Hola, hola!!! Qué tal estáis??

Bueno, me allegro de poder actualizar una semana más. Antes que nada, voy a pasar lista a ver si estáis todos vale?

Ejem, ejem… quiero dar las gracias por sus reviews a:

crish, deniziithaw, agustina griego, fayres12, christti, Lna, anabiaf, leblancish, maria swan de cullen, Elena swan, beautifly92, nocturnal depression, miicaa, biankismasen, new-sexy-vampire, carmenlr, prisgpe, margara, abril, misscullen9, leyla, kmylita, nereidas, sealiah, princesaamy, hik-y, ammyriddle, sallan, yaritziita9, libelura19

Gracias por leerme, es un placer escribir sabiendo que al otro lado de la pantalla gente como vosotros me leéis y seguís mi historia.

Os dejo un capítulo más… en este… alguien me preguntó un par de veces qué le había pasado a Bella en su anterior instituto… bueno… por aquí se deja caer la respuesta… Y es que no es bueno guardarlo todo siempre!!

Espero que el capítulo sea de vuestro agrado, un besito, nos leemos abajo!!!

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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)

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Capítulo VIII. ¿Vida perfecta? Explosión

"Guardar secretos es malo… Siempre hay alguien que acaba descubriéndolos. Guardar los sentimientos es igual de malo o incluso peor. Es como… una olla a presión… Guardas dentro el miedo, la ira, la rabia, el dolor, el resentimiento… y finges que todo está bien a ojos del mundo pero cuando la olla explota, todo lo malo que has estado guardando salpica a todos los que te rodean… Es lo que pasa con los sentimientos… y también con los secretos… Basta la palabra indicada dicha por alguien en particular para que termines explotando… El detonante en mi caso fue Rosalie, la palabra adecuada fue "vida perfecta" y el resultado… bueno… una explosión."

Ser la primera en vez el periódico en aquel estado me había afectado y mucho, no podía negarlo. Tenía la sensación de que había sido por mi culpa y el hecho de que hubiesen firmado como Fuego Eterno en la pared no me servía precisamente para aliviar mi conciencia. Sonreí. Edward había sido un encanto.

(flashback)

Sonreí al ver el modo en que Edward me estaba tratando, como si fuese a romperme en cualquier momento; era divertido ver como me miraba de reojo, aparentando que no lo hacía, intentando adivinar el momento exacto en el que podía entrar en shock. Quizá debería haberle dicho que nunca lo hacía… pero era divertido verle preocupándose por mí… divertido y… muy agradable.

-Debería haberme quedado para hablar con el director… -me mordí el labio.

Edward se sentó a mi lado en el sofá haciendo un gesto para que dejara de hablar.

-Rosalie le contará lo que pasó y por cierto, ¿qué estabais haciendo juntas?

Me encogí de hombros.

-Nos encontramos en los pasillos –dije-, oh, por cierto, vas a tener una charla con Lauren pronto –le advertí.

-Estupendo… -murmuró con una media sonrisa fingiendo ilusión-. ¿Seguro que estás bien?

-Estoy bien –dije con una sonrisa.

-Me alegro… -susurró.

¿Cuándo se había acercado tanto a mí? Le miré confusa y él sonrió a medias. Estaba a punto de decirle que volviera a su lado del sofá cuando me di cuenta de que él estaba en su lado del sofá y de que era yo quien me había movido para estar más cerca de él. Me sonrojé al darme cuenta de ello…

-Lo siento… -susurré-… creo que mi subconsciente a veces actúa solo… -me mordí el labio para no decir más tonterías y bajé la mirada sabiendo que si le miraba iba a adoptar alguna clase de sonrojo hasta el momento desconocido por el hombre.

Edward me alzó la cara colocando su mano suavemente bajo mi barbilla y me sonrió.

-Me gusta cuando te ruborizas… -susurró-… y me gusta tu subconsciente… -añadió.

Mi corazón latió más deprisa cuando él se inclinó hacia mí. ¿Iba a besarme? Esperaba que sí, de verdad que esperaba que me besara… Pero por supuesto, soy Bella Swan y siempre tiene que haber algo que salga mal. La música de Chopin inundó nuestros oídos y rompió la burbuja del momento.

Con cierto fastidio Edward miró la pantalla de su teléfono y suspiró.

-Tengo que cogerlo, es Carlisle –asentí tímida y avergonzada tanto por mis pensamientos como por lo que había estado a punto de pasar-. ¿Sí? –contestó la llamada-. Sí… estamos bien… no, sorpresivamente no… -me miró-… de acuerdo… sí, luego te lo cuento… vale… no, me quedaré con ella hasta que llegue su padre… sí, eso mismo… vale, nos vemos en casa… sí, hasta luego –colgó y me miró-. Quería saber si estabas bien y si iba a dejarte o a hacerte compañía –aclaró-. Pero si les conozco bien, ha sido una llamada coaccionada por Esme –rió entre dientes.

-Te quieren mucho ¿eh?

Se sentó de lado en el sofá y apoyó el codo y el brazo en el respaldo, mirándome de frente, asintiendo.

-Sí… al principio creí que Esme saldría corriendo cuando supiera que yo existía pero me equivoqué… -dijo con una media sonrisa-… no importa lo que haga o diga, ella siempre está ahí de una forma u otra…

-¿Antes de saber que…

-Oh, Carlisle se casó con Esme unos meses después de adoptarme –dijo quitándole importancia-. Supongo que por eso ella se preocupa tanto por mí… fue una de las personas que me ayudaron a salir de mi oscuridad… -susurró.

-Tienes que contármelo algún día… -susurré yo también temiendo que si hablaba más alto, la magia volvería a perderse.

Estiré mi brazo en el respaldo del sofá y nuestras manos quedaron a escasos centímetros. Edward estiró su mano y las yemas de sus dedos acariciaron los míos, dándoles un suave masaje en los nudillos y en el dorso de la mano. Era electrizante… su contacto hacía que pequeñas descargas eléctricas me sacudieran… Era algo que sólo me había pasado con él… me gustaba.

Chopin volvió a sonar.

-Voy a matar a alguien… -dijo entre dientes abriendo el teléfono -¡¿Qué?! –gritó.

