Hola a todos!!! Que tal estáis?? Bueno, os dejo un nuevo capítulo del fic para que paséis un ratito entretenido ¿vale? Pero antes que nada, un agradecimiento a todos aquellos que habéis dejado vuestro review en el fic, así que muchas gracias a:

Escorpiotnf, Elena Swan, malicullen05, flowersswan, misscullen9, prisgpe, abril, disastro, miriam, Noemí potter, leblancish, carmenlr, new-sexy-vampire, anfitrite, ammyriddle, peritha12, deniziithaw, margara, biankismasen, amateratzu, nocturnal depression, miicaa, christti, kmylita, leyla, anrresweet, inmans, kathiewych, beautifly92, nereida, ladymely, duciell, hik-y.

Ahora sí, espero que el capítulo sea de vuestro agrado, un besito y nos vemos abajo!!!

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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)

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Capítulo VII. Y ahora… ¿qué somos?

"Despertar de un sueño es algo… doloroso. Estás tranquila soñando cosas agradables, en algún lugar en el que nada malo puede pasarte, en el que sabes que todo es irreal… y de repente, tienes que abrir los ojos y volver a la realidad. Regresar al dolor, al miedo, a las personas… sólo regresar. Despertar un día sin saber si lo que te ha pasado ha sido real o soñado, es más doloroso aún.

Eso es lo que me ocurrió. Desperté con la extraña sensación de que Edward Cullen me había besado… y no sabía si era verdad o si sólo había sido un sueño… Si tan sólo había sido un sueño, todo seguiría como siempre, pero si había sido verdad, si en realidad él me había besado… ¿cómo tenía que comportarme con él entonces? Y más importante aún… ¿cómo iba a comportarse él? "

Cuando entré en la cocina, todos los ojos me miraron. Sabía por qué. Tan pronto había salido de la ducha había examinado mi rostro y había gemido en voz baja al darme cuenta de que tenía ojeras. Los ojos de Alice me siguieron mientras me sentaba junto a Emmett, tragó la cucharada de cereales que estaba comiendo y apoyó las mayos en la mesa.

-¿Por qué tienes ojeras? –preguntó.

-¿Dónde están Carlisle y Esme? –evadí la pregunta.

-Salieron temprano –contestó Rosalie de evidente buen humor después de haber ganado la noche anterior.

-¿Por qué tienes ojeras? –insistió Alice.

-Anoche estuvimos fuera hasta tarde –le recordé con sarcasmo.

-Sí, pero ninguno de nosotros tiene las ojeras que tienes tú –replicó la morena.

Resoplé mientras le lanzaba una mirada que indicaba que no hiciera más preguntas, pero cuando la chica quería saber una respuesta no parecía haber nada que la detuviese en conseguirla.

¿Qué podría haber dicho? Era imposible decir que me había pasado toda la noche tumbado en la cama pensando en el rostro de Scott en el hospital y en el rostro de Bella después de que la hubiese besado si es que a aquel pequeño roce podía llamársele beso.

-No dormí bien –dije con sarcasmo.

-No he escuchado el piano –intervino Emmett sirviéndose un par de tortitas más en el plato y regándolas con sirope de fresa.

-No he tocado el piano –gruñí.

-Siempre tocas el piano cuando no puedes dormir –insistió Emmett.

-No siempre –fruncí el ceño-. ¿O es que siempre estás atento por si me escuchas? –pregunté mordaz. Emmett enarcó una ceja, dio un mordisco a su tostada con mantequilla y mermelada de melocotón y me miró-. ¿Lo haces?

-Todos lo hacemos… -suspiró Jasper pesadamente. Les miré uno a uno-. Edward, que no quieras contar lo que te pasa no significa que no nos preocupemos por ello.

-Estupendo… El próximo día cobraré entrada ¿de acuerdo? –repuse burlón y sarcástico.

-¿Estás así por lo de Scott o por lo de Bella? –preguntó Emmett.

¡Estupendo! Para una vez que Emmett era observador y tenía que ser precisamente en aquel momento.

-¿A ti qué te parece? Scott es mi amigo y he tenido que ir al hospital y verlo tendido en una cama completamente sedado y escuchando que es más probable que muera a que viva, ¿crees que podría tener otra cara después de esa noticia? –fruncí el ceño-, Además, ¿qué pasa con Bella?

Emmett se encogió de hombros ante mi pregunta. Jasper suspiró.

-Supongo que no querrás que se entere de nada ¿no? –frunció el ceño Rosalie.

-Déjalo ya, Rosalie –demandó Alice con voz seria.

-No, quiero saber qué pasa –miré a Rosalie con el ceño fruncido.

-Muy bien, allá va. No creo que sea buena idea que siga sentándose con nosotros, ni que le de clases a Emmett ni tampoco creo que sea buena idea que tú y ella sigáis jugando al ratón y al gato.

-No estamos jugando a nada –dije aunque ni siquiera yo me creía mis propias palabras-. Y no veo por qué no puede seguir sentándose con nosotros. No sabe nada y nadie va a decirle nada.

-¿Después del rumor que hizo correr ayer? –preguntó sarcástica. Me tensé al recordarlo-. Lo dudo… Y aunque nadie le diga nada, si Jane llega a escuchar que alguien está haciendo preguntas…

-Pero no va a escucharlo ¿verdad? –Rosalie me miró enarcando una ceja ante mi amenaza implícita.

-¿Y desde cuándo te preocupas tanto por ella? Si no recuerdo mal, hasta hace poco la ignorabas completamente… Eso cuando no eras un completo estúpido con ella –añadió.

Apreté el vaso de zumo con fuerza mirándola. ¿Qué diablos le pasaba a Rosalie aquella mañana? Solía ser un poco arisca y cerrada con los demás, por supuesto, pero aquello ya se pasaba de la raya.

-¿Y a ti por qué te cae tan mal? –preguntó Jasper.

