Hola a todos, que tal?? Bueno, os dejo el último capítulo del fic que espero que os guste. Aún no puedo creer que tenga más de veinte reviews del pasado capítulo, creo que son veintitrés o veinticuatro… eso sin contar los mensajes privados que me han enviado al correo electrónico, siete, así que eso hace un total de treinta y uno, es una pasada!!! A ver si con este capítulo conseguimos batir el récord entre todos, vale??

Bueno, a ver, pasemos lista a todos los que me dejaron review, a ver, levantad la mano cuando diga vuestro nombre, vale? Muchas gracias a:

LaAbuela, Abril, escorpiotnf, Libelula19, leblancish, kmylita, deniziithaw, clorena, flowersswan, margara, christti, biankismasen, erica, misscullen9, mayte92, maria, hik-y, mapau inu-maniatica, fayres12, helencity94, maria swan de cullen, another life, lna, nuriamonfort

Y muchas gracias a todos los que me enviasteis mensajes a mi correo electrónico: martha17, robert_, carolyncullen, sarahmccarty, colie_16_dehale, cameronhale, monica13decullen. Gracias chicos!

Bueno, espero que os guste el capítulo, nos leemos abajo!!

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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)

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Capítulo XI: Conversaciones familiares

"Siempre había envidiado a esas familias ejemplares que veía en las serie televisivas… Todos felices, todos sonrientes… y ningún problema que no durara más de media hora y que no fueran capaces de solucionar en familia. Padres comprensivos, madres protectoras, matrimonios perfectos y hermanos con sus discusiones y diversos puntos de vista pero que siempre se querían y sabían que no estaban solos… Creía que esas familias sólo existían en las televisiones, que sólo eran roducto de la maginación de los guionistas y nada más… Ahora me doy cuenta de que estaba completamente equivocada… Esas famílias sí existen… "

Nunca había sido una persona madrugadora. Lo reconozo. Cada día me costaba todo un mundo levantarme para ir al instituto… madrugar no era lo mío y en realidad si tengo que ser sincera conmigo misma, sigue sin ser lo mío. René lo sabía y Charlie lo había aprendido el primer sábado que pasé en Forks cuando me despertó a las cuatro de la mañana con el propósito de decirme que si quería acompañarle a pescar… No recuerdo exactamente cuál fue mi reacción, pero papá no había vuelto a despertarme a horas tan intempestivas. Por eso quizá me sorprendí tanto cuando abrí los ojos y comprobé que eran las ocho de la mañana de un domingo y me di cuenta de que estaba completa y absolutamente despierta. Parpadeé un par de veces y bostecé disfrutando de esos primeros momentos del día en los que aún no sabes si estás completamente despierta y tu mente aún no se encuentra con fuerzas para intentar siquiera recordar el último sueño que tuviste.

El recuerdo de la noche pasada me vino a la cabeza como un latigazo. Edward. Habitación. Beso. Propuesta oficial. Salir. Me vi sonriendo como una boba cuando las piezas del puzzle empezaron a encajar… Edward me había pedido salir oficialmente. Estaba saliendo con Edward. Edward era… era mi novio… Sonreí tontamente de nuevo si es que en algún momento había dejado de hacerlo… Edward era mi novio. El golpeteo de alguien llamando a la puerta me hizo parpadear para volver al mundo real.

-Pasa –dije.

La cabeza de Jasper se asomó como si temiese encontrarme de alguna forma que no fuera vestida con mi pijama y cubierta con las sábanas o como si hubiese creído que iba a encontrarme con Edward. Fruncí el ceño, ¿dónde estaba Edward?

-Estás despierta –dijo sonriendo y haciendo que su cuerpo apareciera después de su cabeza-. No sé por qué no te tenía por una persona madrugadora.

-Y no lo soy –le dije sinceramente-. Cuando duermo podría caer una bomba nuclear y estoy segura de que no me enteraría.

Jasper rió entre dientes.

-Alice me ha mandado a llamarte y a decirte que te vistas –se encogió de hombros-. Lo hubiese hecho ella misma pero Rosalie necesitaba ayuda para despertar a Emmett.

-¿Y Alice va a conseguir despertarle?

Jasper enarcó una ceja ante mi pregunta.

-Créeme, si hay alguien que puede hacerlo, es ella. La última vez creo que tuvo la colaboración de un vaso de agua o algo así pero…

-¡Maldita sea, Alice, deja de botar en mi cama!

Abrí los ojos sorprendida ante el rugido, literal, de Emmett seguido por las carcajadas de Rosalie y de Alice y miré hacia la puerta temerosa de que el malhumor de Emmett fuese contagioso. Jasper rió entre dientes.

-No te preocupes, ruge mucho pero no come a nadie –me explicó-. Creo que tienes veinte minutos antes de que Alice venga a despertarte –añadió dirigiéndose hacia la puerta.

-¿Dónde está Edward? –pregunté.

-¡Así que te lo ha preguntado! –dijo más que preguntó-. Y creo que por tu sonrisa, la respuesta ha sido afirmativa –añadió divertido-. No te preocupes, no le has perdido aún, sólo ha ido con Carlisle y Esme al claro a… -le miré extrañada.

-¿Al claro? Creía que la barbacoa iba a ser en el jardín y…

-Alice dice que hará buen tiempo así que hemos pensado en ir al claro del bosque que está hacia el norte –aclaró. Rió divertido-. En realidad, lo pensó Alice y ya sabes que nadie se opone a Alice –añadió riendo-. Tienes veinte minutos antes de que entre a buscarte –salió de la habitación y su voz se escuchó a través de la puerta-. ¡Baja cuando estés lista!

-¡De eso nada! Si yo tengo que levantarme ya, ella también –protestó Emmett y sonreí al notar en su voz una sonrisa.

Hice caso a Jasper y me levanté de la cama, me estiré con los brazos por encima de la cabeza y moví la cintura hacia ambos lados un par de veces para asegurarme de que había estirado todos los músculos. Cogí ropa limpia y me metí en el cuarto de baño donde me di una ducha rápida. Aún estaba recogiéndome el cabello en una coleta alta cuando ya estaba bajando las escaleras.

Antes de llegar a la planta baja, Alice apareció de la nada y me metió una tostada untada con mantequilla y mermelada de fresa en la boca así que no tuve más remedio que masticar y tragar.

-¡Buenos días, Bella! –me sonrió-. Hace un día perfecto para ir al campo ¿verdad? –dijo abriendo la puerta principal.