Contuve mi sonrisa… al parecer no era la única que se sentía frustrada por tanta interrupción…

-No, Jasper, está bien… En serio, nada de eso… -dijo rodando los ojos-… No lo sé, quizá debamos dejar la sesión de estudio después de… -le hice señas con las manos para que me prestara atención y entonces asentí con la cabeza-. Espera un segundo, Jazz –se llevó el teléfono contra el pecho para poder hablar conmigo y me miró-, ¿estás segura? Podemos dejarlo para…

-Emmett tiene un examen a principios de la próxima semana y con el baile este fin de semana no va a prestarme demasiada atención si intento explicarle algo…

-Vale, vale, entendido…-volvió al teléfono-…, lo dejamos para mañana –dije al tiempo que atrapaba el cojín que Bella me había tirado para protestar-. Bien, sí, luego nos vemos.

-He dicho que estaba bien… -insistí mirándole.

-De acuerdo, estás bien, pero déjame que te cuide y me preocupe aunque no sea necesario, ¿de acuerdo?

-Está bien, pero mañana sin falta –dije en tono falsamente severo, encantada de que Edward se preocupara por mí.

-Pareces ansiosa por estudiar… -me miró divertido-. ¿Cuándo dices que tienes tú un examen de matemáticas? –preguntó burlón.

-Burlarse de lo mal que se me dan los números es algo cruel –dije intentando parecer ofendida-. ¡Yo no tengo la culpa de que la señora Márquez no sepa explicarse!

Le lancé otro cojín y le golpeó en el pecho. Edward lo atrapó riendo.

-Parece que hoy estamos solicitados –dijo divertido. Le sonreí.

Me miró y gemí internamente. Ahí estaba otra vez esa mirada… Y de nuevo la atracción, y de nuevo el deseo de besarle y de ser besada… ¿Era algo natural o es que me estaba obsesionando con él? No me importaba demasiado, sólo quería… sólo quería besarle, besarle de verdad…

-Bueno… creo que mi familia no volverá a llamar… -sonrió-. Así que… nada de interrupciones…

-Recuerda que aún puede llamar Charlie… -le dije mirando el reloj-, de hecho me extraña que no lo haya hecho todavía, seguramente ya debe de haber hablado con el director del instituto y…

Edward sonrió, se apartó de mí y tomó el teléfono inalámbrico de la mesita tendiéndomelo. Le miré sin comprender.

-Si le llamas tú antes no tendremos otra interrupción… -sugirió.

Antes de que pudiera tomar el teléfono, éste sonó y una carcajada me asaltó. Con la suerte que estábamos teniendo seguro que era Charlie. Edward negó con la cabeza y al ver mi ataque de risa, suspiró, se levantó del sofá y mientras yo seguía riéndome de forma nerviosa y contagiosa, escuché como contestaba y hablaba desde el sofá.

-Casa de los Swan, ¿dígame?.... No… ehm… soy Edward Cullen, jefe Swan… sí, Bella está bien… no, no, por eso la he traído… esperaba… sí, sí… ¿En serio? –me miró y arqueó ambas cejas-… no, no me lo había contado… Ehm… sí, de acuerdo… muy bien, jefe Swan, estaremos aquí…

Le miré divertida y sorprendida. O Charlie había perdido su capacidad de intimidar o Edward no se asustaba fácilmente, no sabía cuál de las dos opciones me gustaba más.

-Bueno, tu padre dice que estará aquí en cinco minutos –gruñí fastidiada a modo de respuesta aunque me tranquilizó ver que Edward parecía igual de frustrado por la noticia que yo--. Y también dice que a no ser que haya sangre o agujas de por medio no tengo que preocuparme porque entres en shock… -asentí. Eso era cierto-. Así que es verdad que no te asustas por nada…

-Tengo una teoría sobre eso; cuando era pequeña vi la película "Tiburón" y me asusté tanto que terminé subida al respaldo del sofá y con una manta cubriéndome la cara para que el tiburón de la pantalla no me comiera –dije con una sonrisa al recordarlo-, creo que desde entonces mi sentido del miedo se atrofió –añadí.

-Tú y tus teorías…

Edward rió y le golpeé en el brazo para que dejara de burlarse de mí. Eso derivó en una batalla de cosquillas que iba ganando él, y sin saber cómo, en un simple gesto, terminé sentada en su regazo, con los brazos atrapados entre mi cuerpo y su pecho, ambos sonrientes y con sus ojos fijos en los míos. Se inclinó hacia delante, sintiendo la atracción tanto como yo… Éramos como dos polos opuestos que se atraían aún siendo completamente diferentes. La risa se convirtió en ocasionales risitas y éstas en sonrisas y luego, sólo hubo miradas. Edward me acarició en la cintura, allí donde tenía sus manos para evitar que me cayese de su regazo y casi se me cortó la respiración… a decir verdad, no estoy segura de que no ocurriera…

-¡Bella, estoy en casa!

Jamás me había movido más rápida. Un segundo estaba sentada en el regazo de Edward a punto de sucumbir a mis tentaciones y al segundo siguiente estaba sentada en el sofá con Edward sentado en el sillón de una plaza a un metro de mí, la televisión encendida y el mando a mi lado. Una vieja película del oeste aparecía en la pantalla.

-Será mejor que me vaya… -dijo Edward levantándose-. Ya no estás sola y bueno… tengo que hacer algunas cosas y…

-Está bien –dije después de saludar a mi padre-, te acompaño a la puerta.

-Odio las interrupciones –mascullé una vez la hube abierto y él estaba a punto de salir.

-Yo también… -me besó en la frente y miró por encima de mi hombro-. Si no te suelto tu padre va a matarme y no quiero que sea esa la impresión que tenga de mí… -añadió.

Reí.

-Charlie no mataría ni a una mosca –corregí.

-Bella, si tú fueras mi hija, yo sería capaz de matar por ti –dijo divertido-. Mañana paso a buscarte para ir a clase ¿de acuerdo?

Asentí, ¿cómo iba a negarle nada?

(fin flashback)

-¿Señorita Swan? –parpadeé unos momentos y miré a la profesora-. ¿Puede decirme alguna obra de Charles Dickens?

-Ehm… "La casa desolada", "La pequeña Dorritt", "Oliver Twist"…

-Bien, suficiente… creía que estaba despistada, me alegro de haberme equivocado –dijo con una sonrisa de disculpa volviendo a la pizarra.

Edward estiró el brazo hacia atrás y me pasó un papel doblado. Rodé los ojos cuando leí su letra pulcra y fruncí el ceño; definitivamente algún día tendría que encontrar algo que Edward hiciera mal o que no supiera hacer en absoluto.

A su pregunta de que si estaba pensando en las musarañas o en el beso que no habíamos podido llevar a cabo la noche anterior, le contesté rápidamente y mal garabateado un rotundo no.

