Vale, a ver…ehm… probando, un, dos, tres, probando…

Bien, hola, que tal? Soy yo otra vez… A ver, he tenido que borrar el capítulo y volverlo a subir por un motivo: supongo que habreis notado que durante las últimas cuarenta y ocho horas la pagina de fanfiction ha estado funcionando… mmmm.. un poquito mal y parece que mi capitulo ha quedado por ahí en medio, así que a pesar de que vosotros podeis leer mi capitulo yo no consigo leer los reviews que me llegan, y aunque está reflejado que tengo 82 revies, yo solo tengo 66.

Asi que voy a hacer dos cosas: borrar el capitulo y volver a subirlo y pediros un favor: los que hayais dejado reviews desde el review de ximena (06-08-2009, chapter 2: actualiza pronto, cada cuanto piensas subir?) que es el último review que he podido leer, ¿podríais volver a enviarme vuestros mensajes?

Por favor, sé que es mucho pedir pero no me gusta pensar que hay reviews por ahí perdidos que no he conseguido leer. Así que por favor os estaria muy agradecida si volviéseis a enviarmelos, vale?

Un besito, os dejo con el capi…. Otra vez. Ciao!!!

______________________________________________________________________

Hola a todos, que tal??

No lo puedo creer!!! 66 reviews!!! Tengo 66 reviews!!! Es increíble que me hayáis dejado tantos mensajes con este fic, muchas, muchas, muchas gracias!!!

No puedo dejar que leais el capítulo sin darles las gracias a todos los que habeis dejado review, que sois:

Laabuela, nilaa, valu86, lily granger potter, akhane, sealiah, adela (doble gracias por dos reviews!!! ) patss, lna, kmylita, anrresweet, miyu amamyia (gracias por considerar que mi fic merece ser traducido al portugués), elena mercier, shir-cullen, tina masen, helena95, ximena, zita, erill cullen, anakaren, marisol, karina, , angie, valu86, adela, valentina, another life, karime, sandracullen, inmans, ninde, paky, flowersswan, trinity17, , celtapotter.

Creo que no se me ha olvidado nadie… espero… si ha sido así por favor decidmelos y en el proximo capítulo os recordaré, ok?

A ver, me habéis hecho muchas preguntas pero no puedo contestarlas todas porque entonces os desvelaría la mitad del fic!!!

Os digo simplemente que la relación entre los cuatro será no sólo física sino también sentimental aunque no hará relación física entre nuestros tres vampiros, sólo… imaginaos tener a tres chicos para una sola chica ¿vale? Así que espero que Bella no parezca demasiado… eh… promiscua… por estar con los tres ¿de acuerdo? Alice, Rosalie, Esme y Carlisle aparecerán, por supuesto, pero su aparición no hará que la relación de ellos tres con Bella se estropee; serán sus hermanas aunque por supuesto habrá conflictos con cierta rubia… ya veremos. Qué más?? Ah, sí, no sé cada cuanto subiré un capítulo. Lo voy escribiendo sobre la marcha; por favor, tened en cuenta que llevo tres fics más además de este, que estoy trabajando en un negocio familiar porque ahora estoy de vacaciones y que tengo una vida fuera de fanfiction ¿de acuerdo? Intentaré subir tan pronto como pueda y espero que sea al menos un par de veces al mes pero no puedo asegurar nada ¿está bien?

Ahora sí, un beso para todos, espero leeros abajo y adelante!!! Disfrutad del capítulo y de la lectura!!

_____________________________________________________________________

Vampiros y humanos conviven en un mismo mundo siendo conscientes los unos de la existencia de los otros. Pero cuando un vampiro se obsesiona con un humano, éste sólo tiene dos salidas: rendirse al vampiro o buscar un protector. Una vez cada doscientos años se produce un hecho insólito y un humano es reclamado para ser el consorte de tres vampiros poderosos. ¿Qué pasa entonces? ¿Y si el humano ya había sido marcado antes por otro vampiro?

______________________________________________________________________

Capítulo II. No debería de ser ella

Una piscina. Más que una bañera aquello era una piscina. ¡Tenía escaleras y todo! Me sumergí en el agua para aclararme el cabello lleno de jabón. El líquido caliente me rodeaba completamente y desentumecía mis músculos helados por el frío. Apoyé la espalda contra el respaldo de la enorme bañera del cuarto de baño principal y encogí las piernas hasta que las rodillas me tocaron la barbilla; las rodeé con las manos y las abracé suspirando con gran deleite mientras intentaba recordar cuándo había sido la última vez que había podido disfrutar de un baño de agua caliente en lugar de una ducha apresurada con los ojos bien abiertos y preocupada continuamente acerca de si James iba a aparecer en donde fuera que había sido mi lugar elegido para esconderme durante un par de semanas. Se sentía bien poder relajarse un poco, sólo un poco, sabiendo que había alguien que tenía los ojos abiertos por ti.

Aún más que eso. Me había sentido, por primera vez en los últimos cinco años protegida y segura, a salvo. Edward me había ayudado a subir al enorme jeep de Emmett y, en lugar de ofrecerme el asiento trasero, me había encontrado encasquetada en medio de los dos en la parte frontal del vehículo. No es que me quejara, desde luego que no, pero estar en medio de los dos había hecho que me sintiera… extraña. Era como si todas las hormonas de mi cuerpo que había estado intentando evitar durante los últimos años hubiesen aparecido repentinamente.

Gemí mientras me estiraba en la enorme bañera. Vale, muy bien, aceptaba que los vampiros tuviesen una belleza etérea propia para lograr captar la atención de sus víctimas potenciales. Aceptaba que los vampiros tuviesen la capacidad de deslumbrar a los humanos para sus beneficios y propósitos, de acuerdo. Y evidentemente aceptaba la gracia y elegancia innata que parecían poseer todos los vampiros, incluso los que habían intentado atacarme en la cueva hacía apenas unas horas. Lo aceptaba. Completa y totalmente sin ponerlo en duda.

¿Pero era necesario que los dos vampiros que estaban abajo y un tercero que estaba en camino fuesen los ejemplares masculinos más perfectos que había visto nunca en toda mi vida? Y no hablaba solo de la masculinidad humana, también la vampírica. Eran sencillamente perfectos.

Tan diferentes entre ellos y extrañamente había tenido la misma reacción ante el toque de los tres: electricidad, chispa, corriente, descarga eléctrica, podía llamarlo como quisiera pero el resultado era el mismo. Me había asustado tanto como agradado.