Titubeé al mirar al cielo. Si las nubes grises eran indicadoras de que hacía un buen día, sí, definitivamente era el mejor.

-No te preocupes, no lloverá y dentro de un rato saldrá el sol –informó Jasper mientras salía de la casa -. ¿Has cogido las llaves?

Emmett asintió saliendo desde la cocina y sacudió el llavero en sus manos grandes.

-Buenos días Bella –le dijo sonriendo-. Espero no haberte asustado… cierta personita no sabe lo que es despertar con tacto a la gente… -le dirigió una mirada fastidiada a Alice a pesar de que ninguno de los dos parecía enfadado realmente-. ¿Estás cuestionándote si va a llover? No lo hagas, Alice ha dicho que luego saldrá el sol.

-¿Estás seguro? Porque vi las noticias ayer y el hombre del tiempo…

-Tonterías –aseguró Rosalie cabeceando hacia atrás-. Alice es más fiable que el hombre del tiempo. No lo entiendo pero siempre acierta –sonrió-. Bueno, ¿nos vamos?

No era precisamente una espléndida bienvenida a un nuevo día pero me encogí de hombros; al menos era un principio.

Salí con ellos de la casa y Jasper se aseguró de haber cerrado con llave. Dos veces. Me encogí un poco sobre mí misma al darme cuenta de que íbamos a ir en el coche de Emmett. El gran coche de Emmett. El Hummer de Emmett. Gemí en voz alta y Jasper me miró divertido como si supiera exactamente en qué estaba pensando. Iba a necesitar una escalera para subir allí arriba sin matarme… y aún así tenía mis dudas.

-¿Vas a subir o qué? –preguntó Emmett que ya había subido al asiento del conductor con Rosalie de copiloto.

-Creo que voy a necesitar ayuda para subir ahí –dije frunciendo el ceño entre bromeando y siendo sincera.

Con una carcajada Emmett bajó del jeep y con una facilidad asombrosa me cogió de la cintura y me levantó hasta el asiento trasero donde Alice me mirada divertida y Jasper reía entre dientes. Juro que incluso tuve la sensación de que Rosalie contenía una risa.

-Me alegra divertiros… -dije a media voz lo que sólo consiguió que Emmett riera más fuerte.

-Tranquila, si no fuera porque Jasper me ayuda a subir y bajar, yo también tendría problemas –me confesó a medias Alice divertida por mi reacción. Jasper cabeceó en conformidad riendo entre dientes.

Cuando el coche arrancó, Alice me dio un toquecito en la pierna para que la mirara, luego sonrió y me guiñó un ojo.

-Edward está en el claro con Esme y Carlisle. Alguien tenía que ayudarles a montar la barbacoa –añadió divertida.

Escuché una risita por parte de Rosalie y un resoplido frustrado de boca de Emmett y Jasper.

-¡Una vez! –dijeron los dos al mismo tiempo. Las dos chicas rieron.

-Quisimos hacer una barbacoa en el campo un día y aquí los dos hombretones –Alice palmeó a Jasper en el hombro quien aceptó los golpecitos con una sonrisa de condescendencia que me resultó cómica- dijeron que montar la barbacoa era cosa de ellos. Cuatro horas más tarde seguíamos sin comer, enfadados y con un hambre que nos hubiéramos comido un ciervo vivo si hubiese pasado por allí –señaló Alice con un gemido recordando aquella ocasión-. Cuando nos pudimos acercar a ver lo que estaban haciendo Edward se dio cuenta de que estaban mirando las instrucciones al revés –lanzó una mirada cómplice a Rosalie.

-Hombres… -susurró la rubia desde el asiento delantero-. Edward la montó en menos de veinte minutos… Desde entonces no dejamos que se acerquen a la barbacoa.

-¡Eh, Jasper! –el aludido miró a Emmett-. Cincuenta dólares a que Esme le está volviendo loco –dijo divertido.

Jasper pareció pensarlo unos minutos y cuando estaba a punto de cabecear, miró a Alice, una pregunta muda entre los dos. La morena se rió entre dientes y asintió.

-Hecho. Yo creo que Edward tiene a Esme perfectamente controlada.

Enarqué una ceja en dirección al rubio que me sonrió.

-Alice nunca se equivoca… -me susurró.

Emmett condujo con la música estridente de fondo mientras Alice daba palmaditas extasiada por la excursión y a veces daba saltitos en el asiento cuando mencionaba alguna de las actividades que podríamos hacer.

-Si fuera verano podríamos ir al lago –se lamentó.

Bueno, entonces me alegraba de que no fuera verano. Pasearme en traje de baño delante de Rosalie no serviría para aumentar mi autoestima demasiado y estaba convencida de que Emmett encontraría algo para burlarse de mí si me veía enfundada en mi viejo bañador negro.

-¡Oh, pero podremos jugar a baloncesto! –dijo animándose de nuevo-. ¡Y he cogido la guitarra en el último momento!

-¿Tocas? –pregunté.

-No –soltó una risita alegre-, pero Jasper sí –le miró con adoración.

-Es mentira, sólo sé tocar algunos acordes que parecen gatos arañando algo –protestó Jasper, modesto como siempre-. El músico de la familia es Edward.

-¡Ja! –rió Emmett-. ¡Lástima que no hayamos podido traer su piano en la baca del coche!

Me sorprendí ante aquella revelación. ¿Edward tocaba el piano? Fruncí el ceño preguntándome cómo lo haría… aunque tenía la vaga sospecha de que sería perfecto, como todo lo que hacía… ¿es que ese chico tenía que hacerlo siempre todo bien?

Emmett condujo a través de una senda y luego se desvió por un caminito de cabras que hizo que me preguntara cómo podía pasar aquel coche tan grande por aquel espacio tan pequeñito. Cerré los ojos cuando pasamos por lo que parecía ser un barranco. Ni siquiera me importó que Emmett se riera de mí.

-Confía en mí –me dijo-. Nací con un carné de conducir –añadió divertido. El coche se desvió a la derecha y vi el borde demasiado cerca.

-¡Emmett! –protestaron Jasper y Rosalie.

