Hola a todos!! Sí, se que ha pasado tiempo… pero ya os avisé de que iba a tardar bastante en subir capítulos, así que no podeis regañarme por eso :p Bueno, os dejo un capítulo más del fic, este capítulo va dedicado a Becca Oberts, una buena amiga del mundo virtual SL que me está ayudando mucho y me apoya sea cual sea la hora a la que la necesito, gracias guapa :D

Un saludo y muchas gracias a todos los que habéis dejado review en el capítulo anterior, a ver, voy a pasar lista:

Celtapotter, n_n, Leblancish, Valu, christti, lau-hb, Another life, FAYRES12, mapau inu-maniatica, missCullen9, margara, afrokd, laabuela, anrresweet, selene, lili-little-small-witch, sayurisan01, biankismasen, dulce, lilyhale, leyla, abril, ally-nessi cullen, bella.o'shea. swan, adela, kmylita, starling, mars992, yasmi, atram potter, princesaamy, littlevampire91, brinacullen, hik-y, roxanne2308cullenpotter

Bien, este es el capítulo de Navidad que os prometí, espero que sea de vuestro agrado y prometo subir el próximo este mismo fin de semana ya que este capítulo no interfiere en el desarrollo de la historia :D

Un besito para todos, nos leemos abajo!!


Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)


Capítulo XV. Te quiero.

"Nunca me habían gustado las Navidades. Siempre las había visto como esa época anual en la que tienes que estar feliz aunque no quieras estarlo; un momento al año en el que todo el mundo quería sonreír y dar lo mejor de sí mismo como si portándose bien durante esos quince días no hiciera falta que fueran buenas personas el resto del año. Hipócritas. Regalos. La Navidad era sinónimo de regalos y yo odiaba la que gente me regalara cosas, odiaba que la gente gastase dinero en mí. ¿A quién pretendo engañar? Aún sigo odiándolo"

Con todas las palabras que había leído durante años, con todas las palabras, expresiones, adjetivos, superlativos, verbos y exclamaciones que conocía y había aprendido durante años, y no encontré ninguna, ni una sola capaz de describir lo que sentí cuando me bajé del coche aceptando la mano de Edward para ayudarme. Perfecto. Precioso. Hermoso, Glorioso. Relajante. Maravilloso. Extasiante… Ninguna de esas palabras alcanzaba a describir el lugar en el que nos encontrábamos.

Cuando me había encontrado a Alice en mi casa, en mi sala de estar, hablando con mi padre y ambos me habían dicho que iba a pasar cinco días de Navidad con los Cullen y que preparase una bolsa con ropa de invierno, pero en ningún momento Alice había mencionado nada sobre nieve, Mammoth Mountain, lagos helados, y esquís. ¡Esquís! No podía caminar sin tropezarme y Alice esperaba que yo esquiara, ¡definitivamente esa chica se había vuelto completamente loca!

-¿Te gusta? –Edward me rodeó la cintura desde atrás y me abrazó transmitiéndome un poco de su calor que agradecí con un suspiro.

-Voy a matar a Alice… -dije. Edward se rió bajito en mi oído y me apretó más contra él-. Hablo en serio, Edward –le dije dándole un golpecito en una de las manos que rodeaba mi cintura-. Voy a caerme tanto que voy a ser la mejor amiga de la nieve –rodé mi ojos.

Edward rió más alto.

-En ese caso, quizá podamos hacer algo para distraernos que no tenga nada que ver con esquiar… -me susurró.

Giré mi cuello para mirarle tan rápido que hice una mueca de dolor al sentir un pequeño tirón. Edward rió y masajeó mi nuca con suavidad.

-Eh, tranquila… no querrás romperte nada hasta no haber probado a esquiar ¿no? –preguntó burlón.

-¿A qué te refieres con algo para distraernos? –pregunté tan suspicaz como nerviosa.

-No sé… ¿Qué te parece patinar? –preguntó mientras miraba como sus hermanos empezaban a descargar el jeep. Patinar… claro… Edward estaba hablando de patinar-. ¿Bella? –salté cuando le escuché susurrar mi nombre-. ¿Qué pensabas que quería decir? –preguntó riendo suavemente.

-En nada.

Mi respuesta había sido demasiado rápida. Edward enarcó una ceja y rió entre dientes besándome en el cuello.

-¿En nada? Eres una mentirosa malísima… -me hizo girar dentro de su abrazo y me acarició la mejilla derecha completamente ruborizada-… cuando te sonrojas así, una de dos: o estás avergonzada o estás intentando ocultar algo…

-¿Crees que me conoces tanto? –le pregunté metiendo mis brazos entre nuestros dos cuerpos y dejando que parte de mi peso recayese sobre él.

Edward abrió sus piernas para equilibrar el nuevo peso y me abrazó más firmemente besándome en la frente.

-Bueno, no puedo leerte la mente pero eres un libro abierto para mí, Bella.

-Estupendo –mascullé irónicamente antes de que él bajara la cabeza para besarme en los labios.

-¡Eh, parejita, tenemos que descargar todo esto!

Edward suspiró profundamente en cuanto se separó de mis labios y miró a sus hermanos. Estuve a punto de soltar una enorme carcajada cuando vi a Jasper prácticamente desaparecido bajo una montaña de maletas rosadas y blancas que pertenecían sin duda a Alice. Emmett estaba intentando sujetar su maleta y las tres de Rosalie mientras intentaba cerrar el maletero del jeep para evitar que los esquís enfundados cayesen sobre la nieve.

-Por favor… dime que tú no tienes tantas maletas… -pidió Edward con una media sonrisa.

-Sólo he traído una –me encogí de hombros.

