Bien, hola a todos una vez más.
Lamento mucho la tardanza de la actualización pero en estos momentos algunos problemas familiares me obligan a tener toda mi atención en otros lugares aparte de en fanfiction y en mis historias. Seguiré actualizando pero desde ya aviso que no no puedo prometer una actualización cada dos semanas, sino que lo iré haciendo cuando pueda, espero que podáis ser comprensivos al respecto :p
Quiero dar las gracias a los que dejasteis reviews en el anterior capítulo que sois:
Margara, sealiah, adela, helencity94, biankismasen, , n_n, kmylita, deniziithaw, lilyhale, fayres12, lady , lili-little-small-witch, christti, inmans, princesaamy, abril, misscullen9, anrresweet, afrokd, mapau inu-maniatica, another life, laabuela, hik-y, yasmi, selene, irethi, mitsuky092, Lna
Ahora sí, os dejo con el capítulo, espero que os guste. Venga, leed, ¿a qué esperáis?? Nos vemos abajo!!
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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)
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Capítulo XIV. Huellas del pasado
"Una vez, alguien me preguntó si cambiaría algo de mi vida… y mi respuesta fue un rotundo no. Los errores que he cometido en el pasado, las malas experiencias, las buenas, los malos recuerdos, las risas, las lágrimas, las personas, las situaciones… todas y cada una de las decisiones que he tenido que tomar en un momento determinado de mi vida han conseguido hacer de mí la persona que soy ahora. Por supuesto aún me pregunto a veces "¿qué hubiese pasado si…?" pero sólo es eso, una pregunta, una conjetura, algo que flota en el aire… Soy la persona que soy gracias a mi pasado y gracias a eso, tengo un futuro… No cambiaría nada de mi vida… ni siquiera las lágrimas y el dolor sufrido"
La noche estaba siendo fría. Incluso yo que siempre me jactaba de no tener nunca frío, podía sentir el viento en todo lugar donde la ropa no alcanzaba a cubrirme. Emmett estaba revisando su coche por tercera vez y Rosalie estaba echando un vistazo al motor para asegurarse de que todo estaba bien. No pude evitar sonreír a medias. Cualquiera de los chicos que estaban allí aquella noche oscura, echaría humo si sus novias intentasen acercarse al motor de sus coches; Emmett había abierto el capó para Rosalie de forma voluntaria y no solo eso, sino que le había dado un beso y se lo había agradecido. Por supuesto, Rosalie tenía conocimientos mecánicos que no poseían el resto de las novias.
-Esto es una estupidez… -masculló ella de nuevo saliendo de debajo del capó y cerrándolo con fuerza mirando a Emmett-. Emmett… por favor…
-Ni hablar. Ya lo hemos discutido nena, ese tío no va a acercarse a ti otra vez con la intención de pedirte para salir.
-Es ridículo que retes a Rob porque haya coqueteado conmigo –insisitó Rosalie una vez más. Se giró hacia Jasper-. ¡Dile que es ridículo que haga algo así!
Jasper se encogió de hombros mientras abrazaba más fuerte a Alice.
-Es ridículo Emmett… -emepezó a decir Jasper. Rosalie miró airadamente a Emmett dispuesta a decirle que ella tenía razón, pero tuvo que callarse cuando Jasper continuó hablando-. Sólo dale una paliza o algo así… Funcionó con Steve la última vez que coqueteó con Alice.
Alice abrió los ojos ampliamente y miró a Jasper entrecerrando los ojos.
-¿Tú le has dado una paliza a Steve?
-Te pidió el número de teléfono… -dijo Jasper tranquilamente.
-¿Y qué?
Jasper resopló.
-¡Que yo estaba delante, Alice!
Vi como la más pequeña de mis hermanas resoplaba antes de girarse hacia Rosalie.
-¿Qué diablos hacemos con ellos? –le preguntó.
-¡Eh! –protestaron Emmett y Jasper. Reí ligeramente.
-¿Qué diablos harías tú, señor Risitas? –preguntó burlón Jasper mirándome.
Fruncí el ceño ligeramente considerando su pregunta. Luego me encogí de hombros.
-Lo hablaría calmadamente y me aseguraría que el chico en cuestión se diese cuenta de que Bella es mía. Además, no creo que haya muchos dispuestos a coquetear con la hija del jefe Swan –añadí divertido.
Rosalie y Alice asintieron satisfechas con mi respuesta y se apartaron ligeramente para ir al coche a recoger la chaqueta extra de Alice que se estaba, literalmente, congelando. Miré a Emmett y Jasper; ambos me miraban con expresiones idénticas, incrédulos, los pies separados, los brazos cruzados sobre su pecho, el ceño fruncido. Les imité.
-¿Qué?
-¿Hablarías con él? –se burlón Emmett resoplando-. ¡Sí, claro!
-¿Antes o después de golpearle?
Sonreí a medias.
-Después de golpearle y antes de desafiarle a una carrera si resultara que él pertenece a Fuego Eterno –confesé riendo suavemente.
-Genial… podrías haber dicho eso con las chicas aquí –se quejó Emmett. Me miró fijamente.
-¿Qué pasa Emmett?
-No vas a poder ocultárselo siempre, lo sabes ¿verdad? –asentí. Sabía a qué se refería-. Si anoche no hubiese llegado su padre, hubieras acabado contándoselo ¿cierto? –volví a asentir, esta vez, a regañadientes y enfadado conmigo mismo-. ¿Y por qué diablos no lo haces de una vez?
-Sí, claro, es tan fácil… -ironicé mirando a Emmett-. Sólo tengo que decirle que le he mentido y engañado y que conozco todo lo referente a Fuego Eterno porque soy parte de ello. Luego sólo tengo que asegurarle a Aro y Jane, quien me odia por lo que ocurrió con Alec y que, por cierto, me convierte en un monstruo, que Bella no es ninguna amenaza para esto –enfaticé abriendo mis brazos y abarcando lo que nos rodeaba-. Sí, definitivamente es muy fácil, no entiendo por qué no se lo he dicho aún, Emmett.
Mi hermano tuvo la decencia de fruncir el ceño y hacer una mueca.
-Bueno… si lo pones así…
-Tienes que decírselo, Edward –insistió Jasper-. Si no lo haces tú, y llega a descubrirlo por otra vía, estará más que enfadada, dolida.
-Lo sé… -suspiré-. Sólo… sólo necesito un poco de tiempo para hacerlo… quiero asegurarme que no corre peligro cuando se lo diga. Si le pasara algo por mi culpa, yo no…
Emmett lanzó una carcajada y le miré.
-Es divertido ver como los poderosos caen –dijo mirándome-. Edward, jamás creí que te vería completamente enamorado de alguien –Jasper rió a su lado y me palmeó el hombro en un gesto de camadería y comprensión masculina que me hizo sonreír.
-Bella es diferente –me defendí.
Ante la mirada de ellos abrí la boca para empezar a defender por qué Bella era diferente a todas las chicas que había conocido alguna vez, pero no me dio tiempo a hacerlo.
