Vivi en ¡¡¡WTF!!!

¿Cuántas ganas tienes de cruzar?

-Hajimemashite- dijo una voz saliendo de la oscuridad-. Yo me llamo Margareth. ¿Sabes que eres muy guapa? Si, eres muy guapa.

El saludo, que surgió de los labios de la muchacha de la puerta, o de la propia puerta que puede ser una muchacha, cogió por sorpresa a Vivi provocándole que diera un pequeño gritito de puro susto, ya que aquella muchacha tenía los ojos cerrados. Bueno, los tenía cerrados. Hasta ahora que los había abierto.

-Ohayougozaimasu- respondió Vivi aunque con algo de dudas-. Domou Arigatou. ¿O ya es por la tarde?

La muchacha de la puerta simplemente sonreía a Vivi como si no supiera si debía de contestarle o porque no sabía la respuesta a su pregunta. Por supuesto que no podía saber la respuesta a su pregunta. Sobre sus cabezas no se encontraba la boca de ningún otro agujero, algo que, por las dudas, Vivi comprobó al instante de pensarlo. Obteniendo lo esperado. Completa y negra oscuridad.

-Aunque estuve cayendo por ese agujero durante un buen rato, no creo que ya se haya hecho tan tarde- dijo Vivi, casi más para si misma que para la muchacha de la puerta-. Pero como hoy me encontraba bastante cansada no creo que pueda ser una fuente fiable.

-¿Eres una fuente?- le preguntó confusa la muchacha de la puerta- ¿Y por dónde brota el agua?, porque es agua lo que brota de ti, ¿verdad? nunca antes había conocido a una fuente pero- la muchacha seguía hablando sin parar y sin apartar la vista de Vivi, a la que no dejaba de examinar con intensas y escrutiñadoras miradas-, a pesar de ello, me pareces una fuente algo extraña. ¿Cómo o por qué es que una fuente puede moverse?

Vivi, algo confusa por haber sido confundida por una puerta de ser una fuente, no se paró a pensar que ella, en realidad, no era una fuente si no una muchacha pero, al ver como una puerta también resultaba ser una muchacha, ¿por qué ella no podía ser una fuente sin saberlo?

¿Por qué podría moverse una fuente?

-La verdad es que las fuentes que no pueden moverse están siendo llevadas a cursos de orientación para que puedan ser capaces de caminar porque, tras varias sesiones de consulta, quedó claro que la gente no siempre tienen sed cuando llegan a los parques en donde se encuentran las fuentes. Por eso mismo decidieron que fueran las fuentes quienes salieran en busca de las personas sedientas que dejarlas plantadas esperando por ellas.

Una vez Vivi había terminado de dar su explicación no pudo evitar preguntarse de dónde había salido semejante respuesta. Era absurdo porque las fuentes no podían moverse pero, al ser confundida con una, le pareció una idea excelente. No había que decir que ella había sufrido mucho por la sed y le habría venido muy bien unas de estas fuentes móviles.

-¿Y por dónde te brota el agua?- le preguntó nuevamente la puerta de cabellos rubios alzando su mano derecha hacia los pechos de Vivi-. ¿Hay qué pulsar aquí para que salga el líquido?

-¡Oye!- se quejó Vivi retrocediendo cuando la puerta le había apretado su pecho izquierdo. Aunque, por lo menos, no lo había hecho con fuerza si no que, en su lugar, realizó un gesto muy suave y tierno. Aunque no quitaba el que le hubiera tocado, cogido, del pecho sin permiso-. Ahí no es- le dijo aunque, en verdad, pretendía decirle que no había ningún botón para hacer que ella brotase agua pero, por alguna razón, no se lo llegó a decir.

-No salió nada- anunció la puerta como si no hubiera escuchado las palabras de Vivi-. ¿Estás rota o algo parecido?

Bueno, por lo menos ahora tengo una excusa para no poder echar agua- se dijo Vivi muy convencida de su buena fortuna.

-Es cierto, estoy averiada y no puedo darte de beber, gomennasai- nunca antes Vivi se había disculpado ante una puerta. Bueno, en verdad si lo había hecho pero era porque la persona con la que se estaba disculpando se encontraba al otro lado de la puerta. Nunca en la propia puerta.

-Deberías ir a que te arreglen- le recomendó la puerta-. Yo, no hace mucho, me encontraba toda maltrecha, con la pintura levantada y llena de cortes y agujeros. Pero vino una leñadora y me arregló- la puerta abrió los brazos mostrándose en todo su esplendor para que Vivi admirase el trabajo bien hecho.

