Bueno, hola a todo el mundo, que tal??
Wow!!!! No puedo creer que haya recibido 24 reviews por un prólogo de seis paginitas… es todo un récord para mí!!! Muchas gracias por vuestros mensajes a:
Anfitrite, Anrresweet, mayeevans, margara, maria, tina masen, erill cullen, adela, patss, Inita, anit, Noemí potter, angie, valu86, kmylita, sealiah, nuriamonfort, lily granger potter, .x, Lna, flowersswan, laabuela, Elena mercier, another life.
Espero seguir contando con vuestro apoyo y reviews en este capítulo y en los siguientes!!!
Ah, sí, lo olvidaba; sólo para aclarar esto un poco y evitar preguntas tardías: todos los capítulos empezaran con el punto de vista de Bella, luego, cuando cambie de personaje, aparecerá el nombre en la línea divisoria, ¿de acuerdo? Por ejemplo, en este capítulo, en la primera línea divisoria aparecerá el nombre de Jasper lo que significa que lo que hay bajo esa línea está contado desde el punto de vista de Jasper, ¿entendido? De todas formas, por el modo de hablar creo que queda bastante claro quien habla en qué momento.
Mmmm… creo que nada más… Así que adelante, disfrutad del capítulo, os deseo una buena lectura, nos vemos abajo!
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Vampiros y humanos conviven en un mismo mundo siendo conscientes los unos de la existencia de los otros. Pero cuando un vampiro se obsesiona con un humano, éste sólo tiene dos salidas: rendirse al vampiro o buscar un protector. Una vez cada doscientos años se produce un hecho insólito y un humano es reclamado para ser el consorte de tres vampiros poderosos. ¿Qué pasa entonces? ¿Y si el humano ya había sido marcado antes por otro vampiro?
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Capítulo I. Encuentros
Nunca había entrado en un club lleno de vampiros, lo admito, pero definitivamente no era lo que había esperado. Oh, bueno, sabía lo suficiente de los de su raza para saber que no iba a encontrarme con ataúdes, ventanas cerradas para impedir la luz del sol y dientes puntiagudos dirigidos a mi garganta, desde luego. Pero había esperado algo más… extraño que lo que encontré. Tres niveles superpuestos y decorados exquisitamente en tonos oscuros, rojo sangre, azul oscuro y negro en su mayoría. Las paredes formaban dibujos con su decoración en relieve y la moqueta que cubría el suelo era de un rojo profundo y tan esponjosa que hacía que los pequeños tacones de mis zapatos permaneciesen ocultos. Frente a la entrada principal había un pasillo que se ampliaba a cada paso que dábamos. Me acerqué a Jhon de manera instintiva cuando una mujer pelirroja vestida con un pantalones de cuero y una diminuta camiseta negra me miró más tiempo del que yo consideraba apropiado… aunque quizá lo que hizo que me acercara más a Jhon fue el modo en que me sonrió lamiéndose los labios como si se estuviera preguntando qué gusto tendría mi sangre. Jhon sonrió confiado.
-Aquí estás a salvo –me dijo con voz tranquila-. Sólo enséñales tu brazalete y todo estará bien.
-¿Un brazalete va a impedir que me tomen como cena? –pregunté sarcástica.
-No, pero las reglas de la Cueva están hechas para proteger a los humanos de convertirse en… cena –dijo divertido usando mis palabras.
De todas formas mientras caminábamos, a Jhon no pareció importarle demasiado que mi mano hubiese encontrado la seguridad de una trabilla de su pantalón oscuro y que, aún más allá, pareciese que me hubiese pegado con cola a él.
Miré a mi alrededor a medida que avanzábamos. La música era blues, sin duda. Profunda, melancólica, dulce y sentimental… ¿quién iba a decir que los vampiros escuchaban este tipo de música? Las luces eran tenues, nada demasiado brillante, y colgaban del techo en diferentes arañas de cuatro brazos; las pequeñas portalámparas encajadas en las paredes alumbraban el camino perfectamente destacando las sombras de las personas que allí se encontraban y haciendo que el suelo estuviese plagado de oscuras figuras alargadas que inducían al miedo casi sin ser conscientes de ello. Seguí a Jhon a través de lo que parecía el espacio principal; dejamos a la derecha unas escaleras que conducían al nivel inferior y pasamos de largo un par de puertas negras; de frente nos topamos con una enorme pista de baile que estaba siendo ocupada por algunas parejas que parecían bailar en una constante armonía y suave elegancia innata. Jhon me condujo hacia la izquierda y pasamos junto a unas escaleras metálicas que subían arriba, una zona llena de mesas y butacas desde donde se podía observar los dos niveles inferiores. Tragué saliva al darme cuenta de que quizá desde allí arriba buscaban posibles víctimas humanas. Miré mi muñeca un par de veces para asegurarme de que el brazalete seguía allí; no es que tuviera miedo, desde luego… sólo… no estaba segura de que un simple trozo de cuero blanco pudiese hacer que los vampiros se abstuviesen de morderme.
Jhon me dirigió con seguridad hacia una zona de la derecha en la planta principal. Escuché el amenazador gruñido de su garganta dirigido a algunos vampiros que me miraban con demasiado interés y me sentí agradecida y protegida por él. Tropecé con un pedazo de moqueta que estaba mal colocado y casi choqué con su espalda; años de huida y de escondites habían hecho que controlase un poco más la habitual torpeza con la que había nacido y que parecía que iba a conservar hasta que muriera. Llegamos hasta la enorme barra de bar que ocupaba toda la pared este; una elegante barra de madera oscura con altos taburetes de roble y asientos de cuero rojo. Jhon se detuvo y, en esta ocasión, alargó su mano para obligarme a separarme de la seguridad de la trabilla de su pantalón. Le miré mientras me colocaba de forma suave delante de él, protegiendo mi espalda con su cuerpo y casi rodeándome con sus enormes brazos a pesar de que no me tocó en absoluto. Miré por encima de mi hombro para hablar pero él fue más rápido.
-Esta zona es peligrosa. Quiero tenerte a la vista en lugar de a mi espalda, no te preocupes, no pasa nada –añadió al ver que mis ojos se habían abiertos asustados por sus palabras.
Asentí y empecé a caminar cuando él me lo indicó.
