Hola a todos!!!
Vale, muy bien, antes que nada… ¡no puedo creer que tenga tantos reviews con sólo tres capítulos!!! Creo que es la primera vez que me pasa y estoy tan contenta que podría ir a la luna y volver dando sólo un salto jejejeje
Muchas gracias por vuestro apoyo y por leerme chicos y chicas, de verdad; es muy grato escribir sabiendo que vas a recibir mensajes de apoyo como los que yo recibo. Quiero dar la bienvenida a todos los lectores y lectoras nuevos de este fic que se pasaron por recomendación de amigos o por simple curiosidad; gracias a vosotros por leerme porque sin vosotros no tendría nadie a quien escribir. Gracias especialmente a los que me dejasteis un mensaje en el capítulo anterior:
Martita17, cristal butterfly 91, carol-cullen, adela, 112, zita, valentina, laabuela, ximena, sandracullen, marisol, maire, lola, inmans, any cullen, celtapotter, monse-dark hunter, carmen, another life, patss, allysan, tomoyoh, anrresweet, cunning angel, isdina show, paky, akhane, karime, anakaren, martita, valu86, karina, carmen, margara, ari, kmylita, karina, yop, ljoo, lna, ainos91, sealiah, cullenobsession, luuli_masens, sofiaa hale, ana, brinacullen
Seguramente os he repetido a algunos y quizá me he dejado a otros… es que con el problema que hubo con los reviews la vez pasada… en fin, espero que los pocos que haya olvidado sean eso, poquitos jejeje y los que enviasteis doble review, doble gracias :D
Un beso para todos, espero que disfruteis del capítulo, nos vemos abajo!!
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Vampiros y humanos conviven en un mismo mundo siendo conscientes los unos de la existencia de los otros. Pero cuando un vampiro se obsesiona con un humano, éste sólo tiene dos salidas: rendirse al vampiro o buscar un protector. Una vez cada doscientos años se produce un hecho insólito y un humano es reclamado para ser el consorte de tres vampiros poderosos. ¿Qué pasa entonces? ¿Y si el humano ya había sido marcado antes por otro vampiro?
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Capítulo III. Leyendas y realidad
No habíamos sacado nada en claro. Jasper, Edward y yo nos habíamos pasado toda la noche pensando en la forma más suave posible de decirle a Bella la verdad; lo que éramos, quiénes éramos y qué papel tenía ella en nuestra vida porque desde el momento en que nos habíamos conocido su destino a nuestro lado ya había sido sellado. Resoplé mientras tiraba el mando de la televisión en el asiento de al lado en el sofá. Edward alzó la vista de la nueva partitura que estaba escribiendo y enarcó una ceja.
-Me aburro –dije encogiéndome de hombros.
-No te aburres –rectificó Edward volviendo a su partitura-, estás caliente que es muy distinto a estar aburrido.
Crucé los brazos sobre el pecho.
-¿Y tú cómo diablos sabes eso?
-Emmett, me he pasado prácticamente toda la noche abrazado a Bella, en mi cama, con ella vestida sólo con mi camisa –gemí, empezaba a entenderle-. Exacto –dijo leyendo mi mente. Odiaba cuando hacía eso. Edward rió-. Bueno, a mí tampoco me gusta demasiado leer tu mente a veces –me dijo.
Miré a Jasper que parecía estar tranquilo. Si no fuera porque era vampiro y no podía dormir, hubiese jurado que estaba profundamente en el mundo de los sueños. Tumbado sobre el sofá de dos plazas, las piernas colgando desde el extremo, un cojín bajo su cabeza, un brazo cruzando su estómago y el otro cubriendo sus ojos parecía la imagen perfecta del niño bueno dormido. Miré a Edward hasta que éste fue consciente de mis ojos sobre él y luego cabeceé hacia Jasper.
-Creo que tienes razón –dijo Edward. Colocó las partituras bien puestas en su carpeta que dejó en la mesita de centro, se inclinó hacia delante, apoyó los codos en las rodillas y miró a Jasper fijamente.
-Eh, Jazz… ¿por qué no…
-Ni hablar.
-Pero si aún no sabes qué… -empecé a protestar.
-No pienso ser yo quien le cuente lo que está pasando a Bella.
-Pero… ¡pero eres el mayor! –protesté-. Pienso que deberías hacerlo tú.
-Y yo te he dicho muchas veces que pensar no es lo tuyo –se burló Jasper incorporándose en el sofá-. ¿Por qué diablos tendría que decírselo yo?
-Porque tú eres mayor –repitió Edward-. ¿Qué? En esta ocasión estoy de acuerdo con Emmett –me señaló con el pulgar.
-Sólo estás de acuerdo con Emmett porque te interesa estar de acuerdo con Emmett –le contestó Jasper con una sonrisita satisfecha al ver la fingida mirada inocente de Edward.
-No es solo por eso –dijo Edward-. Admito que no me hace gracia ser yo quien le diga a Bella que… -se calló buscando las palabras.
-¿Qué está destinada a ser nuestra consorte durante el resto de su vida y que eso implica vampiros furiosos, dormir desnuda en nuestra cama y la posibilidad de engendrar un bebé que será completamente diferente a todos los bebés que ella ha conocido? –ayudé.
Edward hizo una mueca.
-Gracias Emmett, es una suerte que siempre seas tan claro –dijo Edward.
Sonreí. Sabiendo lo fácil que era molestarle le palmeé el hombro fingiendo que no había entendido su sarcasmo.
-Un placer, Edward –contesté.
Jasper me salvó de la posiblemente ácida contestación de Edward.
-Continúa con lo que estabas diciendo Edward.
-Bueno –a pesar de seguir hablando, Edward me lanzó una mirada de advertencia que recogí con una sonrisa amplia haciendo que él rodase los ojos-. Tú eres quien puede manejar las emociones de los demás Jasper. Si eres tú quien se lo cuenta a Bella puedes saber cómo está tomando la noticia y si las cosas se descontrolan puedes calmarla.
Ese era Edward. Tan práctico como siempre. Debió de haber sabido que Jasper no aceptaría tan fácilmente.
-Ella parece sentirse segura contigo –replicó Jasper.
-Sí, bueno, pero fue Emmett quien la rescató de Viktor –me encogí de hombros ante las palabras de Edward.