A pesar de lo extraño de aquellas palabras, antes de que Vivi pudiera decir algo al respecto, dedicó un momento para observar con detenimiento a la puerta, o sea, a la muchacha que era la puerta. Aunque de seguir tratando de pensar en la cuestión de si era una puerta con una muchacha en ella o, si en cambio, era una muchacha colocada en la puerta, Vivi estaba segura de que la cabeza se le empezaría a hinchar de tanta concentración. Por ello decidió centrar su atención en la muchacha. Su cabello era corto que rodeaba su rostro ligeramente por debajo de la mandíbula mientras que su flequillo estaba cortado justo a la altura de sus cejas. Era liso y, a pesar de ello, se le denotaba un algo de libertad aunque llevase una cofia de color blanco. Vestía un uniforme de maid clásico, pero de color rojizo, que le llegaba justo a la altura de sus muslos, lo suficiente para cubrir su zona íntima. Unas largas medias, de color blanco, no llegaban, por muy poco, hasta la falda, siendo sujetadas por unas ligas del mismo color rojizo del uniforme. El uniforme llevaba, por encima, un delantal de un blanco inmaculado sobre el que había un corsé negro que le levantaba sus pechos. El uniforme era de escote palabra de honor dejando sus hombros al descubierto. En los bordes se encontraban unas tiras de encaje blanco mientras que, justo entre sus pechos, llevaba un lazo blanco. Como sus pies se encontraban dentro de la puerta le era imposible saber el tipo de calzado que llevaría puesto.

-¿Una leñadora?- repitió Vivi confundida-. ¿No sería una carpintera?

La puerta puso una cara de pánico ante las palabras de Vivi y empezó a negar con la cabeza mientras se cubría el rostro con las manos. A la peliazul se le encogió el corazón al escuchar como empezaba a sollozar. Y por culpa de sus palabras.

-Gomennasi, no quería hacerla llorar, sumimasen, no llore más por culpa mía. No sabía que la asustaba tanto las carpinteras- Vivi no sabía qué hacer pues la muchacha se encontraba a cierta altura y, de esta manera, no podía consolarla como es debido. Aunque ella no le debiera nada si no que era al contrario pues era Vivi quien le debía más que unas simples palabras de disculpa. Por ello se quedó ante la puerta con las manos juntas sobre su pecho como si estuviera rezando porque se pudiera calmar la angustia que había en el pecho de la puerta.

-Claro que me asustan- dijo la puerta mientras trataba de calmarse y se enjugaba las lágrimas que brotaban de sus ojos castaños y que habían recorrido el rostro de la muchacha por sus mejillas. Unas mejillas que, por cierto, se encontraban levemente ruborizadas, lo suficiente para ser notadas, otorgándole un aspecto de lo más tierna. Y, a pesar de todo, Vivi no pudo evitar el pensar que se veía adorable… y sensual.

Seguramente es por culpa de añadir el uniforme de sexy maid al conjunto de una chica preciosa.

-Gomen pero, discúlpame que te lo tenga que preguntar pero… no, mejor te hago otra pregunta.

-Pero si no me hiciste ninguna- le recordó la puerta.

-No, si, tienes razón pero es que la pregunta que te quería decir era que si quienes fabrican las puertas no son las carpinteras y claro, pensé que te molestarías con…

Y tal y como Vivi había supuesto, la puerta volvió a cubrirse el rostro asustada al ser nombradas de nueva las carpinteras. Por lo menos, esta vez, sólo temblaba de miedo y conseguía mantenerse, algo más serena, sin llorar.

-Gomennasai, se me escapó sin querer porque he abierto demasiado la boca.

-Pues deberías tener más cuidado con lo que metes dentro de tu boca para evitar que luego salga cuando no debe- le recordó la puerta algo más tranquila, aunque le temblaba el labio inferior que tuvo que morderse para detenerlo-. Te explicaré, y mejor estate atenta porque no pienso repetirlo, por qué me dan miedo las carp… bueno, lo que tú dijiste con tanta desconsideración hacia mí.

-Gomennasai, Doaga-ru-san.

-Debes saber que ellas, siempre que nos ven a nosotras- Vivi suponía que ese ellas se refería a las carpinteras y el nosotras era para las puertas-, no hacen más que venir y golpearnos y golpearnos hasta que nos dejan marcas por todas partes. Destrozando, de esta manera, tanto nuestra buena presencia como a nosotras mismas. Son unos animales de lo más peligrosas para nosotras.

Aquello, a pesar de todo, sorprendió a Vivi por lo que no pudo evitar una pequeña, casi insignificante, pregunta.

-¿Animales?

Margareth miró para Vivi como si la viera por primera vez. Su cara de sorpresa, atónita, no hacía si no que la peliazul se ruborizase de vergüenza por haber hecho una pregunta semejante, por muy pequeña, casi insignificante, que fuera y que le había salido, una vez más, sin poder evitarlo.

Pues ya eres mayorcita para empezar a controlar lo que pasa en tu boca, Vivi- se amonestó a si misma pues lo prefería a que fuera Margareth quien lo hiciera. El tono que usaba la puerta era mucho más reprendiente que el suyo propio; y tampoco era para fustigarse demasiado por una pequeña pregunta, casi insignificante.

-Claro que animales- le dijo, finalmente, Margareth controlando su tono para que no sonase que la estuviera reprendiendo-. En concreto son unos pájaros que no hacen si no estar todo el tiempo dañando todo lo que encuentran construido de madera. Podían ir contra los árboles pero prefieren la madera manufacturada. Y, aunque llevo ya mucho tiempo aquí dentro, aún me asusto al recordarlas.