-¿De verdad esperas que te conteste a eso con el caballero andante aquí? –me señaló con la cabeza y una sonrisa burlona.

Rodé los ojos y resoplé atrayendo la atención de Alice que rió entre dientes. La fulminé con la mirada.

-En serio, cariño, es una buena chica… -Emmett miró a Jasper pero siguió hablando con Rosalie-. Deberías de haber visto el modo que consiguió que Sommers no hablara… de verdad… ¿no, Jasper?

-Sí, y sigo esperando mi respuesta –replicó Jasper.

Rosalie resopló.

-De verdad, ¿es necesario que lo aclare? Está haciendo preguntas sobre Fuego Eterno y este es mi último año. No he participado en esas malditas carreras ilegales jugándomelo todo por conseguir algo para que ahora venga una niña de Phoenix y empiece a hacer preguntas que pueden destruirlo todo –siseó. Me miró-. No deberías acercarte a ella –añadió-. Es peligroso para nosotros.

Alice, quién parecía saber mejor que nadie lo mucho que había intentado alejarme de Bella e ignorarla, carraspeó atrayendo la atención de todos.

-Lo siento Rosalie, pero no creo que tengas razón –se metió Alice-. Bella es una buena chica… Aunque se enterase de algo no creo que lo dijera y además…

-Tú no lo entiendes, aún no estás en tu último curso –le contestó Rosalie-. Si Fuego Eterno cae, todos nos iremos a la mierda –le espetó-. No estoy dispuesta a sacrificarlo todo y perderlo por una niñita caprichosa que está aburrida y ha decidido jugar a detectives.

-Mala suerte –chasqueé la lengua-. No puedo mantenerme lejos de ella –dije en voz alta.

Todos me miraron. Sabían qué era lo que quería decir con aquella declaración. Los nudillos de Rosalie se volvieron blancos cuando apretaron el tenedor con demasiada fuerza. Luego lo arrojó a la mesa, se levantó de la silla y salió de la cocina airadamente. Jasper miró a Alice que seguía mirando la puerta como si no pudiese creer que Rosalie pudiera llegar a decir algo así. Emmett terminó su vaso de leche y se levantó.

-Lo siento –se disculpó mirándome-, hablaré con ella, Edward. En cuanto a Bella…

-¿Qué? –increpé-.¿También tú crees que es buena idea que la deje de una vez por todas? Si os satisface incluso me cambiaré de instituto para no estar en la misma habitación que Bella –añadí sarcástico.

Emmett frunció el ceño.

-Iba a decir que me parece bien –le miré sorprendido-. ¿Qué? Me gusta Bella… -se defendió saliendo de la cocina.

-Yo… voy a buscar los libros –se despidió Alice saliendo de la estancia.

Cuando sus pasitos rápidos y alterados desaparecieron en lo alto de la escalera, me giré hacia Jasper que me estaba mirando sonriente.

-¿Qué? –pregunté -¿También vas a decirme que me mantenga alejado de ella?

-No, sólo creí que te interesaría saber que sigue libre para el baile –le miré-. Bueno, y también creí que te interesaría saber lo que he visto y escuchado.

-¿Qué pasa? –pregunté esperando.

-Mike le ha pedido a Bella que fuera al baile con ella.

-¿Newton le ha pedido ir al baile? –pregunté frunciendo el ceño.

No sabía qué era lo que me gustaba menos: el hecho de que alguien le hubiese pedido a Bella ir al baile o que la idea de verla en el baile con ora persona que no fuera yo no me gustara en absoluto.

-Sí, y también se lo ha pedido Tyler y además…

-¿Qué? –pregunté.

-También Jack –me informó-. Aunque creo que Jack aún no ha tenido tiempo de hacerlo –añadió como si aquello fuera a tranquilizarme.

Giré el cuello tan rápido que creo que escuché como las vértebras crujían. Jasper me miraba con las manos alzadas en señal de defensa.

-No mates al mensajero –me dijo-. Te digo lo que he escuchado en los vestuarios y en los pasillos. Y por si te sirve de algo, ha rechazado a los dos.

Suspiré aliviado y me maldije por dejar que Jasper viera cómo me afectaba la decisión de Bella de darle calabazas a los dos chicos.

-¡Chicos, llegaremos tarde! –gritó Alice pasando por delante de nosotros como un torbellino en dirección a la puerta.

Jasper y yo nos levantamos de la mesa y caminamos despacio hacia fuera. Me detuve y miré a Jasper.

-¿De verdad creías que me interesaría saber que Bella sigue libre para el baile? –pregunté burlón.

Resopló.

-Bueno, Alice cree que te interesaría saber que sigue libre para el baile –rectificó.

Reí entre dientes.

-Eso ya tiene más sentido… ¿Está intentando hacer de celestina? –pregunté burlón.

-No lo sé, ¿necesita hacerlo?

Sacudí la cabeza rehusando contestar. No lo sabía con certeza.

-Marchaos con Emmett, tengo que hacer un par de cosas antes de ir al instituto.

-¿Ese par de cosas incluye algo relacionado con Bella?

Arqueé una ceja pero no contesté. Jasper no rió como hubiese hecho Emmett, ni resopló como hubiera hecho Rosalie ni me miró de forma calculadora como habría hecho Alice. Se limitó a asentir y a sonreír con aquella sonrisa que implicaba que sabía un secreto.

Sonreí de vuelta. En aquella familia parecía imposible tener secretos.

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Cuando desperté aquella mañana parpadeé varias veces y tuve que esperar unos segundos para que mi cabeza pudiese ser capaz de distinguir lo que era verdad de lo que no. El pequeño beso de Edward aún seguía muy presente y estaba en esa barrera entre lo irreal y lo real y yo no estaba segura de poder ser capaz de clasificarlo en un lado o en otro. Me había besado… y me había gustado pero luego… Luego había sonado su teléfono y él se había ido y no habíamos… ¿Qué iba a decirle cuando le viera hoy? Y peor aún… ¿cómo iba a comportarme con él si ni siquiera sabía qué decirle? Me hundí en la cama y cubrí mi rostro con la almohada en un gesto de frustración.

