Hola a todo el mundo, que tal estáis?? Espero que dispuestos a leer un nuevo capítulo de esta historia. Un capítulo más tengo que agradeceros vuestros comentarios y palabras de apoyo; un agradecimiento especial a todos los que me habéis dejado review: fayres12, leblancish, christti, deniziithaw, miicaa, carmenlr, beii moon, libelula19, akhane, lolipop34, nocturnal depression, ana, afrokd, flowersswan, margara, tutzy cullen, princesaamy, biankismasen, maria swan de cullen, beautifly92, sallan, ammyriddle, leyla, mademoiselle k, abril, ale89, kmylita, misscullen9, lna, prisgpe, , crish, clorena, alejandra, hik-y, sirenita93 y un saludo muy especial para elena swan: nena, me encantan tus reviews tan largos, realmente disfruto con ellos ¡gracias!

Espero que este capítulo sea de vuestro agrado… nos vemos abajo, que tengo una sugerencia que haceros.

Disfrutad de la lectura!!!

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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)

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Capítulo IX. Baile

"Algunos días te levantas con la sensación de que deberías quedarte en casita, en la cama, calentita debajo de las mantas y sin salir siquiera para ir a comer… Aquel fue uno de esos días y juro que ese presentimiento no tenía nada que ver con que fuera el día del baile, un baile al que por cierto, ni siquiera estaba segura de si quería ir. La última vez que había ido a un baile había habido problemas con la electricidad y hubo que suspenderlo y la vez anterior a aquella el salmón que habían colocado en los sándwiches estaba en mal estado y habíamos acabado todos los estudiantes en la sala de urgencias del hospital… y la vez anterior… no recuerdo exactamente qué pasó pero sé que ocurrió algo… Cada vez que iba a un baile de instituto ocurría algo, ¿por qué no iba a pasar en este?"

René no me habría dejado hacer esto. René no me habría dejado pasar el fin de semana entero en casa de una familia teniendo mi propia casa en el mismo pueblo. René no me habría sonreído ni me habría dicho: "que lo pases bien, cariño". Y definitivamente René no me habría dejado salir de casa sin ver qué ropa pensaba llevar al baile. Estaba claro que Charlie no era René.

-¡Ay! –me quejé cuando Alice tiró de mi cabello hacia atrás-. ¿Pretendes dejarme calva o algo así?

-No, si hiciera eso, Edward me mataría, le gustan las chicas que llevan el cabello largo, dice que las hace parecer más… más femeninas –vi como se encogía de hombros a través de la imagen del espejo-, no sé, cosa de chicos supongo. Particularmente a mi Jasper le gusta como lo llevo.

Movió la cabeza hacia ambos lados dejando que quedase aún más despeinado en las puntas dispares y tuve que sonreír.

-¡Ey, te has reído! –me pasó el cepillo nuevamente por el cabello-. ¿Ves como no es tan malo?

-Alice, para mí esto es prácticamente una tortura… -me quejé-. Llevamos dos horas aquí encerradas y aún no has terminado de peinarme… Podría simplemente dejarlo suelto y ya está.

-¡Ni se te ocurra! –agitó el cepillo en el aire y golpeó el suelo con su pequeño pie-. No estoy aquí intentando hacerte el recogido más espectacular que hayas visto nunca para que tú lo sueltes tan pronto como salga por esa puerta –me regañó-. Quiero que tu primera cita con mi hermano sea perfecta –añadió. Frunció el ceño-. Porque las primeras citas siempre lo son ¿no?

-¿Me lo preguntas a mí? –dije cerrando los ojos al ver a Alice armada con un secador y un cepillo redondo, no quería saber qué iba a hacer-. No lo sé, ¿cómo fue tu primera cita con Jasper?

Alice arrugó su naricita y se mordió el labio inferior intentando concentrarse en aquella pregunta. Luego suspiró y volvió a atormentarme.

-Hace tanto tiempo que no lo recuerdo –confesó-, pero si quieres puedo contarte como fue la última –rió entre dientes-, con Jasper siempre es como si fuese la primera…

-¿Cuánto tiempo hace que… ¡ay, vigila! –dije al sentir que me tironeaba del cabello otra vez.

-Lo siento… ¿qué decías?

-Quería saber cuánto tiempo hace que estáis juntos…

-A ver, nos conocimos a los once años y tenemos dieciséis así que… cinco años –dijo tranquila.

-¿Es que empezastéis a salir el mismo año que os conocístes? –pregunté burlona.

-No –dijo seria-, empezamos a salir el mismo día que nos conocimos –añadió. La miré a través del espejo y ella rió al ver mi rostro sorprendida-. Bueno, ¿qué quieres que te diga? Fue el único que me habló con normalidad cuando le hice la pregunta –frunció el ceño-, los demás me miraron como si estuviera loca…

-De acuerdo, Alice, si no me explicas eso yo voy a empezar a pensar que estás loca.

Alice giró la silla en la que yo estaba sentada y me miró fijamente; luego se arrodilló delante de mí y sonrió con cierta tristeza.

-Te voy a dar la versión rápida porque tenemos mucho trabajo que hacer con tu maquillaje –dijo frunciendo el ceño.

-Ehm… ¿gracias? –pregunté no estando demasiado segura de si era un cumplido o no.

Alice ignoró mi interrupción y se puso derecha para girarme mirando hacia el espejo; se armó con el cepillo y el peine y empezó a trabajar con mi cabello prometiéndome que sería indoloro.

-No recuerdo nada de mi familia, sólo recuerdo haber pasado de un centro de acogida a otro una vez y otr ay otra… una de las asistentes sociales me cayó particularmente bien y fue ella la que me dijo que aunque me cambiaran de un sitio a otro llegaría un momento en que encontraría a alguien que no me dejaria sola nunca más y que cuando yo sintiera que había encontrado a la persona, tenía que preguntarle por qué había tardado tanto… -se encogió de hombros mientras me recogía el cabello y lo sujetaba con algunas horquillas invisibles-. Un día llegó una asistente social con Jasper… yo estaba sentada en las escaleras, mirando la puerta, teniendo el presentimiento de que aquel día iba a ser distinto –me colocó el cabello como ella quería y lo sujetó con más horquillas disimuladas-, y entonces entraron. Le miré, le sonreí y entonces supe que era él –vi como sonreía con dulzura, con la mirada iluminada como siempre que hablaba de Jasper-. Me levanté y enfadada le dije "¡Ya hera hora! ¿Por qué has tardado tanto?" –reí ante su imitación de voz infantil.

-¿Y qué pasó entonces?

-Le había hecho esa pregunta a todos los chicos y chicas que habían entrado por aquella puerta y los que no se reían de mí, o me miraban de forma rara o me tomaban por loca, pero él, no. Jasper me miró, parpadeó y sonriendo me contestó: "Lo siento, ha sido un camino muy largo hasta llegar aquí".

-Wow… -dije.

-Sí, lo sé –contestó soltando los cepillos y ahuecando el cabello de la forma en que quería hacerlo-. Hemos estado juntos desde entonces –rió divertida y traviesa-. Alguna vez deberías preguntarle a Esme por las fotografías del día en que nos adoptaron… la cara de Edward demuestra la sorpresa de creer que iban a volver con un niño más y ver que volvían con dos…-me reí con ella. Su risa era franca y contagiosa-. Bueno, ya está. ¿Qué te parece?

