Bien, vale, juro que esta es la primera vez que lo hago y seguramente será la última. Pero es que he recibido 50 reviews en un solo capítulo y tengo más de 170 reviews así que tenía que celebrarlo y qué mejor que celebrarlo con vosotros, amigos lectores??
Gracias por sus palabras y reviews a:
Cunning angel, cristal butterfly 92, martita17, berry :), brinacullen, rocha, ana, romii, inmans, shani 2000, javii cullen, cullenobsession, carol-cullen, paky, luuli_s, sealiah, isdina snow, valu86, mariana, adela, carmen, karina, margara, tina masen, n_n, marisol, valentina, noms BLACK, mía, allysan, maryroxy, anrresweet, isidoro contreras, ximena, karime, luuli_s, anakaren, mjmy22, sandracullen, sereniti84, adela, crish, erill cullen, kmylita, fati21, maripassos (ya te enterarás de por qué no hay celos entre ellos pero puedo adelantarte que se debe a que los tres están conectados en cierto modo, lo que siente uno lo sienten los otros dos… más adelante del fic lo explicaré) , patty, luuli_s, laabuela
Gracias a todos!!!
Por primera vez, y última (no os acostumbréis a esto porque actualizaré cada dos semanas más o menos y no cada dos días) os subo un nuevo capítulo del fic deseando que os guste.
Hay un beso de por medio, reacciones de Bella y sentimientos confusos. ¿No queréis saber quién besa a quién? Pues adelante, leed, leed, nos vemos abajo!!
Vampiros y humanos conviven en un mismo mundo siendo conscientes los unos de la existencia de los otros. Pero cuando un vampiro se obsesiona con un humano, éste sólo tiene dos salidas: rendirse al vampiro o buscar un protector. Una vez cada doscientos años se produce un hecho insólito y un humano es reclamado para ser el consorte de tres vampiros poderosos. ¿Qué pasa entonces?
Capítulo IV. Una decisión ya tomada
Carlisle. Sólo una palabra podía describirle. Compasión. Carlisle Cullen era la criatura más compasiva que jamás había conocido no solo en mi vida como humano sino también en mi existencia como vampiro. Tenía un aura que lo rodeaba siempre y brillaba con luz propia… Era capaz, aún después de haber visto todos los horrores que había visto y todo lo que sabía que le quedaba por ver, que la vida como condición humana era algo precioso y extremadamente valioso de conservar.
Muchos podrían pensar que hablo únicamente porque me salvó la vida. Carlisle Cullen no había sido el primer vampiro que me mordió, no fue mi padre ni mi creador… pero fue el vampiro que substituyó el veneno que corría por mi cuerpo con el suyo propio para hacerme su hijo, para hacerme suyo, para darme un hogar, un lugar en el que vivir.
Había sido compasión lo que había visto en sus ojos cuando me mordió y me llevó al filo de mi existencia para poder volver a transformarme. Pocas personas conocían eso. Doble vampiro. Doble poder… Incapaz de seguir con su elección de vida porque el odio que había acumulado durante años me instaba a perseguir y acechar humanos para conseguir la sangre, me fui de su lado.
Durante los años que pasé lejos de Carlisle, supe de él. Supe de su familia, supe de las personas a las que había transformado en vampiros y supe que había encontrado a alguien con quien compartir el resto de su eternidad. Quería volver con ellos. Quería, necesitaba que me perdonase por las atrocidades que había cometido en aquellas décadas lejos de él. De algún modo, necesitaba que él me redimiese de mis pecados porque sabía que no me juzgaría, porque quería que no me juzgase. Fue entonces cuando conocí a Alice y fue ella quien me llevó hasta Alaska donde en aquellos momentos vivían los Cullen. Fue ella quien llamó a la puerta con una sonrisa diciéndome que todo estaría bien, que lo había visto.
Fue Carlisle quien abrió la puerta y quien nos miró sonriendo como si de algún modo nos hubiese estado esperando, como si de alguna forma hubiese sabido que íbamos a llegar en aquel momento. Le había mirado intentando leer la sorpresa en sus sentimientos, el rechazo e incluso el miedo… él había escuchado lo que podía llegar a hacer, lo que había llegado a hacer. En aquel momento había esperado que él me diese la espalda que me dijese que no había un lugar para mí entre los suyos, que mi oportunidad se había terminado… Pero no, Carlisle me introdujo en su familia dándome la bienvenida otra vez y asegurándome que esa vez lo lograríamos juntos. Familia. Los Cullen no eran un clan ni un aquelarre de vampiros. Eran una familia. Cuidaban los unos de los otros y se protegían entre sí sin esperar ninguna recompensa de vuelta e incluso, sin querer ser recompensado.
Compasión era lo que había sentido en él en aquellos momentos y compasión era lo que estaba sintiendo en aquellos instantes mientras nos miraba a los tres fijamente, el ceño relajado, los ojos dorados abiertos y atentos al menor ruido, la sonrisa pacífica en su rostro pétreo.
-Se lo habéis dicho.
No era una pregunta. Asentí.
-Queríamos que lo supiese antes de que llegase Rosalie y pudiese asustarla –mascullé mirando fugazmente a Emmett esperando que defendiese a Rosalie casi de inmediato. No lo hizo-. ¿Dónde están las chicas?
-En Forks –contestó Carlisle-. Esme y Alice decidieron quedarse para eh… redecorar… por si necesitáis un lugar en el que proteger a vuestra consort…
-Bella –interrumpió Edward-. No es nuestra consorte, es Bella.
Carlisle asintió notando en los ojos de Edward su determinación a no ceder en ese punto.
-Esme pensó que con los vampiros sabiendo donde vivís tal vez no estaría de más que vinieseis a casa unos días.
-Te lo agradecemos Carlisle –dijo Emmet-. Pero no nos movemos de aquí –Carlisle le miró-. Conocemos las calles, bosques y callejones de Seattle perfectamente y somos capaces de proteger a Bella ocurra lo que ocurra.
-Sabía que ibais a decir eso –comentó Carlisle divertido-. Alice lo vio.
-Es imposible tener secretos en esta familia –masculló Edward ligeramente divertido.
-Y lo dice el que lee las mentes –protestó Emmett con un leve gruñido.
-¿Dónde están las chicas realmente? –pregunté mirando a Carlisle-. Carlisle, sé cuando mienten las personas y cuando no, incluido los vampiros, incluso tú, así que ¿dónde están las chicas realmente?
Pero Carlisle no tuvo tiempo de contestar antes de que Edward lo hiciese.
-Rosalie está dando problemas ¿verdad?
