Hola a todos!!! Aquí os dejo un capítulo más del fic esperando que sea de vuestro agrado, de acuerdo?
No puedo creer que tenga ya 370 reviews!!! Es un gran honor escribir para vosotros, de verdad; en especial muchas gracias a:
Fayres12, abril, laabuela, flowersswan, akhane, yasmi!, another life, escorpiotnf, beautifly92, pg!, hale_cullen, deniziithaw, leblancish, ale89, margara, clorena, sandrawg, celtapotter, biankismasen, princesaamy, nely, christti, edandme, kmylita, yazziecullen, merysun, valu86, mapau inu-maniatica, meco2008, javii cullen, starling, hik-y, lna, miscullen9, isa
Ahora os dejo con el capítulo, disfrutad de él tanto como lo hice yo escribiendo, ok? Un besito para todos, nos vemos abajo!!!
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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)
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Capítulo XIII. Magia.
"Protegida. Así era como me sentí aquel día. Absoluta y completamente protegida… Como si nada pudiera ocurrirme, como si en aquel momento pudiese estallar una bomba a dos pasos de mí y aún así, yo estaría a salvo, segura, protegida, tranquila. Era extraño porque siempre me había costado confiar en los demás… pero en él… en él podía confiar, en él confiaba… Era como si nuestras almas hubiesen estado unidas en algún punto de alguna vida pasada y ahora volviesen a estar completas al estar la una junto a la otra… Nada podía hacerme daño estando con él porque sabía que él no dejaría que nada me hiciera daño. Asustaba… asustaba saber que eres capaz de poner tu vida en las manos de otra persona confiándole todo lo que eres, todo lo que quieres ser, todo lo que has sido… Pero era un miedo agradable"
Las notas de Beethoven flotaban en la habitación. Siempre me había relajado… Estaba completamente de acuerdo con mis hermanos con el hecho de que escuchar música clásica no era lo habiual en un adolescente… pero era lo único que podía relajarme. Sonreí al darme cuenta de que Bella también me provocaba el mismo efecto que causaba la música. Necesitaba relajarme. Sommers me había amenazado… otra vez. No es que fuera algo nuevo, desde luego, pero esta vez… hablaba en serio. Estaba dispuesto a contarle a Bella lo que había ocurrido con Alec un par de años antes… y estaba completamente seguro de que le contaría su propia versión y no lo que había ocurrido de verdad. Su precio era simple: tenía que dejarme ganar. Resoplé ¡cómo si eso fuera posible! Todos sabían que yo era mucho mejor conductor que él, sería imposible que yo perdiera frente a Sommers a menos que fuera de manera intencionada y eso sería ir contra las reglas de Fuego Eterno.
Ahogué un grito. Si aceptaba el chantaje de Sommers, Jane me tendría en sus manos, si no lo hacía, Bella sabría la clase de monstruo asesino que era y si decidía mandarlo todo al diablo, acabaría en la cárcel. ¡Joder, maldita sea!
-¡Edward, tengo que hablar contigo!
Suspiré mentalmente mientras miraba como Alice se sentaba en mi cama y dejaba a su alrededor un montoncito de papeles sacándome de mis pensamientos.
-Adelante Alice, como si fuera tu cuarto –le dije sarcásticamente. Alice rodó los ojos y me ignoró completamente. Suspiré y me dejé caer sobre la cama.
-Hablar de las vacaciones, claro –contestó como si fuera lo más obvio del mundo. Entrecerró los ojos y me miró-. No pareces tener muy buena cara, ¿no has dormido bien?
-Estoy bien, ¿qué decías de las vacaciones?
Aunque no la estaba mirando sabía perfectamente que había estrechado sus ojos en mi dirección pero lo quiso dejar pasar. Tan pronto Alice empezó a hablar sobre las vacaciones de Navidad, las sorpresas, las compras, los regalos y lo ben que lo pasaríamos, coloqué una almohada sobre mi cabeza; escuché como se rió por mi movimiento, pero siguió hablando. Todo estaba bien, pronto sería la hora de ir a clase y francamente podía escuchar a Alice veinte minutos más, sólo eso… Huiera estado bien, pero la palabra Bella unida a París hizo que me sentara rápidamente en la cama y la mirara. Suspiré pesadamente.
-Alice… por favor… ¿de verdad crees que el jefe Swan va a dejar a su hija adolescente ir sola a Europa durante las vacaciones de Navidad? Es completamente…
-¡Perfecto! –terminó ella por mí dándome una mirada enfadada absolutamente inadecuada para su pequeño cuerpo-. Charlie confía en mí y además no va sola, Esme y Carlisle vienen con nosotros y…
-Y ella sigue siendo su única hija y siguen siendo las vacaciones de Navidad –me quité la almohada y me senté en la cama mirándola-. Alice, por favor, por favor… ¿podrías simplemente organizar unas vacaciones de algunos días en algún lugar en el que no tengamos que salir del país? –le pregunté.
Alice abrió la boca dispuesta a decir algo, la cerró y la volvió a abrir antes de exhalar un suspiro de frustración. Se cruzó de brazos y se dejó caer en la silla junto al escritorio.
-¿Qué propones que haga? –dijo sarcástica-. ¿Un día de campo en el bosque de Forks? –preguntó.
-Alice, por favor… Sólo esta vez. Bella no está acostumbrada a nuestras grandes vacaciones y mucho menos a las tuyas.
-¿Qué tienen de malo las vacaciones que yo programo? –preguntó enarcando una ceja.
-Alice, nos quisiste llevar a Japón y si no fuimos fue porque Rosalie dijo que si la obligabas a ir, ni siquiera intentaría convencer a Carlisle para que te comprara el nuevo coche deportivo que quieres –le contesté-. Sólo por esta vez, ¿podrías planear algo tranquilo?
-Pero Edward… ¡lo tranquilo es aburrido! –contestó ella.
-Alice, no quiero que Bella se sienta obligada a ir a unas vacaciones a las que no desee ir.
-Pero Bella…
-¡Maldita sea, Alice! Sólo hazlo –le dije.
Alice dio un saltito en la silla donde estaba. Suspiré. Me pasé una mano por el cabello, froté el punte de mi nariz en un intento por calmarme y luego me incorporé en la cama y caminé hacia ella, acuclillándome delante de Alice.
