Hola, hola, que tal??
Bueno, antes que nada… Muchas gracias por sus reviews a:
Christti, ammyriddle, nocturnal depression, anfitrite, flowersswan, carmenlr, biankismasen, beautifly92, margara, new-sexy-vampire, .x, maria swan de cullen, soff098, duciell, anrre, hik-y, melina, afrokd, valu86, prisgpe, miicaa, misscullen9, kuky y un saludo a quien ha sido la persona que, si no he contado mal, me ha dejado el review número 100!!! Jejeje muchas gracias a todos.
Ahora a ver… Tengo un fic de Bella y Edward llamado "Amor y eternidad" y algunos de vosotros me habéis preguntado si no pienso seguirlo… sí pienso seguirlo pero en estos momentos la imaginación me impulsa a seguir con este fic, por eso he dejado los otros en un segundo plano pero en ningún momento voy a cancelar nada sino que seguiré escribiéndolos, solo que… bueno, ya sabéis como va esto… cuando te viene la inspiración para un fic parece que éste se escribe solo… jejeje
Bueno, espero veros abajo cuando terminéis de leer este capítulo… eso sí… no me matéis, vale??
Nos leemos abajo, disfrutad de la lectura!!
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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)
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Capítulo V. No soy como vosotros
"Había creído que todo iba a ser diferente después de aquella tarde… Había pensado que quizá… que tal vez… Pero me equivoqué. Él se comportó como si nada hubiese pasado, como si nada hubiese ocurrido y yo, tonta de mí, esperando algo… ¿qué? no lo sé, sólo… algo… Cuando ves con tus propios ojos que no formas parte de algo, de alguien, ¿qué más puedes hacer además de apartarte? Sólo callar… nada más"
Si alguna vez alguien se había levantado con la sensación de que no debería haberse movido de la cama, lo entendía perfectamente. Estaba siendo un día horrible. No únicamente no había podido dormir más de un par de horas porque me había pasado toda la noche dándole vueltas a lo que había ocurrido en el centro comercial con Edward, no, por supuesto. Tenía que llegar al instituto y encontrarme con… aquello. Juro que estaba dispuesta a matar a Jessica con mis propias manos si no me daba una excusa completamente válida para no hacerlo.
Ignoré las miradas de aquellos que por curiosidad intentaban averiguar si el artículo era cierto o no. Ignoré las risitas, el modo de señalarme y los cuchicheos. Ignoré incluso a Ángela que se interpuso en mi camino para pedirme que por favor lo pensara todo antes de hacer nada. No estaba siendo una buena mañana y Jessica tenía gran parte de la culpa de ello.
Lo primero que había hecho al entrar al instituto había sido dirigirme hacia el mostrador de la recepción donde siempre había una mesita auxiliar con un montoncito de periódicos para que los estudiantes los cogieran libremente. Mi artículo sobre los trastornos alimenticios propiciados por la falsa publicidad de la televisión y las revistas había sido recortado a la mitad y quería ver qué era exactamente lo que Eric había decidido recortar.
Hasta ahí, era una mañana tranquila y normal si pasaba por alto mi falta de sueño y el temblor que me entraba cada vez que recordaba lo que había ocurrido con Edward frente a la máquina de juego en el centro comercial la tarde anterior.
Fruncí el ceño al ver una fotografía mía en una esquina de la primera plana del periódico y, junto a ella, otra de Emmett. El vello de mi nuca se erizó. Aquello no presagiaba nada bueno.
Busqué la columna de cotilleos de Jessica y ahí estaba. Mi mal presentimiento. Las dos fotografías de la primera plana juntas, debajo de ellas, un artículo. Me detuve en medio del pasillo para leerlo sabiendo de antemano que no iba a hacerme ninguna gracia.
¡Nuestro capitán de baloncesto se gana a los escépticos!
Todos conocemos la aversión que nuestra última llegada Bella Swan siente hacia el deporte del baloncesto y hacia todo aquello que le rodea incluyendo a nuestros jugadores que cada día juegan mejor. Todos conocemos a nuestro capitán Emmett Cullen y su relación con Rosalie Cullen. Pero lo que hemos descubierto recientemente es el gran afecto que hay entre Bella y Emmett y todos los que estaban ayer en la entrada del instituto cuando acabaron las clases pudieron ser testigos de ese afecto y cariño cuando Emmett la alzó en vilo y gritó un "Te quiero" que se escuchó incluso en el gimnasio. ¿Será este el inicio de una relación nueva o Bella se convertirá en el tercer punto de una relación a tres? Os mantendremos informados y….
Dejé de leer. No necesitaba saber nada más. Iba a matar a Jessica. ¡Oh, sí! Iba a matarla y aún mejor, iba a disfrutar de ello.
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Aquel día debería haber hecho novillos. No había dormido nada. Absolutamente nada y el modo en que Alice había exclamado al verme "pareces un zombi" no había hecho demasiado para alegrarme el día, sinceramente. Mi cabeza había estado demasiado ocupada dándole vueltas una y otra vez a lo que había pasado en el centro comercial. ¿Había estado a punto de besarla? No lo había pretendido, en serio. Sólo… Suspiré, bastante alto y seguramente con una nota de frustración al ver la mirada que algunos chicos me dedicaron. Me recosté contra el coche esperando a los demás que aquí día habían decidido coger el jeep con Emmett seguramente dado mi malhumor, y analicé lo que había ocurrido.
Sólo había querido indicarle cómo debía colocarse para poder encestar, sólo eso… no había sido como cuando pretendía ligar con alguna chica ayudándola entre coqueteos a jugar al billar, sólo… había querido que sonriera cuando encestara, nada más que eso. Sólo quería verla sonreír… Pero cuando me había colocado detrás de ella… Su cabello olía a fresas y su cuello también. Un olor dulce que me había atraído hasta el punto de tener que susurrarle porque temía que la voz no me saliese normal si intentaba siquiera hablar.
La sentí temblar cuando le di el balón para que lo cogiera entre las manos y por unos segundos su respiración se volvió irregular y la mía le siguió por inercia. Había esperado que no se diera cuenta y había carraspeado para aclararme la voz antes de indicarle cómo debía de tirar. Sus manos se habían sentido cálidas y pequeñas bajo las mías y suaves en comparación al tacto rugoso del balón. Por unos segundos me había encontrado preguntándome a mí mismo qué podría sentir si esa suavidad de las manos también sería aplicable al resto de su cuerpo.
Le acaricié las manos mientras le daba indicaciones y cuando su voz las repitió en voz baja, supe que estaba tan confundida como yo por lo que estaba ocurriendo y su voz sonó tan dulce y baja que hizo que suspirara frustrado por el debate en que se encontraban lo que mi instinto me decía que hiciera y lo que mi cabeza me recordaba que no debía hacer.
Luego el balón había pasado por el aro limpiamente y ella se había girado para mirarme sonriendo. Una sonrisa que iluminaba su rostro y sus ojos. Me di cuenta enseguida de que no era consciente del modo en que me había abrazado y se había acercado a mí. No me importó demasiado.