Carlisle asintió ligeramente, tenso, mirándonos a los tres, calculando nuestra reacción, cavilando sobre nuestras acciones. No podía culparle. Carlisle siempre quería proteger a todo aquel que permaneciese cerca de él y perteneciese a su familia, y Rosalie era parte de su familia.
-Nunca le ha sentado bien el rechazo, Edward –respondió Carlisle-. Y vosotros la rechazasteis.
-Sí, y ahora sabemos por qué –interrumpí antes de que Edward protestase-. Ninguno de nosotros quisimos hacerle daño ni a Rosalie ni a Alice, ni a Maria ni a ninguna de las otras mujeres con las que hemos intentado mantener una relación…
-Pero no había manera de no hacérselo –interrumpió entonces Emmett-. Estábamos destinados a Bella.
-Una humana para mantenernos unidos, con la cabeza sobre los hombros, fuera de la corrupción del poder y una humana para amar –sentencié con el ceño fruncido. Miré a Carlisle que estaba tan preocupado como yo-. Siempre habíamos pensado que lo de la humana era sorteable, que bastaba con encontrar a una mujer con la que los tres nos sintiéramos cómodos…
-Tendríamos que haber pensado en que esa parte de la leyenda fuera completamente cierta –asintió Carlisle con gesto preocupado-. Una vampiresa no puede reproducirse, al menos no se ha dado aún ningún caso…
La mirada culpable de Emmett, Edward y estoy seguro que la mía mismo hizo que él se detuviese a media oración, suspirase profundamente y nos mirase fijamente.
-¿Se lo habéis contado todo? –preguntó Carlisle.
Era increíble como Carlisle podía hacer que nos sintiéramos cono niños pequeños pillados haciendo alguna travesura. Emmett suspiró.
-No. Nos hemos saltado la parte de que es posible que sea la única que pueda concebir un bebé de un vampiro… -admitió haciendo que Carlisle nos mirar con reprobación-. Ya era suficiente noticia decirle que era nuestra consorte y que sin ella podíamos morir los tres ¿no te parece?
-Tenéis que decírselo.
-Lo sabemos y lo haremos –contestó Edward-. Sólo queremos esperar un poco… Ha tenido unos años bastante… dispares con James persiguiéndola… -sonrió orgulloso-. Le ha estado evitando cinco años –añadió.
Carlisle abrió la boca, frunció el ceño y luego esbozó una sonrisa.
-Cinco años ¿eh? Sí, podrá manejaros a los tres –sentenció divertido.
Emmett acompañó su risa pero cuando miré a Edward vi algo tras sus ojos. Infelicidad. Al menos parcialmente. Anoté mentalmente el hablar de ello con él más tarde.
-Lamento decirlo chicos, pero en cuanto James se entere de lo que pasó en la Cueva y de que ella está aquí…
-Lo sabemos –dije rápidamente-. Por eso sois bienvenidos en esta casa en cualquier momento que lo deseeis, bajo una sola condición.
-Nada de hacerle daño a Bella –continuó Edward hablando sabiendo lo que estaba pensando-. Ni pensamientos, ni actos, ni palabras. Absolutamente nada dañará a esta mujer ¿entendido?
-Esme jamás le haría daño –dijo Carlisle frunciendo el ceño protectoramente por haber escuchado a alguien hablar así de su compañera-, comprendo perfectamente vuestra necesidad de protegerla pero no es de nosotros de quien tenéis que hacerlo, no de Esme y no de mí.
Edward asintió pero Emmett tenía el ceño fruncido.
-¿Y qué pasará con Rosalie? –pregunté haciendo realidad la pregunta de mi hermano-. Alice no es ningún problema y realmente no me importa lo que piense el mundo entero salvo mi familia, nuestra familia, pero Rosalie… -chasqueé la lengua-, no creo que lo acepte demasiado bien.
-Pues tendrá que acostumbrarse –gruñó Edward en una clara amenaza.
-Lo hará –aseguró Emmett con una confianza ciega en nuestra hermana-. Sólo necesita acostumbrarse a ello pero lo hará –afirmó de nuevo.
Tanto Carlisle y yo dudábamos a medias de la afirmación de Emmett pero él estaba tan convencido de ello que no quisimos abrirle los ojos antes de tener claro que no nos equivocábamos.
-¿Edward, Jasper, Emmett?
Nos pusimos en pie inmediatamente. La voz de Bella, llamándonos, parecía estar asustada. Realmente asustada. Lo último que supe antes de salir corriendo hacia el piso superior era que Carlisle estaba justo detrás de nosotros. Sonreí. No, no iba a dejarnos solos nunca y realmente era algo que siempre le agradecería.
Compasión. Definitivamente esa era su palabra.
______________________________ Emmett ________________________________
Se me heló el corazón cuando vi a Bella en una esquina de la habitación, la postura rígida, su mano derecha alzada apretando fuertemente un puñal, su boca apretada, sus ojos fijos en la ventana, la mirada perdida en los bosques. Edward había llegado el primero, como siempre, pero no se había acercado a ella; permanecía a unos metros, los suficientes para darle espacio a la chica pero no lo bastantes como para no poder llegar a su lado si fuese necesario. Incluso sin poder leer su mente Edward entendía que en aquellos momentos Bella necesitaba espacio propio y respirar.
-¿Bella? –se aventuró a decir Jasper.
Jasper siempre había tenido una voz melodiosa capaz de convencer a cualquiera de hacer lo que él desease, lo que él quisiera; muchas veces la había usado para conseguir presas humanas, otras para conseguir simplemente que sus deseos se hiciesen realidad pero era, seguramente la primera vez en todo el tiempo que le conocía que Jasper usaba el tono y encanto de su voz para intentar atraer la atención de alguien con el único propósito de proteger a esa persona y tranquilizarla.
-¿Cariño? –insistió dando un paso tentativamente hacia ella.
Una onda de tranquilidad sacudió la habitación con suavidad y supe que Jasper estaba trabajando su magia sobre ella. Incluso yo podía ver en sus ojos el miedo y en su rígida postura el deseo de protegerse hasta el final luchando con uñas y dientes si fuese preciso.
-¿Jasper?
-Eso es cariño, soy Jasper… -Bella parpadeó un par de veces antes de enfocar su mirada en nosotros pero sus ojos volvieron a irse hacia los bosques-. Bella, necesito que sueltes eso, no queremos que te hagas daño accidentalmente, pequeña…
Bella le miró, me miró y luego miró a Edward. Sus ojos se posaron entonces sobre Carlisle y sus cejas se fruncieron como si estuviese intentando evaluar si era peligroso o no para ella estar en la misma habitación que un vampiro desconocido. Algo en el rostro de Carlisle, seguramente su sonrisa encantadora o su postura tranquila, hizo que Bella decidiese que no había peligro y entonces sus ojos volvieron a la mirada.