-Lo siento –me disculpé-. No quería gritarte Alice… pero… Bella no acepta bien las fiestas, las sorpresas ni los regalos… ¿Te imaginas que le digo que nos vamos de vacaciones a otro continente y que no tendrá que pagar nada porque yo lo pagaré? –le pregunté-. Es como si… no sé… como si yo te dijera que me des dinero y que yo te compraré la ropa para el próximo mes, ¿te afectaría eso en algo?
-Ya veo tu punto… -contestó a regañadientes-… Supongo que podría planear algo más tranquilo… -cabeceó asintiendo-. Pero tienes que prometer intentar convencer a Carlisle para que me compre el coche…
-Alice ¡sólo tienes que elegir el color! –le dije intentando no gritar.
Por toda respuesta, Alice rió divertida ante mi frustración, me cogió de la mano y me llevó hacia las escaleras, saliendo de mi cuarto mientras decía que íbamos a llegar tarde a clase. Resoplé mientras miraba hacia el techo. Definitivamente Alice disfrutaba volviéndome loco.
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Genial. Era el centro de atención, una vez más. Permanecía sentada en la mesa donde Edward me había dejado después de entrar conmigo en la cafetería en brazos, asegurando que no pesaba prácticamente nada. Miré por encima de mi hombro para verle en la cola de la comida con una bandeja en la que prácticamente estaba arrojando todo aquello que sus ojos alcanzaban; tan pronto escuché como cuchicheaban y sonreían en mi dirección, bajé la cabeza dispuesta a entretenerme con mi libro mientras esperaba a que Edward regresara. Doblé las piernas bajo la silla y las crucé a la altura del tobillo reprimiendo una mueca y quejido de dolor; la herida de la pierna aún me dolía. ¿Se podía ser más torpe de lo que yo era? Aunque bueno, considerándolo bien… esta vez no había sido mi culpa…
(flashback)
No era algo que nadie no supiera. Odiaba las clases de educación física. Por el amor de Dios… si había días en los que no podía caminar con tranquilidad sin tropezarme dos y tres veces, ¿cómo pretendían que corriera y diera saltitos intentando practicar algún tipo de deporte? Aquel día no era diferente a los demás; el mismo vestuario, el mismo equipo de gimnasia, las mismas zapatillas deportivas y las mismas pocas ganas de salir de los vestuarios para ir al gimnasio dispuesta a enfrentar mi tortura. Pero aquel día fue diferente. Tan pronto como salí de los vestuarios y caminé hacia la pista cubierta, los golpes rítmicos de los balones golpeando el suelo me hicieron plantearme la posibilidad de llegar tarde a la clase. Rodé los ojos mientras me apresuraba; sólo me faltaba llegar tarde para que el entrenador me tuviese algún tipo de manía.
Me detuve en seco al llegar. No es que mi clase hubiese empezado antes ni tampoco que yo llegase tarde; era sencillamente que el equipo de baloncesto estaba practicando en la mitad de la pista, haciendo botar sus balones, practicando sus tiros a canastas y haciendo abdominales y flexiones todos y cada uno de ellos con la concentración escrita en sus rostros.
-¿Qué pasa aquí?
Ángela me miró y se ofreció a explicarme, muy amablemente, que tendríamos que compartir la pista con el equipo de baloncesto ya que éstos necesitaban entrenar lo más posible para el próximo partido. Rodé los ojos.
-Creía que el que se llevasen la mayor parte del presupuesto escolar era lo único de lo que se beneficiaban –comenté sarcástica.
-Lo cierto es que es la primera vez que hacen algo así –se encogió de hombros-. Quizá simplemente tenían una hora libre…
Crucé los brazos sobre mi pecho.
-Sabes que eso es completamente ridículo… -Ángela se encogió de hombros y suspiré-. Voy a averiguarlo.
Me dirigí hacia ellos aprovechando que el entrenador aún no había llegado. Mi primer pensamiento fue interceptar a Tyler que estaba sentado en el banquillo con el brazo aún vendado pero la imponente figura de Emmett me cortó el paso.
-¿Dónde crees que vas? –me preguntó-. No se permiten intrusos en los entrenamientos –me dijo burlón.
-Tampoco se permiten intrusos en nuestras clases de educación física –le dije arqueando una ceja.
-Buen punto, tú ganas. ¿Querías hablar con Tyler? –resopló mientras se limpiaba el sudor de la frente. Debían llevar un buen rato entrenando y a pesar de ello no parecía cansado en absoluto.
-No realmente, sólo quería saber por qué estáis aquí –me encogí de hombros.
Los ojos de Emmett brillaron con picardía.
-Tranquila, te prometo que no nos reíremos cuando tropieces o algo así –me aseguró.
Antes de poder mentirle y decirle que no iba a caerme y que, en caso de que ocurriese algo así, no me importaría que me viese nadie, una voz llegó desde detrás y el aliento cálido de alguien me rozó la nuca haciendo que me estremeciese.
-Eh, preciosa, ¿pasa algo?
Edward. Sólo Edward podía llamarme "preciosa" delante de una muchedumbre y quedarse tan tranquilo como si sólo hubiese dicho mi nombre. Me giré para decirle que no me llamara así pero el pensamiento se interrumpió en cuanto le vi sonreírme.
-Has vuelto a hacerlo… -le acusé. Edward me miró sin entender, miró a Emmett que se encogió de hombros y luego me miró de nuevo-… has vuelto a hacer esa cosa con tu sonrisa y…
-He vuelto a deslumbrarte –dijo bastante satisfecho de sí mismo-. ¿Qué te trae por este lado de la pista? –preguntó divertido. Juro que estaba segura de que sabía perfectamente qué estaba haciendo en aquel lado de la pista.
-Preguntas que requieren respuestas. ¿Tú no tenías que estar ahora en álgebra y tú –miré a Emmett-, en historia?
-Hora libre –dijeron los dos hermanos con unas sonrisas divertidas.
Parpadeé.
-Espera, a ver si lo entiendo, ¿os han dado la hora libre para que entrenéis? –pregunté.
-Sí, ¿no es genial? –preguntó Emmet con una media sonrisa. Le fulminé con la mirada.
-Te interesaría más aprovechar esta hora para estudiar literatura –le dije con satisfacción al ver la expresión de su cara como si acabasen de prohibirle tomar dulces antes de la cena. Miré a Edward-. Pero según vosotros no hay favoritismos en el equipo de baloncesto ¿verdad?
-Sólo ha sido esta vez… -se defendió Emmett con el ceño fruncido-. El entrenador nos quiere al máximo para el partido contra los lobos –me miró-. Supongo que no podrías decirnos algo sobre ellos, su punto débil o algo así ¿verdad?
Me estremecí ligeramente.