Vivi, realmente, no sabía lo que decir pues, en vez de estar hablando de carpinteras, como ella suponía que eran las que construían todo tipo de objetos usando la madera como materia prima. Lo que, en opinión de Vivi debe de tratarse de una empresa familiar por usar a primas en ella en vez de a cualquier otras personas. No pudo evitar preguntarse si también participaban más miembros de la familia o únicamente las primas. Claro que, al final, se refería a pájaras carpinteras.

-Seguro que son unas verdaderas pájaras- dijo Vivi riéndose de su propia broma hasta que, el rostro serio, y confundido de Margareth, que la estaba mirando muy fijamente, logró hacerla callar. Junto a un nuevo rubor en sus mejillas-. Gomennasai.

Tras la, nueva, disculpa por parte de Vivi se quedaron en silencio porque ella no se atrevía a decir nada, por miedo a quedar nuevamente en ridículo, aumentando el grado de su rubor, y Margareth parecía estar bastante inmersa en sus propios, e íntimos, pensamientos. A pesar de que Vivi pensaba que todo lo íntimo debería ser compartido únicamente por propio deseo de la persona y nunca como una imposición desde el exterior, el silencio que había en el fondo del agujero en el que se encontraban le decía que, por esta vez, no le importaría ser algo maleducada y preguntar en qué está pensando. Pero sólo porque no le gustaba el grave silencio que se había formado.

No es que sea una cotilla que le guste saber todo sobre alguien.

Pero, antes de que Vivi pudiera decir una sola palabra, Margareth se le adelantó. Y si unos segundos antes Vivi deseaba romper el silencio que se había formado, luego de las palabras de Margareth, desearía que nunca hubiera sido roto.

-Creo que lo que necesitas es que alguien te desatasque las cañerías, Vivi-chan.

-¡¿Nanii?!

El rostro de Vivi estaba completamente rojo por lo que significaban aquellas palabras, a pesar de ser utilizadas a causa de haberle dicho que era una fuente. Esto indica, claramente, que siempre se cosecha lo que uno siembra.

-Seguro que si alguien te desatasque las cañerías ya no tendrías ningún problema para brotar agua nuevamente y aplacar la sed de los sedientos, Vivi-chan- los ojos de Margareth se entornaron mientras recorrían el cuerpo de Vivi-. Si así lo quieres, yo misma podría echarles un vistazo. Debes saber que soy muy buena con mis manos.

Era una suerte que no se pudiera ver muy bien en este lugar, a pesar de la luz que las rodeaba, y de que era, físicamente imposible, ponerse más ruborizada de lo que ya lo estaba. Mucha suerte pero, a pesar de ella, aún se encontraba aquí atrapada, en el fondo de un agujero.

Ni siquiera creo que sea la madriguera de la conejita a la que seguí pero, ni idea de dónde se metió o de cómo podré hacer para salir de aquí.

-Arigatou, Doaga-ru-san, pero sólo se me está permitido el dejar que me arreglen los servicios técnicos especializados- realmente Vivi esperaba que con esto se arreglase todo el asunto de sus cañerías. Que, era cierto, que no le importaría que se las desatascasen pero, ni era el momento, ni el lugar y, sobre todo, la persona que debería hacerlo. Tal y como había dicho. Lo malo era que no estaba muy segura de quién era esa persona-. Pero, si quieres ayudarme, ¿podrías decirme como puedo salir de aquí?

Margareth no pudo evitar el reírse ante aquella pregunta, y lo hizo en un tono de condescendencia que hizo mella en Vivi como si fuera una niña de cinco años, como mucho.

-Eso es muy sencillo, Vivi-chan- Margareth abrió los brazos mostrándose en todo su esplendor-. Sólo debes cruzar la puerta.

La verdad era que si se trataba de algo muy sencillo. ¿Cómo salir de un lugar en donde únicamente no hay nada salvo una puerta? Suerte que Vivi ya se encontraba lo suficientemente avergonzada para no necesitar el ruborizarse más. Aunque, con miedo a parecer baka, una vez más, a Vivi se le antojaba algo difícil de hacer, el cruzar la puerta, al no ver con qué hacerlo. Era una simple puerta, con una chica, pero nada más. No había ningún pomo por ninguna parte.

-Pero cómo hacerlo si no veo ningún pomo que usar para ello- le dijo Vivi todo lo sentida que podía mostrarse.

-Oh, pero si que hay pomos, Vivi-chan- le dijo Margareth mientras se cogía de sus pechos-. Estos son.

-¿Esos son?- preguntó incrédula Vivi.

-Así es, Vivi-chan- Margareth seguía tocándose los pechos como si tal cosa-. Estos son.