Me hundí en el agua nuevamente mientras pensaba en los tres vampiros y en sus manos. Subí de nuevo a la superficie con ese pensamiento en mi mente. ¡Sus manos! Sus manos eran grandes, fuertes y frías. Diferentes. Siempre había tenido fijación con las manos de los hombres. Fruncí el ceño intentando evocar la imagen de los tres pares de manos diferentes. Las de Edward eran elegantes, de dedos largos y finos, uñas pulidas y bien cuidadas, brillantes. Las manos de Emmett eran distintas. Las había observado mientras conducía; eran fuertes y ásperas, con vello en los nudillos, daba la sensación de ser capaces de romper cualquier cosa que se pusiera entre ellas desde un bloque de roca sólida hasta el cuello más delicado. Y luego estaban las manos de Jasper. Etéreas. Esa era la palabra para describir sus manos. No poseían la elegancia de las de Edward ni la fuerza de las de Emmett pero eran… dulces… suaves… como si estuviese acostumbrado a tocar y a saber cómo tocar para hacer que una mujer se sintiera protegida, segura y a salvo.

Gemí. Los tres poseían las manos adecuadas para volver loca a cualquier mujer, a mí particularmente. Me ruboricé furiosamente al imaginar esas manos encima de mí. Las había imaginado cuando Edward me había tomado en brazos, cuando Jasper me había acariciado, cuando Emmett había rozado la letra de mi piel. Las quería. No podía negármelo a mí misma y eso me asustaba. Era la primera vez que sentía algo así la primera vez que deseaba algo con tanta fuerza, la primera vez que anhelaba ser tocada por alguien. Quería que fuesen esas manos las que me hiciesen sentir, anhelar, esperar y rogar por su toque.

-¿Bella?

La aterciopelada voz desde el otro lado de la puerta hizo que diera un salto dentro del agua y que me resbalara golpeándome en la cabeza con el borde de la bañera de forma ligera.

-¡Au! –me froté el lugar donde me había dado-. Maldita sea…

-¿Estás bien? He oído un golpe.

-Estoy bien –dije aún frotándome la cabeza-. Sólo me he dado un golpecito, me has asustado –acusé mirando a la puerta como si mi mirada acusadora pudiese traspasar la puerta y mirarlo directamente. Escuché una risita al otro lado y rodé los ojos.

-Bien, yo… eh… Jasper acaba de llegar con tu tras… perdón, tu furgoneta –genial, ahora se reía de mí-. He dejado algo de ropa sobre la cama, cuando termines baja al salón –pidió. Pareció titubear-. Tómate tu tiempo, no tenemos prisa.

-Yo… está bien, no tardaré mucho. Estoy segura de que estaréis deseando acostaros –me reñí mentalmente por usar esa palabra cuando escuché la risita de Edward al otro lado-. Dormir. Seguro que estáis deseando dormir –rectifiqué.

Aún podía notar su risita a través de la puerta cuando él habló.

-Bella… los vampiros no dormimos –dijo. Abrí los ojos, ¿no dormían?-. Creí que todo el mundo sabía eso…

-Sí, bueno, lo siento, me perdí el último número de la revista "Amigos de los vampiros: secretos y verdades" –dije sarcásticamente-. Ahora entiendo por qué James parecía estar siempre tan cerca de mí… tonta de mí yo tenía que dormir algunas horas –refunfuñé. Escuché como reía y me sonrojé. Había olvidado su estupendo oído.

-Baja cuando estés lista –dijo simplemente.

Asentí y me sentí ridícula cuando lo hice. ¡Cómo si Edward pudiese verme a través de la puerta! Me paralicé unos segundos, no podía ¿verdad? Me quedé en el agua unos minutos más disfrutando de la tranquilidad y la seguridad. Froté mi piel con mis manos desnudas llenas de jabón porque no quise coger ninguna de las esponjas que había en las repisas junto a la bañera temiendo que el dueño de las mismas pudiese molestarse si lo hacía. Mascullé una palabrota y contuve una mueca cuando froté el brazo que Viktor me había sujetado en la cueva. Un gran moretón en forma de garras me rodeaba el brazo y amenazaba con volverse más oscuro si es que eso era posible.

Suspiré. Me daba miedo bajar con ellos porque estaba casi segura de que mi primera reacción sería dejar que mis hormonas controlasen mi cuerpo y mi cerebro y, aunque eso me hubiese gustado y mucho, no estaba convencida del todo de que fuese la mejor opción dadas las circunstancias. Así que hice acopio de mi valor, me sumergí una vez más en el agua para aclararme el jabón y me puse de pie. Quité el tapón de la bañera y encendí la ducha para terminar de quitarme el jabón del cuerpo. Edward había dejado una esponjosa toalla amarilla sobre la banqueta y me envolví con ella mientras salía con cuidado de la trampa mortal acuosa y jabonosa en la que se había transformado la bañera.

Sonreí cuando salí del cuarto de baño a la habitación decorada en tonos oscuros y sobrios, elegantes. Sobre la cama una camisa de hombre de color blanca, mangas largas y botones me esperaba junto unos pantalones de deporte que, sin ponérmelos, ya sabía que me iban a quedar grandes. Alguien, seguramente Edward, había colocado mi pequeña bolsa de aseo sobre la cama también y al lado, un par de calcetines blancos, aún con la etiqueta, descansaban. Me ruboricé al ver uno de mis escasos conjuntos de ropa interior junto a los calcetines. Eso significaba que alguien había tenido que rebuscar entre mi ropa y que alguien, uno de ellos, había visto mi deplorable colección de bragas y sujetadores comprados a toda prisa en las tiendas 24 horas. Con un suspiro solté la toalla y me deslicé en la ropa interior poniéndome la camisa después. Lo que había sospechado: la camisa me cubría hasta medio muslo y me sobraba más de la mitad de las mangas. Sonreí y me miré en el espejo. Parecía una niña jugando a disfrazarse con la ropa de papá; subí las mangas de la camisa hasta las muñecas y sintiéndome más valiente abrí la puerta del armario oscuro sonriendo al encontrar cuatro cinturones colgados de forma ordenada. Elegí uno al azar y rodeé mi cintura haciendo que la camisa no se viese tan mal. Me miré de nuevo en el espejo. Estaba decentemente cubierta. Me senté en el borde de la cama disfrutando del olor que me rodeó y me puse los calcetines antes de rebuscar en mi bolsa de aseo un cepillo con el que peiné mi cabello dejándolo suelto sobre la espalda a falta de tener un secador a mano.