-Entonces sólo hay una solución –me miraron-. Se lo decimos juntos. Los tres. Formamos parte de esto como hermanos, y si queremos que ella acepte ser nuestra consorte deberíamos de hacerle ver que los tres estamos de acuerdo con esto.
Ni Edward, ni Jasper ni yo mismo estábamos demasiados contentos con aquel pensamiento pero mis hermanos sabían que tenía razón y que aquella había sido una de las pocas veces en las que había dicho algo con sentido.
-¿Cuándo? –preguntó Edward masajeando el puente de su nariz con gesto frustrado.
-Antes de que lleguen Carlisle y las chicas –dije-. Creo que sería mejor si Bella supiese en qué se está metiendo antes de que a Rosalie se le escape algo por error o antes de que Esme se ponga a planificar con Alice el ritual de reclamación o la boda o lo que sea que a ellas se les ocurra.
Quería mucho a Esme y Alice, pero ambas juntas intentando planear cualquier cosa que tuviese que ver con fiesta, decoración y unión de parejas o consortes, daban más miedo que Jasper cuando se enfurecía.
-Llegan hoy –masculló Edward entre dientes.
-Lo sé –me encogí de hombros-. Así que supongo que habrá de decírselo antes de que lleguen.
-Genial… Hazme un favor Emmett, sal ahí fuera y manipula un poco los cables de su trasto ¿quieres? –miré a Jasper-. Sólo por si nos toma por locos y decide que está mejor en manos de James que con nosotros –se defendió el rubio.
Un leve movimiento en el piso superior nos hizo callarnos. Era patético. Tres vampiros de más de cien años, más de ciento cincuenta en el caso de Jasper, atentos al menor ruidito procedente del piso superior que nos indicase que una mujer se estaba despertando. Pero no, no era una mujer cualquiera, no era una chica cualquiera, de esas había muchas, montones… pero estábamos hablando de Bella.
Nos miramos entre nosotros. Si entrábamos a tropel en su cuarto se asustaría, pero alguien tenía que decirle que necesitábamos hablar antes de que llegase la familia y por supuesto alguien tenía que decirle que llegaba la familia.
-Tú has sugerido que hablásemos los tres con ella así que tú se lo dices –dijo Jasper con voz suave pero firme.
Le miré unos segundos. Fue suficiente. El cabello le caía sobre la frente y a través de las hebras doradas sus ojos brillaban mientras me miraban. Sonreía, pero era una sonrisa tensa, calculadora, como si estuviese esperando algún gesto, insinuación o palabra para atacar a alguien. Tenía el aura de peligro que lo rodeaba. Edward también lo notó porque se tensó a mi lado y gruñó ligeramente para hacer que Jasper entrase en razón. Nuestro hermano parpadeó y luego exhaló profundamente, algo totalmente innecesario para un vampiro normal pero bastante efectivo para un empático que trataba de librarse de las emociones de sobrecarga.
-Lo siento –se disculpó Jasper, la sombra de peligro aún en sus ojos-. Creo que hay un par de vampiros por ahí fuera esperando y su enfado llega hasta aquí dentro –refunfuñó-. Nunca os haría daño… a menos que fuese totalmente necesario –añadió con cierto tono bromista para romper la tensión del momento.
-Bien, yo le diré que tenemos que hablar –dije levantándome -. Sólo una cosa –dije antes de alcanzar las escaleras-. No pienso hablarle del ritual de reclamación.
Escuché a Edward y Jasper gemir. Sonreí mientras subía las escaleras. Era hora de ver a nuestra pequeña.
_________________________________ Bella ________________________________
El velo del sueño aún cubría mis ojos cuando parpadeé un par de veces intentando despertarme. Sacudí la cabeza y miré a mi alrededor mientras metía la mano bajo la almohada. El cuchillo que siempre dejaba allí seguía en su lugar y exhalé un suspiro de alivio. Era curioso como cinco años de ir de un lado a otro y de dormir en cien lugares diferentes habían hecho que no me sintiera perdida despertando en una habitación que no había visto nunca.
Alguien había abierto el ventanal y el aire fresco de la mañana se colaba haciendo que me estremeciera. Remoloneé en la cama un par de minutos más antes de ser plenamente consciente de dónde estaba. Casi reí de forma histérica. Llevaba cinco años huyendo de un vampiro y de repente estaba en una casa desconocida con tres vampiros. Era… raro. Pero era raro en el buen sentido de la palabra si es que eso existía.
Quizá lo raro era cómo me había despertado y no dónde me había despertado. Sonreí. No había tenido pesadillas. Era seguramente la primera noche en los últimos cinco años en las que había dormido sin tener pesadillas. Pesadilla más bien. En singular. Sólo una. Porque siempre era el mismo mal sueño recurrente. Pero aquella noche… nada. No había tenido miedo, ni había gritado, ni había corrido en un bosque escondiéndome de la oscuridad. Absolutamente nada. Recordaba frío y suavidad… una voz tranquila… Sacudí la cabeza. Quizá era simplemente que me estaba volviendo loca.
-Buenos días –me giré hacia la voz de Emmett que me miraba desde la entrada.
-Buenos días –contesté.
-¿Puedo entrar? –preguntó con cortesía. Cabeceé y él me sonrió antes de atravesar el umbral de la puerta con su enorme cuerpo-. ¿Qué tal has dormido?
-Deliciosamente bien –contesté estirándome en la cama.
Sentí como los músculos se estiraban y se tensaban; los hombros crujieron, el cuello se estiró, los brazos se estiraron hacia arriba y los dedos de las manos se abrieron y se cerraron varias veces. Elevé las caderas de la cama dejando la espalda sobre el colchón unos segundos antes de estirar las piernas y sentir como los músculos de las piernas se tensaban y se relajaban hacia abajo hasta formar un perfecto arco en las plantas de los pies. Suspiré satisfecha y escuché gemir a Emmett.
-¿Estás bien?
-Malditamente bien –gruñó él-. Por cierto, tengo dos noticias para ti, la primera es que hoy llega nuestra familia para conocerte –gemí internamente-. La segunda es que tenemos que hablar contigo de algo antes de que lleguen así que si te vistes y nos encuentras abajo podremos empezar –sonrió-. Te prometo que no es nada malo… al menos eso creo –el hecho de que frunciera el ceño no me tranquilizó demasiado.
-¿Familia? –pregunté. Él sonrió.