¡Maldita llamada de teléfono! Por su culpa estaba tan completamente confusa y no tenía ni idea de en qué punto estábamos Edward y yo si es que estábamos en algún punto, que tampoco lo sabía. Refunfuñé mientras me duchaba y me vestía y continué refunfuñando mientras desayunaba algo rápido, y aún seguía refunfuñando cuando salí de casa y vi el tiempo que hacía.

Había llovido y el suelo estaba mojado y resbaladizo. ¡Justo lo que una patosa como yo necesitaba para dar un paso en falso y partirse la crisma! Iba tan ensimismada intentando no resbalar con los escalones de la entrada que no le vi hasta que no me llamó la atención cuando estaba a punto de subir a mi camioneta.

-Buenos días –dijo.

Me congelé en el lugar y giré mi cuello rápido para verle. Parpadeé sin saber si la visión de él recostado contra la puerta del copiloto de su coche era real o si seguía soñando. Me sonrió a medias y sus ojos brillaron con fuerza.

-Buenos días –le contesté acercándome-. ¿Te has perdido o algo así? –bromeé intentando ocultar mi confusión de verle allí tan temprano.

-Algo así –concedió él.

Miré el interior del coche a través de los cristales, vacío.

-¿Y tus hermanos?

-No quería que llegasen tarde por mi culpa –dijo-. He visto que todo estaba mojado y he pensado que quizá las ruedas de tu camioneta no estuviesen listas para esa carretera –señaló con la cabeza el pavimento en cuestión-. Pero veo que me equivoqué.

Miré las ruedas de mi propia camioneta y sonreí al ver que eran nuevas.

-Ehmm… Charlie debe de haberlas cambiado antes de irse –dije con una media sonrisa.

-Entonces supongo que no necesitas que te lleve –ladeó la cabeza de forma pensativa y con una media sonrisa calculadora-. ¿O sí?

Sin perder su sonrisa, se apartó del coche, abrió la puerta del copiloto y esperó pacientemente a que dijera o hiciera algo. Agaché la cabeza y la alcé de nuevo mirándole, una tonta sonrisa dibujándose en mi rostro. Cerré la puerta de la camioneta y caminé hasta él y el volvo, me ayudó a subir y esperó a que estuviese bien sentada para cerrar la puerta.

-Gracias –me dijo.

-No me gustaría que hubieras hecho un viaje en vano –contesté sonriendo para ocultar mis nervios.

Permanecimos en silencio mientras él conducía por la carretera. La música apagada, las ventanillas a medio subir, el silencio reinando entre nosotros. Me gustaba ese silencio… no era incómodo, al contrario. Hacía poco tiempo que conocía a Edward y con él era posible permanecer callada sin tener que llenar el vacío con palabras tontas o frases estúpidas y sin sentido… con él, era posible disfrutar del silencio. Me pregunté qué diablos hacía alguien como Edward conmigo, qué diablos hacía alguien como él que podría tener y que tenía a cientos de chicas a su alrededor, conmigo… Parecía algo completamente fuera de lugar y me encontré a mí misma preguntándome si aquello era cierto o si aún estaba soñando.

-Vale, ¿qué es lo que estás pensando que te mantiene tan seria? –preguntó entonces.

Parpadeé. Sus ojos estaban fijos en la carretera y de vez en cuando miraba el espejo retrovisor. No me había dado cuenta de que él se había fijado en mí.

-Estaba pensando en que como no bajes la velocidad a lo mejor no tengo que preocuparme por el próximo examen de matemáticas –dije siendo completamente sincera después de ver el velocímetro.

Edward me miró incrédulo y luego lanzó una carcajada que nada tenía que ver con la risa estrepitosa que acompañaba al humor de Emmett.

-¿Qué?

-Nada –contestó aún riendo.

-¿Qué? –insistí.

-Es que… encuentro fascinante que cada vez que creo saber en lo que estás pensando o que creo saber qué vas a decir a continuación, tú hablas de un tema completamente opuesto al que me imaginaba… -rió.

-¿Y en qué se supone que debería de estar pensando? –pregunté-. No es como si de repente tuviese que decirte que las gallinas tardan diecinueve días para poner doce huevos o que en Bucarest hay un porcentaje de cuatro ratas por persona o que el elefante es el único animal que…

-… que no puede saltar –dijo él mirándome de reojo-. Y contestando a tu pregunta, creía que ibas a contestar que estabas pensando en el beso de ayer –dijo de forma casual y completamente neutral como si estuviera comentado el clima.

Me callé. No supe que decir. Él rió al parecer satisfecho al ver que mis mejillas se ruborizaban y me llamé a mí misma tonta por haberme recogido el cabello en una coleta en lugar de llevarlo suelto para poder colocarlo sobre mi hombro y poder ocultar mi sonrojo.

-¿Cómo lo sabías? –pregunté incrédula cambiando de tema. Me miró y sonrió indicándome que se había dado cuenta de que intentaba llevar la conversación a otro punto; para mi gratitud eterna, lo permitió-. Lo del elefante, quiero decir, creía que era la única que sabía cosas tontas que nunca me servirán para nada más que para hacer crucigramas.

Se encogió de hombros.

-¿Qué quieres que te diga? Me gusta tener la cabeza llena de datos inútiles. ¿Sabías que los osos polares son diestros?

Le miré. ¿Me estaba retando a preguntas y datos inútiles? Carraspeé.

-Sí, tanto como que las personas diestras viven nueve años más que las personas zurdas.

