Hola a todos!!! Como os está tratando el verano?? A mí con mucho calor, mucho agobio y mucho estrés… disculpadme, es que dormir poco me pone de malhumor (y como hace calor, no puedo dormir, así que podeis deducir vosotros el humor del que estoy jejeje)

Espero que todos lo esteis pasando estupendamente. Os dejo un nuevo capitulo de fuego eterno ok? Pero antes pasemos lista:

Muchas gracias por sus reviews a:

Abril, fayres12, flowersswan, laabuela, kmylita, ammyriddle, deniziithaw, beautifly92, libelula19, leblancish, margara, another life, hik-y, lili-cherry-uhiha, yazziecullen, clorena, biankismasen, misscullen9, princesaamy, inmans, lna, nuriamonfort, yasmi!, mapau inu-maniatica, sandrawg

Muchas gracias, chicos y chicas :D

A ver, quiero aclarar algo… No estoy dejando de lado la historia de fuego eterno ni tampoco la acción… pero necesito escribir algunos capitulos en los que el amor de Bella y Edward sean los protagonistas… os explico… ya tengo escrito el capítulo en que Emmett lleva a Bella a Fuego Eterno (recordad el prefacio) pero para ello necesito que Bella esté completamente enamorada de Edward y viceversa para que ella se sienta engañada por no haber sabido nada de fuego eterno hasta que lo descubre. Repito, no dejo de lado la historia ni tampoco la acción pero los capitulos del amor entre los dos son completamente indispensable, después de todo, es el amor de esta pareja lo que nos hace escribir fanfictions sobre ellos y leerlos, ¿no?

Espero que os guste el capítulo y os espero abajo, de acuerdo?

Venga, a leer!!

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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)

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Capítulo XII. Por la ventana

"Hay cosas en la vida que nunca pasan desapercibidas y, más allá de eso, incluso hacen que algo dentro de ti cambie… cosas como un beso en la nuca, el brimer baño del verano, el olor de la hierba recién cortada, la lluvia golpeando tu rostro, la suavidad de un pétalo de rosa, la sensación de la arena entre los dedos de los pies, ver el mundo desde debajo del agua… sentir la brisa del otoño en tu rostro… son cosas que nunca te dejan indiferente. Cuando dices por primera vez "te quiero" a alguien y lo dices completamente en serio, con el corazón en la mano y el alma en los ojos, sabes que tu vida dará un giro de ciento ochenta grados, para bien o para mal, pero todo cambiará… Hay gente que prefiere no arriesgarse y callar pero si decir "te quiero" puede dar a la gente la mitad de la felicidad que me dio a mí cuando lo compartí con él, creo que todo el mundo debería decirlo de vez en cuando…"

Había sido un día horrible. Estaba prácticamente convencida de que en algún momento de mi vida, en algún punto, ya debería de haber pasado mi peor día… Pero estaba equivocada, completamente equivocada… Aquel parecía ser el peor día, y a medida que Eric iba hablando me iba dando cuenta de que el día no solo podía empeorar, sino que de echo, lo estaba haciendo.

-Espera, ¿me estás diciendo que si no acepto escribir esta serie de artículos, estoy fuera del periódico?

No podía creerlo. Era imposible… era… simplemente ¡no podía creer que estuviera manteniendo aquella conversación con Eric!

-Mira Bella, el director me ha dado órdenes concretas –se justificó mirándome mientras se pasaba una mano por el cabello-. Yo no quiero que dejes el periódico, al contrario, desde que escribes aquí, nuestros artículos… bueno… ¡wow! –dijo haciendo un gesto con las manos a falta de una palabra mejor-. Pero no podemos recostruir el material cada vez que quieras escribir sobre cosas… extrañas…

-¿Cosas extrañas? –pregunté. ¿Es que me había perdido algo?-. Cuando te dije que iba a intentar escribir un artículo sobre Fuego Eterno me dijiste que adelante y que si podía encontrar algo sobre eso con lo que escribir que sería estupendo…Tú mismo me dijiste que habías intentado averiguar lo suficinte para escribir un artículo y que no…

Se ruborizó furiosamente cuando dije aquello. Le miré incrédula.

-No puedo creerlo… -musité-. ¿Estás diciéndome esto porque estoy más cerca de lo que tú estuviste para escribir ese artículo?

-No digas tonterías, Bella. No estás más cerca que nadie de poder escribir sobre Fuego Eterno si es que en realidad existe –me replicó él sin mirarme a los ojos-. Sólo estás más cerca de destruir el periódico de lo que nadie lo ha estado nunca.

Entrecerré los ojos y le miré fastidiada y enfadada.

-Eso no tiene gracia –le dije. Suspiré-. Mira Eric, sé que no debí haber echo correr aquel rumor pero tienes que entender que no… bueno… estos artículos son estúpidos. No pienso escribir acerca de los nuevos vestuarios ni acerca de cómo van a asfaltar el aparcamiento y mucho menos voy a prometer pasarme el resto del curso cubriendo los partidos de baloncesto… ¡sabes que odio cubrir los partidos!

- No puedo hacer… Lo siento, de verdad.

No parecía que lo sintiera demasiado. Eric evitaba mirarme pero su voz sonaba dura y distante, como si hubiera convertido aquello en algo personal. Abrí los ojos.

-¿Esto tiene algo que ver con que le dijera a Ángela esta mañana que anoche te vi paseando con Sarah Parker? –pregunté de forma intuitiva.

¡Bingo! Al ver como él me miraba por primera vez en toda la conversación, supe que había dado en el clavo. No es que él estuviera dispuesto a reconocerlo, por supuesto.

-No digas tonterías, eso no tiene nada que ver… -dijo muy a la defensiva-. Mira, escucha, el director ha sido muy claro al respecto, o te dejo escribir este tipo de artículos que no comprometen a nada o estás fuera del periódico… lo siento –repitió.

De acuerdo, seguramente estaba a punto de hacer la estupidez más grande jamás cometida en mis dieciséis años, lo sabía y lo asumía, pero tenía que hacerlo porque sabía que si no lo hacía sería algo que me recorcomería la conciencia y el alma. Suspiré, me puse derecha frente a él que permanecía sentado en el borde de la mesa y le miré. Me crucé de brazos y asentí firmemente al haberme dado cuenta de que había tomado una decisión.

-Está bien, como quieras –le dije.

Le escuché exhalar el aire con un gesto de alivio. Me sonrió con cierta suficiencia y le miré enarcando una ceja; definitivamente si no hubiese tomado ya una decisión al respecto, aquella sonrisa me hubiera hecho cambiar de opinión.

-Perfecto, mira, puedes empezar con el artículo del aparcamiento para mañana y… -empezó a buscar unas hojas entre los papeles de su mesa-… luego puedes hacer una encuesta para ver qué opinan los chicos sobre el baile del que por cierto, tu artículo no dice mucho… -añadió con tono de reproche.

-No me has entendido Eric, no voy a escribir esos artículos –le interrumpí.

-¿Qué? –parecía francamente sorprendido-. Pero has dicho… has dicho que estaba bien y…

-Exacto. He dicho que estaba bien. Tú me has dado un ultimátum –abrió la boca pero no le dejé hablar-, tú o el director o quien quiera que haya sido, me da igual. Me has dado dos opciones, o escribir lo que tú dices que tengo que escribir o irme. Me marcho –anuncié.

No me quedé más tiempo para que él me hiciera cambiar de idea, ni siquiera para que pensara que podría hacerme cambiar de idea. Salí del periódico mientras Eric me llamaba. Sabía que estaba echando a perder lo que era la única oportunidad de obtener una beca completa para salir de Forks y formarme un futuro… pero también estaba segura de que si no podía escribir sobre lo que quería escribir, no estaría siendo sincera conmigo misma y eso era algo con lo que sabía que no podría vivir.

Ángela me alcanzó mientras me dirigía al aparcamiento. Casi me carcajeé cuando me dijo si había tenido una buena mañana.

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Ignoré como Emmett hablaba por teléfono y llamaba "cariño" a Rosalie aunque por dentro estaba riéndome con sencillez. La relación de esos dos era tan temperamental que sabía que no importaban los años que pasaran, siempre me sorprenderían cuando eran capaces de tener una conversación en un estado anímico tranquilo.