Bueno, no iba a tener más valor del que tenía en aquellos momentos así que entré en el baño y me aseguré que todo estaba perfectamente ordenado; doblé los pantalones de deporte y los dejé en la cama arrojando la toalla a la cesta de la ropa sucia. Coloqué mi bolsa de aseo sobre la cómoda de la habitación y abrí la puerta. Era hora de enfrentarme a mis vampiros… ¡joder… qué bien sonaba eso!

Apenas me fijé en la moqueta azul que cubría los suelos y en el sencillo blanco que decoraba las paredes. Atravesé el pasillo y bajé las elegantes escaleras de caoba antes de empezar a andar siguiendo el sonido de las voces. Me detuve en la puerta de la sala de estar, abierta completamente, sin saber si debía entrar o debía esperar una invitación o algo que indicase que reconocían mi presencia. No había dicho nada ni había movido un músculo cuando tres pares de ojos dorados se clavaron en mí. Oído vampiro. Debía recordar eso.

Por el modo en que me estaban mirando me sentí desnuda ante ellos. Jasper tenía el ceño fruncido como si estuviera valorando mi vestimenta, Emmett no dejaba de mirarme de arriba abajo y viceversa deteniendo sus ojos en mis piernas expuestas y Edward… Edward parecía haberse quedado congelado en el sofá como si fuese la estatua de un dios griego o algo parecido.

-Yo… los pantalones me quedaban demasiado grandes y… -tartamudeé-… bueno, cogí uno de los cinturones que estaban en el armario… espero que no le importe al dueño de…

-No me importa –aseguró Edward dándome a entender así que la habitación, ropa y baño que había usado eran suyos-. Entonces… -carraspeó-… sólo llevas la… la camisa ¿correcto?

Asentí.

-Joder… -masculló Emmett.

-Os dije que sería mejor que se pusiera su propia ropa –dijo Edward frunciendo el ceño mientras me miraba.

-¿He hecho algo mal? –pregunté repentinamente nerviosa.

Edward y Emmett abrieron la boca para decir algo pero Jasper les cortó antes de que pudiera pronunciar la primera sílaba.

-Callaos, la estáis asustando –intervino Jasper-. Bella, ¿te sientes mejor? –asentí-. ¿Menos frío?

-Sí, gracias, el agua estaba perfecta –le sonreí de vuelta.

-Estupendo, ¿quieres comer algo? –frunció el ceño mirando el reloj-. Es tarde y estoy seguro de que no has cenado nada.

-Yo, no, estoy bien –mi estómago rugió en aquel momento haciendo que mis mejillas se sonrojasen de vergüenza y que Emmett riera profundamente levantándose del sillón-. Lo siento –me disculpé.

-La culpa es nuestra. A menudo olvidamos que los humanos necesitáis… comer –dijo Edward.

-Yo me ocupo –dijo Emmett -¿Un sándwich de pavo y queso suena bien?

-Suena perfecto Emmett, pero no te molestes. Yo puedo…

-Oh, no, ni hablar –Edward me condujo hasta el sofá y me obligó a sentarme mientras le hacía gestos a Emmett para que fuera a la cocina contigua-. Siéntate y deja que Emmett haga algo. La última vez que entró en la cocina fue en 1900 más o menos –rió de su propia broma y compartí una sonrisa vacilante con él-. Lo siento, no quería incomodarte.

-No, está bien. No importa –me acomodé en el sofá color crema y suspiré. Era cómodo y blando-. Entonces… ¿vais a ayudarme?

Edwar y Jasper se miraron y vi que Edward cabeceaba ligeramente. Fruncí el ceño no estando demasiado segura acerca de si me gustaba que tuviesen conversaciones conmigo delante en las que no me tenían en cuenta.

-Primero tenemos que hacerte algunas preguntas –dijo Jasper de forma descuidada.

Di un respingo y estoy segura de que Edward lo notó porque uno de sus brazos se trasladó al respaldo del sofá, por encima de mi cabeza como si de aquel modo quisiera decirme sin palabras que todo estaba bien y que James no podía hacerme daño allí.

-Está bien, sólo son algunas preguntas sobre James –rió bajito-. No te gusta hablar de ti misma ¿verdad?

-No soy demasiado buena hablando de mí misma –admití arrugando el ceño y la naricita. Luego sonreí-. Mi madre siempre me decía que tenía alma de periodista… siempre queriendo saber todo sobre la vida de los demás y nunca queriendo que mi vida saliese a la luz…

-Entonces… ¿te importa si te preguntamos si lo habías visto antes? –preguntó Jasper.

Parpadeé ante su pregunta.

-Se refiere a James –Emmett apareció por la puerta y me entregó una pequeña bandeja con un emparedado y un vaso de leche. Arrugué la nariz-. ¿Pasa algo?

-La leche –me encogí de hombros-. Soy intolerante –dije a modo de explicación.

-Ops, enseguida vuelvo.

-No –le detuve cogiéndole la mano-. Está bien, no es que tenga mucha sed, sólo… el sándwich solo esta bien.

Me sentí incómoda cuando di el primer bocado masticándolo repetitivamente. Los tres me miraban como si fuera la mejor película o programa televisivo que habían visto en años. Tragué con cierta dificultad y sonreí a Emmett.

-Está delicioso –dije extrañada-. Entonces, ¿no coméis pero sabéis cocinar?

-Intentamos ser lo más normales posibles –me contestó Jasper sonriendo-. ¿Estás intentando cambiar de tema?

Encogí el hombro ligeramente y el cuello de la camisa se deslizó haciendo que mi hombro quedase expuesto. No le di demasiada importancia, después de todo, sólo era un hombro.

______________________________ Emmett ________________________________

-Entonces, ¿respecto a James…

Bella suspiró ante la pregunta de Edward.

-No lo sé –dijo sinceramente-. Sólo sé que estaba en el centro comercial y James apareció con Victoria y Laurent y él… bueno… me marcó… Luego se marchó y he estado huyendo desde entonces.

-¿Se marchó? –Jasper frunció el ceño-. Eso no es propio de James.

-A lo mejor quería jugar al ratón y al gato… -me encogí de hombros sintiéndome intimidada cuando los dos vampiros presentes me miraron-… no lo sé.

-¿Estás segura de que no le habías visto antes? –insistió Jasper.

