaba respirar y tomé una bocanada de aire que se mezcló con su olor e hizo que mi cuerpo temblase. De forma nerviosa e inconsciente incliné el rostro hacia abajo y me centré en su garganta…sintiéndome incapaz de mirarle a los ojos por miedo a caer presa de aquella atracción recién descubierta.
Unos labios suaves y finos rozaron mi frente con deliberada lentitud, como si estuviese probando algo, como si se estuviese probando a sí mismo algo. Tragué saliva con cierta dificultad y alcé el rostro para mirarle y sentí como mi corazón se aceleraba y mis mejillas se sonrojaban ¡Maldición! Al parecer, Edward Cullen sí me afectaba…
Un ruido metálico hizo que despertara de mi ensoñación. La máquina estaba dejando caer en la cubeta algunas fichas de metal y plástico indicándonos así que era el final del juego. Edward fue el primero en reaccionar y me soltó, obligándome a deshacer mi abrazo alrededor de su cuello.
-Yo… iré… será mejor que vayamos a por tu… -carraspeó-… ehm… tu muñeco.
-Sí… -asentí recogiendo las fichas-… Alice y Jasper deben de… estar esperando y no… no queremos hacerles esperar –dije firmemente sin atreverme a mirarle.
-No, por supuesto. Vamos.
Recogimos el premio en el mostrador y entregamos las fichas a cambio. No hablamos mientras caminábamos hacia el coche, separados por un metro de distancia y tampoco hablamos en el camino hacia Forks.
Algo había pasado, algo que ambos sabíamos que había cambiado. Pero creo que ninguno de los dos estábamos preparados para admitirlo, y mucho menos para ponerle nombre…
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Bueno, pues esto es todo por hoy!!!
Que tal??
Espero que os haya gustado porque de verdad, no sabéis lo que me ha costado escribir la última parte de Edward y Bella… Quería que hubiese algo entre ellos dos pero no quería que hubiese nada aún… lo sé, lo sé… soy complicada… :D Espero que haya quedado bien y que os haya gustado!!
Bueno, os recuerdo que hay catorce páginas de word, así que ya sabéis!! Jejeje
Aps, por cierto, antes de que se me olvide!! Alguien me ha enviado un mensaje diciéndome que mi historia estaba siendo traducida y plagiada en otra página. Os anuncio que eso ha sido hecho sin mi consentimiento por lo que me he puesto en contacto con la página y con la plagiadora y lo he arreglado.
Si alguno de vosotros desea traducir mi historia, no me importa, siempre y cuando se me avise antes y se espere a que yo dé mi permiso y, por supuesto, siempre que deje bien claro que la historia es mía.
Bueno, a parte de esto… Espero que el capítulo os haya sacado una sonrisita al final del día, que siempre va bien.
Un besito para todos y recordad:
"El sabio no dice lo que sabe y el necio no sabe lo que dice"
Nos leemos pronto!! Sed felices!!