-Te lo contamos todo en cuanto estés abajo. ¿Qué te apetece para desayunar? –fruncí el ceño-. Bueno, como nosotros no comemos hemos pensado que Edward podría ir a buscar algo de comida.
-No tiene que hacerlo –insistí.
-No te preocupes, irá corriendo –debí de haber puesto una cara extraña porque me sonrió-. Te aseguro que él puede ir, comprar y volver antes de que tú termines de ducharte y vestirte –sonrió.
-¿Es una apuesta?
-Los vampiros no apostamos –dijo muy solemne.
Parpadeé ligeramente.
-¿Por qué no?
-La última vez que un vampiro apostó algo fue su vida y ya puedes ver como hemos terminado los demás –me guiñó el ojo mientras hablaba muy serio.
Tardé unos segundos en darme cuenta de que me estaba tomando el pelo. Alcancé la almohada de la cama y se la tiré riendo suavemente; el objeto golpeó el pecho de Emmett que lo recogió con una media sonrisa.
-Eh, esto es agresión.
Enarqué una ceja.
-Si cuento la broma que me has contado seguro que el jurado me dará la razón –me crucé de brazos.
-Cierto –asintió-. Ahora en serio, ¿una apuesta?
-¿Qué ganas si pierdes?
-Un beso –sonrió Emmett burlón-. Si terminas antes que Edward llegue a casa quiero que me des un beso en los labios.
Ladeé la cabeza pensando en su proposición. Sonreí a medias. Bueno, sólo me estaba pidiendo un beso, no era como si acabase de pedirme que me acostara con él ¿no? Cuando asentí aún dudando de si sería una buena idea, la sonrisa de Emmett fue tan radiante que hizo que dejara de preguntármelo.
-Estupendo, el tiempo empieza en cuanto salga de la habitación así que si yo fuera tú me daría prisa.
Antes de que hubiese terminado de hablar me había levantado de la cama, descalza y aún vestida con la camisa de la noche anterior. Mis pies resonaron despacio hacia el cuarto de baño y antes de entrar, con la mano en el pomo me giré frunciendo el ceño.
-¿Y qué gano yo?
Emmett me sonrió con picardía y sus ojos brillaron burlones y jocosos antes de abrir la puerta de la habitación. Cuando ya estaba saliendo, me guiñó un ojo.
-Un beso mío.
Descaro. Ese era el adjetivo que describía perfectamente a Emmett. Me dejó plantada en la habitación, vestida con la camisa arremangada, mi cabello revuelto, mis pies cubiertos por los calcetines blancos, las mejillas ruborizadas y la boca abierta sin saber qué decir a ciencia cierta. Así que hice lo que toda mujer de veintiún años podría hacer en esa situación.
-¡Quiero zumo de naranja y tostadas! –grité.
La risa de Emmett aún resonaba en mi cabeza cuando cerré la puerta del baño. Decidí tomar una ducha rápida en lugar de un baño y abrí el grifo dejando que el agua alcanzase su temperatura perfecta. Me senté en el borde de la bañera y me quité los calcetines dejándolos en el cesto de la ropa sucia; un par de minutos después, la camisa les estaba haciendo compañía.
Cuando me metí bajo el chorro de agua exhalé un suspiro de tranquilidad. El agua estaba a la temperatura perfecta y resbalaba por mi cuerpo con suavidad. Habiendo decidido tomar una ducha rápida no me demoré demasiado en mi ritual de quedarme treinta minutos como mínimo; me lavé el cabello con uno de los champús que estaban en la repisa junto a la ducha y después de aclararlo y frotármelo con el acondicionador me entretuve lavándome el cuerpo. Me metí bajo el agua una vez más para aclarar todo el jabón y apagué el grifo.
Sonreí mientras me secaba con rapidez y me trenzaba el cabello después de haberlo secado con la toalla para quitar el exceso de humedad. Me miré satisfecha. Y sonreí aún más cuando al salir de la ducha me encontré con que alguien había dejado mi maleta sobre la cama. Rebusqué hasta encontrar mis vaqueros favoritos y una camiseta roja de manga larga y cuello en pico que se ajustaba a mí sin llegar a pegarse como una segunda piel y con la que me sentía muy cómoda. Estaba bajando las escaleras cuando escuché la voz de Emmett.
-Vaya, sí que te has dado prisa. Han pasado apenas quince minutos.
-Las chicas que se pasan horas en el baño deberían de pasarse cinco años perseguidas por un vampiro… os aseguro que el tiempo de horas se reduce a minutos –dije entrando en la cocina.
Jasper emitió una risita y Edward sonrió sin mirarme mientras miraba en el interior de las bolsas.
-¿Quieres zumo natural o de bot… ¡Joder! –dijo cuando me miró.
-¿Qué? –me miré a mí misma intentando saber si había algo malo con mi ropa o si me había puesto la camisa al revés o los pantalones se habían roto por algún punto, cosa que no me extrañaría teniendo en cuenta todos los lavados que ya le había dado a los pobres vaqueros. Pero todo estaba en orden. Alcé la cabeza para encontrarme con la mirada de tres vampiros…
-Creo que ya sé como se sentía Ricitos de Oro cuando los tres osos la miraban… -susurré. Jasper rió bajito. ¡Maldito oído vampírico!
-¿Por qué no te sientas? –Edward me llevó hasta uno de los taburetes que rodeaban la isla de la cocina y me sentó sin ningún tipo de problema-. Te hemos preparado tostadas y he traído mantequilla y mermelada de tres sabores distintos –Emmett colocó los frascos frente a ella.
-Fresa, naranja y melocotón –dijo orgulloso de sí mismo-. Y como has tardado más de lo que Edward ha tardado en volver de comprar, me debes un beso.
-En realidad creo que en ningún momento dijo que aceptaba la apuesta –dejó caer de forma descuidada Jasper mientras se sentaba en la encimera y me miraba con complicidad.
Emmett farfulló algo, frunció el ceño gruñó.
-¡Maldita sea! Ahora tendré que intentar ser divertido para lograr que me de un beso –dijo golpeando la mesa con fuerza con la mano abierta.
Salté en mi asiento y sólo la mano de Edward sobre mi hombro impidió que me moviera.
-Tranquila, no está enfadado –prometió susurrante.