Había sido espontáneo, lo juro. Su sonrisa era preciosa y sus ojos brillaban con la fuerza de alguien que acababa de conseguir un gran logro, con la fuerza de algo que no supe identificar en el momento y que no sabía qué significaba. Había abrazado de aquel modo a muchas chicas, no voy a negarlo, pero Bella… era diferente… su sonrisa era sincera, auténtica, verdadera y sus ojos dejaban ver la dulzura y la suavidad. Bella me transmitió algo en aquel abrazo que nunca antes había experimentado… tranquilidad, calma, equilibrio… era como si confiase en mí, como si estuviese dispuesta a confiarme su propia vida, como si supiera que eso era exactamente lo que yo necesitaba…
Luego me había mirado con incertidumbre, nerviosa y por unos segundos estuve seguro de que había dejado de respirar. Y luego… había sentido la irrefrenable tentación de besarla, de besar a Bella, de besarla a ella. Y en el momento en que había bajado la cabeza como si no soportara la idea de mirarme, la besé en la frente dejando que mi boca rozase su piel y sintiendo el calor de su cuerpo en mis labios.
Suspiré profundamente al notar el mismo estremecimiento que había sentido la tarde anterior. Si no hubiese sido por la máquina… la habría besado… y ese pensamiento no acababa de desagradarme del todo, si no más bien al contrario.
-¡Eh, Cullen! –me giré para ver a Laurent sonriéndome con demasiada inocencia. Me erguí en toda mi estatura al ver que se acercaba-. Pregúntale a tu hermano cómo lo hace para tener a dos tías tan buenas con él… -rió y me lanzó el periódico del instituto-. Página doce –me dijo divertido mientras se marchaba aún riendo.
Cuando terminé de leer aquello supe que no me iba a quedar tranquilo hasta que no hubiese matado a alguien. Entré al edificio ignorando a Tyler que alzó el brazo para llamar mi atención y caminé por el pasillo en dirección a la pequeña habitación que hacía de sala de redacción del periódico con la idea de pedirle a Jessica Starling explicaciones sobre ese rumor infundado y de paso hablar con Eric sobre la importancia de contrastar hechos antes de aceptar o refutar publicar ciertas cosas.
Me detuve en medio del pasillo, como el resto de chicos cuando el sistema de megafonía sonó con lo que parecía iba a ser el inicio de un anuncio. La voz metalizada se escuchó perfectamente.
-Lo sé, lo sé… ya voy… -un carraspeo a través del altavoz-. Uhm… vale, soy… soy Jessica y tengo que… ¡ayyy! ya voy, ya voy… tengo que deciros que el artículo de mi columna de esta mañana parece ser falso y…
-¡Jessica! –la voz de Bella a través del megáfono me hizo arquear una ceja pero sonreí. Al parecer se me había adelantado con respecto a pedirle explicaciones a nuestra chismosa particular.
-Vale, de acuerdo… no parece ser falso, es falso… Dado las últimas… eh… novedades descubiertas… paso a informaros que Emmett y Rosalie siguen siendo la pareja del año y que Bella Swan únicamente es una amiga de ambos y ¡ayyy! Vale, eso no ha sonado muy bien… quiero decir que Bella no tiene nada que ver con Emmett y que nuestro capitán sigue siendo tan fiel a Rosalie como la semana pasada… ¿ya estás contenta?
-Muchas gracias –siseó Bella haciéndome reír entre dientes.
-Sí, bueno, aprovecho para desear al equipo un buen partido. ¡Adelante, Vampiros!
La comunicación se cortó y algunas risitas nerviosas se escucharon aquí y allí juntamente con algunos comentarios acerca de lo que acababa de ocurrir.
Reí. Al parecer a Bella tampoco le había hecho gracia la publicación de ese rumor. Un chico pasó por mi lado deseándome suerte para el partido de la tarde. El día parecía mejorar.
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Suspiré cuando dos chicas de mi clase de literatura se apartaron de mi camino. Al parecer no a todo el mundo le había hecho gracia el modo en que había obligado a Jessica a decir la verdad acerca del rumor y a desmentirlo, ahora resultaba que a muchos de ellos les había dado miedo el modo en que lo había hecho. Estupendo… por si no era ya lo suficientemente complicado…
Las gradas del gimnasio parecían a punto de caer en cualquier momento. Los colores de nuestro instituto se imponían sobre los del equipo visitante y los gritos de los padres, alumnos y amigos hubiesen sido capaces de ensordecer a cualquiera. Yo no fui la excepción.
Busqué un lugar para sentarme dispuesta a pasar noventa minutos de tortura y agonía cuando una mano se levantó y alguien gritó mi nombre.
-¡Bella, aquí!
Seguí la dirección de mi nombre y sonreí al darme cuenta de que era Alice quien me llamaba. Al parecer había recordado que yo cubriría el partido y me había guardado un asiento en primera fila junto a ella, Jasper y… para mi total consternación, Rosalie. Estoy segura de que mis mejillas pasaron por todas las posibles tonalidades de rojo al mirar a la rubia Rosalie que sólo me dirigió un escueto "hola" antes de girarse hacia la cancha donde los jugadores empezaban a salir de los vestuarios.
Me senté agachando los hombros mientras me preguntaba por qué Rosalie se comportaba de aquel modo conmigo y me encontré a mí misma asegurándome una y otra vez que no tenía nada que ver con el chisme de Jessica porque su comportamiento para conmigo siempre había sido el mismo. Era como… como si me odiara por algo que se me escapaba.
Me encogí de hombros mentalmente. Daba igual cómo se comportara Rosalie conmigo, de todos modos tendría que hablar con ella para asegurarle que yo no tenía ni idea del chismorreo del periódico y para afirmarle una y otra vez, con sangre si era preciso, que entre yo y Emmett no había nada más salvo la manía que había adquirido el chico por nombrarme su hermanita postiza y abrazarme hasta dejarse sin respiración cada vez que podía.
-Vaya… gracias por guardarme el sitio –le sonreí mientras me sentaba-. Siempre me sorprende la cantidad de gente que llega a venir a los partidos.
Alice sonrió.
-¿Cómo no íbamos a guardarle un sitio a la periodista más famosa del instituto? –preguntó Jasper divertido.
Gemí.
-¿Lo habéis leído?
-¡Ja! –dijo Alice-. ¿Cómo no hacerlo? Y también hemos escuchado la… eh… rectificación de Jessica.
-Voy a desearle a Emmett suerte –dijo Rosalie levantándose.
La miré y hundí los hombros mirando a la parejita que se había quedado conmigo.
-¿Me odia? –pregunté.
-¿Rosalie? –asentí. Alice negó con la cabeza-. Claro que no, no seas tonta. La relación entre Emmett y Rosalie es tormentosa pero duradera. Cuando ha leído el artículo se ha reído como una loca por la ocurrencia…
-¿Edward se ha enfadado?
Alice me miró sonriendo y con una mirada traviesa. Jasper rió entre dientes y, muy educadamente, miró en otra dirección como si de aquel modo pudiera darnos privacidad y no pudiera escuchar nuestras palabras. Rodé los ojos pero agradecí la intimidad que parecía dispuesto a darnos.
-¿Por qué tendría que enfadarse Edward? –me preguntó sin perder la sonrisa.
Sentí el calor agolparse en mis mejillas ante la mirada de Alice y bajé el rostro mientras colocaba bien mi libreta sobre las rodillas dispuesta a tomar algunas notas para el artículo.
-No lo sé… Bueno, no creo que sea agradable ver el nombre de tu hermano envuelto en un chismorreo y… -me encogí de hombros.
-Bella, ¿te gusta Edward? –preguntó de repente.
Me tomó completamente por sorpresa y me ruboricé si era posible más de lo que ya estaba.
-¡No! –grité. Varias personas se giraron para mirarme y bajé la voz repitiendo-. No. Sólo… me confunde, nada más… No me gusta Edward…
-Ajá –dijo sarcástica la chica morena-. No me creo una palabra, Bella.