-Lo siento, lo siento, fallo mío –admitió-. Estamos cerca…

Tenía razón. Diez minutos más tarde de canciones, Emmett apagó el motor del coche y lo dejó junto al Volvo plateado de Edward y lo que yo creía que era un BMW aunque no estaba segura. Cuando Rosalie saltó desde su asiento ton total elegancia y sin tropezar al aterrizar suavemente en el suelo, me sentí más torpe que nunca. Esperé a que Alice se tirara contra Jasper desde el asiento trasero, confiando en que él la atraparía y no la dejaría caer y Jasper no la decepcionó. La atrapó al vuelo y besándola en la cabeza con una sonrisa la dejó en el suelo; antes de poder girarse hacia mí, Edward estaba allí, sonriendo, mirándome como si fuera lo más hermoso que había por allí y disfrutando del sonrojo que había aparecido en mis mejillas al verle… aunque quizá era más por la sonrisa tonta que se me había puesto en la cara y que parecía no estar dispuesta a marcharse.

Estiró los brazos hacía mí y me cogió de la cintura para bajarme de aquella monstruosidad de coche. Juro que las ruedas me llegaban a la altura de la cintura. Tan pronto como mis pies tocaron el suelo me vi envuelta en su abrazo.

-Gracias… -susurré.

-Un placer –me contestó-. Te he echado de menos… -susurró contra mi oído depositando allí un pequeño beso.

Me estremecí y le abracé con la misma fuerza con la que él me mantenía apretada.

-¡Bella, me alegro por vosotros, Edward nos lo ha contado!

Me encontré abrazando a una sonriente Esme que olía a flores y a sándalo y cuyo cabello me recordaba al caramelo cristalizado. Mirando por encima del hombro vi como Alice daba palmaditas entusiasmada y como Emmett soltaba una sonora carcajada. Parecía que había tenido razón al asumir que los Cullen demostraban su afecto con abrazos… Me pregunté si terminaría acostumbrándome a ello alguna vez.

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Notaba claramente la mirada que compartían Carlisle y Esme antes de mirarme; sonreían y volvían a mirarse. Puse los ojos en blanco ¡cómo si fuese idiota e incapaz de darme cuenta de lo que estaban haciendo! Suspiré internamente y dejé de unir las piezas de la segunda barbacoa soltándolas en el suelo. Les miré.

-Vale, decidlo ya, ¿qué pasa?

-Nada… sólo nos alegra verte tan sonriente –contestó Carlisle sonriendo-. ¿Podemos asumir que se debe a una chica en particular?

-Podéis asumirlo –contesté con una media sonrisa.

-Me gusta esa chica –dijo Esme sin hablarle a nadie en particular-. ¿Cuándo vas a pedirle que salga contigo?

Enarqué una ceja y miré a mi madre.

-¿Qué te hace pensar que aún no lo he hecho?

-No has ido a decírselo al jefe Swan –contestó Esme cruzándose de brazos-. Y ambos sabemos que si estuvieras saliendo oficialmente con ella ya habrías ido a pedírselo a Charlie.

Me tragué una risita. ¡Esme me conocía tan bien que a veces me asustaba!

-Deberías hacerlo antes de que algún otro se de cuenta de lo mucho que vale Bella y te la quite –añadió la mujer frunciendo el ceño como si esa idea no le gustara en absoluto-. No querrás perderla por tu estupidez ¿no?

-¿Me estás llamando estúpido? –pregunté divertido y confuso mientras Carlisle se reía abiertamente.

-No, Edward, estoy diciendo que si la dejas escapar serás un estúpido –replicó ella enfatizando el verbo condicional-. Y sé que no eres ningún estúpido así que…

Suspiré. No iban a dejarme tranquilo hasta que no hablara y les dijera lo que querían escuchar.

-Entonces supongo que no soy estúpido –les dije.

-¿Qué quiere decir eso? –me preguntó Esme con cierto recelo.

-Que anoche le pedí a Bella…

No pude acabar la frase. Esme había atravesado la distancia que había entre ellos y el lugar donde estaba yo y se había lanzado a abrazarme con fuerza. Miré a mi padre por encima del hombro de Esme mientras la abrazaba de vuelta y él sólo me sonrió y se encogió de hombros. Rodé los míos mientras abrazaba a Esme.

-¡No sabes cuánto me alegro por ti, cariño! –me dijo ella sonriendo-. Ya era hora de que encontraras a una chica real…

-Mamá, estoy saliendo con chicas desde los catorc…

-Lo sé, pero me refiero a chicas reales, no a esas muñequitas de plástico más preocupadas por su maquillaje que por otra cosa –me miró enarcando una ceja-. ¿O es que acaso hubieras invitado a alguna de ellas a venir al campo?

Sonreí mientras imaginaba a Tanya o a Lauren o incluso a Sarah intentando caminar por el campo con sus altos zapatos de tacón de aguja mientras intentaban espantar a los mosquitos y se quejaban a cada instante de la falta de mesas, sillas o neveras. Negué con la cabeza repetidamente mientras reía entre dientes.

-No mamá, no hubiera invitado a ninguna de ellas a venir… -contesté sinceramente.

Ella me dio una palmadita en el hombro como si apoyara mi respuesta y luego me soltó para ir al coche a buscar la mesa pleglable que utilizábamos para colocar la carne y las verduras antes de que éstas se hiciesen en las barbacoas. Miré a Carlisle que estaba sonriente.

-Así que es oficial ¿eh?

-Bueno, aún tengo que hablar con el jefe Swan –le sonreí a Carlisle-. Pero creo que le caigo bien.

Él chasqueó la lengua.

-Edward, nunca des nada por sentado, especialmente si estás hablando del padre de la chica con la que estás saliendo y cuyo primer instinto es y será siempre protegerla –me miró y frunció el ceño como si estuviese pensando en algo-. Y hablando de proteger… Supongo que te comportarás con Bella, ¿verdad?

Oh, no. No podía ser. Carlisle no podía estar hablando de sexo ¿verdad? Gemí internamente. Al parecer por su expresión, eso era precisamente lo que estaba circulando libremente en su mente.

-¡Carlisle! –dije realmente avergonzado.

-No voy a darte ua lección de sexo porque sé que ya sabes suficiente de ese tema como para que seas tú quien me de lecciones a mí –replicó él ignorando mi protesta-. Pero sí te voy a decir una cosa: respétala. Bella no es como las demás chicas con las que has salido Edward, así que será mejor que te comportes con ella en todos los aspectos, ¿me has entendido?

Hubiese bromeado ante semejante orden si no hubiese sido por el brillo que había en los ojos de Carlisle. Un brillo de advertencia, de auténtica advertencia. Estaba hablando completamente en serio y me di cuenta de que yo también lo hacía cuando le contesté.