-De acuerdo, pero a que no sabías que el cero es el único número que…

-… no puede representarse con números romanos –terminé la frase por él.

-Genial… No dejes que Emmett se entere de esto o nos estará gastando bromas hasta el próximo año –dijo burlón.

Esperé unos segundos y luego me armé de valor.

-En que esto es irreal –dije susurrante.

-¿Qué?

-En eso estaba pensando… en que esto es… es irreal… -susurré de nuevo.

Salió de la carretera y paró en un aparcamiento. Se giró y me miró.

-¿Qué es irreal? –preguntó con suavidad.

-Esto… -le señalé a él y luego a mí y luego a él otra vez, incapaz de dejar mis manos quietas-… tú y yo… quiero decir… no es… -carraspeé-… los chicos como tú no se preocupan por chicas como yo ni las recogen en sus coches para ir a clase ni tampoco les dicen que son fascinantes… Hay cientos de chicas que me dan mil vueltas y tú… por algo que no alcanzo a comprender, pareces interesado en… -sonreí nerviosamente-… en llevarme a clase en coche y…

-Aún no lo entiendes ¿verdad? –dijo suavemente interrumpiéndome.

-¿Qué?

-Aún eres incapaz de verte a ti misma… -le miré confusa-. Bella, tú eres quien le da a esas chicas mil vueltas… Estoy cansado de ellas, cansado de que sólo vean en mí a una cara bonita y un buen cuerpo… estoy cansado de que me traten como si fuera un trofeo sin ningún tipo de sentimientos…

-¿Y cómo sabes que yo no lo hago?

Colocó su mano en mi rostro y con tranquilidad acarició mi mejilla con la yema de sus dedos de una forma suave y ligera, apenas un toque sobre mi piel.

-¿Lo haces? –cuestionó. Negué con la cabeza, incapaz de hablar-. Y yo confío en eso…

Me soltó y con una sonrisa volvió a arrancar el motor del coche. Acaricié la mejilla allí donde me había tocado y noté en ella el calor de su mano.

-Edward –llamé.

-¿Sí?

Titubeé y me sonrojé furiosamente cuando me miró de reojo. Esperé a que volviera a mirar hacia la carretera.

-Eres más que una cara bonita y un cuerpo irresistible –declaré utilizando sus palabras.

Por unos segundos pareció completamente fuera de juego, incapaz de asimilar lo que acababa de decirle, incapaz de comprender lo que quería decirle. Luego, lentamente sonrió y en sus ojos brilló algo parecido al agradecimiento y al entendimiento de sus propias palabras y de las mías. Edward me miró de soslayo, ladeó su sonrisa y un brillo burlón apareció en sus ojos claros.

Soltó una mano del volante y con la seguridad y el aplomo que a mí me faltaban en aquellos momento, tomó la mía que descansaba sobre mi regazo. Atontada vi como estiraba mi mano hacia él y por unos segundos me sentí como una de esas damas del siglo pasado que son cortejadas por sus pretendientes. Nunca antes me habían cortejado… me gustó esa sensación…

-Gracias por verlo así –dijo simplemente.

Besó los nudillos de mi mano y rió entre dientes al notar la forma en que me estremecí. No soltó mi mano sino que entrelazó sus dedos con los míos y pareció satisfecho cuando dejé ambas manos unidas sobre mi regazo.

Me quedé helada en el asiento durante un par de minutos. ¿Qué estaba haciendo? Habíamos hablado pero no… ¿qué éramos? Nuestra relación, si es que había alguna, no se había definido… ¿qué éramos Edward y yo? Su voz suave me sacó de mis pensamientos.

-Bella…

-¿Qué?

-Irresistible ¿eh? –preguntó burlón.

Me sonrojé furiosamente y estaba a punto de decirle algo cuando su mano empezó a acariciar la mía. Reí suavemente. Era imposible estar enfadada con Edward Cullen durante demasiado tiempo.

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Rosalie seguía callada. Al menos eso lo respetaba. La había alcanzado en los pasillos durante un cambio de clase y había hablado con ella. No estaba contenta ni tampoco quería entenderlo ni dar su brazo a torcer, pero respetaba que quisiera que Bella formara parte de mi vida. Emmett intentaba meterla en la conversación pero ella no estaba por la labor. No me importaba demasiado. Le había preguntado qué le ocurría con Bella y no me había contestado, no estaba dispuesto a preguntárselo más. Alice y Emmett estaban discutiendo bromeando como siempre, Jasper se limitaba a mirarles y sonreír y Bella… estaba concentrada en su comida, callada y con el rostro bajo.

-Estoy seguro de que cuando el señor Carter dijo que había cierta alumna en el instituto que si hubiese estado en la Primera Guerra Mundial, ésta hubiese creído que para terminarla sólo serían necesarias varias sonrisas y un picnic, estaba hablando de ti –bromeó.

-¡Eso no es cierto! Si no fuera porque Bella no estaba en clase le pediría que dijese lo que el profesor de historia ha dicho sobre mí y no es precisamente…

Dejé de escuchar lo que decían para bajar la voz y mirar a Bella.

-¿Por qué no estabas en clase de historia? –le pregunté sólo a ella.

-Yo… tuve que ir a hablar con el profesor de matemáticas… al parecer hay un problema con mi último examen de trigonometría y... –negó con la cabeza-… nada importante.

Estaba a punto de preguntarle qué le ocurría cuando alguien nos interrumpió.

-Ehm… ¿Bella? –todos alzamos los ojos hacia Jack-. ¿Puedo hablar contigo un minuto?

-Bueno, yo… -titubeó-. Sí, claro… Disculpadme por favor –se levantó de la silla y acompañó a Jack hasta una de las esquinas de la cafetería. Les miré con el ceño fruncido.