¿Me gustaba Edward? No me lo había planteado… al menos no seriamente… ¿Sería posible que Alice hubiera visto algo que yo ni siquiera sabía todavía?
-Sólo he preguntado si Edward se había enfadado al leer el artículo –me defendí ruborizándome completamente.
-Ya, pero has preguntado si se ha enfadado Edward, no yo ni Jasper ni siquiera Rosalie… has preguntado si se ha enfadado Edward.
-Bueno, yo…
-Chicas, el partido va a empezar –nos interrumpió Jasper con una sonrisa.
Le miré agradecida de que me hubiese salvado de contestar a aquello. Rosalie regresó a su asiento cuando estaban anunciando los nombres de todos los jugadores.
-Esta conversación no ha terminado, Bella Swan –me advirtió Alice centrándose en la cancha-¡A por ellos, Vampiros!
La miré sobrecogida por su grito. ¿De dónde sacaba tanta energía una cosita tan pequeña como ella? Observé a Jasper que me miraba sonriente asomando la cabeza por detrás de Alice y como si supiera exactamente en qué estaba pensando, se encogió de hombros. Parecía que él tampoco sabía la respuesta.
Los dos capitanes se dieron las manos y volví a sorprenderme al ver la altura de los jugadores. Era algo a lo que nunca iba a acostumbrarme. Emmett y… Sanders, según mis notas, se pusieron en el centro de la cancha y esperaron, preparados, con los ojos fijos en el balón. El pitido indicó el inicio del partido, el árbitro lanzó el balón al aire, ambos capitanes saltaron al mismo tiempo y las gradas rugieron cuando Emmett robó el balón para los Vampiros.
Una rápida sucesión de pases, botes y fintas se produjeron a continuación. Los jugadores se movían rápido por la cancha, los gritos de los entrenadores dando indicaciones, la multitud animando… Tomé algunas notas sobre la forma en que el equipo de Forks era ovacionado y volví a mirar a la pista. Emmett le pasó el balón a Tyler y éste a su vez lo pasó por entre sus piernas despistando a uno de los jugadores contrarios. El balón fue a parar a manos de Sommers que llevó la pelota hacia el campo contrario, saltó y lanzó en suspensión logrando los primeros dos puntos del partido. Anoté el minuto en que se abrió el marcador y seguí observando.
Una mancha blanca y negra atravesó la cancha y atrapó el balón de uno de los chicos del equipo visitante. ¿Desde cuándo era Edward tan rápido? Antes de que los demás supiesen qué les había golpeado, Edward le pasó el balón a Jack y éste remató contra el aro. La multitud aplaudió.
Sommers se distrajo y un tal Adams previó su doble finta, consiguiendo arrancarle el balón haciendo que Sommers maldijese y que el entrenador vociferara "¡Pon más atención, Sommers!" Fruncí el ceño cuando James pasó junto a Emmett y le golpeó el hombro con rudeza.
-¡Eh, eso es falta! –gritó Rosalie al otro lado de Jasper.
La miré arqueando ambas cejas. ¿Desde cuándo Rosalie gritaba en público? Creo que era la primera vez que veía algo así.
-Rosalie –dijo Jasper tranquilo-. Es de su mismo equipo.
-¡Lo sé, pero ese idiota debería de estar en otro sitio que no fuera esa cancha! –insistió Rosalie-.¡Si perdemos será por su culpa!
Varias de las personas que la rodeaban y la habían escuchado cabecearon de forma afirmativa apoyando sus palabras y, satisfecha, Rosalie cruzó los brazos mientras fulminaba a James con la mirada.
El equipo visitante encestó tres veces seguidas. Fruncí el ceño apuntando el tiempo, los puntos y los nombres de los jugadores. Habían sido canastas de tres puntos, así que íbamos perdiendo. Alice movía la pierna incesantemente haciendo que le temblase todo el cuerpo.
-Cálmate… -pidió Jasper pasando una mano por encima de su hombro de forma distraída-… Están bien.
Gemí al ver que Tyler perdía el rebote.
-Tú también, cálmate –añadió Jasper mirándome-. Edward es muy rápido…
Un segundo después de que dijese aquello, la sombra de Edward se deslizó por la cancha a tal velocidad que me pregunté si era posible que alguien pudiera correr tanto, consiguió el balón y lanzó desde la línea de tres puntos, el balón pasó limpio.
Lo anoté en mi cuaderno.
-Deberías de ver más el partido y escribir menos. Se aprende mucho si los observas –me aconsejó Rosalie sin mirarme-. Quizá así tus artículos serían más imparciales –añadió frunciendo el ceño-. ¡Vamos Emmett, que me estoy durmiendo!
Por respuesta, Emmett le sonrió, asegurándole así que la había escuchado y luego pidió el balón a Jack para estrellarlo contra el aro en un espectacular mate. Vi como miraba a Rosalie enarcando una ceja y la rubia asintió satisfecha. Emmett soltó una carcajada y Edward le dio un golpe en el hombro para que volviese al partido.
Rosalie tenía razón. Les miré durante un rato, sólo eso. Y pude ver lo que pasaba. Quiero decir, pude verlos de verdad. Jugaban con pasión, dejándose la piel en cada driblaje , en cada pase, en cada grito para llamar la atención sobre los otros jugadores de su propio equipo. Tuve la sensación de que permanecían ajenos a todo lo que les rodeaba, al griterío, al ruido, a los entrenadores… Era como si sólo estuviesen ellos en algún lugar y su único objetivo fuese lanzar a canasta una y otra vez, tantas veces como fuera posible y conseguir los máximos puntos que fuesen capaces de hacer.
Ahogué un grito cuando vi a uno de los contrarios acercarse a Edward y casi cojo la mano de Alice al saber lo que iba a pasar, como si lo hubiese visto en mi cabeza antes de que ocurriese. El tipo alto y musculoso esperó a que Edward recibiese el balón y cuando iba a dirigirse hacia la canasta contraria, le golpeó el hombro con fuerza haciéndolo tropezar y perder la pelota.
-¡Maldito sea!-gritó Alice.
Jasper tuvo que contener a su novia que empezó a despotricar contra el número doce de la camiseta azul. Vi como Edward se levantaba del suelo y movía el brazo un par de veces. Emmett le miró y no le dijo nada, no era necesario. Era increíble ver como parecían comunicarse sin necesidad de hablar. Tyler también le miró frunciendo el ceño. Edward asintió. Respiré aliviada y me di cuenta de que había estado conteniendo el aliento. Edward podía seguir jugando.
El árbitro le pasó el balón y Edward se colocó en posición detrás de la línea. Lanzó tres veces con tranquilidad y seguridad. Las tres veces el balón pasó limpio. El partido continuó.
Cuando llegamos al descanso, que para mi sorpresa me pareció que había llegado demasiado pronto, íbamos perdiendo por un punto, pero lejos de hundirse por ello, tanto la afición como los Vampiros de Forks parecían contentos. Como si tuviesen algún plan maestro que estuviesen deseando poner en marcha y aún no lo hubiesen hecho.
-Voy al baño, Bella acompáñame.
-Realmente no creo que…
-Bella, acompáñame –repitió con el ceño fruncido.
-Socorro… -susurré a Jasper que se rió. Suspiré profundamente-. De acuerdo, pero tengo que estar aquí para la segunda parte o el artículo será una auténtica mier…
-Lo estaremos –se giró hacia su novio-. Volvemos enseguida, guárdanos el sitio, ¿vale?