Me miré en el espejo, preparada para fingir una sonrisa agradable y disimular que lo que fuera que me había hecho me agradaba. Pero no tuve que fingir. Alice me había apartado el cabello de la frente y me lo había recogido sobre la cabeza con otros mechones que había rizado. El resto del cabello caía en ondas suaves hasta media espalda y algunos mechones lisos enmarcaban mi rostro.

-Me encanta Alice –dije sinceramente-. Muchas gracias.

-Ah, ah, ah –dijo colocando su mano en mi hombro cuando intenté levantarme-. Aún queda el maquillaje.

Abrí los ojos cuando vi el, literalmente, maletín de maquillaje que abrió frente a mis ojos dejándolo en la repisa del baño. Juro que he visto droguerías con menos cosméticos de los que ella tenía allí.

-Alice por favor… no quiero ir demasiado… -hice un gesto y suspiré sin encontrar la palabra adecuada-… me conformo con parecer natural –añadí-… sólo… no sé, que el maquillaje haga que me vea como tú –expliqué para darle a entender que no quería ir demasiado maquillada.

Alice me sonrió.

-Tonta Bella…-sonrió-. Haré algo mejor que eso, haré que te parezcas a ti –me dijo.

Sonreí. Aquello sí había sido un cumplido. Y mientras mis mejillas se sonrojaban y Alice reía ligeramente, cerré los ojos. Confiaba en Alice… supongo.

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Bella había sido secuestrada por Alice, literalmente. Tan pronto como habíamos llegado a casa, Alice había desaparecido para ir a buscar a Bella y habían regresado cuarenta y cinco minutos más tarde; Alice me había dejado ver a Bella un par de minutos y antes de que pudiera preguntarle siquiera si iba a estar cómoda en el cuarto de invitados, Alice me había echado de la habitación cerrando la puerta y amenazándome a mí y a cualquiera que se atreviese a entrar allí sin su permiso. Cuando una hora después Esme bajó diciendo que la ropa de Bella le iba a sentar muy bien y Carlisle rió diciendo que estaba de acuerdo con ella me di cuenta de que la prohibición de Alice sólo se ajustaba para los chicos y para mí. ¡Era injusto!

Así que allí estaba, cuatro horas más tarde, esperando, vestido completamente y mirando hacia las escaleras cada dos minutos. Jasper se había apiadado de mí y había subido a preguntar si ya estaba listas. No es que lo hubiésemos echado a suertes ni nada por el estilo, era que Emmett y yo sabíamos que Jasper era quien tenía menos posibilidades de acabar muerto a manos de Alice si las interrumpía. Por la forma en que Jasper subió las escaleras y el rostro que llevaba parecía que él no estaba completamente de acuerdo con nosotros.

-Bella, estás preciosa –escuché la voz de Jasper desde la parte alta de las escaleras-. Iré a decirle a los chicos que ya estamos –escuchó como besaba a, esperaba que fuera Alice porque si no Jasper acababa de meterse en un problema. Sacudí la cabeza para prestar atención a sus pasos mientras bajaba silbando tranquilamente-. ¿Y Rosalie?

-Ya se ha marchado –le dije. Jasper me miró enarcando una ceja pero yo estaba mirando hacia las escaleras.

-Cogió su coche –se encogió de hombros Emmett sin darle demasiada importancia explicándoselo a Jasper-. Nos reuniremos allí. ¿Quieres conducir? –me preguntó.

Jasper emitió una risita burlona.

-No creo que sea prudente que Edward conduzca esta noche, no creo que vaya a tener toda su atención en la carretera.

-Vamos, Edward no ha tenido un solo accidente desde que se sacó el carné y…

Dejé de escuchar como Emmett me defendía en el momento en que escuché a Bella y Alice bajar las escaleras. Si había visto a Rosalie provocativa con su vestido rojo y ajustado, Alice parecía coqueta y divertida con aquella minifalda negra y la blusa amarilla que llevaba pero Bella… Bella parecía simplemente perfecta.

Llevaba una falda negra que se ajustaba a sus caderas y caía en diferentes capas hasta las rodillas y la suavidad de la tela hacía que esta pareciese ligera y casi etérea. En la parte superior llevaba una camiseta de tirantes de un color azul medianoche que resaltaba su pálida piel y dejaba al descubierto un escote cuadrado adornado con un broche de plata y sobre la camiseta se había puesto una camisa de tirantes anchos y cuello abierto con botones que llevaba totalmente desabrochada, en un tono azul un poco más pálido que el de la camiseta. Las sandalias de medio tacón completaban la figura dulce que aparentaba Bella en aquellos momentos. Cuando Jasper había dicho que estaba preciosa, se había quedado corto. No encontré palabras para describirla. Todo lo que hubiese dicho hubiese sido menos de lo que ella se merecía escuchar en aquellos momentos.

-¿Entiendes ahora por qué Edward no va a prestar demasiada atención a la carretera? –preguntó Jasper burlón. Bella se sonrojó y Alice rió divertida ante mi reacción-. Yo conduzco –anunció robándole las llaves del jeep a Emmett.

Por suerte parecía que aquella noche Emmett no tenía ganas de discutir, así que se limitó a encogerse de hombros y a salir por la puerta seguido de Jasper y Alice.

-Me has dejado sin palabras –le dije sinceramente.

-El mérito es de Alice –contestó ella ligeramente avergonzada colocando un mechón de cabello tras la oreja-. Yo no…

Le alcé la barbilla con la mano y la miré.

-Estás radiante Bella y eso no es por lo que Alice haya hecho o dejado de hacer, es porque tú eres preciosa…

-Supongo que gracias…

-¿Supones?

-Bueno –ahora parecía enfadada y confusa-, Jasper le ha dicho a Alice que estaba preciosa y la ha besado y tú no me has besado aún… salvo si contamos el breve beso en el jardín de mi casa pero desde entonces no… quiero decir… no has intentado… no es que quiera que lo intentes… bueno, sí, pero no como si estuviese…

Detuve su titubeo a pesar de que me resultaba gracioso verla balbucear casi sin darse cuenta de lo que decía.

-Bella, quiero hacerlo –le dije sinceramente-. Créeme, quiero besarte… -reí entre dientes al ver su expresión entre asombrada, avergonzada y anhelante-. De echo, no he pensado en otra cosa desde el día en que no pude hacerlo porque me sonó el teléfono y el que siempre que quiera hacerlo ocurra algo que nos interrumpa no ayuda demasiado a mi paciencia… -le acaricié la mejilla y la suavidad de su piel me sorprendió como siempre; su sonrojo era natural, Alice no había tenido que hacer nada respecto al color de sus mejillas. Me gustaba-… Pero no quiero besarte ahora… Cuando te bese quiero que sea estando solos y con todo el tiempo del mundo para ello; no quiero que sea en el vestíbulo de mi casa con la puerta abierta y mis hermanos esperándonos fuera, no quiero que sea un beso apresurado…

-¡Edward, Rosalie me matará si la dejo esperando en el aparcamiento del instituto más de diez minutos! –llegó la áspero voz de Emmett.

-¿Lo ves? –la besé en la frente-. Vamos, salgamos antes de que al oso se le ocurra entrar a buscarnos –bromeé.

Pero no pude moverme de mi sitio. Bella me había cogido de la chaqueta y parecía titubear, como si quisiera decir algo y no se atreviese a hacerlo temerosa de lo que pudiera pasar si lo hacía. Su respiración era irregular y el sonrojo de sus mejillas había aumentado considerablemente. La conocía ya lo suficiente para saber que Bella se sonrojaba o bien por vergüenza o bien por nervios.

-Edward… -susurró.

-¿Qué?