-¡¿Una?! –el gritó de Alice hizo que varias personas se giraran para mirarnos-. ¿Cómo diablos has podido traer una sola maleta de ropa? –me miró e hizo varios aspavientos en el aire -¡Bella! –gritó con exasperación.

-¡Alice! –la imité haciendo que Jasper y Edward se riesen. Nos lanzó a los tres la misma mirada de falsa ofensa-. Sólo metí algunos pantalones y jerseis en la maleta –ella me miró como si me hubiese crecido una segunda cabeza-. ¿Qué? Me dijiste que tomara ropa de invierno…

Alice sacudió la cabeza mientras se giraba hacia Rosalie.

-Tendremos que ir de compras –le dijo. Gemí mientras me apoyaba en Edward.

-¿Bella? –me susurró él.

-¿Qué?

-Hubiese llevado cien maletas sin quejarme… -me dijo en un susurro junto a mi oído. Me estremecí y él se apartó ligeramente-. ¿Tienes frío?

-No –él me miró escéptico-. En serio… es solo que… bueno… tiemblo cuando me tocas… -me ruboricé. Me sonrió a medias y sus ojos parecían iluminados mientras me miraba-. ¿Qué?

-Nada… Es sólo que siempre logras sorprenderme… -se puso serio de repente-… Creo que esa es una de las razones por las que yo te…

-¡Edward, necesito ayuda!

Nos giramos para ver a Emmett cargando los esquís, las maletas, mientras intentaba no hundirse en la nieve por el peso que llevaba encima.

-Será mejor que le ayude –dijo suspirando-. ¿Por qué no entras en el hotel? Carlisle y Esme deben de haber recogido las llaves… Ahora vamos –cabeceó en dirección de Emmett y me besó en la frente-. Procura no perderte.

-Muy gracioso.

-Hablo en serio –me contestó completamente serio pero con un brillo burlón en los ojos-. No me gustaría pasarme los cinco días intentando rescatarte por tu pésimo sentido de orientación.

Indignada. Sabía que debería de estar indignada por su acusación, después de todo, el hotel estaba a unos trescientos metros y era un edificio enorme… pero cuando me miró mientras se dirigía hacia donde estaba Emmett, cuando me sonrió… supe que no podría estar indignada con Edward nunca… bueno, al menos, no en aquellos momentos.


Acaricié el hombro de Bella de forma distraída mientras escuchaba como Emmett sugería que fuéramos a probar las pistas de esquí inmediatamente. Jasper parecía algo reticiente a hacer algo así, sobretodo porque sabía que tendría que soportar las bromas de Alice en la nieve… Aún intentábamos entender por qué nuestra hermanita se emocionaba tanto con la nieve.

(flashback)

Tan pronto como dejé las maletas en el recibidor del hotel y esperé a que un botones las recogiera y después de sonreírle en agradecimiento, me reuní con el resto de mi familia. Bella estaba allí. Aún me costaba asimilar el hecho de que ella estuviese allí; daba gracias a Carlisle y Esme por haber hablado con Charlie para que la dejaran venir y a pesar de que sólo íbamos a estar cinco días allí no importaba porque lo único que importaba era que estábamos juntos, que iba a pasar el día de Navidad con la persona que más importaba en aquellos momentos, con la persona que me hacía reír, vibrar y que me hacía querer ser mejor persona. Tuve que sonreír al verla entre Jasper y Emmett; ambos parecían gigantes a su lado… y eso forma parte de su encanto. Como si estuviese intuyendo que la estaba mirando, ella giró medio cuerpo y me devolvió la mirada con una dulce sonrisa, mezcla de timidez y candidez que a mí tanto me gustaba. Fue en ese momento cuando fui consciente de algo que llevaba días dándome vueltas en la cabeza… La quería… Quería a Bella Swan y más aún, estaba completamente enamorado de ella de todas las maneras en la que una persona podía estar enamorada de alguien.

Me acerqué hasta ellos y la abracé por la cintura, sintiendo como se relajaba ante mi toque de forma inmediata. Sonreí y la besé en la cima de la cabeza.

-¿Todo bien? –pregunté. Cabeceó afirmando y me sonrió.

-Ahora perfecto –me dijo.

Carlisle carraspeó para llamar la atención de todos. Rodé los ojos; ahora empezaba el sermón de cada una de las vacaciones.

-De acuerdo, sabemos que no queréis pasar estos cinco días en nuestra compañía – empezó a decir Carlisle.

-Eso no es cierto… os queremos mucho… -protestó Emmett con tono inocente.

-Sí, bueno, nosotros no queremos estar cinco días con seis adolescentes –dijo divertida Esme mientras dejaba que Emmett la abrazara haciéndonos a todos reír.

-Estas son las normas. Comemos juntos una vez al día, independientemente de si es desayuno, comida o cena; el resto del tiempo podéis hacer lo que queráis sin romper las reglas del hotel y sin transgredir las leyes… -miró a Emmett.

-¿Qué? Yo no fui quien sugirió salir del país… -protestó mirando a Alice que rodó los ojos.

-Madura, Emmett –contestó ella divertida.

-Nadie sale del hotel solo, no quiero tener que salir en medio de la noche porque alguien se ha perdido o se ha caído en algún sitio.

Sonreí abrazando a Bella que se había sonrojado y estaba mirando al suelo. Emmett abrió la boca para decir algo pero le lancé una mirada que hizo que se callase. Lo último que Bella necesitaba en aquel momento era que la mortificaran más.

-De acuerdo, y ahora hablemos de las habitaciones…

-¡Yo no comparto con Jasper! –dijo inmediatamente Emmett. El rubio lo miró airadamente-. ¿Qué? No puedes culparme… Las últimas vacaciones te pasaste todas las noches hablando por teléfono con Alice.

-Yo la compartiré con Jasper –suspiré-. De todos modos yo también voy a estar hablando por teléfono –miré a Bella que me sonrió tímidamente.