Miré a Emmett. La culpa por haberme asustado estaba bien visible en sus ojos. La sonrisa se había esfumado de su rostro. Emmett se apartó de donde estaba, rodeó la isleta de la cocina, apartó el taburete que estaba a mi lado y se sentó a medias. Su mano, grande y fuerte atrapó la mía entre él y la mesa y sus dedos empezaron a hacer círculos sobre el dorso de mi muñeca.
-Cariño… no estoy enfadado contigo, lo prometo. No estoy enfadado en absoluto –me sonrió como si así quisiera respaldar su afirmación-. Pero aunque lo estuviera, aunque estuviese furioso contigo o con cualquier otra persona, no quiero que vuelvas a saltar así. No quiero que me tengas miedo Bella, a mí no ¿entendido?
-Es que… -me ruboricé-. Es que eres muy grande y… -suspiré ante la mirada de él incapaz de decir nada más.
-… Y James también lo es –terminó Jasper mi oración.
-No es que te esté comparando con él –dije rápidamente-. Es sólo que… llevo cinco años huyendo de…
-Edward, Jasper –dijo Emmett entonces. Le miré. A pesar de que sus palabras estaban dirigidas a sus hermanos, sus ojos estaban fijos en mí-. Si alguna vez utilizo mi fuerza para hacer daño a Isabella, tenéis mi permiso para matarme y juro que no pondré resistencia.
Parecía una tontería. Sabía que era una tontería pero sus palabras hicieron que me sintiera más segura. Sabía que no debía tener miedo de Emmett pero su gran cuerpo… realmente intimidaba.
-Gracias –dije en un susurro.
Por toda respuesta Emmett colocó una generosa cantidad de mermelada de melocotón sobre una tostada y me la entregó instándome a que le diera un mordisco.
-Bien, ahora… Tenemos algo de lo que hablar.
El tono en que Jasper habló hizo que mirase a los tres vampiros con cierta aprensión. Tenía la sensación de que esa conversación no iba a hacerme demasiada gracia.
______________________________ Desconocido ____________________________
Terminé de alimentarme del despojo de humano que había caído en mis manos esa noche y deseché el cuerpo inerte sobre la cuneta. Pobre infeliz. Nadie le echaría de menos. Era una desgracia para nuestra raza tener que sobrevivir alimentándonos con los despojos de la humanidad, mordiendo únicamente cuellos y gargantas de vagabundos, presos y escoria humana. Anhelaba clavar los dientes en un cuello fresco y suave… alguien de huesos frágiles para notar como se rompen uno a uno a medida que aprietas su cuerpo débil, deseaba beber la sangre caliente de un niño después de correr y no había nada tan delicioso como el olor a excitación y miedo mezclado con el aroma de una mujer a la que se podía mirar a los ojos fijamente viendo como la vida se le escapaba del cuerpo.
Ese era su cometido, habían nacido para eso y tenían que sobrevivir. La ley del más fuerte siempre había sido respetada por todos y entendida por la humanidad. Nosotros éramos los fuertes, nosotros teníamos derecho a gobernar el mundo, a esclavizar a la raza humana, a alimentarnos de ellos y a hacer que la oscuridad de nuestras costumbres viviese eternamente con ellos a nuestros pies.
James había fracasado… Le había puesto en bandeja de plata la solución a sus problemas y a los míos y había fracasado. Ahora sería difícil dar con ella y si los rumores eran ciertos sería prácticamente imposible retenerla. Si ella ya estaba con ellos había poco que hacer a menos que James lo consiguiera antes de que tuviese lugar la reunión.
Odiaba la forma de vida de los nuevos vampiros vegetarianos. Odiaba el hecho de que se esperase un cambio en nuestra orden de vida. Odiaba que ella estuviese con ellos y que ellos supiesen quién era ella.
Había sido el líder de los vampiros desde hacía más de setecientos años y por primera vez en su existencia tenía el extraño presentimiento de que todo podría acabar demasiado pronto.
Desde luego, no pensaba permitirlo.
_______________________________ Edward _______________________________
Odiaba tener que hacerlo. Odiaba tener que empezar una conversación como aquella que sabía perfectamente que podía hacer que Bella saliese de nuestras vidas completamente asustada, pero tenía que hacerlo. Me senté con suavidad frente a ella, al otro lado de la isleta de la cocina dándole, de ese modo, un poco de espacio personal para que no se sintiera amenazada de ningún modo. Emmett continuó sentado a su lado y Jasper recostó la cadera sobre la encimera de la cocina, cruzó los pies a la altura de los tobillos y se cruzó de brazos. Me miró y asintió.
-¿Qué sabes de leyendas y de realidad?
Bella parpadeó. Emmett sonrió a medias.
-Ummm… ¿las leyendas son ficción y la realidad es real? –su afirmación salió más como una pregunta y Jasper sonrió. Yo también. Era como ver a un niño el primer día de clase dudando sobre una respuesta.
-Justo la respuesta que se espera de un humano –bromeó Emmett.
-Tal vez es porque soy humana –le replicó Bella antes de beber un poco de su zumo.
-Te has equivocado por muy poco. Lo cuentos de hadas son ficción, las leyendas siempre tienen una base de realidad –la corregí.
-¿Cómo? –tomó el bote de mermelada de fresa e intentó girar la tapa con fuerza.
Vi como su ceño se fruncía al no ser capaz de abrir el bote. Bella tomó la servilleta que tenía a su lado e intentó girar la tapa con la ayuda de la servilleta para que no se le resbalase. Ese no era el problema. El problema era que la tapadera era demasiado grande para su mano pequeña y femenina. Bella gimió frustrada y me encontré a mí mismo diciéndome que debía concentrarme en lugar de pensar en qué otras situaciones me gustaría escuchar a Bella gemir del modo en que acababa de hacerlo. Sus labios se movieron pero no la escuché. Parpadeé un par de veces, más por un gesto para despertar de mis ensoñaciones que por necesidad.
-Perdona, ¿qué?
-Has dicho que las leyendas tienen una base real, ¿eso es cierto? –frustrada, dejó el bote aún cerrado sobre la mesa con un gesto demasiado brusco y fuerte.
Emmett rió entre dientes, alcanzó el bote y lo abrió sin ningún problema. Bella se sonrojó sintiéndose, seguramente, tonta por no haber pedido ayuda para que lo abriesen.
-Gracias.