Me recosté contra el coche mientras esperaba a que Bella saliera. A nuestra clase de educación física nos habían dejado salir antes y, aunque alice estuviera convencida de que no tenía nada que ver, yo seguía creyendo y, pondría la mano en el fuego, que el echo de que el entrenador Markson estuviese de malhumor por la nueva dieta que había decidido seguir, había sido la causa de que nos dejara salir antes en lugar de soportarnos veinte minutos más; desde luego no es que me importara, así había tenido tiempo suficiente para pensar en las palabras del jefe Swan.

(flashback)

Mientras esperaba en el recibidor escuché como Bella interceptaba a su padre antes de que éste decidiera salir para ir al trabajo. Cuando había abierto la puerta, ya vestida pero descalza aún, se había sorprendido de verme allí hasta que la besé suavemente y le dije un suave "te dije que quería presentarme a tu padre". Cuando ella me contestó "creía que tendría más tiempo" reí suavemente. Presté atención a la conversación de la sala de estar riendo entre dientes al escuchar su nerviosismo.

-Es… importante… -sonreí al escuchar titubear a Bella y tragué saliva cuando escuché la voz del jefe después de que suspirara profundamente.

-Está bien, dile que pase.

Por el modo en que Bella se mordía el labio inferior cuando regresó a la entrada a buscarme, supe que no estaba completamente segura de qué podía pasar entre los dos. Apreté su mano para infundirle confianza y ella me miró. Haría falta algo más que un apretón ligero en su mano para que se diese cuenta de que todo saldría bien; era una lástima que no me atreviese a besarla en aquellos momentos como realmente me apetecía besarla.

Jamás había deseado conocer a los padres de las chicas con las que había mantenido algún tipo de relación. Pero con Bela, no sólo quería conocer a Charlie sino que deseaba sentarme con él a hablar de deportes, conocer a Reneé y comprarle un ramo de flores, hacerle cumplidos y felicitarla por tener una hija como Bella. Deseaba el pack completo por Bella. Estiré mi mano al ver al hombre, no, al jefe de policía, esperándome.

-¿Jefe Swan? Soy Edward Cullen y me gustaría que supiese que estoy saliendo con Bella. Sólo quería presentarme oficialmente.

-Edward –cabeceó a modo de reconocimiento estrechando mi mano.

El hombre miró a su hija que parecía demasiado nerviosa por aquel encuentro como para darse cuenta de que Charlie quería que desapareciese unos segundos de allí. Sonreí internamente y le acaricié el hombro llamando su atención. Sus ojos, ansiosos por si había algún problema, me buscaron y le sonreí.

-Bella, ¿por qué no subes por tus libros? Te llevo a clase –dije mirándola suavemente.

Bella titubeó. Miró a su padre, me miró a mí y sus ojos hicieron una pregunta silenciosa que contesté con una pequeña sonrisa y una cabezada-. Venga, tenemos matemáticas a primera hora y no me gustaría llegar tarde.

-Bien, en seguida bajo –miró a su padre-. Me lo has prometido, papá.

-Sí, sí, ve a por tus cosas Bella –dijo él con una media sonrisa.

Tan pronto como Bella desapareció escaleras arriba, noté la mirada fija del jefe Swan sobre mí. Tenía dos opciones, aparentar ser el chico agradable, sonreír y apartar la mirada o mantener mis ojos en los suyos indicándole que no me intimidaba, al menos no demasiado, y que no iba a apartarme de Bella sólo porque él pareciera estar fulminándome con la mirada. Escuchamos como Bella se movía en el piso superior sin decir nada.

-Tengo un arma –dijo finalmente el jefe Swan. Asentí.

-Lo sé, jefe Swan.

-Y tengo un par de armas más propias, que no pertenecen a la policía de Forks –asentí de nuevo.

-Lo suponía, jefe Swan.

-Y tengo permiso para dispararla –añadió.

-Eso sería lógico ya que es usted el jefe de policía –dije dócilmente. Él gruñó algo inteligible y fruncí el ceño-. ¿Disculpe?

-He dicho –repitió-, que parece que Bella te ha elegido y si es así ahora es tu trabajo mantenerla a salvo cuando yo no esté delante así que si una sola vez veo a Bella disgustada, llorando o con el corazón roto, dispararé primero y preguntaré luego, ¿entiendes, chico?

-Sí, señor.

-Bien. No me gustaría tener que dispararte, tu padre me cae bien.

-¿Qué está pasando aquí?

Ambos nos giramos para ver a Bella a los pies de las escaleras, el ceño fruncido y la mirada inquisidora. Sonreí.

-Nada –dijimos los dos al mismo tiempo.

Bella rodó los ojos pero decidió dejar el tema. Se acercó a su padre y le besó en la mejilla despidiéndose de él, abrí la puerta y salió delante de mí. Los ojos de Charlie seguían sobre mí y suspiré profundamente antes de girarme para mirarle.

-¡Ah, jefe Swan! –me miró-. A mí tampoco me haría gracia que me disparara.

Salí de casa antes de que pudiese contestar pero creo que le vi sonreír.

(fin flashback)

Miré a Alice, quien recostaba junto a mí en el coche, miraba de forma concentrada la guía de viajes que tenía en las manos. Fruncí el ceño.

-¿Qué piensas hacer con eso, Alice?

-Vacaciones de Navidad, dentro de tres semanas –dijo por toda explicación-. ¿Crees que a Bella le gustaría más ir a la montaña o a la playa? –me preguntó.

-¿Vacaciones… -parpadeé-. ¿De qué estás hablando Alice?

-Bueno, este año Carlisle y Esme me dejaron que yo preparase las vacaciones de Navidad así que estoy planeando…

-Dime que está de broma –la interrumpí mirando a Emmett.

-Aunque te lo diga te estaré mintiendo –me contestó mi hermano divertido-. Estaba delante cuando le dieron permiso para planificarlo todo.

Gruñí. ¿En qué maldito momento se les había ocurrido a nadie dejar que Alice planificara una salida? Cuando ella planificaba una salida al centro comercial o al campo podíamos pasarnos tres días completos montando y desmontando cosas hasta que todo estuviera en el perfecto estado que ella quería… Dejar que planificara todas unas vacaciones de diez días sonaba… aterrador.

-Edward –la miré-. Bella. ¿Playa o montaña?

-Voy a arrepentirme de hacer esta pregunta… -susurré más para mí mismo que para nadie-¿Qué tiene que ver esto con Bella, Alice?

-Viene con nosotros, por supuesto.

-¡Por supuesto! –bromeó Emmett

-¿Y cómo piensas conseguir eso, Alice? –pregunté mientras me masajeaba el puente de la nariz intentando no perder la calma-. El jefe Swan casi me fulmina por salir con su hija –dije con una media sonrisa-. Si le digo que quiero llevármela de vacaciones por Navidad puede que te quedes sin un hermano.

Alice me miró burlona.

-Bueno, eso arreglaría mi situación de espacio –se encogió de hombros. La miré sin comprender-. Edward, si me quedo sin el hermano que tiene la habitación sobre la mía, puedo construir una escalera y utilizar tu cuarto como armario –me explicó como si estuviese hablando con un niño pequeño.

Resoplé exasperado por su comentario y Emmett soltó una carcajada que me hizo mirarle de forma antipática.

-¿Qué? Ha sido muy bueno –se defendió ante mi mirada.

Suspiré. A veces era imposible tratar con ellos dos juntos.

-¿Dónde está Jasper? Es el único que puede controlarte…

-Muy gracioso –replicó Alice irónico-. Ha ido a recoger un par de cosas que se había dejado en la taquilla –miró hacia delante-. ¿Qué diablos le ha pasado a Tyler?

Emmett y yo alzamos la cabeza para ver como Tyler venía hacia nosotros hablando alegremente con Rosalie y Jasper. Emmett maldijo por lo bajo, colgó el teléfono y esperó a que llegasen hasta nosotros.

-Dime que eso es una broma y que no estás fuera del equipo –pidió Emmett adoptando su postura de capitán disciplinado.

-Técticamente no estoy fuera del equipo –contestó Tyler ligeramente avergonzado.

-Tyler… ¿qué diablos te ha pasado? –pregunté.

-Ehmmm… nada –contestó él demasiado rápido. Fruncí el ceño ante su respuesta.

-¿Ese nada tiene que ver con Fuego Eterno? –preguntó Emmett cruzándose de brazos.

Tyler tuvo la decencia de parecer avergonzado.

-Calculé mal un ángulo –le quitó importancia-. Sólo es el hombro dislocado; en un par de semanas estaré perfectamente.