-No me importa…-arrugué el ceño-… no me importa que no sea el beso perfecto ni me importa que sea apresurado ni me importa que estemos en el vestíbulo o en el jardín de mi casa… lo único que me importa es que quiero besarte –noté como miraba mis labios y la punta de su lengua acarició los suyos-. Creo… creo que me he cansado de esperar a que tú lo hagas…

Quise preguntarle a qué se refería pero no me dio tiempo. Cuando Bella se alzó sobre las puntas de sus pies y recostó su peso en mí, la abracé por la cintura en un gesto instintivo para no dejarla caer y cuando ella rodeó mi cuello con sus brazos y me besó suavemente, casi como un simple roce… todas las cosas que le había dicho y que habían sido ciertas y que había creído en ellas, parecieron volverse insignificantes y desaparecieron.

Nunca jamás había sentido algo así con nadie. Bella no había tenido novio antes, me lo había dicho, así como también me había dicho que no había besado a nadie nunca, no de aquella forma al menos. Quizá por eso el beso que me estaba dando me sabía tan dulce, o quizá simplemente era porque me lo estaba dando ella.

Moví mis labios sobre los de ella, saboreando su esencia y me sentí embriagado por ella. Inicié un beso más profundo, jugué con su labio interior y lo mordí ligeramente, despacio y suave, lento, dándole la oportunidad de parar si quería hacerlo. Pero no lo hizo. Bella me siguió en el beso en una danza de amor tan antigua como la misma luna lo era.

Sus manos se movieron en mi nuca y jugaron con el cabello allí mientras la abrazaba más fuerte por la cintura y la atraía hacia mí, dándome cuenta de que incluso el mínimo centímetro que nos separaba era demasiado espacio para mí agrado.

Tenía la sensación de que aquel era mi lugar. Me había pasado toda mi vida pensando que no pertenecía a ningún sitio; me había costado adaptarme a la vida de Carlisle y luego a Esme y me había costado mucho confiar en mis hermanos, incluso en aquellos momentos aún había cosas que no podía contarles, que no quería contarles. Me había pasado toda la vida creyendo que jamás encontraría ningún lugar al que pertenecer, ningún lugar al que pudiera llamar mío. Pero sí había uno, entre sus brazos. Con ella. Bella me daba lo que me faltaba… Bella se había convertido en mi mundo y aunque no estaba seguro de cuando había pasado eso, tampoco me importaba demasiado.

La escuché quejarse y la separé de mí creyendo que necesitaba aire, pero no había sido aquello lo que había provocado su quejido si no las manos de Alice que la había separado de mí sujetándola por los hombros y echándola hacia atrás.

-Me gusta que os queráis tanto y bla, bla, bla, pero creo que si no nos vamos ahora Rosalie matará a Emmett –añadió mientras arrastraba a Bella hacia la salida.

-Alice, me caes muy bien, pero creo que ahora mismo podría odiarte –la escuché decir mientras Alice la sacaba de casa.

Mi hermana rió entre dientes.

-No me odias Bella y además, por la forma en que me está mirando Edward, creo que no eres la única que viaja en ese barco –dijo divertida-. ¡Oh, venga, no pongas esa cara Bella! No es como si fuese vuestro primer beso o algo así… -Bella maldijo y yo reí entre dientes a pesar de la frustración de que Alice nos hubiera separados.

Alice no sabía lo cerca que había estado con aquella afirmación.

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Aún tenía el sabor de los labios de Edward cuando Jasper aparcó el jeep de Emmett. El trayecto desde la casa de los Cullen hasta el gimnasio del instituto había sido un infierno a pesar de las constantes bromas de Emmett, el entusiasmo de Alice y la risita entre dientes de Jasper asegurando que no iba a dejar que se entusiasmara demasiado. En varias ocasiones había notado como Edward me miraba de reojo pero en ningún momento me había atrevido a mirarle. Le había besado. Me había atrevido a besarle y aún no sabía cómo había sido capaz de hacer algo así. Estaba avergonzada por lo que había hecho y extrañamente feliz al mismo tiempo.

Tampoco me atreví a mirarle cuando me ayudó a bajar del jeep ni mientras caminábamos hacia el gimnasio decorado especialmente para la ocasión con los colores del instituto, música a todo volumen y una gran mesa llena de refrescos y comida ligera. Y ni siquiera le miré cuando él me apretó ligeramente la mano. Sólo alcé la cabeza cuando escuché la conversación en la que Alice y Jasper estaban intentando molestar a Emmett.

-Rosalie sabe defenderse perfectamente sola –contestaba Emmett a algo que le habían dicho y que me había perdido completamente.

-Oh, esoy segura de eso, lo sé –respondió Alice-. Además, ¿qué puede pasarle en el baile?

-Cierto, sólo lleva ese vestido rojo corto y ajustado… como si fuera una segunda piel –dijo Jasper con fingida inocencia.

Emmett frunció el ceño.

-Por cierto, ¿qué porcentaje de chico chica hay ahora en el instituto? –preguntó Jasper.

-Creo que estamos a doce chicos por cada chica –sonrió Alice-, y eso que ha venido Bella, si no sería más alto –añadió.

Emmett se cruzó de brazos.

-Pero podemos confiar en que todos son sensatos ¿no?

-Oh, por supuesto –hizo un gesto vago con la mano-. Además, no es como si no conociera a todos los chicos que hay en el gimnasio –apoyó Alice.

-¿Crees que este año habrán conseguido colar alcohol? –preguntó Jasper.

-Estoy segura de ello. Nunca comprenderé por qué la gente necesita alcohol para pasarlo bien –arrugó el ceño-. Todos sabemos cómo se ponen algunos chicos cuando han bebido…

Emmett gruñó, literalmente.

-Voy a buscar algo para beber –masculló.

Tan pronto se hubo ido, Jasper y Alice rompieron en carcajadas. Edward rodó los ojos pero las comisuras de sus labios se curvaron.

-Será mejor que vayáis a buscarle antes de que revuelva el gimnasio buscándola –les aconsejó. Aún riendo, Alice y Jasper se fueron y ella me guiñó un ojo-. Bueno, ¿qué te parece tu primer baile del instituto de Forks? –preguntó acariciándome la mano que tenía entrelazada con la mía mientras me conducía de nuevo al centro del baile.

-Una experiencia abrumadora –dije sinceramente. Edward se rió-. Creo que debo empezar a pensar antes de hablar en lugar de soltar lo primero que se me pasa por la cabeza… -susurré.

Ante mi sorpresa Edward me abrazó. Me rodeó con sus brazos y apoyó su mentón sobre mi cabeza inhalando profundamente y aún riendo entre dientes.

-Bella, esa es una de las cosas que más me gustan de ti, así que no empieces a pensar antes de hablar, ¿de acuerdo?

Le hubiese contestado seguramente si no hubiese inclinado la cabeza para mirarme fijamente con sus ojos verdes. Lo había pensado la primera vez que lo había visto y era algo que siempre estaba en mi pensamiento, pero era cierto que la mirada de Edward era capaz de traspasarte y llegar a leerte el alma.

-¿Bella?

-Lo has vuelto a hacer –acusé frunciendo el ceño. Edward parpadeó-. Deslumbrarme… cuando me miras así no soy capaz de pensar… -le aseguré.

-Estupendo –se inclinó hacia mi oído y susurró lo bastante alto para que escuchara sobre la música-, porque tú también me deslumbras a mí –me mordió ligeramente el lóbulo de la oreja y me estremecí.

Debió de notarlo porque se separó ligeramente de mí y frunció el ceño preocupado.