-Cuando quieras, preciosa –le contestó Emmett-. Verás, piensa en la leyenda del Zorro –dijo Emmett entonces-. Un hombre enmascarado que aparece montado a caballo para librar a los inocentes de la opresión de los ricos ¿cierto? –Bella asintió-. Es una leyenda, pero a principios del siglo pasado se sabe que había un hombre que actuaba en las sombras a favor de los pobres.
-Así que la leyenda del Zorro tiene una base real… -Bella untó un trozo de la tostada con la mermelada de fresa y mordió suavemente haciendo que pudiese escuchar perfectamente el crujir del pan tostado.
-Eso es –afirmó Jasper la observación de Bella-. Del mismo modo que pasaba con Robin Hood, príncipe de los ladrones en el bosque de Sherbook.
-Ya, eso lo entiendo… -Bella tomó el bote de mermelada de melocotón y se lo dio a Emmett sin decir una palabra. Él lo abrió y Bella sonrió mientras colocaba una pequeña porción sobre otra tostada-…pero no sé que tiene que ver todo eso con…
Emmett se pasó una mano por el corto cabello y Jasper frunció el ceño. No parecía que ninguno de los dos estuviese demasiado dispuesto a decir lo que estaba ocurriendo. Fruncí el ceño y rodé los ojos internamente; siempre me dejaban a mí para dar las peores noticias, o al menos, si no las peores, sí las más extrañas.
-Los vampiros también tenemos leyendas que se remontan mucho más lejos que un par de siglos –dije.
-Oh, ¿en serio? –Bella mordió su tostada y un poco de mermelada de melocotón se quedó en la comisura del labio inferior.
-Sí… -dije sin apartar los ojos de la pizca de mermelada.
En aquellos momentos me sentía completamente estúpido; lo único que me ayudaba a no llamarme a mí mismo idiota era el hecho de saber que tanto Jasper como Emmett estaban igual que yo; ambos con los ojos fijos en el labio de ella. Los pensamientos de Emmett me atropellaron a pesar de que había intentado cerrar mi mente y una detallada imagen de lo que mi hermano querría hacer con Bella y la mermelada en aquellos momentos fue demasiado intensa. Me levanté del taburete y maldije en voz baja.
-Lo siento – Emmett se disculpó de inmediato-. Pero no puedo evitarlo.
-Ya lo sé –dije frustrado-. Pero eso no hace que sea más fácil –le contesté.
Emmett era demasiado… sexual. Estaba cómodo con su cuerpo y no le avergonzaba admitir que exploraba la sensualidad y la sexualidad y que, más aún, disfrutaba haciéndolo. Era capaz de dar una descripción perfectamente detallada llena de adjetivos, metáforas y analogías de cualquier parte del cuerpo femenino, y no le importaba que fuesen los pezones o los tobillos; no importaba qué fuese, su descripción, de algún modo, siempre terminaba volviéndose sexual con un lenguaje que hacía que los nervios del cuerpo aclamasen por atención.
No podía evitarlo. Del mismo modo en que Jasper no podía evitar sentir las emociones de las personas que habían a su alrededor y del mismo modo en que yo no podía evitar ser capaz de leer los pensamientos de las mentes ajenas. Emmett no podía evitarlo. Carlisle solía bromear diciendo que quizá la gran fuerza no fuera su don, si no la capacidad de ser capaz de hacer sentir a todo el mundo la parte de su sexualidad que tenían más escondida y reprimida.
-No importa. Sólo… intenta no pensar en…
-¿Cómo sabes en qué está pensando? –interrumpió Bella.
Iba a contestarle cuando la maldita mermelada volvió a atraer mi atención. Gemí y Jasper sonrió a medias.
-Eso puede esperar un poco –le contestó -. Y ahora si no te importa Bella, por nuestro propio bien será mejor que te limpies la mermelada que tienes en la comisura de los labios –le indicó.
-Oh, vaya… -cuando la punta de su lengua se deslizó entre los labios para chupar y lamer la mermelada, sentí como cierta parte de mi anatomía parecía despertar de un largo letargo. Maldije.
-No es nada –dije cuando Bella me miró-. Bien, hablábamos de leyendas ¿verdad?
-Sí, pero no sé dónde… -sus ojos se abrieron de repente-. ¿Estáis intentando decirme que no podéis ayudarme por alguna especie de leyenda? –bromeó.
-No vas tan desencaminada… -susurró Emmett.
Bella le miró.
-Sólo bromeaba –se apresuró a decir.
-Bien, nosotros no, al menos no del todo –repliqué-. Los vampiros realmente tienen leyendas.
-¿En serio?
-Sí, pero no solemos compartirlas con los humanos –dijo Jasper-. No a todos les gustaría saberlo sólo por curiosidad –chasqueó la lengua y sus ojos se oscurecieron, recordando seguramente algún pasaje de su pasado que no estaba dispuesto a compartir aún.
-¿Y me estáis contando todo esto por pasar el tiempo o porque tiene algo que ver con lo que realmente me queréis decir? –miró a su alrededor-. ¿Y por qué de repente me siento tan relajada?
-¿Jazz?
-Lo siento, culpa mía –contestó Jasper a la pregunta de Emmett-. Sólo estoy intentando tranquilizar el ambiente –miró a Bella que había fruncido el ceño-. No es nada que deba preocuparte ahora, primero terminemos esta conversación y luego te explicaremos esto.
-Eso si no sale corriendo cuando terminemos esta –dije sarcástico.
-Imposible, he cerrado las puertas –comentó Emmett divertido mientras jugueteaba con sus dedos sobre la mesa haciéndolos tamborilear una y otra vez.
-¿Por qué iba a querer salir corriendo? –preguntó Bella más que confusa.
Miré a Jasper y a Emmett que asintieron con la cabeza. Suspiré profundamente y me incliné hacia delante para poder ver mejor los ojos de Bella.
-De acuerdo, allá vamos… Hay… hay una leyenda vampírica –los ojos de Bella estaban atentos a mí-. Una leyenda vampírica que habla del cambio en la existencia de los no-muertos.
-¿No-muertos? –frunció el ceño-. Te refieres a vampiros ¿verdad? –asentí.
-La leyenda cuenta que llegará un momento en que el orden y la naturaleza de los vampiros cambiará radicalmente bajo el poder y mandato de la unión de tres vampiros hermanos poderosos.
-Cuando habla de vampiros hermanos quiere decir tres vampiros unidos por su creador –explicó Jasper-. Tres vampiros transformados por la misma persona.