-¡Emmett Cullen y Rob Larson!
Emmett le dio una palmada a Jasper y se dirigió hacia el coche. Resoplé y metiendo las manos en los bolsillos seguí a Emmett para verle besando a Rosalie junto a la puerta del coche. Físico. El amor de Emmett y Rosalie era absolutamente físico… Parecía que no podían estar el uno al lado del otro sin tocarse y mucho menos sin hacer sabedores a todos los que estuvieran alrededor en aquellos momentos de lo mucho que se querían. Totalmente opuestos a Alice y Jasper. Fruncí el ceño. ¿En qué categoría encajaba yo?
-¿Qué diablos estás haciendo aquí?
Emmett me sacó de mis pensamientos cuando se metió en el coche.
-Estoy contigo –le dije simplemente. Cabeceó-. Sí.
-Ni hablar. Fuera, Edward. Si pasa algo no quiero tener eso sobre mi conciencia.
-Si pasa algo, no tendrás conciencia para recordarlo –le dije burlándome de él-. Ve a la línea de salida o te descalificarán.
-Maldita sea Edward, sal del coche, no quiero que corras conmigo.
-Lo siento por ti. Voy a hacerlo –dije simplemente. Emmett maldijo en voz alta y clara y le miré divertido y enfadado al mismo tiempo-. No importa lo que digas Emmett, no hay una maldita oportunidad de que corras solo, ¿me has entendido o te tengo que hacer un dibujo?
-Edward…
-No –dije.
Emmett me miró en silencio unos segundos, el tiempo necesario para darse cuenta de que estaba hablando completamente en serio y que no iba a claudicar en mi decisión ni iba a cambiar de idea. Refunfuñó un poco, resopló, maldijo y me insultó verbalmente, todo en un récord de apenas veinte segundos. Después hundió los hombros.
-No vas a cambiar de opinión, ¿verdad?
-No. Ahora arranca el motor. Tenemos una carrera que ganar –le dije mirando hacia el frente.
-¿Has corrido antes aquí? –preguntó mientras esperábamos la señal. Asentí-. ¿Hay algo que deba saber?
-Mantén los ojos en la carretera, no en los bidones –le dije. Emmett enarcó ambas cejas-. Esta carretera tiene muchas curvas pequeñas y no todos los bidones las señalan –le advertí-. La primera vez que corrí con Scott en esta pista casi nos estrellamos por un bidón mal colocado –le expliqué-. No tengo ganas de volver a pasar por eso, gracias.
-Tú mandas. Es la primera vez que corro aquí –me dijo. Bonnie alzó las manos. Los motores rugieron-. ¿Estás listo?
Le miré y atrapé su mirada socarrona y divertida.
-¿Lo estás tú?
Su respuesta fue pisar el acelerador. La carrera acababa de empezar.
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Lo admitía. Estaba cayendo en uno de los siete pecados capitales. Orgullo… ¿Era un pecado capital? Si no lo era, debería serlo… No estaba segura. Sacudí la cabeza y sonreí orgullosamente al ver el montoncito ordenado de periódicos en su lugar correspondiente junto a la puerta del instituto. Estaba segura que apenas había sido tocado por los alumnos desde que los habían colocado a primera hora allí.
-¡Bella!
Jessica me atropelló en cuanto me vio. Me detuve en mitad del pasillo y le sonreí cuando me sonrió. Oh, oh. Sonrisa mala. Jessica me estaba sonriendo como si fuese un gato que acabase de descubrir un tazón de crema… Cuando Jessica mantenía esa sonrisa en su cara significaba que había estado pensando en algo que seguramente no me iba a hacer demasiada gracia…
-Te llamé anoche pero no contestaste el teléf…
-Oh, sí, me quedé sin batería –me encogí de hombros-. ¿Pasa algo?
-¿Qué? Oh, no, nada malo –dijo sonriendo-. Tengo que escribir la columna romántica de la próxima semana y me preguntaba si podría entrevistarte a ti.
Parpadeé. Juro que si en aquel momento me hubiese dicho que acababa de crecerme una segunda cabeza, no la hubiese mirado de forma tan extraña como lo estaba haciendo en aquellos momentos.
-Espera, Jessica, espera un segundo –alcé la mano para detenerla cuando abrió la boca dispuesta a darme, seguramente, un montón de sugerencias y motivos por los que me convendría hacer aquella entrevista-. A ver si lo he entendido, ¿quieres entrevistarme? –asintió-. ¿Por qué diablos quieres entrevistarme para tu columna de chismes?
-¿Chismes? Mi columna no es sólo de chismes –me contestó ofendida-. Es información extraescolar, sólo porque tú escribas aburridos artículos, no significa que los demás también tengamos que hacerlo –replicó.
-Jessica –dije tranquilamente-, lo primero que me has preguntado cuando me has visto ha sido si es cierto que Edward está conmigo porque me ha dejado embaradaza –enarqué ambas cejas de forma significativa y Jessica tuvo la decencia de avergonzarse-. Eso son chismes o cotilleos o como diablos quiera que los llames y por cierto, si mis artículos son tan aburridos ¿por qué la gente ya no coge el periódico? –pregunté señalando con la cabeza la entrada del instituto. Jessica se mordió el labio-. Eso pensé. Además, ¿por qué estás tan interesada en que…
-Porque pareces ser diferente –se encogió de hombros y rodó los ojos cuando la miré sin saber a qué se refería-. Edward Cullen –dijo entonces.
-Oh, ya veo…
-Sólo será una entrevista cortita –aseguró-. Será como tú hablando con una amiga contándole qué es lo que haces para que Edward Cullen se mantenga a tu lado sin mirar a ninguna otra chica, es algo que nadie había conseguido hasta ahora ¿lo sabías?
-Sí, Jessica, lo sabía…
Soltó una risita.
-Sí, claro… además, ya hablé con Lauren y ella está dispuesta a hacer la entrevista conjunta y…
-Espera, ¿esperas que me siente junto a Lauren para que pueda contarte por qué Edward está conmigo o porqué yo estoy con él? –ella asintió-. Jes, es Lauren… ¡me empujó el otro día y tú estabas allí! –añadí de forma sarcástica. Ella se mordió el labio inferior como si fuese una niña siendo regañada por su madre-. No voy a hacer esa entrevista Jessica, lo siento, pero no me interesa…
-Pero… entonces sólo contaré con la opinión de Lauren… estoy segura de que ella podrá decirme cientos de detalles jugosos de Edward, pero pensé que tú como su chica actual, podrías…
-¿Detalles jugosos de Edward? –pregunté empezando a enfadarme. Fruncí el ceño-. ¿Así es como ves a Edward? –ella me miró sin comprender-. ¿Cómo alguien de quien poder cotillear?
-Bueno… a él le gusta que… -sacudí la cabeza moviéndola de forma negativa-. ¿Qué?