Bella negó mientras daba otro mordisco al sándwich. Vi como el trozo de emparedado desaparecía garganta abajo y gemí internamente. ¿Por qué tenía que ser tan jodidamente sexy? ¿Y cómo diablos se las estaba ingeniando Jasper para hablar con la visión de Bella vestida solo con esa camisa? Miré a Edward y sonreí de forma satisfecha; al menos él estaba en la misma situación que yo.

-Jamás en la vida –dijo.

-Pues me temo que vas a tener que hablarnos de ti…-dijo Edward-… si quieres que te protejamos de James, nosotros tendremos que saberlo todo…

-Edward tiene razón –dije-. Quizá le viste antes en algún sitio pero no lo recuerdas o quizá…

-Entonces… ¿lo vais a hacer? –me interrumpió Bella. La miré expectante ¿cómo diablos podía soltar comentarios de ese tipo sin darse cuenta de lo que sus palabras parecían implicar-. Conmigo, quiero decir –intentó explicarse. Sonreí cuando se ruborizó al ser consciente de lo que había dicho-. Quiero decir que si vais a ser…

-Bueno, aún no lo sabemos –dijo Jasper tomando el control de la conversación-. Tenemos ciertas… dificultades para ser tus protectores.

La sonrisa de Bella decayó y en sus ojos oscuros apareció el rastro de una sombra de tristeza.

-Pero son pequeñas –dije intentando animarlas-. Quizá podamos solucionarlas –le dije firmemente -. ¿Verdad? –miré a mis dos hermanos que asintieron a regañadientes-. Bueno, entonces…

-¿Qué tipo de dificultades?

-Nada de lo que tengas que preocuparte –insistí sentándome a su lado en el sofá.

-Pero quiero saber –insistió.

-Digamos que… estamos en la escala alta entre los de nuestra clase –suspiró Jasper cansado. Sabía que aquel tema no era del que más le gustaba hablar-. Tenemos ciertas obligaciones para con los de nuestra raza, ciertas expectativas que debemos cumplir y… -hizo un gesto con la mano en el aire-… ciertas tradiciones que no cumplimos y que nos presionan constantemente para que lo hagamos.

-¿Tradiciones? –Bella le miró-. ¿Cómo dormir en ataúdes y esa serie de cosas?

Edward rió suave pero yo solté una gran carcajada que hizo que Bella sonriese.

-¿Ataúdes? Juro que los humanos ven demasiadas películas, ¿de dónde has sacado eso?

-Bueno, en la habitación… hay una cama… yo… pensé que quizá esa era una de las cosas que no estáis… ¿qué? –preguntó al ver que yo movía mi cabeza.

-Las camas que tenemos no son para dormir, de hecho, no dormimos. Pero nos gusta…

-Emmett, si sigues hablando vas a asustarla –intervino Edward mirándome fijamente.

-Si ha sido capaz de ir a buscar ayuda a la cueva y no se ha desmayado después de lo que ha pasado allí no creo que se asuste –insistí.

-Oh, claro, adelante –el sarcasmo de Edward era más que evidente-. Por favor, explícale por qué nos gusta tener camas si no dormimos –dijo entrecerrando sus ojos-. Explícale a una humana que no tiene ni idea de nuestras costumbres –abrí los ojos, empezaba a entender qué estaba diciendo Edward-, por qué tenemos esas enormes camas y quizá luego podrías contarle…

-Es suficiente, chicos –intervino Jasper-. Bella –ella le miró-… Nos referíamos más a tradiciones… de sangre –Bella tragó con cierta dificultad.

-¿Sangre?

-Bueno, somos vampiros y no está demasiado bien visto entre los nuestros que no nos alimentemos de… humanos… -hizo una mueca al hablar de ello.

-Sí, eso sería un problema más –dije sinceramente-. Tener un humano en nuestra casa y no alimentarnos de él no haría que las presiones disminuyeran…

-Oh, ya entiendo… -se mordió el labio inferior y sus ojos se entrecerraron como si estuviese pensando en algo bastante importante-. No me gustaría causaros más problemas con los… con los de vuestra raza…

-Eso ya lo has hecho en la cueva –dijo Edward bromeando.

Le lancé una mirada de advertencia. Por el modo en que Bella acababa de abrir los ojos, la culpa la estaba comiendo por dentro. Edward suspiró.

-Aunque no ha sido culpa tuya –añadió-. Los problemas parece que siempre nos encuentran.

-Sí, bueno… no me gusta causar problemas, así que si me decís donde habéis dejado mi furgoneta yo… volveré a la cueva… Estoy segura de que Alexis podrá presentarme a algún otro vampiro que…

-Ni hablar –la interrumpió Jasper.

-¿Te has vuelto completamente loca? –dijo Edward.

-No vas a salir de aquí –dije con una enorme sonrisa.

-Pero yo…

-No –dijo Jasper.

-Pero y si…

-Ni hablar –interrumpió Edward.

-Pero no puedo…

-No lo has pedido –le contesté. Ella se veía perdida-. Bella –me miró-. Aunque te dejásemos salir por esa puerta… -Edward masculló algo que sonó a "cosa que no vamos a hacer"-… ¿crees que llegarías a la cueva?

-Cariño –dijo Jasper con voz suave inclinándose hacia delante-. Cuando entraste en la cueva y Viktor anunció que estabas marcada por James y que éste ofrecía una recompensa, se selló tu destino.

-Puedo protegerme sola, muchas gracias –dijo levantándose del sofá-. Llevo bastante tiempo huyendo de James y se supone que él es un cazador letal ¿no?

-¿Dónde has oído eso? –preguntó Edward.

-Eso no importa, tengo razón ¿verdad? –asentí a regañadientes-. Si he podido despistarle a él, puedo despistar a los otros hasta llegar a la Cueva.

-Todos esos vampiros saben donde vivimos y seguro que está esperando a que salgas despavorida de aquí para atraparte en el camino y entregarte a James –vi como se estremecía ante mis palabras-. No llegarías a la Cueva y mucho menos hasta Alexis.

-Tonterías… puedo…

-¿Cuánto tiempo has estado huyendo de James? –preguntó entonces Edward-. ¿Dos, tres meses? –Bella abrió los ojos de forma desmesurada-. Hay fuera hay más de cincuenta vampiros, no puedes despistar a cincuenta vampiros ni siquiera durante veinte minutos, Isabella.