Los hombros de Edward temblaron cuando, una vez devuelto el papel, leyó mi respuesta. En un rápido movimiento y aprovechando que la profesora estaba girada hacia la pizarra, giró su cuello y me sonrió a medias.

-Que sepas que no te creo ni una sola palabra… -me susurró.

Estaba a punto de replicarle algo que seguramente no hubiese sido tan mordaz como en aquellos momentos se merecía Edward cuando el sistema de megafonía del instituto se encendió y mi nombre resonó en todo el colegio. Se giraron para mirarme. Todos. Quiero decir, ¿es que nunca habían escuchado a nadie ser llamado por los altavoces? Según me levantaba después de que la profesora me diera permiso, pude ver la mirada de Jessica viajar de forma especulativa de Edward a mí; rodé los ojos comprendiendo quién era seguramente la persona que había hecho correr la noticia de que Edward y yo íbamos a ir al baile… eso si no encontraba cianuro antes… estaba dispuesta a morir antes que ir a bailar… aunque cuando pasé junto a Edward y éste alcanzó mi mano en una sutil caricia, ese pensamiento vaciló en mi mente y el deseo de besar a Edward volvió a embargarme.

Intenté repasar en mi mente de forma silenciosa y sin equivocarme, todos los números del número pi mientras me dirigía hacia el despacho del director. Cuando giré la esquina había llegado a la conclusión de que había sido una mala idea creer que pensar en aquello iba a hacer que apartara a Edward de mi mente porque pensar en números era una señal que hacía clara referencia a lo bueno que Edward era con éstos. Así que empecé a pensar en la Navidad que estaba próxima y mientras pasaba por delante de la enfermería iba haciendo mentalmente la lista de regalos… Todo iba bien hasta que llegué a Edward y mi cabeza actuó sola haciéndome pensar que, dado que no me gustaba que me hiciesen regalos, me conformaría con que Edward me besara. Me detuve frente la puerta del aula de francés y sacudí la cabeza volviendo a andar. Rápidamente intenté pensar en otra cosa y acabé pensando en el baile… Mala idea. Muy mala idea porque aquello derivó a que pensara en Edward y yo en el baile, sus manos muy cerca de mí, su aliento demasiado cerca de mi cuello, sus ojos mirándome y sus labios muy…

-Basta –dije en voz alta. La señorita Pipper, me miró por encima de sus gafas de media luna y sonreí con suavidad-. El señor Hunter me ha llamado, ¿puedo pasar?

Me sonrió a firmó con la cabeza; le devolví el gesto y entré en el pequeño despacho del director. Parpadeé cuando vi a Eric allí.

-Buenos días señorita Swan, siéntese por favor, tenemos que hablar sobre algo.

Miré a Eric que parecía estar dividido entre el fastidio y la comprensión y cuando me senté tragué saliva. Aquella iba a ser una conversación muy entretenida…

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Me dolían los nudillos de la mano derecha y mi costado izquierdo aún estaba resentido del golpe que me había llevado la noche anterior cuando había ido directamente a por James durante una de las carrerras. Por suerte, sólo tenía ese golpe… si Esme me hubiese visto llegar a casa con la evidencia de una pelea en el rostro se habría preocupado… Chasqueé la lengua y volví a flexionar la mano que me dolía por el golpe que le había dado antes de avisarle de que no volviera a intentar asustar a Bella.

Volví a flexionar los nudillos del puño derecho y oculté una mueca y un gemido cuando Alice detuvo la frase que estaba diciendo a medias y me miró como si presintiese de algún modo lo que ocurría.

-¿Qué? –pregunté al ver que no decía nada.

-¿Qué de qué? –preguntó inocente sentada en el suelo mirando los últimos discos que me había comprado.

-Me estás mirando como si quisieras decir algo –dije-. Y si es por lo de anoche…

-¿Crees que me importa que le hayas dado una paliza a Sommers? –preguntó burlona-. ¿Qué clase de hermana crees que soy? –añadió risueña.

Resoplé. Cuando Alice se ponía en aquel plan, era imposible intentar siquiera que atendiera a razones.

-Alice, no juegues así con él –pidió Jasper que estaba entretenido jugando con un juego de ordenador, con voz monótona y sin apartar la vista del monitor.

-Gracias, Jazz –dije sarcástico-, por tu gran interés.

-De nada –contestó entre dientes decidiendo ignorar mi sarcasmo.

-No estoy jugando a nada –replicó Alice. Volví a gemir-. Pero te advertí que no le golpearas en la cintura –me recordó con aquella voz de "te lo advertí" que tanto odiaba.

-Sí, bueno, podrías haberme dicho que era porque llevaba el cinturón de metal –le dije abriendo y cerrando la mano.

-¿Y por qué debería saber yo que llevaba ese cinturón? –preguntó.

-Sí, ¿porqué debería saberlo? –la voz de Emmett me hizo girar la cabeza hacia la puerta.

-Estupendo… ¿esto es una fiesta o qué? –dije sarcástico.

Alice me ignoró y le hizo señas a Emmett para que entrara.

-Estamos a punto de discutir algo importante, llegáis tarde –añadió. Luego me miró mover la mano abriéndola y cerrándola-. Deberías ponerte hielo en la mano –dijo. Emmett me miró desde la puerta.

-¿Te has hecho daño en la mano? Al entrenador no le va a gustar si tienes que perder algún partido –añadió.

-No me he hecho daño en la mano –Alice carraspeó y me miró de forma insistente-. Vale, no me he hecho demasiado daño en la mano –corregí-. Estoy bien, podré continuar jugando –añadí al ver que Emmett volvía a abrir la boca mientras entraba en mi cuarto-. ¿Y qué estáis haciendo todos aquí? –pregunté al ver que detrás de Emmett entraba Rosalie-. ¿Desde cuándo se ha convertido mi habitación en el lugar de tertulia? –pregunté.

-No digas tonterías –Emmett se sentó en la silla giratoria y sonrió-, seguimos prefiriendo la de Alice, es la más grande –frunció el ceño-. ¿Por qué es la más grande?

-Porque soy la más pequeña –dijo Alice como si fuera lo más obvio y acabara de revelar una gran evidencia. Jasper rió divertido entre dientes ante la contestación de su hiperáctiva novia-. Pero eso no es lo que importa ahora. Estamos aquí porque tenemos que debatir sobre si Bella debe saber o no lo de Fuego Eterno.

-No –dije rotundo. Rosalie me apoyó pero cuando miré a Emmett y a Jasper, éstos parecieron dudar-. ¿Qué? Vamos, no podéis estar diciéndolo en serio.