-Bella, ¿estás bien?

-¿Quieres la verdad o lo que quieres escuchar? –pregunté.

-Siempre quiero que me digas la verdad Bella –frunció el ceño como si le costara decir aquellas palabras-; puede que no siempre me guste lo que me digas pero quiero que me digas todo lo que piensas.

-No sé si debería haberte besado –solté de pronto. El brillo de sus ojos se apagó ligeramente.

Suspiré cuando me llevó hasta un lado de las gradas del gimnasio donde la música se escuchaba más atenuada y su voz sonaba más aterciopelada.

-De acuerdo, explícate –me dijo tranquilo.

-No suelo ir besando a los chicos por mucho que quiera hacerlo –dije.

Rodé los ojos mentalmente, ya que me estaba poniendo en ridículo, bien podía hacerlo completamente ¿no?

-Es la primera vez que hago algo así, en realidad es la primera vez que beso a un chico de esa manera y ahora no sé cómo actuar contigo… -me retorcí las manos en un gesto nervioso que René siempre reconocía-. No sé si lo hice bien o si lo hice tan mal que no vas a volver a querer besarme y tampoco sé si me vas a considerar una fresca por haberlo hecho y además…

Colocó su dedo índice en mis labios para decirme que me callara en un gesto silencioso.

-Bella, cuando me besaste, lo hiciste porque quisiste ¿verdad? –asentí-. Y me besaste no solo porque querías hacerlo sino porque sentías que era lo adecuado ¿no? –volví a asentir-. De acuerdo, ahora escúchame bien –colocó sus manos a ambos lados de mi rostro para mirarme detenidamente, el brillo de sus ojos había vuelto a aparecer-, nunca, nada, absolutamente nada de lo que hagas porque sientes que hacerlo en ese momento es lo correcto, estará mal, ¿entendido? Y nunca jamás me atrevería a juzgar a nadie por hacer algo así, mucho menos a ti –me dijo sinceramente-. No hay nada que puedas decir o hacer o pensar y que no puedas contarme ¿de acuerdo? –rió entre dientes-. Además, si quieres saberlo, si no me hubieses besado tú, lo habría hecho yo –me sonrió con dulzura-. Así que, gracias por haberlo hecho –me besó en los labios con lentitud, con deliberada lentitud, provocándome, acariciándome con la mirada y haciéndome sentir todo lo especial que alguien podría hacer sentir a otra persona.

Sus labios separaron los míos y fue como si no nos hubiesen interrumpido el beso de antes, como si este fuera simplemente una continuación del anterior, como si jamás se hubiese acabado. Me encontré con mis manos moviéndose solas hasta dejarlas sobre su pecho, sintiendo el calor de su cuerpo y cada latido de su corazón. Gemí cuando sus dientes mordisquearon mi labio inferior y como si eso hubiese sido una señal, sentí las manos de Edward sobre mis caderas, acercándome a él, temeroso de que pudiera apartarme de su lado ¡cómo si eso fuera posible!

Edward se atrevió a ir un poco más lejos de lo que yo me había atrevido en su casa y sentí el ápice de su lengua acariciar mis labios unos segundos antes de notar como su lengua se introducía en mi boca, acariciando, persuasiva, dulce… no se sentía como una invitación ni como una exigencia, simplemente era natural, como si nos perteneciéramos el uno al otro… una sensación muy extraña que jamás había sentido en mi vida y que, estaba segura, sería incapaz de sentir con alguien que no fuera él.

Su boca era cálida y dulce y pronto mi lengua se atrevió a buscar la suya, moviéndose por voluntad propia, como lo habían hecho mis manos. Me sentí halagada cuando le escuché gemir en respuesta a mi caricia y me sentí poderosa por lograr hacer algo así, por conseguir provocar tal efecto sobre alguien. Me rendí ante su ataque con gran placer y me derretí con su lengua de fuego y miel sin siquiera pensarlo… Estaba desconectada del mundo, de la música, del gimnasio, de todo lo que nos rodeaba pero no me sentía insegura, era incapaz de sentirme insegura estando entre sus brazos.

Poco a poco, con lentitud, despacio, suave, calmado… Edward fue rompiendo el beso, dándome pequeños besitos en los labios, recuperando ambos el aliento, intentando que nuestras respiraciones fueran más normales, más regulares, más tranquilas. Cuando por fin nos separamos, ignoro qué cara tendría yo pero supe con certeza que siempre recordaría la sonrisa de Edward de aquel momento.

-¡Edward, aquí estás!

La voz demasiado dulce de Lauren nos interrumpió. Quise apartarme de Edward, como una niña que hubiese sido atrapada en alguna travesura pero Edward no me lo permitió y no sólo eso, sino que me mantuvo firmemente a su lado con su mano rodeándome la cintura.

-¡Te he buscado por todas partes desde que he visto a Rosalie! –dijo riendo con coquetería-. ¿Es que te estás escondiendo de mí?

Edward no contestó; rodó los ojos y lo spuso en blanco.

-Lauren, ¿qué quieres? – preguntó cansadamente-. Por si no lo has notado, estoy algo ocupado…

-Oh, claro, por eso te he buscado aquí, es tu lugar favorito cuando…

-¿Qué quieres, Lauren?

No necesitaba que Edward la hubiese interrumpido para adivinar qué iba a decir Lauren. Iba a decir que aquel lugar, donde estábamos en aquel preciso momento, era el sitio en el que Edward solía quedar para estar con la chica con que… Sacudí la cabeza y me ordené mentalmente apartar aquella idea de mi mente… pero eso no hizo que dejase de sentirme de repente dolida. Edward masculló a mi lado algo, una maldición seguramente, luego se inclinó y me besó en la mejilla.

-¿Por qué no vas a investigar un poco para el artículo que tienes que escribir sobre esto? –me sugirió con suavidad-. Enseguida voy ¿de acuerdo?

Asentí e ignoré la mirada de Lauren cuando pasé por su lado. No quería mirarla, no quería siquiera intentar comprender aquello. Pero por mucho que quise alejarme de ellos, me quedé en un lugar del gimnasio en el que pudiera verles, no oírles, pero sí verles, con un vaso de zumo de naranja en la mano y con la cabeza puesta en el beso de Edward, en las palabras de Lauren, en el gesto duro de él… Seguramente si hubiese estado más centrada me hubiese dado cuenta del momento en que Victoria se acercó hasta mí.

-Chica sana ¿verdad? –preguntó mirando mi vaso-. ¿Por qué no me sorprende? – alargó un brazo y movió la mano donde sostenía una cerveza-. Supongo que no querrás un poco ¿verdad?

-¿Qué diablos crees que me impulsaría a aceptar algo de la novia del tipo que hace poco intentó atacarme?

-Uffff –dijo riendo burlona-, estás quisquillosa ¿eh?

-Y tú borracha –le contesté secamente-. Además, no bebo nada que no haya abierto o tomado yo misma.

Dejé de prestarle atención y miré a Edward que más que estar ocupado hablando de algo con Lauren, parecía estar Lauren colocó su mano en el brazo de Edward y se inclinó hacia delante, él se la apartó con rapidez e incluso desde donde estaba pude ver el rostro de él enfadado por que ella se hubiese acercado tanto. Les observé fijamente como si así fuese capaz de saber de qué estaban hablando.

-Hacen buena pareja ¿verdad? –miré a Victoria y luego miré a Edward y a Tanya odiando que ella tuviese razón-. He oído que ella quiere volver con él –soltó una carcajada-. ¡Como el resto de las chicas con las que ha estado! En serio, ¿qué le véis? Es… es Cullen.