Vivi no estaba muy segura de si podía hacer lo que tenía que hacer para poder salir de allí pero, con un vistazo a su alrededor, que le mostró, únicamente, una impenetrable oscuridad, le dejó muy claro que no tenía otra salida que el de usar a Margareth. Bueno, que debía usar la puerta… o sea, a Margareth…

-Lo mejor es que dejes de darle vueltas y lo hagas de una vez- se dijo Vivi para tratar de infundarse el valor para cogerle de los pomos a la puerta que, traducido, venía siendo algo así como cogerle de los pechos a Margareth-. Si, lo mejor es que dejes de pensar en todo eso y hacerlo.

A pesar del valor que consiguió Vivi para cometer semejante acción, no le ayudaba para poder concentrarse, para nada, el que Margareth la estuviera mirando tan fijamente, tanto a ella como a sus manos que se acercaban, temblorosas, a los pechos de la puerta. La verdad era que salvo sus propios pechos, nunca había tocado los pechos de ninguna otra onna, claro que esto era sin contar las veces en que hubo roces durante juegos o prácticas. Los deportes de contacto eran lo que tenían, aunque a Vivi no se le daban especialmente bien, por lo que, ¿por qué seguía yendo a ellos? La verdad era que en judo se pasaba la mayor parte del tiempo en el suelo bajo la llave de su contrincante, con sus cuerpos en contacto y sus manos entrelazándose por su cuerpo, llegando a tocar en lugares en que nadie la había tocado. Apretándose y revolcándose por el suelo mientras sus respiraciones se hacían cada vez más y más fogosas y pesadas. Sus voces emitían gritos con cada nuevo movimiento, cada nuevo contacto. Sonidos que, sin lugar a dudas, eran… ¿gemidos?

Aquel sonido despertó a Vivi de su ensoñación para encontrarse con una imagen inesperada, por lo descubierto que se encontraba. Digamos que, a flor de piel. Sus manos seguían agarradas a los pechos de Margareth pero, en estos momentos, dichos pechos se encontraban expuestos a los ojos de ambas muchachas, aunque sólo Vivi miraba para ellos ya que Margareth tenía los ojos cerrados con un gesto en su cara que revelaba, ¿dolor?

-Gomennasai- se disculpó, y ya iban, Vivi soltando los pechos de Margareth como si le quemasen las manos. En algún momento le había bajado el escote hasta haberlos expuesto y, tal y como le había dicho Margareth, había tratado de abrir la puerta usando los pomos o, por lo menos, en un principio porque, por los gemidos de Margareth y sus mejillas sonrosadas, estaba más que claro que estaba haciéndola gozar y a si misma al tiempo-. No pretendía hacer esto… yo… sólo quería abrir la puerta y… bueno, traté y traté pero… ¿por qué no he podido abrirla?

-Verás es que- Margareth trataba de recuperar el aliento, normalizar su respiración agitada-, se me olvidó decirte, estoy cerrada con llave.

Por supuesto que esto fue un shock para Vivi. Le había estado tocando los pechos a… una puerta para que, al final, no sirviera de nada, salvo poner cachonda a Margareth. Claro que, con esta sentencia, daba lugar a una nueva pregunta.

-¿Qué cerradura?

Y Vivi se lamentó, a medias porque en verdad debía salir de este lugar, de haber hecho semejante pregunta sin haberse puesto a cubierto. De ahí que sus ojos fueran directos a donde Margareth les llevó.

-¡¡Aquí está!!

El anuncio de Margareth vino acompañado por el levantamiento de la falda que dejó a la vista de Vivi unas bragas cerradas con llave. Lo que más sorprendía, y llamaba la atención de la peliazul, era que se trataban, a simple vista y al tacto, de unas simples bragas blancas; salvo por tener el ojo de una cerradura justo en donde…

¡¿No me digas que la cerradura está por encima de su sexo?!

-¿Me permites, Doaga-ru-san?

Margareth asintió mientras miraba como Vivi le agarraba de las bragas y trataba de quitárselas pero, por mucho que tirase y tirase, no lograba separar lo más mínimo aquella tela del cuerpo de la muchacha. Sorprendida por este hecho, Vivi se acercó al ojo de la cerradura y trató haber si podía ver lo que ocultaba al otro lado. En un principio sólo veía la misma oscuridad que había en el fondo del agujero en el que se encontraba. Pensando que podía haber algo obturando la cerradura le dio un fuerte soplido que, si no hubiera sido porque Margareth se mordió un dedo, habría logrado arrancarle un fuerte gemido. Aunque lo que si logró fue que una fuerte luz saliera del cuerpo de Margareth, no sólo del ojo de la cerradura si no que, también, de su boca, de su escote, de sus ojos y del resto de su cuerpo. Ahora si que el lugar se encontraba iluminado, por lo menos durante unos segundos.

Vivi observó sus alrededores y se encontró que, realmente, se encontraba en una especie de cueva sin salida pero que, en vez de ser un oscuro agujero en la tierra, parecía ser más una especie de gigantesca sala. Como la que uno se podría encontrar en esas enormes catedrales. Pero la oscuridad pronto volvió a tomar el lugar y todo aquel espacio pareció dejar de existir.