-Estoy bien –dijo-. Había algo ahí fuera –añadió mirando hacia la ventana.
-¿Qué?
-Ahí fuera –repitió Bella-. Había algo ahí fuera.
-Bella, suelta eso cariño –dijo Edward entonces avanzando hacia ella sin apartar sus ojos de los suyos como si estuviese tratando de convencer a un animalito asustadizo.
-No puedo –dijo ella-. Ahí fuera había algo o alguien… No voy a dejar que me lleven con él… No voy a…
-Nadie va a llevarte a ningún sitio donde no quieras ir –dije firmemente apartando a Edward a un lado-. Dame eso Bella –acaricié su mano cerrada firmemente en la empuñadura del arma y noté la tensión de sus músculos y como iba disipándose mientras la acariciaba-, no voy a dejar que nadie te lleve a ningún sitio –dije-. Dame eso cariño…
Tal vez mi voz no era tan persuasiva como la de Jasper ni tan acariciante como la de Edward, pero tuvo el efecto exacto que buscaba; Bella parpadeó, relajó su mano y la abrió dejando que tomase el puñal en mi mano izquierda. Estiré el brazo hacia atrás y Jasper recogió el arma en el momento en que yo recogía a Bella y la abrazaba estrechamente sintiendo como temblaba a pesar de la rigidez de su cuerpo y de la serenidad que había mostrado.
-Había algo fuera…
-Vale, Bella, estamos en…
-No, no –sacudió la cabeza y me miró-. Vampiro. Había un vampiro ahí fuera.
No era posible. No podía ser. Con la capacidad de Jasper de sentir emociones y la forma en que Edward podía leer las mentes ajenas era prácticamente imposible que alguien hubiese estado allí fuera, en el bosque que rodeaba la casa, cerca de nosotros y, maldita sea, cerca de Bella.
-Bella, no creo que…
-Seguro que viste algo –me interrumpió Jasper-. Pero seguramente fue sólo un animal o…
-No soy idiota –replicó ella furiosa-. He estado cinco años escapando de un maldito vampiro, cinco años durmiendo con un ojo abierto y a trompicones porque temía dormirme más de un minuto y encontrarme con su rostro al despertar. No soy una jodida vampiresa pero he aprendido lo que se siente cuando te observa un vampiro que está deseando matarte ¿entendido? –me miró como si pudiese sentir que su arranque de furia no hubiese convencido a ninguno de mis hermanos. Se equivocaba, ellos dos estarían completamente convencidos después de decir aquello, sólo que Bella aún no nos conocía lo suficiente como para saberlo-. Había un vampiro ahí fuera Emmett. Lo sé.
-¿Edward? –preguntó la voz de Carlisle.
Edward frunció el ceño y centró sus ojos en la ventana y aún más allá. Le había visto cientos de veces hacer eso mismo pero nunca me había importado tanto como en aquellos momentos que consiguiese sondear el bosque en busca de la mente del vampiro que hubiese estado allí fuera. Cuando sus ojos se oscurecieron, cuando sus labios se entreabieron y sus colmillos relucieron en la habitación, supe que lo había encontrado. Y si eso no hubiese sido suficiente incentivo, el hecho de que abriese la ventana y saltase fuera dirigiéndose hacia la parte este de los bosques fue respuesta más que suficiente.
-¡Joder! –exclamé mirando a Bella detenidamente-. ¿Estás bien, llegaste a verle, se ha acercado a ti?
-No –negó frenéticamente-. Sólo le sentí observándome… luego… luego os llamé… apenas fue un susurro porque no quería alertarle pero sabía que aún así me podríais escuchar…
-Lo has hecho muy bien, pequeña –le sonrió Jasper-. Ahora quédate aquí mientras nos ocupamos de ello ¿de acuerdo?
Bella asintió y extendió su mano hacia Jasper.
-Necesito mi puñal –esperó.
Jasper enarcó una ceja.
-No hay una maldita oportunidad de que te lo devuelva –le contestó Jasper furioso.
Bella no se encogió. Cualquier otra persona se hubiese encogido ante el modo en que Jasper había hablado de forma baja y grave pero ella no. Ella le aguantó la mirada, frunció su ceño y sus labios hicieron un mohín verdaderamente apetecible.
-No voy a quedarme aquí sola sin nada con lo que defenderme –exigió.
-No lo necesitas, Emmett se queda contigo –intervino Carlisle.
Me giré para mirarlo a tal velocidad que las vértebras de mi cuello crujieron.
-¡El diablo me maldiga si me quedo apartado de esto! –grité en dirección a mi hermano y mi padre-. Tengo tanto derecho como Edward y Jasper de retorcer el cuello de quien sea que se haya atrevido a asustarla de este modo.
-Tú te quedas –repitió Carlisle.
-¡De ningún modo!
-Escucha Emmett, Edward es el más rápido y ya ha salido fuera de la casa, puedo seguir su olor perfectamente y Jasper… bueno… ambos sabes lo que Jasper puede hacer. Además el que yo me quede no es una opción porque ella no confía en mí todavía. –Emmett frunció el ceño pero sabía que tenía razón; ningún vampiro que se preciase desconocía a Jasper por lo que el que él estuviese presente seguramente le haría hablar-. Tú eres el más fuerte de los tres y Bella necesita sentirse protegida en estos momentos. Necesita que te quedes con ella.
Cabeceé sin pensarlo. Carlisle tenía razón, una vez más. Bella necesitaba sentirse segura y protegida. No importaba que se viese tan entera, no importaba que no estuviese llorando ni gritando ni siquiera histérica… Yo la había abrazado y la había sentido temblar, la había sentido apretar ese puñal con tanta fuerza que me extrañaba que no se hubiese hecho sangre o se hubiese roto algo.
Apenas fui consciente del momento en que Jasper y Carlisle abandonaron la habitación. Sólo tenía ojos para el cuerpecito caliente que se sujetaba a mí con los ojos abiertos y clavados en el ventanal, temerosa de que en cualquier momento, en cualquier instante, algo o alguien pudiese entrar.
-Bella, mírame –por una vez agradecí la intimidación que mi voz imprimía-. No va a pasarte nada –le dije-. Vamos a esperar tranquilamente a que regresen ¿de acuerdo? –ella asintió y se dejó guiar hasta la cama donde la senté en mi regazo sin que pusiera demasiada objeción-. Bien, ahora ¿estás segura de que estás bien?