-Bella –insistió Jasper-. Edward tiene…

-Para que lo sepáis, he cuidado de mí misma desde hace más tiempo que un par de meses –miró a Edward y parecía a punto de echarse a reír.

-¿Cuánto tiempo? -la pregunta de Jasper pareció descolocarla poco. Parpadeó y le miró interrogante-. Has dicho que has cuidado de ti misma desde hace más que un par de meses, ¿cuánto tiempo has estado huyendo de él?

-Cumpliré veintidós años en septiembre –nos dijo muy seria. Edward enarcó una ceja-. Tenía diecisiete cuando James me marcó.

-¿Cinco años? –explotó Edward furioso-. ¿Cómo diablos has conseguido mantenerte cinco jodidos años fuera del alcance de James?

-¡Oh, Dios! Esto es demasiado bueno –no pude evitar reír-. ¡James ha estado persiguiendo a una humana durante cinco años! –Jasper emitió una risita que hizo que Bella le mirara con los ojos entrecerrados. Sólo Edward parecía furioso con su declaración.

-Me alegro divertiros –dijo ácida-. Ahora si me disculpáis, será mejor que me…

-Estamos hablando en serio Bella –intervine-. Desde el momento en que salimos de la Cueva nos convertimos en tus protectores a pesar de los problemas que nos pueda ocasionar –dije-. Cosa que no nos importa –añadí al ver que abría la boca para, seguramente, protestar.

Edward se agachó frente a ella y la cogió de las manos.

-Deja que nosotros nos preocupemos por los de nuestra raza y por ti ¿de acuerdo?

Sonreí. Había visto muchas veces como los ojos de Edward podían deslumbrar y convencer a los humanos de cualquier cosa. Bella parpadeó y asintió. Jasper y yo sonreímos.

-Con una condición –dijo. Fruncí el ceño. ¿Edward había perdido su toque? ¿Desde cuándo las personas que se quedaban deslumbradas con Edward podían poner condiciones?-. En el momento en el que tengáis más problemas de los que podéis abarcar por mi culpa desapareceré del mapa.

-¡Cómo si eso fuese a ocurrir! –solté divertido.

Jasper sacudió la cabeza sonriendo y Edward frunció el ceño.

-Hablo en serio –para enfatizarlo Bella dio una patadita con su pie descalzo sobre el suelo de parqué del salón.

-De acuerdo –Jasper se encogió de hombros-. Y ahora, ha sido una noche larga, ¿por qué no subes y duermes un rato? –dijo levantándose del sillón. Me levanté también, una vieja costumbre del siglo pasado. ¿Quién había dicho que la caballerosidad había muerto?-. Estoy seguro de que estarás deseando dormir sin tener que preocuparte de mantener los ojos abiertos y estar atenta a cada ruido –añadió con una media sonrisa.

Bella sonrió de vuelta.

-Bien… buenas noches…

Antes de que alcanzase la puerta abierta, Edward la llamó.

-Isabella –sólo Edward podía llamarla por su nombre completo-. ¿Hay alguien más por quien nosotros deberíamos tener cuidado? –ella arrugó la frente-. ¿Padres, hermanos? –ella negó dos veces con la cabeza-. ¿Algún… novio? –sonreí. A mí también se me había atragantado ese pensamiento cuando había cruzado por mi cabeza; con el mismo alivio que mis hermanos ella volvió a negar-. ¿Algún amigo o amiga que sea importante para ti?

Me sentí terriblemente mal cuando ella negó una y otra y otra vez. Sus manos entrelazadas delante de sí, sus hombros hundidos, su rostro sereno y tranquilo aunque parecía a punto de llorar.

-¿Nadie? –Jasper insistió-. Bella, si vamos a ser tus protectores también nos corresponde proteger a la gente que te…

-Soy hija única y nunca me he quedado el tiempo suficiente en un mismo lugar para tener lazos amistosos con nadie –sonrió a medias-. Quiero decir, ¿quién diablos va a ser amiga de alguien que mira sobre su hombro a cada paso que da y que sólo se queda un par de semanas en el mismo sitio? –se apartó un mechón de cabello que había caído sobre la frente y sonrió intentando aparentar que todo estaba bien-. Y nunca he tenido novio ni nada que se le parezca.

¡Joder! Nunca había tenido novio. Por la forma en que Edward la estaba mirando supe que estaba pensando lo mismo que yo. Nadie había tocado su cuerpo, nunca. Seguramente habría besado a algún chico en alguna ocasión pero… el rubor de sus mejillas, sus gestos, sus sonrisas y miradas inocentes… Definitivamente si Bella quería acabar con nosotros de una forma torturadoramente lenta y llena de frustración sexual, lo estaba consiguiendo.

-¿Y tus padres? –pregunté.

-Yo… James se encargó de ellos… -escuché como Jasper maldecía al ver la tristeza en los ojos de Bella.

Le comprendía perfectamente. Quería abrazar a Bella y susurrarle palabras tranquilizantes y alentadoras hasta que la tristeza que acababa de cubrirla desapareciese y después quería asegurarme que nunca más volvía a rodearla.

-Yo…disculpadme, estoy cansada, buenas noches.

Nos quedamos en silencio unos minutos escuchando los ruiditos que Bella hacía. Sus pasos descalzos subiendo las escaleras, la puerta de la habitación abriéndose y cerrándose lentamente, el sonido de las sábanas al ser apartadas, un suspiro mezcla de cansancio y placer y luego los inconfundibles sonidos de los sollozos contenidos. Fruncí el ceño.

-James es vampiro muerto –sentencié.

No tuve que mirar a mis hermanos para saber que ambos estaban pensando lo mismo que yo.

_______________________________ Jasper _________________________________

Una hora y media desde que habíamos escuchado desde allí la respiración de Bella tranquilizarse y hacerse regular. Una hora y media de silencio sin que ninguno de los tres dijese nada. El reloj de la pared daba los minutos uno detrás de otro. Miré a mis hermanos para ver si ellos estaban tan extraños como lo estaba yo. Emmett estaba sentado en el sofá de forma distraída con el ceño fruncido y los brazos doblados detrás de la cabeza. Edward había encendido el televisor pero se dedicaba a cambiar de canal una y otra vez sin ver nada. Yo estaba tan concentrado en la respiración de Bella que apenas podía leer dos oraciones seguidas del libro que estaba ojeando. Cuando escuché como la cama crujía levemente seguramente por algún movimiento de Bella y vi que tanto Edward como o Emmett también se habían puesto alerta ante el pequeño ruido, suspiré y lancé el libro sobre la mesita del centro. Edward y Emmet me mimaron.