Alice me arrastró hacia la salida y no me sorprendí cuando en vez de ir hacia el baño me llevó hacia uno de los pasillos vacíos del gimnasio y se detuvo asegurándose de que no había nadie a nuestro alrededor.
-Vale, ahora, ¿qué pasó ayer?
-¿A qué te refieres?
-Sé que pasó algo ayer en el centro comercial –la miré-. ¡Por Dios, Bella, no soy idiota! No dijisteis nada desde Seattle hasta Forks y estabas completamente ruborizada y Edward tenía el ceño fruncido y…
-Vale, vale… -la interrumpí-. No pasó nada Alice.
-Bella, conozco a mi hermano y cuando se pasa la noche prácticamente despierto es porque algo le preocupa –frunció el ceño-. ¿Dijo o hizo algo que no debiera? Porque te aseguro que es mi hermano, pero Edward puede ser a veces un poco… -rebuscó una palabra en su cabeza-… introvertido…
-Alice, no pasó nada.
Ella me miró de forma especulativa. Un par de chicas pasaron por allí riendo y apostando quien de las dos se llevaría más números de teléfonos de los jugadores. Alice rodó los ojos.
-Diez dólares a que no consiguen el de Emmett –bromeó. Sonreí-. Bueno, ¿vas a contármelo o no?
-Alice, no soy… no soy el tipo de persona que se abre a los demás y yo no… no sé… cómo hacerlo… -admití.
-Deja que adivine ¿de acuerdo? –antes de que pudiera decir nada, ella siguió hablando-. Ayer ocurrió algo entre Edward y tú, algo que ha hecho que estés confusa y que se te estén planteando nuevos… digamos… sentimientos hacia él, ¿voy bien?
-Casi nos besamos… -dije entonces, cansada del juego de Alice.
Sus ojos se abrieron de forma desmesurada y me miraron. Realmente no creo que eso fuera lo que estaba esperando escuchar.
-¿Edward te besó?
-No. Los dos estuvimos a punto de besarnos, es un matiz importante –recalqué. Alice rodó los ojos dejando claro que no estaba de acuerdo con aquello-. Pero no pasó nada, absolutamente nada –maticé.
-¿Has hablado con él? –negué. Frunció el ceño-. ¿Por qué no?
-Porque me asusta –confesé avergonzada-. Porque es la primera vez que me pasa algo similar, la primera vez que siento algo como esto y la primera vez que me siento tan confundida que no sé ni en qué día vivo –añadí bajando el rostro-. Y porque si él no ha dicho nada es porque no significó absolutamente nada.
-¡Oh, Bella! –exclamó Alice-. Así que, ¿tú puedes estar confusa y asustada y él no? –la miré-. Edward… sólo es humano Bella. No siempre es Edward Cullen… A veces sólo es Edward.
-Lo sé, pero nunca sé a quién de los dos estoy mirando –admití.
-¡Corre, nos perderemos la segunda parte!
La voz de un chico corriendo hacia el gimnasio hizo que me separara de la pared en la que me había apoyado.
-Hay que volver al partido.
Alice suspiró.
-De acuerdo, pero continuaremos hablando de esto en la fiesta –dijo firmemente-. ¡No puedo creer que dos personas inteligentes como vosotros dos estéis siendo tan tontos respecto a lo que ni siquiera fue un beso!
Estuve tentada de decirle que ella no había estado allí. Que no había visto el modo en que las chispas salieron y la manera en que nos habíamos mirado. Que ella no había sentido un cosquilleo en la columna cuando él le había acariciado la cintura y que definitivamente ella no había visto la confusión en sus ojos cuando la burbuja a su alrededor había explotado.
Pero no dije nada de todo aquello. Dejé que me condujera de nuevo a nuestro lugar en las gradas y vi el resto del partido como una autómata.
Pases, silbidos, gritos. Una falta. Un aviso. Emmett pasó el balón. James y Tyler haciendo una defensa excelente. Jack y Edward jugando en equipo siguiendo las directrices de Emmett más que las del entrenador y sonriendo cada vez que encestaban, siendo aclamados por el público, incluso por aquellos que habían venido desde el otro instituto.
Miré el tiempo y anoté en mi libreta. Ganábamos por diez. Fruncí el ceño. ¿Cómo habíamos dado la vuelta al marcador? Me fijé en el juego y entonces me di cuenta de algo. Edward y Emmett estaban jugando a un juego más agresivo. Antes se habían dedicado a defender y ahora estaban lanzando a canasta cada vez que podían. Tiros desde la línea de tres puntos, tiros en suspensión o desde un ángulo casi imposible se sucedían uno detrás de otros. Lo comprendí.
Mientras que el equipo contrario intentaba buscar un hueco para conseguir únicamente canastas de tres puntos, nuestro equipo estaba jugando por cada punto que pudieran conseguir. Incluso James estaba participando en aquella jugada y cada vez que recuperaba el balón lo lanzaba a Edward y Emmett que eran los dos máximos anotadores. Aunque lo hacía a regañadientes, por supuesto.
El marcador dio un cambio espectacular desde la primera parte y me maldije por haber estado tan sumida en mis pensamientos que no me había dado cuenta del momento exacto en el que aquello había cambiado. No importaba.
Íbamos ganando y los gritos de júbilo se escuchaban por todo el gimnasio, algunos incluso cantaban ya la canción de la victoria, sabedores de ser ganadores a pesar de que el partido no hubiese terminado aún.
Miré el marcador. Cuarenta segundos. Presté atención. Aquella iba a ser la última jugada. Los pases con el balón se sucedieron rápidos. James, Jack, Edward, Emmett, Tyler, Jack, Emmett, James, Tyler, Edward, Jack, James, Emmett, Tyler y de nuevo a Edward. La gente contuvo el aliento. Yo también. Edward podía anotar el último punto del partido.
Para sorpresa de todos, no lo hizo; envió el balón de vuelta a Tyler y señaló la canasta con una sonrisa. La gente a mi alrededor aprobó su gesto noble y lo aplaudió incluso antes de que el tiro de Tyler entrase en la canasta y atravesase el aro con limpieza en el último segundo.
Los Vampiros habían ganado. Las gradas se vinieron abajo. Rosalie se levantó rápidamente para ir a felicitar a Emmett. Me mordí el labio intentando descifrar si sería buena idea ir a felicitar al equipo… ¿A quién quería engañar? Quería decirle a Edward que había sido un partido muy bueno y que habían jugado de forma excelente. Quería…
-Vamos, eres periodista, tienes derecho a hacer algunas preguntas acerca de ese último pase –me animó Alice mirándome.
Pero ya no la escuchaba. Lauren se había lanzado a los brazos de Edward y le estaba besando. En medio del gentío. En medio de los aplausos y de los hombros derrotados del otro equipo. En medio de los cantos de victoria y de las felicitaciones. Lauren le estaba besando.
-Yo… -carraspeé-. Tengo que irme… No… Tengo que escribir el artículo ahora que está fresco en mi cabeza y… -la imagen de Lauren besando a Edward me revolvía el estómago-. Tengo que irme, ya nos veremos Alice.
No me despedí de Jasper. La maldición que soltó la chica y que fue acompañada por la de su novio me hicieron suponer que ambos habían visto la misma escena.