-¿Edward? –preguntó Alice -¿Te ha dicho Jasper que Jack pensaba invitar a Bella al baile de…

No le di tiempo a decir nada más. Ignoré la risa de Emmett y el resoplido de Rosalie y me acerqué hasta Bella y Jack a tiempo para escuchar el último comentario.

-…baile conmigo…

-Lo siento, pero no voy a ir al baile –contestó Bella mirándome cuando me acerqué hasta ellos.

Jack me miró unos segundos pero volvió a prestar atención a Bella sin registrar que el hecho de que me hubiese puesto junto a ella pudiese significar algo.

-¿No vas a ir al baile? –preguntó hundiendo los hombros.

-Sí va a ir al baile –contesté por ella.

-¿Voy a ir al baile? –preguntó confusa.

-Sí –miré a Jack-. Y ya tiene pareja Jack –añadí con voz baja.

Jack era un chico inteligente, siempre lo había sabido. Supongo que por eso comprendió el mensaje implícito de mis palabras o tal vez fue la forma en que lo miré que dio un paso atrás y alzó las manos en señal de rendición.

-Ya veo –dijo , en otra ocasión será –añadió con cierto tono de pesar-. Nos vemos en clase.

Bella se giró para mirarme.

-¿Voy a ir al baile?

-Sí.

-¿Y ya tengo pareja?

-Ajá –confirmé.

-No recuerdo haber dicho a nadie que iba a ir al baile…

La miré y sonreí al darme cuenta de que hablaba en serio. ¿Se podía ser más inocente?

-Bella, vas a ir al baile conmigo –le dije. Enarcó una ceja y me miró-. Por favor –añadí con voz de niño bueno.

-¿Quieres ir al baile conmigo? –preguntó comprendiendo -. ¿Te has dado un golpe o algo así? Porque tengo que advertirte que si apenas puedo caminar sin tropezar, llevarme a un baile puede ser algo absolutamente desastroso y…

-Quiero ir contigo –la interrumpí.

Suspiró derrotada como si acabara de perder la guerra. En lugar de contestarme, caminó hacia la mesa con el gesto aún confuso. Se sentó y miró a Jasper.

-¿Sabes que tu hermano es un amante de los deportes de riesgo?

Rosalie me fulminó con la mirada y sus manos que sostenían un envase de yogur de plátano estuvo a punto de romperse. Negué con la cabeza cuando los demás me miraron de forma sorprendida y sólo Alice pareció decepcionada cuando comprendieron que no le había dicho nada sobre Fuego Eterno y que Bella se estaba refiriendo a otra cosa completamente diferente.

-Se refiere a que le he pedido que vaya al baile conmigo –pregunté sentándome de nuevo a su lado-. ¿Eso es un sí?

-Ahora entiendo lo de los deportes de riesgo –rió Emmett-. No te preocupes Bella, Edward tiene unos bonitos zapatos con puntera reforzada, así que aunque le pises y…

Bella bajó la cabeza de forma avergonzada.

-Emmett –dijo Jasper simplemente como advertencia.

Si Bella hubiese levantado la cabeza se hubiese dado cuenta de que Jasper había cabeceado en dirección a ella. Emmett se metió algunas patatas fritas en la boca para no decir por error nada que pudiese avergonzar a la chica aún más.

-Entonces… ¿qué es eso de las matemáticas? –pregunté en voz alta.

-Uhmm… nada –contestó rápidamente.

-¿Nada? –Jasper sonrió divertido-. Bella eres una mentirosa terrible. Emmett debería darte clases.

-¡Eh, yo no miento! –protestó Emmett.

-Vale, estábamos hablando de Bella –interrumpió a Alice antes de que Rosalie estuviese a punto de empezar a rebatir el comentario de Emmett con lo que sin duda serían una multitud de ejemplos-. Así que… ¿qué pasa con tus matemáticas?

-Nada. Absolutamente nad…

-Bella, eres malísima con los números –contestó Jasper por ella.

-¿En serio? –pregunté. Me miró y asintió sin decir nada-. Yo creía que te iban bien todas las asignaturas.

Pareció avergonzada mientras jugaba con el tapón de la botella enroscándolo y desenroscándolo del refresco que tenía delante.

-La trigonometría es mi literatura de Emmett –contestó resoplando.

-¡Oh, Edward puede ayudarte en eso, es bueno con los números!

Me miró y enarcó una ceja ante la declaración de Emmett.

-¿Por qué no me sorprende que el chico maravilla lo sepa hacer todo bien? –refunfuñó.

Reí entre dientes por su murmullo y cuando Rosalie me miró simulé que era un ataque de tos para evitar avergonzar más a Bella.

-¡Tengo una idea, tengo una idea, tengo una idea! –batió las palmas Alice dando un saltito en su silla.

Le coloqué la mano en el hombro para que se estuviera quieta.

-Quieta, saltamontes –le dije.

-¿Queremos escucharla? –preguntó Rosalie con sarcasmo.

-¡Rosalie Cullen, ¿qué quieres decir con eso?! –preguntó Alice con el ceño fruncido.

-Cariño, en esto tengo que estar de acuerdo con Rosalie –intervino Jasper-. Cada vez que dices "tengo una idea" uno de nosotros acaba castigado por algo y a veces, todos terminamos castigados –dijo divertido.

-Esta es buena y Carlisle y Esme no podrán poner ningún tipo de pega.

Suspiré derrotado. Cuando Alice hablaba tan convencida de algo era imposible esperar que simplemente se le olvidara.

-De acuerdo, ¿qué idea es esa Alice? –pregunté.

-Sólo espero que no tenga nada que ver con ningún avión y ningún viaje a Italia… -murmuró Emmett.

Casi reí al ver el rostro de Bella ante las palabras de Emmett. Me miró asustada al ver que ninguno parecía demasiado sorprendido por lo que él había dicho. Me arriesgué y acaricié su hombro con la punta de mis dedos sonriendo al notar como sus ojos parecían perder un poco de miedo… Quizá ni siquiera se dio cuenta de que la había acariciado. Mientras los demás discutían sobre Italia, coches y demás, incliné mi cabeza hacia ella y acerqué mis labios a su oído, intentando ignorar el olor a fresas que desprendía su cabello.