-Ya, y a ti te van más los malos ¿no? –hice una observación aludiendo claramente a James.

Victoria sonrió sarcástica como si supiera un chiste privado que no estaba dispuesta a compartir y le dio un trago a la cerveza que llevaba.

-No seas tan mojigata… -dijo divertida-. Además, no estoy aquí para eso, sino para darte un mensaje de parte de James – la miré, mi atención puesta en ella y mis ojos mirando hacia los lados como si así pudiera evitar que Sommers se acercara demasiado a mí estuviese donde estuviese-. Dice que para que veas que no es tan mala persona te va a dar algo sobre lo que puedes trabajar para empezar a escribir ese artículo tuyo…

La miré aún recelosa y odié mi curiosidad de periodista cuando rodé los ojos y le pregunté qué quería decir con eso. Victoria se encogió de hombros.

-Fuego Eterno está muy presente en Forks –señaló con la mano libre a su alrededor creando un arco que abarcó a todos los que estaban allí-. Pero no le preguntas a la gente adecuada –señaló con la cabeza a Ángela y Eric que estaban bailando y luego a Mike y Jessica y Bobby-. Si quieres sacar algo en claro, pregúntale a ellos – indicó señalando a Tyler y Rebecca-. O mejor aún, pregúntales a tus amigos... –añadió sarcástica.

-¿A qué te refieres?

-Dime, ¿qué tal está Hambridge? –contestó a mi pregunta con otra. Fruncí el ceño.

Tardé sólo unos segundos en relacionar el apellido que acababa de decir Victoria con el nombre que había encontrado aquella noche en el informe de mi padre. Hambridge… Scott Hambridge… ¿Scott? Me encontré preguntándome a mí misma si ese no era el nombre del amigo de Edward y…

-Será mejor que dejes de decir estupideces o te meterás en líos –la voz de Rosalie hizo que diera un saltito en el sitio cuando aparecieron detrás de mí a pesar de que su advertencia estaba completamente dirigida a Victoria.

-Sí y será mejor que te alejes de Bella –añadió Alice frunciendo el ceño.

No importaba las veces que lo hiciera, ver a Alice enfadada siempre era algo que me sorprendía.

-Así que la pequeña periodista –dijo socarrona- tiene guardianas… -rió entre dientes-… aunque algunas no sean demasiado amenazantes –añadió mirando a Alice.

Rosalie se puso delante de la morena para impedir que Alice se abalanzara sobre Victoria. Sus ojos claros observaron a Victoria de forma amenazante, autoritaria y gélida.

-Largo de aquí –le dijo simplemente.

-Oh, claro, no es como si quisiera quedarme aquí el resto de la noche –bebió de su cerveza un poco más y me pregunté cuántas llevaría ya en el cuerpo-. Y no olvides lo que te he dicho –me miró-, sólo tienes que preguntar a la gente adecuada.

-Menuda zorra… -masculló Alice a mi lado.

-Apoyo eso –Rosalie me miró-. ¿Se puede saber qué hacías sola con Victoria? –entrecerró los ojos evaluándome-. No habrás tomado nada de lo que sea que ella te haya dado ¿verdad?

Parpadeé mientras ella tomaba mi vaso de zumo y lo olía como si así pudiese saber si era zumo de naranja o algo más. Rodé los ojos sorprendida, ¿desde cuándo Rosalie era tan amable conmigo? No habíamos hablado desde… ¡oh, vaya!... desde mi pequeña explosión.

-Nunca bebo nada que no haya abierto o tomado yo misma –dije-, y eso sólo es zumo. No bebo alcohol.

-¿Nunca? –Alice enarcó ambas cejas. Negué-. Cielos… Rosalie tenemos que ayudarla en eso –dijo como si fuera un crimen que no bebiese. Rosalie sólo me miró sin contestar- ¿Y donde está el idiota de mi hermano y por qué estás sola? –frunció el ceño Alice-. No me digas que habéis discutido…

-No, él… está con Lauren –hice un gesto vago con la mano señalando el lugar donde el chico estaba conversando con Lauren y Rosalie chasqueó la lengua.

-Joder, parece que se ponen de acuerdo para molestar a la gente –frunció el ceño-. Sea lo que sea que Victoria te ha dicho, no hay nada entre Edward y Lauren –me aseguró-. Así que no veas fantasmas donde no los hay.

-Ya no –dije entonces recordando las palabras de Victoria.

-Cierto, ya no –corroboró Alice-, y eso es lo que importa realmente ¿verdad?

-Sí, claro… ¿dónde habéis dejado a los chicos?

-Oh, por allí –Alice le quitó importancia-. Están pidiéndole amablemente a Laurent y Sommers que dejen de acosarnos –dijo como si estuviese hablando del tiempo-. ¿Puedes creer que Laurent intentó cogerme de la cintura? –puso una mueca de asco-… Creo que voy a quemar esta ropa en cuanto llegue a casa.

Enarqué una ceja.

-¿Habéis dejado solos a Emmett y Jasper con esos dos? –pregunté realmente curiosa.

-Oh, no te preocupes –Rosalie pareció leerme el pensamiento-. El profesor Bones estaba por allí cerca, no creo que…

-¿Ese profesor Bones? –pregunté interrumpiendo a la rubia mientras señalaba el lugar en el que el profesor de ciencias sociales mantenía una conversación con la profesora de cálculo cerca de las mesas.

-¡Mierda!

Cuando reaccione después de haber escuchado a Alice decir semejante palabrota, ella y Rosalie ya estaban caminando hacia donde estaban los chicos. Miré a mi alrededor y rodé los ojos, ¡genial!, por supuesto no había ningún profesor cerca. ¡Simplemente genial! Así que hice lo único que podía hacer, y después de pedirle a Tyler que avisara a Edward caminé detrás de las chicas.

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-¿A qué ha venido eso? –siseé realmente furioso por su interrupción y por sus comentarios.

-Oh, venga, sólo es Swan –dijo de forma vaga como si no tuviese la menor importancia-. Además, lo que tengo que pedirte es mucho más importante que lo que sea que estuvieras haciendo con esa zor…

-No te atrevas a decirlo –la amenacé serio.

Lauren tragó saliva con dificultad. Al parecer el estar con Bella no hacía que mis amenazas pareciesen menos efectivas.

-Como sea –desechó el resto de su comentario con un gesto de la mano-. Tienes que conseguir que Tanya entre en Fuego Eterno.

Parpadeé y la miré preguntándome si hablaba en serio o bromeaba. No, estaba hablando completamente en serio.

-¿Te has vuelto completamente loca? –le pregunté-. No pienso hacerlo.

-¡Pero tienes que hacerlo! –insistió dando un golpe en el suelo con el pie-. Ahora que Scott está en el hospital y seguramente muera…

-No digas eso –le dije tajante.

-… puedes nombrar a alguien para que entre en Fuego Eterno y le prometí a Tanya que conseguiría que entrara –continuó diciéndome ignorando completamente mi último comentario-. Así que vas a hacerlo –añadió frunciendo el ceño.

¿Qué diablos había visto en Lauren cuando había salido con ella? Sí, de acuerdo, era guapa, era muy guapa, para ser completamente objetivo, pero era… superficial. Llevaba tanto maquillaje encima que apenas se veían sus facciones y el vestido que llevaba enseñaba más de lo que insinuaba… vestida y maquillada para llamar la atención, para conseguir ser el centro de atención. Completamente diferente a Bella y Dios sabía que daba gracias por ello.