-Ahora que está oscuro de nuevo, todo ese espacio parece totalmente irreal pero está aquí mismo, ¿verdad, Doaga-ru-san?- pero no hubo respuesta y, cuando Vivi miró para Margareth, se encontró con que la muchacha se encontraba toda sudorosa y con falta de respiración-. ¿Estás bien, Margareth-san?

-… si… si, muy bien- le respondió con voz apagada por el esfuerzo-. Hacía tanto tiempo que nadie miraba por mi cerradura que no me acordaba de esto.

Con esto se refería a la luz que llegaba desde el otro lado de ella, al otro lado de la puerta que Vivi necesitaba cruzar. Pero, ¿cómo cruzarla estando cerrada?

-¿Puedo preguntarte dónde está la llave?

-Si- respondió Margareth antes de quedar en silencio.

Vivi esperó por ver si le decía dónde se encontraba la llave pero, entre que no decía nada y que aún llevaba los pechos a la vista, no podía si no encontrarse nerviosa. Bastante nerviosa por lo de los pechos, ya que había sido ella quien los había expuesto.

-¿Y bien?- murmuró por lo bajo Vivi.

-Oh, si- Margareth le sonrió de una manera que puso aún más nerviosa a Vivi, además de que a la sonrisa le acompañaban las manos de la rubia colocándose los pechos. Pues no, no se los estaba colocando bajo el vestido si no que se los estaba acariciando como si rememorase las caricias, y tocamientos, de Vivi-. Muy bien.

-Digo que dónde se encuentra la llave- exigió saber Vivi alzando algo la voz- Gomen. Creo que son los nervios.

-Entonces no te disculpes tú, Vivi-chan- le dijo Margareth toda seria-. Si no que se disculpen esos nervios.

Vivi sabía que, de entrar en una conversación tan extraña con Margareth, el tiempo que pasaría en este lugar se haría más amplio. En donde tenía que entrar era en la puerta y, para ello, necesitaba la llave.

-Entonces, Doaga-ru-san, ¿dónde se encuentra la llave de la cerradura?

-No me acuerdo, Vivi-chan- dijo la verdad Margareth-. La última vez que la vi la guardé encima. Supongo que aún la tendré por alguna parte pero, hace tanto tiempo, que no me acuerdo en donde la puse.

Los ojos de Vivi se posaron en el cuerpo de Margareth y sintió como sus rubores, que habían desaparecido hacía unos momentos, volvían con fuerza a sus mejillas. No podía volver a poner las manos en ese cuerpo, ¿verdad?

-¿Podrías buscarla por mí, Doaga-ru-san?

-Gomennasai, Vivi-chan- se disculpó Margareth-. Pero yo no puedo buscar la llave para abrirme, sólo soy la puerta. No la portera.

Y, habiendo visto que aquí no había nadie más que la propia Vivi, estaba claro a quien le había tocado el papel de portera.

-Debo buscarla yo, ¿no es así?

-¿Cómo que no es así? por supuesto que es así, Vivi-chan- le aclaró, o eso pretendía, Margareth-. Eres tú la que quiere abrirme, por lo tanto, eres tú quien debe buscar la llave y usarla.

Resignada a su Destino, el buscar una llave que se encuentra oculta en la ropa de una muchacha atractiva, que le estaba mostrando, aún ahora, los pechos, Vivi se acercó hasta quedar justo a un par de centímetros de Margareth.

-Sumimasen, Doaga-ru-chan.

-Onegaishimasu, es un placer ayudarte- le dijo Margareth con una intensa sonrisa en sus labios-. Un verdadero placer, Vivi-chan.

Aquello logró provocarle a la peliazul una sonrisa nerviosa que no conjuntaba con la que llevaba Margareth. Por supuesto que Vivi tenía que resignarse pues sabía que no había otra salida que la de buscar la llave para poder salir de este lugar. Aunque eso no quería decir que no pudiera ponerse nerviosa por tener que estar metiéndole mano a una chica que apenas, desde hace unos minutos, conoce, únicamente sabe su nombre, profesión y miedo a las carpinteras. Vale, tal vez sabe mucho más sobre Margareth que muchas personas conocen de otras con las que se acuestan a las horas, o minutos, de haberlas conocido.

A pesar de ello, o por ello mismo, sintió un escalofrío recurrir su cuerpo, desde la yema de sus dedos, en el momento en que entró en contacto con la piel de los hombros de Margareth.

-Puedes buscar con total libertad, Vivi-chan.

Con gran cuidad le fue soltando los nudos del corsé, siendo, con cada nueva liberación, suficientemente aflojado para permitirle a Vivi el buscar la llave pero, al no encontrarla allí decidió que, lo mejor, sería quitar el corsé para facilitarle la búsqueda por el resto del uniforme de Margareth. Con ambas manos fue palpando cada uno de los pliegues que tenía la falda con ningún resultado, con respecto a la llave porque, con respecto a ambas muchachas, estos roces les estaban acelerando el pulso, como mínimo. Desistió, por ahora, el examinar la zona más extrema del uniforme, en donde entraba en contacto con el cuerpo, las bragas, de Margareth. En su lugar decidió ir por lo simple, examinar el delantal, pero, como había esperado, no tuvo suerte. Habría sido demasiado afortunada el que la llave hubiera estado en el delantal.