-Tranquila, te prometo que no dejaré que nos saque del continente.

Carraspeó y estiró el cuello hacia mi propio oído. Incliné el cuello para facilitarle la acción.

-¿Insinúas que dejarás que nos saque del país?

Contuve una carcajada.

-No lo sé, ¿cómo tienes tu pasaporte? –le pregunté en otro susurro. Me miró y al ver mi sonrisa burlona comprendió que bromeaba. Sonrió a medias.

-¡Eh, parejita! –nos llamó Emmett haciendo que Bella se ruborizara completamente. Le fulminé con la mirada pero rió entre dientes, al parecer no demasiado impresionado con mi mirada-. ¿Habéis oído algo de lo que hemos dicho?

-Honestamente, Emmett… -Jasper rodó los ojos-… tienes el don de la inoportunidad.

Bella se sonrojó aún más, ¿era posible adquirir tantos tonos de rojo en el rostro?

-Lo siento Alice, distraje a Bella. ¿Cuál es tu idea?

-¡Vamos a tener una sesión de estudio en casa! –gritó emocionada-. Tú ayudas a Bella con las matemáticas, ella ayudará a Emmett con literatura, Emmett ayudará a Rosalie con los ejercicios prácticos de gimnasia, Rosalie ayudará a Jasper con biología, mi chico me ayudará a mí con historia y todos contentos. Y de paso –añadió antes de que ni Bella ni yo pudiéramos decir nada-, Carlisle y Esme conocerán a Bella.

Vale, tenía que admitir que por una vez parecía que una idea de Alice no podía fallar ni transformarse en nada ilegal. Miré a Bella.

-¿Qué te parece? –pregunté en un susurro. No quería que en caso de no apetecerle se sintiera puesta en un compromiso-. ¿Quieres ir a mi casa esta tarde?

-Eh… yo… ¿lo hablamos luego? Tengo que ir a llevar unas cosas al periódico y…

Apenas asentí cuando Bella se levantó con una sonrisa de disculpa dedicaba a todos y tomando sus libros salió de la cafetería. Me la quedé mirando hasta que Emmett me arrojó un trozo de pan que me golpeó en la frente; le miré mal.

-¿Qué le has dicho para asustarla y hacer que salga corriendo? –preguntó.

-Hazme un favor Emmett –dije sonriendo-. Muérete ¿quieres?

Emmett lanzó una sonora carcajada y mientras empezábamos a discutir apenas registré que Rosalie se levantó de la mesa.

-¡Eh, Cullen! –los cuatro nos giramos para ver a Laurent y James caminar hacia nosotros con idénticas sonrisas de depredadores. En un gesto imperceptible para casi todos, Alice se acercó más a Jasper y éste colocó una mano protectora alrededor de su cintura-. ¿Habéis estado en el periódico últimamente? Me han dicho que la decoración ha cambiado un poco.

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Sólo había tres llaves a parte de la maestra que la tenía el director que servían para abrir la puerta del periódico. Una la tenía Eric, la otra la tenía Jordan y la tercera me la habían cedido a mí por ser la que pasaba mayor tiempo allí que otros. Por eso me extrañó cuando metí la llave en la cerradura y ésta se abrió incluso antes de que la girara. Ni Eric ni Jordan dejaban la puerta abierta nunca… Ángela había bromeado una vez con respecto a ello y había llegado a decir que a incluso si se declarar un incendio en el instituto, ninguno de los dos sería capaz de olvidar cerrar la puerta.

-¡Hey, Swan!

-Chicas… -reconocí a Tanya, Lauren y Victoria que se acercaban hasta mí con una sonrisa falsa-. ¿Qué os trae por aquí?

Siendo completamente sincera me moría de curiosidad por saberlo; en aquella parte del instituto sólo estaba la biblioteca, la sala de profesores y algunos de sus despachos y el periódico y ninguna de las tres parecía demasiado interesada en ninguno de lo espacios que había allí.

-Hemos oído que Cullen y tú vais a ir juntos al baile –dijo Lauren echando fuego por los ojos.

-Vaya, las noticias vuelan –dije sarcástica.

-¿Es cierto o no? –insistió en preguntar Tanya.

-Eh… bueno, sí ¿Es eso un problema?

Los ojos de Lauren se volvieron de un color más oscuro como si estuviese reuniendo fuerzas de algún lugar para preparar alguna tormenta… De verdad que esa chica podía llegar a ser realmente molesta y el hecho de recordar cómo había besado a Edward tras el último partido no creía que fuese a hacer que mi relación con ella fuese más sencilla.

-Sí, es un problema –dijo Lauren-. No puedes ir al baile con Edward Cullen, él tiene que ir conmigo –dijo acentuando el verbo.

La miré enarcando una ceja.

-La última vez que hablé con él no me dijo nada de eso –le contesté de forma tranquila-, y además fue él quien mencionó el baile, así que sería mejor que lo hablaras con él en vez de conmigo ¿no te parece?

-¡Edward es mío! –gritó como una niña de cinco años a punto de tener un berrinche.

El golpecito que le dio al pie con sus ridículos zapatos más propios para caerse que para caminar fue el toque final. Me tuve que morder el labio para no reírme.

-No recuerdo haber visto tu nombre escrito en él.

-Eso es porque no has mirado bien –comentó Victoria con cierta mirada acusatoria-, aunque él no quería, Lauren lo convenció para que se tatuara su nombre en el m…

-Ella no tiene por qué saber eso –siseó Lauren cortándola-. Aunque me alegra saber que no lo sepas.