-No sé por qué os he llamado –dijo entonces. La miré enarcando una ceja-. Nunca… nunca había dependido de tener a nadie a mi alrededor; siempre he sabido cuidarme yo sola pero cuando he notado que alguien me estaba mirando yo… -hizo algunos gestos de impotencia con sus manos-… simplemente he sentido que tenía que llamaros.
Su expresión cuando me miró era confusa. Estaba completamente confusa y perdida y no podía culparla por ello. Desde el momento en que la tocamos por primera vez su cuerpo respondió al nuestro incluso aunque no hubiese deseado que lo hiciera. Nos reconoció como sus parejas, como sus protectores, como sus hombres… aunque aún no lo entendiese del todo, Bella nos pertenecía, su cuerpo nos aceptaba y su alma estaba destinada a estar con nosotros. A pesar de saber todo eso que era nuevo para ella, me sentía completamente incapaz de explicarle su confusión.
Nunca se me habían dado bien las palabras; ese generalmente era el terreno de Edward. Así que hice lo que en aquel momento pensé que era lo mejor que podía hacer para que Bella dejara de pensar y de sentirse confusa.
La besé. No sé qué diablos me impulsó a hacerlo pero tuve que hacerlo, necesitaba hacerlo. La voz de Jasper diciéndome que teníamos que ir despacio con ella quedó en un segundo plano y la advertencia en los ojos de Edward si me atrevía a ir demasiado lejos con Bella sin que ella estuviese preparada también la olvidé. Sólo… sólo necesitaba besarla del modo en que lo estaba haciendo.
Sus labios me recordaban el sabor de la vainilla y el caramelo que una vez me había gustado siendo humano. No llevaba bálsamo labial así que supuse que era su sabor ¿por qué no? Si su cabello olía a fresas y flores, sus labios bien podían saber a vainilla y caramelo. Bella tardó menos de cinco segundo en reaccionar a mi beso y no pude evitar que la veta de orgullo masculino me hiciese sonreír en mi cabeza al notar como ella respondía a mi beso. Sus labios eran dulces y suaves y se movían bajo los míos con timidez, despacio.
Deseaba abrirle la boca mordiendo su labio inferior e introducir mi lengua dentro de su boca sólo para comprobar, para saber si su boca era tan cálida como parecía serlo. Deseaba colar mis manos bajo su ropa y acariciar su espalda, su cintura, lamer su ombligo y jugar con sus pechos y sus pezones. ¡Dios! Casi gemí al pensar en ello, ¿cómo debían de ser sus pezones? Tal vez oscuros y grandes… no, serían rosados y pequeños, perfectos, como ella, suaves, satinados, dulces… sensibles…
Tuve que dejar de pensar en ello antes de que decidiera tumbarla sobre su espalda en la cama, desnudarla y enterrarme entre sus piernas con el pensamiento de que me faltaban manos para atender todas y cada una de las partes de su delicioso cuerpo que quería tocar y sentir.
Gemí ante ese pensamiento y me obligué a ir despacio. Era demasiado pronto para que hiciera algo así; no quería asustarla, no quería hacerle daño. Así que me limité a besarla con toda la suavidad de la que podía hacer gala alguien como yo a quien habían calificado como el hermano Cullen más sexual de todos.
Algo pasó. Algo ocurrió en el cerebro de Bella. Sus labios se apartaron de los míos, sus ojos abiertos, del color de chocolate parecían deslumbrados por un faro, asustados, Bella se levantó de mis rodillas donde había estado sentada y sacudió la cabeza una y otra vez.
-Lo siento… -se disculpó-… no puedo… yo no… Lo siento.
Salió corriendo de la habitación y se encerró en el cuarto de baño. Maldije mi mala suerte y me insulté mentalmente. ¿Qué diablos había hecho para que reaccionara de ese modo? Escuché como Edward, Jasper y Carlisle volvían a casa. Me acerqué a la puerta del baño y toqué suavemente; desde donde estaba escuché como dio un respingo y ahogó un grito asustadizo.
-Bella, ¿estás bien? –no contestó-. Sólo… voy a bajar; Jasper y Edward han vuelto ¿de acuerdo? –siguió sin contestar-. Sólo… puedes salir cuando quieras, no va a pasarte nada, lo prometo ¿entendido?
Tampoco esta vez me contestó. Suspiré pesadamente y me aparté de la puerta cuando lo único que quería en aquellos momentos era echarla abajo y terminar con Bella lo que había empezado. Calma. Tenía que calmarme, no quería asustarla, no iba a asustarla. Bella no lo merecía.
Salí de la habitación de Edward y cuando estaba llegando a los últimos escalones escuché el clic de la puerta del baño; sonreí. Al menos no había hecho que se encerrase de por vida. Mis hermanos me hubiesen matado.
_______________________________ Edward _______________________________
Emmett estaba furioso con nosotros. ¡Yo estaba furioso con nosotros! No habíamos encontrado nada en el bosque, absolutamente nada. Había intentado seguir su mente pero lo había perdido en algún punto al oeste del lago al oeste.
-Sólo puedo saber quién es si he leído su mente con anterioridad –me defendí-. Sólo sé que no era un vampiro joven; tenía su mente estructurada y su objetivo era Bella.
-¿James está detrás de esto?
-No estoy seguro –contesté a la pregunta de Emmett-. No tengo la menor idea de quien ha podido ser pero se ha acercado demasiado a Bella.
Ese era precisamente el pensamiento que todos compartíamos. Había estado cerca de Bella; demasiado cerca. No debería de haberse acercado tanto, no debería de haber tenido la posibilidad siquiera de acercarse a ella. Se me encogía el corazón como si un puño invisible lo estrujara al recordar la imagen de Bella en el rincón, dispuesta a defenderse con un pequeño puñal como si eso hubiese sido suficiente para matar a uno de nosotros, a uno de los nuestros.
-¿Por qué diablos no lo hemos escuchado acercarse? Deberíamos de haber podido…
-Es sigiloso –dijo Carlisle interrumpiendo a Emmet-. Yo tengo muchos más años que vosotros y tampoco lo he escuchado.
-Pero no es tu obligación proteger a la mujer que está ahí arriba –gruñó Jasper que estaba enfadado consigo mismo-. ¡Joder! Ni siquiera he sentido sus emociones, ¿por qué diablos no he sentido nada? Ni ira, ni miedo, ni confianza, ni… -suspiró pesadamente-… nada, absolutamente nada.
-Es por Bella –dijo Carlisle frunciendo el ceño-. Estáis demasiado pendientes pensando con vuestra polla como para estar alerta. Y cuanto más tiempo estéis con ella sin que os acepte estaréis más frustrados sexualmente, más la desearéis y menos atentos estaréis a lo que os rodea.
-¿Quieres que la violemos para que nuestros sentidos no disminuyan? –bufé.