-Yo compartiré la habitación con Bella –decidió Alice agarrando la mano de la aludidad que gimió.

-¿Por qué será que de repente tengo miedo?

Esme rió ante el comentario de Bella y yo dejé escapar una sonrisa.

-En realidad… -Carlisle empezó a decir con una sonrisa-. Esta vez vamos a hacer un pequeño cambio… Esme y yo estaremos en una de las suite, Emmett y Rosalie estáis en otra suite y vosotros cuatro –nos miró-, estáis en una suite doble –nos miró fijamente sobretodo a Emmett, Alice y yo-; no hagáis que nos arrepintamos de haber tomado esta decisión…

-Sabemos que si os separamos vais a terminar caminando por los pasillos en medio de la noche, así que hemos decidido ahorrarnos eso esta vez.

Bella miró a su alrededor al ver que todos reían bajito mirando a Alice. Me miró confusa y le sonreí.

-Durante las últimas vacaciones de verano, Alice decidió que las tres de la mañana sería la hora perfecta para escabullirse de su habitación y buscar a Jasper. Pero Jasper tuvo la misma idea –rió.

-Alice terminó metiéndose en la cama de Emmett y Rosalie terminó dándole un golpe a Jasper porque creía que era un acosador –concluyó Esme rodando los ojos.

-Bueno, no podía dormir y… -empezó a defenderse Alice. Todos la miramos y ella sonrió negando con la cabeza-. Da igual, diga lo que diga va a sonar peor de lo que es –concedió con una media sonrisa.

(fin flashback)

Por eso estábamos en aquellos momentos sentados en la pequeña sala de estar de la suite doble, intentando decidir qué era lo primero que íbamos a hacer.

-¡Compras! –dijo Alice saltando ligeramente sobre el regazo de Jasper donde estaba sentada-. ¡Bella sólo tiene una maleta!

-Lo sabemos, Alice –Emmett miró a Bella-. ¿Podrías enseñarles a Rosalie y Alice como meter la ropa en una sola maleta, por fav… ¡Ayyyy! –se quejó frotándose el pecho donde Alice le había dado un golpe-. Para ser tan pequeña tienes demasiada fuerza –masculló.

Me incliné hacia Bella que estaba sentada a mi lado con una media sonrisa en los labios.

-¿Está bien esto para ti? –le pregunté no queriendo que estuviese incómoda. Me miró-. Quiero decir, compartir habitación… Estoy seguro de que podemos conseguir otra habitación o puedo dormir aquí, este sofá parece bastante cómodo y…

-Edward, está bien… -me sonrió intentando tranquilizarme-. Es sólo… nervios… Pero está bien… ¿tú… tú estás incómodo con la idea de dormir en la misma cama?

Le sonreí. Si Bella supiera lo mucho que me agradaba la idea de dormir en la misma habitación y en la misma cama, seguramente acabaría ella por decir que dormía en la sala de estar.

-Estoy esperando ansioso que llegue la noche –le susurré haciendo que se sonrojara.

Rosalie salió de uno de los cuartos de baño y se sentó en el sofá junto a Alice, susurrándole algo. Alice abrió los ojos y cabeceó.

-Chicos, fuera, las chicas tenemos que hablar de algo –declaró simplemente.

-¿De qué? –preguntó Jasper frunciendo el ceño.

-Sí, ¿por qué no podemos quedarnos? Yo también quiero enterarme… -protestó Emmett.

-No estarás planeando alguna broma, ¿verdad Alice? –le pregunté. Ella rodó los ojos-. Eso no contesta mi pregunta –mascullé haciendo reír a Bella suavemente al escucharme.

-Está bien, podéis quedaros si queréis –concedió Alice encogiéndose de hombros después de intercambiar una mirada con Rosalie.

-¡Genial! –Emmett se acomodó en el sofá-. ¿De qué vamos a hablar?

-Problemas femeninos –dijo Rosalie firmemente.

Jasper y yo nos unimos a Emmett que había sido el primero en levantarse tan pronto había escuchado "problemas femeninos". Vi a Bella reír suavemente por nuestra reacción y a Alice rodar los ojos.

-¿Por qué no váis a alquilar los esquís mientras nosotras hablamos? –sugirió Alice-. Ya sabéis… cosas de hombres –enfatizó la última palabra con cierto tono de ironía que hizo reír a Bella.

Suspiré y me incliné sobre Bella para besarla suavemente en los labios.

-Llámame si necesitas algo –le dije.

-Edward, no vamos a torturarla –dijo Rosalie rodando los ojos.

-Eso espero, no me gustaría tener que haceros daño, sois mis hermanas –le contesté besando de nuevo a Bella-. Hasta luego, preciosa.

Bella rió tontamente y se sonrojó pero no apartó la mirada de mis ojos en ningún momento. Salí de la habitación con Jasper y Emmett pensando en ello; Bella seguía sonrojándose cuando le hacía cumplidos pero empezaba a saber aceptarlos.


Cuando aquella mañana me había despertado en los brazos de Edward me había sentido protegida, segura y a salvo, como si nada de lo que pudiese ocurrir pudiese hacerme daño… Pero ahora mismo me sentía en peligro a pesar de que él estaba a mi lado sonriéndome para hacerme sentir mejor. Mis piernas temblaban como gelatina sobre los instrumentos mortales que Edward insistía en llamar esquís y por si eso fuera poco, el hecho de que Alice hubiese insistido en comprarme el conjunto de pantalones y jersey grueso de color azul eléctrico que llevaba en aquellos momentos alegando que si me perdía en la nieve sería mucho más fácil encontrarme, no me aliviaba demasiado.