-No voy a meter a nadie en Fuego Eterno –le dije enfadado-. No pienso meter a nadie más, así que si le prometiste algo a Tanya te sugiero que busques en otra parte Lauren porque no vas a conseguir nada de mí ¿comprendido?

Sus ojos se oscurecieron peligrosamente. Se acercó a mí y colocó su mano sobre mi brazo inclinándose hacia delante, queriendo darme una vista perfecta de la profundidad de su escote y provocando que me asqueara su gesto.

-Podría contarle a… tu nueva amiguita… lo suficiente para que escribiera su artículo…

Aparté su mano de mi brazo en un gesto brusco y rápido.

-No metas a Bella en esto, Lauren, no te atrevas a hacerlo ¿me entiendes? Nunca he desafiado a ninguna mujer pero puedo hacer una excepción contigo si me presionas demasiado –le dije completamente seguro de mis palabras.

-¿Se puede saber qué diablos le ves a esa mosquita muerta? –preguntó furiosa-. ¡No es como yo!

Sonreí a medias dándome cuenta de la razón que tenía Lauren en aquel momento. Sacudí la cabeza.

-Tienes razón, no es como tú ni como ninguna otra chica… es simplemente ella… Y no pasa un segundo sin que de gracias por ello.

-¡Cullen! –Tyler nos interrumpió y le miré-. Creo que tienes un problema –señaló por encima de su hombro.

Distinguí las figuras de Emmett y Jasper a punto de abalanzarse sobre James y Laurent. En realidad, era Jasper quien estaba a punto de golpear a Laurent y Emmett parecía estar intentando detenerle. Fruncí el ceño. Fuera lo que fuera debía de haber sido grave para alterar a Jasper. Suspiré al ver a las chicas ir hacia ellos. ¡Oh, aquello no era bueno! No llevábamos ni media hora en el baile y parecía que íbamos a tener que irnos antes de que mis hermanos matasen a alguien.

Aparté a Lauren de mi lado con brusquedad y pasé junto a ella.

-¡Edward, estamos hablando!

-Tengo cosas mejores que hacer Lauren.

Punto uno, evitar que mis hermanos maten a nadie. Punto dos, hablar con Bella. Punto tres, salir de allí antes de que yo mismo matase a Lauren.

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Les había advertido que era gafe y que si iba al baile iba a pasar algo pero ¿me habían escuchado? No, ¿para qué? Se habían limitado a reir y a decirme que exageraba. ¡Ja! Sabía que no era muy maduro pero ¿quién tenía razón ahora? Una hora y media de la cual habíamos pasado cuarenta y cinco minutos en el coche, ese el tiempo que habíamos durado en el baile, todo un récord para mí, si tenía que ser sincera. Fruncí el ceño. Iba a tener que ser muy imaginativa y echar mano de mi lista de sinónimos para escribir un artículo sobre un baile al que ni siquiera me había quedado el tiempo suficiente para tomar un sándwich.

-Lo tenía bajo control –insistió una vez más Emmett conduciendo y siguiendo el coche de Rosalie.

Edward rodó los ojos desde el asiento del copiloto.

-Tenías bajo control a James y Laurent pero no a Jasper –frunció el ceño-. Si no llego a intervenir hubiésemos acabado bastante mal.

-Tú no escuchaste lo que dijeron de las chicas, no escuchaste lo que le dijeron a las chicas –rectificó.

-Aún así puedo imaginarlo –contestó Edward-. Y yo tenía tantas ganas como vosotros de golpearles, por si no lo recuerdas cuando llegué a vosotros Sommers le estaba guiñando el ojo a Bella –añadió entre dientes.

Sonreí ligeramente ante la posesividad de Edward; pero la sonrisa se me borró cuando escuché a Emmett protestar.

-La culpa la tenéis vosotras –dijo mirándome por el espejo retrovisor.

-¿Por qué? –pregunté no estando demasiado segura de si quería saberlo.

-Por llevar esos… esos vestidos –terminó diciendo muy seguro-.

-No te oí quejarte cuando viste a Rosalie –dijo sarcástico Edward.

-Eso es porque en ese momento no estaba pensando –admitió Emmett-. Pero la culpa sigue siendo vuestra.

-Primero, yo no llevo un vestido sino una falda y una blusa y segundo, debería de ser capaz de ponerme lo que me de la real gana sin tener que preocuparme porque babosos como Sommers intente hacer nada –me defendí-. Y apuesto cien dólares a que no te atreves a repetir ese comentario con Rosalie delante.

-¡Ja! No me atrevería a repetirlo ni siquiera con Alice delante –dijo seguramente alegrándose de que la aludida estuviera en el coche de delante con Rosalie y Jasper-. En serio –buscó mis ojos a través del espejo retrovisor-, ¿es que no sabéis qué es lo que nos provocáis cuando os vestís así? –chasqueó la lengua-. ¿Viste a Victoria o a Tanya? –preguntó mirando a Edward.

-Emmett… -advirtió él por toda respuesta.

-No, de verdad, ¿y Lauren? –continuó Emmett claramente sin darse cuenta de lo que su con Joder, esa chica sabe como vestirse para atraer a un hombre… -rió divertido como si estuviera recordando un chiste privado que sólo le perteneciese a él-. Si no estuviera con Rosalie y ella no estuviese completamente loca por ti, intentaría pescarla…

Inseguridad. Acababa de darme cuenta de que lo que había sentido en el baile cuando Lauren se había acercado a Edward no habían sido celos sino inseguridad. Odiaba esa faceta mía y si pudiese cambiarla lo habría hecho hace mucho tiempo… Tan insegura, tan tímida, tan… simplemente yo… Me había mirado al espejo antes de salir de casa y me había visto… ¡wow!... Pero luego… me había sentido tan insignificante comparada con el aspecto que había visto en Lauren que en aquellos momentos lo último que quería era escuchar lo bien que sabía vestirse Lauren para atraer a los hombres.

-Esa es la palabra clave –le interrumpió Edward-. Está loca, completamente loca –rió sarcástico-. No tienes ni idea de lo que me ha pedido…

-¿Qué te ha pedido?-preguntó interesado Emmett.

-Sí, Edward, ¿qué te ha pedido? –pregunté yo también.

Vi como se movía ligeramente incómodo ante mi pregunta o quizá fue ante el tono en que la hice, en aquel momento no estaba segura… René siempre decía que yo era muy observadora y que seguramente, aunque era algo bueno, algún día me arrepentiría de serlo. René tenía razón. Vi la suspicaz mirada que Edward intercambió con Emmett.

-Nada que deba preocuparte, sólo está loca –repitió lanzándome una mirada tranquilizadora y una sonrisa que intentaba ser condescendiente.

Sonreí de vuelta y giré la cara hacia la ventanilla sin darme cuenta del modo en que Edward frunció el ceño al verme hacer aquel gesto.

-¿Estás bien, Bella?

Asentí mientras Emmett aparcaba el jeep junto al porsche de Rosalie. Edward abrió la boca para decir algo, seguramente se había dado cuenta de que estaba mintiendo pero no tuvo tiempo de decir nada cuando la puerta de mi lado se abrió y una entusiasta Alice me arrastró fuera del coche tirando de mi mano.

-Alice, vas a aarrancarle el brazo –dijo Jasper con una media sonrisa. Al parecer ya se le había pasado el enfado.

-¡He tenido una idea genial! –le ignoró ella-. Como hemos vuelto pronto, ¡vamos a tener una maratón de películas!