-Honestamente, Emmett, no les he visto jugar en la vida. Si quieres encontrar su punto débil, manda a un par de animadoras con faldas extra cortas y seguro que sacas algo de provecho –le dije con la voz demasiado dulce.
Emmett abrió la boca para decir algo, pero Edward le dio un golpe para asegurarse de que se quedaba en silencio. Ambos me miraron y suspiré.
-Será mejor que vuelva a mi lado de la pista antes de que el entrenador me llame la atención –les dije sacudiendo la cabeza.
-¿Estás bien? –Edward me sujetó la muñeca para hacerme la pregunta. Le miré.
-Perfectamente –le contesté con una sonrisa.
-¡Swan! –Lauren me gritó realmente furiosa-¡Aléjate de mi Edward!
Antes de saber siquiera que había pasado, tres cosas ocurrieron en aquel momento. La primera que Edward le gritó a Lauren, la segunda que recibí un fuerte empujón en mi espalda y me hizo tropezar hacia delante, la tercera cosa fue que mi pierna se estrelló contra la esquina de las gradas, arañándomela desde medio muslo hasta la rodilla con el hierro que reforzaba las puntas de los asientos.
Varios gritos después, un castigo, una toalla empapada en sangre y una mirada de preocupación por parte de Edward, me dirigía hacia la enfermería acompañada por él que había rehusado dejarme sola hasta no estar seguro de que estaba completamente bien. A pesar de que Edward me había limpiado la herida en los vestuarios con una toalla mojada en agua y jabón, la herida seguía abierta y la sangre seguía saliendo de la herida que, estaba segura, iba a dejarme cicatriz.
-¿Crees que conseguiré perderme un par de clases de educación física por esto? –pregunté intentando encontrar algo positivo.
-No lo creo, no es como si te fueras a desangrar o algo así –me contestó él divertido.
-¿Estás seguro?
-Bella… apenas es un rasguño –me dijo con una media sonrisa dirigida a la pierna.
-¿Un rasguño? –pregunté incrédula-. ¿Es que estás ciego?
-La sangre es muy escandalosa… -aseguró él con un ademán de la mano-. ¿Estás segura de que no quieres que te lleve en brazos?
-Estoy bien –insistí.
No sirvió de nada; en un movimiento elegante y confiado, Edward se agachó y me recogió en sus brazos llevándome en volandas por los pasillos.
-Edward, deberías dejarme… peso una tonelada… -me quejé.
-¿Estás de broma? –se detuvo en medio del pasillo y me miró enarcando una ceja-. Bella, no pesas más que una pluma, cariño.
Me sonrojé, tanto por su apreciación acerca de mi peso como por el apelativo cariñoso con el que me llamó. Hice un gesto mientras me miraba la pierna.
-¿Qué pasa? –preguntó Edward sin dejar de caminar conmigo en brazos.
-No soporto la sangre… -confesé entre dientes. Edward se rió entre dientes pero no hizo ningún tipo de comentario- ¿Estás seguro que sólo es un rasguño? –insistí.
-Bella, te he limpiado la herida en el vestuario, te la he lavado con jabón, y estoy seguro de que sólo es un rasguño –sonrió-. Créeme, he tenido muchas heridas –añadió con cierto tono de sarcasmo que no me pasó por desapercibido.
-¿Qué tipo de heridas? –le pregunté.
Estaba completamente segura de que él se tensó. Un segundo, sólo fue un segundo pero se tensó. Le miré y estaba a punto de abrir la boca para preguntarle algo al respecto cuando se detuvo conmigo frente a la puerta de la enfermería.
-Vamos… -me dejó en el suelo y abrió la puerta.
Quise entrar, pero mis pies se congelaron en el suelo. Era como si las zapatillas de deporte se hubiesen quedados pegadas a las baldosas del pasillo. Edward me miró enarcando una ceja en una pregunta muda que supe interpretar inmediatamente.
-He dedicido que tienes razón y que sólo es un rasguño, no necesito entrar –le dije contestando a su pregunta silenciosa.
-Bella, si no entramos, no podrán ponerte una venda –me dijo con suavidad. Fruncí el ceño. Odiaba la enfermería. Había pasado más de la mitad de mi vida entre el hospital y las enfermerías de los institutos-. ¿Bella, qué ocurre?
-No quiero entrar ahí –le dije sabiendo que estaba comportándome de forma infantil.
-¿Por qué? –me preguntó.
Le miré. Por la forma en que estaba intentando reprimir una sonrisa y la manera en que me miraba supe que estaba bromeando a mi costa.
-No me gustan las enfermerías –confesé mirando la puerta con cierto temor-. Odio la sangre y las agujas y las enfermerías y los hospitales y…
-¿Estaría mejor si entro contigo? –me preguntó interrumpiéndome.
-Estaría mejor si no tuviera que entrar… -le contesté.
Mientras se reía de mí, estaba segura de ello, abrió la puerta con suavidad y tiró de mí hacia dentro. Le miré intentando aparentar estar enfadada con él por obligarme a entrar allí.
-Si te portas bien, luego te llevaré a un sitio… -me susurró entonces.
Giré el cuello para mirarle. Me estaba mirando de forma dulce e inocente. Fruncí el ceño.
-¿A qué clase de sitio? Porque si estás pensando en que voy a volver al gimnasio, yo…
-Fuera del instituto –me aseguró él en otro susurro mientras me conducía a una de las tres camas que habían en la habitación y me ayudaba a sentarme mientras yo emitía un quejido silbante.
-¿Fuera del instituto? –fruncí el ceño-. Edward, nunca me he saltado las clases y no voy a…
-Es bueno saltarse alguna clase de vez en cuando… -me sonrió y me besó en la frente apartándome el flequillo hacia un lado-. Te prometo que no dejaré que te hagas daño.
-¿Vas a protegerme de mí misma? –pregunté entre divertida, exasperada y curiosa.
-Si tengo que hacerlo para que no te hagas daño, sí –me contestó con la misma sonrisa divertida antes de inclinarse ligeramente y besarme en los labios con suavidad.
-Bueno, yo no empleo ese tipo de terapia para ayudar a los enfermos, pero quizá deba empezar a probarlo –dijo una voz divertida desde la puerta. Me sonrojé con vergüenza-. Hola, supongo que esa herida me indica quien es mi paciente –añadió mirándome la pierna.
-Ehm… sí, Isabella Swan –dije dándole mi nombre mientras ella se acercaba hasta los archivadores.