-¿Cuántas veces tengo que decirte que nada de carreras antes de los partidos? –siseó Emmett-. El equipo se va a resentir con esto…

-Lo sé, lo siento Emmett, de verdad… pero me desafiaron y no pude…

-Él sabe que no pudiste hacer nada –le dije mientras miraba a Emmett que seguía con el ceño fruncido y fruñendo-. Dos semanas ¿no?

-Sí, lo siento…

-De acuerdo, procura ponerte bien… intentaremos que alguien del segundo equipo te substituya –dijo finalmente Emmett gruñendo-. Pero sigue sin gustarme la idea.

Tyler pareció avergonzado.

-Lo siento –volvió a disculparse.

-Ya no podemos hacer nada –se lamentó Emmett-. Recupérate pronto ¿de acuerdo?

-¿Quién te desafió? –preguntó entonces Jasper.

-Sommers –contestó Tyler.

-Genial… -masculló entre dientes Rosalie rodando los ojos.

-Bien, hasta luego Tyler… -dijo de forma distraída Emmett.

Tyler asintió a modo de despedida y salió disparado hacia el coche de Newton quien, al parecer, iba a convertirse en el chófer particular de Tyler durante las próximas dos semanas.

-Era demasiado bonito para ser verdad –suspiré-. Hacía demasiado tiempo que Sommers no intentaba hacer algo contra el equipo.

-Ese tío es idiota… ¿de qué le sirve fastidiar al equipo? –preguntó Rosalie enfadada.

-Si el equipo pierde el entrenador substituirá al capitán –expliqué mirando a Emmett-. Tendrás que hacer algo para que el partido vaya bien –le dije a mi hermano.

-Lo sé… Maldita sea… empiezo a pensar en Sommers como en el matón de Fuego Eterno… Cuando todo parece estar tranquilo, siempre acaba haciendo odiciendo algo que lo fastidia todo…

Alice frunció el ceño ante las palabras de Emmett. La miré extrañado.

-¿Alice? –insistí-. ¿Qué pasa?

-Bueno, yo no diría que han estado tranquilos exactamente… -farfulló Alice.

Miré a mi hermana al mismo tiempo que lo hacía el resto de mis hermanos.

-¿Qué quieres decir con eso, Alice? –preguntó Emmett con voz baja y grave.

-Bueno, yo… No es nada importante pero… -suspiró. Era algo que me gustaba de Alice, siempre parecía saber cuando debía rendirse porque había perdido-… cuando revisé mi móvil esta mañana tenía un mensaje de voz.

-¿De quién? –pregunté sintiendo un recelo en todo el cuerpo.

-Jane –dijo simplemente Alice-. Quiere verme este viernes sin falta –añadió antes de que ninguno pudiésemos decir una palabra al respecto.

-Tal vez no sea nada…

-¿Bromeas? –interrumpió Jasper a Rosalie-. Jane no llama a nadie sin ningún motivo. No vas a ir –sentenció mirando a Alice.

-Silencio –dijo entonces Rosalie-. Hablaremos de esto en casa, por ahí vienen Bella y Weber.

Fruncí el ceño. Bella parecía estar enfadada. Sus pasos agitados y sus pisadas fuertes, el modo en que llevaba el ceño fruncido, la forma en que apretaba los labios… Sí, definitivamente estaba enfadada. Sonreí cuando se acercó y la besé brevemente en los labios causando que se sonrojada.

-Lo siento, he estado pensando en este beso desde hace horas –le confesé en un susurro-. ¿Estás bien? Pareces disgustada…

-¿Disgustada? Estoy furiosa –me contestó-. Hola chicos –saludó a mis hermanos.

Iba a preguntarle qué le pasaba cuando me sonó el teléfono móvil. Le sonreí a modo de disculpa y la besé en la frente mientras contestaba la llamada.

La sonrisa se me borró inmediatamente. Mis oídos escuchaban pero mi cerebro sólo seleccionaba palabras de la conversación. Hospital. Hambridge. Lo sentimos. Muerte. Efectos personales. Familiares.

Colgué aún confuso y miré a Jasper que, como siempre, parecía saber exactamente qué me estaba ocurriendo en aquellos momentos.

-Éra del hospital –dije intentando encontrar la voz para hablar. Rehusé mirar a Bella directamente-. Scott ha muerto…

-¿Quién es Scott?-preguntó Bella entonces.

-Un amigo –contesté aún tenso por la llamada-. Emmett, llévales tú en el jeep –añadí mientras me dirigía hacia el Volvo.

-Espera, Edward –me llamó Bella- ¿Quieres… Quieres que vaya contigo?-preguntó tentativamente.

No. Lo último que necesitaba era que Bella apareciese en el hospital conmigo para ver a Scott en sus últimos minutos. Sólo necesitaba estar con él, despedirme de él, agradecerle lo que había hecho por mí, disculparme por haber sido un estorbo durante las primeras semanas y… suspiré. Sólo necesitaba estar con él. No quería que Bella se viese comprometida de algún modo con Fuego Eterno y, sinceramente, el que me vieran en la habitación de Scott con ella no podría suponer nada demasiado bueno para Bella.

-No –dije. Mi voz salió un poco más dura de lo que había pretendido pero no le di demasiada importancia-. Quiero estar solo.

-¡Edward! –gritó Emmett.

Le miré confuso, ¿qué había hecho ahora? Fue la voz de Bella la que contestó por él.

-Claro… no importa…

-Emmett acompañadla primero a casa y luego váis a…-empecé a decir organizando todo. No me hacía gracia que Bella se fuera sola a casa.

-No, gracias, puedo ir sola, hoy he traído mi camioneta, ¿recuerdas? –dijo ella.

Seguramente si hubiese prestado un poco más de atención al tono de voz de Bella que el que le estaba prestando en aquellos momentos me habría podido dar cuenta de que estaba molesta.

-Sí, claro. Tu camioneta… -suspiré-. De todas formas, acompañadla –les dije a mis hermanos. La miré-. Por favor, me sentiré mejor si dejas que…

-Bien, de acuerdo… -parecía sorprendida por algo. Carraspeó-. Yo… siento lo de tu amigo… te llamo desp…

-No, ya te llamaré yo –le repliqué con más dureza de la que pretendía.

No le dije nada más. No la besé. No me despedí de ella. Sólo podía pensar en Scott y en que acababa de convertirme en un corredor obligatorio de Fuego Eterno.

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Le miré mientras se marchaba. ¿Qué acababa de pasar? La temperatura parecía haber descendido un par de grados. ¿Desde cuándo Edward podía hablarme con tanta frialdad como si estuviera tratando con una desconocida? Me estremecí sólo de imaginar que podría volver a mirarme y hablarme de aquel modo. Los Cullen parecieron darse cuenta de mi estado de conmoción.

-Ha recibido una mala noticia, no se lo tengas en cuenta –intercedió Alice inmediatamente al ver que me había quedado callada viendo como Edward se marchaba.

-Sí, Scott es… era… un muy buen amigo de Edward y… -Emmett hizo un gesto con la mano para quitarle importancia-… Sólo no se lo engas demasiado en cuenta ¿de acuerdo? Pronto se dará cuenta de cómo te ha hablado…

-Sí, claro… -sacudí la cabeza-. No importa –mentí. Jugué con las llaves de la camioneta mientras evitaba las miradas de los Cullen. Miré a Ángela directamente-. Bueno, ¿qué me estabas diciendo?

-Oh, sí. Me preguntaba si podrías venir a casa mañana para ayudarme a seleccionar un par de fotografías para el artículo del baile… -frunció el ceño-… no son muy buenas pero Eric ha insistido en que al menos dos imágines acompañen al texto y…

-Me encantaría Ángela pero… he dejado el periódico –dije cerrando los ojos esperando el chaparrón.

-¿Cómo? –preguntó incrédulo Emmett.

-¿Has dejado el periódico? –se escuchó la voz de Rosalie.

Jasper se limitó a mirarme con el ceño fruncido sin decirme nada. No era necesario; la mirada de Jasper era mucho más locuaz que algunas palabras.

-¿Qué quieres decir con que has dejado el periódico? –me preguntó Alice frunciendo el ceño-. ¿Qué quiere decir con eso? –preguntó mirando esta vez a Jasper como si él pudiera darle la respuesta que buscaba. El rubio se encogió de hombros-. No me gusta no saber qué está pasando –añadió cruzándose de brazos.