Me crucé de brazos completamente convencida de que Lauren mentía. No creía que nadie fuese capaz de hacer que Edward hiciera algo que no quería hacer, ni siquiera intentando convencerle del modo en que había sugerido de forma lasciva Lauren. ¿De verdad creía que me iba a creer algo así?

-Si estás esperando una reacción por mi parte, pierdes el tiempo –le dije-, no suelo caer tan fácilmente en las mentiras y trampas que me ponen –la miré-, por muy buenas que éstas sean, tengo que reconocerlo.

-Entonces, ¿le dirás a Edward que tiene que ir conmigo al baile? –preguntó con una sonrisa satisfecha en el rostro.

-No.

Fue sólo utilizar esa palabra y su sonrisa se borró substituyéndola por una mueca de enfado bastante grotesca, sinceramente.

-Mira, entiendo que siendo nueva y todo eso no entiendas las reglas pero deberías saber algo: Edward Cullen es mío. Lo decidí desde el primer momento en que lo vi hace cuatro años y nadie nunca me lo ha quitado y desde luego que no vas a ser tú quien lo haga. ¿Entiendes Swan?

-Edward no es ningún objeto para que puedas poseerlo o decir que te lo han quitado. Quizá si no tuvieras esa actitud con él, lo podrás mantener a tu lado, el hecho de que no puedas hacerlo debería darte una pista –señalé-. Y ahora, si me disculpáis, tengo cosas más importantes que hacer que perder el tiempo aquí. Así que…

Lauren me echó una mirada y luego pasó junto a mí con gesto airado. Resoplé… Aquellas chicas tenían un buen problema de actitud.

Me giré hacia la puerta del periódico y empujando con fuerza la hoja conseguí que ésta se abriera con suavidad hasta que pareció encallarse con algo, como si un peso estuviese haciendo fuerza por el lado contrario.

-Eh, Swan –Rosalie estaba allí de pie, ¿desde cuándo? Parecía que venía del cuarto de baño así que probablemente había escuchado la conversación.

-¿Qué? –pregunté frunciendo el ceño un poco cansada-. ¿Vas a decirme también que deje que Edward vaya con Lauren?

-¿Bromeas? Antes lo encierro en el garaje y pierdo la llave… Esa chica tiene un problema de actitud, ¿no crees? –la miré pero no contesté. Al parecer Rosalie y yo teníamos algo en común-. Sólo quería decirte, y sin que sirva de precedentes, gracias –dijo Rosalie. La miré-. Por hablar así de Edward, pocas chicas lo hacen y muchas menos se atreven a hablarle así a Lauren –me miró-. Espero que sepas que ahora te has ganado una enemiga.

-Creo que decidió que lo era en el momento en que entré en biología y me asignaron el asiento junto a Edward –contesté encogiéndome de hombros sin darle demasiada importancia-. Si quieres agradecérmelo hazme un favor y ayúdame a empujar esto, parece que se ha atascado –empujé más fuerte la puerta y resoplé-. Debe de haberse caído el perchero o quizá el panel de recortes… -sugerí.

Con la ayuda de Rosalie empujando a mi lado la puerta cedió y estuve a punto de caerme. El golpe que me habría dado contra el suelo no hubiese sido nada comparado con el golpe que me llevé al ver el interior de aquella habitación.

El lugar estaba destruido. Completamente. Absolutamente. Definitivamente destruido.

El suelo estaba lleno de cristales y escombros. Los ordenadores habían sido destrozados con algo y algunos estaban tirados en el suelo, rotos, con los cables por fuera, como si se hubiesen ensañado en ellos. Las ventanas estaban abiertas y rotas y asomándose por ellas, se podían ver las dos mesas y las tres sillas que habían sido lanzadas desde dentro para romper el vidrio. El lugar que ocupaba siempre el enorme corcho donde colocaban los artículos que habían tenido más éxito o que habían sido los mejores durante mucho tiempo había sido quemado. Las lámparas colgaban de un delgado cable inestable y las paredes, las paredes eran seguramente las que peor parte se habían llevado. La pintura blanca y azulada había desaparecido bajo capas de spray negro y rojo, dorado y anaranjado. Todas habían sido teñidas con desorden excepto una, la principal, la más grande, la más llena. Ésta había sido pintada de negro y las esquinas sombreadas de rojo y dorado; la parte inferior simulaban lenguas de fuego que lamían la parte inferior de unas letras pintadas en rojo sangre y rodeadas de dorado que rezaban: "Fuego Eterno".

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-¿Habéis estado en el periódico últimamente? Me han dicho que la decoración ha cambiado un poco…

-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó Jasper frunciendo el ceño mientras miraba a Laurent.

A todos nos desagradaba James pero parecía que Jasper desconfiaba más de Laurent que de Sommers. Quizá era por el hecho de que cada vez que Alice estaba en un radio de cien metros Laurent siempre se las ingeniaba para estar cerca de ella o tal vez tenía que ver con que en más de una ocasión habíamos tenido que ponernos en medio de Alice para que Laurent dejara de mirarla como la miraba.

Jasper era bastante tranquilo, sereno y maduro, pero en cuanto se tocaba el tema de Alice parecía capaz de perder el norte por ella y hacer cualquier cosa que estuviese en su mano para que ella estuviese bien… Sonreí al darme cuenta de que era exactamente lo mismo que a mí me pasaba con Bella.

Emmett chasqueó los dedos mientras llamaba a Laurent.

-Si nos estás hablando a nosotros, estamos aquí, deja de mirar a mi hermana –dijo frunciendo el ceño y viéndose amenazante.

Laurent se limitó a encogerse de hombros.

-Ella es una visión bastante más agradable de ver que vosotros, no sois mi tipo… ninguno –aclaró intentando parecer gracioso. Alice le dedicó una mueca y levantándose de su silla se sentó sobre Jasper, creo que, más que nada, para evitar que se levantara e intentara matarle.