-No están disminuidos, sólo distraídos y pendientes de algo que vuestro cuerpo y vuestra mente anhelan –corrigió Carlisle.
-Bella –dijo Emmett. Carlisle asintió.
-Bella –confirmó.
-¿Qué sugieres? –preguntó Jasper entonces.
-Bella os tiene que aceptar –alzó una mano antes de que protestara-. No he dicho que tenga que mantener relaciones sexuales con vosotros ahora mismo, sólo que os tiene que aceptar. Tiene que aceptar que vosotros le provocáis reacciones hormonales; tiene que aceptaros como pareja, como protectores y como amigos confidentes sobre todo…
-Tiene que aceptar lo imposible… -dijo Jasper.
Emmett estaba particularmente silencioso. Jasper frunció el ceño y yo le miré cuando habló.
-Quizá no es tan imposible…
-Explícate.
Antes de que Emmett hablase lo supe. Vi su mente con claridad. Vi lo que había pasado, vi lo que había hecho, vi lo que había deseado hacer.
-La has besado –no era una pregunta. Emmett cabeceó.
-Hijo de puta… -murmuró Jasper-. ¿Te ha respondido?
-Ha respondido a mi beso y a mi toque –asintió Emmett-, pero luego se ha alejado.
-Está confusa –dijo Jasper.
-No me extraña, ¿tú no lo estarías? –dije apretando los dientes. Jasper asintió aunque tuve la sensación de que lo hacía más para aplacarme que porque entendiese lo que estaba intentando decir.
-Carlisle, ¿qué más sabes de la leyenda?
-Lo mismo que vosotros –me contestó-. Tres vampiros nacidos del mismo padre, capaces de cambiar el orden de los vampiros establecidos hasta el momento, unidos por una consorte con la posibilidad de engendrar un ser vivo… -se encogió de hombros-. Poco más que eso…
-Una consorte humana –recalcó Emmett.
-Una consorte humana –concordó Carlisle.
-Os olvidáis de algo –miré a Carlisle tras compartir una mirada con Jasper-. Estaba marcada antes de que la encontráramos.
Emmett gruñó y Carlisle frunció el ceño.
-Sí, ese es un pequeño inconveniente –concedió asintiendo-. Según nuestras reglas, una humana marcada pertenece al vampiro que…
-¡El infierno se congelará antes de que haya una maldita posibilidad de que deje que Bella pertenezca a James! –gritó Emmett exaltado-. Ella es nuestra y nadie va a ponerle un maldito dedo encima.
-Tranquilízate Emmett –Jasper colocó su mano sobre el hombro derecho de él y extendió una onda de tranquilidad-. Nadie va a acercarse a Bella.
-¿Qué podemos hacer? –pregunté a Carlisle entonces.
-Si James sabe donde está Bella y la reclama como suya tendréis que tener una reunión con Aro –dijo calmadamente haciendo que me tensara ante la mención de Aro-. El echo de que Bella sea vuestra consorte seguramente tendrá más peso que el que haya sido reclamada por James, pero será Aro quien tome la decisión. Hablaré con algunos vampiros para saber por donde se está moviendo Aro y si alguien ha informado a James del paradero de Bella –frunció el ceño-. No será demasiado fácil para ninguno y para Bella mucho menos que para vosotros.
-Estará protegida. Me da absolutamente igual lo que ocurra, pero no vamos a entregar a Bella a James ni siquiera aunque esa sea la opción de Aro –dije ferozmente-. ¿Entendido?
Carlisle asintió. Tanto Jasper como Emmett se mantendrían firmes en eso, junto a mí; lo sabía sin tener la necesidad de preguntárselo. Pero aún había algo más que me rondaba por la cabeza; algo que no tenía que ver con James ni con Aro ni con nada que no fuese exclusivamente Bella y el olor de su sangre. Miré a Carlisle y él interpretó mi mirada correctamente porque pude leer en su mente una pregunta "¿Hay algo más?"
Asentí de forma imperceptible. Carlisle sonrió. Siempre me había gustado el modo en que éramos capaces de entendernos; a veces ni siquiera tenía que leer su mente para saber qué estaba pensando. Carlisle era el padre que nunca había conocido, el que me había transformado en vampiro, el que me había ayudado a superar mi sed de sangre, el que me había escuchado quejarme, gruñir y el que me había podido detener cuando el demonio de la sangre había intentado salir de mi cuerpo para hacer algo de lo que podría haberme arrepentido el resto de mi vida.
-Chicos, ¿podéis dejarnos solos? –preguntó-. Tengo algo que tratar con Edward.
Emmett abrió la boca para protestar pero Jasper le dio un empujó en el hombro instándolo a que se levantara cosa que hizo a regañadientes y con el ceño fruncido.
-Iremos a ver cómo está Bella –sugirió Jasper.
-Bien –cabeceé a pesar de que no me hacía gracia que ellos pudiesen estar con ella cuando yo no podía-. No vuelvas a asustarla hasta que ella no haya tomado una decisión –le advertí.
Mientras Emmett sonreía ligeramente siguiendo a Jasper mientras recordaba el beso que había compartido con Bella, maldito fuese por ello, miré a Carlisle que se cruzó de brazos.
-¿Y bien?
-La deseo –dije simplemente. No serviría de nada el que le diese vueltas al asunto que me preocupaba.
-Edward, es tu consorte, es normal y completamente lógico que…
-No –negué con la cabeza repetidamente-. No estoy hablando sexualmente –Carlisle me miró enarcando una ceja-. Bueno, joder, sí, sí que la deseo sexualmente. Deseo acariciarla, desnudarla, desnudarme y enterrarme tan profundamente dentro de ella que olvide como caminar al día siguiente, pero no es eso a lo que me refiero cuando hablo de que la deseo.
-¿Entonces? –insistió Carlisle.
-Su sangre. Deseo beber su sangre.
Sangre. Sólo de pensarlo, sólo al pensarlo el veneno que corría por mi cuerpo hervía de deseo y alcanzaba mis colmillos.
-¿Lo saben Jasper y Emmett?
-No. Emmett sólo puede pensar con su polla cuando Bella está en un radio de dos kilómetros y Jasper sólo puede sentir mi excitación.
-Producida por el deseo que sientes por Bella y no por lo que su sangre te hace desear… -concluyó Carlisle haciéndome cabecear dándole la razón-. Edward, no puedes estar solo cerca de Bella hasta que no estés seguro de que puedes controlarte completamente –dijo muy serio-. Si algo le pasa a Bella… el dolor y la quemazón que sentirás si a ella le pasa algo no será nada comparado con lo que llegarás a sentir si le haces daño tú mismo…
-¿Crees que no lo sé?