-Dime que no estás hablando en serio –me dijo Ángela interrumpiendo cualquier explicación que pudiese haberle dado a Alice.

La miré mientras me y me crucé de brazos enarcando una ceja.

-Oh, Dios mío… estás hablando en serio… Bella, no puedes dejar el periódico… -me dijo disgustada-. ¡Eres muy buena escribiendo, no puedes dejar el periódico!

-¿No? Ya lo he hecho –mascullé volviendo a caminar-. Me gusta escribir y necesito esa beca por encima de todo pero no pienso conseguirla traicionando mis principios ni escribiendo cosas que no me van a llevar a ninguna parte.

-Pero Bella, no puedes… -suspiró-. Le dije a Eric que no te gustaría volver a cubrir un partido de baloncesto habiendo cubierto el último tan pronto…

-¿Qué partido?

-¿Eric no te lo dijo? –frunció el ceño confusa.

-No le di tiempo a decirlo antes de que me fuera –la miré riendo sarcástica-. ¿De qué partido me estás hablando, Ángela?

-Del de la próxima semana… -Ángela frunció el ceño-. Los lobos de Arizona vienen a jugar contra nosotros y…

No escuché nada más. No necesité escuchar nada más. Los lobos de Arizona. Sólo podían significar una cosa. Sam, Jacob, Embry, Seth, Jared y Colin.

-Bella ¿estás bien? De repente te has puesto pálida y…

Parpadeé mientras miraba sin ver a Alice y Ángela.

-Estoy bien… sólo… me he mareado un poco… llevo unos días estresada… No es nada, estoy bien –les aseguré-. Tengo que irme a casa. Lo siento Ángela pero tendrás que cubrir tú sola el partido.

-No importa –asintió mirándome ceñuda-. ¿Estás segura de que estás bien? No creo que debas conducir y…

-Puedo conducir perfectamente –le interrumpí con una sonrisa de agradecimiento-. Estoy bien.

-Pero… -empezó a protestar Alice.

-Yo iré con ella –dijo entonces Rosalie mirando a Emmett-. ¿Por qué no nos sigues con el jeep y luego me recoges en su casa?

Emmett asintió aún mirándome. Pero no le presté demasiada intención; estaba fijamente mirando a Rosalie, compartiendo algo, quizá aquella pequeña explosión que había tenido en su casa nos había unido más de lo que había imaginado en un principio. No me opuse a su compañía, me limité a asentir con la cabeza.

-Nos vemos luego –me despedí de todos evitando la mirada de Jasper. ¡Juro que ese chico parecía saber cómo me sentía en cada momento!

-Voy con vosotras –dijo Jasper entonces mirándome con el ceño fruncido-. Yo conduzco –añadió arrancándome las llaves de la mano con un gesto ágil-. Estás temblando y no estás para conducir.

-Rosalie puede…

-Claro… si tienes un ataque de ansiedad y nervios Rosalie puede conducir y calmarte al mismo tiempo –dijo sarcástico Emmett.

-Esto es absurdo… ¡estoy bien! –volví a mentir.

-Sí, bueno, sólo será por si acaso… -comentó Rosalie con una media sonrisa.

Jasper abrió la puerta de mi camioneta mientras Rosalie y yo la rodeábamos para subir por el otro lado; la voz de Jessica me interrumpió.

-¡Bella! –se acercó hasta mí corriendo-. ¿Es cierto que has dejado el periódico?

La miré rodando los ojos. ¿Cómo podía haberse enterado de aquello si acababa de ocurrir?

-¿Es que tienes puesto micrófonos en la sala del periódico o qué? –farfullé. No estaba de muy buen humor en aquellos momentos. Respiré profundamente para intentar calmarme-. Sí, Jessica, acabo de dejar el periódico.

-Oh… bueno… ¿por qué…

-Ahora no puedo hablar Jessica, tengo que hacer algunas cosas importantes –Jessica miró a Rosalie que ya se había subido a la camioneta y la estaba mirando desafiante a través de sus gafas de sol que se había puesto pese a que era un día normal en Forks, es decir, nublado-. Mira, hablamos mañana ¿de acuerdo?

-Sí… sí, claro. Hasta mañana.

Apenas contesté a su saludo. Había sido un día horrible. Primero me marcho del periódico después de discutir con Eric, luego Edward me trata como si no existiera o peor, como si quisiera que no existiera y finalmente me entero de que iba a tener que volver a ver a Jacob y a sus amigos… No podría ir peor.

-Bella, tienes que contarle a Edward lo del equipo de baloncesto de tu anterior instituto –dijo Rosalie entonces.

-¿Qué equipo de baloncesto? –preguntó Jasper.

Desvió la atención de la carretera un segundo para mirarnos antes de volver a prestar atención al asfalto.

Ignoré el comentario de Jasper.

-Sí, claro, está en mi agenda entre "dejar que Edward me hable como si no existiera" y "arruinar la única posibilidad de conseguir una beca" –le contesté tensa mientras apretaba mis manos alrededor del volante.

-Hablo en serio, Bella. Tienes que decírselo a Edward –insistió Rosalie.

-¿Qué tiene que decirle a Edward?

Miré a Rosalie y vi un atisbo de vulnerabilidad en sus ojos azules. La comprensión llegó a mi cerebro de forma clara como si ella me hubiese dicho todo lo que necesitaba oír.

-¿Se lo has contado? –pregunté asegurándome de mantener un tono de voz bajo aunque quería, necesitaba gritar-. ¿Le has contado a Edward lo que te conté aquel día en…

-No, por supuesto que no –respiré profundamente, pero Rosalie continuó hablando-, Edward estaba en las escaleras cuando tuviste tu pequeña explosión, lo escuchó todo.

Maldije de una forma tan soez que Rosalie me miró, preguntándose seguramente, dónde había adquirido un vocabulario semejante. Me había equivocado. El día sí podía ir a peor.

-De acuerdo, yo también quiero saberlo.

Gruñí mientras me hundía en el asiento mientras Rosalie me dedicaba una mirada de disculpa antes de abrir la boca para contestar a su hermano. Y el día iba a peor…

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Las llaves del pequeño apartamento que tenía alquilado en Port Ángeles desde que se había marchado de casa seis meses atrás, una cartera llena de dinero pero sin una sola fotografía que indicara que tuviese amigos, familia o conocidos, el sello de oro que siempre le había visto llevar en el dedo anular de la mano derecha y una bolsa de plástico con unos pantalones ajados, una sudadera negra y un par de zapatillas de deporte viejas. Eso era todo lo que me habían dado, era todo lo que había quedado de Scott.

Agradecía el frío de aquellos momentos cuando me paré frente a la puerta del hospital, respirando profundamente, intentando que el oxígeno se llevase el recuerdo del olor a muerte y enfermedad que había dentro del edificio. Scott había muerto solo, tal y como siempre había sabido que lo haría, tal y como siempre había esperado hacerlo. No era ninguna sorpresa y estaba seguro de que para Scott tampoco lo había sido.

Tampoco fue ninguna sorpresa darme cuenta del vacío que de repente se había formado en mí… Scott había sido un buen amigo y un excelente mentor… Me había enseñado absolutamente todo lo que había que saber sobre los coches, las carreras ilegales y sobretodo, Fuego Eterno. Nunca había dejado que corriera más riesgos de los necesarios y me había cubierto tantas veces en las carreras que ni siquiera era capaz de recordar el número exacto. Con su marcha, con su muerte, me recoerdé a mí mismo, me dejaba como corredor oficial de Fuego Eterno con todas las responsabilidades que ello conllevaba.

-¡Eh, Cullen, atrápalo!

Mi mano se movió por reflejo cuando escuché mi nombre y atrapé al vuelo lo que resultó ser un sello de oro, igual que el que había llevado Scott durante mucho tiempo. Alcé la vista y tampoco me sorprendió demasiado encontrarme con Jane Reiverti recostada contra el capó de mi Volvo.

-Buenos reflejos –me dijo mientras me acercaba a ella.

-Gracias. ¿Qué haces aquí?

Ella cabeceó hacia el anillo.

-Asegurarme que lo recibes. Con la muerte de Hambridge te conviertes en corredor oficial, deberías de hacérselo saber a tu segundo –añadió ladeando la cabeza con cierta coquetería.