-Bien, Isabella…
-Bella –dijimos al mismo tiempo Edward y yo.
-Bien, Bella –corrigió ella-, cuéntame qué ha pasado.
-Educación física –dije con un medio suspiro-. Me golpeé contra la esquina de las gradas…
-¿Te tropezaste o te empujaron? –preguntó la mujer elevando una ceja y mirándome.
-¿Importa? –preguntó Edward.
-Bueno, si ha sido por un empujón esta sólo es una visita ocasional, si te has tropezado, supongo que nos veremos a menudo –comentó divertida.
-Fue empujada –contestó Edward por mí.
-Oh, pero no se preocupe, seguro que me verá a menudo por aquí –contesté sarcástica.
La mujer rió divertida ante mi respuesta mientras sacaba mi expediente médico de los archivadores y lo empezaba a ojear.
-Ya veo a lo que te refieres… -sonrió y dejó el expediente sobre la mesa antes de empujar un banquito hasta mí y sentarse en él, armada con un tubo de crema antibiótica y un paquete de vendas blancas-. No había visto nunca un expediente escolar en el que la parte médica fuera más gruesa que la escolar –bromeó ella al mirar mi carpeta-. Al menos te la has limpiado bien –me dijo. Miré a Edward que me sonrió burlón-. Sólo es un rasguño –me dijo la mujer-. Te pondré una venda pero no deberías tener ningún tipo de problema… Quizá hoy te moleste un poco y mañana seguramente la tendrás dolorida pero no es nada serio… -alzó la mirada juguetona-. Al menos esta vez…
Estupendo… ella esperaba que yo visitara la enfermería más veces… Lo peor de todo era que sabía que ella tenía razón. Gemí con horror y vergüenza mientras escondía mi cara en el hombro de Edward que rió ligeramente.
-Cállate –le gruñí.
Esta vez, las risas de la enfermera se unieron a las de Edward.
(fin flashback)
-¡Bella!
La voz dulce de Alice hizo que me girara para verla entrar en la cafetería con la preocupación escrita en su rostro. Sorpresivamente, Emmett que entraba detrás de ella, me alcanzó antes y me estrechó en un abrazo que me dejó sin respiración.
-¡Suéltala, Emmett, necesita respirar, idiota!
El oxígeno me llenó de nuevo cuando Emmett me dejó suavemente sobre la silla y le dirigí una mirada agradecida a Rosalie.
-¿Estás bien? Tu pequeño… accidente… -empezó a decir Jasper.
Rosalie se sentó sonriendo.
-Bueno, no parece que se esté desangrando –la miré horrorizada-. Créeme, los chismes son bastante explícitos.
-Y sangrientos –añadió Emmett sentándose junto a Rosalie-. ¿Estás bien?
-Edward dice que sólo es un rasguño –Alice se sentó a mi lado y me cogió la mano-. Alice, no estoy convaleciente –le sonreí-. Pero gracias por preocuparte –añadí al ver que empezaba a retirar la mano.
-No te fíes, sólo quiere estar segura de que estás bien para el próximo partido –dijo Emmett.
-¡Oh, cállate! –Alice le arrojó una patata frita que Emmett esquivó-. No le hagas caso, sólo quiero que estés bien –me miró asintiendo con la cabeza.
Jasper la cogió por la cintura y la sentó encima de su regazo besándola en el cuello.
-Ella ya lo sabe, cielo –le aseguró-. ¿Estás bien?
-Sí, sólo me molesta un poco –me encogí de hombros-. Pero no creo que vaya a morir por esto –sonreí.
-¿Quién no va a morir? Toma –Edward dejó la bandeja frente a mí y me entregó una botella de agua mientras se sentaba a mi lado después de besarme en la frente-. ¿Habéis estado escuchando chismes por ahí?
-Sólo los que tratan de Bella –comentó Emmett con un ademán de la mano-. ¡Oh, mini pizzas! –me miró-. ¿Me das una? Rosalie no me ha dejado coger ninguna… -añadió.
-La última vez que comiste mini pizzas terminaste con el estómago malo –contestó su novia hablándole a él pero mirándome a mí-. Por favor, no le des ninguna.
-Lo siento Emmett… -intervino Edward por mí-, pero no quiero tener a Sommers como capitán suplente en el próximo partido. Nada de mini pizzas.
Y ante la mirada de angustia de Emmett, cogió la pequeña pizza de la bandeja y se la comió disfrutando del sabor. Jasper rió entre dientes.
-Esta tarde vamos a tener una sesión de estudio en tu casa Bella –informó Alice entonces.
-Espera, ¿en mi casa? –pregunté-. ¿Por qué…
-Porque tienes que descansar la pierna –dijo como si fuera algo obvio rodando los ojos-. Así que iremos cuando terminemos las clases, ¿de acuerdo?
-Ni siquiera intentes oponerte –dijo Emmett riendo suavemente-. Cuando se le mete una idea en la cabeza…
-Oh, por cierto –Alice se giró hacia Rosalie-. Tenemos que ir a los vestuarios de las chicas antes de volver a clases…
-¿Por qué? –preguntó Edward con una ligera sonrisa.
-Por nada, cosas de chicas –Alice le sonrió con inocencia.
Aprendí a callarme; cuando Alice sonreía de aquella forma era mucho mejor no saber qué era lo que estaba planeando. Miré a Jasper que se encogió de hombros y le sonreí. Estaba claro que estaba completamente enamorado y loco por Alice. Me sonrojé cuando me encontré preguntándome a mí misma si cuando Edward me miraba los demás podían ver en sus ojos lo que yo veía en los de Jasper cuando miraba a su novia.
Edward me sonrió.
-Vamos, tenemos que marcharnos antes de que se acabe la hora de comer –dijo levantándose y ayudándome a hacerlo. Le miré exrañaba-. La sorpresa por ser una buena chica y entrar en la enfermería ¿recuerdas? –me besó en la frente.
-Pero las clases…
-Ya te he dicho que saltarse alguna de vez en cuando va bien, además, ahora tienes excusa; la enfermera firmó un pase.
Le miré cruzando los brazos.
-¿Y tú también tienes un pase?
Emmett rió de forma escandalosa y Rosalie le dio un golpe en el brazo con una sonrisa. Edward rodó los ojos y no contestó a mi pregunta; en lugar de eso, me condujo hacia fuera, ignorando completamente a Lauren que parecía querer matarme con la mirada al ver como me apoyaba en Edward. Me encogí mentalmente de homros, después de todo, que no pudiera caminar bien era culpa de ella.