Vi como la elegancia acompañaba a todos los Cullen mientras iniciaban su descenso desde aquella pequeña colina y me fijé en Rosalie sin poder olvidar la conversación del día anterior.

(flashback)

-Bien, ahora que nos hemos librado de los chicos –Alice se giró hacia Rosalie-. Habla, ¿qué pasa?

-Llevo seis días, cuatro horas y veinte minutos de retraso –dijo Rosalie claramente nerviosa mientras se mordía una uña con gesto distraído.

Mientras yo abría la boca intentando encontrar las palabras adecuadas para aquella confesión y sin tener ni idea de cuáles podían ser esas palabras, Alice le dio un manotazo a Rosalie.

-Primero, deja de morderte las uñas, no querrás estropear el trabajo que Marguerite hizo ¿verdad? –preguntó aludiendo a la última esteticien que habían visitado-. Después, siéntate, respira hondo y tranquilízate, ¿estás segura de que llevas seis días de retraso?

Rosalie cabeceó.

-Seis días, cuatro horas y veinte minut… veintiuno –corrigió Rosalie mirando el reloj.

-¿Y no puede ser que estés nerviosa o…

-No –me interrumpió Rosalie-. Soy como un reloj; siempre he sido regular y puntual –afirmó con seguridad.

-Oh, vaya… -empezaba a entender por qué estaba tan nerviosa. Miré a Alice que tenía el ceño fruncido.

-Sí, "oh, vaya" –repitió Rosalie-. ¿Qué diablos voy a hacer ahora?

-Bueno, pues está muy claro lo que tenemos que hacer –dijo Alice con resolución.

-¿Contárselo a Emmett? –preguntó Rosalie.

-No –Alice rodó los ojos-. Compraremos un test de embarazo –concluyó-. Es la única forma de estar seguras… A no ser que quieras consultárselo a Carlisle, ya sabes, con la confidencialidad de médico – paciente…

-No creo que ni siquiera esa confidencialidad sea suficiente para separar al médico del padre –intervine con una mueca. Rosalie estuvo de acuerdo conmigo porque cabeceó mientras miraba a Alice como si le hubiese crecido una segunda cabeza.

-Bien, entonces compraremos una prueba de embarazo –Alice se levantó y se dirigió a la puerta-. ¿Esperáis una invitación?

-¿Quieres ir a comprarla ahora? –preguntó Rosalie claramente nerviosa.

-No, quiero esperar a ver si se te redondea la cintura para estar segura de si estás embarazada o no –protestó Alice-. ¡Por supuesto que quiero comprarla ahora!

(fin flashback)

-Estarás bien –la voz de Edward me sacó de mis ensoñaciones. Parpadeé un par de veces y me mordí el labio. Frunció el ceño-. No estabas pensando en los esquís ahora mismo ¿verdad? –afirmó más que preguntó.

-¿Y en qué más iba a estar pensando, Edward? –pregunté sarcásticamente evitando mirarle directamente-. Creo que el hecho de que me preocupe caerme y romperme la pierna es algo que puede atraer mi atención total, ¿no te parece?

Edward rió a medias.

-No vas a caerte.

Me giré hacia él dispuesta a decirle lo que podía hacer con su confianza. Os diré que fue una absoluta estupidez. Mis pies seguían enganchados en los esquís así que cuando me giré, la parte inferior de mi cuerpo permaneció estática haciendo que perdiese el equilibrio y que terminase empujándole. Edward me sostuvo mientras se reía.

-¿Lo ves? –le dije intentando ignorar que se estaba riendo de mí-. ¡Y ni siquiera me he movido del sitio! –gemí-. ¡No puedo esquiar!

-¿Qué pasa? –Emmett sonrió mientras se acercaba a nosotros con una gran sonrisa-. ¿Ya te has tropezado? –preguntó divertido.

-No es gracioso –protesté.

-¡Ja! Sí que lo es –replicó Emmett-. ¡Eh, chicos, adivinad quien se ha tropezado sin bajra todavía por la pista!

Alice soltó una risita mientras que Jasper me miró disculpándose al mismo tiempo que sonreía a medias como si intentara ocultar que le había causado gracia. Rosalie me miró comprensiva un segundo antes de darse cuenta de mi torpeza y se unió a la risita de Alice.

-No es gracioso… -insistí.

Edward me abrazó y no me quedó más remedio que unirme a sus risas cuando noté como su pecho temblaba. Le di un golpecito.

-Basta –le dije riendo entre dientes-. No es gracioso… Voy a estar aquí varada en medio de la nieve cinco días mientras vosotros os lo pasáis genial… ¡Unas Navidades excelentes!

Jasper carraspeó.

-Edward, tal vez podrías pedirle a alguna monitora que le enseñase lo básico –sugirió.

El rostro de Edward se iluminó al mirarme para sopesar qué me parecía la idea.

-Por mí suena perfecto –le dije sonriendo-. Por favor… -añadí en un gemido.

Edward se rió de mí y me besó rápidamente en los labios.

-Vuelvo enseguida.

-Espera, te acompaño –dijo Jasper dándole un beso a Alice en la mejilla.

-Emmett, ve con ellos –le dijo Rosalie. Tan pronto como los chicos desaparecieron ella nos miró-. He comprado una prueba de embarazo, esta noche sabré si estoy embarazada o no –hizo un gesto con la mano y Alice le golpeó para evitar que se mordiese las uñas-. Lo siento…

-No te preocupes, verás como todo sale bien. No puedes preocuparte antes de tiempo –le dije en un intento por calmar sus nervios con una media sonrisa-. ¿Esa es la monitora de esquí? –los chicos estaban hablando con una mujer embutida en un mono de esquí profesional de color violeta brillante que no dejaba nada a la imaginación y que se ajustaba a su cuerpo como si fuese una segunda piel -. ¿Está coqueteando con ella? –pregunté al ver que Edward le sonreía.