El aire fresco del aparcamiento me sentó bien. Quería llegar a casa, encerrarme en mi cuarto y, por una maldita vez en la vida, llorar de dolor. ¿Por qué diablos me sentía así? Quizá Alice tuviese razón y Edward Cullen me estuviese empezando a gustar… Quizá simplemente me habían sentado mal las palomitas que había compartido con Jasper o quizá sólo era que la antipatía que sentía por Lauren había hecho estragos en mi organismo al verla besar a alguien… No, no a alguien, me auto corregí, si no a Edward.
-¡Bella! –me llamó Alice deteniéndome por el hombro-. ¿Dónde crees que vas?
-A casa, tengo que escribir esto –repetí.
-No puedes irte… la fiesta…
Moví la cabeza de forma negativa. No podía ir a la fiesta. Sabía que no podría actuar como si lo que había visto no me hubiese dolido, como si no hubiese pasado nada… No podía.
-No… -carraspeé-… he cambiado de opinión. No, no me apetece mucho ir y… no tengo nada que ponerme y además…
-Pero la ropa… -empezó a decir Alice. Moví la cabeza sabiendo lo que iba a decir a continuación-. Bella, no es… -frunció el ceño-. Lauren le ha besado, pero Edward no… Ellos no…
-No tienes que darme ninguna explicación sobre ellos Alice –le dije con una media sonrisa-. No quiero ninguna explicación, no la necesito.
-Bella… Edward se va a sentir terriblemente mal cuando sepa que eso ha hecho que…
-No ha hecho nada así que no le digas nada –le advertí muy seria-. Edward y yo no somos nada, lo de ayer sólo fue un acto espontáneo que ni siquiera se llegó a completar, así que no te atrevas a decirle nada, Alice.
-Bella…
Le sonreí para tranquilizarla.
-Estaré bien, soy una chica grande y sé cuidarme sola –dejó que me subiera a mi furgoneta y arrancara el motor con un ruido infernal. La miré cuando se apoyó en la ventanilla bajada.
-A veces va bien que alguien te cuide –me dijo-. Pasaré a buscarte a las nueve –me indicó. Debió de ver mi confusión en el rostro porque aclaró-. Para ir al campo ¿recuerdas?
-Yo no… -negué con la cabeza-… no creo que pueda ir… Tengo que pensar en algunas cosas y… -carraspeé-. Por favor, agradece a tus padres la invitación pero diles que estoy enferma o que me ha surgido algo o… lo que quieras.
-Bella…
-No me hagas ir Alice, ahora no, por favor… -incluso yo era consciente de que la voz me sonaba rota por las lágrimas que no vertía y que deseaban salir. No entendía qué me pasaba… Yo no lloraba. Nunca.
Alice debió de ver que esta vez no iba a salirse con la suya, así que asintió y me miró con preocupación
-¿Estás bien?
Asentí.
-Perfectamente… sólo… no le digas nada a Edward, ¿de acuerdo? –Se mordió el labio y asintió firmemente en una promesa muda.
Edward Cullen no me afectaba en lo más mínimo. Edward Cullen no me afectaba en lo más mínimo. Edward Cullen no me afectaba en lo más mínimo. Edward Cullen no me afectaba en lo más mínimo. Edward Cullen no me afectaba en lo más mínimo. Edward Cullen no me afectaba en lo más mínimo… Pensé que si repetía eso una y otra vez quizá se cumpliera. Cuando llegué a casa, aún tenía la sensación de que sí me afectaba… al menos un poco.
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Terminé de vestirme sintiendo aún el agua en mi cuerpo. Recogí las cosas en la bolsa de deporte y eché un último vistazo a los vestuarios dándome cuenta de que era el último en salir. Torcí el gesto al darme cuenta de que intentaba retrasar lo máximo posible el hecho de salir y tener un posible enfrentamiento con Lauren a quien había dejado en la cancha después de que se abalanzara sobre mí, literalmente, y me besara sin siquiera decir "buen partido".
Arrugué el ceño. Me había asqueado. No había otra palabra para describirlo. El beso de Lauren me había asqueado y me había dejado completamente indiferente. Lo que en otras ocasiones me habría gustado y habría celebrado con los chicos del equipo, en aquella ocasión me había dejado completamente frío. Ni siquiera había durado un minuto, pero incluso ese poco tiempo, el beso había sido… repulsivo.
¿Por qué? Bella. La había visto en las gradas, sentada junto a Alice. Atenta a su libretita y al partido. En un momento determinado, había visto como olvidaba sus notas y prestaba atención al juego; lo había visto y estaba seguro de que sería capaz de decir el momento exacto en que su percepción del partido había cambiado. Había jugado para ella, sólo para ella… Y por primera vez lo había hecho queriendo que alguien se sintiera orgulloso de mi juego, no para impresionar a una chica, sino sólo… sólo para que Bella pudiera darse cuenta de lo mucho que el baloncesto significaba para él. Para todos ellos.
Habían ganado. Había celebrado con sus compañeros de equipo la victoria y había esperado que alguien le abrazase del mismo modo en que Rosalie había hecho con Emmett… Mentira. Quería que Bella me abrazara del modo en que Rosalie había abrazado a Emmett… Quería saber si besarla sería algo tan dulce como lo que ya había imaginado que sería la tarde pasada en el centro comercial…
Pero no había sido Bella quien me había besado, sino Lauren. Gemí y reprimí una mueca mientras salía de los vestuarios. ¿Es que esa chica no entendía lo que significaba "no"?
Fruncí el ceño. Generalmente mis hermanos me esperaban fuera, en el pasillo del gimnasio. Era una regla no escrita. Tras las felicitaciones y risas en los vestuarios siempre era el último en salir y cuando lo hacía, mis hermanos estaba allí riendo y bromeando, listos para darme palmaditas en la espalda y bromear acerca del modo que parecía que la velocidad formaba parte de mí, tanto en la cancha como en los circuitos de carreras.
Pero aquella vez no fue así. Sólo Alice me esperaba. Estaba paseando de arriba a bajo, moviendo los brazos con fuerza, gesticulando y articulando palabras, más bien farfullando, de forma tan rápida que no entendía absolutamente nada de lo que estaba diciendo. No había rastro del resto de mis hermanos.
-Eh -atraje su atención-, ¿dónde están todos?
-Fuera –gesticuló con el pulgar por encima de su hombro indicando la salida. Su ceño estaba fruncido-. Necesitaba hablar contigo sobre algo y por algún motivo me pareció que apreciarías que los demás no se diesen cuenta de lo idiota que puedes llegar a ser a veces.
Gemí. Estupendo, Alice en estado de guerra. Simplemente fantástico… Era justo lo que necesitaba después de un duro partido y de que Lauren se me tirase encima como si yo fuera un trozo de carne o algo así. Normalmente Alice era la primera en abrazarme, colgarse de mi cuello y darme besos en la mejilla asegurándome lo buen jugador que era y garantizándome ser mi fan número uno para siempre, derrochando en toda su verborrea alegría y entusiasmo hiperactivo que hacía que todos riéramos.
-¿Qué he hecho ahora, Alice?
-Le estás haciendo daño –dijo simplemente cruzando los brazos sobre el pecho.
Fruncí el ceño de nuevo.
-Lauren ya debería estar acostumbrada a que le diga que…
-No hablaba de Lauren, pero ya que has sacado el tema, ¿qué mosca te picó para que la besaras de esa forma después del partido?
-Fue Lauren quien me besó. ¿Querías que la dejara caer al suelo cuando se tiró sobre mí?
-¡Sí! –gritó.