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Silencio. Estábamos en silencio y ninguno de los dos estábamos incómodos con ello. Estábamos tumbados, el uno junto al otro, simplemente mirándonos, estudiando cada gesto del otro, cada pequeña imperfección, cada detalle minúsculo… Me incorporé sobre mi lado derecho ayudado por mi brazo para poder mirarla mejor.
-¿Te sigue doliendo? –le pregunté señalando con la barbilla su pierna.
Bella se movió y dobló la pierna en cuestión. Hizo una mueca al notar la venda tirante pero negó con la cabeza.
-Está bien –dijo con una media sonrisa-. Este lugar es… ¡wow! –reí entre dientes ante su elección de palabras-. ¿Cuándo lo descubriste?
-Cuando me escapé de casa –le contesté divertido al ver su expresión de asombro-. ¿Qué? No es como si fuera el único niño que se ha escapado de casa alguna vez, ¿tú no lo has hecho?
Sonrió avergonzada y sus mejillas se ruborizaron.
-Una vez –admitió divertida recordando algo. Sonreí. Su sonrisa era contagiosa.
-¿Qué pasó? –le pregunté interesado.
-Decidí que estaba cansada de comer los intentos de cocina de René –confesó riendo abiertamente-. No es que ahora haya mejorado mucho, pero al menos ahora puedo cocinar yo.
-Entonces ¿te escapaste?
-Sí, pero no llegué muy lejos –admitió ladeando la cabeza y mirándome-. Estuve un par de horas dando vueltas a la manzana y luego me senté en la puerta de la señora Barkely esperando a que alguien me encontrara –se encogió de hombros.
-¿Por qué estuviste dando vueltas a la manzana?-ella me miró debatiéndose entre decírmelo o permanecer callada-. ¿Bella?
-Prométeme que no vas a reírte –me dijo intentando estar seria.
-Lo prometo –le sonreí dándole un golpecito en la nariz con mi dedo índice-. ¿Y bien?
-Bueno, era pequeña y no me dejaban cruzar la calle sola –se encogió de hombros.
Lo intenté. Juro que intenté permanecer serio. De verdad que lo intenté. Pero fallé estrepitosamente. No pude evitar lanzar un par de carcajadas al aire antes de que ella me golpeara en el pecho de forma juguetona.
-¡Prometiste que no ibas a reírte!
-¡Eso fue antes de saber qué me ibas a decir! –le repliqué aún riendo.
Bella se movió con una inusual agilidad en ella y pillándome desprevenido me tiró sobre la hierba y se tumbó encima de mí. Fingí un grito de dolor a pesar de que ambos sabíamos que era imposible que ella me hiciera daño. En un gesto instintivo rodeé su cintura con mis manos atrapándola sobre mí y atrayéndola sobre mi cuerpo más si es que era posible. Sentí como Bella se movía sobre mí, riendo. Colocó sus brazos sobre mi pecho y se elevó ligeramente sobre ellos mirándome. Su cabello cayó en una cascada aterciopelada sobre el hombro izquierdo y sus piernas se enredaron con las mías. No tuve ninguna queja al respecto. De repente Bella dejó de reírse y una sonrisa cruzó su rostro quedándose anclada en su boca. Le sonrí de vuelta sin hacer ningún comentario. Sus mejillas se sonrojaron como si acabara de ser consciente de la posición en la que ambos nos encontrábamos. Reí entre dientes y la empujé suavemente por la espalda para obligarla a colocar su cabeza en mi pecho, sonriendo en silencio al escuchar su suspiro tranquilo.
-Entonces… -carraspeó ligeramente desde su lugar-… ¿por qué te escapaste tú?
Hice una mueca.
- Carlisle y Esme adoptaron a Rosalie –le contesté acariciando con suavidad su cabello-. No nos llevamos demasiado bien en un principio –reí entre dientes-, creo que a veces seguimos sin hacerlo –ella me dio un golpe en el pecho, sabiendo que yo estaba bromeando-. El caso es que me escapé y decidí que el mejor lugar para que no me encontraran era el bosque –me encogí de hombros-. Llegué aquí por casualidad, supongo… y se ha convertido en mi santuario… -suspiré-. Eres la primera chica que traigo aquí –le confesé.
Bella elevó su cabeza y me miró de nuevo.
-¿En serio?
-Bueno, sí –sonreí burlón-, a menos que quieras contar la vez que Alice me siguió –Bella rió divertida-. Me gusta escucharte reír… -sus mejillas se sonrojaron a pesar de que sonrió ante mis palabras-… también me gusta verte sonrojada… -añadí besándola en la frente.
-¿Por qué me has traído aquí? –me preguntó.
-Porque es mi santuario –le repetí acariciándole la mejilla-… y no se me ocurre otra persona en el mundo que conozca con quien quiera compartir este lugar que no seas tú –le aseguré-… Además, es un lugar estupendo para hablar con tranquilidad, para pensar, para reflexionar… para contar cosas que quizá no contarías en ningún otro sitio…
La escuché suspirar y esperé. Pasaron unos minutos antes de que ella hablase desde mi pecho.
-Sé que lo sabes –me dijo entonces.
-¿Qué es lo que sé? –pregunté.
-Edward… -me advirtió- Rosalie me contó que lo escuchaste… -me dijo-… Lo siento por eso… no suelo explotar así –rió ligeramente, avergonzada.
-Yo sí suelo explotar así –le repliqué-, así que ya ves, formamos la pareja perfecta –la besé suavemente elevando mi rostro y sus labios me supieron tan dulces como siempre-. ¿Quieres hablar de ello?
-En realidad no –me contestó moviéndose sobre mí.
Me moví para intentar encontrar una posición en la que ambos estuviésemos más cómodos. Finalmente, Bella se bajó de encima de mí y se tumbó a mi lado, su espalda sobre la hierba, su hombro rozándo mi brazo. Rehusé el separarme completamente de ella y entrelacé mi mano con la suya. Bella sonrió y emitió una risita ligera pero apretó mi mano en lugar de soltarse.
-Espero que no me mates por esto pero se lo he contado a Emmett y Alice –dije notando que se tensaba a mi lado-. Rosalie y Jasper ya lo sabían y… -se relajó mientras respiraba profundamente-. ¿Estás enfadada?