-Intenté impedírselo –se defendió Jasper cuando le miré pidiendo una explicación.

-La última vez que hicimos una maratón de películas terminamos con una guerra de cojines en el salón –dijo Edward-. Es la primera vez que Bella se queda a dormir en esta casa y no me gustaría que pensara que estamos todos locos.

-Prometo que no habrán guerra de cojines –dijo solemnemente Alice mientras tiraba de mí hacia el salón con los demás siguiéndonos-. Vamos Bella –insistió Alice-¡Prometo que será divertido!

-¿Sin guerra de cojines? –preguntó Emmett- ¿Cómo va a ser algo divertido sin guerra de cojines?

-¡Emmett! –replicó Alice. Me miró-. Entonces, ¿qué prefieres ver? –sonrió-. Tienes que elegir: ¿acción, romance, terror, drama o comedia?

-Yo… en realidad estoy cansada… creo que me gustaría ir a dormir… -dije vacilando.

Edward frunció el ceño y me miró interrogándome en silencio. No le di el placer de ver cómo me había afectado la presencia de Lauren junto a él… Además, nosotros no éramos nada, no tenía ningún derecho a sentirme celosa ni tampoco tenía derecho a compararme con nadie porque Edward y yo sólo éramos… bueno, no éramos… no estábamos… solo…

-Alice, si está cansada, déjala –intercedió Jasper por mí.

Le miré agradecido y él me sonrió en respuesta. Era como si supiera exactamente cómo me sentía en aquellos momentos… Empático, eso era lo que parecía que Jasper era, empático.

-Pero… -empezó a protestar Alice.

-Alice, de verdad, estoy cansada –insistí.

Sonrió pero sus ojos se apagaron un poco.

-De acuerdo, supongo que no puedo obligarte a quedarte… no puedo ¿verdad? –negué divertida-. Bien, entonces, supongo que tendremos que programar algo para mañana –añadió sonriendo de nuevo.

-Bien, entonces, buenas noches a todos… -me despedí.

-Te he dejado sábanas limpias sobre la cómoda de tu cuarto y en el baño hay toallas limpias por si quieres darte una ducha –añadió Alice abrazándome-. ¿Estás bien? –preguntó en un susurro. Debí de quedarme congelada en el sitio porque suspiró-. Lo imaginaba…

Intenté salir de allí deprisa pero sin querer parecer ansiosa.

-Bella… -me llamó Edward.

Aprovechando que había hablado en un leve susurro fingí no escucharle y salí del salón sabiendo que si Edward me detenía, si Edward me preguntaba… era capaz de ponerme a llorar. ¿Qué diablos hacía Edward conmigo cuando podía estar con alguien como Lauren? No tenía sentido, no tenía ningún sentido.

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Me había escuchado, me había oído. Estaba completamente seguro de ello. Simplemente me había ignorado. Por qué, no tenía ni idea, pero había decidido ignorarme y ni siquiera sabía por qué.

-Vale, ¿qué diablos acaba de pasara aquí? –me giré preguntando a mis hermanos.

-¿Y necesitas preguntar? –dijo Rosalie-. Bella no está cansada, está deprimida por algo que seguramente tú has hecho.

Emmett parecía estar tan perdido como yo y por la forma en que Alice estaba frunciendo el ceño no parecía estar demasiado dispuesta a ayudarme. Por suerte, siempre me quedaba Jasper, el más intuitivo de mis hermanos; pero fue Rosalie, para mi sorpresa, quien me golpeó en el brazo mientras resoplaba como si yo fuera idiota por no entender qué le pasaba a Bella.

-Edward, la dejaste en el baile –dijo con suavidad Jasper.

-No la dejé en el baile, al contrario, estábamos… -me interrumpí.

-¿Estábais…- Emmett alzó y bajó sus cejas en un gesto bastante claro repetidamente.

-Hablando –mentí-. Lauren quiso hablar conmigo y entonces, luego pasó todo lo de Sommers y Laurent y vosotros –les señalé-. Y luego Bella se estaba comportando de forma… ¡como si no fuera ella!

Alice resopló y cuando la miré me habló en voz baja y profunda.

-Edward, creo que debes dejar de hablar con Lauren, hablar con ella hace que el cerebro se te colapse, ¿desde cuándo eres tan obtuso? –alzó los brazos al aire como si le fuera a venir inspiración divina-. ¡Me voy a la cama, y tú deberías disculparte! –añadió golpeándome el pecho con el dedo índice en pequeños golpecitos.

-¡Lo haría si supiera qué he hecho! –grité frustrado. Demasiado tarde, Alice se había marchado y le estaba hablando a su espalda.

-De acuerdo, te lo voy a poner más fácil… ¿qué ocurre con todas y cada una de las chicas que quieren salir con Emmett y que descubren que está saliendo con Rosalie? –preguntó Jasper.

Fruncí el ceño. ¿Aquella pregunta tenía trampa? Y entonces me di cuenta de lo que Rosalie y Jasper estaban intentando decirme. Bella se había sentido intimidada por Lauren, ¿por qué diablos no lo había pensado antes? Eso sí podía responderlo sin ningún tipo de duda ni titubeo: no lo había pensado porque para mí era impensable imaginar que Bella se sintiera intimidada por nadie porque para mí ella… ella lo era todo.

Miré a Jasper que asintió al darse cuenta de que por fin lo había entendido y entonces recordé lo que había dicho "la dejaste en el baile para hablar con Lauren"… Estupendo… no podía haberlo hecho peor… bueno, sí podía haberlo hecho peor y de hecho así había sido… le había dicho que la conversación entre Lauren y yo no había sido importante ni interesante… y por si fuera poco había añadido "nada por lo que debas preocuparte".

-Genial Edward… -me dije a mí mismo. Miré a Rosalie y a Jasper-. He metido la pata hasta el fondo ¿verdad?

-Y no sabes de qué manera –corroboró Rosalie haciendo que me sientiera peor de lo que ya lo hacía.

Rosalie se equivocaba. Sí sabía hasta qué punto había metido la pata… pero iba a solucionarlo y no iba a pasar de aquella noche.

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La ducha me había sentado bien; sonreí agradeciendo mentalmente a Alice por el detalle de las toallas que olían a menta y el pequeño bote de champú de fresas que había comprado y colocado en la estantería de la ducha, obviamente para mí. Aparté el vaho que había cubierto el espejo del cuarto de baño y me miré envuelta en la toalla.

No entendía qué podía haber visto Edward en mí… No era… no había nada especial en mí. Cabello castaño con reflejos de un color caoba extraño, ojos marrones, piel muy clara, físico normal… No era nada especial… Burlonamente, la imagen de Lauren apareció junto a mi reflejo en el cristal en un constante recordatorio de lo que había ocurrido esa noche, de lo que Lauren era y yo jamás sería.

Sacudí la cabeza. No iba a pensar más en ello, no quería pensar más en ello. Charlie siempre me decía cuando era niña que las cosas adquieren un color distinto cuando te despiertas… Quizá tuviese razón y yo necesitaba dormir un poco antes de ver las cosas con claridad.

Me solté el cabello que había recogido sobre la cabeza usando algunas horquillas y tomé el pomo de la puerta del baño con la intención de abrirla. Fruncí el ceño cuando me di cuenta de que giraba pero no se abría.

-¿Qué… -lo intenté otra vez con el mismo resultado-… ¡Genial! Esto es lo que me faltaba para terminar bien la noche… -mascullé-; quedarme encerrada en el cuarto de baño vestida solo con una toalla ¡Eres un genio, Bella! –me dije a mí misma en voz alta con sarcasmo.