-Esto es ridículo –dije.

Emmet suspiró levemente como si hubiese estado conteniendo el aliento y Edward se masajeó el puente de la nariz en un gesto de frustración que había adquirido siendo humano.

-No sé a qué te refieres.

-¿No? –Emmett negó y reí entre dientes-. Bien, me refiero a que cuando toqué a Bella sentí cien voltios de descarga eléctrica en mi cuerpo y desde ese momento no hago más que pensar en Bella, desnuda, en mi cama o en cualquier otro sitio, con mis manos recorriéndole el cuerpo y haciéndole gritar de placer una y otra vez –la lujuria de la habitación subió un par de grados-. ¿Seguís sin saber a qué me refiero?

-Yo también lo sentí –admitió Edward a regañadientes-. Pero no puede ser… No ella.

-¿No? Lo sabéis tan bien como yo. La última vez que un humano fue reclamado como consorte de un vampiro fue hace doscientos años –dije sin sonreír.

-Cualquier otro humano menos ella –pidió Emmett entonces-. Ella no lo merece…

Cerré los ojos. Yo tampoco quería que eso fuera cierto. Pero lo era. No había otra explicación posible para que los tres hubiésemos tenido la misma maldita reacción ante el toque de Bella.

-Emmett, somos tres vampiros hermanos nacidos del mismo padre… -dije a media voz-. La unión de tres vampiros hermanos poderosos logrará cambiar con su poder y mandato el orden y la naturaleza de los vampiros –recité de memoria-. Sabéis perfectamente que hemos estado buscando a nuestra consorte durante décadas, casi siglos… Y ahora, bien podría ser que tuviéramos a nuestra consorte durmiendo ahí arriba.

-Joder… -maldijo Emmett.

-Aro lleva varias décadas intentando convencernos de que nos unamos a su aquelarre y no creo que sea porque repentinamente quiere seguir nuestro estilo de vida –bufó Edward sarcástico.

-¿Crees que él sabía que íbamos a encontrarla pronto?

-Estoy seguro. Las últimas veces que estaba a su alrededor tendía a cerrar su mente como si no quisiera que supiese en qué estaba pensando exactamente –contestó Edward.

-De todas formas… -empecé a decir.

-No podemos hacerle eso a Bella –pronunció Emmett mis propios pensamientos-. ¿Cuánto duró la unión la última vez? –preguntó.

Edward gruñó algo.

-¿Qué?

-Una semana –dije repitiendo las palabras de Edward-. La última vez que ocurrió esto, la consorte no pudo… -suspiré pesadamente-. Duró ocho días antes de suicidarse…

-No puedo hacerlo –dijo Edward suspirando pesadamente. Le miré. Yo tampoco podía hacerlo.

No podía condenar a Bella a una vida que no comprendía, en un ambiente que no era el suyo; no podía condenarla a la oscuridad, a la invisibilidad ni al peligro que entrañaba; no podía condenarla a estar en la mente de todos los vampiros que intentarían acabar con su vida, no podía hacerlo…

Era curioso. Apenas conocía a la mujer que teníamos durmiendo arriba y aún así ya la quería… De un modo distinto a como había querido a nadie jamás; no que yo hubiese amado a nadie antes. Sólo dos mujeres habían sido importantes en mi vida, ambas vampiresas. María había sido la lujuria, el aprendizaje, la aventura, la locura, la inestabilidad, sexo sudoroso y caliente. Alice… Alice había sido la ternura, la suavidad, la sonrisa, la estabilidad y el cariño. ¿Pero amor? No. No creía haber amado a ninguna de las dos lo suficiente como para querer pensar siquiera en pasar el resto de mi eternidad con ella aunque Alice había estado muy cerca de conseguirlo… pero Edward la había visto siempre como una hermana y le hubiese resultado imposible mantener una relación sexual con Alice y yo no pensaba obligarlo a ello.

Edward. Él siempre había resultado ser el más complejo de los tres. Carlisle siempre nos había dicho que estábamos unidos por el destino y que sólo una mujer nos podría hacer felices a los tres… Edward jamás había aceptado a María pero tampoco lo había hecho Emmett. Sin embargo, cuando Emmett y Alice se conocieron pensé que Alice era la adecuada pero me había equivocado otra vez. Y cuando Rosalie entró a formar parte de nuestra familia supe que Edward y ella jamás podrían estar juntos… lo que me salvó de tener que dar mi negativa a la presencia de Rosalie en nuestra relación ya que en esa ocasión yo era quien la veía como una hermana. Edward siempre había sido el complicado, nunca parecía haber una mujer, humana o vampiresa, lo suficientemente buena para él… era como si hubiese estado buscando a la mitad de su alma si es que existía eso y él creía en ello.

Pero Bella… Con Bella había sido distinto. Había notado inmediatamente la preocupación que Edward desprendía cuando estaba junto a Bella. El modo en que la había abrazado en la Cueva, la forma en que la había sacado de aquel lugar, en sus brazos, sin siquiera maldecir o fingir estar enfadado… La había tratado como los príncipes tratan a las princesas en los cuentos de hadas humanos… con suavidad a pesar de su carácter volátil, con dulzura, con tranquilidad… Estaba completamente seguro de que Edward no se opondría a la posibilidad de hacer de Bella nuestra mujer, nuestra consorte.

Miré a Emmett y Edward. No hacía falta leer mentes para saber qué era lo que estaban pensando en aquellos momentos los dos porque era exactamente lo mismo que estaba pensando yo. La leyenda de los vampiros era legendaria, nadie sabía cuando había sido escrita pero todos la conocían. Cada doscientos años, tres vampiros nacidos en diferentes épocas, cada uno con un don diferente, cada uno con una personalidad distinta, los tres unidos por un lazo de hermandad irrompible, los tres condenados a estar con la misma mujer humana. Tres vampiros y una consorte que demostrase su fuerza, su carácter y la posibilidad de poder llegar a doblegar a cualquier vampiro a sus pies. Cuando esto se daba, cuando una mujer era reclamada como compañera, como consorte de los tres vampiros, cuando la unión se completaba, el poder de los tres aumentaba y la posibilidad, una maldita oportunidad, parecía posible… algo con lo que los vampiros no podían soñar… la procreación; la oportunidad de tener un bebé nacido de un vampiro; la oportunidad de reunir en ese bebé el poder de los tres vampiros y que, llegado el día, pudiese convertirse en el ser más importante, poderoso e imprescindible del mundo de la oscuridad.