-Vale, céntrate, periódico, decoración, ¿qué has querido decir con eso?

-¿No lo sabéis? –preguntó sarcástico James-. Hemos pasado hace un rato por detrás del edificio –señaló con el pulgar por encima de su hombro señalando la dirección- y parece que ha habido algún… problema… -sonrió-. Las ventanas están rotas y parece que alguien ha decidido que había que cambiar la decoración.

Chocó las palmas con Laurent que le rió la gracia.

-¿Y el que vosotros sepáis esto es pura casualidad, verdad? –preguntó Emmett en un gruñido.

-La verdad es que sí –se encogió James fingiéndose ofendido porque dudáramos de él-. Sólo os lo queríamos decir porque esa chica… ¿cómo se llama…

-Swan –ayudó Laurent solícito.

Me puse derecho en la silla.

-Eso, Swan… ya sabéis, esa que siempre está con vosotros últimamente y que parece demasiado curiosa… -me levanté de la silla como un resorte y antes de que pudiera hacer nada Emmett estaba a mi lado intentando calmarme-… ella… es del periódico ¿no? –chasqueó la lengua-. Sería una lástima que la próxima vez que alguien decida que el instituto necesita un cambio de decoración ella estuviese en el periódico, ¿no os parece? –Laurent rió suavemente mirando a Alice que permanecía aún sentada sobre Jasper-. Oh, por cierto…¿dónde están vuestras chicas? –preguntó mirando a Emmett.

-No te interesa –gruñó Emmett cerca de mí.

-No, claro, pero… ¿y a vosotros tampoco?

Permanecimos quietos unos segundos, el tiempo que tardamos en esperar a que James y Laurent desaparecieran de nuestra vista y de la cafetería; ninguno de nosotros estaba dispuesto a darle a James ningún motivo para reírse ni para que se sintiese satisfecho de haber hecho que tuviéramos miedo de algo. Tan pronto desaparecieron de nuestro radar óptico, Alice se levantó permitiendo que Jasper también lo hiciera. No me paré a pensar. Tenía que comprobar que estaba bien.

-Ve a buscar al director, Jazz –escuché que le decía Emmett antes de salir detrás de mí rumbo hacia el periódico.

Nos encontramos con Rosalie y Bella que venían en dirección a nosotros y respiré aliviado al verla bien. Estaba un poco más pálida de lo normal y parecía entristecida por algo, pero no me paré a preguntar. Tan pronto llegué junto a ellas, la abracé y, por primera vez desde que Rosalie se había dado cuenta de la conexión que había entre Bella y yo, no protestó por mi gesto.

-¿Estás bien? –le pregunté con suavidad. Asintió y sentí como sus pequeñas manos en comparación con las mías me agarraban de la camiseta con fuerza-. ¿Segura?

-Sí, sólo… impresionada… -dijo a media voz-… Han entrado en el periódico y lo han… aquello es…

-Está destrozado –dijo Rosalie por ella besando a Emmett mientras éste la escaneaba de arriba abajo asegurándose de que estaba bien-. En serio, parece que un huracán haya pasado por allí. Íbamos a buscar al director para informar de…

-Jasper y Alice están en ello –dijo Emmett-. ¿Estás bien? Pareces un poco pálida… -miró a Bella.

La observé y me di cuenta de que Emmett tenía razón. La dejé respirar pero sin apartar mis brazos de ella completamente.

-Estoy bien –insistió-. Sólo ha sido la sorpresa de ver…

Miré a Rosalie.

-Alguien ha firmado en la pared Fuego Eterno –dijo encogiéndose de hombros e intentando aparentar indiferencia frente a Bella-. Supongo que habrá sido algún idiota que ha querido hacerse el gracioso.

Volví a abrazar a Bella y le dediqué una mirada de advertencia a Emmett que ya había abierto la boca para burlarse de ella, o de mí, o tal vez de los dos. Lo último que necesitaba Bella en aquellos momentos era alguno de los comentarios mordaces de mi hermano. Moví los labios, articulando un solo nombre y sin pronunciar un solo sonido. Rosalie y Emmett asintieron cuando entendieron "James".

-Vamos fuera para que te de un poco el aire, estás bastante pálida.

Bella rió suavemente.

-Claro, por eso me echaron de Arizona –bromeó con cierta timidez.

Incluso en aquel momento, tan tenso como estaba, solté una carcajada. Estaba bien saber que fuera la situación que fuera, Bella seguía siendo Bella.

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Bueno, pues esto es todo por hoy, espero que os haya gustado y hayáis disfrutado de la lectura, principalmente me quedo con el paseo de Bella y Edward en el coche jejeje juro que a veces los personajes hacen lo que quieren :p

A ver, ahora mismo no tengo las preguntas que me hicisteis en los reviews así que voy a contestar solo a un par de preguntas que me han hecho y que ahora mismo recuerdo: me han preguntado cómo de largo será el fic y la verdad es que no tengo ni idea… en un principio quería que fuese sólo de diez capítulos, pero parece ser que los personajes no me dejan, así que no sé cómo será de largo. Por otra parte me han preguntado cada cuanto actualizo… bueno, intento actualizar cada dos semanas pero no siempre es fijo. Si he tenido una extraordinaria musa durante la semana puedo actualizar cada semana, si no, puedo tardar meses… (si no, que se lo pregunten a los que esperan las actualizaciones de mis otros fics), lo cierto es que parece que mi imaginación está centrada en estos momentos en este fic en particular así que… bueno… cada dos o tres semanas supongo que actualizaré, pero por supuesto, no es algo seguro.

Eso es todo por hoy, recordad que hay catorce páginas escritas así que ya sabéis ¿no? :p Espero que seáis felices y que disfrutéis de los días de verano que ya se acercan :D

Un besito para todos y recordad: "la belleza está siempre en los ojos del que mira"

Nos leemos pronto!!!