-No estás encerrada Bella, te he encerrado que es un poco diferente –la voz me llegó desde el otro lado de la puerta.

-¿Edward? –pregunté. Una risita contestó a mi pregunta-. ¿Se puede saber qué has hecho?

-Cerrar la puerta para que no puedas salir, creí que era algo evidente Bella –dijo divertido-. Ahora pregúntame por qué.

-De acuerdo –respiré profundamente sabiendo que Edward no bromeaba-. ¿Por qué me has encerrado en el cuarto de baño de tu casa Edward?

-Porque quiero que veas lo que yo veo –dijo.

-Edward, abre la puerta y deja que salga si no…

-No vas a salir de ahí hasta que no te des cuenta de que no tienes que sentirte inferior a nadie y mucho menos inferior a Lauren –añadió ignorando mi amenaza que, sinceramente, no sabría cómo la habría terminado-. ¿Me has oído Bella?

-No quiero jugar a esto Edward –le contesté. ¿Qué pretendía?

-No es un juego –contestó él-. Sólo quiero que te veas como eres, que te veas como te veo yo cuando te miro.

-Edward, esto es estúpido –agité el pomo de la puerta-. ¡Oh, de acuerdo! –me rendí-. Pero sólo para que lo sepas tengo todo el derecho a sentirme inferior con respecto a las chicas atractivas que se te tiran a los brazos y que han salido contigo a pesar de que nosotros no estamos saliendo porque no tengo ni idea de lo que estamos haciendo y además… ¿Por qué diablos estás conmigo? Creo que necesitas ir al oculista porque no hay nada especial en mí así que es imposible que veas nada…. Y además…

-A las dos de la mañana sigues siendo preciosa – me interrumpió.

-¿Qué? –pregunté -. ¿De qué estás hablando ahora?

-Lauren, Tanya… antes me gustaban las chicas como ellas… perfectas durante un par de horas pero al llegar las dos de la mañana estaban hechas un desastre… No tienes que preocuparte por ellas porque me he dado cuenta de que tú sigues siendo preciosa a las dos de la mañana porque sigues siendo tú, sin maquillaje, sin adornos, sólo tú… -esperó pacientemente-. Mírate en el espejo –me pidió-. Hazlo, Bella.

-Edward…

-Sólo hazlo, por favor.

Suspiré pero le hice caso. Cómo supo que lo había hecho es algo que aún ahora escapa a mi conocimiento.

-Quiero que te mires y quiero que lo hagas porque quiero que te veas como te veo yo… simplemente preciosa… con tu piel suave y blanca, como de porcelana, con tus ojos llenos de inteligencia y timidez, con tus labios rosados, frunciéndolos cuando te hago enfadar… -le escuché reír suavemente-. Sólo eres tú… por eso estoy contigo, por eso quiero estar contigo.

Sonreí. La imagen de Lauren volvió a aparecer en el espejo pero ya no me sentía tan pequeñita ni insignificante… Mientras me miraba, las palabras de Edward atravesaban las paredes y flotaban en el cuarto de baño a mi alrededor. "Preciosa" "ojos del color del chocolate" "piel satinada" "rubor encantador" "naricita pequeña" "preciosos rasgos" "labios aterciopelados" "sabor a miel" … Y con cada una de sus palabras la imagen de Lauren desaparecía del espejo y de mi mente hasta que al final sólo estaba yo… viéndome como él me veía y sintiéndome especial, realmente especial.

-¿Bella? –preguntó entonces después de unos segundos en los que ninguno de los dos dijimos nada-. ¿Estás bien?

Me acerqué a la puerta y coloqué mi mano sobre la madera.

-¿Tenías que encerrarme en el baño para esto? –pregunté- ¿No puedes decirme eso mirándome a la cara?

-No puedo porque estoy seguro de que pondrías los ojos en blanco y dirías "sí, de acuerdo" hasta que yo me callara sintiéndome un completo imbécil –dijo riendo entre dientes.

-Abre la puerta Edward.

Escuché como giraba el pomo desde el otro lado y como sus ojos me interrogaban preguntándome si estaba en un lío o no. Le sonreí por toda respuesta. Lo que había hecho había sido… raro… pero también dulce y tan típico de Edward Cullen que sería imposible enfadarse con él.

-No vuelvas a encerrarme –le amenacé bromeando.

-Entonces no vuelvas a infravalorarte ni a compararte con nadie –me replicó-. Lauren no es nadie para mí y además te equivocas en algo más que has dicho –añadió mientras me atraía hacia él.

-¿En qué?

-Yo sí sé qué es lo que somos… -susurró contra mis labios.

Temblé anticipándome al deseo de sentir sus labios sobre mi boca otra vez, con la sensación de que jamás me cansaría de él.

-¿En serio?

Asintió despacio.

-Al menos sé lo que tú eres para mí…

Me besó suavemente y se volvió a alejar buscando mis ojos con los suyos y atrapándome en su mirada, deslumbrándome una vez más, enviándome a su mundo, a su corazón y dejándome ver su alma.

-¿Ah, sí?

-Tonta Bella, ¿aún no te has dado cuenta? –le miré y sonrió. Acarició mi labio inferior con su pulgar y sonrió al ver como me estremecí ante su contacto-. Bella, somos las dos caras de la misma moneda… Cariño… tú eres mi vida ahora.

-Espera –me miró-. ¿Me has llamado cariño?

-Ajá, ¿hay algún problema? –preguntó preocupado.

-Oh, no… Sólo lo comprobaba.

Rió entre dientes y sin decir nada más me abrazó. Sólo eso. Simplemente me abrazó con fuerza, envolviéndome en su calidez y en su aroma y en su cuerpo… Había leído en algún sitio, alguna vez, que había gente que prefería recibir un abrazo de su pareja que un beso. Sonriendo dentro del abrazo me encontré con un dilema porque yo deseaba tanto los besos de Edward como sentir sus brazos a mi alrededor.

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Bueno, pues esto es todo… a ver… 17 páginas de word… ya sabéis que toca, verdad??

Bueno, antes que nada y antes de que me acribilléis diciéndome que casi no he puesto nada del baile y todo eso, os lo explico, ¿vale? Realmente este no ha sido un baile importante, sólo lo necesitaba para enfocar cómo se ve Bella cuando se compara con todas las otras chicas que están deseando salir con Edward. Prometo que más adelante, mucho más adelante, haré un baile de final de curso y todo será mucho más explícito, ¿de acuerdo?

Ah, sí, antes de que me olvide… tengo escritos algunos capítulos y he llegado a un punto en el que tengo una duda: he llegado a la parte "Navidad" pero no sé que hacer, tengo dos opciones: hago un capítulo entero dedicado a las vacaciones de Navidad enfocado en la relación Bella-Edward y como avanzan o bien, ignoro el capítulo y hago otro con "flashbacks" de la navidad… yo personalmente pondría el de navidad entero pero eso supone que será un capítulo más largo y que tendréis que esperar un capítulo más para ver como se desarrolla la historia… yo creo que merece la pena hacerlo pero vosotros sois los lectores, así que enviadme vuestras respuestas: sí al capítulo de navidad o sí a un capítulo con retrocesos?

Creo que eso es todo. Espero vuestros reviews con impaciencia para ver qué tal os ha parecido este capítulo, de acuerdo?

Un besito para todos y recordad la frase de la semana:

"Ama a todos, confía en pocos, no hagas daño a ninguno". W. Shakespeare.

Un besito, sed felices, nos leemos pronto!!!