Vale, aquello me confundió. Alice podía no ser amiga de todas las chicas con las que había salido y también era consciente de la gran enemistad que había entre ellas dos, pero Alice conocía perfectamente el modo en que Carlisle y Esme nos habían educado a los tres como para saber que no le haría daño a una mujer queriendo.
-¿Qué diablos pasa, Alice? No puedes estar enfadada conmigo por eso –me miró fulminante-. En serio, ¿cómo puedo tener la culpa de lo que los otros hacen?
-Sólo tienes la culpa de lo que haces –siseó entre dientes acercándose a mí de forma peligrosa.
-¿Y se puede saber qué es lo que he hecho? –pregunté cansado de las indirectas de mi hermanita.
-Sólo una palabra. Bella.
Juro que me quedé helado ante la declaración de Alice. ¿Bella? No entendí… ¿qué quería decir con Bella? Gemí.
-Dime que no ha visto el beso… -casi supliqué.
-¿Quieres que te diga la verdad o prefieres que te mienta?
Vale, admito que aquello me sentó tan mal como si acabaran de darme un puñetazo en el abdomen y me hubiesen dejado sin respiración.
-¡Maldita sea! –me pasé la mano por el cabello y la miré-. ¿Está bien?
-Depende de lo que entiendas tú por bien –me dijo-. Había decidido venir a la fiesta pero después de ver tu beso con la Barbie pelirroja ha decidido irse a casa. Aunque supongo que yo habría hecho lo mismo si hubiese estado en su lugar.
-Alice, de verdad, no sé de qué estás hablando.
-¡Hablo de que ayer casi la besas y hoy has besado a otra chica delante de sus narices! –exclamó Alice con un mohín de disgusto.
-Bella y yo no… no estamos juntos… no debería de importarle lo que…
Me interrumpí. Ni siquiera yo creía en lo que estaba diciendo. Bella y yo no estábamos juntos, cierto, pero sabía perfectamente que algo había cambiado la tarde anterior entre nosotros dos.
-¡Eso da igual, pedazo de alcornoque! –gritó entonces Alice-. ¡Es una chica! –añadió como si eso lo explicara todo, desde por qué había comido una hamburguesa en el almuerzo hasta por qué el cielo era azul.
-Alice, lo siento, pero no te entiendo… habla para un hombre en lugar de pensar que comparto tu cerebro ¿quieres?
Suspiró frustrada.
-No es necesario que estés saliendo con alguien para que le hagas daño, Edward –me dijo Alice entonces-. Piensa un momento… Si hoy hubieses visto a Bella besar a… no sé… a Mike Newton… ¿no te habría importado simplemente porque no estáis juntos y ayer no llegaste a besarla?
Ahogué una maldición. Sólo el pensar en Mike besando a Bella hacía que mis manos hormigueasen y estuviese tentado a golpear a Newton una y otra vez. Miré a Alice.
-Exacto –dijo la morena mirándome-. Eso mismo. Y no estáis juntos, ¿verdad?
El frío de la calle me golpeó. ¿Cuándo habíamos llegado a la salida? Alice tenía razón. Y yo me sentía una vez más como un estúpido. ¿Cómo podía uno llegar a hacer daño a la gente sin darse cuenta de ello? Sacudí la cabeza. Idiota. Era un completo idiota… Pero era mejor así… No quería hacer daño a Bella y si me acercaba demasiado a ella acabaría dañándola. Quizá era mejor así… entonces, ¿por qué me sentía tan mal?
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Después de haber leído cuatro e-mails de mi madre decidí que era tiempo de llamarla antes de que se pusiera histérica, si es que no lo estaba aún. Por eso estaba sentada en la cama riendo divertida y echándola de menos como cada vez que hablaba con ella. Charlie me había dicho una vez que quizá llamaba tan poco a René porque cada vez que lo hacía la echaba más de menos… No lo sé, quizá había tenido razón.
Pero es que era imposible no echar de menos a René, sus conversaciones extravagantes y extrañas, sus continuas bromas acerca de lo mal que se le daba manejar cualquier cosa que fuera de la época moderna, y aquellas noches de sábado en las que nos sentábamos en el sofá, las dos solas, a ver películas y a comer helado de chocolate mientras hablábamos de chicos y nos reíamos mientras emparejábamos a los famosos con personas dispares e ilógicas.
La echaba de menos, mucho. Me di cuenta en cuanto colgué el teléfono y lo dejé sobre la mesita con deliberada lentitud como si de aquel modo pudiera alargar el contacto con ella un poco más.
Vale, de acuerdo, nunca había sido una niña consentida ni mucho menos, pero René era… bueno, ella… en fin… quiero decir, era mi madre, era normal que la echara de menos ¿no? Charlie estaba bien, en realidad las cosas entre nosotros iban mejor de lo que en un principio había cabido esperar, pero aún así… Charlie no era René y desde luego que no iba a sentarme con él un sábado noche para comer helado y hablar de chicos, quiero decir, seamos realistas ¿qué adolescente habla de chicos con su padre y mucho menos si éste es policía?
Desde luego, como si pudiera sentarme y explicarle a mi padre que Edward casi me había besado y que luego había visto como besaba a otra chica y…
-¡Bella, esto empieza a oler como cuando lo intenté hacer yo!
Me senté en la cama de repente. ¡La cena!
Por suerte para los dos, Charlie exageraba. Los filetes sólo se habían pasado un poquito pero sin llegar a quemarse y con la salsa de queso y leche que había hecho para acompañarlos quedaron deliciosos.
-¿Has hablado con René?
Hice una mueca considerando la posibilidad de mentirle.
-Eh… sí… -aguardé la siguiente pregunta inevitable.
-¿Cómo está?
"Cómo está" implicaba decirle a mi padre que estaba bien, lo que equivalía a decirle que era feliz con Phil lo que llevaba implícito el hecho de decirle que ella era feliz y que él no lo era y eso me llevaría a estar diciéndole que René era feliz porque no estaba con él.
-Ya sabes, como siempre –evadí la respuesta-. No le había contestado los últimos e-mails y estaba un poco histérica –dije tragando un bocado.
Papá hizo el amago de una sonrisa como si estuviese recordando un chiste privado que sólo le concernía a él y que, estaba segura, también tenía que ver con mamá.
-Sí, tu madre suele tener esa característica…
Observé como comía de forma lenta frunciendo el ceño. Conocía esa expresión.
-¿Qué pasa? –pregunté. Me miró-. Estás frunciendo el ceño y eso sólo significa que algo te preocupa.
-Y tú eres demasiado observadora para tu edad –me contestó. Me encogí de hombros.
-Lo sé, pero es algo que va con el paquete Bella –dije divertida-. ¿Qué es lo que te preocupa?
Charlie hizo una mueca.
-Estamos… teniendo algunos problemas –dijo finalmente después de titubear. Le miré y suspiró-. Han herido a Mark esta madrugada pasada.
Fruncí el ceño intentando hacer memoria. Mark era uno de los agentes que mejor me caían. De echo, aún tenía que darle las gracias por no haberme puesto aquella multa…
-Pero ¿se pondrá bien?
-No lo saben, está en el hospital… le apuñalaron y le perforaron el pulmón.
-Santo Dios… lo siento papá… ¿quién…
-No lo sabemos, al menos no con seguridad.
-¿No con seguridad? –bebí un poco de agua-. ¿Qué quiere decir exactamente eso?