-Edward es más que el chico popular de Forks, Jessica…, él es mucho más que eso… Si tú o cualquier otra persona se tomara la molestia de intentar conocerles, de intentar conocerle… -sacudí la cabeza de nuevo al ver la mirada confusa de Jessica como si le estuviera hablando de algo completamente extraño y ajeno a su idioma. Suspiré-. Sólo… créeme, Edward es más que una cara bonita y un cuerpo espectacular.
-Sí, bueno… como tú digas… -admitió sin estar demasiado convencida de ello-. Entonces, ¿lo harás?
-No –dije rotundamente-. Tendrás que intentar encontrar a otra persona para hacer tu columna y espero que sea buena –miré encima de su hombro y vi a Eric con los brazos cruzados mirándonos. Sonreí inocentemente y le saludé con la mano sin perder la sonrisa-… y dile a Eric que la próxima vez intente hablarme él, prometo que seré muy educada cuando le diga qué puede hacer con sus peticiones de que vuelva al periódico. Hasta luego, Jes.
No le di tiempo a contestar. Giré sobre mí misma y caminé deprisa y con cuidado de no tropezarme ni chocarme con nada hasta mi clase. Caerme en aquellos momentos hubiese sido algo nefasto para la salida que había hecho. Orgullo. Sí, me sentía orgullosa de mí misma en aquellos momentos… al menos me sentía orgullosa hasta que tropecé con la enorme pancarta que alguien había colocada en el aula de informática. Gemí. Mi cerebro había olvidado convenientemente que era viernes, viernes de partido, viernes de partido contra los Lobos de Arizona.
-¡Bella, estás aquí!
La voz de Eric hizo que diera un saltito antes de girarme y lo acusara con la mirada. Juro que aquel día parecía que todos quisieran matarde de un susto.
-¿Qué, Eric? Antes que digas nada, no, no voy a hacer la entrevista que Jessica quiere –rodé los ojos-. No voy a ayudar a convertir a Edward en el punto de mira de todos y cada uno de los alumnos del instituto de Forks –entrecerré los ojos mirándole-, no me importa quién haga la entrevista, ¿entendido?
-Oh, de acuerdo… -frunció el ceño contrariado, estaba bastante claro que él no había esperado una respuesta así de mí. Carraspeó-. De todos modos… yo quería hablarte de otra cosa… -le miré expectante-… bueno… como conoces tanto a los miembros de nuestro equipo como a los de los Lobos, yo había pensado…
Una pequeña Bella negó con fuerza en mi imaginación. No. De ningún modo. De ninguna manera él iba a pedirme que hiciera lo que creía que él estaba a punto de pedirme. No iba a hacerlo. No iba a pedirme que…
-… que podrías cubrir el partrido. Ya sabes, una especie de artículo de despedida y…
-No –le corté en seco. Lo había hecho. Negué con la cabeza con la misma fuerza que había negado la pequeña Bella de mi cabeza-. No –repetí esta vez de forma más clara.
-Sería un buen punto de vista –siguió diciendo él como si no me hubiese escuchado-, después de todo, creo que sería un artículo bastante interesante y…
-Eric, no –repetí-. Dije que no iba a escribir más en un periódico en el que se intenta controlar las ideas objetivas –dije con firmeza.
-Bella, seré sincero contigo… Hay cientos de sugerencias que piden que vuelvas a escribir… con un par de tiradas tenemos suficientes para todo el día cuando antes teníamos que publicar docenas y docenas de ejemplares… -se subió las gafas colocando un dedo en el punte de las mismas y suspiró-… la gente te quiere en el periódico, Bella.
-¿Podré escribir lo que quiera?
Eric frunció el ceño y se cruzó de brazos intentando aparentar frustración ante mi pedido; no me engañó ni un solo segundo.
-Hagamos un trato, cubre el partido, con entrevistar de ambos equipos y lo hablaré con el director, tal vez haya… -pero yo ya había empezado a mover la cabeza.
-No voy a acercarme a los Lobos a menos de cuatrocientos metros, Eric –dije sinceramente-. No quiero hacerlo y no voy a hacerlo… Si Edward y Emmett no jugaran en el equipo posiblemente ni siquiera iría al partido esta noche –añadí con una media sonrisa.
El buen carácter de Eric se desvaneció en el aire tan pronto me escuchó hablar de forma tan decidida, sabiendo que no iba a poder hacerme cambiar de idea.
-No creí los rumores… -le miré-… Cuando te mudaste aquí se llegó a decir que habías dejado tu antiguo instituto porque te metiste en problemas con un chico del equipo de baloncesto –sacudió la cabeza como si fuese un padre decepcionado-… No quise creerlos, te di una oportunidad dejándote entrar en el periódico… y ahora que te pido un favor… De verdad, Bella, no pensaba que fueras una chica tan manipuladora y…
-Una sola palabra más y eres hombre muerto –dijo una voz furiosa.
Emmett apretaba sus puños fuertemente mientras avanzaba hacia nosotros, claramente había escuchado parte de la conversación entre Eric y yo, seguramente todo el pequeño discurso final de Eric al que yo no había podido contestar porque me había quedado demasiado shockeada para responder a alguna de sus acusaciones… Todas bastante cerca de la verdad.
-Cullen… esto no…
-Si ibas a decir que no me incumbe, piénsalo mejor –dijo Emmett no dejándole terminar de hablar-. Bella es mi pequeña hermana –aseguró-. Además, ¿tú le diste una oportunidad? Te morías porque ella entrase en el periódico y ahora estás suplicándole que vuelva a escribir… No soportas el hecho de que la gente quiera leer lo que ella escribe y no tus artículos… -sacudió la cabeza antes de mirarme-. Bella, ¿quieres hacer esa entrevista o volver al periódico?
-No –dije segura de mí misma al estar junto a la masa de músculos que era Emmett.
-Ya la has oído. No vuelvas a intentar desprestigiarla ni a dirigirte a ella de esa manera, ¿entendido? –Eric asintió-. Bien, largo, ¿a qué diablos esperas?
Me quedé congelada mientras Eric se marchaba.
-¿Estás bien? –asentí mientras Emmett me miraba a los ojos queriéndose asegurar de que no le mentía-. ¿Segura? Puedo ir a patearle el trasero si quieres –bromeó.
Sonreí a medias mientras me colocaba el cabello detrás de la oreja.
-No, estoy bien –le aseguré-. Sólo… se ha acercado bastante a la verdad y… -Emmett esperó a que yo respirase profundamente y volviese a hablar, con paciencia-. Yo… Es sólo que la simple idea de tener que estar cerca de ellos para hacer una estúpida entrevista… -me encogí de hombros-, parece una estupidez pero hace que se me revuelva el estómago… -me arriesgué a mirarle y tenía el ceño fruncido-. Soy idiota ¿verdad?
-¡Ah, Bella, no! –dijo con una media sonrisa-. No eres idiota… Eres humana –se encogió de hombros-. Cuando estés lista para hablar con ellos o para verles, lo harás, nadie quiere que lo hagas antes… -me pasó un brazo por los hombros mientras me conducía a mi clase-. Así que… sólo vas porque juego yo ¿eh?