Jane siempre se comportaba así conmigo… Como sihubiese decidido que yo debía de ser la última presa que debía caer en sus jueguecitos. ¡No sabía lo equivocada que estaba! Era atractiva, no lo dudo, y el hecho de una mujer de veintitantos años se mostrara interesada en un adolescente de diecisiete como lo era yo, servía para que mi ego se elevara a la altura de las nubes… Pero no era suficiente para hacerme perder la cabeza y hacerme olvidar en lo que me podría estar metiendo si se me ocurría traspasar la línea invisible entre negocios y lujuria.

-Lo haré –le dije encogiéndome de hombros-. Creía que era Morgan quien se encargaba de esto –añadí dándole vueltas al anillo en el aire y atrapándolo un par de veces al vuelo como si de algún modo estuviese sopesando su peso.

-Esta vez quería hacerlo yo –se encogió de hombros y me lanzó una mirada que jamás sería catalogada como sutil-… Ya sabes, por si necesitabas algo que él no pudiese darte…

Chasquée la lengua y fruncí el ceño.

-No, gracias, estoy servido de todo –le dije de forma sutil.

Ella rió y su risa, nada que ver con la de Bella, sonó dura y de algún modo, enajenada.

-Pero admito que me alegro de que hayas venido tú, tengo que pedirte algo –dije sin preámbulos.

Jane se detuvo y me miró con una sonrisa que habría pasado por angelical si no la conociese como lo hacía. Me miró enarcando una ceja para que hablase. Sabía que mis hermanos iban a molestarse conmigo durante el resto de sus vidas posiblemente pero tenía que hacerlo… No podía dejar que a ninguno de ellos les pasara algo parecido a lo que le había ocurrido a Scott… Ni siquiera sabía si podría manejar el que les ocurriera algo similar a lo que le había pasado a Tyler.

-Mis hermanos sólo correrán en caso de que ellos desafíen, todos sus desafíos serán trasladados a mí.

Su sonrisa se congeló en su rostro. Vi el momento exacto en que la incredulidad la dominaba por un breve segundo antes de volver a componer su máscara de seguridad y frialdad.

-¿Estás dispuesto a aceptar los desafíos que tus hermanos reciban? Edward… No puedes protegerles siempre –se burló.

-Eso no es asunto tuyo –le repliqué-. Como corredor oficial tengo derecho de pedirlo, ¿verdad?

Jane hizo una mueca. Sabía que podía hacerlo. Era una de las normas. Cuando un corredor pasaba a ser oficial, podía mantener bajo su protección a todo aquel que fuera parte de su familia.

-Odié a Aro cuando impuso esa norma –confesó Jane.

La ignoré por completo.

-Jane, mis hermanos están bajo mi protección, ¿entendido? Y eso incluye que dejarás a Alice tranquila –añadí.

-Así que era eso… -rió entre dientes-. Edward, no pensaba hacerle nada a Alice… Sólo quería hablar con ella acerca de esa nueva amiga que… tenéis… -añadió con deliberada lentitud-… Me han dicho que está haciendo preguntas y sólo quería que Alice me asegurara que todo estaba bajo control.

-Yo te lo puedo asegurar. Todo está bajo control –le dije apretando mis puños firmemente cerrados alrededor de las caderas intentando que mi malhumor no fuera demasiado palpable.

-Sí, claro, me dijeron que dirías algo así, por eso quería hablar con Alice… Esa niña es francamente sincera –explicó como si eso fuera toda una sorpresa para ella.

-Mis hermanos están fuera de esto –insistí-, o me veré obligado a desvelar a los integrantes de Fuego Eterno.

Sus ojos dejaron de ser burlones y un frío acerado se formó en ellos cuando volvió a mirarme.

-No intentes tomar más de lo que puedes, Edward –me dijo-. Si eso ocurre…

-Sé el precio a pagar si desvelo algo de Fuego Eterno –la interrumpí-. Pero prefiero que me den una paliza a mí antes que creer que puedo perder a alguno de mis hermanos.

Jane me miró fijamente y luego se encogió de hombros como si no tuviera demasiada importancia lo que acababa de decirle.

-Hablaré con Aro al respecto, pero creo que puedes considerar a tus hermanos fuera de los desafíos –contestó-. Vigilad a vuestra… amiga… no nos gustaría que tuvieras que volver al hospital tan pronto ¿cierto?

La amenaza estaba allí. Ella la había lanzado y yo lo sabía. Ambos lo sabíamos. Me masajeé el puente de la nariz mientras notaba como la cabeza empezaba a dolerme… Necesitaba despejarme y sabía dónde ir para ello.

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Charlie estaba más silencioso de lo habitual. Mark había despertado y estaba fuera de peligro salvo por el enfado que tenía por no acordarse de quién diablos le había herido. Cualquiera habría pensado que papá debería de estar contento e incluso más aún, eufórico. Pero no, estaba enfurruñado, callado y ligeramente abatido. Fruncí el ceño mientras colocaba los platos en la mesa. Papá alzó la cabeza y al ver los platos apartó el periódico a un lado.

-Tiene una pinta excelente, cariño.

Sonreí de forma comprometida. Aún me resultaba raro que me halagara por hacer algo que se me daba bien.

-Bueno, después de pasarte más de cinco años comiendo comida precocinada o atiborrándote de colesterol y carne roja en el restaurante, creo que cualquier cosa debería parecerte deliciosa –le contesté sentándome.

-Eso no es cierto, también he estado comiendo pescado –rió entre dientes al ver la mueca que yo hacía al recordar la cantidad de pescado que había en el congelador, preparado de todas las maneras posibles habidas y por haber.

No contesté. Sonreí y coloqué un mechón rebelde que me había caído sobre la frente tras la oreja. Eché un vistazo al reloj de la cocina. Las nueve y media. Alice y Emmett me habían asegurado que Edward estaba bien y que sólo necesitaba descansar después de enterarse de la noticia de la muerte de su amigo Scott. Según palabras textuales de Emmett, "Edward siempre le da demasiadas vueltas a la cabeza cuando algo trascendental ocurre a su alrededor" y luego, de forma divertida, había añadido "también le dio muchas vueltas cuando empezó a verte en el instituto como algo más que la chica nueva". Palpé el bolsillo del pantalón asegurándome de que mi teléfono móvil estaba allí en caso de que Edward me llamara.

Fruncí el ceño. Aunque no estaba completamente segura de querer que me llamara después de cómo me había mirado en el aparcamiento del instituto, mirándome sin verme y hablándome de aquella forma tan fría que había hecho que me sintiera como una total extraña… Aunque de echo… eso era lo que era ¿no? Apenas nos conocíamos…

La voz de papá me sacó de mis pensamientos.

-Dime, ¿has estado hoy con Edward?

Fruncí el ceño y dejé el vaso que había cogido a medio camino entre la mesa y mis labios.

-No, ha tenido que ir a un sitio –no especifiqué demasiado, no creía que tuviese que hacerlo.

-Me ha parecido verle en el hospital –volvió a decir Charlie. Interrumpí mi trago de leche de nuevo.

-Seguramente porque ha ido al hospital –alcé el vaso otra vez.

-¿Está enfermo o…

Suspiré internamente.

-No, un amigo que estaba en el hospital ha muerto –le dije enarcando ambas cejas-. ¿Puedo tomar mi leche ahora?

-Sí, claro cariño, disculpa –dijo Charlie.

Frunció el ceño. Charlie con el ceño fruncido no era bueno; era signo de que algo estaba pasando por su mente. Suspiré, sabiendo que iba a arrepentirme de seguir con la conversación en lugar de beber mi ansiado sorbo de leche fresca.

-¿Ocurre algo?

-No, nada… sólo me preguntaba por qué Edward había estado en el hospital en lugar de contigo… y además ha ido sin sus hermanos. Cualquiera pensaría que su amigo no lo era del resto de los Cullen.

-Papá, puede que Edward y ese chico se llevasen bien al margen de los demás, ¿lo has pensado? Incluso si no hubiese ido a ver a ese chico que ha muerto podría perfectamente haber ido simplemente a ver a su padre, es médico en el hospital, lo recuerdas ¿verdad? –añadí con cierta ironía.

Levanté el vaso para, finalmente, beber.

-Mmmm…

Le miré mientras dejaba mi vaso de leche en la mesa, con demasiada fuerza, a juzgar por la mirada de mi padre.

-¿Mmmm, qué? –le pregunté ignorando su mirada.

-Nada… Sólo… ¿cuánto sabes de la relación entre ese chico y… Edward? –preguntó pronunciando su nombre con cierto recelo.