-Bueno, han destruido el periódico… creo que al menos debería de saber por qué –dijo áspero Emmett.

-No tiene que saber nada –repetí.

-Yo estoy de acuerdo con Emmett –dijo Alice-. Bella no tiene por qué estar ciega con todo este asunto.

-¿Cómo podéis…

-No estamos hablando de darle clases de conducir y meterla en un circuito, Edward –protestó Jasper-, pero si Bella va a seguir estando con nosotros, corre más peligro si no lo sabe que si lo sabe.

-Tú y tu teoría de mejor estar alerta que a oscuras ¿no? –pregunté.

-A mí me va bien –dijo él encogiéndose de hombros.

-Todo esto no pasaría si no te hubieras acercado a ella en primer lugar –hizo notar Rosalie.

-¿Por qué diablos te cae tan mal? –preguntó Alice. Rosalie se encogió de hombros, poco dispuesta a dar una respuesta válida para aquella pregunta.

-Rosalie, ya hemos discutido eso –le recordé-. Y tú prometiste estar callada con respecto a lo que pasara entre Bella y yo ¿recuerdas?

-Eso era antes de que a estos tres se les ocurriera la idea de querer contárselo –replicó ella.

Me pasé la mano por el pelo y resoplé.

-No vais a decirle ni una sola palabra –les dije poniéndome de pie y caminando alrededor del cuarto recogiendo la chaqueta y poniéndomela-. Ahora voy a ir a buscarla para tener tu sesión de estudio –dije mirando a Alice-, pero nadie va a decirle una sola palabra sobre Fuego Eterno ¿entendido? No quiero que se mezcle con todo eso…

-Edward, no es una muñequita de cristal ¿sabes? –dijo Emmett frunciendo el ceño-. No va a romperse sólo por saber la verdad.

-Si crees que va a conformarse són con saberlo, es que no estamos hablando de la misma Bella –dijo Jasper divertido.

-He dicho no, Emmett.

Alice frunció el ceño.

-Edward, así no funciona la democracia ¿te suena de algo? Somos tres votos contra dos, así que deberíamos…

-Alice, no, y no es negociable. No voy a meter a Bella en eso, no quiero que tenga nada que ver con ellos, ¿entendido?

-Está bien, como quieras, pero la próxima vez que tengamos que ir a las carreras y no puedas explicarle por qué no puedes salir con ella un viernes noche, te arrepentirás de no habérselo querido decir –me contestó Alice.

La miré fastidiado.

-No te atrevas a hacer adivinación conmigo, Alice –dije medio serio medio en broma-. Estaremos aquí en media hora –salí de la habitación y dejé la puerta abierta-. ¡Y salid de mi cuarto! –añadí por encima del hombro.

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Sólo había una palabra para describir la casa de los Cullen. Wow. Me gustaba escribir y leer pero en el momento en el que vi aquel lugar supe que no había palabras suficientes en el diccionario para expresar la belleza de la casa, su iluminación y la magnificencia de ella.

-Espera a que te abra –me pidió Edward.

Asentí, aún confusa por su comportamiento. Había insistido en ir a buscarme a casa alegando que yo no encontraría el camino a través del bosque y por supuesto que había tenido razón. Pero… el modo en que me había abierto la puerta de su volvo para subir, la manera en que me había dicho que me pusiera el cinturón, la forma en la que me había mirado durante el trayecto que habíamos hecho en silencio, como si estuviese intentando memorizar cara rasgo de mi rostro… me había hecho sentir afortunada… querida… protegida… Sonreía en el momento en que me abrió la puerta y me ayudó a salir del coche.

-¿Por qué sonríes?

-Nada… estaba pensando en algo… -sacudí la cabeza. Edward tomó mi mano con la suya y suavemente empezó a acariciarla haciendo pequeños círculos con su pulgar.

-¿Me dirás en qué? –rió cuando me sonrojé ante su contacto-. ¿Bella?

-Yo… es una tontería…

Me levantó el rostro con su mano y fijó sus ojos en mí.

-Nada de lo que puedas decirme podrá parecerme una tontería –me dijo convencido de ello-. ¿En qué pensabas?

-En que nunca había pensado en mí como una de esas chicas que les gusta ser tratadas… bien… -me miró confuso-. Abrirme las puertas, cederme el paso, recogerme en casa… -me encogí de hombros.

-¿Y eso es malo?

-Al contrario –reí de forma nerviosa-. Creo que podría acostumbrarme a ser tratada así…

Entrelazó los dedos de su mano con los míos y la otra mano hizo lo mismo. Le miré, de pie, frente mío, tan cerca, tan pegado a mí que podía respirar el olor de su colonia y distinguir el pequeño aro de color miel que rodeaba sus pupilas.

-Acostúmbrate porque no voy a dejar de hacerlo…-me dijo con una media sonrisa ladeada-. Respira, Bella… -susurró divertido.

Parpadeé y le miré intentando parecer furiosa. A juzgar por el modo en que rió y me besó en la frente, mi mirada no le causó demasiado efecto.

-Vamos, te enseñaré esto –señaló la casa con la cabeza mientras empezaba a caminar tirando de mí.

Demasiado despacio. Eso debió pensar Alice que abrió la puerta rápida y rauda y salió al porche para abrazarme como saludo. Sonreí. Estaba empezando a acostumbrarme al entusiasmo de Alice e incluso a devolverle sus abrazos.

-¡Habéis tardado demasiado! –dijo separándose de mí y mirando a Edward de forma acusatoria.

-Sí, es que Bella ha insistido en que respetara los límites de velocidad –contestó él burlón mientras Alice me arrastraba dentro de la casa.

-Eso tengo que verlo –replicó Alice divertida-. Voy a avisar de que habéis llegado, tú –miró a Edward-, asegúrate de que está cómoda y tú –me miró-, dame eso, lo llevaré a la sala de estar.

Cedí y mientras ella se marchaba feliz con mi carpeta y libros canturreando alguna cancioncilla pegadiza que no reconocí, escuché a Edward reír entre dientes. Cuando le miré se encogió de hombros.

-Es Alice –dijo por toda respuesta-, dame tu chaqueta –añadió mientras ya se estaba quitando la suya y la dejaba sobre un pequeño banco de madera que había en la entrada-, bueno, ¿preparada?

-¿Quieres la verdad? –le pregunté nerviosa.