-No, más bien es ella quien está coqueteando con ellos –dijo Rosalie frunciendo el ceño-. ¿Es que esa tía no sabe que Emmett puede ser padre? –Alice y yo la miramos-. ¿Qué? Algún día será padre… no he dicho ninguna estupidez… ¿Alice, no quieres ver a…

Alice estaba de espalda a los chicos y nos sonrió con suavidad mientras yo veía como la monitora, por llamarla de alguna forma, estaba prácticamente comiéndose a Edward con los ojos. ¿Acababa de tocarle el pecho? De acuerdo, nunca había sido una persona celosa, pero esto ya se pasaba de castaño a oscuro… Si no se apartaban de esa arpía iba a ir a buscarle yo misma. Fruncí el ceño.

-Yo confío plenamente en Jasper –dijo Alice sonriendo dulcemente.

Rosalie se cruzó de brazos, enarcó una ceja y miró por encima de la morena con una sonrisa sarcástica.

-¿En serio? –Alice cabeceó-. Es estupendo, entonces supongo que no te importará que la monitora también esté coqueteando con él.

-¿Qué? –se giró para ver como la mujer acariciaba el cabello de Jasper con una sonrisa coqueta-. ¡Ese pelo es mío! –frunció el ceño-. Se va a enterar esa mujer… -deslizó la cremallera de su chaqueta unos centímetros, se ajustó los pantalones, se sacudió el cabello y sonrió mientras avanzaba hacia ellos como si estuviese cazando.

Rosalie se colocó el cabello sobre el hombro, se estiró y sacó pecho mientras sonreía y lanzaba dagas con sus ojos.

-Vamos –me dijo prácticamente arrastrándome hacia ellos.

Tan pronto llegamos allí, la mujer desapareció. Abracé a Edward deseando sentirme segura.

-No quiero que me busques una monitora, prefiero no esquiar.

-¿Celosa? –preguntó bromeando.

Reí de forma traviesa.

-No, pero prefiero un monitor, ¿qué tal aquel? –señalé a uno en cuestión que podría hacerle la competencia a Emmett en lo referente a la altura. ¿Edward acababa de gruñir?

-No hace falta que esquies, haremos otra cosa –me prometió.

Sonreí.

Aquella misma noche, reunidos en nuestra sala de estar después de haber tenido una agradable cena familiar, nuestra conversación fue interrumpida cuando Rosalie entró con una radiante sonrisa.

-Flasa alarma –dijo Rosalie sonriendo mientras nos atropellaba a Alice y a mí en un abrazo.

-¿Falsa alarma? –preguntaron Alice y Edward.

-¿Estás segura? –pregunté.

-¿Falsa alarma de qué? –inquirió Jasper curioso.

-Completamente segura, si sabes a qué me refiero –contestó Rosalie-. ¡No puedo creer que haya empezado a ser irregular ahora!

Edward frunció el ceño.

-¿Estáis hablando de lo que creo? –preguntó mirándome-. ¿Por eso estabas distraída?

-Bueno, yo…

-¿Alguien quiere contármelo? –intervino Emmett-. Rosalie, cariño, ¿qué pasa?

-Espera, ¿no se lo contaste a Edward? –Alice sonrió.

-No, no me contó nada –protestó Edward mirando a Jasper-. Tú sí lo sabías ¿verdad?

-Bueno, no era mi secreto para contarlo –me defendí.

Alice rodó los ojos.

-Tienes mucho que aprender, pequeña saltamontes –bromeó Alice-. Los chicos de la familia Cullen se sienten molestos si los mantenemos a oscuras.

-¿Estás enfadado porque no te lo conté? –pregunté mirando a Edward.

Él me abrazó.

-No. Estoy orgulloso por no contármelo… -le miré extrañada-… Bueno, no era tu secreto ¿verdad?

Reí suavemente cuando me besó en la frente.

-¿Qué diablos está pasando? –preguntó Emmett empezando a enfadarse tanto porque no se enteraba de nada como por que le estábamos ignorando desde hacía un rato.

Rosalie rodó los ojos y se acercó hasta él dándole un inocente beso en la mejilla.

-Nada, Emmett –le dijo con una media sonrisa-. Sólo creí por unos instantes que estaba embarazada… Lamento haber estado tan irritable los últimos días.

-¿Embarazada? –preguntó Emmett tragando saliva.

-Sí, pero era una falsa alarma –dijo Rosalie.

-Embarazada… -susurró esta vez Emmett.

-Sí, pero ya no tienes que preocuparte y…

-Chicos… -Emmett miró a Jasper y Edward-… ayudadme a sentarme… Creo que me estoy mareando.

Mientras Edward y jasper ayudaban a Emmett a sentarse en uno de los sofás de la salaa, tuve que acompañar a Alice y Rosalie en en sus risas. No todos los días se podía ver a alguien tan grande como Emmett hiperventilando.


La miré sonriendo mientras la veía ir y venir patinando sobre el hielo. Aquel pequeño lago resultaba perfecto. Cuando le había preguntado aquella mañana durante el desayuno a Carlisle si conocía algún lugar seguro para Bella, él había reído y en voz baja me había sugerido que patinar sobre hielo podía no ser tan peligroso como esquiar. Había tenido razón. Bella poseía una gracia innata sobre el hielo. El equilibrio era perfecto, sus mejillas estaban completamente sonrojadas por el frío y la sonrisa no se había borrado de su rostro desde que la había conducido hasta uno de los lagos en la parte trasera del recinto, a unos trescientos metros de los límites del bosque que rodeaba el edificio. La vi dar una vuelta con elegancia, los patines deslizándose sobre la superficie plana, el cabello revuelto y un chillido de alegría al estar a punto de caerse y lograr estabilizarse en el último minuto. Con la sonrisa todavía en el rostro volvió hacia los límites del lago donde la recogí con los brazos abiertos. Permanecimos abrazados unos segundos en silencio, disfrutando simplemente el uno del otro… Era curioso como había parejas que sentían la necesidad de llenar el silencio y sin embargo, nosotros, podíamos estar durante horas callados sin necesidad de decirnos nada. Era curioso y agradable.