Bella cabeceó, escuchando las palabras de Jasper pero sin dejar de mirarme ni un solo segundo.
-Según la leyenda, estos tres vampiros tendrán más poder que ningún otro y estarán destinados a cambiar el mundo de la oscuridad conocido hasta el momento –ella asintió-. Ahora viene la parte difícil… Jasper, ¿quieres ayudarme por favor?
-El poder de los tres vampiros es tan… impactante que necesitan… una válvula de escape…
-¿Una válvula de escape?
-Una válvula de escape –afirmó Emmett a la pregunta repetitiva de Bella-. Algo que los une y los mantiene cuerdos.
-Me estoy perdiendo –admitió Bella que hacía rato que había dejado el plato con tostadas a un lado.
-Bien, pongámoslo así –intercedió Jasper-. Mucho poder conlleva muchas responsabilidades y cuanto más poder tienes más poder quieres ¿cierto? –Bella asintió.
-Eso tiene sentido… -admitió.
-Bien, pues de eso estamos hablando. De tres vampiros poderosos, muy poderosos, que necesitan tener su válvula de escape para no volverse locos ni ávidos de poder; algo que les mantenga despiertos y con los pies en la tierra, algo que les mantenga cuerdos. Algo que les haga mantenerse en el control –explicó Jasper.
Suspiré internamente intentando que ni Emmett ni Jasper se diesen cuenta de ello. Control. Control era precisamente lo que me estaba faltado. Cada segundo que pasaba la sangre de Bella parecía cantar mi nombre; jamás había sentido algo así por nadie, la necesidad de beber su sangre era tan abrumadora que quemaba mi garganta. Cerré los ojos y me concentré. Bella era mi consorte, mi pareja, y estaba destinada a ser mi amante… No podía hacerle daño, no quería hacerle daño.
-¿Sabes cuántos años viven los vampiros? –preguntó Emmett entonces.
-Por toda la eternidad hasta que alguien los mata decapitándolos y quemando sus restos –dijo Bella. Hice una mueca preguntándome cómo diablos podía saber ella algo tan atroz.
-¿Cómo diablos sabes tú… -empezó a decir Emmett expresando mi pregunta silenciosa-. No importa, ya nos encargaremos de esto luego. Jasper, continúa.
-Cada doscientos años, nace un humano enlazado de algún modo a esos tres vampiros y este humano, o humana, se convierte en la válvula de escape, la cuerda de seguridad, el cable en tierra –dijo Jasper despacio.
-Pero… ¿qué pasa si de algún modo, uno de esos tres vampiros muere? –preguntó Bella.
Sonreí. Chica lista.
-El vínculo se rompe –dije entonces-. El poder de los tres vampiros desaparece y hay que esperar otros doscientos años a que hayan tres nuevos vampiros poderosos y el nacimiento de un nuevo humano.
-Bien, creo que lo entiendo –frunció el ceño-. Lo que aún no comprendo es por qué me estáis cont… -sus ojos se abrieron al ver mi sonrisa.
Giró hacia la derecha y vi a Jasper mirándola fijamente como si estuviese intentando sondear sus emociones. Bella miró a Emmett que se limitó a sonreírle de forma divertida. Bella jadeó.
-Un momento… creo que no… vale… esto es una broma… no estáis diciéndome que… -ninguna de sus frases tenía sentido seguramente porque no podía terminar ninguna de sus oraciones.
-Toma –le puse el vaso de zumo delante-. Bebe un poco, quizá así te sientas mejor.
Bella me miró escéptica pero obedeció. Bebió el líquido con avidez y me quedé fascinado viendo como su garganta tragaba el zumo lentamente y en silenciosa dulzura y suavidad.
-Vale, estoy bien… -susurró-. ¿Puede alguien resumirme todo esto?
Emmett sonrió y antes de que Jasper o yo pudiésemos hablar de forma tranquila y sosegada, él rió.
-Yo te lo explico. Nosotros tres estamos destinados, según la leyenda, a cambiar el orden natural establecido hasta el momento entre los vampiros y tú, preciosa, eres nuestra válvula de escape –Bella le miró-. Tranquila, no vamos a chuparte la sangre ni nada por el estilo, no corres ese tipo de peligro –le aseguró Emmett.
-¿No lo hago?
En un gesto nervioso, Bella dio un pequeño trago de su zumo.
-No. Sólo corres el peligro de ser nuestra consorte para el resto de tu vida y de nuestra existencia.
Jasper gimió y yo sacudí la cabeza. Era oficial. Emmett era idiota.
_______________________________ Jasper _________________________________
No había habido miedo. Recelo sí. Confusión sí. Nerviosismo sí. Incluso había lujuria a su alrededor, y excitación. Pero no había habido miedo. El miedo debería de haber sido su reacción natural, algo contra lo que no podría haber luchado, algo que simplemente habría surgido pero… pero en Bella no. Sondeé un poco más a su alrededor ignorando las sensaciones de Edward y Emmett mientras la miraban e ignorando mis propias emociones.
Nada. No había absolutamente nada en el cuerpo de Bella que indicase que tuviese miedo. Sonreí a medias. Había estado sondeando las emociones de Bella desde que habíamos empezado a hablar con ella y en ningún momento había sentido miedo; lo cual era algo bueno, teniendo en cuenta la noticia que acabábamos de soltarle.
Hasta que Emmett había hablado. Entonces Bella se había atragando y había empezado a toser, el miedo rodeándola y extendiéndose hacia mí, miedo mezclado con indignación, vergüenza y dolor.
-Emmett, eres idiota –siseé acudiendo al lado de Bella en menos de un segundo para retirarle el vaso de las manos.
-Lo siento, no creí que fuese a tomarlo así. Había estado muy calmada durante toda la conversación –se defendió Emmett mirando con preocupación a Bella.
-¿Estás bien? –Le di unos golpecitos en la espalda.
-Sí… -Bella tosió un poco más y un par de lágrimas aparecieron en los bordes de sus ojos-… creo que sí… -tosió de nuevo-… sólo… -respiró-. No espera esa respuesta, desde luego.
-No, apuesto a que no lo hacías –sonrió Edward comprensivo mientras limpiaba el zumo derramado-. ¿Quieres beber algo?
-Cualquier cosa menos zumo –dijo ella rápidamente.