Agradecí su intento por hacerme reír y aliviar la tensión que la conversación había causado en mí y le sonreí de vuelta.
-Oh, claro… el hecho de que juegue Edward es secundario pero tenía que decirlo, ya sabes, hay que guardar las pariencias… -dije en un susurro.
Emmett me sonrió de vuelta y me acarició un hombro.
-Bella… sobre mi oferta de patearle el trasero a Eric… -cabeceó señalando la dirección en la que Eric se había marchado.
-¿Sí?
-… sigue abierta y la amplio para los traseros de los Lobos –añadió riendo traviesamente.
Le di un golpe en el estómago en la mano, arrepintiéndome en seguida. Juro que Emmett parecía estar hecho de acero a veces. Mientras nos dirigíamos a nuestras clases mascullé algo acerca de los estúpidos músculos masculinos. Emmett se limitó a reír a carcajada limpia. Creo que cuando llegó a su clase, en el otro extremo del pasillo, su risa aún se escuchaba en mi aula.
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Miré el reloj por cuarta vez en los últimos diez minutos. Aún quedaba media hora para que el partido empezara… resoplé. ¿Por qué diablos el tiempo pasa tan despacio cuando quieres que pase rápido y ocurre lo contrario cuando te lo estás pasando bien y no quieres que lo que sea que estés haciendo termine?
Quería estar con Bella. Quería abrazarla y decirle que todo estaba bien, que no tenía que preocuparse por nada, que no iba a ocurrir nada fuera de un partido de baloncesto contra otro instituto y nada más… Quería besarla mientras la abrazaba y le aseguraba que todo estaría bien, que no pensaba separarme de ella ni un solo segundo más de lo imprescindible. Quería haber podido ir a buscarla a casa para acompañarla al partido, mirarla a los ojos y decirle que la quería más que a nada en el mundo…
Pero no. Por supuesto que no había podido ser así. El entrenador nos había citado una hora antes para preparar la estrategia; Bella había estado nerviosa todo el día, saltando al ver la mínima sombra, jugueteando con su cabello continuamente, casi sin probar bocado y con la mirada constantemente nerviosa y alterada. Había rechazado que Rosalie y Alice la fueran a buscar antes de ir al partido alegando que Rosalie iba a ir sola y que seguramente a Alice le gustaría estar con Jasper. ¿Por qué diablos tenía que ser tan cabezota a veces?
Gemí demasiado alto y Emmett me miró sonriendo con los ojos burlones como si supiera exactamente en qué estaba pensando.
-¿Qué? –pregunté demasiado hosco.
-Calma, no me muerdas –bromeó alzando las manos mientras se aseguraba de que sus zapatillas estaban bien atadas-. ¿Estás bien?
-No –dije sinceramente-. Me preocupa Bella –le dije mientras me daba la vuelta y sacaba la camiseta oficial del equipo de mi taquilla en los vestuarios.
-¿Te ha dicho algo? –frunció el ceño.
Contuve una sonrisa. Desde que les había contado a Emmett y Alice por qué Bella se mostraba tan reacia a estar cerca del equipo visitante, Emmett se había erigido como su hermano mayor protector y si no fuera porque era imposible, hubiese dicho que él estaba más preocupado por Bella de lo que yo estaba.
-No, pero… no quiero que esto la altere… -me apoyé contra la taquilla mientras me masajeaba el punte de la nariz-… Sólo… estoy pensando en llamarla y decirle que no hace falta que venga al partido –miré a mi hermano pidiéndole consejo. Emmett frunció el ceño.
-¿Crees que es la mejor idea? –le miré-. Es decir, ¿no se lo tomará como si le estuvieses diciendo que no quieres que venga a un partido donde todas las chicas del instituto intentarán darte tu beso de buena suerte?
-Sí, se lo tomará exactamente así –mascullé separándome de la taquilla-. Pero si viene y… ¿por qué diablos tiene que ser tan complicado?
-Edward… no puedes mantener a Bella en una caja de cristal, es una persona, no una muñeca –sonrió de su propio comentario-, aunque sea tan frágil como una –sonreí ante su comentario.
-¡Eh, Cullen! ¿Tu novia va a animarte a ti o al equipo contrario? –interrumpió James nuestra conversación.
Me controlé. Respiré profundamente e ignoré la voz de Sommers.
-Es decir, si viene… He oído por ahí que parece asustada con encontrarse con los de su antiguo instituto…
Estuve a punto de girarme. Emmett lo sabía. Me dio un golpe en el hombro para que me mantuviera tal y como estaba, ignorando a Sommer. Conté mentalmente hasta diez y cabeceé para indicarle a Emmett que estaba bien.
-Me pregunto si los rumores son verdaderos o no… -siguió lanzando indirectas-. Podríamos preguntarle a Black… he oído que fueron buenos amigos –lanzó una risita sarcástica y burlona.
-Edward… -amenazó Emmett al notar que me tensaba.
Le miré y Emmett alzó las cejas.
-¿Acabas de gruñirme? –preguntó confuso.
Respiré profundamente.
-No –gruñí otra vez.
-Oh, sí, sí lo has hecho –rió en voz suave-. Espera que se lo cuente a Jasper…
-Emmett…
La voz de Sommers interrumpió mi advertencia.
-Supongo que si vamos perdiendo, siempre podemos decirle a Swan que tantee el terreno para nosotros… -comentó de forma soez James-. ¿Qué dices, Cullen?
A nadie le pasó desapercibido el doble sentido de aquel comentario. Ya había tenido suficiente. ¿Qué clase de persona permitiría que hablase así de su novia? Desgraciadamente para Sommers, yo no era ese tipo de persona. Si se hubiese callado, quizá podría haberlo dejado pasar hasta después del partido, pero no, el idiota de Sommers tenía que seguir hablando y tentando su suerte y mi auto control que, en aquellos momentos ya era escaso, muy, mucho escaso.
-¿Crees que podrías compartirla con el equipo contrario?
Me giré tan rápido que Emmett no tuvo tiempo de impedir que cometiera la tontería de arremeter contra James y lo empujara contra las taquillas que tenía a sus espaldas. El golpe seco de su espalda contra los armarios metálicos resonó en los vestuarios que se habían quedado repentinamente silenciosos tras el mordaz comentario de James.
-¡Edward! –gritó Emmett.
No me importó.
-¿Quieres repetirme eso ahora? Porque después de que te parta la boca creo que te resultará complicado hablar –siseé con el rostro a escasos centímetros del suyo.
-¿Tú y quién más? –preguntó socarrón.
Llevé el brazo hacia atrás y cerré la mano en un fuerte puño dispuesto a golpearle. La mano de Emmett rodeó mi puño e impidió que lo lanzara contra Sommers.
-No merece la pena, Edward –me susurró al oído.