-Edward, te conozco desde hace décadas… Sé el autocontrol que tienes, sé que puedes controlarte incluso con Bella. Necesitarás cazar más y más a menudo de lo que lo has estado haciendo hasta ahora y tendrás que hablar con ello con tus hermanos –afirmé, ya había pensado en ello-. Pero tienes que comprender que no vas a poder mantenerte alejado de ella, y no estoy hablando de que no vayas a poder hacerlo por su sangre, sino que no vas a poder hacerlo por el lazo que os une.
-Bella aún no ha decidido nada.
-Lo hará. Y será una respuesta positiva –afirmó Carlisle. Le miré dudoso-. Alice ve más cosas de las que quiere ver a veces.
Asentí a medias mientras le miraba.
-¿Será difícil?
-Siempre lo es, hijo –me contestó Carlisle. Le sonreí.
Él se levantó y le imité.
-Será mejor que me vaya, Esme y Alice estarán deseosas de saber qué está pasando. Y tú tienes algo que atender ahí arriba –abrí la boca para decir algo más pero él negó-. En otra ocasión –me dijo-, no es el mejor momento para presentarme a Bella. Cuando nos veamos toda la familia ¿de acuerdo? –asentí-. Bien, tened cuidado y cuidad de ella. Ya sabes donde estamos si nos necesitáis.
-Gracias Carlisle –dije cuando ya estaba saliendo por la puerta.
-Eres mi hijo, Edward, y la familia se ayuda, siempre –añadió con una sonrisa-. Ve a cuidarla, os va a necesitar más que nunca.
_______________________________ Bella __________________________________
En cuanto escuché que Emmet se marchaba salí del cuarto de baño, atravesé la habitación corriendo y cerré la puerta pasando el pestillo del pomo antes de volver al cuarto de baño y encerrarme de nuevo, sentándome tras la puerta, con la espalda pegada en la puerta y las rodillas pegadas junto a mi pecho, mis labios aún hinchados y mi corazón palpitando. Emmett me había besado. Emmett me había sonreído, acunado entre sus brazos, asegurándome que todo estaría bien, que no iban a dejar que nada me hiciese daño, y luego, luego me había besado. De verdad. Había sido un beso de verdad, con la habitación girando a mi alrededor hasta desaparecer en una neblina gris, con el corazón latiendo a mil por hora, con la pérdida del mundo a mis pies y con el deseo de ahogarme en su beso y fundirme con él en un abrazo tan íntimo que no se pudiese saber donde empezaba el uno y terminaba el otro. Había sido real, intenso y feroz, como el que encuentra un oasis en medio del desierto después de llevar días sin beber.
Mi cuerpo había reaccionado a su toque, a sus manos, a su boca, sus labios y su lengua. Pero había habido más que eso; había sido mucho más que una reacción de mi cuerpo, mucho más que la reacción de mis hormonas, había sido mucho, mucho más que eso… Había querido sentirle, había deseado sentirle cerca de mí, le había querido a él. Había querido acariciar su rostro, desnudar su pecho y pasar mis manos por encima de su piel, pedirle que besara mis hombros, que me acariciase la cintura, que rodease mis caderas con sus manos… Le había deseado. Le había deseado de verdad, del mismo modo en que había deseado que los ojos de Edward me recorriesen una y otra vez estando completamente desnuda para poder sentir la aprobación en su mirada; del mismo modo en que había deseado que Jasper me acariciase, besase y lamiese cada centímetro descubierto de piel de mi cuerpo. Les había deseado a los tres.
Y eso me había asustado. Me había asustado terriblemente. No había sido el beso de Emmett lo que me había asustado sino el hecho de que deseaba que me siguiese besando y que sus hermanos también lo hiciesen. Eso era lo que me había hecho sentir angustia y lo que me había hecho pensar que me estaba comportando como una zorra. Debería haber sabido que algo así pasaría, después de escuchar las palabras de los tres vampiros debería haber sabido que algo así ocurriría, que mi cuerpo reaccionaría a su toque de alguna forma, pero definitivamente no esperaba que fuese esa reacción y desde luego que no esperaba que fuese una reacción tan… intensa… ¿Qué clase de mujer era? No lo entendía. A pesar de sus explicaciones, no entendía por qué mi cuerpo había reaccionado de esa forma, por qué mi cerebro había deseado sentir esas cosas… ¿Qué clase de mujer se dejaba besar por alguien cuando también deseaba los besos de otros hombres, las caricias de otras manos? Una zorra. Esa era la clase de mujer que besaba a unos anhelando sentir los besos de otros.
Una puta y nada más que eso. ¿Lo era? Negué con la cabeza. No, no lo era.
Tenía que creerlo para no volverme loca; no era una puta, no lo era… No era una zorra. No era una cualquiera. No iba a tumbarme en una cama y abrirme de piernas para tres hombres, tres vampiros. No iba a hacerlo. No podría hacerlo, sabía que no podría hacerlo. No importaba cómo me hiciesen sentir, no importaba el modo en que me miraban, la manera en que me sonreían, la forma en que mi respiración se alteraba y mi corazón bombeaba más deprisa cuando estaba cerca de ellos, cuando pensaba en ellos… Nada de eso importaba; no iba a ser una puta, no iba a ser la zorra de nadie y desde luego no iban a obligarme a serlo.
Pero la atracción seguía estando ahí. La atracción, el deseo, la lujuria… todos esos sentimientos seguían estando ahí. Dentro de ella, dentro de su cuerpo, de su mente, de su misma alma, esperando para hervir y manifestarse cuando ellos andaban cerca.
Habían sido claros. Dependía de mí. Yo tenía que decidir si aceptaba ser suya y que ellos fueran míos o si los apartaba de mi vida para siempre. Era extraño, realmente extraño… el simple pensamiento de mantenerme alejada de ellos hacía que se me encogiera el corazón. ¿A quién diablos pretendía engañar? No tenía que tomar una decisión, ya la había tomado hacía tiempo pero me daba miedo…
-¿Bella?
Me sobresalté en el sitio y si hubiese estado de pie habría dado un salto. Fruncí el ceño ¿cómo diablos habían entrado dentro? Como si hubiesen sido capaces de leer mi mente la voz suave y tranquila de Jasper me respondió.
-Hemos entrado por la ventana, no solemos hacerlo, pero teniendo en cuenta que has cerrado la puerta ha sido la única opción que nos has dejado –rió suavemente-. ¿Estás bien?
Asentí.
-¿Bella?
Cuando Emmett repitió mi nombre me di cuenta de que no podían verme así que susurré levemente una afirmación y juro que creí escuchar tres suspiros de alivio al otro extremo de la puerta.