-Joder… qué bien huele… -un vampiro se interpuso en mi camino y de forma inmediata me detuve en seco y me eché hacia atrás chocando con Jhon que gruñó-… Esta es nueva… ¿me la prestas un rato, Jhon?
El aludido gruñó en respuesta y sus labios se movieron de forma rápida a pesar de que no escuché nada más que un constante siseo como si estuviera hablando entre dientes. Pero fue su mirada oscura lo que hizo que me echase a temblar. Sus ojos se habían vuelto fríos y helados mientras miraba al vampiro que tenía frente a mí. Con una sonrisa satisfecha, el recién llegado estiró una mano para tocarme. Abrí la garganta dispuesta a gritar pero no tuve tiempo de nada. Jhon había adelantado una de sus manos y había rodeado el pequeño cuello del vampiro, levantándolo del suelo unos centímetros. Sus labios volvieron a moverse y esta vez, capté la advertencia y la oscuridad en su siseo. El vampiro que luchaba por respirar asintió rápidamente y en cuanto Jhon lo soltó desapareció en medio del mar de personas que lo rodeaban. Miré a mi guardián que me sonrió intentando tranquilizarme.
-Lo siento –se disculpó-. Es un vampiro joven y a veces hay que recordarle las reglas –añadió mientras me hacía un gesto para que siguiera andando.
-¿Cuándo te refieres a joven…
-Apenas cuatro décadas –dijo como si no acabara de decir que ese hombre hacía cuarenta años que era vampiro-. Un estúpido vampiro joven.
-¿Cuántos años tienes tú?
Él me sonrió de manera siniestra.
-Muchos más de los que aparento –me dijo conduciéndome hacia el final de la barra del bar-. Aquí, siéntate –me dijo casi aupándome hasta el asiento-. Eso es. ¡Alysa! –llamó a la mujer que estaba tras la barra. La miré mientras se acercaba a nuestro lado. Llevaba una estrecha minifalda blanca brillante y una camiseta de tirantes negra que dejaba al descubierto más de lo que tapaba, incluyendo gran parte del vientre plano. Abrí los ojos al ver las botas de tacón de aguja que llevaba, ¿cómo diablos no se había roto nada con semejantes armas mortales?-. Hola, preciosa –Jhon se inclinó sobre la barra para besarla suavemente en los labios. Aparté los ojos para darles ese momento de privacidad-. Alysa te presento a… ¿Bella? –asentí-. Eso es, te presento a Bella. Necesito encontrar a alguien para ella ¿puedes echarle un ojo mientras vuelvo?
-Claro –ella sonrió efusivamente estirando una mano para estrechar la mía-. Estaremos bien –añadió. Jhon me miró una vez para confirmarlo y cuando asentí, tardó menos de tres segundos en desaparecer de nuestro lado-. Bueno, ¿es la primera vez que vienes?
-Sí –mostré mi brazalete blanco y ella sonrió a medias-. Ah, ya veo… el mío es verde –alzó su propia muñeca y habló antes de que le preguntara-. Soy humana pero intocable. Estoy con Jhon –añadió con una sonrisa.
-¿Una humana y un vampiro? –pregunté-. ¿Eso es posible?
Alysa se encogió de hombros.
-A mí me va bien –declaró con sencillez-. Dime, ¿qué te trae por la cueva?
-Necesito un protector –contesté.
Alysa no dijo nada pero se limitó a asentir levemente entrecerrando sus ojos y mirándome.
-Entiendo…
Suspiré. Era la misma reacción que había despertado en Alexis así que decidí aclararlo todo antes de que Alysa me odiara.
-Me han marcado –dije a media voz avergonzada. Su expresión cambió radicalmente.
-Oh, vaya… lo siento –se produjo unos segundos de silencio incómodo antes de que ella carraspeara llamando mi atención-. ¿Te apetece tomar algo? Invita Jhon –rió en silencio.
-Bueno, no sé… -miré a mi alrededor; casi todos parecían estar tomando una sustancia roja espesa en copas alargadas; decidí que no quería saber lo que era-. ¿Puedo tomar un refresco de naranja? –pregunté.
-¡Jajajaja! –rió Alysa dulcemente-. Claro… aquí también vienen personas, no sólo vampiros, aunque ellos prefieren beben sangre también tenemos otras cosas. Ahora mismo regreso, no te muevas y no hables con nadie.
Asentí demasiado asqueada como para decir nada. Sangre. Estupendo… Alysa había confirmado mis sospechas. Estaban bebiendo sangre. Me extrañaba que no hubiese notado el olor… sí, claro… yo no podía ser más rara… seguramente era la única persona en la faz de la tierra capaz de oler la sangre. El dulzor del vino y el olor a menta proveniente de distintos lugares eran seguramente, el motivo por el que aún no había notado el olor de la sangre. Estupendo… bastaba que la oliese para que me desmayara. Así por lo menos no me quedaría inconsciente en un lugar lleno de vampiros deseosos de hincarme el diente. Gemí internamente ¡Eso había sonado horrible incluso para mí!
Alysa dejó una copa con un burbujeante refresco en su interior frente a mí. La miré sutilmente.
-Sólo es refresco, lo prometo. Jhon me mataría si dejase que te pasara algo –añadió. Miró por encima de su hombro cuando la llamaron desde el otro lado de la barra-. ¡Un segundo! –gritó para que la escucharan. Me miró-. Bien, ahora mismo regreso, quédate aquí, no te muevas, no hables y actúa como si no estuvieses aquí ¿de acuerdo? Esta noche hay bastantes vampiros jóvenes y no quiero tener que llamar a Jhon o Alexis para que se encarguen de ellos ¿entendido?
Cabeceé rápidamente ante el recuerdo del vampiro que Jhon había apartado de mi camino antes de que me tocase y me estremecí. Alysa me sonrió de forma reconfortante y se marchó al otro lado de la barra. Suspiré y sostuve la copa alargada; la olí y luego la probé tentativamente. Exhalé un suspiro de alivio. Refrescante refresco de naranja, nada más. Di un pequeño sorbo e intenté confundirme con la pared para evitar miradas curiosas.
Fue entonces cuando tuve esa sensación tan desagradable… Esa sensación que hace que se te erice el vello de la nuca y que tengas el presentimiento de que estás siendo observada por alguien desde algún rincón de la misma habitación en la que estás. Esa sensación que me hacía sentirme… acorralada y sin posibilidad de escape. Tuve miedo de mirar a mi alrededor por si de algún modo que no entendiera, James estuviera allí… o Victoria o Laurent… Era una sensación extrañamente desagradable que hacía que mi estómago se revolviera y protestara.