-Te prometo que no te van a morder –me aseguró Edward-, no es como si fuéramos vampiros o algo así –añadió cogiendo mi mano en un gesto natural que no hizo que me sintiera incómoda-, ven, vamos… Les vas a encantar.

Edward había estado en lo cierto. Otra vez. Carlisle Cullen y su esposa Esme habían sido encantadores conmigo y no habían dejado de sonreír en ningún momento mientras Edward hacía las presentaciones. Esme me había abrazado con un "encantada de conocerte por fin" y Carlisle, después de insistir en que les llamara por su nombre, me había agradecido que estuviese ayudando a Emmett.

He de admitir que me quedé perpleja al ver a los Cullen. Eran… perfectos… Tan perfectos o incluso más de lo que parecían serlo sus hijos. El doctor Cullen aún mantenía un rostro juvenil a pesar de su edad, tenía el cabello tan claro como lo podía ser el de Jasper y sus ojos azules brillaban de felicidad, de pura felicidad. Su esposa… su esposa parecía tener un aura que la envolvía y hacía sentirse bien a los que estaban a su alrededor; el cabello de un color castaño rojizo enmarcaba un rostro maternal que al mirarlo te hacía sentir como si estuvieras en casa. Ahogué una risa en mi cabeza, preguntándome si los chicos habían sido elegidos a dedo para parecerse tanto a ellos como se parecían. ¡El doctor Cullen y Edward compartían la misma sonrisa! Eso por no hablar de la mirada perspicaz que Esme tenía y que Alice parecía haber heredado de algún modo, aún sin ser su hija biológica.

Grité cuando Emmett me atrapó desde atrás y me abrazó fuertemente antes de lanzarme al aire con diversión. Esuché la maldición de Edward y la risita de Jasper mientras tenía los ojos cerrados.

-Odio cuando haces eso –le dije a Emmett golpeándole en el pecho-. Auch… -me quejé-. ¿Estás hecho de acero o qué?

-Adamantium –contestó él fingiendo indiferencia. Alice soltó una carcajada y Edward le golpeó en el hombro para que me soltara.

-Acaba de ver la película de "X-men" –aclaró Jasper rodando los ojos.

-Como vuelvas a hacerle daño el último viedeojuego que compraste desaparecerá de tu estantería.

-¡Pero si ha sido ella la que me ha golpeado! –protestó Emmett.

-Emmett, Edward tiene razón, ¿te hace eso a menudo? –preguntó Esme interesada.

-Cada vez que la ve –respondió Alice por mí-, peo tranquila Esme, ya lo tenemos controlado; no dejados que la tenga abrazada más de un minuto –añadió. Esme rodó los ojos-. ¡Oh, Esme, tienes que pedírselo! –recordó la morena.

-Es cierto, lo había olvidado…-me miró-. Bella, el próximo domingo vamos a hacer una barbacoa en el jardín trasero –sonrió Esme-, ¿te apetece venir?

-Bueno, yo… no sé si… -carraspeé-. Quiero decir, Charlie… ehmmm mi padre –titubeé-, no sé si…

-Yo puedo hablar con el jefe Swan –intervino Carlisle entonces.

-Esme, ¿puede quedarse el fin de semana? –preguntó Alice sonriendo-. Así el viernes después del baile podremos venir directamente a casa, el sábado descansaremos y el domingo tendremos la barbacoa, por favor, ¿puede?

-¿Vais a ir todos juntos al baile? –preguntó Carlisle.

-¡Ja! –soltó Emmett una carcajada-. Intenta impedir que Eddie lleve a Bella –rió entre dientes.

Jasper sonrió a medias y Rosalie resopló. La miré.

-Casi mata a Jack cuando hoy en la cafetería se acercó a Bella para pedirle ir al baile con él –rió Alice que parecía encontrar la posesividad de Edward sobre mí bastante entretenida-. ¡Creí que iba a arrancarle la cabeza!

-No hubiese ido tan lejos –dijo Rosalie.

-Por supuesto que no, necesito a Jack en el equipo –añadió Emmett aún riendo.

-Emmett, es suficiente –declaró Carlisle-. Bella, puedo hablar con tu padre para que te deje venir este fin de semana –dijo sonriendo-. ¿Verdad, cielo?

-Claro –sonrió Esme mirándole-. Sería un gran placer; a estos ya les tengo muy vistos, necesitamos nuevas caras por aquí –bromeó haciéndonos reír, sabiendo lo mucho que nos quería a todos.

-Bueno, si no va a ser una molestia…

-¡Decidido! –gritó entusiasmada Alice-. Vamos Jazz, ahora tienes que ayudarme a resolver unas cosas de historia que no entiendo –dijo tomando la mano de Jasper.

-Rose, al patio –dijo Emmett tomando una manzana del cesto de fruta de la cocina, donde estábamos-, quiero ver eso que llamas rueda –dijo lleno de sarcasmo y una sonrisa burlona.

-¡Emmett Cullen, no te atrevas a burlarte de mí! –protestó ella dándole un golpe en el hombro mientras salía airada de la cocina.

-Genial… ¿qué he dicho ahora para enfadarla? –protestó Emmett saliendo detrás de ella.

Edward resopló y me miró. Parpadeé y él sonrió.

-Bienvenida a la familia loca –dijo divertido y burlón-. Ven, vamos a ver si podemos resolver tus problemas de trigonometría antes de que tengas que ayudar a Emmett.

-Eso si Rosalie no lo mata antes –bromeó Jasper.

Tres horas y media, dos bolsas de patatas fritas, cinco cambios de música distintos y un batido de chocolate después, Emmett seguía esperando para que le ayudara con literatura y los problemas de trigonometría seguían esperando ser resueltos. Era frustrante ver tantos número y no saber qué hacer con ellos… y la verdad era que la presencia de Edward tan cerca de mí no ayudaba mucho a mi concentración.

-Bella, has vuelto a equivocarte en esa operación –me señaló una división en lo que debería haber sido una suma-. Si no despejas primero "x" no podrás hallar el ángulo "xy", ¿lo ves?

-Sí… -titubeé-… lo siento… estoy algo distraída…

Edward alzó la mirada y vio como los demás esaban ocupados estudiando, si es que se podía llamar estudiar al modo en que Alice y Jasper estaban cuchicheando y riendo entre dientes de vez en cuando porque definitivamente la forma en que Rosalie y Emmett estaban sentados muy juntos, ambos con las cabezas inclinadas sobre unos papeles no era estudiar.

-¿Qué pasa? Has estado así desde que fui a buscarte –frunció el ceño-. ¿Sommers te ha molestado?