-No, está bien –se encogió de hombros mirándome-. Supongo que yo habría terminado contándoselo también a ellos… Es sólo… -resopló-… hablar de ello aún duele… -volvió a acurrucarse a mi lado, como si estuviese buscando mi protección y la abracé rodeando sus hombros con un brazo y dejando la mano descansando en la cadera mientras ella se apoyaba sobre mí otra vez-. Me hicieron mucho daño… -me dijo-… no quiero… no quiero tener nada que ver con ellos… no quiero… -suspiró-… no creo que pudiera volver a pasar por lo mismo –me confesó entonces.
-No voy a dejar que te pase nada –le dije completamente serio mientras la miraba fijamente-. ¿Confías en mí?
Cuando ella contestó con un rotundo "sí" casi sin pensarlo, aún sabiendo que estaba siendo completamente infantil, no pude evitar sentirme satisfecho por su respuesta inmediata.
-Estonces todo estará bien –le sonreí-. No van a hacerte daño. No voy a permitirlo… No voy a dejarte con ellos ¿de acuerdo? –me miró-. Emmett me ha dicho que si quieres que les golpee por ti, lo hará encantado –añadí con una sonrisa.
Ella sonrió y la besé en la frente con suavidad.
-Te prometo que todo va a estar bien –le aseguré-. Moveré el cielo y la tierra si es preciso para lograrlo.
Bella no dijo nada, se limitó a asentir con la cabeza, me sonrió y cerró los ojos mirando hacia el cielo, dejando que la luz del sol la bañase.
Sonreí con el pensamiento de que si Emmett se llegase a enterar de que había estado en el prado con Bella, los dos solos, durante cuatro horas y que no había intentado siquiera acostarme con ella, se reiría de mí hasta el día del juicio final, estaba seguro de ello.
Giré mi rostro y la miré. Bella mantenía los ojos cerrados, dejando que el sol la iluminara, su respiración leve y regular, su pecho subiendo y bajando, una sonrisa en sus labios, el cabello esparcido alrededor de su cabeza, sobre la hierba, su cuerpo quieto, pidiendo en silencio la luz solar… Emmett podría reírse de mí todo lo que quisiera siempre que ella estuviese a mi lado.
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-Creo que lo tuyo ya es personal, Jane.
Resoplé cuando Aro me hablo con aquel tono paternalista que sabía perfectamente que yo odiaba.
-¿Personal? –le dije furiosa-. ¡Por supuesto que es personal, tú estabas allí, tú viste lo que pasó, claro que es personal! –siseé apretando las manos en dos fuertes puños-. ¡Estamos hablando de Alec, eso lo hace totalmente personal para mí!
-Es por eso por lo que no puedes ver con claridad –me contestó Aro sentado en la silla de su escritorio.
-¿Vas a dejar que Edward Cullen te diga cómo dirigir esto? Porque si es así…
-¿Estás cuestionándome? –me callé en cuanto noté la forma en que él había hablado; tenso, duro, demasiado calmado, peligroso.
-No, pero no creo que sea buena idea darle lo que pide.
-¿Qué está pidiendo en realidad? –Aro se encogió de hombros-. No hay ningún daño; él correrá cuando uno de sus hermanos sea desafiado; sus hermanos pueden seguir desafiando y él tiene que seguir corriendo porque tú puedes hacer que termine en la cárcel; yo no veo nada más que beneficios para ti, Jane –me dijo con una media sonrisa.
-¿Beneficios? –siseé-. ¿Cómo puedo tener beneficios de algo así?
-Cullen se desgastará cuanto más corra, ambos lo sabemos. Correr en Fuego Eterno es algo que acaba quemándote –se encogió de hombros de forma despreocupada-, si tiene que correr por cada desafío que le lanzan a sus hermanos, acabará quemándose antes y se despistará… -me miró-… incluso puede tener algún… pequeño accidente…
Aquella vez le miré. Comprendí sus palabras. Las comprendí de verdad. Asentí.
-Ya entiendo.
-Sí, creo que ya entiendes –corroboró él-. Dile a Edward que acepto su oferta. Él puede cubrir a sus hermanos en cualquier desafío que sea lanzado contra ellos –rió entre dientes-. Estoy seguro de que tendrá que correr bastante ¿no crees? Ampliamos la hora; las carreras se realizarán durante cualquier día, no sólo los viernes, procura que todos los participantes estén al corriente.
-¿Y qué pasa con su novia?
-¿Swan? –asentí-. No me preocupa. Sólo es una niñita que juega a los detectives. La mantendré vigilada de todas formas, pero creo que no es peligrosa –asentí.
Yo la mantendría vigilada… Isabella Swan podía ser peligrosa si llegaba a descubrir algo que no debería de descubrirse. No iba a permitirlo; no podía permitirlo.
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Confiaba en él. Charlie y René sabían mejor que nadie lo mucho que a mí me costaba confiar en la gente… pero con Edward… era distinto… era como si me confiara a mí misma… de algún modo extraño y extravagante y raro… confiaba en él… No estaba muy segura de si era bueno o malo, era algo que aún no me había parado a pensar y que, sinceramente, no quería pararme a pensar… Lo único importante era que confiaba en él y en su palabra. Edward me había dicho que todo estaría bien, Edward me había dicho que yo estaría bien… Tenía que confiar en él, por mi propia cordura y mi propio bien.
Le miré sentado en el alfeizar de la ventana mientras terminaba de leer el libro de literatura inglesa que necesitaba para su próxima clase; Alice se había tumbado en mi cama y Jasper estaba sentado en el suelo, junto a los pies de la cama mientras intentaba explicarle las diferencias entre la I Guerra Mundial y la II; al parecer por la cara de Alice, hasta el momento la explicación no había sido demasiado fructífera. Sonreí al ver a Rosalie soltar su libro de español y tomar una revista; parecía que ya se había acabado el estudio para ella o al menos, necesitaba tomarse un descanso. Sonreí mientras Emmett intentaba concentrarse en el esquema que le había preparado y fruncía el ceño.
-¿Cómo suena si hacemos un descanso?
Apenas había terminado de plantear la pregunta cuando Emmett lanzó el libro al suelo y me miró sonriente.
-Dime que tienes patatas fritas.
Rodé los ojos y me levanté de la silla.
-Creo que algo podré encontrar –dije sonriendo. Miré a Edward que se había levantado-. ¿Dónde crees que vas?
Edward enarcó una ceja.
-A ayudarte. No me hace gracia que subas nada por esas escaleras con la pierna así.
-Creía que habías dicho que sólo era un rasguño –le miré entrecerrando los ojos.
-Y lo es –dijo divertido tomándome de la mano y sacándome de la habitación mientras ignorábamos las advertencias de Emmett de que volviésemos con comida pronto y las risitas de Alice advirtiéndonos que no nos perdiéramos en la cocina-. Aún así, quiero acompañarte –me dijo besándome en la frente.