-Hay un grupo de chicos que se dedican a hacer carreras de coches durante las noches –me confió-. No sabemos quienes son pero nos lleva a toda la policía de cabeza…
-¿Carreras de coches? –pregunté-. ¿Quieres decir como en las películas esas tan malas en las que salan adolescentes vestidos con chaquetas de cuero que corren sólo por el placer de discutir con sus padres?
-Sí, sólo que estos son de verdad –dijo Charlie.
-Lo siento –me disculpé- ¿Crees que han sido ellos los que han atacado a Mark?
-No lo sabremos hasta que nos pueda decir algo –admitió Charlie-. Hazme un favor ¿quieres? –asentí-. Hasta que sepamos qué está pasando… ¿podrías volver a llevar el spray que te di cuando viniste a vivir aquí?
-Papá… -empecé dispuesta a protestar.
-Por favor, Bella. Al menos hasta que pueda darte algunas lecciones de defensa básica. No quiero… no quiero que te pase nada.
-¿Y un spray va a salvarme de un arma blanca? –intenté parecer despreocupada pero el rostro de Charlie me indicó que él estaba realmente preocupado por que algo pudiera pasarme-. ¿Hay algo más que no me estés contando?
Suspiró frustrado.
-Ha habido un accidente. Uno de esos chicos ha perdido el control del coche y éste ha caído por una pendiente rodando durante unos cincuenta metros hasta que se ha detenido al llegar al río –lo soltó rápidamente y de carrerilla como si fuese un discurso que tuviese preparado desde hacía tiempo. No le interrumpí-. Está en el hospital, en coma –le miré esperando-. Se llama Scott Hambridge y tiene diecisiete años, Bella. Sé que es una estupidez y que…
Le interrumpí.
-Te prometo que llevaré el spray en el bolso hasta que puedas enseñarme lecciones de defensa –prometí firmemente recordando que serían necesarias después del susto que me había llevado con James.
-Asegúrate de llevarlo mañana –dijo visiblemente aliviado por mi decisión.
-¿Mañana?
-Ya sabes, cuando vayas al campo con los Cullen –dio un sorbo a su cerveza y debió de ver mi confusión en la cara-. Alice me llamó a la comisaría y me pidió que te dijese que vendrían por ti a las nueve.
-Espera papá, ¿Alice te ha llamado?
Charlie sonrió y asintió con la misma expresión sonriente que tenían todos aquellos que habían caído bajo el hechizo de la pequeña de los Cullen. Papá era uno de ellos. Desde que Alice había venido a casa la semana anterior con Emmett para que, mientras él estudiaba literatura, nosotras estudiáramos historia, Alice y Charlie parecían haber hecho buenas migas y Alice se había convertido en un nuevo ídolo para mi padre. Creo que cuando Emmett bromeó diciendo algo acerca de intercambiarnos a las dos, papá se lo pensó muy seriamente… Aunque eso sólo fue hasta que Alice dijo la cantidad de dinero que se gastaba en ropa al mes. Papá decidió que no quería intercambiarme por nadie pero eso sí, Alice era bienvenida en nuestra casa a cualquier hora y cualquier día.
-¿Bella? –le miré-. ¿Todo bien?
-Eh… yo… no voy a salir mañana con ellos –dije y antes de que pudiera decir nada más me lancé a darle una explicación acerca de los diferentes trabajos y deberes que debía entregar para el lunes.
Frunció el ceño.
-¿No había una fiesta hoy por la victoria del partido?
-¿Tú cómo sabes eso?
-Bella, esto es Forks, si te caes en la plaza, antes de que llegues a casa sabré cuando te has caído, cómo, por qué y si te has hecho algo de gravedad –dijo sonriendo. Rodé los ojos-. Entonces, ¿por qué no has…
-No me apetecía ir, papá –mentí encogiéndome de hombros y rezando porque no se diera cuenta de que estaba mintiendo.
-Bella, deberías divertirte como una chica adolescente y… no puedo creer que vaya a decir esto… deberías salir con chicos e ir a las fiestas y…
-Estoy bien, papá. Cuando me apetezca salir y divertirme lo haré –dije demasiado seca y cortante. Suspiré-. En serio, estoy bien.
Charlie asintió y ninguno de los dos dijo nada más durante el resto de la cena.
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Las risitas suaves de Alice y el siseó de Jasper indicándole que permaneciera en silencio llegó hasta mis oídos y sonreí levemente. Todo indicaba que esos dos habían pensado en continuar la fiesta de la celebración del partido a solas en el jardín y sinceramente me alegraba por ellos.
Les envidiaba. No del mismo modo en que envidiaba a Emmett y Rosalie, desde luego que aquel par eran incapaces de estar a más de medio metro de distancia si eso era posible, pero no era lo mismo. Jasper y Alice parecían haber creado un mundo propio para ellos dos y aunque de vez en cuando dejaban que los demás entrasen en él, la mayor parte del tiempo permanecían aislados de todo lo que ocurría a su alrededor. Parecían capaces de hablar sin decírselo todo, haciendo gala de una complicidad que pocas veces había visto.
Me alejé de la ventana cuando les vi sentarse en una de las hamacas que Emmett y Jasper habían colocado entre dos árboles para dormir en las noches de verano sintiéndome como un intruso y teniendo la certeza de que aquel momento les pertenecía únicamente a ellos dos.
Pulsé la tecla del reproductor en el equipo de música y la suave melodía clásica inundó mi habitación y mis oídos. Me dejé caer sobre la cama y cerré los ojos suspirando dejando que la música me relajase mientras me preguntaba qué era lo que pasaba. Qué era lo que me pasaba.
Era viernes noche y acababa de dejar una fiesta en pleno apogeo porque no me apetecía estar allí. ¿En qué diablos estaba pensando? Suspiré profundamente dejando que la música me calmara mientras intentaba analizarlo todo.
Había vuelto a casa porque no me encontraba bien en la fiesta. No era la primera vez que me pasaba, desde luego. Pero nunca el deseo de escapar de ellas había sido tan… fuerte. Me senté en la cama de golpe. La música clásica no parecía estar ayudándome demasiado. Me froté la cara con energía y me levanté para salir de mi cuarto y bajar las escaleras hacia el piso inferior, descalzo, para no hacer ruido y despertar a Carlisle y Esme.
La sala donde estaba el piano estaba tan silenciosa como siempre. Descorrí las cortinas para que la luz de la luna entrase por las altas cristaleras y sin encender siquiera una lámpara me senté en la banqueta frente al piano, coloqué las manos en las teclas adecuadas y dejé que la música llenase la habitación insonorizada. Era mi válvula de escape. Cuando estaba nervioso o estresado cogía la pelota de baloncesto y salía a entrenar durante horas sin notar el cansancio en mi cuerpo; cuando estaba confuso me sentaba durante horas delante de mi piano y todos en casa sabían que en esos momentos no existía nada más para mí que mi música. Mi válvula de escape.
No recuerdo durante cuánto tiempo toqué. Nunca lo recuerdo. Suelo perderme tanto en la música que Emmett siempre bromea diciendo que en esos momentos podría estallar una bomba y yo seguiría sin inmutarme. Siempre sonrío cuando me dice eso pero ambos sabes que está en lo cierto y contrariamente a lo que se pudiera pensar, no me asusta perderme tanto en algo.
Las últimas notas de una melodía que había compuesto hacía meses flotaron en el aire mientras el eco del piano desaparecía. Unas leves palmadas hicieron que me girara. Esme estaba en el entrada, sin atravesar la puerta, recargada contra el marco de la misma y vestida con un pijama blanco que contrastaba con su cabello largo del color del caramelo. Me miraba y sonreía orgullosa.