-¿Sommers? No, en absoluto.

-¿Entonces?

¿En serio creía que iba a decirle que estaba distraída porque él estaba demasiado cerca y me estaba desconcentrando? Sacudí la cabeza.

-El director Hunter me ha pedido, muy amablemente, que deje de escribir ciertos artículos y que me centre solo en los que no pueden causar problemas que acaben destrozando el material escolar –repetí con voz monótona lo que el hombre me había dicho en el despacho.

-¿Eso no es prohibir la libertad de prensa o algo así? –preguntó Alice alzando la cabeza y mirándome.

-Algo así –dije-. Lo peor de todo es que tengo que escribir esos artículos polémicos… -dije fastidiada.

-¿Es que te gusta que destrocen el instituto por lo que escribes? –preguntó Rosalie entonces.

-Rosalie…

-En primer lugar –interrumpí a Emmett-, no he llegado a escribir nada y en segundo lugar, no me gusta que destrocen ningún sitio bajo ningún concepto –fruncí el ceño-. Pero necesito escribir esos artículos porque no creo que consiga ninguna beca para ninguna Universidad sólo por escribir sobre el equipo de baloncesto de los Vampiros de Forks –añadí. Miré a Edward-. No te ofendas.

-¿Una beca? –preguntó Jasper.

-Sí, cada año la Universidad de Yale ofrece una beca a cinco estudiantes que sobresalen en diferentes áreas: música, arte, arte dramático, deporte y narración. Mis padres no nadan en la abundancia precisamente y conseguir una de esas becas es mi única opción para ir a la Universidad –suspiré sabiendo que era difícil-, y evidentemente tengo más posibilidades si escribo sobre algo interesante que si hablo del equipo de baloncesto…

-¿Y crees que nosotros sí? –preguntó Rosalie-. Todo esto no es nuestro, es el dinero de Carlisle y Esme y no estamos dispuestos a usarlo para ir a la Universidad. Nosotros también necesitamos becas pero no por ello vamos destrozando…

-¡Rosalie! –dijo Edward levantánose de la silla y plantando las manos abiertas en la mesa-. Ya basta –su voz sonó baja y peligrosa.

Intercambiaron miradas airadas y con un "¡Estupendo!" de Rosalie, la chica salió de la sala de estar con pasos agigantados, pisando fuerte y enfadada.

-Lo siento –se disculpó Emmett por Rosalie-… últimamente está un poco… estresada…

Edward resopló y me miró.

-Lo siento, no quería… -respiró profundamente-…Rosalie… Rosalie es Rosalie –me dijo por toda respuesta.

-Ehm… se está haciendo tarde, ¿por qué no llevas a Bella a casa? –sugirió Alice de forma directa y sonriente al mismo tiempo.

-Sí… tiene razón… -Edward me miró-. Será mejor que te lleve a casa. Espérame abajo ¿de acuerdo? Voy a buscar las llaves del coche.

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Rosalie había estado a punto de decir lo que habíamos acordado en no contarle a Bella. Mi hermana podía ser bastante impulsiva cuando se enfadaba y decía cosas hirientes porque era su forma de protegerse: herir antes de que la hirieran. Una lección que había aprendido hacía tiempo… Luego, cuando se calmaba, solía arrepentirse de lo que había dicho pero las palabras ya estaban ahí y aunque se retiraran, el daño estaba ya hecho.

Bajé las escaleras trotando ligeramente. No iba a dejar que nada ni nadie le hiciera daño a Bella. Ni siquiera Rosalie.

-Siento lo de antes –escuché como se disculpaba Rosalie-. No tenía derecho a ser tan borde y mucho menos después de cómo le hablaste a Lauren.

-No pasa nada, ya estoy acostumbrada a que me trates con ese sarcasmo tan habitual en ti –Bella sonrió, sarcástica, lo noté en su voz-. ¿Puedo preguntarte algo?

-Claro…

-¿Por qué me odias tanto? –Rosalie se calló-. Sé que no te caigo bien y no entiendo por qué. Quiero decir, es evidente que no puedo caerle bien a todo el mundo, pero tú… Nunca te he juzgado ni te he criticado ni me he puesto en tu camino, entonces ¿por qué diablos me odias tanto?

Me detuve al sentir como Rosalie vacilaba. Esa misma pregunta se la había hecho yo varias veces y en ninguna de ellas me había contestado. La voz dulce de Rosalie me llamó la atención.

-Porque eres todo lo que no soy –dijo Rosalie haciendo que Bella se detuviera.

-¿Qué? –Bella expresó con su voz lo que yo estaba pensando en aquellos momentos.

-La gente me mira y sólo ve un cuerpo y una cara y no se paran a pensar que también tengo sentimientos… la mayoría de ellos ni siquiera se paran a hablan conmigo ni una sola vez… -Rosalie sonrió a medias-. ¿Sabías que hasta que Emmett me invitó a salir por primera vez creí que la cita normal era ir al autocine y dejar que me manosearan? –se rió de ella misma-. En cambio tú…

-¿Yo qué?

-Eres bonita pero no eres tan deslumbrante… -fruncí el ceño, no estaba de acuerdo con Rosalie en aquel punto, Bella era realmente deslumbrante-. La gente sabe que eres inteligente porque no se centran sólo en tu atractivo… Me gustaría ser como tú y tener la vida perfecta que tú has…

-¿Vida perfecta? –preguntó Bella de forma sarcástica-… Vida perfecta… ¿Eso crees? –no pude ver a Rosalie pero estoy seguro de que mi hermana asintió-. Crees que mi vida ha sido perfecta… Bien, te voy a contar algo de mi vida perfecta.

Escuché como Bella caminaba por la habitación de abajo.

-Tenía siete años cuando mis padres se divorciaron y me hicieron elegir entre vivir con el serio policía y la alocada ama de casa… Tuve que soportar que mi padre me mirara con resignación incluso antes de que yo tomara la decisión, como si él ya supiera qué iba a decir… ¿Qué niña de siete años no querría estar con su madre? Nos mudamos a Arizona, un lugar donde no conocía a nadie ni nada y cuyo único beneficio era el sol que siempre hacía –pude notar en su voz una media sonrisa y me encontré, desde mi escondite, repitiendo su gesto-. Crecí prácticamente sola, junto a una mujer que me quería y que me sigue queriendo pero que es tan despistada que tenía que llamar al colegio para preguntarme dónde había dejado las llaves o si había visto tal prenda o simplemente para recordarle qué botón debía pulsar para que la lavadora funcionara –rió, esta vez con sarcasmo-. Y no me quejé ni una sola vez porque me partía el corazón verla triste y René no nació para estar triste.