Nos movimos despacio y bajamos las escaleras lentamente. Miré el reloj al pasar por la sala de estar; aún era temprano para cenar. Fruncí el ceño.
-¿Te sigue doliendo la pierna?
-No, sólo un poco de molestia –le aseguré sin dejar de fruncir el ceño.
-Entonces, ¿qué está mal?
-Nada –dije entrando en la cocina y abriendo la nevera para revisar las latas de refrescos. Edward me giró y me atrapó entre sus manos.
-¿Qué? –preguntó de nuevo.
-Charlie dijo que llegaría tarde a cenar… odio cocinar para mí sola –fruncí el ceño-. Termino por tomar una ensalada y un yogurt o algo así –me encogí de hombros y volví a girar para mirar la nevera-. ¿Te apetece algo en especial?
-No, lo que sea estará bien –me dijo.
Me incorporé tomando un par de refrescos que le pasé y tomé un par más antes de cerrar la puerta de la nevera con un golpe de cadera.
Me separé de Edward y abrí uno de los armarios superiores. Gemí. Las bolsas de patatas fritas estaban en el estante superior, el más alto de todos, y yo estaba descalza. Suspiré mientras me ponía de puntillas y estiré el brazo para intentar alcanzar las bolsas. Un poco más… sólo un poco más…
Casi chillé cuando sentí una de las manos de Edward sobre mi cintura, su aliento en mi cuello y su otra mano alcanzando la mía y llegando sin dificultad al estante.
-Puedes pedir ayuda ¿sabes? –me dijo divertido.
-No estoy acostumbrada a hacerlo –contesté. Sin ninguna dificultad Edward bajó tres bolsas grandes de patatas y dos de palomitas-. Gracias –le dije susurrando.
-De nada…-dijo en un susurro antes de besarme justo detrás del lóbulo de la oreja y me estremecí. Él rió ligeramente.
-¿He tocado un punto sensible? –preguntó volviendo a besarme.
-Edward… -dije echando mi brazo hacia atrás y acariciando su nuca. Sentí como se tensaba ligeramente antes de respirar profundamente. Sonreí satisfecha-. ¿He tocado un punto sensible? –pregunté burlándome de él devolviéndole sus propias palabras.
Si Edward me hubiese hecho eso mismo a mí, mis mejillas hubieran adoptado el color de las cerezas; pero siendo él quien era, evidentemente no ocurrió nada excepto que decidió reír y burlarse un poquito más de mí.
-Siempre que me tocas, acaricias un punto sensible Bella… -susurró-… Gracias a Dios eres la única que puede hacerme sentir así…
Me giré sin romper su abrazo y enredé mis manos en su cuello, sonriendo dulcemente.
-Gracias a Dios… -estuve yo de acuerdo con él.
Magia. Cuando Edward me miraba de aquella forma, cuando Edward me abrazaba así, cuando Edward me sonreía de aquel modo… todo lo que podía pensar era que la magia fluía entre nosotros… una corriente eléctrica me atravesaba cada vez que estábamos juntos… Jamás me cansaría de sentir eso, estaba completamente segura de ello. Cuando sus manos me aferraron de las caderas con firmeza y su cabeza se inclinó ligeramente, sonreí cerrando los ojos, esperando su beso, anhelándolo, deseándolo, ansiándolo… Daba miedo. Asustaba pensar que podía llegar a querer a alguien tanto como le quería a él; estaba realmente aterrorizada porque lo que sentía por él era tan fuerte que no tenía palabras para describirlo.
Sus labios encontraron los míos y el miedo desapareció, como siempre. Magia. Sólo había magia, pura y sencillamente magia. Como entrar en otro mundo, como entar en otra dimensión. Sólo era magia. Sus labios se movieron sobre los míos con dulzura y maestría, con tranquilidad, con suavidad… saboreando mis propios labios, acariciando mis caderas mientras profundizaba el beso, sonriendo cuando me escuchó gemir. Abrí la boca para él, sólo para él, sólo por él. Edward atrapó mi labio inferior y lo lamió lentamente antes de que su lengua se introdujera en mi boca e iniciase una danza de amor eterna con la mía. Adoraba ser besada así, adoraba que él me besara así… Era como si en cada beso pusiera su alma a mi entera disposición del mismo modo en que yo ponía la mía a la suya.
Fuego. Calor. Suavidad. Seguridad. Dulzura. Nervios. Magia. Una explosión. Luz. Amor. Pasión. Serenidad. Protección. Sentimientos mezclados con su beso; sentimientos mezclados con su aliento y su respiración, con sus caricias, con sus gemidos leves y sus sonrisas que yo intuía pegadas a mis labios.
Demasiado pronto para mi gusto necesité respirar aire. Maldije internamente por necesitar oxígeno para seguir viva. Podría estar besando a Edward durante días y semanas y meses enteros sin querer detenerme nunca. Edward se dio cuenta de mi situación y el beso fue bajando de intensidad… despacio, lentamente… separó su boca de la mía y me dio un beso suave, otro, y otro más… pequeños besos que indicaban que él tenía tantas ganas de dejar de besarme como yo las tenía.
Acarició mis mejillas con sus pulgares y sonrió. Supe por su sonrisa que estaba completamente ruborizada; le sonreí de vuelta sin necesidad de decir nada más, sin querer decir nada que pudiera romper aquel momento… su frente descansó sobre la mía y me abrazó más estrechamente.
-¿Estás bien? –me preguntó preocupado.
Asentí.
-Sólo necesito respirar… de vez en cuando… -dije sonriendo.
Edward me besó una vez más con suavidad y me devolvió la sonrisa.
-¿Cuánto puedes aguantar sin respirar? –preguntó pícaro y divertido enarcando ambas cejas.
-No lo sé… -me ruboricé y a pesar de ello fui capaz de contestarle-… ¿quieres que lo descubramos?
Edward sonrió y volvió a inclinarse hacia mí.
-¡Tengo hambre!
Edward masculló y maldijo mientras yo reía a medias.
-Bueno… ya sabemos que si quieres romper la magia del momento, sólo tienes que llamar a Emmett –me burlé besando a Edward ligeramente.
-Desde luego… voy a matarle… -bromeó Edward suspirando y colocando las bolsas de patatas en una bandeja que tomé; le miré.
-Será mejor que subamos esto… -dije a pesar de que lo único que quería era que Edward me volviese a besar de aquella forma-. Emmett parece tener hambre –dije divertida.