-No pienso en Bella de esa forma –le dije. Carlisle carrasperó y enarcó una ceja mientras cruzaba los brazos sobre el pecho y me miraba fijamente-. Bueno, claro que pienso en ella de esa manera pero no… -respiré-. Quiero decir que cuando pienso en Bella pienso en estar juntos en el cine, pasenado, riendo y hablando… -reí-. Creo que es la primera vez que cuando pienso en una chica no pienso automáticamente en sexo.

Carlisle sonrió relajado, pasó una mano por mis hombros y miró hacia Esme que estaba peleándose con la mesa para intentar abrirla. Juro que esa mujer jamás aprendería a abrirla.

-Eso, Edward, tiene un nombre.

-¿Ah, sí?

El jeep de Emmett hizo su aparición y aparcó junto al Volvo. Carlisle rió al ver como miraba hacia el coche de forma ansiosa como si hiciera siglos en vez de horas, desde la última vez que había visto a Bella.

-Sí, se llama amor –me dijo dándome una palmadita en el hombro-. Ve a buscarla antes de que tu madre la secuestre… -bromeó.

Sabía que bromeaba pero a pesar de ello le hice caso. Llegué al coche antes de que Bella pudiera decir que necesitaba que alguien la ayudara a bajar del jeep de Emmett. Estaba preciosa… aún tenía el velo del sueño en sus ojos y su cabello revuelto en la coleta y sus mejillas estaban sonrosadas ligeramente… Pero estaba preciosa. La vi sonreír cuando me vio allí y juro que aún no he encontrado en este mundo nada más hermoso que la imagen de Bella sonriendo.

No tuvo que decirme nada; estiré los brazos hacia ella y la tomé por la cintura, disfrutando del calor que su cuerpo transmitía a través de la ropa. Ella se dejó abrazar y la dejé en el suelo sin soltarla, al contrario, la apreté más contra mí. Un "gracias" susurrado me hizo sonreír y la besé en la oreja después de decirle que la había echado de menos desde la noche anterior.

Antes de darme cuenta de qué pasaba, Esme me apartó de Bella y la abrazó con una sonrisa en los labios. Escuché como Emmett reía y simplemente me encogí de hombros cuando Bella me miró preguntándome en silencio qué le pasaba a Esme. Cuando ella dijo "Bella me alegro por vosotros, Edward me lo ha contado" entendí por qué la estaba abrazando y al parecer Bella también lo hizo porque se permitió el sonrojarse ligeramente.

Aproveché el momento en que Esme la dejó escapar para tomarla de la mano.

-Ven, ayúdame con esto –le dije acercándome hasta el lugar donde había instalado las barbacoas portátiles- ¡Si dejo que alguno de mis hermanos se acerque, no comeremos hasta mañana! –añadí riendo más alto.

-¡Muy gracioso, Edward! –gruñó Emmett.

Le guiñé un ojo a Bella y ella sonrió. Sí, aquella vez Carlisle también tenía razón. Estaba enamorado de Bella. Y me gustaba.

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Parecían que los habían escogido a dedo. Sabía que era un pensamiento que había estado bastante tiempo en mi cabeza, desde que les había conocido, para ser exactos, pero es que… es que era cierto. En serio. Si alguien les hubiese visto a todos juntos y no tuviesen ni idea de que los chicos eran adoptados, estaba segura de que todo el mundo hubiese creído que los cinco eran los hijos biológicos de ambos.

Me había apartado un poco para observarlos y me había refugiado junto a la nevera portátil que los Cullen habían llevado llenas de refrescos y botellas de agua. Agradecida por aquel pequeño espacio para pensar y estar yo sola, abrí una botella de agua y di un pequeño sorbo mientras los miraba. Parecían la familia perfecta.

Emmett estaba ayudando a Esme a preparar una gran manta rojiza sobre el césped y, mientras Esme reía intentando atrapar las puntas de la manta para que el viento no las volara mientras Emmett corría de una punta a otra colocando piedras grandes que había recolectado antes. Un poco más allá, Rosalie se había acercado al Volvo y había abierto el capó; en aquellos momentos tenía medio cuerpo enterrado en el motor y de vez en cuando su pie golpeaba el suelo y una maldición se escuchaba de fondo. Alice había conseguido que Jasper cogiera la guitarra y lo había sentado en una de las grandes piedras que había alrededor del claro que habían elegido para pasar el día; mientras él rasgaba las cuerdas Alice se había sentado a sus pies y había colocado sus manos en la rodilla del chico, aplaudiendo ocasionalmente y hablando entre murmullos, riendo ocasionalmente con algún comentario que uno de los dos hacía, ambos envueltos en su burbuja y su mundo privado.

Y Edward… estaba junto a la parrilla y parecía que lo habían elegido para ser el cocinero oficial del día. Alice me había dicho que sólo sería provisional hasta que Edward amenazara con quemar la carne si alguien no lo substituía pronto. Creo que Emmett y Alice había apostado el tiempo que tardaría en hacerlo. De momento ganaba Alice. Aún no había habido tal amenaza. Sonreí tontamente y me mordí la mejilla para controlar mi sonrisa antes de que Alice girara la cabeza y me pillara mirando a su hermano… Pero… es que estaba tan guapo que la sola idea de apartar mis ojos de él dolía.

Como si hubiese sentido mi mirada o mi necesidad de ver su sonrisa, Edward me miró y yo me congelé en el sitio. Lo juro. Era como si me hubiese leído el pensamiento… Sacudí la cabeza y él seguía mirándome. En un gesto nervioso, di un paso hacia atrás y trastabillé con la nevera portátil causando que estuviese a punto de caer sobre mi trasero. Miré a mi alrededor como si hubiese sido descubierta en alguna falta y me sentí aliviada al ver que nadie me había visto… Mis ojos volaron sobre Edward que seguía mirándome. Me sonrojé y él sonrió a medias antes de volver a prestar atención a la carne que ya se estaba asando.

El grito de triunfo de Emmett me sacó de mis pensamientos y reí cuando Emmett soltó un gemido y se tumbó sobre la manta como si hubiese hecho un esfuerzo sobrehumano y Esme le gritó que aún tenía que ayudarla a colocar las cosas sobre el improvisado mantel.

-Me pregunto si alguna vez crecerá.

Me sobresalté. Había estado tan ocupada mirando a Edward que no me había percatado que Carlisle se había acercado a mí.

-Bueno, ¿quién quiere que crezca teniendo ya cuatro hijos grandes? –bromeé.