Vivi fue palpando todo el recorrido de los brazos de Margareth hasta llegar a sus hombros desnudos. Ni en el brazo derecho, ni en el izquierdo, encontró rastro, o una pequeña pista, sobre el paradero de la llave. Por lo que, con algo de dudas, decidió acometer una búsqueda más profunda.

Cuando Vivi se acercó a Margareth, mucho más de lo necesario cuando la rubia se inclinó hacia la peliazul, sus pechos entraron en contacto, unos expuestos contra otros cubiertos. Tratando de no pensar en ello le empezó a bajar la cremallera que descendía por la espalda del uniforme una mano para hacerlo y la otra para acariciar la piel que se iba exponiendo pero buscando la llave que pudiera encontrarse entre los pliegues del uniforme, por supuesto.

La búsqueda se alargaba por un tiempo que a Vivi se le hacía muy difícil controlarlo ya que no tenía ningún medio para ello salvo su propia cabeza y esta, por desgracia, o no, se encontraba plenamente dedicada en la búsqueda de la llave. Por esto mismo no sabía cuanto tiempo había usado para dejar medio desnuda a Margareth y cuanto estaba usando para recorrer su cuerpo expuesto. Un viaje que era dirigido por la propia Margareth al haberse apoderado de las manos de Vivi. Manos que acariciaban su vientre subiendo hasta llegar a unos pechos que, a estas alturas, de seguro ya se habían grabado a fuego en la mente de Vivi. Manos que estrujaban y apretujaban aquellos pechos con una ternura infinita. Pulgares que rozaban unos pezones que temblaron al contacto llegando a ponerse erectos por una continua repetición de aquellos gestos.

Abandonando aquellos pechos rodearon el cuerpo hasta llegar a la espalda por donde descendieron de forma vertiginosa hasta alcanzar el comienzo de su trasero. Agarraron, con inesperada acción, ambas nalgas pero en ninguna de estas acciones hizo aparición la llave deseada. Tal vez podría ser que el Deseo se hallaba en la búsqueda de algo más caliente y carnal que en un frío trozo de metal. Tal vez… pero la búsqueda era necesaria y Vivi no pararía de buscar en ninguna parte de aquel cuerpo ya expuesto casi por completo y que, sin lograr el objetivo de encontrar dicha llave, nunca sería expuesto.

Dedos ágiles y sensuales descendieron por las largas piernas de Margareth mientras, casi sin fuerzas, las rodillas de Vivi flaqueaban hasta que la dejaron sobre el piso. Derrotada. Arrodillada en el suelo ante la figura sensual y excitante de Margareth prácticamente desnuda, su cabeza apoyada contra la puerta entre las piernas de la rubia mientras Vivi seguía con sus manos agarrada al final de aquellas piernas, justo por encima de unos tobillos ocultos por encontrarse en el interior de la puerta. El interior mientras ella se encontraba en el exterior.

-… no hay llave…- susurró Vivi más para si misma porque creía ser la única capaz de escuchar el murmullo en que se había convertido su voz-… no hay salida para mí… atrapada.

Margareth sentía su rostro era recorrido por su sangre caliente por las caricias que le había ofrecido Vivi en una búsqueda que no tuvo el fin previsto. Por Vivi.

-Ven aquí, Vivi-chan- le pidió Margareth agachándose hacia la peliazul y cogiéndola de las manos-. Sé que únicamente debemos ser examinadas por los servicios técnicos especializados en nosotras pero- puesta en pie, las manos de Margareth ascendieron hasta los hombros de Vivi donde la agarró suave pero con gran firmeza-, a pesar de ello, sabemos que, si cometemos acciones con cuidado, y cariño, también podemos lograr los objetivos que nos proponemos, Vivi-chan.

Sintió como se acercaba el calor de aquellos labios con gran apreciación antes de que entraran en contacto con los suyos. Unos labios temblorosos que respondieron, de manera tímida, a un dulce contacto. El beso poseía una gran ternura que, a pesar de ello, no impedía que pudiera ser muy intenso. Mucho menos cuando sus lenguas entraron en contacto, acariciándose con más hambre que el tranquilo movimiento de sus labios denotaba. Fue en uno de esos húmedos contactos cuando Vivi se percató de que había algo fuera de lugar en aquella lengua por lo que profundizó aún más el beso, el movimiento de su lengua y el de sus labios.

No puede ser verdad… pero lo es.

Cuando el beso se dio por concluido, y sus labios se separaron, Vivi se apartó de Margareth con algo más que una nueva, e intensa, experiencia. También lo hacía con algo inesperado y tan intensamente buscado.