-Bella, cariño, ¿por qué no sales aquí fuera? Nos gustaría asegurarnos de que estás bien –me mordí el labio-. ¿Por favor?
No era justo. Fruncí el ceño. ¿Por qué Edward tenía que tener una voz tan aterciopelada?
Era inútil permanecer allí; no había ningún sitio al que pudiese ir. Me levanté, abrí la puerta y salí a la habitación. Los tres estaban allí, cerca de la puerta, alzaron sus ojos hacia mí en cuanto me escucharon y permanecieron en silencio. Yo también, incapaz de saber qué decir o más bien cómo decirlo.
-No lo hemos encontrado –dijo Jasper entonces. Fruncí el ceño-. El vampiro que estaba fuera… -explicó-. ¿Podrías describir a…
-No –negué moviendo la cabeza-. No le vi, sólo… le sentí… -me miraros y resoplé con el ceño fruncido-. Sentí que había alguien mirándome y… os llamé –sacudí la cabeza-. No vi a nadie, sólo supe que había alguien fuera ¿verdad? –les pregunté empezando a dudar-. Había alguien ¿cierto? No me estoy volviendo loca ¿no?
-No, tranquila Bella –dijo Edward dando un paso hacia delante y poniendo sus manos sobre mis hombros dándome una pequeña descarga eléctrica-. Había alguien fuera, pero no pudimos cogerle así que no sabemos quién era.
-Lo sentimos –se disculpó Jasper. Le miré-. Deberíamos de haber estado más centrados en lo que pasaba alrededor de la casa en lugar de estar tan pendientes de nuestra conversación con Carlisle.
Abrí los ojos con horror.
-¡Oh, Dios mío! –me miraron-. ¿Qué habrá pensado de mí?
Edward rió bajito y Jasper enarcó ambas cejas.
-No te preocupa que se haya escapado el vampiro que estaba pensando en meterse aquí dentro y llevarte pero te preocupa lo que Carlisle puede haber pensado por tu comportamiento… Tiene gracia –concedió Emmett riendo suavemente.
-No la tiene –repliqué-. Estoy segura de que él es importante para vosotros.
-Mucho –confirmó Jasper.
Me separé de Edward y me alejé unos pasos de los tres. Necesitaba pensar y aclarar mis ideas sobre cómo iba a hablarles y estando cerca de ellos no podía pensar.
-¿Bella? –dejé de pasear retorciéndome las manos para mirar a Jasper-. Estás alterada y tienes miedo, ¿qué pasa? –preguntó-. ¿Por qué te importa tanto lo que Carlisle pueda haber pensado de ti?
-No lo sé… -contesté frustrada.
Era cierto… Bueno, al menos en parte; era cierto que no sabía por qué me importaba tanto su opinión pero ciertamente tenía la ligera intuición del motivo de que me importara tanto. Me senté en la cama, en el borde más alejado de la puerta, lo más lejos de ellos posible.
-No quiero que… no quiero dejéis de querer que sea vuestra consorte sólo porque vuestro padre no crea que yo… -dejé la frase que había dicho en voz muy baja a medias, sabiendo perfectamente que ellos iban a entenderlo.
-Esto no es sólo por Carlisle y por lo que él piense de ti, Bella –dijo Emmett-, pero si te sirve de algo, nada de lo que él o cualquier otro vampiro o humano diga podría hacernos cambiar de opinión y mucho menos hacer que dejemos de quererte como nuestra amiga, confidente, amante, consorte y esposa. Así que dinos qué es lo que te preocupa tanto, qué es lo que ocurre…
Nadie en toda mi vida me había dicho nunca palabras semejantes. Sonreí y decidí que les debía eso, les debía ser sincera con ellos, les debía ser sincera conmigo misma. Era lo mínimo que podía hacer y eso era lo que iba a hacer. Respiré hondo.
-Mirad, si dijera que no me siento… atraída… por vosotros estaría mintiendo de forma descarada –aseguré haciendo que Edward sonriese a medias y que Jasper y Emmett lo hiciesen abiertamente-. Pero también es cierto que estoy asustada… terriblemente asustada…
-Bella, no queremos hacerte daño ni tampoco queremos…
-Sé lo que queréis –interrumpí a Jasper-. Emmett me lo ha dejado bien claro cuando me ha besado antes –me ruboricé furiosamente cuando lo dije y si bien Emmett pareció avergonzado, sus hermanos sonrieron con suavidad.
-Me encanta cuando se ruboriza –dijo Jasper divertido-. ¿No os gusta cuando sus mejillas se tiñen de rosa oscuro?
-Sí, es… dulce –corroboró Edward mirándome con la cabeza ladeada como si estuviese evaluando mi rostro.
Incliné mi rostro hacia delante dejando que mi cabello se esparciese sobre mis hombros y ocultase mi rostro rojizo de la vista de ellos; a pesar de ese gesto ellos sólo rieron ligeramente un poco más.
-Bella, lo siento –se disculpó Emmett. Alcé la cabeza para mirarle-. No debería de… bueno… -miró a sus hermanos-. No pienso disculparme por algo que vosotros también hubieseis hecho de haber tenido la oportunidad –frunció el ceño y me miró-. Me apetecía besarte, quería besarte y te besé y lamento mucho si te asusté al hacerlo pero no pienso disc…
-No quiero que te disculpes –dije interrumpiéndole y haciendo que me mirara sorprendido-. Me… me gustó que me besaras. Me gustó ese beso…
Me quedé callada unos segundos sin saber cómo decirles lo que quería decirles, lo que había sentido.
-¿Bella? –insistió Jasper.
-¿Sabéis cuándo fue la última vez que llamé a alguien en lugar de huir cuando tenía la sensación de que alguien me estaba observando? –les pregunté. Me miraron sin decir nada-. Hoy ha sido la primera vez –confesé-. Y asusta… Apenas os conozco, pero sé que quiero estar a vuestro lado; casi no sé nada de vosotros pero sé que no soportaría que os alejarais de mí; ni siquiera sé cómo diablos puedes hacer esa cosa para calmarme –miré a Jasper que sonrió a medias-, y aún así sé que puedo, que quiero –me rectifiqué a mí misma-, estar aquí… No sé por qué diablos os he llamado en lugar de salir corriendo, pero… -sonreí tentativamente-. Estoy asustada, mucho. Muchísimo si tengo que ser sincera… no quiero alejarme de vosotros, no quiero… no quiero hacerlo… no quiero seguir huyendo ni quiero…
-Shhhhh…. Vale cariño, está bien… deja de llorar… -¿llorar? Me pasé las manos por las mejillas ¿cuándo había empezado a llorar? No estaba segura de ello, pero cuando Edward se sentó junto a mí en la cama y me abrazó sosteniéndome contra él supe que no importaba que llorase porque todo estaría bien, todo iba a estar bien con ellos.