-Esa última vuelta estuvo a punto de terminar contigo –le dije bromeando. Ella arrugó su preciosa naricita.

-Lo sé –sonrió radiante-, pero no me caí –añadió de forma dulce y orgullosa.

-No, no lo hiciste –reprimí una sonrisa y la besé levemente en los labios-. ¿Sabes en qué he estado pensando?

-¿En que ha sido mala idea traerme a esquiar si valoras mi vida? –preguntó burlona.

-No… ¿Te das cuenta de que esta es nuestra primera cita de verdad? –me miró con los ojos abiertos y sonreí-. Bueno, técnicamente es la primera cita que tenemos a solas desde que empezamos a salir…

-Es cierto… -corroboró mientras se abrazaba más fuerte a mí-. ¿Qué hora es?

-Hora de volver –suspiré al escuchar su gemido de protesta-. Lo sé, pero Carlisle y Esme nos esperan para comer... además estoy seguro de que Alice quiere ir de compras para esta noche. Ella frunció el ceño -¿Qué?

-Nada, sólo que no entiendo por qué tengo que comprarme algo nuevo sólo porque sea Nochebuena –contestó-. ¿Tenemos que regresar ya?

Reí suavemente.

-No, podemos quedarnos un rato más.

-Bien… me gusta estar así…

A mí también me gustaba estar así. Sólo con ella. Era como si todos los problemas desapareciesen, como si nada existiera… No había carreras de coches, ni existía Fuego Eterno; James y Victoria y Tanya y Lauren y Jane… todos desaparecían… El dolor de la muerte de Scott era más débil y superficial cuando Bella estaba conmido y el recuerdo de lo que me había convertido en un monstruo, ese oscuro secreto que esperaba no tener que desvelar nunca… parecía un pequeño grano de arena en una playa desierta cuando Bella estaba a mi lado abrazándome de aquel modo.

-¿Edward? –su voz sonó amortiguada por mi camisa pero sonreí y susurré un leve "¿sí?" que hizo que ella siguiese hablando-. Me gusta tener citas contigo –reí.

-A mí también me gusta –admití.

-Entonces, ¿vamos a tener más de estas cuando regresemos a Forks? –preguntó.

Reí en voz baja mientras le acariciaba la espalda.

-Te lo prometo –la separé de mí unos centímetros y la besé suavemente en los labios-. Será mejor que nos vayamos antes de que Alice envíe una partida de búsqueda –reí.

Bella abrió la boca para protestar pero lo que fuera a decir quedó ahogado por un grito que resonó bastante cerca del lugar donde nos encontrábamos.

-¡Bella, compras, ahora! –Bella y yo nos reímos mientras nos mirábamos-. ¿Dónde diablos estáis?


Me tumbé en la cama en cuanto Edward cerró la puerta de la habitación detrás de él. Habíamos dejado a Alice y Jasper en la sala de estar descalzos, bailando algo que sonaba a música lenta mientras se movían con elegancia por toda la habitación. Resoplé mientras cerraba los ojos, consciente de que tenía que moverme para cambiarme de ropa y ponerme el pijama.

-¿Estás bien? –aún sin verle sabía que Edward estaba riéndose de mí.

-No lo sé… -refunfuñé-. Creo que estoy tan llena que me parece que si doy un solo paso, vomitaré –confesé. Él se rió más fuerte-. Hablo en serio… ¿en tu familia no saben lo que es comer con moderación?

-No tenías por qué comerte todo lo que Esme te ha puesto en el plato –me dijo como si le estuviese hablando a un niño pequeño. Arrugé la frente-. ¿Qué? El hecho de que hayamos comido en su suite en lugar de en el comedor no significa que tuvieras que comer todo lo qu…

-No quería herir sus sentimientos –confesé interrumpiéndole. Edward enarcó ambas cejas-. Es que parecía estar tan contenta de que estuviese con vosotros que… -me encogí de hombros con un sencillo gesto-. No quería que pensara que no estoy contenta de estar aquí con vosotros…

Edward sonrió. Noté como la cama temblaba ligeramente y luego sentí el peso de él hundiendo el colchón a mi lado. Una mano fría levantó la camisa que llevaba y se quedó quieta sobre mi estómago. Suspiré de placer ante el contacto frío con mi piel caliente… el dolor parecía disolverse.

-Gracias –murmuré abriendo los ojos y mirándole.

-Un placer –su mano empezó a acariciarme la piel-. Siento tener las manos tan frías –se disculpó.

-No, me gusta –me encogí de hombros.

-¿Te gusta tener que temblar cuando te toco porque siempre tengo la piel helada? –preguntó burlón.

-Edward, cuando me tocas, no tiemblo porque tenga frío –le dije sinceramente. Sentí que mis mejillas se ruborizaban ante mi confesión pero no me disulpé ni tampoco aparté la mirada cuando Edward me miró sonriendo y tampoco me aparté cuando él me besó.

-Gracias –susurró después de separarse de mí-. Es lo mejor que he escuchado en mucho tiempo –me besó de nuevo.

Debí de hacer una mueca de incomodidad porque frunció el ceño y me miró.

-¿Estás bien? Podemos llamar a Carlisle si te sigue doliendo el estómago… Estoy seguro de que puede darte algo y…

-No, estoy bien. El estómago parece estar haciendo espacio para acumular todo lo que he comido –sonreí y me devolvió la sonrisa.