Sacudí la cabeza. No iba a hacerle esto a Bella. No podía hacerlo. Era… inocente. Podía oler su inocencia incluso desde aquí; tan dulce, como el caramelo, como el melocotón en verano, como la fruta más dulce. Bella era pura, inocente, virgen. No había una maldita posibilidad de explicarle qué ocurría, de explicarle que el maldito destino la había elegido como nuestra consorte, de los tres. No había una maldita forma en que pudiésemos decirle que estaba destinada a ser nuestra amiga, nuestra amante, nuestra compañera para la eternidad… Ya resultaba complicado para una vampiresa… así que una humana que no sabía nada de nuestra raza y lo poco que conocía era el miedo y el dolor y el sufrimiento que podíamos provocar… quizá ni siquiera intentara comprenderlo.

Edward me miró y asintió. Ambos compartiendo el mismo pensamiento. Si se lo contábamos a Bella y ella nos rechazaba no podríamos soportarlo y seguramente terminaríamos suplicándole a Aro que acabase con nuestras vidas. Podríamos vivir sin Bella pero definitivamente no podríamos vivir sin el amor de nuestra consorte. La voz de Emmett me distrajo y me sacó de mis pensamientos.

-Llamemos a Carlisle. Él sabrá qué…

El teléfono de Edward sonó en aquel momento y en un movimiento ágil lo sacó del bolsillo de su pantalón con una media sonrisa.

-Hola Alice… -saludó. Sonreí-. Sí, íbamos a hacerlo. Bien. Sí, lo imagino… -suspiró-. Bien. Nos veremos mañana.

-¿Alice ha visto algo? –preguntó Emmett. Edward asintió.

-Mañana estarán aquí los cuatro –nos informó. Hice una mueca y Emmett me imitó-. Sí, los cuatro –repitió Edward.

-Estupendo… es justo lo que necesitábamos. Rosalie está furiosa ¿no? –pregunté.

-Alice no ha querido entrar en detalles –dijo simplemente.

Emmett abrió la boca para decir algo pero un ruido hizo que se callase. Nos tensamos. Noté el miedo provenir desde el piso superior. Bella se estaba moviendo en la cama. Fruncí el ceño. No había una maldita oportunidad de que nadie hubiese entrado en la casa estando nosotros allí.

-Bella –dijimos levantándonos al mismo tiempo.

______________________________ Edward ________________________________

-Muy bien, ¿soy el único que se siente como un acechador?

Sonreí ante la pregunta de Emmett.

-Yo no me siento como un acechador –le dije desde mi posición. Emmett gruñó.

-Eso es porque tú estás en su maldita cama.

Bendita segunda naturaleza. En cuanto habíamos salido del salón yo había sido el primero en llegar arriba, el primero en llegar hasta la cama de Bella y el primero en abrazarla para impedir que siguiera moviéndose dentro de la pesadilla que parecía estar teniendo. Cuando había empezado a susurrarle palabras suaves habían llegado Jasper y Emmett, el primero con una media sonrisa, el segundo con el ceño fruncido mientras mascullaba algo sobre "estúpida velocidad".

-Técnicamente es ella la que está en mi cama –susurré de vuelta. Emmett gruñó.

-Sólo pare referencias futuras, ¿cómo se siente exactamente un acechador? –preguntó Jasper.

-Como si quisieras saltar encima de Bella en cada jodido segundo que estamos pasando aquí y una vez con ella sólo quieres poner tus manos en esos suculentos pechos y en el encantador trasero que tiene y luego bajar tu lengua hasta su sex…

De acuerdo, las insinuaciones de lo que podíamos llegar a hacer con Bella descritas por Emmett eran demasiado gráficas para mi cordura mental. Gemí.

-No te quejes, al menos tú estás en su cama.

-Sí, ¿y sabes qué me están haciendo la combinación de tus palabras con tus pensamientos con estar junto a ella? –gruñí. Jasper soltó una risita entre dientes-. Estupendo, ahora ponte de su parte… -mascullé.

-No me pongo de parte de ninguno, dejad de ser tan idiotas…Si queréis discutir iros fuera –indicó Jasper de forma calmada-. Vais a despertarla y necesita dormir durante unas horas.

-No… -susurró Bella entonces-… mamá, no… estúpido vampiro… no seré tuya… ayuda por favor… no quiero… él no… por favor… ayuda…

Me centré en el cuerpo caliente que tenía entre mis brazos intentando mantenerme controlado a pesar de que lo que más quería en aquellos momentos era acariciar todo su cuerpo y perderme en darle a Bella todo el placer que pudiese darle.

-Shhhh… está bien… -susurré tranquilizándola-… Estás bien, estás a salvo cariño… no dejaremos que te pase nada…

Bella se movió más cerca de mi cuerpo y se aferró a la parte delantera de mi camisa cerrando sus manos apretadas sobre la tela. Aparté el cabello de su hombro y su cara y lo peiné delicadamente hacia atrás sintiendo que tenía que mantener mis manos ocupadas en su cabello antes de que el hormigueo que sentía en los dedos me hiciesen acariciar la piel ruborizada de su mejilla.

-No pasa nada… estás a salvo… -susurré mientras ella seguía moviéndose.

-Joder… yo también quiero consolarla… -masculló Emmett. Jasper le dio un golpe en el brazo-. Bien, bien, ya me callo –dos segundos después Emmett miraba a Jasper con los ojos entrecerrados-. Ahora dime que a ti no te gustaría estar en su lugar.

-Nunca se me ha dado bien mentir –confesó Jasper. Emmett sonrió presuntuoso por haber tenido razón-. Pero parece que Bella se siente segura cuando Edward la abraza así que no pienso molestarla separándolos… al menos no esta noche.

Emmett bajó los hombros como si de repente todo el peso del mundo acabase de instalarse sobre su espalda.

-Parece que se ha calmado… -suspiré-. Odio no poder leer su mente.

-Nunca te había pasado ¿verdad? –negué ante la pregunta de Emmett y miré a Jasper-. ¿Qué crees que significa?

-No tengo la menor idea –confesó Jasper con el ceño fruncido-. Mañana le preguntaremos a Carlisle, tal vez él lo sepa.

-Los tres sabemos qué significa eso –dije mirando fijamente a Jasper.