-Bella, cielo… -Jasper se arrodilló delante de mí-. Necesitamos que nos lo digas ¿de acuerdo? Necesitamos saber cuál es tu decisión.
-Yo no… no… no lo sé… -dije sinceramente.
-Sí lo sabes Bella –contestó Edward-. Sabes la respuesta. La has sabido antes de llamarnos en lugar de huir, la has sabido antes de que Emmett te besara y la has sabido antes de que te dieras cuenta de que estabas asustada –le miré-. Lo has sabido desde que nos encontramos en la Cueva y lo has sabido desde que te contamos nuestra leyenda. Sólo tienes que decirlo en voz alta, pequeña… Luego será más fácil, te lo prometo… Pero tienes que dejarnos escucharla… -sonrió a medias-. No es como si pudiese leer tu mente ¿sabes, preciosa?
Sonreí a medias ante su intento de hacerme reír. Edward tenía razón. Ya había tomado una decisión pero estaba completamente aterrada y sabía que cuando lo dijese en voz alta, se haría más real.
-Bella –miré a Emmett-, por favor, ¿serás nuestra consorte?
Tan diferentes, tan distintos y en aquellos momentos sólo parecían ser tres hombres, no vampiros, simplemente hombres esperando una decisión. Uno grande con el cabello oscuro y el rostro de niño, otro rubio con el tormento en sus ojos, y el tercero de ellos con el cabello cobrizo y la sonrisa más dulce que jamás había visto en nadie. Sólo eran… ellos. Por una vez, por una maldita vez en toda mi vida no hice caso de la razón, sólo sentí, sólo me dejé guiar, sólo escuché a mi corazón.
-Lo seré…
Fue un susurro. Un leve susurro apenas audible. Yo misma tuve problemas para escucharme a mí misma. Pero ellos no tuvieron ese problema. Edward apretó su abrazo alrededor de mi cintura y me besó en el cuello murmurando un "gracias" junto a mi oído. Emmett me alzó del regazo de Edward y me abrazó con fuerza; casi estuve a punto de gritarle que recordara que era humana pero no hizo falta; sus brazos me protegían, me abrazaban, me apretaban pero al mismo tiempo me abrigan sin hacerme daño como si fuese un oso acunando a su osezno. Luego vino Jasper y cuando Emmett me dejó en el suelo, me tomó de las manos entrelazando sus dedos con los míos y me besó en la frente con suavidad, con tanta suavidad que me pregunté si me había besado de verdad.
-No vas a arrepentirte de esto, lo juramos –dijo Jasper en nombre de los tres.
Sonreí sin decir nada porque estaba completamente segura de que sus palabras, de que su juramento era cierto.
-Sólo… una cosa más… -me miraron-. Yo… nosotros…sólo… ¿podemos ir despacio, por favor? –pedí mordiéndome el labio-. Quiero decir yo no… nunca he… no sé cómo… Nunca me había planteado salir con nadie mucho menos estar con tr…
Jasper se rió de mí antes de atraerme hasta sus brazos donde me refugié completamente satisfecha agradecida de no tener que terminar la frase que aún sonaba extraña en mi cabeza.
-Bella, podemos ir todo lo despacio que tú quieras, cielo –me aseguró-. Tienes a tres vampiros a tu disposición, para cuidarte, protegerte y amarte hasta el último aliento de nuestra existencia. Podemos ir todo lo despacio que tú quieras –repitió.
________________________________ James ________________________________
Ella era mía. Ella iba a ser mía. Él me la prometió. Me prometió que si la marcaba sería mía. Me había negado en un principio. Acosar a niñas de quince años no era lo que más me gustaba. Me gustaba el peligro, acechar a mis víctimas, seguirlas escondido entre las sombras de la noche. A ella le había permitido escaparse demasiadas veces, era rápida, lista y ágil. Pero iba a ser mía. Me la habían prometido y sería mía costase lo que importaba donde estuviese, no importaba donde se escondiese. Isabella Swan iba a ser mía. Y cuando la tuviese a mi merced, cuando estuviese en mis manos la encadenaría en una de las habitaciones inferiores y la mantendría allí para mi único placer… Azotaría su cremosa espalda y me divertiría viéndola pedir y suplicar que me detuviese.
Porque era lo que merecía por robarme la oportunidad de haber conseguido el poder, de haber conseguido lo que debería haber sido mío. Era su culpa. Era todo por su maldita culpa e iba a pagar por ello. Su espalda pagaría por ello, su trasero quedaría marcado por mis manos y su cuerpo, tan inocente, tan pálido, tan cremoso pagaría por ello.
Y cuando ya no pudiese más, cuando estuviese al borde de la muerte, no antes, justo en ese instante en el que sus ojos están vidriosos y son capaces de prometer cualquier cosa por seguir con vida, justo en ese preciso momento, bebería su sangre deliciosa, espesa, caliente y su cuerpo sería arrojado luego a los pies de Cullen.
¡Oh, sí! Definitivamente Isabella Swan iba a ser mía, de un modo u otro lo sería e iba a disfrutar cada uno de los segundos en que lo fuera.
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Bueno, pues esto ha sido todo por hoy. Quince páginas, ya sabéis lo que toca verdad?
A ver, antes que nada. Tenía que poner a Bella así en este capítulo. Prometo que conforme vaya pasando el fic veremos a una Bella más atrevida y osada y menos asustadiza pero tenía que ser así por un motivo: Bella lleva mucho tiempo dependiendo de sí misma. Bella necesita confiar en alguien, necesita confiar en ellos y la muestra de que empieza a hacerlo o de que al menos quiere hacerlo es que les llama cuando está asustada en lugar de huir sola como ha hecho desde que James la empezó a perseguir… Bella tenía que mostrarse confusa por haber pedido ayuda y tenía que mostrarse débil para ello aunque el hecho de que estuviese dispuesta a cortarle la garganta a quien fuera que la estuviese mirando no la hace demasiado débil ¿no? Por cierto, ¿quién diablos la estaba mirando?
Espero que el capitulo haya sido de vuestro agrado y ya sabeis, no espereis más hasta dentro de dos semanas porque no habrá más… jejeje :D
Espero vuestros comentarios y reviews, gracias por leerme, un besito a todos y disfrutad de los poquitos días de agosto que queda. La propuesta de que si alguien quiere traducir el fic a inglés se ponga en contacto conmigo sigue abierta.
Un besito, sed felices, nos leemos pronto!!!