-¿Sí? Pobre niña de padres divorciados… los míos me abandonaron y cuando les encontré me dijeron simplemente que no me habían querido –replicó Rosalie haciéndome fruncir el ceño.

-No he acabado. Crecí con ella y cualquiera que la conocía sabía perfectamente que parecíamos haber intercambiado los papeles y que yo era la madre. René siempre me decía que parecía haber nacido con treinta años y yo nunca le dije que si eso era lo que parecía era porque alguien tenía que ocuparse de las dos.

Empezaba a entender por qué Bella era tan reservada y tímida y especial… Era mi otra cara de la moneda, mi media mitad.

-Tenía un amigo en Arizona, Jacob. Cuando éramos pequeños hacíamos tartas de barro juntos –escuché la risa en su voz-. Pero crecimos y Jacob acabó siendo un excelente jugador de baloncesto y empezó a andar con los chicos más populares del instituto, entre ellos, su primo Sam.

Respiró para tomar aire, como si lo que iba a decir a continuación fuese algo realmente doloroso para ella.

-Sam era… era perfecto… Inteligente, atractivo, capitán del equipo de natación y de baloncesto llevaba locas a todas las chicas, y a mí también por supuesto, pero para él yo sólo era la mejor amiga de Jacob, la chica estudiosa que no se molestaba en maquillarse para llamar su atención. Y hubiese seguido siendo sólo eso si no hubiese sido por aquella estúpida apuesta que hizo con algunos de sus amigos más queridos –dijo con sarcasmo-, todos pertenecientes a lo mejor de lo mejor del instituto… Apostó a que conseguía acostarse conmigo en menos de un mes.

-Bella, yo no…

-Deja que termine. Descubrí la apuesta y cuando le pedí explicaciones, sólo obtuve un insulto y un intento de violación que no se llegó a completar porque conseguí escapar. No pude contárselo a nadie… -dijo entristecida-. No se lo podía contar a mi madre porque estaba demasiado ocupada planeando su nueva boda, boda que por cierto me había encargado a mí que le notificara a Charlie, haciendo que fuera yo la que le escuchara decir por teléfono que se alegraba por ella y que esperaba que fueran felices cuando en realidad estaba prácticamente ahogado en la tristeza que mis palabras le habían provocado –hizo una pausa-. Y por supuesto tampoco se lo podía contar a Charlie porque se habría presentado en Arizona con su pistola y hubiese disparado a Sam simplemente por hacerme llorar, no que no lo mereciese pero mi padre no debería de terminar en la cárcel por alguien como Sam –dijo con la voz llena de rabia-. Y cuando intenté decírselo a Jacob, mi amigo, quien se suponía que debía apoyarme, creerme y protegerme, él me di la espalda fingiendo indiferencia y diciendo que era imposible y que dejara de inventarme historias para llamar la atención de mis padres… me dijo que si se lo contaba a alguien nadie me creería… Desde aquel momento aprendí dos cosas: la popularidad no es tan agradable como los demás quieren creer y aprendí también que no puedes confiar en nadie salvo en ti mismo… -su voz estaba rompiéndose, pero la escuché respirar y tomar aliento como si estuviese intentando controlar algo, seguramente, sus lágrimas-. Me callé. Pasé el último trimestre de aquel año aguantando las miradas y las burlas de todos los que creían que el perfecto Sam era imposible que hubiese intentado forzar a nadie, y mucho menos a mí. Sam tenía a todas las chicas a su disposición, así que no había ningún motivo por el que pensara siquiera en mí –rió con sarcasmo-. Me convertí en la culpable de todo, en la zorra que había intentado inculpar al perfecto y grandioso casi Dios Sam en algo que él jamás habría hecho –añadió con voz falsamente dulce-. Soporté los comentarios, las miradas, las burlas, los gritos y las bromas pesadas además de los insultos verbales por algo que yo no había cometido y de lo que era la víctima… Luego… Luego mi madre se casó con Phil y aproveché la ocasión para darles intimidad y salir de aquel lugar…

-Bella… -empezó a decir Rosalie. Pero Bella había empezado a hablar y era imposible que lo dejara.

-Pero no, por supuesto, eso no podía ser todo… Tuve que llegar a Forks y ser perseguida por un obsesivo Newton que no entiende un no por respuesta cuando me pide salir, tuve que llegar a Forks y ser el centro de todas las miradas, ¿crees que no escuché los comentarios acerca de que me había mudado porque había matado a alguien en mi otro instituto? Aunque si me preguntas, mi rumor favorito es el que dice que intenté suicidarme después de que un chico me diera calabazas, patético ¿no? –se rió de sí misma. Yo también había escuchado aquellos rumores y, aunque no los había creído, sabía que había habido mucha gente que, hasta que no conoció a Bella, los había creído a pies juntillas-. Pero espera, hay más… Aparte de eso, tuve que aguantar a un insistente Sommers que parecía perseguirme a todas partes e incluso tuve que decirle a Charlie que le diera un aviso porque estaba empezando a ponerme nerviosa de verdad –fruncí el ceño ante aquella revelación; no me había enterado de ello hasta aquel preciso momento-. Oh, espera, aún hay algo mejor… Salí de Phoenix huyendo de la popularidad de los chicos del instituto y cuando llegué a Forks me fijé en el único chico al que debería de odiar… -la escuché hacer una pausa-… y para mi completa y absoluta vergüenza y rabia, me empecé a enamorar de un chico que un día me hablaba, al día siguiente me ignoraba y al siguiente bromeaba conmigo y cuando creía que podía empezar a verle realmente como a él y no como a la sombra de la popularidad que arrastraba desde Arizona, tuve que ver como besaba a otra chica después de que casi me besara a mí, ¡y por si eso fuera poco, tengo que soportar a su hermana que me odia porque dice que mi vida es perfecta! –terminó explotando-¡Sí, Rosalie! Mi vida es perfecta, ¿no te parece? Haces muy bien en envidiarla –añadió con sarcasmo-. Tus padres te abandonaron y estoy segura de que dolió más que si te clavasen un cuchillo en el pecho, pero mira a tu alrededor ¿quieres? Esme y Carlisle te quieren y tienes hermanos en los que apoyarte, y tienes un chico que estaría dispuesto a hacer todo lo posible por bajarte la luna si se lo pidieras… ¿En serio quieres mi vida? –preguntó-. ¿En serio la envidias? Porque yo daría cualquier cosa por tener a mis padres juntos preocupándose por mí en la misma habitación sin que estuviesen discutiendo o gritando y daría cualquier cosa por tener un solo hermano, sólo uno, con el que poder hablar… Así que hazme un favor Rosalie, si vas a odiarme por algo, hazlo por algo que realmente merezca la pena y no porque los demás te juzguen por tu rostro y cuerpo perfectos.