-Vaya, vaya, vaya… -una suave voz hizo que diera un saltito en el taburete haciendo que estuviese a punto de caerme-. Mira lo que nos ha traído el viento…
De acuerdo… quizá si no hablaba y me mantenía quieta, entendería la sutil sugerencia de que no quería hablar con nadie y mucho menos con alguien que acababa de asustarme hasta el punto de robarme diez años de vida.
-¿Te ha comido la lengua el gato? –preguntó burlón sentándose en el taburete que estaba a mi lado y obligándome a quedarme encerrada entre él y la pared-. O quizá el vampiro… -rió de su propio chiste. Yo no le encontré la gracia por ninguna parte.
Coloqué mis manos sobre el regazo de forma que la muñeca derecha quedase a la vista con el brazalete blanco de cuero bien visible. No creía que agitar mi brazo ante sus ojos diciendo "tengo un brazalete blanco, no puedes tocarme" fuera a funcionar demasiado bien con él.
-Bien, lo haremos a la antigua usanza… mi nombre es Viktor. ¿Puedo invitarte a una copa?
Negué con la cabeza arriesgándome a mirarle. Era terriblemente hermoso. ¿Es que no había un solo vampiro que no fuera atractivo como el pecado? No, por supuesto, su belleza formaba parte de su naturaleza depredadora… Miré hacia la barra. Alyssa no se había dado cuenta de nada y no pensaba ponerme a gritar; con la suerte que tenía era más seguro que los vampiros me rodeasen y acabasen conmigo antes que Alysa pudiese llegar al lado e la barra donde yo estaba. Me levanté del taburete ignorando la risita sarcástica y condescendiente del vampiro.
-Yo… tengo que… me esperan por allí –sacudí mi mano hacia un lateral de la sala aprovechando para mostrar mi brazalete.
Sus ojos se posaron en mi muñeca durante unos instantes, pero fingió no haber visto nada. Estupendo… iba a tener problemas… Sus ojos se entrecerraron.
-Espera un segundo. Yo te conozco –casi podía escuchar los engranajes de su cerebro funcionar mientras intentaba averiguar donde me había visto.
-Pues yo estoy segura de que no nos conocemos, así que si me perdonas…
Su mano se cerró sobre mi brazo y tiró para que me quedase donde estaba. La manga de mi vestido se deslizó ligeramente hacia abajo revelando la jota en mi piel. Sus ojos rojos se abrieron desmesuradamente y viajaron desde la marca de mi hombro hasta mi rostro, repitiendo el gesto un par de veces.
-¡Eres tú! –rió satisfecho-. ¡Eres la jodida zorra que está buscando James!
-Suéltame –moví mi brazo sólo para encontrarme con que su apretón se hizo más fuerte a mi alrededor. Parecía que en vez de manos ese vampiro tenía garras. Empezaba a encontrarme mal. Realmente mal. Había pronunciado el nombre de James. Si él sabía lo que esa marca significaba no había ni una maldita oportunidad de que pudiese salir de aquel lugar sola.
-¿Qué te parece? Hoy es mi noche de suerte… -rió-. Creo que hubieras sido un bocado muy dulce, preciosa, pero estoy seguro de que James pagará muy bien por tu… presencia.
Mis ojos se abrieron horrorizados y negué con la cabeza repetidamente. Alcé mi pierna con la intención de golpearle pero había olvidado que estaba tratando con un vampiro y no con un estúpido humano borracho. Se movió con agilidad y sacudió la cabeza.
-Yo que tú no volvería a hacer eso. James te quiere viva pero no especificó tu estado de salud –añadió con una sonrisa lenta extendiéndose por su rostro.
-No pienso salir de aquí contigo –le repliqué.
-Si tengo que matarte lo haré. Estoy seguro de que James quedará satisfecho con tu cadáver siempre que tenga suficiente sangre para que se divierta –me amenazó, sus ojos a escasos centímetros de los míos.
Temblé. No quería hacerlo pero no podía controlarlo. Estaba temblando de miedo. No sé en qué diablos estaba pensando cuando le devolví la mirada desafiante y le hablé.
-Entonces mátame porque te aseguro que no hay otra maldita forma en que consigas sacarme de aquí que no sea conmigo muerta.
-Si eso es lo que quieres… -se encogió de hombros quitándole importancia y su mano se cerró más fuerte sobre mi brazo hasta el punto que creí que me rompería algún hueso.
-Vaya, creo que la señorita no está interesada en lo que sea que le estás ofreciendo, Viktor así que ¿por qué no la sueltas?
Una mano fuerte y grande acompañó la voz grave mientras sujetaba la muñeca de Viktor y la apartaba de mi brazo. Me froté insistentemente el lugar de donde me había cogido, consciente de que al día siguiente tendría un moretón… ¡maldita piel blanca!
-Esto no es asunto tuyo, Emmett –dijo Viktor dando un paso atrás. Respiré profundamente.
-Acabo de hacerlo mío. ¿Estás bien?
Era un gigante. De acuerdo, con mi metro sesenta y cuatro es fácil considerar un gigante a todo el mundo, pero en serio. ¡Era un gigante! Debía de medir más de un metro noventa de altura y su complexión era robusta. Anchos hombros, músculos en los brazos y piernas que se adivinaban bajo la ropa que le sentaba perfectamente como si hubiese nacido con ella. Sus ojos eran de un dorado profundo, parecido al color de la piel, cálidos, observadores, risueños.
-Eh, preciosa, ¿estás bien? –repitió. Asentí y él sonrió-. Bien. ¿Por qué no te quedas detrás de mí hasta que aclaremos esto? –asentí de nuevo sin dejar de frotarme el brazo y él me sonrió otra vez-. Buena chica.
-Yo la he visto primero –rugió entonces Viktor- ¡Es mía!
-No soy de nadie –dije envalentonada por la aparición del nuevo vampiro.
Era tan grande que estaba segura de que podría partirme en dos si se lo proponía pero de algún modo me sentía segura con él.
-¡Maldita zorra!
-Ni siquiera lo pienses, Viktor –la voz grave del gigante hizo que abriese los ojos que había cerrado en cuanto había visto la mano de Viktor levantarse dispuesta a golpearme-. ¿Se puede saber en qué estás pensando? Tiene un brazalete blanco. No es uno de tus juguetes.