Partiendo ligeramente los labios, Vivi sacó la lengua lentamente mostrando, colgando de ella atada en un fino hilo del que era imposible saber el color que tenía, una pequeña llave dorada que se posó en la palma abierta de la mano derecha de la peliazul.

-¡¡Omedetou!!- gritó Margareth con gran entusiasmo-. Finalmente la has encontrado, Vivi-chan. Ya puedes abrirme y cruzar al otro lado.

Vivi aún se encontraba mirando, bastante confundida, la llave en su mano. No podía evitar el pensar que Margareth pudiera haber sabido su localización durante todo este tiempo pues, ¿cómo no saber que llevas una boca atada a la lengua? Vivi estaba segura de que ella sabría algo así de haberle sucedido.

-¿Sabías qué estaba ahí, Doaga-ru-san?

La pregunta de Vivi, sin ningún tipo de doblez o indirecta, fue recibida por una mirada llena de confusión por parte de Margareth. Una mirada, no dolida, si no ignorante del por qué del tono usado por Vivi.

-No. Se encontraba colgada dentro de mi boca, ¿cómo podría saber que había algo colgado ahí dentro?- con los brazos cruzados, que le levantaban los pechos, miró para Vivi de manera inocente. La misma mirada que llevó Margareth desde el mismo instante en que Vivi la vio por primera vez, pues sólo poseía una única mirada inocente. La suya-. Sólo soy una puerta, Vivi-chan.

-Por supuesto, Doaga-ru-san, sumimasen, no quería faltarte al respeto- Vivi cogió la llave mientras miraba, de manera alternativa, al rostro de Margareth y a la cerradura, que se encontraba expuesta tras la búsqueda realizada-. Entonces, sólo debo meter la llave en la cerradura y girarla para abrirt… para abrir, ¿verdad?

-Así es, Vivi-chan. ¿Nunca antes has usado una llave para abrir una cerradura?- le preguntó Margareth aunque no le dio tiempo para responder-. No es difícil. Sólo debes meterla correctamente, por lo que debes fijarte en la forma que tiene la cerradura, hasta el fondo. Luego, solamente, debes girarla para…- Margareth se quedó en silencio durante unos segundos inmersa en sus pensamientos- la verdad es que no sé en que dirección hay que girarla. Supongo que eso es algo que deberás decidir tú, Vivi-chan.

¿Hacia dónde girarla? Es cierto, no hay bisagras, ni ningún otro detalle perteneciente a una puerta. Si es que, incluso, los pomos son los pechos de Doaga-ru-san. Por suerte, solamente se tratan de dos posibilidades.

Vivi volvió a acercarse a la cerradura que se encontraba en las bragas de Margareth. Apoyando su mano izquierda sobre la pierna derecha de la rubia, Vivi introdujo la llave en la cerradura. En ese mismo instante Margareth soltó un agudo gemido que, Vivi, reconoció como un gemido de placer. No era necesario pero no pudo evitar alzar la vista para encontrarse con los labios, humedecidos por aquella lengua, entreabiertos mientras jadeaba acaloradamente. Sus mejillas portaban un precioso tono rojizo que la hacía muy atractiva y deseable.

-Hacia la derecha o hacia la izquierda- se dijo Vivi volviendo su mirada a la llave que aún agarraba, tratando de apartar la imagen de Margareth toda excitada por culpa de sus acciones-. Yo lo que quiero es salir de aquí pero, para ello, debo entrar en otra parte. Si esta es la primera puerta que me encuentro quiere decir que es la puerta de entrada, ¿verdad?

Por supuesto que se trataba de una pregunta retórica pero, a pesar de ello, Vivi recibió una respuesta por parte de Margareth.

-Yo nunca he visto otra puerta aunque, es cierto, nunca me he movido de aquí.

No es que le sirviese de mucha aclaración aunque, claro está, tampoco la llegaba a confundir más de lo que ya lo estaba desde el instante en que vio a la conejita correr por el bosque.

-¡¡Derecha!!

Al mismo momento en que la llave giró en el interior de la cerradura, una intensa luz volvió a surgir del interior del cuerpo de Margareth junto a un profundo gemido de placer que logró ruborizar a Vivi con sólo oírlo, o porque sabía que ella había sido la causante de provocarlo.

Y ¡¿ese olor a flores?!

Cuando la luz se fue extinguiendo, junto a los gemidos, cada vez más ahogados, de Margareth, Vivi pudo comprobar varias cosas. Una de ellas era que, salvo el tener la falda lo suficientemente levantada para permitir la visión de la intimidad de Margareth, el resto de su ropa, su uniforme, volvía a estar impecablemente puesto. Como si una inexperta muchacha no la hubiera estado desnudando apenas unos minutos antes. Segundo, que las bragas de Margareth, sin ningún tipo de agujero de cerradura en ellas, se estaban deslizando por sus piernas hasta que se detuvieron al poco de pasar sus rodillas. Y tercero…

-¡¿Cómo es que puedo ver un jardín a través de tu sexo, Doaga-ru-san?!

Una vez más, Margareth miró confundida para Vivi.