-Entonces ¿qué pasa? –me acarició la frente fruncida-. Pareces incómoda…

-Me duelen los pies –dije de repente. Edward se rió-. ¿Qué?

-Nada… no sé si alguna vez terminaré acostumbrándome a tus repentinos cambios de tema –dijo aún riendo. Se incorporó sobre sus codos y miró hacia los pies de la cama haciendo una mueca-. ¿Cómo diablos te convenció Alice de que te pusieras esos tacones?

-En realidad fue Rosalie –él me miró sin creerlo-. En serio. Me dijo que con unos tacones altos mis piernas parecerían más largas y mi trasero… -me callé al darme cuenta de lo que estaba diciendo. Demasiado tarde; mi sonrisa inocente no le engañó.

-¿Tu trasero que? –preguntó con una expresión de completa y real curiosidad.

-Dijo que mi trasero se vería mucho mejor.

-¿Cómo pueden unos tacones hacer que tu trasero se vea mejor? –preguntó incrédulo.

-No lo sé… Dijo algo sobre que estilizaban las piernas o algo así… -suspiré-. Si fuese capaz de moverme me los quitaría.

-¿Por qué no los sacudes de los pies y ya está?

-Llevan correa –le dije mientras levantaba uno de los pies y lo movía en el aire para que lo viera-. ¿Ves? Están sujetos al tobillo así que no puedo sacudirlos y ya está –dije ligeramente enfadada-. Juro que Rosalie no va a volver a acercarse a mí con unos tacones.

Volví a cerrar los ojos y sentí el cuerpo de Edward moviéndose y alejarse de mí. De repente mis piernas se elevaron en el aire y volvieron a caer con suavidad. Sonreí y abrí los ojos. Edward tenía mis pies y parte de mis piernas sobre su regazo y estudiaba con gran concentración las diminutas hebillas de los zapatos.

-No dejes que Alice… -me quitó uno de los zapatos y suspiré de placer mientras él sonreía y lo dejaba en el suelo-… te escuche decir eso… -repitió el mismo gesto con el otro pie-… o será ella quien se acerque a ti con los tacones… -terminó su oración mientras empezaba a masajear ligeramente mis tobillos y luego mis pies que ya habían empezado a palpitar por el dolor-. ¿Se siente bien?

-Oh, sí, ya lo creo… -musité-… Esto tiene que ser mejor que el sexo… -las manos de Edward se tensaron en mis pies y abrí los ojos para mirarle-… Bueno, quiero decir… soy virg… es decir, yo nunca he… pero esto se siente bien y…no quiero decir que tener sexo no vaya a hacer que me sienta bien pero ahora mismo no puedo comparar el sexo porque no…

-Está bien Bella, lo he entendido –me aseguró sonriendo ligeramente-. Sólo me has dejado un poco fuera de combate cuando has dicho "sexo"…

-¿Te importa mucho?

Edward dejó mis pies y se giró para mirarme.

-Si me importa ¿qué? –preguntó sin estar seguro de que quisiera saber la respuesta.

-Sexo. O más bien la falta de sexo entre nosotros –vi como me miraba-. Es decir, sé que nunca hemos hablado de esto y sé que no eres virgen pero yo no… no estoy segura de si estoy preparada y… -respiré profundamente dándome ánimos a mí misma mentalmente, ya que había empezado tenía que terminar-… Sólo quiero saber si está bien para ti que esperemos un poco… No me gustaría que te enfadaras o algo así por…

-Bella… a veces puedes llegar a ser tan encantadoramente tonta… -parecía que hablaba para él mismo-. Dame las manos –cuando estiré mis brazos hacia él, Edward me ayudó a levantarme y me acercó hasta su lado hasta que nuestras caderas se tocaban. Miré hacia abajo donde mis pies colgaban en el borde de la cama y esperé a que él hablara. De repente, tan cerca de él, no me sentía tan segura para hablar de sexo-. Bella, mírame… -lo hice y sus ojos estaban tan verdes como el día en que había dicho que quería hablar con Charlie acerca de nosotros dos, determinados y decididos-… Sé que eres virgen –empezó a decir con cuidado calculando cada reacción que yo tenía ante sus palabras-. El sexo no es ningún problema ¿de acuerdo? Por supuesto que me encantaría llegar a tener relaciones más… íntimas contigo… es decir, tienes un cuerpo hecho para el pecado –dijo con voz ronca haciéndome ruborizar-, pero no es eso por lo que estoy contigo y no es eso por lo que te quiero… Puedo esperar hasta que estés preparada. No voy a presionarte ni a obligarte a hacer nada que no quieras, será cuando tú quieras y cuando te sientas completamente segura ¿de acuerdo? –asentí -. Bien –me atrajo hacia él y me besó en la frente-. Aunque cuando estés segura de ello tendrás que darme alguna pista, no puedo leer tu mente –bromeó aligerando la tensión que parecía haberse creado a nuestro alrededor.

Escuché la risita de Alice al otro lado de la puerta diciendo "me encanta Jasper, gracias, gracias, gracias" de forma repetitiva. Miré el reloj. Ya pasaba de medianoche, era Navidad. Sonreí y miré a Edward.

-Tengo un regalo para ti –dije estirándome en la cama y abriendo la mesita de noche donde había guardado el paquete envuelto para Edward. Con una sonrisa satisfecha volví a su lado y se lo di-. No sé si te gustará pero lo vi y pensé en ti y entonces…

-Está bien Bella –me tranquilizó con una media sonrisa-. Esto es tuyo –me entregó un sobre cerrado y le miré-. ¿Qué? Tú puedes hacer regalos pero los demás a ti no ¿es eso?