-Oh, sí, sí que la merece –dije intentando forzar mi puño contra él. Emmett era más fuerte que yo y no tuvo ningún problema con mantener mi mano donde estaba.
-No puedo dejarte hacerlo –insistió Emmett sacudiendo la cabeza.
-¿Qué diablos está pasando aquí?
La voz del entrenador Markson rugió en los vestuarios. Emmett con agilidad me separó de James y se interpuso entre los dos antes de apartarnos para mantenerse en medio de nosotros con uno a cada lado. El entrenador estaba furioso.
-¡No permito peleas en los entrenamientos, vestuarios o en la cancha, todos lo sabéis! –gritó-. No voy a repetirlo, ¿Qué diablos está pasando?
Ninguno dijo nada. Los demás integrantes del equipo apartaron la vista y fingieron que el asunto no iba con ellos cuando todos y cada uno de ellos estaba pendiente de lo que ocurría.
-Cullen me estaba agrediendo, entrenador –dijo Sommers con voz demasiado dulce-. Agredir a alguien dentro del recinto escolar conlleva la expulsión, ¿no? –añadió.
Me tensé. Aquel maldito capullo había estado intentando llevarme hasta la locura… Expulsión. No podía permitirme el lujo de que me expulsaran, no podía decepcionar a Carlisle y Esme, no podía…
-El reglamento no implica la expulsión si es en defensa, señor –intervino Emmett lanzándole una mirada furiosa a Sommers.
-¿Eso es lo que ha pasado? –preguntó el hombre sin estar seguro de que Emmett estuviese diciendo la verdad.
-Sommers le atacó verbalmente con comentarios ofensivos, entrenador. Edward sólo se defendió.
El hombre le miró. Sus ojos se posaron en James y luego en mí antes de volver a mirar a Emmett de nuevo.
-¿Hablas como hermano o como capitán del equipo?
-Como capitán –Emmett no lo dudó. Si hubiese dado una respuesta distinta a aquella, me hubiese sentido decepcionado-. Edward tardó más de diez minutos en responder a los comentarios de Sommers –sonrió-. Yo no hubiese durado más de tres.
Algunos de los chicos afirmaron aquella respuesta con ligeros "tiene razón" o "Edward ha tardado demasiado". El entrenador sacudió la cabeza y luego miró a Emmett.
-¿Crees que podemos jugar?
-Creo que podrían matarse si están en un radio de quinientos metros –bromeó seriamente.
-Eso me temía… -suspiró pesadamente y miró a Sommers-. Sommers, sancionado, hoy no juegas.
-¿Qué?- Emmett rió disimuladamente. Me mordí la mejilla interna para evitar reírme también-. ¡Tiene que ser una jodida broma! No puede sacarme del equipo.
-No te estoy sacando, te estoy sancionando. Pero si sigues con esta actitud, estarás fuera antes de que puedas decir astrolopithecus, ¿entendido, muchacho? –se giró hacia los demás-. ¡Y ahora todo el mundo fuera, el partido empieza en diez minutos, vamos, vamos, vamos!
Tan pronto como el entrenador se hubo marchado, James se acercó hasta mí. Sus ojos oscuros irradiaban ira y frialdad. Mantuve mi posición; no iba a echarme atrás, no pensaba moverme ni siquiera un ápice.
-Largo, Sommers, el vestuario es para los miembros que jueguen –dijo Emmett entonces.
James se mantuvo quieto durante unos segundos mirándome, luego sonrió de forma descarada y me miró fijamente.
-Esto no quedará así, Cullen. Te la voy a devolver con creces y no vas a saber qué ocurre hasta que no lo tengas encima –me amenazó dando un golpe a la taquilla que tenía detrás de mí.
No contesté. James se marchó de los vestuarios golpeando todo lo que se interponía en su paso, a su parecer. Me pasé una mano por el pelo y Emmett me golpeó la espalda en un acto de camadería fraternal.
-Nos encargaremos de él –me aseguró. Se giró hacia los demás-. Bien chicos, tenemos un partido que jugar –Emmett me miró y debió notar mi preocupación porque chasqueó los dedos delante de mi rostro-. ¿Estás con nosotros o también quieres estar fuera del partido de hoy? –le fulminé con la mirada y él rió-. Eso pensé. Adelante chicos. ¡Vamos a ganar!
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Apagué el motor de la furgoneta y el islencio reinó en el vehículo. Respiré profundamente intentando calmar los nervios… ¿A quién diablos quería engañar? Era miedo. Estaba temblando por dentro; el estómago se me había cerrado y tenía que recordarme constantemente que tenía que respirar para que el oxígeno llegase a mi cerebro. Estaba muerta de miedo.
No había vuelto a ver a Jacob, ni a Sam, ni a embry, ni a ninguno de los chicos de mi antiguo instituto; no me había despedido de ellos, no había dicho a nadie que me iba de Arizona… Y ahora, de repente, tenía que volver a verles, tenía que volver a estar con ellos, tenía que volver a… Respira… Respira… Respira…
Estaba empezando a hiperventilar por los nervios… tenía que tranquilizarme… Tenía que calmarme… Pero todo seguía dando vueltas en mi cabeza, todo seguía estando demasiado fresco en mi memoria a pesar de que había hecho todo lo posible y lo imposible por hacerlo desaparecer… Las miradas, los comentarios, las risas, los insultos verbales, el miedo, el terror, su mano atrapando mi muñeca, su mano sobre mi boca, su cuerpo aplastándome contra la pared…
Unos leves golpecitos en el cristal me hicieron saltar dentro del coche. Giré la cabeza rápidamente dispuesta a arrancar el motor de la furgoneta si era necesario para escapar de allí sin una dirección fija. La sonrisa de Alice no sirvió para hacer que el enfado se me pasara.
Grité a pesar de saber que tenía el cristal subido y que mi grito no causaría el mismo efecto ya que sonaría amortiguado.
-¡Maldita sea, Alice! –me llevé la mano al pecho- ¡Me has dado un susto de muerte!
En lugar de contestarme, Alice rodó los ojos, abrió la puerta y me hizo bajar apresuradamente mientras me miraba de arriba abajo. Hizo un par de muecas, se mordió el labio y sacudió la cabeza.
-Esa camisa va fuera –dijo mientras metía la mano en un bolso particularmente grante pero que conjuntaba perfectamente con el resto de su vestuario-. Ponte esto.
La prenda en cuestión parecía ser de una muñeca barbie por su tamaño. Arqueé una ceja mientras la tomaba y miraba a Alice.
-Estás de broma ¿verdad? No pienso ponerme eso.
Alice rodó los ojos una vez más y se señaló a sí misma. Ella llevaba la misma prenda con los colores del instituto. Sacudí la cabeza.
-Ni hablar, no pienso ponerme eso –miré mi propia camiseta de manga larga y color azul y fruncí el ceño-. ¿Qué tiene de malo lo que llevo?
-Alice, déjala –miré a Jasper que estaba detrás de Alice, a unos pasos de ella, relajado, con las manos en los bolsillos y una sonrisa condescendiente en el rostro.