-¿Qué otra cosa podrías ver a través de mi sexo, Vivi-chan?- le dijo Margareth mientras mantenía abierto su sexo con sus dedos, al empezar a cerrarse tras haber desaparecido la llave-. Además de que, se me olvidó decirte antes, soy la puerta que lleva al jardín Real.

Pues a buenas horas se acuerda de decirme algo tan importante como ha donde iré si lograse cruzar la puerta.

-Bueno, y ahora qué debo hacer para cruzar al otro lado, Doaga-ru-san, ¿empujar con los pomos para poder pasar?

-Para cruzar e ir al jardín debes, lógicamente, ir al jardín, Vivi-chan, preciosa.

A Vivi aquello no le gustaba como sonaba porque, como lo hacía, volvía la situación mucho más complicada de lo que ya lo estaba. Eso sin contar que sería mucho más rara, por supuesto.

-¡¿Me estás diciendo que debo entrar por tu sexo para poder cruzarte y llegar al otro lado de ti?!- ciertamente Vivi estaba empezando a pensar que no podría salir de este agujero-. Y ¡¿cómo, que no quiere decir que piense hacerlo, se supone que podré hacer semejante acción?!

-La puerta está abierta por lo que, únicamente, debes entrar, Vivi-chan.

Con su rostro marcado por la confusión que sentía, Vivi acercó su mano, unos temblorosos dedos, hacia el sexo de Margareth, coronado con una fina capa de vello rubio, dispuesta a cruzar la puerta. Los dedos de Margareth se apartaron provocando que fueran los de Vivi quienes mantuvieran los labios abiertos. Lentos movimientos los fueron recorriendo frotándolos. Y, cuando uno de sus dígitos se llegó a introducir en el interior del sexo, pudo sentir la suave brisa procedente del jardín acariciarlo.

-Demasiado extraño- se quejó Vivi apartando su mano del sexo de Margareth. Era su única salida pero se trataba de una acción que no sabía si podría realizarla así de improviso-. ¿Es qué no hay otro camino a tomar?

-Si que lo hay- anunció Margareth con total calma-. No te dejará justo en el jardín como el otro camino y tendrás que caminar un rato para poder llegar. Pero si, hay otro camino.

Vivi puso las manos en la cintura, en jarra.

-Y ¿por qué no me lo habías dicho antes?

-Huy, debí olvidarme- pero no parecía muy afectada por ello, como si lo que hubiera querido era que tomara el otro camino-. Gomennasai, Vivi-chan.

A pesar de las dudas, y recelos, de Vivi, sabía que era inútil el enfadarse ahora cuando tenía la salida al alcance de la mano… bueno, esa era la otra salida pero, la que eligió al final… no tenía ni idea de cómo usarla para poder cruzar.

-¿Cómo hago para cruzar?- al momento Margareth la cogió de las muñecas y volvió a colocarle las manos sobre sus pechos-. Oi, oi, Doaga-ru-san- pero Vivi comprendió que lo que pretendía Margareth era que usase los pomos, no que le tocase los pechos. O eso esperaba-. Entiendo, ¿debo tirar o empujar?

Pero Margareth no le respondió, únicamente le sonreía mientras sus manos se entrelazaron a la espalda de Vivi. Antes de que supiera lo que iba a suceder, Margareth la atrajo contra si misma hundiéndole el rostro, justo, entre aquel par de buenos, y jugosos, pechos. Vivi protestaba, o lo intentaba dada su situación, con su rostro ruborizado por la cálida sensación que obtenía al contacto con dichos pechos, pero todo adquirió tintes fantásticos, mucho más de lo que ya los había, cuando sintió como su cuerpo parecía hundirse, como si fueran arenas movedizas, en el cuerpo de Margareth. Y, como tan pronto había llegado ante Margareth, tan pronto desapareció a través de ella.

__________

Continuará en el Capítulo 3: Cuerdos y locos, frío o calor.

______________________________

Llegamos al final de este capítulo. Espero que les haya entretenido y sido de vuestro agrado. Pronto podréis seguir leyendo este fic con el siguiente capítulo.

REVIEWS.

REVIEWS.

Agradecer el REVIEW enviado por:

Gabe Logan.

A todos daros las gracias por pasaros a leer este fic del que no habría sido posible si no fuera por mis pobres maneras para escribir y la necesidad de utilizar a tantos escritores y Mundos. Hahahahaha

GLOSARIO:

Hajimemashite: Encantada de conocerte.

Ohayougozaimasu: Buenos días.

Domou Arigatou: Gracias.

Gomennasai: Perdóname.

Maid: Criada.

Sumimasen: Lo siento.

Gomen: Disculpa.

Doaga-ru: Door girl.

Nani: Que.

Arigatou: Gracias.

Baka: Idiota.

Onna: Chica.

Onegaishimasu: Por favor.

Omedetou: ¡Felicitaciones!

Desde aquí me despido hasta el próximo capítulo mientras os pido que escribáis vuestras opiniones acerca del fic en un REVIEW. Muchas gracias por todo.

Nos leemos.^^