-Cierto, pero a veces me preguntó qué pasaría si Emmett tuviese que ser responsable de algo alguna vez… -chasqueó la lengua-. Quizá se desataría el infierno –añadió bromeando-… Se parecen tanto a nosotros que a veces me olvido que son adoptados –me miró pero me encogí de hombros en lugar de responder a su velada insinuación.

-Eso no les hace menos hijos vuestros –sonreí, siendo sincera.

-Mucha gente no opina igual.

-Me gusta pensar que no soy como mucha gente –me encogí de hombros-. Son vuestros hijos, cualquiera que os vea –señalé hacia delante el modo en que Alice saltó para ir a ayudar a Esme mientras Rosalie hablaba junto a Edward- puede verlo claramente. No importa quién los tuvo, lo que importa es quien los ha criado, los ha apoyado y los ha querido cuando lo han necesitado... –me ruboricé al notar que Carlisle no hablaba, sólo me miraba-, lo siento, no pretendía meterme en asuntos ajenos…

-No, no, por favor, métete cuanto quieras –me ofreció sonriendo-. Es que es difícil encontrar a una adolescente que piense así –sus ojos se oscurecieron-. La primera vez que Alice dijo que era adoptada los chicos de su clase se burlaron de ella durante tres meses… -apretó el refresco en su mano y pensé que si hubiese sido de cristal podría haberlo roto sólo con la fuerza que hacía.

-¿Qué pasó?

-Las burlas sólo duraron hasta que Jennifer Lewis apareció con el cabello pintado de verde y un ojo morado en el aula de informática.

Le miré perpleja.

-¿Uno de los chicos golpeó a una niña? –no podía creer que ni Edward ni Jasper y tampoco Emmett pudiesen golpear a una mujer… ni siquiera cuando habían sido niños.

-No, fue Rosalie –rió al ver mi rostro-. Son familia, Bella. Son hermanos tanto como son nuestros hijos… Se quieren, se protegen, se cuidan. No volvieron a meterse con ninguno de ellos porque todos aprendieron que si se metían con un Cullen, estaban retando a cinco.

-¡Ahhh, bájame, idiota!

Edward había levantado a Alice y la había colocado sobre su hombro mientras le hacía cosquillas. Carlisle rió entre dientes. Incluso así su risa sonaba cristalina, como un montón de cristales chocando entre sí, pura y limpia, sin ningún rastro de oscuridad, sin nada que ocultar. La risa de Esme se unió a la de Alice. La miré.

-Tu esposa parece feliz.

-Lo está –cabeceó-. Verles feliz la hace feliz –se encogió de hombros-. Simplicidad…

-Yo creo que más bien es amor de madre –contesté con una media sonrisa.

-Sí, eso también –rió al ver como Edward soltaba a Alice y Emmett y Jasper jugaban a perseguirle mientras la morena saltaba animando a sus protectores. Incluso Rosalie jaleaba de vez en cuando-. ¿Sabes cuánto tiempo hacía que no veíamos a todos nuestros chicos reír así? No sé por qué, creo que tengo que agradecerte que ella esté sonriendo así.

Parpadeé y me sonrojé.

-Yo no he hecho nada –dije.

-Permíteme que difiera en eso Bella. Además de ayudar a Emmett, cosa que te agradezco de todo corazón, parece que has creado un manto de magia sobre Edward.

-No sé qué quieres decir…

-Edward es lo que siempre se ha llamado un solitario… Fue el primero al que adopté y nunca conseguí entender completamente lo que pasaba por su mente… Cuando me casé con Esme él… tampoco se abrió a ninguno de los dos. Quise creer que adoptando a otro niño, Edward reaccionaría y la tristeza desaparecería de sus ojos –sonrió lentamente al ver a sus hijos corriendo de un lado a otro-. Pero Rosalie y él no congeniaron… Luego vino Emmett y más tarde Alice y Jasper… Pero Edward seguía siendo un niño solitario y triste.

La imagen de un Edward triste no pegaba para nada con la imagen del Edward adolescente, jugador de baloncesto y chico favorito de la parte femenina del instituto de Forks… y tampoco pegaba para nada con la imagen del Edward que estaba en aquellos momentos bromeando con sus hermanos.

-Cuando crecieron fue a peor… Rose encontró en Emmett alguien que soportaba sus cambios de humor y él encontró alguien a quien querer… y Jasper y Alice… ¿tengo que decir algo? –les miré y sonreí. Ambos se habían apartado del grupo que seguía jugando y bromeando y estaban abrazados mirándose mutuamente, sin necesitar nada más-. Y Edward se volvió más solitario que nunca, creando un muro a su alrededor y sin dejar que nadie se acercara a él… Y ahora… -rió-… no parece el mismo chico… -me miró con una sonrisa abierta y franca-. Y si no me equivoco, tú tienes algo que ver

-Yo no… en realidad no…

-¿No? Deja que te diga una cosa Bella, conozco a Edward seguramente mejor de lo que conozco al resto de mis hijos y sé que de algún modo, está cambiando y se está abriendo a los demás por ti –intenté protestar-. Así que sea lo que sea que estás haciendo, no dejes de hacerlo.

-Pero si yo no… No estoy haciendo nada…

-¡Bella, ven a jugar con nosotros! –me llamó Alice.

Miré a Carlisle.

-Ve –me dijo sonriente. Asentí caminando hacia Alice aún ruborizada por lo que Carlisle me acababa de decir-. Y Bella, bienvenida a la familia –asentí de nuevo, avergonzada por tener tanta atención sobre mí.

¿Es que los Cullen tenían la capacidad de avergonzarme o yo me estaba volviendo cada vez más tonta? Cuando estuve a punto de tropezar con una piedra del suelo y escuché a Emmett reír me di cuenta de que seguramente era un poco de ambas cosas.

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-Este es nuestro aro… y aquel el vuestro.

Tuve que contener una carcajada. Mientras que Jasper había colocado un aro normal para que nosotros encestáramos, Emmett había terminado de colocar un hula hop en la parte que iba a ser nuestro campo para que las chicas tuviesen mayor oportunidad de encestar.

-Ja, ja, que gracioso eres Emmet –dijo Alice fingiendo estar enfadada.

-Vamos, Alice, tienes que admitir que es gracioso –se defendió Emmett bajando del árbol con una gran agilidad.

-Sí, casi tan gracioso como el día en que te comiste varias chocolatinas y luego terminaste vomitándolo todo –repuso Alice cruzándose de brazos.

-Tenía doce años –contestó él encogiéndose de hombros como si fuera algo normal hacer algo así a los doce años. Puse los ojos en blanco.