-Emmett siempre tiene hambre –contestó él-. Pero no se morirá por esperar a la hora de la cena –añadió.
-Si dejo que Emmett se muera de hambre, Rosalie me matará ¿verdad?- bromeé empezando a caminar hacia las escaleras.
Reí cuando las manos de Edward, con un par de latas de refresco en cada una, se enroscaron en mi cintura desde atrás y caminó conmigo como si estuviésemos pegados.
-No te preocupes, yo te protegeré de Rosalie –me susurró en el oído dándome un beso en el lóbulo de la oreja que hizo que me estremeciera.
-¿Y quién me protegerá de ti? –pregunté susurrando divertida.
-No sabía que querías que te protegieran de mí –comentó él.
A pesar de que su tono era bromista, su voz sonó ligeramente dolida. Me detuve y giré sobre mí misma, sin romper el abrazo. Sus brazos se apretaron ligeramente más en mi cintura y la única distancia que nos separaba era la distancia de la bandeja que yo llevaba. Me alcé sobre las puntas de mis pies para estar un poco más alta y poder mirarle a los ojos sin tanta dificultad y aún así, él tuvo que agacharse para enfocar mi mirada.
-No lo quiero –le dije-. Porque estoy segura de que no lo necesito –le sonreí y le besé en los labios-. Este es el lugar en el que me siento más segura Edward… -le besé de nuevo-. Entre tus brazos… -le di otro beso-. No necesito protección cuando tú estás a mi lado y tampoco la quiero ¿entendido?
Edward me sonrió.
-Entendido –asintió inclinándose para besarme.
-¡Bella! –gritó de nuevo Emmett.
-¡Cállate, Emmett! –dijeron al mismo tiempo Alice y Rosalie mientras se escuchaba a Jasper reírse.
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Bella había insistido en que Alice se quedara en la cama y había colocado una manta gruesa en el suelo de su cuarto, cerca de la ventana donde nos habíamos acomodado. Jasper había subido a la cama con Alice y Rosalie estaba sentada en el regazo de Emmett sin parecer demasiado incómoda. Bella me dio una patata de la bolsa y luego la cerró un poco antes de lanzarla por el aire para que aterrizara sobre la cama. Emmett la miró y luego miró a Alice.
-Te la cambio por las palomitas –le dijo.
Alice negó y fingió sentirse ofendida.
-Ni hablar. Me gustan estas patatas –tomó la bolsa y se llevó una patata a la boca para demostrar que estaba siendo sincera-. Y las palomitas engordan mucho –añadió.
Jasper miró a Alice y rodó los ojos. Cogió la bolsa de patatas que tenía y la sacudió para que Emmett la viese.
-Yo te la cambio por las palomitas –le dijo.
Emmett entrecerró los ojos.
-¿Son patatas fritas con sabor a queso? –Jasper asintió.
-Doble de queso –afirmó leyendo el dorso de la bolsa.
-Hecho –hubo un intercambio de bolsas volando por la habitación y me reí al ver a Bella sonreír.
-Si te comes eso no vas a besarme en horas –le advirtió Rosalie a Emmett.
-¿Por qué crees que las he cambiado? –preguntó entonces Jasper sin dirigirse a nadie en concreto.
Bella sonrió. Estaba ausente. A pesar de que su espalda estaba apoyada en mi pecho y su cuerpo estaba allí, su mente parecía estar en alguna otra parte, lejos de allí, lejos de aquella habitación y definitivamente lejos de mí. Su frente estaba arrugada y su mano jugueteaba con mis dedos en su cintura de manera mecánica. Estaba pensando en algo. ¿Por qué diablos no podía leer mentes? En momentos como aquel me gustaría poder hacerlo.
-¿En qué estás pensando? Pareces preocupada por algo.
Se sobresaltó. Eso probaba que definitivamente no tenía la cabeza en lo que estaba ocurriendo en su cuarto.
-Lo siento –se disculpó-. Sólo… sólo estaba pensando en algo que me dijo Victoria en el baile… y luego… no sé… se me había olvidado pero ahora de repente… -se encogió de hombros-… en realidad no es nada, sólo una tontería…
Ante el nombre de Victoria, Alice y Emmett la habían mirado; Rosalie me miró preocupada y Jasper frunció el ceño; su aversión por la pelirroja era conocida en todo Forks.
-¿Victoria? No deberías de creer nada de lo que te diga… sólo es una perr..
-Alice, por favor… ya lo sabemos –la interrumpió Jasper-. ¿Qué te dijo Victoria?
-Nada en realidad… creo… -contestó Bella-. Sólo me dijo que os preguntara algo y… bueno… es una tontería –sacudió su cabeza-, dejadlo estar, es ridículo…
-¿Qué te dijo? –preguntó Rosalie seria.
-Nada… sólo me dijo… me dijo que os preguntara a vosotros por Fuego Eterno… que estupidez ¿verdad?
Su comentario tuvo diferentes reacciones. Rosalie masculló en voz baja y se levantó del regazo de Emmett. Jasper se atragantó con el puñado de palomitas que acababa de meterse en la boca; Alice rodó los ojos y me miró diciéndome "te lo dije" en silencio y Emmett… Emmett sólo mió a Bella durante un segundo confuso y preocupado hasta que pudo recomponer su rostro de la inocencia personificada.
-Bella… nosotros….
-¡Bella, estoy en casa!
Suspiré cuando ella se levantó del suelo y salió del cuarto para ir a saludar al jefe Swan. Rosalie me fulminaba con la mirada y yo sabía por qué. Había estado a punto de contarle a Bella la verdad, había estado a punto de decirle que era Fuego Eterno y más aún, decirle que nosotros formábamos parte de ello.
Suspiré pesadamente mientras me preguntaba en silencio cuánto tiempo más iba a soportar mantenerla engañada. Cuando la escuché reír abajo, gemí internamente; estaba seguro de que no iba a aguantar mucho más.
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Bueno, pues esto es todo por hoy, espero que os haya gustado al menos un poco, o por lo menos lo suficiente para que me dejéis un reviews. Han sido quince páginas así que ya sabéis qué hacer, ¿verdad?
Un besito para todos y disculpad si no hablo más hoy pero es que me están esperando para ir a tomar algo y llevo ya tarde; sólo que no podía irme sin dejaros este capítulo jejeje :D
Un besito para todos, sed felices y disfrutad de los últimos días de agosto!!!
Nos leemos pronto!! Sed felices!!!