-No lo sabemos con certeza.

-Maldita sea Jasper, claro que lo sabemos –prácticamente rugió Emmett. Bella se movió ligeramente.

-Shhhh… está bien… -le susurré con voz calmante-… Sigue durmiendo amor… estás a salvo…

Bella masculló algo inteligible y cuando se calló fulminé a Emmett con la mirada. Al menos tuvo la decencia de parecer avergonzado; por aquella vez lo dejaría pasar. Suspiré.

-Yo sí puedo sentir sus emociones –susurró Jasper.

-No es lo mismo –repliqué. Los tres lo sabíamos-. No puedo entrar en la mente de mi consorte, es… es como una protección para mantener sus deseos y su razón fuera de mí… ya habéis visto lo que ha pasado abajo –les recordé-. Debería de haberse quedado aturdida con mi mirada y apenas ha estado un par de segundos deslumbrada… -sacudí la cabeza-. No es normal…

-Entonces, ¿es ella? –preguntó Emmett preocupado-. ¿De verdad es nuestra consorte?

-No podemos estar seguros… pero sí… todo parece indicar que lo es… -siseó Jasper mirando a Bella. Sonrió-… Es hermosa cuando duerme ¿verdad?

-Es hermosa incluso estando despierta –replicó Emmett con otra media sonrisa.

Bella tembló y apreté la mandíbula. Frío.

Emmett no esperó a que dijera nada; se acercó al armario y sacó una delgada manta con la que cubrió el cuerpo de Bella procurando hacer una barrera entre ella y yo para que el frío de mi cuerpo no la dejase helada. Bella suspiró profundamente y sonrió en sus sueños. Me pregunté en qué estaría soñando.

-Será mejor que preparemos la reunión de mañana con Carlisle –dijo entonces Jasper sacando su lado práctico-. Y deberíamos preparar las tres habitaciones de huéspedes –le miré-. Bella dormirá en alguna de nuestras habitaciones pero estoy seguro de que Alice querrá tener un poco de privacidad para toda su ropa y Carlisle y Esme también.

Emmett sonrió.

-¿Y Rosalie?

-Seguramente querrá una habitación en la que encerrarse cuando se enfade con nosotros –repliqué sabiendo de antemano el comportamiento que iba a tener nuestra hermana-. No podemos dejar que Rosalie se quede a solas con Bella… no sabemos qué podría decirle.

-Oh, vamos… Rosalie no es tan mala… -la defendió Emmett. Jasper y yo le miramos con idénticas expresiones-… bueno, no demasiado…

-Emmett, sabes perfectamente cómo encajó el hecho de que me negara a compartir mi cama con ella –dije cansado de aquel tema-. Y sea nuestra hermana o no, no pienso dejar que lastime a Bella… Ella no lo merece.

Jasper asintió en concordancia conmigo.

-Será mejor que la dejemos dormir –señaló a Bella con la cabeza. Hice un gesto para levantarme pero Jasper negó-. No, quédate… quizá si se despierta asustada y ve a alguno de nosotros con ella se encuentre más segura –miró las manos femeninas aferradas a mi camisa y sonrió-. Y parece que te ha elegido como guardián hoy… -añadió con una risita.

Sonreí mientras mis hermanos salían de la habitación sin hacer ruido y luego… luego me dediqué a mirar el rostro apacible de Bella desde la posición en la que me encontraba.

Era tan extraño… El olor de su sangre me llamaba como nunca antes me había llamado. Durante décadas había sido completamente capaz de controlar mi sed de sangre, capaz de controlar el veneno de mis colmillos, capaz de controlar mis pensamientos, mi cuerpo, mi cerebro. Con Bella parecía imposible hacerlo e incluso más allá, parecía imposible siquiera pensar hacerlo. Acaricié su cabello y sonreí al sentir la fragancia de fresas y flores inundando mis fosas nasales… aún así, el olor de su sangre era más fuerte.

Los sentimientos que había tenido en la Cueva aún eran muy recientes. Podría haberle hecho daño, había estado tentado de hacerlo. Tan pronto como había entrado en la Cueva había olido su sangre, había sentido el bombear de su corazón, la dulzura de su olor corporal carente de perfume, simplemente ella, su olor, su esencia. En mi cabeza se había reproducido a cámara lenta la secuencia del momento justo en que yo podría haber desgarrado su garganta y haber bebido de su líquido néctar rojo. En mi imaginación había saboreado su sangre con los colmillos enterrados en su cuello, directamente sobre la yugular, directamente sobre la vena más dulce, potente y fuerte de todo su cuerpo.

Esa había sido mi primera intención.

Pero luego la había tocado. Había habido una descarga eléctrica entre su piel y la mía y el deseo de su sangre había sido substituido por el deseo de… de ella, de su cuerpo, de sus labios, de su alma… había deseado besarla hasta dejarla sin respiración, acariciar sus pechos y masajear sus pezones hasta hacerla gritar de placer sólo para sumergir mi pene en su sexo… lo había imaginado todo tan vívidamente que me había extrañado el poder caminar con la erección que se me había formado.

Pobre pequeña… Me moví en la cama y la atraje contra mi cuerpo con un poco más de fuerza, no deseando perderla nunca, no queriendo que desapareciera el contacto de su cuerpo con el mío. Su sangre seguía incitándome pero el deseo de poseerla y mantenerla a salvo de todo y de todos era mucho más fuerte que la sed de sangre. Pobre pequeña criatura humana… no sabía dónde se había metido al ir a la Cueva… Gruñí de frustración cuando Bella se movió y se acercó más a mi cuerpo, descansando totalmente sobre mí… su inocencia era tal, que no se daba cuenta del peligro que implicaba estar tan cerca de un vampiro… o quizá simplemente era que de algún modo, por algún motivo, ella confiaba en nosotros.

Quería equivocarme, tanto Emmett como Jasper como yo queríamos equivocarnos pero los tres sabíamos que no era así, que no iba a ser así. Ante su toque mi cuerpo había reaccionado no queriendo hacerle daño si no todo lo contrario, mantenerla a salvo para siempre.

Por mucho que me costara aceptarlo, por mucho que nos fuera a costar a todos aceptarlo, Isabella Swan era nuestra consorte y absolutamente nada de lo que pudiésemos querer, de lo que pudiésemos ofrecer, perder, tener o luchar, independientemente de todo eso, siempre sería nuestra consorte.

Para toda la eternidad.