-Pero… -empezó a protestar Alice.
-¿Recuerdas la conversación que tuvimos sobre no hacer que los demás se vistan como tú quieres cuando ellos no tienen ganas? –Alice asintió con el ceño fruncido.
-¡Está bien! –se rindió-. Supongo que no está tan mal… -me miró con ojo crítico-. Al menos los colores conjuntan y llevas falda… aunque sea vaquera y larga…
-Alice… -advirtió Jasper.
-Bien, de acuerdo… pero sólo porque llevas color azul –me dijo-. Ese color es el tuyo –añadió sonriendo-. Siento haberte asustado –dijo sinceramente. Asentí-. Vamos, Rosalie está guardándonos los asientos.
Articulé un silencioso "gracias" a Jasper que asintió mientras sonreía y tomaba la mano de Alice. Cerré la puerta del coche y me giré dispuesta a seguirles pero me quedé clavada en el lugar. Mis pies se negaron a avanzar. Un autobús amarillo con los colores plata, verde y rojo se detuvo en la entrada del instituto. Habían llegado.
Fue como ver una película. Sam bajó el primero. Sus ojos negros mirando alrededor, su sonrisa socarrona, su mirada desafiante, engatusadora y fría. Jacob fue el segundo en bajar. Fruncí el ceño. No recordaba que fuera tan alto… quizá simplemente me sentía intimidada. Seth, Embry y Sean fueron los siguientes en bajar. No quise mirar más. Había visto suficiente.
En silencio agradecí a la suerte el hecho de que ninguno de ellos mirase en mi dirección. Salieron del autobús y se dirigieron automáticamente a las puertas del gimnasio siguiendo al entrenador Keyplars. Respiré profundamente. El cuerpo de Jasper se interpuso en mi mirada haciendo que me concentrase en él.
-¿Estás bien?
Asentí. Jasper era inacapaz de disimular su preocupación por mí. Sonreí a medias o al menos, eso intenté; por la cara de Jasper, mi intento no salió demasiado bien.
-Es sólo que no esperaba encontrármelos sin ningún aviso –bromeé. Alice me miró mientras se mordía el labio-. Estoy bien, de verdad. Sólo… sólo me ha pillado por sorpresa verlos a todos juntos –negué suavemente-, pero estoy bien, en serio.
-Bella, Edward entenderá perfectamente si prefieres no ir al partido y…
-No. Quiero ir. Quiero verles, quiero que me vean… -sonreí-… Sólo no me gustaría que me vieran estando sola.
Jasper rió entre dientes y Alice sonrió divertida.
-¿Lista para dejarte ver?
No. No lo estaba. No lo estaba en absoluto. Quería volver a subirme en el coche, conducir hasta casa, tumbarme en la cama, taparme con la colcha y esperar a que el partido terminase sin tener que estar en la misma habitación en la que iban a estar los que una vez había considerado mis amigos. Pero no podía hacerlo. Alice no me dejaría hacerlo, así que hice lo único que podía hacer, asentí y sonreí de forma tranquilizadora a Alice.
-Nunca estaré más lista –contesté con firmeza y sinceridad.
Con Jasper caminando a un lado y Alice caminando al otro lado, con su pequeña mano en la manga de mi camisa como si temiese que en algún momento fuese a escaparme, entré en el gimnasio. Suspiré aliviada. Los vampiros de Forks ya estaban en la cancha.
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De acuerdo. Algo tenía que concederles al equipo contrario: eran altos. Si no fuese por su piel pálida, Emmett podría haber sido uno de ellos por lo que a altura y constitución se refería. Les miré mientras se sentaban en el banquillo del equipo visitante y les evalué mientras me preguntaba quién de ellos debía de ser Sam. Echando un vistazo a Emmett me di cuenta de que él estaba haciendo lo mismo que yo pero con una expresión mucho más feroz que la que yo tenía.
-¿Quién es Sam? –preguntó con fingido desinterés.
Sonreí.
-No lo hagas –le dije. Emmett me miró enarcando una ceja-. No creo que quedase muy bien en tu expediente el atacar a un alumno de un equipo visitante –frunció el ceño como si estuviese meditando algo-. Aunque si me preguntas, creo que es su capitán –añadí con cierto tono desinteresado.
Emmett sonrió con inocencia.
-¿Puedes hacer faltas sin que se note? –me preguntó.
-No, pero Jack es un maestro en ese… arte… -sonreí. Emmett me devolvió la sonrisa.
-Voy a hablar con él –sonrió por encima de mi hombro en dirección a las gradas-. Creo que tienes una chica dispuesta a darte tu beso de buena suerte –comentó divertido.
Hice una mueca mientras rodaba los ojos.
-Por favor, dime que no es Lauren –le pedí casi gimiendo.
-No es Lauren –cabeceó saludando a alguien y me giré.
Estoy completamente seguro de que la estúpida sonrisa que apareció en mi rostro cuando vi a Bella se mantuvo ahí durante todo el partido. Llevaba una blusa azul de manga larga que se ajustaba a las curvas de su pecho y a su estrecha cintura sin mostrar nada y una de tela vaquera, larga hasta los tobillos. Sonreí cuando vi que llevaba zapatillas en lugar de zapatos. Estaba seguro de que mientras Alice se inclinaba sobre ella la estaba regañando por no llevar tacones.
Jasper le señaló donde estaba y Bella sonrió al mirarme.
-Joder… ahí está Bella…
Me tensé cuando escuché a un chico del equipo contrario hablar. Los murmullos llegaron rápidamente entre ellos y todos y cada uno de los lobos de Arizona, la miraron; algunos sonriendo, otros rodando los ojos, otros riendo ligeramente mientras comentaban algo con el que tenían más cerca. Dos chicos destacaban; el primero la miraba como si quisiera decir algo y no se atreviera; el segundo la miraba con una mezcla de ira y lujuria que casi hizo que me lanzara a su cuello. Cuando vi que Bella se tensaba, respiré profundamente y le hice una señal para que se acercara a la pista.
Con un par de tropezones y unos cuantos "disculpa" y "perdona", Bella llegó hasta la línea de asientos de las gradas que estaban delante del todo. Sonreí y estiré los brazos para cogerla de la cintura y bajarla. Escuché reír al entrenador; sabía que no le importaría mientras sólo fuesen un par de minutos.
Bella sonreía pero estaba pálida excepto por el rubor dulce que cubría sus mejillas.
-Eh, preciosa, ¿estás bien?
Ella me sonrió antes de apoyarse en mi pecho y rodear mi cintura con sus brazos. Respiré profundamente y el olor de su cabello me llenó los pulmones haciéndome sonreír. Fressias y fresa… tenía que averiguar dónde diablos compraba Bella su champú.
-¿Tú eres el que tiene el partido y me preguntas a mí si estoy bien?
Reí ligeramente y le rodeé los hombros con mis brazos apretándola contra mí.