Escuché el silencio, el jadeo involuntario de mi hermana, los pasos apresurados de Bella y la puerta cerrándose. Salí de mi escondite bajando los últimos peldaños y miré a Rosalie. En cuanto vio mis ojos supo que lo había escuchado todo.

-Edward, yo no… no sabía… no quería…

Asentí.

-Está bien Rosalie… sólo… deja que se calme, luego podrás disculparte con ella…

-No quería hacerle daño diciéndole que…

-Lo sé –la abracé unos segundos y la besé en la frente-. Estará bien, no te preocupes. Tu impulsividad forma parte de tu encanto –bromeé-. Voy a llevarla a casa ¿de acuerdo? –asintió y la miré-. Está bien Rosalie… Creo que después de todo le has hecho un favor –me miró incrédula-, necesitaba explotar y sacar todo eso –le dije intentando bromear-. Hasta luego.

Cuando salí, Bella me esperaba en el porche y su sonrisa dulce adornaba su rostro cuando me miró, como si no hubiese pasado nada. Tantos años fingiendo que no le importaba lo que los demás dijesen, tantos años guardando en secreto el daño que el divorcio de sus padres le había causado, tantos años siendo una niña asustada jugando a ser mayor le habían dado una gran capacidad de fingir que estaba bien.

Para ser sinceros, si no hubiese sido porque había escuchado la conversación y porque sus ojos aún estaban rojos y brillantes por las lágrimas que intentaba contener, me lo hubiese tragado yo también.

No dije nada, sólo le tendí la mano, en silencio. No necesitaba nada más cuando ella estaba cerca de mí, a mi lado, que su simple presencia. Era agradable…

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Charlie aún no había llegado a casa. Edward se dio cuenta de que algo me ocurría porque permaneció en silencio, sólo roto por ocasionales comentarios triviales y sin importancia, sin querer indagar en lo que me ocurría hasta que no fuese yo quien diese el paso para explicárselo. Aparcó detrás de mi camioneta y salió del coche, rodeándolo para abrirme la puerta con una media sonrisa; luego, en silencio, me acompañó hasta la puerta y se aseguró de que entraba.

-Paso por ti mañana –me dijo con suavidad-. ¿Estás bien?

La mano que me acarició la mejilla me hizo estremecer y él sonrió al notarlo.

-Sí… sólo… cansada –rodé los ojos-… los números me levantan dolor de cabeza –mentí a medias.

-Pobrecita… -me besó en la frente y me abrazó.

Es curioso como un gesto como un simple abrazo puede transmitir tanto, incluso mucho más que un beso. Los brazos de Edward eran protectores, firmes y seguros, envolventes y cálidos. Me sentía a salvo entre ellos, me sentía en casa, si es que eso tenía algún sentido para alguien.

-Buenas noches, Bella…

-Buenas noches…

No intentó besarme y aunque yo me moría de ganas porque lo hiciera, en aquellos momentos no estaba de humor para ello. Quería disfrutar plenamente del primer beso verdadero que hubiera entre los dos, quería poder recrearme en él, perderme en sus labios y sentir con todo mi corazón y mi alma… No quería que me besara en un momento en el que estaba furiosa por haber explotado, confusa por la conversación con el señor Hunter y cuidadosa por si algún vecino cotilla sacaba la cabeza en el momento menos apropiado por la ventana o la puerta. Parecía que Edward sabía leerme el pensamiento… Sonreí. O eso o mi cara era un libro abierto para él.

Subí las escaleras dispuesta a darme una ducha reparadora cuando pasé junto a la pequeña habitación que Charlie utilizaba a modo de despacho. Tenía terminantemente prohibido entrar allí porque a menudo mi padre trabajaba en casos de asesinatos y las fotografías de los cuerpos estaban extendidas por el escritorio… Pobre Charlie… siempre intentando protegerme incluso del viento… No era un hombre dado a palabras pero me quería, a su modo, por supuesto, pero yo lo sabía.

Se había dejado la luz encendida así que entré para apagarla y la curiosidad me hizo echar un vistazo sobre la mesa donde no había fotografías si no un montón de papeles e informes mecanografiados y sellados. Juro que sólo fue curiosidad, no es como si hubiera entrado con la idea explícita de mirar qué había allí, pero lo vi. Sobre la mesa había una carpeta marrón oscura con el sello oficial de la policía de Forks estampado en su frente y estaba abierta… Leí por encima… "adolescente accidentado… precipicio… carreras ilegales… en estado de coma… pocas posibilidades de vivir… relacionado con el grupo Fuego Eterno…" Al leer aquello mis ojos buscaron ávidos de información el nombre del chico, quizá pudiera hablar con algún familiar o amigo y… me quedé helada. Scott Hambridge. En letras grandes y negras. Scott… el mismo nombre que había pronunciado Edward aquella tarde… Dejé de leer de repente como si las letras me hubiesen quemado y salí de la habitación tan rápido como pude sin siquiera apagar la luz.

En momentos como aquel era cuando me daba cuenta de que mi curiosidad de periodista quizá fuese una maldición en lugar de ser un don, pero… ¿qué tenía que ver el amigo de Edward con Fuego Eterno?

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Mmmmm… Vale, alguien quiere hacer apuestas sobre lo que va a pasar?

Bueno, ¿qué tal el capítulo? Espero que os haya gustado… Pensé en hacerlo más largo… ya sabéis, describir más la escena de estudio, como se sentían ambos… pero entonces el capítulo iba a ser demasiado largo… supongo que en algún momento haré otra sesión de estudio de un capítulo entero o algo así… no sé… aún tengo que meditarlo…

En fin, este capítulo ha ocupado 15 páginas, así que ya sabéis lo que toca jejeje!!!

Espero sinceramente que os haya gustado y como siempre, vuestros comentarios serán bien recibidos, es más, estoy ansiosa por leeros!!!

Un besito y que paséis un buen fin de semana!!! Recordad que "no somos grandes porque seamos importantes, sino que lo somos porque le importamos a las personas que están a nuestro alrededor"

Un beso, nos leemos pronto!!!

Sed felices!!!!!