-No, no es eso… Es que conociéndote eres capaz de haberme comprado un coche y haber metido la foto dentro –le dije con el mismo tono de burla que había empleado él. Edward se rió-. Dime que no me has comprado un coche.

-No te he comprado un coche –recitó él como un niño bueno-. Eso lo reservo para el aniversario de los dos años –bromeó. Le golpeé en el hombro y me hice daño-. Auhhh –se quejó fingidamente.

-Idiota –le sonreí y dejé que me besará-. Abre el tuyo primero –le incité.

Vi como desenvolvía el paquete con tranquilidad y elegancia y sentí una punzada de miedo… ¿y si no le gustaba? En cuanto abrió la caja blanca y negra y comprobó su interior, una mezcla de incredulidad y asombro se extendió en sus ojos segundos antes de que una enorme sonrisa se dibujara en su rostro.

Cuando sacó el reloj de oro con correa de cuero y miró las manecidllas en forma de claves de sol no pudo evitar sonreír.

-¿Te gusta?

-Bella… esto es… -me sonrió-… te habrá costado una pequeña fortuna…

Me encogí de hombros sin amentar el hecho de haber intercambiado un par de libros antiguos, ediciones limitadas, para conseguir el dinero.

-No ha sido tanto, me hicieron un buen precio… -miré su expresión-. Entonces, ¿te gusta? –pregunté con miedo a que su reacción fuera fingida.

-¿Qué si me gusta? –por toda respuesta Edward empezó a besarme de forma repetitiva y a darme las gracias entre beso y beso. Cuando se separó de mí se puso el reloj en la muñeca izquierda y me sonrió. Se inclinó hacia mí y me besó una vez más, más calmado-. Me encanta, gracias Bella. Es tu turno –me dijo mirando el paquete que tenía en las manos-. Ábrelo.

Abrí el sobre y saqué una hoja de papel doblada pulcramente. Mis ojos se abrieron a medida que leía más. Finalmente alcé mis ojos a Edward.

-¿Una suscripción a una librería? –pregunté-. ¿Me has comprado una suscripción a una librería?

-Puedes tomar cada mes todos los libros que quieras siempre que no superen el valor de doscientos cincuenta dólares en su total –afirmó con la cabeza-, sólo tienes que dar tu código –lo señaló en el papel y me sonrió-, y te entregarán los libros en tu casa con comodidad. Sin pagar nada.

-¿Sin pagar nada?

-Son suscripciones de tres años –me informó entonces-. Tienes los próximos tres años pagados, entonces ya veremos que hacemos…

-¿Tres… -carraspeé-… tres años?

-Sí… ¿no te gusta? –frunció el ceño, una sombra de tristeza cruzando por sus ojos-. Bueno, siempre podemos cambiarlo, pero supuse que…

-No, no, no es eso Edward –le interrumpí colocando mi mano en sus labios para que dejara de hablar-…Es sólo que… el modo en que lo has dicho… -sonreí e intenté bromear para aligerar el ambiente-. ¿Te das cuenta de que has dado a entender que dentro de tres años aún seguiremos juntos?

Edward resopló y antes de que me diera cuenta me había levantado del colchón y me había sentado en su regazo, a horcajadas, y sus ojos verdes estaban fijos en los míos.

-Por supuesto que me doy cuenta. Y cuando pasen estos tres años volveré a hacer otra suscripción, y cuando pasen esos tres años haré otra y eso será durante mucho tiempo… -me besó suavemente en la frente-… Bella… no voy a dejar que te marches de mi lado… Creo que no podría vivir sin ti en mi vida ahora que sé que existes…

-Edward… -susurré.

-Espera, tengo que darte la segunda parte de mi regalo –hice una mueca desagradable y él sonrió-. No, tranquila, no me he gastado ni un céntimo en esto… Es sólo… es algo que tengo que decirte antes de que explote y me llame idiota a mí mismo –le miré extrañada sin saber a qué se refería exactamente. Respiró profundamente-. Allá va… Bella, te quiero.

Debí de quedarme unos minutos en silencio, completamente schockeada porque Edward me miró arrpentido y empezó a hablar mirándome constantemente como si quisiera asegurarse de algún modo de que yo estaba bien y que le estaba entendiendo.

-Sé que quizá es pronto pero yo… no espero que me correspondas también pero yo tenía que…

Lo callé de la única forma en la que sabía que en aquellos momentos iba a hacer caso: le besé. Sentada en su regazo, mis manos sobre sus hombros, sus manos en mi cintura, sus ojos verdes fijos en mí, su piel perfecta, sus labios moviéndose… le besé. Dulce y suavemente, largamente, disfrutando del sabor de sus labios, disfrutando de los gemidos que ambos nos dedicábamos, disfrutando de su cercanía, del calor de su cuerpo y del modo en que sus manos acariciaban mi cintura y mi espalda delicadamente, como si temiese que fuese a romperme de un momento a otro. Nos separamos de forma lenta, tranquilo, de un modo tranquilo, nada que ver con el modo en que nuestro beso se había iniciado.

-Yo también te quiero… -susurré.

-Bella –le miré-. Feliz Navidad.

-Feliz Navidad –le besé.

Su sonrisa no pudo ser más satisfecha y agradecida de lo que lo fue en aquel momento.


Bueno, pues eso es todo por hoy!!

Que tal? Os ha gustado? Espero vuestros comentarios y recordad que cuantos más reciba, antes subiré el siguiente capítulo. Os pido una vez más un poquito de paciencia en lo que respecta la subida de capítulos porque os aseguro que hago todo lo que puedo pero el día solo tiene 24 horas y aunque adoro escribir y recibir vuestros reviews, tengo otras prioridades en estos momentos, así que un poquito de paciencia, chicos y chicas :D

Espero leeros pronto, un besito, sed felices!!