Edward y yo sonreímos. Si aún podía hacer bromas al respecto no debía de estar tan mal. Emmett se levantó con rapidez y diligencia y le sirvió un vaso de agua que Bella bebió despacio.
-¿Mejor? –preguntó. Ella asintió-. Lo siento Bella. A veces hablo sin pensar antes –se disculpó Emmett.
-Sí, yo… sólo… -respiró profundamente-. No me esperaba esa respuesta –sonrió a medias-. En realidad no me esperaba nada de esta conversación…
-Eso no es lo que te está molestando –dije al ver como se sonrojaba.
-Creía que no podías leer su mente –dijo entonces Emmett.
-Y no puedo –dije-. Pero me resulta bastante fácil leer su rostro –le sonreí-. ¿En qué estás pensando que te está molestando tanto?
-No es molestia –intervine-. Más bien es… dolor… -fruncí el ceño-. ¿Qué hemos dicho para que te sientas tan asustada de repente y tan dolida, Bella?
-Yo… -carraspeó incómoda-… ¿puedo aclarar lo que he entendido y me decís si estoy equivocada?
-Por favor –pidió Edward cabeceando.
-Bien, según lo que me habéis dicho, vosotros tres… uhm… sois parte de esa leyenda –Edward asintió de nuevo-, y necesitáis eh…
-Alguien que nos mantenga cuerdos –acudió Emmett al rescate.
-Sí, eso –Bella aceptó la sugerencia con una sonrisa-. Y creéis que soy yo.
-No lo creemos, Bella. Sabemos que eres tú –intervine.
Tenía que quedar bien claro que intentar atarnos con otra persona no sería beneficioso para nadie; tenía que quedar claro que ella era nuestra consorte y que nosotros tres no podríamos estar con ninguna otra mujer que no fuese ella. Bella se ruborizó.
-¿Cómo podéis estar tan seguros?
-Tenemos ciertos… indicios… -dijo Edward.
-¿Qué indicios? –preguntó Bella. Nos miramos y ella arqueó una ceja-. De acuerdo, no podéis soltar una bomba como la que habéis soltado y esperar que lo acepte sin plantearme algunas cosas como por ejemplo cómo podéis estar tan seguros de que soy yo vuestra válvula de escape.
-Consorte –intervino Emmett. Bella le miró-. La palabra es consorte.
De nuevo sentí la vergüenza y el dolor proviniendo de Bella. Fruncí el ceño; tendría que tratar con esto más tarde.
-Sentiste la electricidad –dije entonces. Bella giró su rostro para mirarme-. Cuando Emmett, Edward y yo te tocamos por primera vez, sentiste la electricidad ¿verdad? –ella asintió-. Ese es un indicio para que nuestros cuerpos sepan que eres tú.
-Bella, hemos intentado tener otras parejas –dijo Edward al ver que ella abría la boca para protestar-… pero nunca, jamás, ha existido esa electricidad entre los tres. Si Jasper y yo la sentíamos, Emmett no lo hacía y si lo hacía Emmett y Jasper, yo no lo hacía.
-Eso por no mencionar las veces que sólo la sentía uno de nosotros –añadí con una media sonrisa recordando a Rosalie-. Sólo con nuestra consorte podemos sentir esa descarga eléctrica los tres.
-Además está el hecho de que Edward no puede leer tu mente.
-¿Puedes leer las mentes? –preguntó mirando a Edward.
-Sí, pero la tuya no. Un mecanismo de defensa para asegurarse de que no utilizo mi don para estar por encima del poder que mis hermanos tengan sobre nuestra consorte –añadió.
-Entonces, estáis seguros de que soy…
-Nuestra consorte –asentí terminando la frase.
-¡Oh!
Silencio. Bella no dijo nada más durante unos breves segundos. Notaba la tensión en el ambiente y la angustia de Emmett y Edward se sumaban a la mía propia. Si Bella no nos aceptaba, si Bella decidía dejarnos, si Bella no quería tener nada que ver con nosotros… Ni siquiera quería pensar en esa posibilidad. Tal vez Aro estuviese feliz de acabar con nuestras existencias antes de que termináramos por volvernos locos. Bella habló suavemente.
-Antes habéis dicho que si uno de vosotros muere, en ese momento vuelve a iniciarse la cuenta para los doscientos años –Emmett asintió-. Pero ¿qué pasa si no… si yo no… si yo muero?
-Nosotros morimos –afirmé gruñendo-. Bella, sin ti, la locura se apoderará de nuestras mentes y estaremos condenados a vagar eternamente en un mundo que no tiene nada para ofrecernos. Por eso, cuando la consorte muere, los vampiros prefieren, preferimos, morir también.
-Entiendo… ¿Y si no os puedo aceptar? –sonreí. Sabía que esa pregunta había estado en su cabecita desde hacía tiempo-. ¿Qué pasaría entonces?
-Nada. Nosotros seguiríamos intentando protegerte hasta el día de tu muerte y luego, volveríamos a buscar a otra mujer que pudiese ser nuestra consorte –contestó Emmett-. Pero nunca, jamás, sería como tú. Seguramente uno de nosotros, tal vez dos, pudiesen sentir algo por la mujer, pero jamás lo sentiríamos los tres.
-Bella… -dijo suavemente Edward-. ¿En qué estás pensando?
-¿En qué estoy pensando? –prácticamente gritó-. Prácticamente acabáis de decirme que tengo que ser vuestra puta particular por que de lo contrario podríais morir o volveros locos y acabar con los restos de humanidad que aún tenéis en vuestros cuerpos, ¿y me preguntas en qué estoy pensando?
Emmett se carcajeó. Edward la miró boquiabierto, seguramente convencido de que si pudiese sonrojarse en aquellos momentos ya tendría las mejillas completamente rojas. Tosí ligeramente para que Bella me mirara y le sonreí.
-No –dijo Edward ligeramente-. Emmett deja de reír –los tres miramos a Bella. Emmett aún entre ocasionales risitas-. Cuando hemos dicho consorte nos hemos referido a consorte como esposa.
-¿Esposa? –parpadeó-. ¿Esposa? No… no entiendo qué…
-Bella, ¿puedo explicarte cómo será la relación que tendrás con nosotros si nos aceptas?
-¿Relación… cómo en relación física?
-Física, afectiva y sexual –asintió Emmett intentando que su voz sonase suave para no asustarla-. Como tú quieras Bella –se apresuró a añadir.