-Ya basta niños –expresó Rosalie dando un par de palmadas y fingiendo un severo tono de voz-. ¿Vamos a jugar o vamos a discutir?

-Vamos a jugar –dije meneando la cabeza mientras me quitaba la sudadera y la dejaba a un lado del improvisado campo junto a la de Alice y la de Emmett.

Cogí el balón y lo hice botar varias veces sobre el lugar libre de piedras. Habíamos jugado tantas veces allí que incluso la hierba estaba más corta y en algunos sitios ni siquiera se veía.

-Chicos contra chicas, quien gane… -empecé a decir mientras me pasaba al campo donde estaban Jasper y Emmett.

-Ah, ah –negó Alice cogiéndome de la camiseta cuando pasé por su lado-. ¿Dónde crees que vas? No vais a jugar los dos en el mismo equipo –informó como si hubiese alguna duda al respecto y señalando a Emmett y a mí.

Rodé los ojos.

-Está bien… Rosalie, cambia conmigo. Tú juegas con los chicos y yo con las chicas –miré a Alice-. ¿Satisfecha?

-No imaginas cuanto –respondió divertida haciéndome una mueca burlona. Miró a Bella-. La última vez que jugaron juntos apenas podíamos tocar el balón… el partido terminó siendo un uno contra uno mientras que los demás nos sentamos a mirar.

-Yo puedo sentarme a mirar –dijo Bella inmediatamente.

Emmett soltó una gran carcajada y yo reí entre dientes moviendo la cabeza. Me gustaba no saber nunca qué era lo que iba a decir Bella. Imprevisible, decían los demás… Yo lo definía como adorable.

-No, no vas a sentarte, te necesitamos en el equipo –le dije con firmeza.

-No sabía que era necesario tener a alguien torpe en el equipo –me contestó frunciendo el ceño.

-Bueno, intenta entorpecer al equipo contrario –dijo ladeando la cabeza y sopesando mi respuesta.

-¡Eh! –protestó Rosalie.

Reí.

-Vamos, será divertido y te prometo que no te pasará nada.

-No estoy tan segura… -la escuché murmurar.

Lancé el balón hacia la izquierda sin mirar siquiera y sabiendo que Emmett lo atraparería; cogí a Bella de las manos y me agaché ligeramente buscando cono mis ojos su mirada. Le sonreí.

-Yo sí estoy seguro. No va a pasarte nada ¿de acuerdo? Sólo es baloncesto.

-Recuerdas la conversación en la que te conté que le había tirado una bola de billar a un pobre señor ¿verdad? –preguntó.

Aguanté la risa.

-Sí, lo recuerdo.

-Y también el dardo que…

-Ajá, también eso –le aseguré mordiendo la cara interna de mi mejilla para no reír.

-Entonces, ¿qué te hace pensar que jugar a baloncesto no será peligroso?

-Porque yo voy a jugar contigo y te mantendré a salvo de todo, incluso de ti misma –le contesté pasando un dedo por su mejilla-. Estarás bien Bella, te lo prometo.

Cinco minutos después de haber empezado el partido recordé que debería haberle advertido a Bella que nuestras reglas no era tan… formales como las normas de un partido real. Emmett había logrado quitarle el balón a Alice haciéndole cosquillas en la cintura y había encestado antes de que la morena se hubiese recuperado de su ataque de risa. Por su parte, Alice había contraatacado atrapando a Emmett por la cintura cuando pasó por su lado y se había negado a soltarse de él hasta que Jasper había intervenido y la había alejado de Emmett elevándola por el aire riendo.

Quince minutos después de haber empezado el partido me di cuenta de que Bella había comprendido perfectamente el modo en que jugábamos, cuando riendo entre dientes le había dado golpecitos a Emmett en la espalda estando subida en el hombro de él después de que Emmett la hubiese cogido y la hubiese tirado al aire una vez más.

Veinticinco minutos más tarde desde el comienzo del partido, Bella rió al ver a Jasper y Alice y me miró.

-Eso no ha sido una jugada serie–dijo aún riendo al ver aquella imagen-. ¿Es normal que un jugador se suba a la espalda de otro para impedirle encestar?

-Bueno, si esos jugadores son Alice y Jasper, sí –sonrió Emmett mientras intentaba quitarme el balón.

-Eh, Emmett, Rose acaba de inclinarse hacia delante, creo que se le ha desatado la zapatilla o algo así –le provocó Alice sin soltar a Jasper que estaba riendo en el suelo sujetando a la morena contra él.

En cuanto Emmett se giró para comprobar si en efecto Rosalie estaba inclinada hacia delante con una perfecta vista de su trasero, le arrebaté el balón y me dirigí hacia el lado de su campo. En el camino, le guiñé un ojo a Bella y le hice un gesto que ella interpretó correctamente ya que se puso a correr a mi lado, claramente confusa con lo que tenía en la cabeza.

-¡Eh! –protestó Emmett-. ¡Eddie, eso no está en el reglamento!

Ignoré el modo en que Emmett me había llamado y le pasé el balón a Bella y antes de que ella supiera qué debía hacer para encestar, la tomé de la cintura y la elevé a la altura de mis hombros con facilidad dado su poco peso y la situé frente la canasta. No lo dudó, metió la pelota en el aro y luego elevó los brazos en el aire celebrando su victoria.

-¡No es justo, pido que se anule la canasta! –protestó Emmett aunque estaba riendo como todos nosotros.

-Oh, déjajes Emmett –le cortó Jasper-. No es como si tú y yo no lo hubiésemos hecho nunca ¿no te parece?

Aún riendo, hice deslizar el cuerpo de Bella entre mis brazos hasta que sus pies rozaron la hierba. Tenía los ojos brillantes, las mejillas sonrojadas y la boca, deliciosamente rojiza, entreabierta. Su cabello estaba desordenado y la vena de su cuello latía furiosamente mientras su pecho subía y bajaba con respiraciones entrecortadas debido a lo que había corrido durante los últimos treinta minutos. ¿Es que no había ni un solo momento en el que Bella no estuviera preciosa? Cuando pensaba que no podía gustarme más, ella me volvía a sorprender con una nueva faceta que hacía que la adorase más aún si es que eso era posible.

La mantuve frente a mí, mis brazos aún rodeando su cintura, su cuello echado para atrás mientras me miraba, sus manos sobre mis brazos, unos centímetros por debajo de mis hombros, sus dedos acariciándome y su boca pidiéndome a gritos silenciosos ser besada.