-¿Puedo entrar? –asentí con la cabeza-. Es preciosa… Nunca te había oído tocarla –su voz sonaba susurrante.
-Lo siento, ¿te he despertado?
Esme negó con la cabeza mientras se deslizaba con gracia innata a mi lado en la banqueta del piano.
-Nunca duermo hasta que no estáis todos en casa –le confesó con una media sonrisa-. ¿Qué madre podría hacerlo?
Sonreí. Para ella éramos sus hijos. Siempre lo habíamos sido y siempre lo seríamos. Cuando Rosalie cumplió los doce años dijo que quería saber quiénes eran sus padres biológicos y todos temimos la reacción de Carlisle y Esme. Cualquier otra pareja en su lugar hubiera gritado, hubiera chantajeado a Rosalie o incluso hubiese mentido… Pero ellos no. Carlisle y Esme habían llevado a Rosalie hasta Francia, lugar donde había nacido y donde aún vivían sus padres biológicos. Y cuando éstos dijeron claramente que la habían dado en adopción porque no la querían, Esme y Carlisle estuvieron allí para ella, la abrazaron, besaron y consolaron hasta que a Rosalie ya no le quedaron más lágrimas por derramar. Y cuando llegaron a casa, la misma noche de su regreso, Emmett, Jasper y yo bajamos al salón los colchones de nuestras camas mientras Alice y Esme preparaban chocolate caliente. Aquella noche dormimos todos juntos en el salón apoyándola, abrazándola, queriéndola…
A veces me pregunto si el hecho de que Rosalie sólo se permita ser ella misma cuando estamos en casa tiene algo que ver con aquella noche y no me sorprendo cuando me encuentro respondiéndome a mí que seguramente sí.
-Bueno…¿vas a contarme qué es lo que ocurre? –me preguntó-. Hacía mucho tiempo que no bajabas en medio de la noche para tocar.
-Hacía mucho que no lo necesitaba –le contesté. Me miraba con preocupación y le sonreí para tranquilizarla-. No pasa nada, estoy bien –mentí con facilidad-. Sólo estoy un poco cansado.
-¿Por eso has venido antes de que la fiesta terminara?
-¿Cómo sabes que…
-Emmett y Rose aún no han llegado –enarcó ambas cejas y reí suavemente ante su percepción.
-Había demasiada gente –me encogí de hombros.
-¿En serio? –sonrió-. ¿Y desde cuando eso es un impedimento para ti?
Suspiré.
-Edward, mírame.
Sus ojos de un suave castaño claro atraparon mi mirada. Dulce y suavidad. Eso era lo que indicaba su mirada. La mirada de una madre, de la única madre que en realidad había conocido alguna vez.
-¿Qué es lo que te preocupa?
-Esta tarde… he hecho daño a alguien y… -deseché el resto del comentario con un ademán de la mano-… y me siento un completo idiota por no haberme dado cuenta de ello.
-¿Lo has hecho a propósito? –preguntó Esme.
-¡No! –casi grité. Esme arqueó una ceja-. Jamás le haría daño… y eso es parte del problema… Debería mantenerme alejado de ella y… y no puedo…
-Dime una cosa, ¿es una chica? –asentí ligeramente mirando a Esme sin ruborizarme ni sentir vergüenza por hablar de ello-. Y por el modo en que estás tocando debo deducir que es una chica importante para ti, ¿verdad?
-No lo sé… pero sí, podría convertirse en una chica muy importante para mí –confesé.
-¿Y crees que si te mantienes alejado de ella, hiriéndola, vas a conseguir no herirla? –enarcó una ceja de forma divertida-. De verdad, Edward, a veces tu lógica no tiene sentido –añadió riendo entre dientes.
-Genial… justo lo que necesitaba escuchar, Esme –sonreí con sarcasmo.
-Sólo bromeada –aseguró ella sonriendo dulcemente-. Edward… no puedes alejar a la gente de ti sólo por temor a hacerle daño. No es justo ni para ella ni para ti.
-No lo entiendes, Esme –le dije-, cuando estoy con ella… quiero que todo sea perfecto, yo quiero ser prefecto para ella, por ella y a veces, a veces ni siquiera sé quién diablos soy.
-Edward –atrapó mi cara con sus manos y me miró conozco a todos y a cada uno de vosotros –dijo-. Incluso cuando vosotros os perdéis, yo sé dónde estáis –me acarició la mejilla-, yo sé quiénes sois. Todo el mundo cambia a lo largo de los años y el hombre en el que te estás convirtiendo y en el que te convertirás, será el fruto de esos cambios y de la suma de todas las experiencias de tu vida. Nunca tengas miedo a perderte Edward, ni tengas miedo de no saber quién eres… jamás tengas miedo de eso, porque yo siempre voy a estar ahí para tenderte la mano cuando necesites encontrar el camino de vuelta.
-¿Cómo es que siempre sabes qué decir?
Esme me sonrió con la picardía de una niña pequeña pillada haciendo una travesura.
-Es que veo muchas series de televisión –me confesó en un susurro. Reí abiertamente y ella me acompañó-. Bueno, ¿necesitas que te ayude en algo?
La invitación a que le contase lo que me ocurría estaba ahí, abierta, lista para que yo la aceptase y la tomase. Pero no. No podía ayudarme. No podía ayudarme nadie cuando ni siquiera yo mismo sabía qué era lo que me ocurría. Suspiré frustrado.
-Ya me has ayudado –le contesté besándola en la mejilla-. Buenas noches.
-Buenas noches Edward –se levantó de la banqueta y escuché sus pasos atravesando la habitación –se detuvo un segundo en la puerta-. ¿Es inteligente?
-Lo es –sonreí.
-Entonces no se alejará de ti aunque lo intentes –me sonrió de vuelta-. Así que… ¿por qué estás sufriendo?
Me dejó solo. Sus palabras flotando aún en la habitación. Seguí tocando durante unos minutos más y cuando dejé la sala con el piano blanco en silencio, seguía tan confuso como antes o incluso más.
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Bueno, pues esto es todo por hoy… Sé que la escena de Edward besando a Lauren no os ha gustado… la verdad es que no sé cómo se ha colado Lauren de esa forma, no pretendía hacerlo, en serio… solo… solo ha pasado… (cuando yo digo que los personajes tienen vida propia, hablo en serio, lo véis?? ¬¬)
Bueno, la escena del partido… ¿qué tal ha quedado? Se me ha hecho muy difícil escribirla… Mi hermano pequeño ha jugado a baloncesto durante muchos años y por eso se me ocurrió meter este deporte, porque es el que más conozco y el que más me gusta, pero a la hora de describirlo… no sé cómo me ha quedado… ¿qué os parece?
Antes de que se me olvide, me han dicho que ponga en el fic cuando habla cada personaje pero la verdad es que no me gusta ponerlo, así que para los que os liáis, os dejo esta nota: el capítulo tiene diferentes escenas y están alternadas, es decir, una escena es desde el punto de vista de Edward y la siguiente es desde el punto de vista de Bella y la siguiente de Edward y la siguiente de Bella y así hasta el final del capítulo, vale?
Bueno, ya sabéis… no os asustéis pero han sido diecisiete páginas de word!!! En serio, creía que el capítulo no se acababa nunca…
Bueno, pues sed felices y dejadme vuestros reviews ok?
Un besito para todos y no olvidéis que "la belleza está en los ojos de quien mira"
Nos leemos pronto!!!