-No demasiado –Charlie me miró. Juro que odio que a veces sea tan suspicaz, ¡sospecha de todo el mundo!-. Papá, me acabo de enterar hoy de que un amigo suyo que se llamaba Scott ha muerto, no creí que fuera el mejor momento para someterle a un interrogatorio sobre todas sus amistades ¿no te parece?

Charlie tuvo la decencia de parecer avergonzado.

-Eso mismo –insistí al ver que gruñía una disculpa dándome la razón al menos en ese punto-. Además, ¿desde cuándo te preocupan las amistades de mis amigos?

-Desde que tus amigos me piden permiso para salir contigo de forma oficial –masculló dando un trago a la lata de cerveza.

¡Ah, así que ese era el problema! Suspiré mentalmente y del mismo modo conté hasta veinte intentando que mi voz sonara tranquila y no arisca como estaba segura de que sonaría si hablase inmediatamente.

-Papá, creía que te gustaba Edward… Cuando el otro día te pidió… te informó de que…

Charlie alzó una mano y la movió de forma vaga en el aire.

-Aunque me guste ese chico, eso no implica que no sepa lo que es.

-¿Lo que es? –le pregunté enarcando una ceja.

-Es un chico –dijo como si eso fuera suficiente explicación.

Enarqué una ceja. Papá había usado su acento de exageración como yo lo llamaba, que no hacía nada más que remarcar algo obvio.

-Por supuesto que es un chico, papá…

-Bella, yo también fui un chico de su edad y sé cómo piensan… y qué piensan –añadió a regañadientes-. Edward Cullen me gustaba más cuando no salía contigo…

-Papá, eso es absurdo. Primero me dices que tengo que salir con gente y socializar más –me levanté y llevé mi plato prácticamente intacto al fregadero-, luego me dices que debo tener citas con chicos y cuando uno de ellos no se muestra temeroso de ti y te dice que quiere salir conmigo pidiéndote permiso, algo que ya no se hace en el siglo veintiuno por cierto –le recordé-, me dices que no te gusta la idea de que salga con él. En serio papá, ¿te has dado un golpe en la cabeza o algo así recientemente?

-Bella… -hizo un gesto de impotencia con las manos y suspiró con fuerza-… Cariño para mí aún eres una niña… Sólo… no quiero que te hagan daño…

-Papá, gracias por ser tan protector conmigo, pero no es necesario… Me enseñaste a defenderme cuando era pequeña y sé que volverás a hacerlo si te lo pido… Pero tienes que dejarme crecer.

-Sí, supongo que sí… -contestó a media voz.

La conversación había terminado. No sabía que más decirle a aquel hombre al que quería pero que había sido prácticamente un desconocido durante mi infancia. Suspiré y me dirigí a las escaleras.

-Estoy algo cansada, me voy a dormir.

-Buenas noches cariño –me dijo con el tono de voz abatido.

-Papá… -le llamé girándome en las escaleras. Se giró a medias en la silla, con la lata de cerveza a medio alzar, sus ojos pequeños interrogantes y expectativos y la mirada perdida como si acabara de darse cuenta de algo muy importante, de que yo había crecido-… no lo digo mucho pero… sabes que te quiero ¿verdad?

Vi como sonreía y me di cuenta de que a pesar de que lo sabía, necesitaba escucharlo de vez en cuando.

-Lo sé, yo también te quiero Bella. Que descanses.

-Buenas noches –le contesté con una sonrisa.

Mientras subía los escalones hacía mi cuarto no pude evitar pensar que mi relación con Charlie estaba llena de altibajos pero a pesar de todo parecía que íbamos avanzando poco a poco y de forma lenta… pero íbamos avanzando y de eso se trataba la vida ¿no? De avanzar siempre. Sonreí. Estaba satisfecha con mis avances con mi padre.

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Permanecí sentado en la oscuridad total del garaje trasero, con la cabeza inclinada hacia atrás, los ojos cerrados y la música empapándome por completo. Me había despedido de él tal y como correspondía. Scott habría estado orgulloso del modo en que había corrido aquella noche… Estoy seguro de ello. Él me había enseñado a correr sin arriesgar demasiado y sin quedarsae nunca atrás, adelantando cuando era necesario y arriesgando lo justo para ganar sin morir en el intento. Había corrido tal y como él me había enseñado a hacerlo… y había sido una buena carrera.

Scott… aquella había sido mi despedida para él, hacia él… le iba a echar de menos…

Estaba a punto de apagar la radio cuando la puerta del copiloto se abrió y una mano blanca surgió de la oscuridad interceptando mi movimiento y apagando la música. Ni siquiera me moví, consciente de la presencia repentina de Jasper.

-¿Estás bien?

Asentí en silencio.

-¿Has bebido, te has roto algún hueso o simplemente te has peleado con alguien y tienes alguna contusión que necesita ayuda médica?

-No… nada de eso Jasper… ¿Y qué haces despierto a estas horas? -pregunté

-No podía dormir –me contestó rodando los ojos con un tono de voz sarcástico más propio de mí que de él-. ¿Tú que crees que hago? Esperarte, tenía que hablar contigo pero cuando fui a buscarte no estabas en tu habitación…

-¿Alguien más lo sabe?

-No, pero largarte solo no ha sido una de tus mejores ideas –me contestó frunciendo el ceño-. Creía que habías dicho que ibas a dejar de ir a correr solo –me miró entrecerrando los ojos-. Porque has ido a correr ¿verdad?

-Tenía que hacerlo –le dije-. Se lo debía a Scott –añadí.

La expresión de Jasper se suavizó de forma relativa al escuchar el nombre de Scott. Seguramente de todos mis hermanos, él era quien mejor conocía el golpe que la muerte de Scott había supuesto para mí… Jasper siempre parecía saber cuando estaba bien o mal por algo.

-Venga, ¿qué he hecho ahora?

-¿Qué te hace pensar que has hecho algo? –enarcó una ceja.

Perfecto. Cuando Jasper contestaba a una pregunta con otra era porque estaba enfadadao de algún modo… no sólo enfadado, si no enfadado con mayúsculas.

-Tal vez sea el hecho de que me estés esperando a las dos de la mañana despierto –le contesté con cierta ironía que en cualquier momento le habría arrancado una sonrisa divertida. No aquella vez. Suspiré-. Vale, ¿qué pasa?

-Nada, ¿has mirado tu teléfono móvil? –inquirió con voz demasiado tranquila.

Fruncí el ceño. No lo había mirado desde que había salido del instituto. Lo había desconectado en el hospital y lo había dejado apagado para no desconcentrarme durante la carrera de aquella noche. Metí la mano en el boslillo y saqué el aparatito para empezar a marcar mi número de identificación.

-Joder… -farfullé al ver cuatro llamadas perdidas del teléfono de Bella. Miré a Jasper-. ¿Ha llamado a casa?

-Dos veces, la primera preocupada porque no cogías el teléfono. Alice le dijo que estarías en el hospital y que lo tendrías desconectado –frunció el ceño-. La segunda vez Emmett le ha dicho que estabas en la cama y que te habías quedado… traspuesto por la muerte de Scott.

-Voy a matar a Emmett –dije. Le miré-. ¿Estaba muy preocupada?

-Lo suficiente para no acordarse de cómo la has tratado a la salida del instituto…

-Yo no he…

-Edward, tú sí has –me interrumpió Jasper-. Bella quería ir contigo, te ha preguntado si estabas bien, ni siquiera te ha dicho que ella ha dejado el periódico…

-¿Bella ha dejado el periódico? –pregunté confuso-. Pero si… -parpadeé-. ¿Tan mal lo he hecho?

-Edward, has tenido discusiones con James en las que tu voz no sonó tan distante ni gélida –me recriminó Jasper-. Edward… -me palmeó el hombro en un gesto de camadería masculina al ver mi gesto torcido de arrepentimiento mientras recordaba cómo le había hablado a Bella-… deberías ir a verla.

-Creo que sería mejor esperar a mañana –dije mirando la hora-. No creo que el despertarla a estas horas le haga mucho bien a mi disculpa.

-¿Sabes con quién tenemos el próximo partido? –preguntó cambiando de tema.

-No… -titubeé sin saber a dónde quería llegar Jasper.

-Los lobos de Arizona.