Una burbuja. ¿Así era como se sentían Jasper y Alice cuando estaban juntos? Los había visto cientos de veces pero jamás había imaginado siquiera lo que sentían ambos al estar tan concentrados el uno en el otro que parecía que todo a su alrededor desaparecía… ¿Era eso lo que ambos sentían? ¿Todo a su alrededor desapareciendo… todo difuminándose… salvo la persona que tenía entre sus brazos y a quien deseaba mantener siempre allí? Si Jasper y Alice sentían un ápice siquiera de lo que en aquellos momentos yo estaba sintiendo con Bella en nuestra propia burbuja, no me extrañaba en absoluto que se refugiasen siempre el uno en brazos del otro.

-¡Niños, la comida!

El grito de Esme hizo que parpadeara y Bella se apartó de mí como si fuera una niña que hubiese sido atrapada haciendo alguna trastada y reí suavemente. Estiré mi mano de nuevo para atraparla y la mantuve en su sitio sin dejar de mirarla.

-Sólo es Esme –le dije.

-Lo sé… sólo… -movió la cabeza-… aún no me siento cómoda con que… -rió suavemente y su risa sonó como cien campanillas agitadas por hadas-. Quiero decir que no me imagino besándote con mis padres delante.

No hacía falta que ella me dijera algo así. Yo ya lo había adivinado. Bella era demasiado tímida y vergonzosa para mostrar afecto delante de las personas incluso si esas personas eran su familia, así que si un simple abrazo de Alice hacía que se pusiera nerviosa y que sus mejillas se tornasen del color de las amapolas, ni siquiera podía imaginar qué era lo que lograría si la besaba delante de sus padres… seguramente las mejillas de Bella inventarían un nuevo tono de rojo jamás visto antes por el ser humano.

-Entonces no lo haremos hasta que no te sientas cómoda con la idea –le dije besándola en la frente-. ¿Todo bien?

Asintió y cuando movió su cabeza, el olor de su champú me envolvió en su fragancia.

-De acuerdo… -susurró. Luego suspiró y me separé de ella un poco para mirarla.

-¿Qué ocurre?

-Nada… Sólo… somos muy diferentes Edward –me dijo sinceramente.

Le sonreí con tranquilidad.

-Por eso es precisamente por lo que me gustas, Bella –le dije-. Me gustas tanto, que creo que podría llegar a enamorarme de ti por completo…

Abrió los ojos cuando dije aquellas palabras. Yo también me quedé sorprendido. No tanto porque le hubiese dicho que la quería sino más bien porque lo decía completamente en serio.

-¡Edward, Bella, esto se enfría!

No pude decirle nada más al respecto, así que cogí su mano y la guié hasta el improvisado mantel donde una sonriente Esme nos esperaba con mi familia.

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La comida estaba resultando ser bastante agradable. Acostumbrada a comer a solas con Charlie que siempre parecía prestar más atención al periódico que solía mirar o a los resultados y estadísticas que yo ni siquiera intentaba comprender porque sabía que sería completamente imposible entenderlas, comer con los Cullen siempre resultaba una gran… experiencia. Lo había descubierto durante la cena del día anterior y en aquellos momentos estaba volviendo a descubrirlo. Risas, comentarios, caricias y muestras de cariño flotaban alrededor de los Cullen de tal forma que, en lugar de sentirme como una extraña entre ellos, desplazada por no formar parte de su familia, era como si mi apellido también fuera Cullen. Me sentía bien con ellos y extrañamente, por primera vez en mi vida, no me asustaba el querer mostrarme al mundo, mostrarme a ellos, tal y como era.

-Tengo entendido que no bailasteis mucho en el baile del viernes –comentó de forma casual Carlisle.

Rosalie le miró enarcando una ceja y el hombre rió.

-¿Quién ha sido esta vez?

-La señora Newton –admitió Carlisle antes de cortar un pedazo de la carne que tenía en el plato-. La vi el sábado en el hospital, nada grave.

-¿La señora Newton? –se extrañó Emmett-. ¿Estás seguro de que no fue la señora Gibson?

-Ahhh… -suspiró con teatralidad Carlisle-… Cariño, -miró a Esme-, ¿no te alegra ver que hemos criado a unos hijos tan interesados en el bienestar de sus vecinos que preguntan por qué estaban en el hospitarl para preocpuarse por su salud?

Esme rió entre dientes y escuché como Edward resoplaba al mismo tiempo que Rosalie lo hacía desde el otro extremo del mantel.

-La señora Gibson pasó por casa esta mañana –dijo Jasper ignorando completamente el comentario de Carlisle que a pesar de que intentó mantenerse serio no pudo lograrlo-, seguramente querrán hablar con vosotros.

-¿Seguramente? –preguntó Esme-. ¿No le preguntaste?

-No le abrí –se encogió de hombros con tranquilidad. Alice rió mientras que Emmett soltó una carcajada-. ¿Qué? –se defendió-. Si le hubiese abierto hubiera estado dos horas quejándose por algo completamente estúpido…

-Eso es cierto… -corroboró Alice.

Edward se inclinó hacia mí.

-La señora Gibson es la única mujer en el pueblo que sostiene que somos unos bándalos sólo porque somos adoptados –me confesó con cierta tirantez en su tono de voz-. Si supuiera lo que hace su hijo no estaría tan pendiente de nosotros.

-Me extraña que la señora Newton te haya dicho algo… -intervino entonces Alice.

-Creo que eso es mi culpa… -confesé a media voz. Todos me miraron-. Bueno, Mike…

-¡Oh, no había pensado en eso! –reconoció Jasper frunciendo el ceño.

-¿Qué pasa con el chico Newton?

-Está obsesionado con Bella o algo así –dijo Emmett quitándole importancia a la pregunta de Esme-. Seguramente por eso estuvo pendiente del poco rato que estuvimos allí y se lo ha contado a su madre…

-No está obsesionado conmigo… -intenté protestar. Alice y Rosalie enarcaron ambas cejas-… bueno, no demasiado…

-No, claro, sólo te ha pedido para salir unas… ¿qué? –me miró Edward-. ¿Cien veces?

-En realidad no han sido tantas y…

-Bueno, según las notas de Mike, han sido ciento cuarenta y dos –intervino Rosalie. La miré-. Deberías de ver las cosas tan extrañas que los chicos dicen cuando estoy delante… -confesó rodando los ojos y poniéndolos en blanco antes de tragar el trozo de pan con canela que Emmett le acababa de pasar.