-Siempre te voy a preguntar si estás bien, Bella… -la besé suavemente en la frente-. Ganaremos este partido y saldremos de aquí tan rápido como podamos ¿de acuerdo?
-No tienes que…
-Quiero hacerlo –le dije-. Tendremos nuestra propia fiesta en cuanto les demos una paliza –señaló el campo contrario donde Sam y Jacob les miraba fijamente-. No hay otro lugar en el que quiera estar más después del partido que a tu lado… -Bella se rió ligeramente y sonreí avergonzado-. Eso ha sonado muy cursi ¿verdad?
Ella negó rápidamente, la sonrisa bailando en sus ojos.
-Ha sonado perfecto.
-Estupendo, así no me sentiré tan tonto cuando te haga la siguiente pregunta –me miró y carraspeé bromeando para hacer que sonriera. Me gustaba verla sonreír-. ¿Me das un beso de buena suerte? –pregunté bromeando.
Bella miró a su alrededor. Aparte de mis hermanos, el equipo entero, el equipo contrario, los entrenadores y la mitad de las gradas, nadie más nos estaba prestando atención. El rubor subió rápidamente a sus mejillas y reí ligeramente. Mi Bella vergonzosa, tímida y dulce… tan hermosa… tan inocente… tan inconsciente de lo que me provocaba… Le acaricié la mejilla ligeramente.
-¿Aquí? –preguntó en un susurro bastante audible.
-Bueno, estamos aquí, ¿no? –bromeé-. Bella, planeo besarte cada vez que pueda y eso va a implicar que a veces haya gente alrededor…
-¿Esto es mi bautizo de fuego? –bromeó ligeramente nerviosa mirando por encima de mi hombro.
Suspiré. No tenía que girarme para saber qué era lo que estaba mirando. Le acaricié la mejilla y la barbilla diminuta y le sonreí cuando me miró directamente a los ojos.
-No es nada más que el hecho de que deseo besar a mi novia antes de un partido.
-Creo que… creo que puedo manejar eso… -me sonrió.
Bella siempre era impredecible; y esa era una de las cosas que más me gustaban de ella. Cualquier podría haber pensado que yo la besaría pero no, con Bella siempre era todo una sorpresa. Se puso sobre las puntas de sus pies, se inclinó sobre mi pecho y alzando la cabeza alcanzó mis labios con los suyos. Rodeé sus caderas con mis manos ignorando los silbidos de la gente de las gradas y de mi propio equipo y me concentré en devolverle el beso que ella había iniciado. Cuando nos separamos, estaba completamente ruborizada…
-Me encanta cuando estás así… -le acaricié la mejilla haciendo que ella fuera consciente de su propio rubor -. Si no ganamos el partido con ese beso, no ganaremos con ninguna otra cosa… -susurré a escasos milímetros de sus labios.
Escuché su risita nerviosa y la besé una vez más, sintiéndome completamente incapaz de controlar el deseo de hacerlo. Le acaricié la mejilla y le coloqué detrás de la oreja el mechón de cabello que se había escapado de su improvisada trenza.
-Si ganáis el partido te daré otro beso de victoria –me dijo avergonzada.
Le sonreí y fue plenamente consciente de que mis ojos brillaban cuando le contesté.
-Tú eres mejor que cualquier victoria –la besé en la frente antes de separarme de ella de forma reticiente después de escuchar a Emmett carraspear a mi lado-. Nos vemos luego.
Vi como Jasper extendía una mano por encima de las gradas para ayudarla a subir de nuevo hasta donde estaban sentados y si no hubiese sido porque Jack me dio un golpecito en el hombro, me hubiese quedado horas completamente embobado mirando el trasero de Bella mientras subía a su lugar. Sacudí la cabeza.
-Es hora de ganar un partido –dijo el entrenador.
-Sí, definitivamente quiero ese beso de victoria… -mascullé en voz baja.
Cuando Emmett y Jack, que estaban a mi lado se rieron, supe que no había hablado tan en voz baja como había querido. Sonreí. No me importaba en absoluto.
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Habíamos ganado. Nunca la victoria había sido tan dulce. El partido había sido complicado, difícil y arduo. Pero habíamos ganado. Por tres puntos. Pero habíamos ganado. Con muchas faltas personales. Pero habíamos ganado. Eso era lo que importaba después de todo ¿no? Suspiré mientras me apoyaba en la pared del pasillo de los vestuarios esperando a que Edward saliese. Siempre era el último en salir del vestuario junto a Emmett, asegurándose que todo estaba en su lugar y que no dejaban a ningún rezagado encerrado durante el fin de semana.
Si alguien me hubiese preguntado en aquellos momentos una explicación mínima de las jugadas del partido, no habría sabido contestar. Apenas había prestado atención a algo más que a Edward corriendo de un lado a otro, anotando, haciendo asistencias, capturando rebotes y defendiendo siempre que le era posible. Suspiré. Los minutos durante los que no había estado mirando a Edward o a Emmett de forma ocasional, habían sido los minutos que había dirigido miradas fugaces a los que una vez fueron mis amigos. No me importó demasido la actitud de Sam, ni la de Embry, ni la de Leah… ni de la de ninguno de mis antiguos compañeros de instituto tanto como me importó el comportamiento de Jacob hacia mí. Él no me había creído; él me había hecho daño; él me había despreciado, me había insultado, me había mirado con desdén mientras me decía lo decepcionado que estaba conmigo… Jake siempre había sido mi apoyo en cualquier situación; no importaba el día, el momento o la situación… él siempre me había apoyado, él siempre había estado a mi lado… hasta que decidió que Sam era más creíble que yo… después de todo… ¿por qué alguien que podía tener a cualquier chica iba a querer forzar a una?
-Vaya, vaya, vaya… pero si es nuestra ex compañera de clase… ¿cómo has estado, Isabella?
Mierda. Fue lo primero que pensé cuando escuché la voz de Embry demasiado cerca de mí.
-En este pasillo no están los vestuarios de los equipos visitantes y no se permite la entrada a personas ajenas al instituto de Forks –dije intentando no aparentar que lo que había dicho había sido una completa estupidez.
-Oh, lo sabemos… sólo queríamos hablar contigo antes de irnos –comentó Sam-. Bueno, dime, ¿me has echado de menos o ya has encontrado a otro al que acusar de intento de violación?
Fruncí el ceño y apreté los dientes.
-Eres un maldito hijo de perra –le dije sin gritar-. Tú sabes la verdad, intentaste violarme Sam y nada de lo que digas cambiará eso.
-Bella, Bella, Isabella… -empezó a decir Sam-. Siempre contando mentiras… ¿véis como yo tenía razón, chicos? –habló a los demás sin dejar de mirarme-. ¿Qué es lo que comentábamos mientras veníamos? –preguntó con fingido aire desinteresado-. Creo que alguien tendría que decírselo a ella, después de todo, es la… interesada…
-Estás donde siempre debiste estar… un equipo lleno de tramposos y mentirosos ¿no? –dijo uno de los chicos mirándome con desdén.