-¡Tampoco será uno de los tuyos! –replicó Viktor. Temblé-. Está marcada –dijo Viktor con voz grave-. Mira su hombro si no me crees –cabeceó en mi dirección.
-¿Puedo? –el gigante moreno me miró con una sonrisa en el rostro. Asentí y aparté mi cabello del hombro, bajando luego la manga del vestido lo suficiente para que la marca de James fuese visible-. Joder… -estiró la mano para tocarme y mi primer instinto fue apartarme. Su mano vaciló en el aire, sus ojos fijos en mí-. Sólo quiero… no voy a hacerte daño ¿está bien? –cabeceé de nuevo.
Me estremecí ligeramente cuando las yemas de sus dedos acariciaron mi piel expuesta. Era algo más que el hecho de que su piel estuviese fría al contacto con la mía… fue como una pequeña descarga eléctrica que sacudió todos los nervios de mi cuerpo. Por el modo en que él apartó la mano, hubiese jurado que él también la había sentido.
-¿Quién la ha reclamado como suya? –preguntó girándose y mirando a Viktor.
-¿Quieres tener esta conversación aquí? –inquirió Viktor mirando a su alrededor. Hice lo mismo. Varios vampiros y humanos estaban mirándonos con demasiado interés y estaba segura de que nuestras palabras podían ser escuchadas desde el nivel superior por los oídos vampíricos-. En serio, en cuanto te diga el nombre, más de uno querrá llevársela como premio –sus cejas se arquearon-. Y es un premio bastante encantador ¿verdad?
Retrocedí hacia la pared ante la mirada de Viktor, sintiéndome aliviada cuando el gigante se colocó delante de mí protegiéndome de la visión de los demás.
-Sí, lo es… y ya sabes que tengo predilección por todo lo que es… encantador… Si alguien tiene algún problema con ella cuando me digas quien es el jodido vampiro que la ha reclamado, tendrá que pasar por encima de mí, ¿lo entiendes Viktor?
-¿Qué está pasando aquí?
Me giré sobresaltada. Los ojos más fríos que había visto nunca ocuparon todo mi pensamiento. No me importó. A pesar de la oscuridad que se veían en los orbes dorados, a pesar de su voz gutural, del gruñido de advertencia, de su pose desafiante, a pesar de todo eso, le miré fijamente sin apartar la mirada de él. Sus cejas se enarcaron.
-No dejes que me lleven con él, por favor… no dejes que me lleven con él…
Sujeté con fuerza su muñeca, intentando transmitirle mi miedo. Pero fue más que eso. La descarga que había sentido con el gigante también la sentí con él. Un chispazo, como cuando pasas demasiado tiempo junto a la televisión y luego tienes electricidad estática; un pequeño pinchazo que hizo que todo mi cuerpo se agitara nervioso durante un segundo, del mismo modo en que me había sentido cuando el gigante había tocado la marca de mi hombro.
Cerró los ojos un segundo y luego parpadeó antes de mirar al gigante. Parecía que estuviesen hablando en silencio entre los dos; ambos se miraron y luego asintieron mirándome.
-Por favor…-pedí una vez más-… no dejes que me lleven con él…
-¿De quién estás hablando? –me preguntó con cierta suavidad.
-James –la voz de Viktor fue suficientemente alta para causar los comentarios, las miradas ágiles, las mandíbulas abiertas y las sonrisas satisfechas mientras me miraban-. James es quien la ha marcado. Es suya. Le pertenece… y creo que ofrece un… suculento bocado… a quien se la entregue.
El gruñido gutural que escuché a mi derecha, proveniente del vampiro al que estaba sujetando debería haber hecho que me preocupara y que tuviese miedo; tuvo el efecto contrario: me sentí tranquila y a salvo. Y cuando él habló, entendí el por qué.
-Sobre mi cadáver –sentenció en tono bajo y áspero.
______________________________ Jasper __________________________________
Lo estaba haciendo de nuevo. María desprendía lujuria por todos los poros de su piel. Hacía más de siete años que nuestra relación había terminado pero aún así ella no se rendía. Era hermosa, tenía que reconocerlo y estaba seguro de que siempre me parecería hermosa. Como cuando te enamoras por primera vez en tu vida e idolatras a esa persona tanto que la pones en un pedestal para adorarla incluso cuando lo vuestro ya ha terminado o cuando la muerte de uno de los dos ha separado la pareja. María era así.
Desprendía fuerza, luz, dulzura y encanto allá donde iba. Sólo tenía un problema con el que yo no podía competir y con el que no deseaba tratar. Sus ojos. Sus ojos eran hermosamente oscuros… Tan distintos a los míos y a los de mi familia… ojos negros, brillantes, duros e insistentes. Ojos de depredador que oscurecían a medida que se alimentaba más y más y más de la sangre de inocentes humanos. Ese había sido nuestro problema en la relación, nuestro gran problema, en realidad. Ella no comprendía el estado de vida de mi familia y yo no toleraba la muerte de humanos para que nosotros existiéramos.
Siete años y un mes antes, había sido el final de nuestra relación. María se presentó en la cueva con un humano al que había encandilado y me lo ofreció como presente. Terminé la relación en aquel mismo momento con una mueca de repugnancia en el rostro y una crítica en mi mirada que jamás la puse en palabras.
Pero allí estaba ella. María. Tan dulce como siempre. Tal cariñosa como siempre. Tan insistente como siempre. Tan sanguinaria como siempre. Ladeé la cabeza cuando ella se inclinó para besarme y su ceño se frunció al echarse hacia atrás.
-¿Sigues enfadado por aquel regalito?
-Era un humano María –le dije severamente-. No un regalo.
-Oh, Jasper… venga… no es como si tú no hubieses matado a ningún humano nunca ¿no crees?
Era cierto lo que los humanos decían. La verdad cruel, dura y pura, dolía. Dolía mucho. Yo también había matado en mis inicios como vampiro. Sacudí la cabeza. Hacía mucho tiempo que había decidido eliminar esos fantasmas de mi cabeza y de mi alma. Yo no había tenido la culpa; había tenido que alimentarme y ese había sido el único modo en que me habían enseñado a hacerlo. Aún así, los fantasmas y el dolor seguían presentes en mi vida.
-Nunca lo hice por diversión y tú deberías saberlo mejor que nadie –la fulminé con la mirada-. Estabas allí.