Le miré. Parpadeé. Jasper me miraba como si estuviera esperando una reacción por mi parte. ¿Qué quería que dijera? Sus cejas se arquearon mientras me miraba fijamente como si intentara transmitirme un mensaje telepático. Increíblemente funcionó. Lobos. Arizona. El antiguo instituto de Bella.

-Joder… -mascullé. Giré la llave del coche.

-¿Qué haces?

-Sal del coche, voy a casa de Bella.

-¿En el audi? –preguntó sarcástico.

-Joder… -volví a repetir apagando el motor y saliendo del vehículo. Me dirigía a la puerta para ir a casa a buscar las llaves del volvo cuando Jasper me detuvo por el brazo-. ¿Qué?

Agitó frente a mí el llavero del volvo y tuve que sonreír a medias.

-Arréglalo con ella –me pidió dándome las llaves.

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Resoplé. Las dos y media de la mañana y aún seguía despierta. ¿Por qué diablos seguía despierta? Generalmente tengo un sueño pesado y regular que acude a mí en cuanto me acuesto en la cama y cierro los ojos… A veces ni siquiera me da tiempo de apagar la luz de la mesita antes de quedarme completamente dormida… Pero no, hoy no, claro… Precisamente hoy que quería dormirme para olvidar todo lo que me había pasado, no podía conseguirlo… ¡Genial!

Me di media vuelta en la cama y suspiré mientras apartaba la manta hasta los pies del lecho y me cubría sólo con las sábanas y el fino edredón. ¿Desde cuándo hacía calor en Forks por las noches?

Volví a girarme intentando encontrar una postura cómoda. Intenté relajarme para olvidar el modo en que Edward me había hablado, para olvidar a Eric, el periódico, Sam, Jacob… para olvidarlo todo simplemente.

Suspiré de nuevo mientras volví a mi posición original, tumbada sobre mi espalda y mirando la oscuridad del techo. Giré la cabeza y el reloj digital parpadeó. Gruñí frustrada, las dos y treinta y tres.

Admito que consideré la posibilidad de levantarme de la cama y ponerme a leer algún libro pero con la suerte que tenía, estaba completamente segura de que en cuanto abriera el libro me quedaría dormida sobre la silla, encogida, sin nada que me arropara y me levantaría con todos los músculos del cuerpo agarrotados.

-No aguanto más… -susurré para mí misma.

Aparté las sábanas y me deslicé fuera de la cama con gestos lentos y cuidadosos; no sería la primera vez que me tropezaba o resbalaba en mi propio cuarto a pesar de que no hubiese nada de por medio. Atravesé la habitación y salí al pasillo. La puerta de Charlie seguía cerrada y fruncí el ceño mientras pensaba que al menos alguien en esa casa estaba durmiendo esa noche. Bajé descalza y en silencio hasta la cocina y no pude evitar la costumbre de mirar hacia la puerta para asegurarme de que estaba cerrada. Satisfecha después de haber comprobado que el cerrojo estaba echado y la llave girada en la cerradura volví a mi camino original y, deteniéndome frente a la nevera, saqué el cartón de zumo. Mientras mis gestos eran mecánicos y casi automáticos, mi cabeza parecía seguir en la habitación de arriba, dándole vueltas a todo lo que había pasado aquel día. Llené un vaso grande con zumo antes de devolver el cartón al frigorífico y, comprobando una vez más la puerta de la cocina y asegurándome de que estuviese cerrada, subí de nuevo las escaleras, prácticamente a oscuras y con mucho, mucho cuidado.

-Bonito pijama.

Tan pronto como entré en la habitación, la voz aterciopelada me llegó desde el rincón más cercano a la ventana.

Mi primera reacción fue gritar y dejar caer el vaso al suelo. Mi segunda reacción fue contener el grito tapándome la boca y sujetar el vaso antes de que éste se estrellase contra el suelo y Charlie apareciese en mi cuarto, pistola en mano, para encontrar a Edward a las dos y cuarenta y dos de la mañana en mi habitación.

-¡Maldita sea, Edward! –le dije siseando entre dientes mientras cerraba la puerta detrás de mí-. ¿Te has vuelto loco o sólo pretendías matarme del susto? –miré alrededor de mi cuarto.

-Lo siento –me dijo divertido en un tono que indicaba que no lo sentía en absoluto-. No quería asustarte, ¿estás bien?

-Lo estaré cuando mi corazón vuelva a latir, gracias –le contesté sarcástica obteniendo una risita por su parte. Respiré profundamente y le miré-. ¿Estás bien?

Edward parpadeó, me miró enarcando una ceja y sonrió a medias.

-Yo te doy un susto de muerte y… ¿eres tú quien me pregunta a mí si estoy bien? –rió entre dientes confuso.

-Yo… bueno, estaba preocupada por ti… lo he estado toda la tarde –añadí a medias dejando el zumo sobre la cómoda.

Su gestó dejó de ser divertido y su frente se arrugó como si estuviese pensando en algo que no sabía si compartir o no conmigo.

-¿Edward? –pregunté tentativamente sentándome en la cama y viendo como me miraba - ¿Estás bien?

Cabeceó ligeramente y se acercó hasta mí, sentándose a mi lado. Ambos con el cuerpo medio girado para estar mirando al otro, ambos sabiendo que no deberíamos estar tan cerca y al mismo tiempo deseando que no hubiera tanto espacio entre nosotros si es que se podía llamar espacio a los veinte centímetros que impedían que nuestros brazos se rozasen.

-Sí, yo… la muerte de Scott ha sido un duro golpe… pero estoy bien… -carraspeó y le miré-… Yo… sólo quería pedirte disculpas –le miré-. Por lo de antes; tú sólo querías ser amable conmigo… como siempre y yo te hablé como un completo idiota… -su mano se posó en mi mejilla y con el pulgar me acarició el pómulo.

Suspiré internamente, aliviada. Edward no había estado enfadado conmigo, él sólo había estado mal por la noticia de la muerte de su amigo… eso podía comprenderlo; eso lo comprendía. Le sonreí intentando darle confianza y comprensión al mismo tiempo.

-Está bien, Edward… lo entiendo…

-No, no está bien y no deberías perdonarme con tanta facilidad –insisitó él-. No debí hablarte como lo hice, no debí dejar de darme cuenta de que te pasaba algo cuando saliste del instituto, no debí desaparecer de aquel modo después de ordenarte prácticamente que me dejaras y te fueras a casa, no debí dejarte toda la tarde pensando en el próximo partido de baloncesto y definitivamente no debí apagar el teléfono móvil y dejarte toda la tarde preocupada por mi culpa –dijo sin apartar su mano de mi rostro en ningún momento-. Lo siento Bella, de verdad…

-Está bien Edward… no pasa nada… -le dije sinceramente-. No tienes que disculparte por ser humano ¿sabes? –le sonreí.

Él me devolvió la sonrisa.

-Lo sé pero si vuelve a ocurrir tienes mi permiso para pedirle a Emmett que me de un puñetazo –añadió con una media sonrisa.

Fingí enfadarme con él.

-Si vuelve a ocurrir, yo misma te daré el puñetazo…

Él sonrió.

-Bien… seguro que me lo mereceré cuando lo hagas.

Sentí su caricia en mi mejilla y allí donde me acariciaba, un leve cosquilleo me inundaba, como una quemazón agradable, como un rastro de hormigas, como un aleteo de mariposas. Cerré los ojos en silencio y dejé que mi cuerpo sintiera esa caricia tan dulce y tierna que nunca antes había compartido con nadie y que, estaba segura, nunca querría compartirla con nadie que no fuese Edward. Casi salté en la cama cuando su otra mano se posó sobre mi pierna, en el dobladillo del pantalón corto de mi pijama; ignoré el rubor que me subió a las mejllas mientras intentaba recordar en silencio si me había depilado o no… cuando su mano dejó mi mejilla para acariciar mi mentón con suavidad y mis labios, el tema de la depilación fue relevado a un segundo plano en mi mente. Escuché como se rió con suavidad, con deliberada lentitud, como si de alguna forma supiera exactamente qué era lo que sus caricias leves, tiernas e inocentes estaban povocando en mí.

-Respira Bella… -me susurró recordándome que era necesario respirar para poder seguir viviendo.

Obedecí sin pensando y abrí mis ojos topándome con los suyos que me miraban divertidos y dulces… Parpadeé ¿cómo se había acercado Edward tanto sin que me hubiese dado cuenta?

-Juro que no me he movido –dijo como si pudiera leer mis pensamientos.