-¿Qué?
-Bella, la relación afectiva no se puede evitar ni ninguna de las otras pero será como tú quieras… -explicó Edward-. Nosotros… tendremos que tocarte continuamente para asegurarnos de que estás bien, de que estás con nosotros, es algo que nuestros cerebros nos exigirá –dijo tranquilo-. Así que no salgas corriendo si de repente te abrazamos, te besamos o te acariciamos simplemente la mano o le mejilla –sonrió y Bella le correspondió.
-¿Y… -ella carraspeó-. ¿has dicho sexual?
-Tú decides Bella –intervine entonces-. Si decides aceptarnos, nos aceptas a los tres. Pero eso no implica que tengas que tener relaciones sexuales con los tres al mismo tiempo –ella me miró sin comprender-. Bella, tendrás que acostarte con los tres pero no al mismo tiempo... los tres necesitaremos eh… que nos mantengas cuerdos y al mantener relaciones sexuales nos harás permanecer tranquilos –Edward no me miraba, tuve que tragarme una sonrisa, por muchas décadas que pasaran, Edward seguiría siendo tan puritano como lo había sido siempre.
-Entonces… ¿qué es lo que yo decid…
-El número –Emmett dijo sonriente. Edward gimió y me pregunté en qué diablos estaba pensando mi hermano que había enviado una imagen clara y nítida para que Edward gimiese así-. Cuando te sientas preparada, si es que nos aceptas y alguna vez te sientes preparada, podrás decidir si quieres que te follemos de uno en uno o tal vez te apetezca tener dos vampiros para ti sola –subió y bajó las cejas varias veces en un gesto obsceno y cómico que hizo que ella sonriese, de forma incómoda, sí, pero una sonrisa después de todo-. O tal vez tres –añadió Emmett con una risita.
Edward le fulminó con la mirada y me miró inquieto. Negué con la cabeza. Bella parecía perfectamente tranquila. Interesante. Seguía sin haber miedo. Más bien el sentimiento de miedo que estaba notando cerca de mí procedía de Edward, y más que miedo era preocupación por saber cómo se lo iba a tomar la chica que les miraba con los ojos abiertos después de la revelación de Emmett.
-¿Bella?-pregunté ante la insistente mirada de Edward-. ¿Estás bien, cariño? –pregunté preocupado al ver que parecía no reaccionar.
Bella me miró parpadeando como si de repente se hubiese dado cuenta de donde estaba y con quien estaba. Le sonreí de forma amable intentando calmar la tensión del ambiente.
-Yo… -se levantó despacio del taburete e inmediatamente nosotros tres la imitamos. Ella nos ofreció una pequeña sonrisa-… Tengo que… tengo que pensarlo… es decir… me gustaría estar sola unos minutos si puede ser…
-Claro –dijo Edward. El brillo de sus ojos prácticamente desaparecido.
-No os estoy rechazando Edward –dijo Bella con rapidez como si hubiese sido capaz de sentir exactamente lo que estaba preocupando a Edward en aquel momento-. Pero no podéis esperar que os de una respuesta ahora ¿verdad?
-Lo entendemos –dije antes de que Emmett abriese la boca para decir algo que seguramente no sería bien recibido en aquellos momentos-. ¿Por qué no subes arriba y lo piensas? Edward tiene una gran colección de música y la cuarta puerta del pasillo es una biblioteca si quieres leer un poco.
-Gracias –Bella sonrió y asintió.
Caminó hacia la puerta. Tanto Edward como Emmett y yo mismo estábamos atentos a sus movimientos como si presintiéramos que en cualquier momento ella pudiese caerse al sentir sus rodillas débiles al asimilar la conversación que acababan de tener y lo que ello implicaba. Pero no ocurrió nada. Al menos, nada de eso.
Bella se detuvo a medio camino y se giró. Con gesto decidido y tímido, caminó hacia mí y apoyó sus manos en mi camisa tirándome hacia abajo. Cuando me incliné, ella dejó un beso dulce sobre mi mejilla. Aún sonreía cuando la vi hacer el mismo gesto con Edward y Emmett. Salió de la cocina mordiéndose el labio y pude sentir su incertidumbre como si estuviese pensando si lo que había hecho estaba bien o mal. Sonreí ante su gesto inocente mientras miraba a mis hermanos. Emmett sonreía con una mano sobre la mejilla; fruncí el ceño al notar los ojos de Edward que se habían oscurecido un poco desde el momento en que Bella se había acercado lo suficiente para besarle en la mejilla.
-¿Ed…
Pero Edward no me escuchaba, sus ojos estaban dirigidos a la puerta de la calle como si estuviese leyendo el pensamiento de alguien. No era la primera vez que lo hacía pero en aquellos momentos con la posibilidad de que James se hubiese enterado del paradero de Bella, tanto Emmett como yo nos tensamos.
-¿Edward? –insistió Emmett.
-Carlisle –dijo él frunciendo ligeramente el ceño.
-¿Ya han llegado?
-No –negó Edward a la pregunta de Emmett-. Pero Carlisle está cerca…Lo que me extraña es que sólo viene Carlisle.
Fruncí el ceño.
-¿Estás seguro?
-Jasper –me miró con cierta condescendencia-. Sólo leo la mente de Carlisle así que sí, estoy completamente seguro.
Suspiré. ¿Dónde diablos estaba el resto de la familia?
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Bueno, pues esto es todo por hoy!!! Espero que haya sido de vuestro agrado y que las preguntas hayan quedado aclaradas más o menos.
En resumen y para que no haya más confusiones, Rosalie y Alice aparecerán en la historia como hermanas de los tres chicos, como vampiresas que han tenido relaciones con ellos en un pasado pero bajo ningún concepto terminarán juntos. Jasper, Emmet y Edward serán de Bella y ni Rosalie ni Alice se interpondrán en esa relación ¿entendido?
Espero vuestros comentarios al respecto de este capítulo… Ah, por si os sirve de algo, he escrito ya hasta el capítulo 6 y es ahí donde se produce la primera ehm… escena subidita de tono, así que ya sabéis, escribid reviews y subiré más deprisa jejeje!!!
Un besito para todos, despediros de agosto que ya se acaba y no olvideis nunca que hagais lo que hagais, lo importante es hacerlo con el corazón. Sed felices!
Nos leemos pronto!!!