-Venga Jasper… te divertiste… -se sentó a horcajadas sobre mi regazo y pegó sus pechos contra mi cuerpo haciendo que sintiese sus pezones completamente duros contra la tela de mi camisa-… Nos divertíamos juntos hasta que encontraste a los santurrones –añadió de forma despectiva.
Sus manos empezaron a vagar desde mis hombros hasta mi abdomen de una forma acariciante y embriagadora. Podía notar la lujuria del resto de vampiros y la envidia de no ser ellos a quien María estuviese tocando. Seguramente si yo estuviese en la situación de la de ellos sentiría exactamente lo mismo. Sus uñas rasgaron la piel sobre la camisa y María me miró con una media sonrisa como si estuviese esperando la reacción que semejante caricia solía tener en mí.
Pobre. Debería conocerme mejor que eso. Pero ella nunca me conoció. No realmente, nunca quiso conocerme. Le bastaba con tener a alguien con quien acostarse siempre y cuando tuviese ganas de sexo, pero no había nada más. No. Si María me conociese realmente hubiese sabido que en el momento en que empezó a criticar a mis hermanos, a mi familia, me había perdido completamente. Lo hizo hacía siete años y terminé nuestra relación. Lo estaba volviendo a hacer pero esta vez no tenía por qué ser caballeroso con ella.
-Basta –le sujeté las muñecas con las manos impidiendo que siguiera tocándome-. Es suficiente, María. No vamos a volver a estar juntos y esto no tiene nada que ver con Edward y Emmett ¿entiendes?
-Jasper, necesitáis una consorte y tú lo sabes mejor que nadie, ¿se te ha olvidado lo que Aro dijo? –preguntó de forma aguda-. O aplacáis vuestra… existencia con una consorte o tendrá que ocuparse él de vosotros. ¿Quieres que Aro en persona venga desde Italia para mataros?
-Lo preferiría antes que obligar a mis hermanos a aceptar a alguien a quién no quieren…
-Puedes convencer a tus hermanos –me interrumpió.
-No quiero hacerlo porque yo tampoco te quiero –dije firmemente.
Su rostro se contrajo en dolor. Era muy buena, tenía que admitirlo. María habría sido una gran actriz. Lamentablemente para ella, el don que tenía como vampiro hacía que notase perfectamente su enfado y su envidia tan claro como si me lo estuviese confesando por su propia boca.
-No funcionará María. Sabes que puedo interpretar tus emociones incluso aunque intentes transformarlas –le advertí sacudiendo mis piernas para que se moviera.
Regresó a su asiento mirándome de forma retadora, fulminándome con la mirada y enviándome altas señales de que si pudiera matarme lo habría hecho en aquel mismo momento. No me preocupaba demasiado. En la cueva no podía hacerme nada pero aunque lo intentara, cosa que nunca haría porque incluso ella sabe que soy mucho más poderoso que ella, la podría dominar en menos de tres minutos. Tres décadas de torturas y entrenamientos con neófitos me habían hecho más ágil, rápido y perceptivo de lo que muchos de los presenten sabían o imaginaban.
-Maldita sea, Jasper ¡no tienes elección!
La miré y gruñí, literalmente.
-¿Acabas de gritarme? –pregunté furioso.
Odiaba que me gritaran. Podía mantener una conversación, una discusión y cualquier cosa con otra persona o vampiro pero odiaba los gritos. Me recordaban demasiado a cierta época de mi vida que no quería recordar y que estaba tratando por todos los medios de borrar de mi mente. María era plenamente consciente de ello y a juzgar por su sonrisa estaba seguro de que aún lo recordaba.
-No vuelvas a gritarme si no quieres que te mate –gruñí más fuerte.
-¿En La Cueva? –preguntó burlona-. Tú jamás transgredirías las reglas de la cueva.
-Pero tengo amigos que sí lo harían y la mayoría están aquí –sacudí la cabeza-. Te has acostado demasiadas veces con los vampiros equivocados María –chasqueé la lengua-. Yo no los tentaría ¿sabes?
-¡Cullen!
Antes de que Jhon llegase hasta donde estaba lo supe. Problemas. Suspiré internamente.
-¿Qué pasa Jhon?
-Hay una humana que busca protección y…
Negué antes de que terminara la frase.
-No nos mezclamos con los humanos de esa forma, lo sabes –le interrumpí-. Emmett se encariña demasiado pronto y Edward suele ser bastante… volátil… -añadí refiriéndome a los bruscos cambios de humor de los que mi hermano solía hacer gala a menudo y sobre todo cuando habían humanos cerca-. Busca a otro.
-En realidad… creo que os puede necesitar a los tres –dijo.
Enarqué ambas cejas y le miré. Él miró a María que no parecía dispuesta a marcharse. Suspiré y me preparé para una controversia verbal si fuese necesario.
-María, por favor, márchate.
-Pero Jasper no hemos terminado de hablar y…
-Hemos terminado de todo excepto de que tú te desnudes y quieres montarme aquí mismo, cosa que no sería de mi agrado la verdad, así que márchate –ni siquiera la miré mientras me miraba fingidamente indignada. Mantuve la mirada en Jhon que parecía tan enfadado con María como lo estaba yo-. ¿Qué pasa?
-Alexis me recomendó que os buscara a vosotros –se encogió de hombros, la preocupación visible en sus ojos-. Esa humana… está marcada.
-¿Por quién?
Jhon miró a su alrededor. Estaba más que claro que el hecho de tener que darme el nombre del vampiro que había marcado y reclamado a esa humana, fuese quien fuese, no le hacía demasiada gracia.
-¿Por qué diablos no puedo haberme topado en Edward primero? –masculló Jhon. Miró a su alrededor-. No creo que sea prudente decirte el nombre de…
-Inténtalo –le dije tranquilamente. Le escuché resoplar entre dientes.
-Bien, de acuerdo, digamos que es alguien que está decidido a hacer de la existencia de tu hermano un infierno en la tierra –sus cejas se arquearon de forma sugestiva.
Fruncí el ceño.
-¿Emmett?
-Tu otro hermano –dijo.
Edward… Edward no tenía enemigos… Ni siquiera entre los vampiros. Era increíble como alguien tan bipolar como Edward era capaz de mantener una agradable relación con todos los que conocía, aunque a veces esa relación fuese simplemente cortés. Fruncí el ceño. Sólo un nombre me vino a la cabeza. Gruñí y miré a Jhon.