Comprendí sus palabras cuando me di cuenta de que era yo la que me había movido acercándome más hacia él. Mis mejillas se tiñeron de un furioso rojo mientras él reía divertido por mi reacción.

-Esta situación me suena de algo… -mascullé-. Lo siento… -me disculpé haciendo un ademán para alejarme.

-No lo hagas… -negó con la cabeza mientras me daba un ligero apretón en la pierna para indicarme que me quedase donde estaba-… no te disculpes por querer estar más cerca de mí… -me pidió con una media sonrisa-. De echo…

Antes de darme cuenta de lo que había ocurrido, me encontré sentada sobre Edward, mis piernas colgando hacia un lado, mi cintura medio girada hacia él y mis brazos en sus hombros y su rostro tan cerca del mío que juro que compartíamos el mismo aliento y el mismo aire… a ninguno de los dos nos importó.

-Bella… me estoy muriendo por besarte…

Sonreí a medias y a pesar de que noté como me ruborizaba más si es que era posible, le acaricié la nuca con las yemas de mis dedos y sonreí al ver como un escalofrío le había temblar ligeramente, su sojos siempre sobre los míos, su sonrisa siempre presente. De algún modo saqué la fuerza de algún sitio, no sé de dónde e inclinándome hacia él, arrimé mi boca a su oído.

-¿Y a qué estás esperando?

Apenas tuve tiempo de terminar la pregunta cuando sus labios estuvieron sobre los míos, imprimiendo sobre mi boca tanta suavidad como fuerza. Sus labios eran tan suaves como siempre; jugó con mi boca, succionando mi labio inferior. Me acerqué más a él y en respuesta, sin dejar de besarme. Entreabrí los labios en un jadeo cuando sentí a Edward atrapando mi cintura entre sus manos y acercándome más a él como si temiese que yo pudiera escapar o caerme o apartarme de su lado… ¡Sí, claro… como si yo tuviera la suficiente fuerza de voluntad para apartarme de él cuando me estaba besando de aquella forma!

Noté como introducía su lengua dentro mi boca, despacio, de forma relajada, de forma tranquila y suave, preparado para notar mi respuesta y apartarse si yo me ponía tensa. Lo adoré por ello… ¿cuántos chicos estarían dispuestos a besar de aquella forma tentativa, preocupándose por la chica? Quiero decir, yo no había besado a nadie hasta Edward, pero estaba segura de que no había muchos chicos que lo hiciesen.

Gemí cuando mi lengua salió al encuentro de la suya casi de forma natural, sin pensarlo, simplemente como si estuviese actuando por su libre albedrío y le escuché gemir ante mi respuesta; un sonido gutural, primitivo y dominante que hizo que me estremeciera.

Sus manos se colaron por debajo de la camisa de mi pijama y para mi sorpresa y gratitud, Edward se limitó a acariciarme la piel de la espalda, nunca sin bajar demasiado y nunca sin pasar a la parte delantera.

El beso se intensificó y con él nuestro calor y nuestros sentidos. Era como si lleváramos años sin vernos y estuviéramos dispuestos a morir si era preciso con la persona que teníamos entre nuestros brazos. Intenté respirar pero no pude. No me importaba demasiado. Sólo quería seguir besándole, un poco más cada vez, seguir sintiendo su sabor, su dulzura, su suavidad, sus manos… sólo quería seguir sintiéndole a él un poco más.

Por suerte para mí Edward parecía más sensato que yo y con más autocontrol… de lo contrario, estoy segura de que hubiese acabado desmayada por falta de aire. Poco a poco, despacio, sin querer romperlo de forma abrupta, Edward fue finalizando el beso. Su lengua se retrajo a su propia boca y sus labios volvieron a besar los míos de forma suave y lenta, sus dientes pellizcaron mi labio inferior un segundo y luego lo besó con dulzura.

Nos apartamos lentamente, el uno del otro, pero nuestros cuerpos seguían juntos, sus manos en mi cintura, las mías en su nuca. Le miré jadeando, él estaba igual que yo; y sus ojos brillaban como nunca los había visto brillar. Me encontré preguntándome a mí misma si mis ojos también estarían brillando de quella forma.

-Wow… -fue lo único que logré decir.

Él rió entre dientes.

-Eso mismo estaba pensando yo… -me dijo besándome en la frente con suavidad-. No creo que debamos besarnos más aquí… y mucho menos vestida así… -añadió-. Puede ser un peligro para el autocontrol de los dos… -añadió riendo suavemente.

Avergonzada asentí a medias y me dejé abrazar por él mientras enterraba mi rostro en su cuello, relajándome, sintiéndome segura, sintiéndome a salvo de todo, como cada vez que él me abrazaba. Pasaron unos minutos hasta que mi mente pudo registrar una pregunta.

-¿Edward? –nos separamos ligeramente para que él pudiera mirarme-… No es que me esté quejando ni nada de eso, pero… ¿cómo has entrado en mi cuarto?

Él soltó una risita.

-Por el mismo sitio por el que voy a salir –me dijo encogiéndose de hombros. Le miré. Estaba completamente segura de que su respuesta no me iba a gustar-. Por la ventana.

-¿Qué? –parpadeé incrédula y levantándome de su regazo, crucé la habitación para asomarme a la ventana. Había más de seis metros desde allí hasta el suelo. Me giré para mirarle por encima de mi homro-. ¿Cómo diablos…

-Bella, Emmett, Jasper y yo solíamos jugar en los árboles del bosque que hay detrás de mi casa –me dijo-. Y el roble que hay en el lateral de tu casa es bastante fuerte… el techo, sin embargo, parece algo débil en algunos puntos. Deberías decirle a tu padre que lo revise.

Bufé.

-Sí, claro. Sólo le diré: "eh, papá, ¿puedes reforzar el tejado para que mi novio entre en mi cuarto por las noches y así no se rompa el cuello"

Edward rió.

-No, pero puedes decirle que has visto un par de goteras en el salón la última vez que llovió –le miré-, y si le dices que las goteras están sobre el televisor y que el agua puede estropearlo y así él no podría ver los partidos de baloncesto, estoy seguro de que le faltará tiempo para arreglarlo.

Reí entre dientes.

-Muy inteligente –alabé.

-Lo sé –enarcó ambas cejas y me tomó de la cintura para darme un beso rápido-. Intenta dormir un par de horas, te recogeré mañana para ir a clase ¿está bien?

Asentí y le besé de vuelta.

-Ten cuidado al bajar –le pedí.

Me miró como si fuera a discutir pero decidió pensarlo mejor y sólo asintió. Me besó de nuevo en la frente a modo de despedida y mis ojos no se despegaron en ningún momento de él mientras le veía atravesar el tejado y caminar con tranquilidad y elegancia hacia el estremo oeste del tejado, caminando con tanta fluidez como si lo estuviera haciendo por un camino bien asfaltado. Sacudí la cabeza y me encontré intentando discernir todos y cada uno de los sonidos de la noche para averiguar si Edward se caía o no. Segundos después, él estaba en el suelo y se despedía de mí mientras caminaba hacia el Volvo, dándome la espalda, sin verme y aún así sabiendo que yo estaba en la ventana. En serio, ¿ese chico podía saber lo que yo estaba haciendo o qué?

Sonreí mientras volvía a la cama. Esta vez, convencida de que podría dormir.

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Bueno, que tal?? Antes de que lo olvide, han sido 19 paginas!!! No es que haya estado escribiendo y escribiendo para obligaros a enviarme mas reviews… es solo que el capitulo ha salido así :p

Que os ha parecido? Espero que haya sido de vuestro agrado. No olvideis pasaros por mi fic "condenada por amor" si no lo habeis hecho ya y para todos los que me esteis leyendo en Harry Potter, he actualizado Magia Pura, así que ya sabéis que teneis que hacer si quereis aliviarme un poco de mi malhumor jejeje :D

Ahora en serio, es un placer escribir cuando me dejais reviews, de acuerdo?

Vale, ahora un incentivo para que me envieis mensajitos… tengo escrito el último capitulo del fic… aún no sé como voy a llegar hasta allí pero lo tengo escrito!!! Asi que si quereis animarme y darme energia positiva para que empiece a escribir para llegar al final… los reviews son mi batería jajajaja

Bueno, ya os dejo de dar el coñazo, vale?

Un besito para todos, sed felices y poned el corazón en todo lo que hagais porque es la única manera de que todo salga bien.

Nos leemos pronto!!!