-El caso es que la señora Newton –intervino Carlisle retomando el tema inicial-, se preocupó por vosotros y me sugirió que os llevara a un psicólogo porque no le parecía normal ir a un baile y no bailar.

-La próxima vez que vea a Mike le diré que si hubiese bailado seguramente sí hubiese tenido que acabar en un psicólogo –farfullé. Debí de haber supuesto que tenían el sentido del oído muy desarrollado-. Es que no se me da demasiado bien bailar… -me defendí.

-Tonterías, todo el mundo sabe bailar –replicó Esme.

-Apenas sé caminar sin tropezar –me burlé de mí misma lanzándole una mirada de advertencia a Emmett al ver como abría la boca y luego la cerraba riéndose al escuchar mi contestación-, mucho menos bailar… el baile… -negué suavemente con la cabeza y con expresión resignada-… el baile no es lo mío.

-Tonterías –replicó Carlisle repitiendo las palabras de su esposa-. Bailar es fácil –insistió Carlisle levantándose de un salto del suelo-. Todo depende de la persona que guía y, lo siento señoras –miró en dirección a su esposa y sus hijas-, pero esa persona sigue siendo el hombre –escuché a Rosalie reír disimuladamente y a Alice resoplar-. Espera, deja que te lo muestre.

¿Qué estaba haciendo? Su mano estaba extendida en mi dirección. Tragué con dificultad y le miré. ¿Quería que yo… ¿en serio pensaba que yo iba a… Negué fuertemente con la cabeza y Carlisle rió abiertamente echando la cabeza atrás.

-No muerdo –me dijo bromeando tomando mi mano y tirando de mí hasta que consiguió ponerme de pie-. Estupendo. Emmett, por favor…

Miré como el moreno sonreía y se levantaba de su sitio para ir hasta el coche. Se inclinó sobre la ventanilla abierta y cuando la mitad de su cuerpo se sumergió dentro del vehículo una música suave empezó a sonar. Alice dio un saltito gracioso y tomó de la mano a un Jasper alegre que, incapaz de negarle nada a la chica, se puso de pie y la tomó en sus brazos, empezando a bailar alrededor de la manta entre risas y risitas.

-Vale, ahora… presta atención… Sólo pon tu mano aquí… -guió mi mano hasta el hombro mientras colocaba la suya en mi cintura-… y esta otra aquí –me sonrió-. Ahora toma aire –añadió burlón. Le obedecí-. Y sólo relájate y deja que yo te guíe –me guiñó un ojo bromista-. Allá vamos…

Me tensé. Fue algo espontáneo, lo juro. Pero el simple hecho de estar bailando… hacia que pensara en todas las cosas malas que podían llegar a ocurrirme. Y, ya no fue ninguna sorpresa para mí, cuando me descubrí pensando que lo peor que podía pasarme era caerme y hacer el ridículo frente a Edward. Otra vez.

-Relájate –me pidió Carlisle-. Siente el aire, escucha la música, mira a tu alrededor. Se trata de pasarlo bien, Bella.

Miré a mi alrededor mientras seguía los pasos de él. Alice y Jasper se movían al unísono, como si llevasen años bailando juntos, como si formasen un solo ser. Su danza era armoniosa y dulce y suave y lenta… Nada que ver con la forma en que Emmett y Rosalie bailaban. Ambos elegantes, ambos altivos, poderosos, como si estuvieran mirando al mundo y diciéndoles: "Eh, estamos aquí, miradnos". Sonreí al ver a Esme feliz bailando con Edward. Era increíble el modo en que la mujer parecía irradiar calor por todos los poros de su piel y de su cuerpo, como si su alma fuera visible y se extendiese con suavidad hacia Edward, protegiéndole, amándole, queriéndole como solo una madre podía hacer.

-No es tan difícil, ¿verdad?

Regresé a mirar a Carlisle y sus ojos azules sonrieron burlones. Le sonreí de vuelta, negando con la cabeza. No, no lo era… si te llevaba la persona adecuada.

-¡Oh, vaya! –la voz de Esme sonó muy cerca de nosotros-. ¿Te importa, cariño? Hace mucho que no bailamos –dijo sonriendo.

Carlisle me soltó de forma inmediata y atrajo a su mujer entre sus brazos.

-Sí, tanto como dos días –me sobresalté al escuchar la voz aterciopelada de Edward a mi lado. Le miré acusándolo y él rió entre dientes-. Bella… -inclinó la cabeza mientras sostenía su mano en el aire-. Parece que nos han dejado solos…

Embrujada. Me pregunté si así era como se sentían las personas que estaban embrujadas. Una fuerza invisible me empujó hacia él y me forzó a tomar su mano, aunque admito que no presté demasiada resistencia para ello. Una corriente eléctrica me atravesó el cuerpo como ocurría cada vez que nuestra piel se ponía en contacto. Su mirada me tenía completamente cautivada y su sonrisa, aquella que siempre me deslumbraba, hacía al mismo tiempo que me sintiera protegida, querida, deseada… Era como ser el centro de su universo… y aunque esa sensación me asustaba realmente, también me gustaba…

No sé cuánto tiempo permanecimos allí, creo que Edward tampoco lo supo nunca a ciencia cierta… pero mientras bailábamos, por primera vez juntos, su familia desapareció, los árboles, la brisa, la hierba, el picnic, los coches e incluso la música… todo desapareció… Y durante unos minutos, durante un pequeñísimo y corto espacio de tiempo, sólo estábamos los dos. Me gustó.

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Bueno, pues hemos acabado por hoy, espero que os haya gustado el capítulo y que me dejéis muchos mensajitos y reviews que, al fin y al cabo, es el sueldo del que vivimos los escritores de fanfiction :p (y recordad que esta vez han sido catorce páginas de word, así que ya sabéis)

Quiero dar la bienvenida a todos los que son nuevos en mi fic, daros las gracias por elegir mi historia para leer y divertiros y prometeros que intentaré escribir los mejores capítulos para agradecer vuestra presencia.

Aprovecho para deciros que he iniciado un nuevo fic llamado "Condenada por amor", de Twilight que pretendo que sea de rating M (a pesar de que nunca he hecho nada semejante) y que necesita mucho apoyo por ser nueva, así que espero veros por allí, de acuerdo?

Bueno, pues ya se ha acabado, ya os dejo tranquilos :D

Un besito para todos, disfrutad de un largo fin de semana y sed felices y recordad: "No hay cura para el amor, pero el amor es la única cura para todo"

Un besito para todos, nos leemos pronto!!!!