-Dime que no es él –le dije.
-¿Empieza por jota? –gruñí aún más-. Es él.
-¡Jhon, problemas en la barra! –gritó Alysa llegando hasta nosotros. Me miró-. Tus hermanos están allí –miró a Jhon-. Y Viktor está intentando convencerles de dejarles a la humana.
-Joder…
_______________________________ Emmet ________________________________
-Si no me la llevo yo lo hará cualquier otro –dijo Viktor en un intento por convencerme.
-Muy bien, entonces inténtalo y cuando termine contigo los demás tendrán su turno –le dije sonriendo-. Hace bastante que no tengo una buena pelea.
-Estás loco… ¿piensas negarle a James el derecho a tenerla? –cabeceó hacia la chica detrás de mí-. Él la ha reclamado antes.
-Sí, y no ha sido capaz de atraparla –intervino Jasper apareciendo a mi lado y dándome una palmada en el hombro-. Cálmate, me estás poniendo furioso a mí también.
-Lo siento –me disculpé sarcásticamente-, pero es lo que me suele pasar cuando amenazan con pasar por encima de mi cadáver… tiene gracia teniendo en cuenta que técnicamente no respiro por lo que ya soy un cadáver…
-Cállate, Emmett –dijo Edward detrás de mí, seguramente rodando los ojos.
-¿Os dejo solos una noche y os metéis en líos? –Jasper chasqueó la lengua y miró hacia delante-. ¿Cuál es el problema, Viktor?
Vi con satisfacción como Viktor miraba a Jasper con los ojos abiertos y sonreí internamente. Jasper siempre causaba esa expresión. Por supuesto Edward era el más rápido de los tres, el más ágil sin ninguna duda y su capacidad de leer las mentes de los demás ayudaba bastante en un pelea sobretodo si era una pelea contra vampiros. Pero Jasper… Jasper era letalmente peligroso. Bajo su apariencia de chico bueno de California con su piel blanca y su cabello rubio se escondía un auténtico demonio dispuesto a matar, no por placer, sino para defender a los suyos y a aquello que él creía que merecía la pena. Pocos eran los vampiros que habían peleado contra él y todos los que lo habían hecho estaban muertos y calcinados por su propia mano sin que nadie más interviniese. Ver como Jasper se transformaba en la máquina letal de matar en que le habían convertido hacía muchísimo tiempo era todo un arte. Sus hombros se cuadraban y parecía que su altura se elevaba hacia los cielos; su cabello adquiría un aire rebelde y caía sobre sus ojos y su mirada, siempre tan apacible se transformaba en una mirada muerta, completamente inerte, carente de cualquier emoción.
-¿Preciosa? –preguntó Edward detrás de mí.
-Bella –dijo ella. Su voz era suave-. No me gusta que me llamen preciosa, mi nombre es Bella.
-De acuerdo Bella. ¿Puedes hacer algo por mí? –preguntó suavemente- ¿Puedes cerrar los ojos?
-¿Qué?
-Esto se puede poner bastante feo así que hazme un favor y cierra esos bonitos ojos que tienes –pidió Edward de nuevo. Viktor miró detrás de mi hombro y gruñí avanzando un paso hacia él-. Será un momento.
-¿Por qué? –preguntó. Jasper sonrió a mi lado-. ¿Por qué tengo que cerrar los ojos?
-Es batalladora –apuntó Jasper con una media sonrisa-. ¿Edward?
-Dame un segundo –pidió Edward.
-No creo que tengamos un segundo –dije ladeando la cabeza.
Había visto el modo en que Marco y Elizabeth se habían movido ligeramente a la izquierda, sus ojos fijos en mi costado.
-Emmett… -advirtió Jasper.
-Tranquilo. Tengo ganas de jugar un poco –hice crujir los nudillos y ladeé el cuello un par de veces-. ¿Quién quiere ser el primero?
-Bella, cierra los ojos ahora –dijo Edward.
-¿O qué?
Jasper se movió para dejar su espalda cerca de la mía. Lo habíamos hecho durante muchas décadas… El uno cubría el lado débil del otro.
-O te juro que en cuanto salgamos de aquí te zurraré ese trasero tan apetecible que tienes –rugió Edward.
-¿Qué diablos piensas que…
-¡Joder! –Elizabeth se movió hacia Bella mientras que Marco se deslizaba hacia mí-. ¡Cierra los ojos de una puta vez, Bella!
Dejé de escuchar a Edward cuando Marco se lanzó sobre mí, sus dientes directamente hacia mi cuello. ¿Es que se había vuelto loco? Me agaché y dirigí mi mano cerrada en un puño contra su estómago. Incluso Viktor soltó un jadeó cuando lo estrellé contra una de las columnas que sujetaban la barra del bar. Fruncí el ceño, Alysa iba a ponerse como una fiera conmigo por ese pequeño detalle.
Un vampiro joven arremetió contra Jasper que se limitó a golpearle en la cara con la misma facilidad con la que yo me había desecho de Marco. Escuché como Edward gruñía a Elizabeth y después el crujido de varios huesos rompiéndose acompañaron el aullido de la vampiresa.
Alcancé al primer vampiro que tuve a mi alcance y lo levanté del suelo para poder mirarle a los ojos. Asqueroso. Se alimentaba de humanos. Tal y como lo tenía cogido lo arrojé contra otro grupo de vampiros mientras que Jasper se encargaba de recordar a tres vampiros jóvenes que no debían meterse en una batalla si no pensaban ganarla.
Gruñí cuando escuché a Edward arrojar el cuerpo de Elizabeth contra Marco, aún quejándose y maldiciendo a la humana.
-¿Quién es el siguiente? –gruñí.
-Bella, ¿estás bien? –escuché como Edward le preguntaba.
-Sí… yo…
-Creía que pelear aquí dentro iba contra las reglas… -masculló la voz infantil de Jane cerca de nosotros.
-Nada de lo que tengas que preocuparte –tranquilizó Edward a Bella-. Vamos a salir de aquí y voy a cogerte en brazos para hacerlo ¿entendido? –Bella debió de asentir-. Bien, buena chica. No voy a dejar que te pase nada.
-No cuando intentas proteger lo que es tuyo –contestó Jasper a Jane-. Tú misma pusiste esa regla, Jane, ¿ya lo has olvidado?