-Nuestro equipo no ha hecho trampas –dije defendiéndoles sin saber de dónde diablos sacaba el valor para hacerlo-. Hemos ganado porque somos mejores.
-Sí, por supuesto –bufó Embry-. ¿Qué vas a decir tú? Después de todo, eres capaz de inventarte cualquier cosa para llamar la atención, Swan.
No supe qué contestarle. La mirada de Sam era la de alguien que estaba satisfecho con los acontecimientos; su sonrisa socarrona dolía. Pero la figura silenciosa de Jacob al final del grupo lo que más me dolió. Seguía sin creerme, seguía sin querer creer que su amigo no era tan perfecto, seguía sin querer creerlo… Y yo era una completa estúpida por haber esperado que su actitud hacia mí hubiese cambiado un ápice siquiera. Parpadeé cuando noté que los ojos me empezaban a picar. No iba a dejar que me viesen llorar… Ellos no iban a hacerme llorar… Ya había llorado demasiado por lo que había ocurrido en Fénix, ya no me quedaban lágrimas para ellos.
-Parece que la putita se ha quedado sin palabras… -comentó otro de los chicos-… Quizá deberíamos comprobar si aún tiene lengua…
-¿Cómo has llamado a mi novia?
-Edward… -fue apenas un susurro pero estaba segura de que él me había escuchado.
Por si mi intuición no hubiera sido suficiente, sus actos sí lo fueron. En dos pasos agigantados llegó a mi lado y, pasándome una mano por la cintura, me apretó contra él, besándome en la frente. Suspiré agradecida y tranquila.
-¿Estás bien? –me preguntó. Asentí con la cabeza aún enterrada en su pecho. Seguramente esa era la pregunta que más veces me habían repetido en el día-. ¿Segura?
-Sí –me separé levemente-. Sólo… ¿podemos irnos, por favor?
-En un minuto cariño –me acarició el cuello con pequeños círculos tranquilizándome. Miró a Sam-. ¿Qué diablos hacéis aquí? –sonrió despectivamente-. ¿Acaso como habéis perdido el partido os dedicáis a asustar a las chicas del instituto?
-Sólo saludábamos a una vieja… amiga… íntima… muy íntima de algunos de nosotros si sabes lo que quiero decir, estoy seguro de que Isabella te ha hablado de nosotros…
-Lo cierto es que lo poco que me ha contado de vosotros ha sido tan insustancial que lo he olvidado… ¿vosotros sóis los idiotas o los capullos? Aún no me aclaro…
-Edward… por favor, déjalo…
-¿Sabes? Tienes ingenio. Quizá nosotros deberíamos advertirte sobre ella –la voz profunda de Sam hizo que diera un pequeño brinco y que Edward frunciese el ceño al notar mi malestar-. Isabella es un poco… ¿cómo decirlo?...
-¿Lujuriosa? –sugirió uno de los chicos soltando una risa y haciendo que los demás riesen con su broma estúpida.
-No –detuve a Edward cuando éste hizo además de dar un paso-. No merece la pena, Edward… sólo… ¿podemos irnos a casa, por favor?
-Oh, vaya… sigue interpretando su papel de preciosa y perfecta santa virgen ultrajada a la perfección –dijo Sam haciendo reír a los miembros de su equipo. Miró a Edward quien se había tensado a mi lado-. ¿En serio crees que la primera vez que te acostaste con ella era virgen? Sé que puede ser una excelente actriz pero nadie es tan idiota como para no darse cuenta de que en una zorr…
-Si terminas esa frase será la última que digas durante un buen rato –le interrumpió Edward-. Y me gustaría ver cómo le explicas a tu entrenador por qué el capitán de su equipo va a aparecer en el autobús con la boca partida y quizá un diente o dos de menos –añadió despreocupadamente.
Sam rió burlón.
-Sí, bueno, entiendo que quieras defenderla, ella es una pequeña cosita caliente ¿verdad?
No lo vi. Ni siquiera lo imaginé. Antes de que pudiera protestar o mostrarme indignada o incluso herida o asustada por las palabras de Sam, Edward me había soltado, me había colocado detrás de su espalda y había tomado por el cuello de la camiseta a Sam, empujándolo contra la pared y manteniéndolo prisionero allí, con el ceño fruncido, la mandíbula fuertemente apretada y la mirada más fría que jamás había visto en nadie y mucho menos en él.
-No vuelvas a hablar de ella así –advirtió con la voz baja-. Ni siquiera te atrevas a pensar de ella así.
-Edward… -le llamé suavemente. Sin aflojar su agarre sobre Sam giró para mirarme por encima del hombro-. Por favor… sólo… sólo vámonos…
-Será mejor que os marchéis –intervino la voz de Emmett saliendo de los vestuarios-. Odiaría tener que dejar encerrado aquí a alguien todo el fin de semana… sería desastroso, ¿verdad?
Sam sonrió con desdén cuando Edward le soltó.
-Ya nos veremos… Isabella… ahora que sabemos donde te has escondido podemos recuperar viejas… amistades ¿no te parece?
-Quieto Edward –susurró Emmett deteniéndole por el hombro.
Sólo cuando nos quedamos solos, fui consciente de que Edward había estado a punto de pelearse con todo el equipo de los lobos… por mi culpa… casi… podrían… La voz de Emmett me interrumpió en mis propios pensamientos.
-¿Qué ha pasado? –negué la pregunta de Emmett-. ¿Bella?
-Sólo quiero irme a casa...
-De acuerdo –Edward me besó en la frente mientras me tomaba de la mano-. Vamos a casa…
-Ah, sí, antes de que lo olvide, Rosalie me ha pedido que te diera esto –Emmett le alcanzó un cable negro grasiento que Bella miró.
-Emmett, ¿qué es eso? –preguntó Edward.
Emmett rió malvadamente y en sus ojos apareció una pícara sonrisa.
-Oh, Rosalie os lo podrá explicar mucho mejor pero creo que pertenece al motor del autobús de los chuchos –dijo con inocencia-. Creo que Rosalie ha mencionado que sin él, el autobús no puede arrancar o algo así…
Sólo podía hacer una cosa después de un comentario así. Reí. Estaba bien, con ellos siempre estaría todo bien, apreté la mano de Edward. Cón él siempre estaría bien.
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Bueno, que tal?? Sí, sé que no ha habido una pelea sangrienta… pero dadme tiempo chicos… las habrá, las habrá… :p
Alguien me dijo que si usaba a Jacob que no lo maltratara demasiado… no puedo prometer nada, lamentablemente Jacob no es un personaje que me agrade demasiado, creo que es demasiado impulsivo, inmaduro y voluble… pero aunque no puedo prometer tratarle muy bien, prometo intentarlo, ¿de acuerdo?
Bueno, has sido dieciséis páginas de word así que espero que sepais reconocer mi tiempo :DD
Un besito para todos, espero que os haya gustado y espero ansiosa vuestros comentarios. Sed felices!! Nos leemos pronto, besitos para todos!!