Varios jadeos hicieron que sonriera. Edward masculló detrás de nosotros.
-¿La estáis reclamando como vuestra? –Jane enarcó una ceja.
-Sí –la respuesta de Edward no dejaba ninguna duda-. Y cualquiera que quiera llegar hasta ella va a tener que pasar por encima de nosotros antes –añadió por si había quedado alguna duda-. Incluido el vampiro que la marcó.
-Estáis locos… James os despedazará a los tres… -dijo Viktor.
-Puede intentarlo –concordó Edward-. No sería la primera vez.
-¿Edward? –preguntó Jasper sin mirar hacia atrás.
-La tengo –contestó mi hermano-. Salgamos de aquí.
Asentí. Sería lo mejor. La chica, quien quisiera que era, estaba mortalmente asustada. Todos podíamos sentir su corazón acelerado y el olor incrementado de su sangre flotando a su alrededor; incluso yo podía sentir su miedo a pesar de no ser empático. Di gracias a los dioses por haber podido convencer a mis hermanos de que necesitábamos cazar aquella misma mañana, de lo contrario, el olor de aquella humana nos habría hecho enloquecer a los tres y hubiese sido muy probable que la hubiésemos matado nosotros mismos incluso dentro del recinto de la cueva.
_________________________________ Edward _____________________________
Olía a fresas y flores. Seguramente por su champú, no me importaba demasiado. Su cuerpo era pequeño y proporcionado y apenas debía pesar cincuenta y cinco kilos. Sus brazos me rodeaban el cuello y su cabeza estaba enterrada en mi pecho; no la levantó en ningún momento y di gracias mentalmente por esto. Si su mirada se hubiese cruzado con la de algún vampiro mientras salíamos de la cueva podría haber sido interpretado como un desafío y lo cierto era que por mucho que a Emmett le apeteciese una buena pelea, estaba seguro de que tanto Jasper como yo ya habíamos tenido suficiente por una noche y todo lo que queríamos era aclarar todo aquello.
Cuando el aire frío de Seattle la golpeó, tembló entre mis brazos y a pesar de la situación en la que estábamos, no pude evitar imaginarla temblando entre mis brazos con más intensidad y por diferentes motivos al frío.
-¿Está bien? –la voz de Alexis sonó realmente preocupada.
-Está bien –aseguró Emmett-. Pero hemos dejado ahí dentro a unos cuantos vampiros cabreados –añadió divertido-. Nos la llevamos a casa.
Eso hizo que Bella levantara la cabeza del hueco entre mi cuello y mi cabeza donde parecía haberse refugiado.
-¿A casa? Mi casa…
-No a tu casa cariño, a la nuestra –dijo Jasper con una sonrisa.
-¿Eso significa que…
-La reclamamos como nuestra –Jasper se encogió de hombros con cierta indiferencia mientras metía las manos en los bolsillos-. Somos sus protectores.
El portero de la cueva sonrió.
-Estupendo. Es una buena chica, no debería de…
-No, y vamos a encargarnos de ello en cuanto podamos –mascullé avanzando hacia la carretera.
Escuché la voz de Emmett hablando con Alexis mientras le agradecía por su invitación de volver otro día. Sonreí satisfecho.
-¿Mmmm… Edward? –preguntó titubeante. La miré-. Ese es tu nombre ¿verdad? –asentí-. ¿Puedes dejarme en el suelo? No quiero romperte la espalda… -añadió cohibida.
Reí divertido.
-Cielo, pesas menos que una pluma… -pero le hice caso y la dejé sobre el suelo, apartándome de ella a regañadientes. Jasper me miró sonriente como si supiera exactamente lo que estaba pasando por mi mente.
-¿Estás bien? –le preguntó Jasper.
Temblaba. Bella estaba temblando. Miré a Jasper que negó con la cabeza y me envió un mensaje. Estaba asustada, con frío, impaciente, orgullosa y extrañamente feliz. Doblé las rodillas e incliné la cabeza buscando sus ojos. ¡Joder! Tenía los ojos más hermosos que había visto nunca... De un color oscuro, casi como el chocolate, grandes y brillantes.
-No vamos a hacerte daño ¿de acuerdo?
-¿Por qué me hablas como si me fuese a romper? –preguntó ella confundida.
Parpadeé mientras escuché a Jasper reír suavemente y a Emmett lanzar una de sus estrepitosas carcajadas.
-No has cerrado los ojos ahí dentro –dije entre dientes.
-Lo sé, yo estaba ahí –contestó Bella.
-Has visto lo que podemos hacer –continué hablando suavemente esperando que de un momento a otro reaccionase ante lo que había visto en la cueva.
Ella asintió.
-Deberías de estar muerta de miedo –dijo Emmett claramente divertido por la reacción que la chica estaba teniendo-. Esto no es habitual.
Gruñí.
-Tampoco lo es que no pueda leer su mente –les dije a mis hermanos en un siseo tan agudo que estaba seguro de que Bella no lo entendería. Así fue porque una de sus manos me golpeó en el brazo un par de veces para llamar mi atención-. ¿Qué?
-No sé qué has dicho, pero no me gusta que hablen de mí como si no estuviese delante –reclamó.
-De acuerdo, ha sido una noche larga y extraña –Jasper sacudió la cabeza-. Será mejor irnos a casa y hablar con la tranquilidad de saber que no hay cincuenta vampiros queriendo nuestras cabezas y su sangre.
-No puedo ir a vuestra casa… -dijo entonces ella mordiéndose el labio inferior. Sus mejillas se tiñeron de un ligero rubor que me fascinó. El gruñido de Emmett me hizo saber que no era al único al que esas mejillas sonrosadas le habían afectado.
-¿Por qué?
-Porque no quiero… no quiero poneros en peligro… yo no… -contestó con divagaciones a la pregunta de Jasper-. No debería haber venido, ahora también os quieren a vosotros y…
-Bella, cariño, eso de ahí dentro sólo ha sido una… escaramuza, nada serio. Todos esos vampiros saben perfectamente que no tienen ninguna oportunidad contra nosotros ¿entiendes? –dijo Emmett. Bella asintió.
-Muy bien, escucha –miré a Bella-. No vamos a hacerte daño Bella, lo juro, pero tienes que confiar en que nosotros vamos a mantenerte protegida. Eso es lo que venías buscando, protección ¿verdad? –asintió y le sonreí-. Y es lo que te estamos ofreciendo…
-De acuerdo, iremos a vuestra casa –suspiró resignada-. Os seguiré en mi coche.
Arqueé ambas cejas mientras la veía dirigirse hacia una vieja furgoneta. ¿De verdad pensaba que íbamos a dejarla sola en un coche cuando acabábamos de salir de la cueva dejando a más de cincuenta vampiros enfadados y deseando atraparla?
-No sé si es demasiado ingenua o demasiado idiota… -mascullé a Emmett que estaba a mi lado con la misma mirada asombrada que yo.
-¿Puede ser que esté en shock? –preguntó Emmett.
-No. Está bien… Sólo… no reacciona como se supone que tendría que reaccionar.
-¿Dónde crees que vas? –vi como Bella saltaba al llegar a la puerta de la furgoneta. Jasper se había movido rápidamente hasta ella y estaba a su lado con la mano sobre la manija de la puerta-. Vienes con nosotros, en nuestro coche.
Ella miró el jeep de Emmett.
-¿Ese monstruo? –la sonrisa orgullosa de Emmett decayó y frunció el ceño.
-¿Mi jeep es un monstruo? –preguntó como si fuera un niño al que acababan de decirle que Santa Claus no existía.
-No, sólo es… un poquito grande –dije con suavidad.
-No voy a dejar mi furgoneta aquí –insistió Bella con sus manos apretadas alrededor de sus caderas. Perfectas, por cierto.
-Bella…
-Es todo lo que tengo… -dijo a media voz agachando la cabeza-… Es todo lo que me queda… no puedo ni quiero dejarla aquí, no podría…
-Joder… menudo trasero… -masculló Emmett ladeando la cabeza mientras miraba a Bella. Jasper sonrió a medias, seguramente porque había escuchado el comentario de Emmett. Yo estaba completamente de acuerdo con los dos-. Edward, ¿te has fijado en el modo en que…
-Me he fijado, Emmett –le dije con la mandíbula tensa. No necesitaba que nadie me hiciese fijarme en el culo de Bella, yo solito podía hacerlo perfectamente, gracias.
"Yo digo que les ataquemos todos"
"¿Estás loco? No pienso enfrentarme a Jasper.
"Es imposible ganarles. Edward sabe lo que vamos a hacer incluso antes de que lo hagamos y no pienso volver a pelear con Emmett. La última vez me rompió cuatro costillas"
"James ha jurado dar cualquier cosa por esa humana"
"Tal vez aún los podamos encontrar"
Parpadeé y mascullé. Emmett me miró.
-¿Qué?
-No hay tiempo para discutir –me acerqué rápidamente hasta Bella y Jasper-. Si no nos marchamos ahora mismo tendremos problemas –les dije-. Bella, vienes con Emmett y conmigo en el jeep, dale las llaves a Jasper y él nos seguirá en tu trasto.
-Furgoneta –rectificó ella insistentemente.
-Cariño, puede que en algún momento fuese una furgoneta pero ahora es un trasto, confía en mí –dijo Emmett divertido-. ¿Las llaves?
-Daos la vuelta –la miramos-. ¿Qué? Tengo la llave en un bolsillo de doble forro en el interior del vestido, ¿pretendéis que la tome con vosotros mirándome?
-A mí no me importaría –dijo Emmett con una sonrisa pícara.
Jasper resopló pero se giró y tomó a Emmett del brazo para que hiciera lo mismo. Bella me miró.
-¿Esperas una invitación?
Giré mascullando entre dientes.
-Me gustaría saber donde tiene la llave exactamente –dijo Emmett siseando.
-El lugar más fácil es el escote –argumentó Jasper.
-Yo pensaba en el dobladillo de la falda –comentó Emmett.
-¿Queréis dejarlo ya? –me miraron airadamente-. Si volvéis a pensar en desnudarla lentamente para saber en qué lugar exacto tiene la maldita llave del maldito trasto voy a joderla aquí mismo –mascullé. Jasper sonrió a medias-. ¡Oh, cállate!
-Creía que tú eras el del autocontrol, hermanito –Emmett me rodeó los hombros con un brazo.
-Sí, claro, como si tú no lo hubieses pensado –le reproché.
-Ya está…
Los tres nos giramos rápidamente y juro que casi me volví loco cuando la vi ajustándose el escote del vestido. Entregó una llave negra a Jasper.
-Ten cuidado, mi coche ya está considerado de la tercera edad.
-De la edad de piedra más bien…-susurré-. Creo que esto no podrá ir a más de sesenta, así que te vemos en casa –Jasper me envió un pensamiento y arqueó una ceja. Resoplé. No, Jasper, no vamos a violarla, creo que podremos controlarnos.
-Estupendo, porque yo no podría –confesó Jasper riendo entre dientes.
-¿Qué es lo que no podrías?
-Nada –dijimos los tres al mismo tiempo. Respiré profundamente-. Vamos, es hora de ir a casa.
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Bueno, que tal? Va bien o no? Seré sincera con vosotros: es la primera vez que intento hacer un fic de este tipo. Sí, el resto de Cullen aparecerán pero la relación de Bella como consorte de nuestros tres vampiros favoritos no cambiará. Oh, sí, Bella mantendrá una relación con los tres… aún no sé como lo haré porque será mi primer fic lemon pero sé lo que quiero hacer, así que os pido disculpas de antemano si algo no sale bien.
A ver, una aclaración, Edward, Jasper y Emmett son vampiros, sí, vegetarianos, sí, brillan a la luz del sol, sí, todo eso es igual que en el libro, pero hay una sutil diferencia. Jasper tiene 28 años, Edward tiene 25 y Emmett tiene 23. El motivo es que no quería tener a una Bella de 21 con tres vampiros de 17. De este modo, nuestros chicos tienen un margen para esperar a convertir a Bella en vampiresa (si es que lo hacen :p) antes de que Bella les alcance en edad, ¿de acuerdo?
Bueno, pues esto es todo por hoy; han sido catorce páginas de word escritas así que espero al menos una cantidad de reviews paralela, ¿vale?
Espero que haya sido de vuestro agrado y realmente espero, espero, volver a veros por aquí (no es por publicidad pero comentadlo con vuestros amigos y amigas para que pasen a leerme y a dejarme un mensajito!!!))
Espero que seáis felices. Nos leemos pronto!!
